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domingo, 2 de octubre de 2016

Retropost #1163 (2 de octubre de 2006): Todas me las dan


Todas me las dan

Publicado en Departamento. com. José Ángel García Landa

(2 de octubre de 2006)
Todas me las dan en el mismo carrillo hoy (académicamente hablando). Esta mañana ha habido una reunión del Consejo de Departamento (de Filología Inglesa y Alemana, Universidad de Zaragoza) donde se trataban dos temas polémicos, y mal le ha ido a mis propuestas en los dos.

1) Se proponía un Máster de Lingüistica aplicada en inglés, en el marco del cual yo proponía una asignatura de Análisis Crítico del Discurso. Tras un largo y tenso debate se ha aprobado la propuesta, con varios votos en contra (presumiblemente de los profesores que no quieren que haya otro máster en el departamento al margen del que ya hay). Se ha aprobado pero su vida ha sido efímera, más que las efímeras de hecho, porque antes de comer ya se había rechazado la propuesta en la Comisión de Postgrado de la Facultad. Lo cierto es que se había preparado apresuradamente en poco tiempo, por la desidia de nuestro departamento a la hora de hacerse responsable de planificar sus enseñanzas de postgrado. Y la propuesta habría ido más coherentemente hecha si se hubiera pedido la creación de este máster dentro del postgrado ya existente de Estudios Ingleses, que es lo que yo proponía... pero no. Se ha propuesto crearlo en un postgrado distinto y nuevo, propuesta que ya se ha dicho en el Consejo tenía muy pocas posibilidades de prosperar—y buálá. ¿Y por qué no se ha propuesto en el marco de ese postgrado ya existente, al cual se había dado el nombre tan general de "Estudios Ingleses" para que cupieran todos los posibles másteres de nuestro departamento, cuando se propuso hace un año? Bueno, pues porque nuestros catedráticos, organizadores del máster de "Estudios Textuales" ahora existente, han decidido monopolizar ese postgrado para sí mismos, imponiéndole las leoninas reglas de su máster, y nuestro departamento se ha dejado hacer. Ha aceptado la mayor: que el postgrado de "Estudios Ingleses" se rija por las reglas del máster de los tres catedráticos, es decir, que esté reservado a profesores pertenecientes a equipos de investigación subvencionados y que tengan al menos dos tramos reconocidos de actividad investigadora—como criterios excluyentes. Ante este sentar sus reales, ante su oposición frontal a dejar que la plebe sin subvenciones invada "su" postgrado, y ante la ignorancia profesa de la dirección departamental sobre los términos exactos de lo que se votó hace un año al aprobarse ese postgrado, se ha batido en retirada la propuesta y se ha optado humildemente por... ceder el terreno, y proponer otro postgrado y máster donde no operasen las leyes dictadas por los catedráticos. Inútilmente, según se ha visto. En cuanto a mí, he rizado el rizo, votando a la vez a favor y en contra de la propuesta (lo cual ha resultado ser administrativamente posible, además de contradictorio). En votación secreta, he apoyado la propuesta de máster, no sea que encima no saliese, y luego he expresado públicamente mi voto particular en contra de de que no se incluyese el nuevo máster en el postgrado existente de "Estudios Ingleses".

En fin, que ya se ve el resultado final que venía anunciando yo: que todos los estudios de postgrado de este departamento han sido fagocitados por el grupo de los "Estudios Textuales", y los demás quedan inhabilitados para la docencia en segundo ciclo y para la dirección de tesis... por votación propia. Y es que el que no se entera ni cuando se lo escriben en letras grandes y se lo gritan al oído, no se va a enterar nunca. Por cierto, muchísimo se han picado los profesores del máster de los catedráticos cuando se les ha preguntado por el número de alumnos matriculados en su máster: ha habido grandes gritos y aspavientos y piques-ajoscome. Lo que nos han dicho es que ni sabían cuántos estaban matriculados, ni preinscritos, ni al parecer estaban interesados en saberlo.... y menos, por supuesto, en informar de ello al Consejo de Departamento. Pero es un Consejo con grandes tragaderas, así que se desprende de la reunión de hoy que pueden seguir dándosele a comulgar ruedas de molino de un diámetro todavía mayor. 

