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viernes, 18 de abril de 2025

El principio de nuestra sociedad

Leyendo Blanquerna, de Raimundo Lulio. Un debate matrimonial (I.vi.3-4):

3. "Bien segura podéis estar, esposa—respondió Evast—, que no me habéis dado jamás ni el menor disgusto; antes os digo, que desde aquel día en que quiso Dios unirnos con el vínculo del santo matrimonio, he dado siempre gracias a Su Divina Majestad por haberme favorecido con vuestra amable compañía; pues entre los muchos favores que en este mundo está repartiendo a sus siervos el Altísimo, de que se le debieran dar siempre gracias repetidas, uno es el logro de una fiel y buena compañera. No penséis, pues, haberme en alguna manera disgustado, en cuanto os he visto obrar; antes os pido perdón por si acaso he faltado, o si algo he obrado contra vuestro parecer y dictamen. Mas estando nosotros al cabo de nuestros días y siendo el estado religioso mucho más perfecto que el matrimonial, y debiendo los mortales acercarse siempre más a Dios por buenas obras, cuanto les fuera posible, mientras ahora tenemos tiempo y ocasión oportuna para ello os ruego que, así como siempre me habéis obedecido, os dignéis también ahora condescender en que, dejando a nuestro hijo Blanquerna en la vida activa, entremos ambos en la contemplativa, poniendo todo nuestro conato en ver cómo podremos, con la gracia de Dios, estar juntos en la gloria eternamente y sin fin."

4. "Dueño y señor mío—respondió Aloma—, con rubor y reverencia responde mi amor a vuestra propuesta. Sabe Dios que no cupo jamás en mi pensamiento ni dictamen, dejar de obedecer en nada a vuestros preceptos, ni que hubiese jamás entre mi voluntad y la vuestra oposición alguna. Pero por cuanto el principio de nuestra sociedad estuvo en el vínculo del matrimonio, y el principio en todo tiempo mira al fin como su correlativo, por esto soy de sentir que vivamos ambos juntos hasta el fin, y sólo la muerte nos separe. Y así habéis de entender que no convengo en obrar contra el principio del estado primero en que Dios me colocó, conservó y guardó de faltar en algo la fidelidad del matrimonio. En todo lo demás, mientras redunde a gloria y alabanza de Dios, podréis mandarme, que obedeceré gustosa; pero tanto como dejar el estado en que Dios me ha puesto, eso no. Ni vos, salvando vuestro honor, me debéis aconsejar otro estado a que no tengo tanta inclinación como al presente en que me hallo; pues sé que muchos hombres y mujeres, por falta de devoción menosprecian su estado y lo abandonan. Por ahora quisiera me dijeseis: ¿por qué más amáis el estado de religión que el del matrimonio que tenéis?"

5. "Mucho siento, esposa mía, vuestra respuesta—dijo Evast—, aunque pienso me decís esto para enseñar que con resignaros a mi voluntad me hacéis mayor obsequio y queréis darme a entender que con repugnancia dejáis este estado y por mi respeto tomáis el de religión, porque os quede yo más deudor y obligado; pero en vano buscáis medios con que tenerme más grato, porque estoy sobremanera contento y satisfecho de vos y de vuestro entrañable cariño; apliquemos sobre todo nuestro conato en ganar amor y mérito para con dios, a cuyo tribunal hemos de venir todos. Según sé vuestra santa vida y mis muchos deslices, más gustosa pasaréis vos al estado religioso que no yo".

