Deep Impact
Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa
A resultas de esta conversación y aprovechando que la ví durante una razzia por MediaMarkt, me compro y reveo Deep Impact, una película coetánea y con el mismo argumento prácticamente que el más conocido Armageddon
de Bruce Willis. Esta sin embargo no pertenecía tanto al género
aventuras como al género catástrofe - y - respuesta - de - diversas -
personas - en - circunstancias - y - líneas - argumentales - diferentes.
Aunque son géneros permeables, claro. Era por tanto algo más realista
que Armageddon, y de hecho tuvo un impacto suficiente como para que los americanos nombrasen Deep Impact a una misión espacial auténtica que hace un par de años llevó a una sonda a lanzar experimentalmente un misil contra un el cometa Tempel 1 (juio de 2005).
La película alterna las historias de diversas personas que ante la
perspectiva de la destrucción total de la civilización y quizá de la
humanidad, reaccionan de maneras diversas. Algunos morirán de
hecho—entre ellos los astronautas de la misión Ulises que
optando por el suicidio consiguen destruir la mayor parte del asteroide
que se acercaba a impactar con la tierra. Una divorciada solitaria
interpretada por Vanessa Redgrave se suicida. Su hija (Téa Leoni) se
reconcilia en el último momento con su padre, y mueren juntos en una
playa donde habían sido felices toda la familia un verano—parece que las
reconciliaciones simbólicas de divorciados y el consiguiente retorno a
las esencias son un mensaje importante en mucho cine americano del ala
patriótica.
Esta película también pertenece al género presidentólatra.
El presidente es (cómo no, siendo Morgan Freeman) un hombre de
conciencia y sentimiento, y un guía práctico y espiritual para su nación
en tiempos difíciles, a la manera cinematográfica que tan bien
interpretaba Ronald Reagan, y que naturalmente es copiada por la
realidad, con sus limitaciones, cuando la nación sufre de hecho su Deep
Impact y Bush sale a hablar de momentos cruciales y confianza en las
propias fuerzas. También vemos en directo la destrucción de símbolos
patrios (a la manera de El día de mañana
o de las películas de la Tercera Guerra Mundial)—y de un modo que no
permite leer esta película sino como un anticipo del 11-S, o del 9/11
como lo llaman por allí.
Pánico de las masas, muerte de
inocentes, caída de las más altas torres, caos en la urbe, serenidad y
firmeza en los líderes, rearme moral, reconstrucción y fe en la
continuidad de la patria. Si es que la experiencia norteamericana está
orientada y educada por el cine. Casi podemos sentir la cuenta atrás
para la gran explosión en la que los protagonistas escapan en el último
momento aunque peta todo tras ellos. Esperanza siempre queda, pero para
los que sobreviven. Al menos esta película es sufientemente honesta para
presentarnos algunos de los millones de muertos que menciona: pero son
todas muertes éticas y aceptadas: narrativizadas, vamos, presentadas
como un final previsto y elegido. Las muertes caóticas, o inmorales,
desaparecen del horizonte—aquí oímos hablar de saqueos, disturbios, y
peleas, pero no los vemos. Ateniéndonos a la lectura 11/S, hay una
curiosa simetría: aquí los pilotos suicidas son los buenos, pilotando
una Atlantis mejorada contra el cometa, y no los malos (Atta & Co.)
atacando con aviones/bólidos y llevando un cargamento de rehenes. La
historia a veces no se priva de ironías crueles. Pero en conjunto la
experiencia premonitoria es análoga a la histórica, tal como la encauza
la ideología oficial. La catástrofe colectiva es ante todo una
experiencia moral, si no religiosa ("with God on our side")—a eso se
refiere ese "Heaven and Earth are about to colllide", a un nuevo renacer
a la fe o al patriotismo, tan mezclados en el país que confía en Dios
hasta en el dólar. Es América, como nuevo pueblo elegido, quien organiza
en la película una nueva arca de Noé, que por suerte no será necesaria.
También es cierto que se nos dice que otras naciones, según
sus propios criterios, toman sus propias medidas. Pero la opción de
América es regresar al origen, interpretar la catástrofe como un nuevo
diluvio, y tomarla como ocasión para un renacimiento moral. Y
reafirmarse una vez más como el pueblo elegido, y protagonista principal
de la Historia.
Y allí está el mensaje principal de la
película: quien tiene la fuerza (nuclear) y la supremacía tecnológica,
tiene el protagonismo moral. Los demás serán comparsas—América decidirá.
Y estas historias de amenazas cósmicas, cuya realidad sigue siendo una
incógnita, tienen sin embargo un potente papel ideológico: moralizan y
justifican el armamento atómico y las inversiones masivas en
investigación aeroespacial y nuclear. También, más indirectamente, la
teoría de que es América quien debe mantener esa supremacía. Van unidas
la potencia de fuego nuclear y el retorno a la inocencia, el renacer
espiritual. Aunque todos sabemos que estas armas no se han hecho
precisamente para volar cometas.
Deep Impact.
Dir. Mimi Leder. Written by Bruce Joel Rubin and Michael Tolkin. Cast:
Robert Duvall, Tea Leoni, Elijah Wood, Vanessa Redgrave, Maximilien
Schell and Morgan Freeman. Music by James Horner. Special effects
Industrial Light & Magic. Ed. David rosenbloom. Prod. des. Leslie
Dilley. Photog. Dietrich Lohmann. Exec. prod. Steven Spielberg, Joan
Bradshaw and Walter Parkes. Prod. Richard D. Zanuck and David Brown.
USA: Dreamworks / Paramount / Amblin, 1998. Spanish DVD: Deep Impact.
Madrid: Dreamworks Home Entertainment, 2006.
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