2) El segundo punto era... el mismo que el primero, en sustancia: la apropiación del postgrado de Estudios Ingleses para los profesores del máster y la exclusión de los demás por votación democrática. Técnicamente, se decidía la aprobación del nuevo programa de doctorado de "Estudios Ingleses", que viene a sustituir a los del "viejo régimen" que ahora se extinguirán. Y, cómo no, se ha aprobado, a pesar de mis advertencias en contra de los criterios abusivos que impone y de las consecuencias que van a tener para la mayoría del profesorado del departamento. Pero que si quieres. Con unos pocos votos en contra, se ha aprobado la propuesta. Y ya no podrán dirigir tesis en el departamento más que los profesores con proyecto de investigación subvencionado, y dos sexenios (o uno, si les dan permiso especial los organizadores). Lo lamentable es que se ha enterado hoy buena parte del profesorado de cuáles eran las consecuencias de las normas que aprobaron para el Máster éste de "Estudios Textuales" hace un año; y a pesar del pasmo de muchos (—no sé qué pasmo, porque ya se les explicaron esas consecuencias por activa y por pasiva en su momento, y lo votaron).... a pesar del pasmo de muchos, digo, ¡¡hoy han vuelto a hacer exactamente lo mismo!! Y les han entregado con un lacito todo el Tercer Ciclo, máster y doctorado, a nuestros cortadores de bacalao en el Departamento, y a las reglas draconianas, leoninas y procrustianas que se han sacado del bolsillo para decidir quién podrá y quién no podrá dirigir tesis. Las bocas abiertas que habrá dentro de un año, cuando se encuentren desdoctorados y seguramente hasta expulsados de la Comisión de Postgrado muchos de los que hoy han votado ígnara y democráticamente a favor de esta propuesta de programa de doctorado. En cuanto a mí, he explicado el sentido de mi voto y el de dos profesoras que me han apoyado, incluyendo en el acta un anexo explicativo. Aquí lo anexo:

Voto particular en Consejo de Departamento de Filología Inglesa y Alemana (Universidad de Zaragoza) con respecto a la aprobación de una propuesta de nuevo programa de Doctorado (Reunión del 2 de octubre de 2006).

Los abajo firmantes queremos que conte a todos los efectos nuestro voto personal en contra de la aprobación del nuevo programa de doctorado "Estudios Ingleses" propuesto bajo la coordinación de la Dra. Onega en los términos en que se propone.

Los motivos de nuestro voto en contra son:

1) La existencia en dicha propuesta de un oscurecimiento de la realidad de los datos departamentales que parece deliberado. Cuando se dice que la media de alumnos de los dos programas de doctorado a extinguir es de 20 alumnos, se están promediando los números de matrícula en ambos programas, el que tiene mención de calidad pero pocos alumnos, y el que no tiene dicha mención pero tiene mayor número de alumnos. Esto contribuye a ocultar la realidad de que no existe correlación entre mención de calidad y número de alumnos interesados en un programa, como prueban los números de matrícula que operan en la sección de Tercer Ciclo desde el año de la obtención de la mención de calidad por parte de uno de los programas.
Esta ocultación merece ser resaltada porque es esta correlación entre mención de calidad y número de alumnos el único fundamento que se esgrime en la página 6 de la memoria para justificar la aprobación de este nuevo programa de doctorado por parte del Departamento y de la Universidad.
Por otra parte, en caso de salir adelante la propuesta de un nuevo máster de Lingüística Aplicada que se presenta hoy, las cifras prospectivas de alumnos presentadas serán contradictorias entre sí.