6. Cuando Aloma entendió que su esposo creía que ella se excusaba de consentir a la propuesta sólo para probar su amor y ganarle más el agrado, se le llenaron de lágrimas los ojos y entre sollozos y suspiros, le dijo: "Esposo mío, sólo Dios sabe los pensamientos del hombre. Habéis de entender que en mi vida no tuvo jamás mi corazón tanta pena como ahora, que contrasta con vuestra voluntad; porque viendo que mi fidelidad y amor que siempre os he tenido, ahora no se rinde a vuestro querer, se oprime con tal fuerza mi corazón que saltan las lágrimas a los ojos, quienes sólo de mirarse quedan corridos; y mi conciencia, con dificultad me hace pensar sea falta aquello mismo en que no puede haberla. Os hago saber, pues, que os respondo seriamente según mi amor y estado. Mi amor me da pena no obedeciendo a vuestros intentos, y me hace aborrecer la separación que habría entre los dos en caso de entrar en religión. Intolerable fuera para mí vuestra ausencia, porque mi amor apetece vuestra sociedad en todo tiempo, ni puede consentir mi vista en carecer de vuestra presencia. Sin duda siento mucho no poder cumplir aquello en que vuestro deseo tendría su complacencia, y mi afecto su despecho y desconsuelo." 

7. "No me gusta, esposa mía, vuestro amoroso razonamiento—respondió Evast—. y sé muy bien que es voluntad de Dios que ame el hombre a su buena mujer. Todos estos motivos y otros muchos serán a mi corazón estímulos de dolor, habiéndome de apartar de vos. Vuestra presencia llena de júbilo el cauce de mi pecho; vuestra honestidad y buenas costumbres abultan mucho más mi regocijo. Ni puedo disimularlo, oyendo a muchos que alaban vuestros procederes, pues entonces, sin querer, se asoma el júbilo en mi semblante. Pero me conviene amar más a Dios, mi Criador y Salvador, que no a vos ni a cualquiera otra criatura (...).

 


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miércoles, 2 de abril de 2025

Cuando los hombres van a misa

 

Refoto 







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jueves, 27 de marzo de 2025

Former 33rd Degree Mason Reveals the Darkest Secrets of Freemasonry

   

Not to be missed...

Schnoebelen, William. "Former 33rd Degree Mason Reveals the Darkest Secrets of Freemasonry." Video interview with William Schnoebelen. YouTube (Almost False) 24 March 2025.* (Satanism, Occultism, Initiation, Organized crime, Cults, Murder, Rape, Pedophilia, Human sacrifice, Souls, Immortality, Conversion, Mormonism).

https://youtu.be/IkR3iANDA78

         2025

martes, 4 de marzo de 2025

Balmes, Unamuno, y la paradoja de la fe cristiana

¿Es la fe cristiana delirio demente o sentido común? La paradoja la sintió agudamente Miguel de Unamuno, oscilando vertiginosamente entre la fe desesperada y la desesperación del descreimiento, pero sin duda también la sintió Jaime Balmes, el que Unamuno consideraba un pedestre filósofo del sentido común biempensante, incapaz de inquietarse ante la duda y la paradoja... eso nos lleva a pensar la propia descripción que da Balmes del panorama de horror que le despierta la posibilidad concebible y amenazante de que toda la escatología del cristianismo sea una ensoñación o patología del deseo...

Así comenta Unamuno la visión de Balmes del mundo sin Dios y sin la otra vida:

 

"El sentido común tiene, sin duda, su campo, que no es precisamente el filosófico; pero la paradoja tiene también el suyo. Y si aquél es lo colectivo, lo común éste es es o empieza por ser lo individual, lo propio. La paradoja es el más genuino producto del sentido propio. Y es, por tanto, el más eficaz elemento del progreso, ya que por lo individual se progresa. El cambio es siempre de origen individual; una masa, en cuanto masa, no cambia sino de posición respecto a otras masas. 

La historia toda del pensamiento humano podría reducirse al conflicto y juego mutuo entre el sentido común y el propio, entre la perogrullada y la paradoja, entre el instinto práctico y la razón especulativa.

Y hay también una paradoja crítica o moral. Y si el cristianismo fue un escándalo para los paganos, según San Pablo, es porque fue una enorme paradoja. Y a medida que ha ido desparadojizándose, acomodándose al sentido común moral, ha ido descristianizándose, como lo vio muy bien aquel terrible danés que se llamó en vida Kierkegaard.