2) En la memoria del nuevo programa de Doctorado propuesto se hace una interpretación que consideramos abusiva del concepto de "acreditación" del profesorado para dirección de tesis, que tiene el objetivo de beneficiar a un grupo limitado de profesores. Es una mala práctica universitaria aquella que se basa en la confusión de resultados de investigación con proyectos. Sin mermar el mérito de los doce profesores mencionados en la memoria, podemos afirmar que quedan excluidos de esa lista otros del mismo o superior mérito objetivo. Ello sólo es posible sobre la base de una aplicación tergiversada para la selección de un criterio coyuntural, con voluntad excluyente. Tomemos como ejemplo la posibilidad real de que como producto de la aplicación de esos criterios se consideren no capacitados para dirigir tesis doctorales profesores con uno, dos, o tres sexenios de investigación y con experiencia previa de dirección de tesis aprobadas con cum laude. Siendo meritoria la participación en proyectos, no es un criterio que como exclusivo sea razonable para juzgar la acreditación, que debe fundarse en resultados obtenidos, no en proyectos en curso. Los resultados de la investigación no aparecen en esta memoria como criterio acreditatorio.

4) El único hecho constatado es la escasez de alumnos matriculados en el pasado y en el presente en el programa de doctorado y máster de "Estudios Textuales y Culturales en lengua inglesa", y que los alumnos del área de Filología Inglesa de la Universidad de Zaragoza se matriculan mayoritariamente en las asignaturas de Lingüística tanto en segundo ciclo (optativas) como en Doctorado.

Pensamos que sería perjudicial para la Universidad de Zaragoza, tanto para sus alumnos como sus profesores, el aprobar un programa de doctorado cuyo único horizonte de éxito se basa en la inexistencia de competidores externos e internos, y todo ello a pesar de tener su mención de calidad.


Tras la reunión, he preguntado a uno de los catedráticos si en serio creía que yo no estaba capacitado para dirigir tesis doctorales. Me ha dicho que en absoluto, que todo lo contrario, etc. etc. Ante la pregunta de por qué entonces apoyaba una normativa que me excluía, me dice "Ah, pero eso no tiene nada que ver"— y yo: "Pero no cumplo los criterios, y sin embargo estoy capacitado, dices. Así que la norma que pones tiene consecuencias absurdas, y será porque no es una norma buena o justa". —"No, no, Si quieres estar capacitado en este programa, cumple los criterios; si no te autoexcluyes" —"¿Que me autoexcluyo? Yo propongo una norma que a ti no te excluye; tú propones una norma que a mí sí me excluye. A ver quién excluye a quién aquí". —"Es necesario, etc., los tiempos vienen así..." —"No, los tiempos los traéis así." Con la catedrática, lo mismo: me dice que me autoexcluía, que había que aceptar la normativa que venía de arriba, que era muy dura, etc. Que debería yo ser más constructivo. Yo le he dicho que las normas absurdas que se intentasen imponer no sólo no las aceptaría sino que trabajaría lo que pudiera por que se cambiasen. Evidentemente los catedráticos no están por la labor de reconocer su papel activo en la imposición de estas normas: sólo están "yendo con los tiempos." Y aprovechando para meter la pala del cristiano, claro. Como sucede siempre con los que van con los tiempos, propulsándolos.

Quede claro que no me opongo (faltaría más) a que se considere como un mérito la participación en proyectos de investigación, o el hecho de tener uno financiado en curso. A lo que me opongo es a que se convierta no en un mérito baremable sino en un requisito eliminatorio. Es la diferencia entre un criterio justo y una tergiversación, y así se lo he dicho a los catedráticos... pero su conveniencia, y opinión, es muy otra. Los demás, es triste decirlo, no tienen criterio, sino únicamente disciplina.

Por supuesto, esta decisión tomada hoy por el Departamento será impugnada ante la Comisión de Doctorado de la Universidad. Con lo que ésta decida sabremos si va a haber normas generales en la Universidad sobre este asunto, o si los corrillos de influencia locales pueden dictar las que quieran y puedan en cada departamento. Y así, sabiendo a qué atenernos, actuaremos en consecuencia todos, corrillos incluidos.





—oOo—


lunes, 1 de marzo de 2010

Todas las lenguas NO son iguales

De hecho igual no lo es ninguna, ni consigo misma. Ni todas las lenguas son iguales, en categoría y consideración, ni lo son todas las hablas dentro de una misma lengua. En todas partes hay clases y categorías. Y al margen de su riqueza gramatical o léxica, las lenguas (y las hablas) están permeadas de esos valores simbólicos que decía Bourdieu, material delicado.

 
El jueves pasado estuve en una conferencia que daba una catedrática de Lingüística General e Hispánica de mi facultad, Mª Antonia Martín Zorraquino, "La determinación de la lengua ejemplar: sobre el problema de la corrección idiomática en las lenguas humanas." La Dra. Zorraquino repasó los pronunciamientos de algunos ilustres normativistas y pulidores de la lengua española, en especial R. J. Cuervo, Lázaro Carreter y Mariano de Cavia. Recordó, con L. Trask, que la fijación de una lengua estándar va ligada a una norma escrita, que no siempre se extiende a la pronunciación, y que es algo que requiere un desarrollo: no todas las lenguas desarrollan un estándar culto o lengua ejemplar (de hecho muchas lenguas no tienen forma escrita).

Veamos algunos criterios y pronunciamientos sobre el estándar lingüístico allí citados. Cuervo prescribe, como criterios esenciales y jerarquizados para determinar la corrección idiomática (que se plasmará en la lengua ejemplar) "el uso general y respetable de la lengua", es decir,
"lo que de todos y donde quiera es usado y entendido es parte integrante de la lengua; puesto en contradicción el uso general de hoy con el de épocas pasadas, hay que sujetarse al de hoy; cuando discrepan el común de la gente culta y el vulgo, la práctica de aquélla da la ley". (Cit.  por Martín Zorraquino).
  Criterios éstos que son a un nivel sensatos y comprensibles, no lo negaré. Pero se les pueden también buscar las cosquillas rápidamente. Por ejemplo, aceptando que lo que de todos y donde quiera es usado y comprendido es parte integrante de la lengua (ejemplar), queda la pregunta de si únicamente eso es parte de la lengua ejemplar. Si algo no es usado y entendido de todos, ¿entonces ya no será estándar o ejemplar? Porque se nos va a quedar la lengua en muy poco, visto que hay poco realmente que todos conozcan y, aún menos, usen. Quitando las mil palabras básicas y los rudimentos de la gramática y aún me quedo largo.

Por otra parte, también hay una dinámica más compleja con el pasado de lo que sugeriría la definición de Cuervo. A veces necesitamos usar una forma desusada. Otras veces se nos planteará el dilema siguiente: si somos gente culta, ¿debemos seguir la norma de la gente culta? ¿O sólo la de los demás, exceptuándonos a nosotros? ¿Hasta dónde llevar la independencia de nuestro propio criterio? Si sólo vamos a decir lo que dicen los demás cultos, muchas veces tendremos que callarnos, también. El normativismo no se lleva bien con la creatividad verbal, desde luego. Ésta nunca es normativista y se salta lo gramático, cuando lo estima o por turno.

A mí siempre me ha llamado la atención cómo la preocupación por la corrección lingüística va unida casi infaliblemente a una rigidez mental preocupante y a una voluntad de hacer corregirse a los demás, insistiendo en la incorrección de su expresión en lugar de atender a las circunstancias o voluntad expresiva que dan lugar a esa incorrección. Sirva de ejemplo el vocablo ostentóreo acuñado creo que por aquel Jesús Gil al que retrataba. Evidentemente, ni ostentoso ni estentóreo ni separadas ni juntas expresan lo que era el discurso del personaje en sus dimensiones adecuadas.

Otras veces, el señalar la incorrección es un mero congratularse en la norma marcada como prestigiosa, de una manera un tanto arbitraria. En español se dice tanto, o más, "habían fiestas en el pueblo" como "había fiestas en el pueblo"; la principal diferencia es que la primera expresión nos gana un abucheo, y nos caracteriza como de floja educación... y sin embargo a veces lo importante son las fiestas, y no que las haya o las haiga. Lo mismo con el relativo deque, intolerable para muchos, que al parecer no creen en su existencia y lo confunden con una preposición antepuesta innecesariamente al relativo que (variante libre suya en muchos casos). En fin, que nos ponemos etiquetillas todo el rato unos a otros, endeque abrimos la boca. Y ésa es al parecer una de las funciones más importantes del lenguaje en una sociedad compleja: ponernos en el brete de demostrar que somos capaces de sonar completamente convincentes escribiendo, o hablando en su caso, el estándar culto y correcto. Es un examen permanente, y estamos sometidos a vigilancia propia y ajena.

Tenía lo suyo el programa de Radio Cinco "Hablando en plata", en su formato antiguo. Allí, dos presentadores se dividían los papeles. Él iniciaba el programa en broma o informalmente, usando incorrectamente alguna forma o aludiendo de manera graciosa a esa incorrección, o yéndose por los cerros de Utebo. Ella, a modo de bibliotecaria con moño y gafas, explicaba a continuación la norma más estricta de la corrección. Y terminaba el programa él, con una pulla lanzada al uso correcto, con un juego de palabras, o con una puesta entre comillas de lo dicho por la bibliotecaria. Es curioso que en su formato reciente (más soso y rígido) nos hemos quedado sólo con la parte normativa del programa.

Y es una tendencia universal pero casi una obsesión española que el usuario de a pie acude siempre a la Real Academia para darle en la cresta a alguien con el diccionario, o con la gramática: ¡Habla bien! —y la Academia no se limita a observar lo que se dice, como si fueran gramáticos ingleses sin academia, sino que reglamenta lo que es correcto y no decir. Somos realmente aficionados a separar el lenguaje bueno del mediano y del malo, por difícil que esté la cosa a veces y por muchas contradicciones en que incurramos con estas operaciones.

El más destacado y popular normativista reciente fue Fernando Lázaro Carreter, con sus obras sobre El dardo en la palabra, despotricando contra todos los que atentasen contra el genio y usos de la lengua. El uso ejemplar del idioma según Lázaro surge, cito según Martín Zorraquino, de
"un sentido profundo de los recursos de la propia lengua, que sólo se logra con la lectura abundante de quienes antes la han empleado, combinada con un sentimiento claro de sus deficiencias y necesidades, y también con algo tan indefinible como es el buen gusto idiomático, la capacidad para discernir si la novedad casa bien con lo llamado antiguamente ´genio de la lengua´."
 Muchos normativistas se indignan con el uso de extranjerismos inútiles, pero todos cuidan de subrayar que aceptan la evolución del idioma y el neologismo necesario, cuando realmente lo es. Así, Mariano de Cavia decía,
"Suponer (...) que yo soy un enemigo en seco y sin discernimiento de toda clase de neologismos, echándomelas de purista intolerante y arcaico, es lo mismo que suponerme enemigo del petróleo, del gas y de la luz eléctrica, porque Cervantes escribía a la luz de un velón o de un candil."
 Recomienda Cavia desarrollar los neologismos a partir de los clásicos, del griego y del latín, y mantener un equilibrio razonable entre corrección y modernidad que cita con aprobación Martín Zorraquino:
"¡Pero mucho cuidado con abusar de la lengua madre y del idioma abuelo! Sería lamentable (...) que en el punto mismo de haber alcanzado el castellano su plena soltura (...) tornásemos a encadenarlo (...) con las rigideces de una lengua muerta. (....). Todo es cuestión de pulso, de buen gusto y (...) de verdadero amor a nuestra lengua. El mejor estilo es el que Juan de Valdés, adelantándose a Cervantes, recomendaba con su propio ejemplo: "(...) Escribo como hablo." (Mariano de Cavia, 1922)
 Aunque se me ocurre a mí que si escribiésemos como hablamos, sin cuidar a la vez de hablar como escribimos, se iba a acelerar bastante la depravación evolutiva ésta del idioma. Otros normativistas clásicos aconsejan: No seas el primero en utilizar una palabra, ni el último en hacerlo. Es un excelente consejo para la áurea mediócritas, aunque yo tengo tentaciones irrefrenables de ser el primero en utilizar tal vocablo, y el último en utilizar tal otro, y a veces las dos cosas a la vez con tal o cual hapax que no cuajará ni conmigo.

En la sesión de preguntas, observé que en este apego a la lengua unificada y modélica y a la norma había no sólo actitudes lingüísticas y gramaticales, sino cuestiones ideológicas y políticas de mucho calado que los normativistas muchas veces no reconocen. Las usan implícitamente, pero pocas veces teorizan de modo explícito la dimensión ideológico-política de sus políticas y policías lingüísticas. Sería útil acudir al concepto de comunidad imaginada, o de utopía incluso, para explicar esta voluntad de unidad, de regulación y de regularización. Las cosas que la gente dice de dos o más maneras, ¿por qué habría que decirlas de una sólo? En muchos casos es ésta la dinámica a que conduce a la gramática normativista, o la que la conduce a ella más bien. Hay que unificar, y si es preciso, movilizar los recursos de la ignominia y la vergüenza para que una de las dos formas sea inaceptable. Claro que a veces es un problema saber cuál de las dos ganará la batalla. Una asistente observó que ella era la única persona que conocía que usaba los imperativos plurales en -d, en lugar de la forma pseudoinfinitiva en -r: y admitía la Dra. Zorraquino que puede existir simultáneamente el estigma de incultura asociado a la segunda forma, y el estigma de pedantería o desuso asociado a la primera. Son casos en movimiento, al parecer.

A mí me parecen especialmente interesantes como objeto de estudio las instituciones concretas, y los actos de discurso concreto, en los que se invoca, requiere o impone el estándar. Y su relación con el ejercicio del poder, con los actos de dominación, con los grupos étnicos, políticos o sociales dominantes, etc. cosas que normalmente evitan tratar los normativistas, o no les interesa mucho fijar su mirada en ellas.

Otra cuestión que surgió en el debate fue el caso práctico del catalanoaragonés de la Franja (algo que había estudiado la Dra. Zorraquino en tiempos). Yo observé el caso práctico de intervención legislativa que se ha producido: donde había unas variedades mal definidas, unas hablas sin nombre ni gramática aparte del "chapurriao", ahora había no una lengua, sino una variedad mal hablada del catalán, por decreto. Vendrían los educadores catalanoparlantes ahora a enseñar a los de la Franja a hablar buen catalán. He de decir que la Dra. Zorraquino no aceptó este planteamiento de la cuestión, y señaló que hay muchas variedades en el catalán, más allá de la franja, y que con buena voluntad se puede aceptar la ventaja que suponga para los hablantes del "chapurriao" sumarse a una comunidad lingüística más numerosa que también contiene otras variedades. Y también para los aragoneses, dijo, aceptar el catalán como 'lengua propia' de Aragón. (En fin, a mí me sigue pareciendo una cuestión de normativización muy polémica, habida cuenta sobre todo del delirio nacionalista que infecta en años recientes todo lo catalán).

Otra intervención más tuve al final de la conferencia: la comparación entre idiomas y carreteras. Ésta gusta de hacerla mi padre, Ángel García Pomar, para quien las lenguas son como vías de comunicación. Son, de hecho, vías de comunicación, literalmente. Unas lenguas son autopistas de muchos carriles, para comunicaciones internacionales con alta capacidad y alto tráfico como el inglés... y hoy en día únicamente el inglés. Otras, siendo también autopistas internacionales, son más modestas, como el español. Hay lenguas que son como carreteras nacionales (el húngaro pongamos) o regionales (el catalán). Y hay lenguas que son caminos de cabras. Para transportar determinado volumen de mercancía, o determinado tipo de mercancía, no es adecuado el camino de cabras.

Ésta es una noción que algunos asistentes calificaron de "peligrosa", pues supone una desigualdad de las lenguas; y el mito (o dogma) de la igualdad de todas las lenguas es particularmente característico de la lingüística moderna (estructural). No de la lingüística clásica, naturalmente, que tenía muy claro que hay lenguas mejores que otras. Pero la gramática estructuralista, y quizá especialmente la superestructuralista de los chomskianos, ha llevado a apreciar desmedidamente la "igualdad" de las lenguas, una igualdad basada (paradójicamente quizá) precisamente en su diferencia: cada lengua es por definición estructuralmente disimilar (si no no sería otra lengua) pero esas estructuraciones son en cierto modo "gratuitas" o irrelevantes: tan buena es una como otra.

Esto es así, claro está, si sólo nos fijamos en aquellos aspectos de la lengua favorecidos por los estructuralistas o generativistas. O por los "lingüistas" en sentido estricto. Pero los filólogos (o sea, lo que solían ser los lingüistas) tienen una noción diferente, en la que se incluyen la historia, vida y avatares de la lengua, y también la literatura aneja a la misma y que la constituye. También los analistas del discurso y los sociolingüistas. Y bien harán los filólogos en fijarse también en la capacidad de una lengua dada para crear discursos especializados, capaces de adaptarse a las diferentes necesidades expresivas y contextuales de las disciplinas, de las ciencias, de las profesiones, de las subculturas... Sólo las lenguas relativamente potentes desarrollan una gama apreciable de estas variedades. Volviendo a nuestra analogía de la carretera, si hay que transportar una mercancía muy voluminosa o que requiere un vehículo adaptado, el camino de cabras no será buena opción. 

Lo de que todas las lenguas son igual de buenas, o igual de dignas, a mí me suena tan buenista y tan realista como la frase parecida de que todos los seres humanos son iguales o que todos los seres humanos son igualmente dignos. Algo que sin duda gusta oír a muchos, y decir también y repetir, pero que tiene poco sentido si se contrasta con la realidad. Tampoco es sólo que unas lenguas sean más afortunadas de modo puramente cuantitativo, porque tienen muchos hablantes, más masa crítica digamos. El número de hablantes va relacionado con una mayor potencia discursiva. Una lengua poderosa arrastra consigo gran cantidad de textos, contextos y discursos, y eso la hace más rica cualitativamente, no sólo cuantitativamente. Le da más plasticidad, variedad y potencia de expresión, más precisión. Al margen de que, siendo que ningún hablante domina toda la lengua, sino una pequeña parte de ella, una lengua con muchos hablantes es una lengua muy trajinada, muy explorada y activa, mucho más dinámica. Comparar según qué lengua con según qué otra es equiparar, como decía el tango "Cambalache", a un burro con un gran profesor. Los dos igualmente dignos, sí, a un cierto nivel. Pero sólo a un cierto.
A quienes crean que todas las lenguas son iguales, no puedo sino remitirles a las bibliotecas para una visualización de la cuestión en términos cuantitativos: ¿en qué lenguas están los libros allí contenidos? ¿En qué lenguas están las revistas científicas, especializadas, etc.? En muchas, naturalmente. Pero no en todas. Y allí donde no se aprecian muchas diferencias cualitativas a simple vista (pues podemos aceptar en principio que en húngaro se puedan decir tantas cosas como en español) sí se apreciarán las cuantitativas.

El inglés, naturalmente, domina y arrasa, como lengua mundial que es no sólo lengua de los angloparlantes. Es extraño que LA lengua mundial, el inglés, no tenga una consideración más especial dentro del sistema educativo, y que se la eche en el saco de las "segundas lenguas". Otra ficción conveniente, u otro piadoso mito contemporáneo. O que el español, también lengua mundial, se intente reducir a un mero "castellano", e incluso se le intente subordinar por ley, con calzador, ante el catalán, un absurdo donde los haya. Pero es que, donde hay clases, la lengua poderosa y privilegiada despierta tanto deseo como hostilidad.


 
 

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