Muchas veces se ha hecho notar lo profundamente paradójico del cristianismo. Y sin entrar en lo de credo, quia absurdum, en el mero campo moral es muy exacta la observación del profesor Bossuet, de Gottinga, de que no entenderemos bien ciertas palabras de Jesús mientras no nos demos cuenta de que, tomadas unilateralmente, a la letra, son paradójicas. ¿Qué sino paradoja es aquello de que si el ojo derecho te hace tropezar, te lo saques? ¿Y lo de presentar la otra mejilla al que nos golpeare en una? ¿Y lo de ser más difícil entrar un rico en el reino de los cielos que hacer pasar un camello por el ojo de una aguja, o enhebrar por éste un calabrote (según se traduzca)? ¿Y aquello otro de que no puede ser discípulo de Cristo el que no odie a su padre y a su madre y a sus hijos y a sus hermanos y a sus hermanas? 

El honrado padre Scio, en las notas que puso a su traducción castellana de la Biblia, dice, al llegar a este último pasaje (Lucas, XIV, 26), que "aborrecer a sus parientes no quiere decir quererlos mal, sino detestar sus máximas y su conducta cuando son opuestas al Evangelio." Nota henchida, sin duda, de sentido común, pero en la que no resplandece, ciertamente, una gran comprensión del terrible sentido de las palabras de Jesús, pronunciadas cuando se esperaba el próximo fin del mundo. Y la terribilidad de ese sentido es una terribilidad permanente, porque el fin del mundo está de continuo inminente para cada uno de nosotros. De donde el principio de no apegarnos a los afectos de la carne, los que la muerte rompe. 

¿Adónde me ha traído el comentario de Balmes? El cual, por cierto, jamás se dejó llevar a semejantes terribilidades. Su fuerte dosis de sentido común, práctico catalán, le apartó de todo misticismo. No había en él la estofa de un San Juan de la Cruz, el castellano. Vich no es Fontiveros. No hay sino leer, en el capítulo XXVIII de la ética de su Filosofía elemental, las páginas que dedica a la inmortalidad del alma y los premios y penas de la otra vida. Todo es del más sosegado sentido común: falta el soplo del misterio.  Es una disertación retórica y hasta elocuente. "La inmortalidad nos encanta", dice, con encantadora sencillez. Oídle: 

"Y este deseo inmenso que vuela a través de los siglos, que se dilata por las profundidades de la eternidad, que nos consuela en el infortunio y nos alienta en el abatimiento; este deseo que levanta nuestros ojos hacia un nuevo mundo, y nos inspira desdén por lo perecedero, ¿sólo se nos habría dado como una bella ilusión, como una mentira cruel, para dormirnos en brazos de la muerte y no despertar jamás? No, esto no es posible: esto contradice a la bondad y sabiduría de Dios; esto conduciría a negar la Providencia, y de allí al ateísmo." 

Ved en este párrafo, que no carece de una cierta elocuencia vulgar y de lugares comunes—los propios del sentido común—, el instinto sustituido a la razón para servir a las necesidades prácticas del orden moral. Se busca consuelo más que verdad. 

El hombre, al tratar de esto, se exalta. 

"¿Quién nos mece con tantas esperanzas, si no hay para nosotros otro destino que la lobreguez de la tumba? ¡Ay, qué triste fuera entonces el haber visto la luz del día, y el sol inflamando el firmamento, y la luna despidiendo su luz plácida y tranquila, y las estrellas tachonando la bóveda celeste como los blandones de un inmenso festín; si al deshacerse nuestra frágil organización no hay para nosotros nada, y se nos echa de este sublime espectáculo para arrojarnos a un abismo donde durmamos para siempre! ... Entonces el mundo no sería una belleza, no el cosmos de los antiguos, sino el caos: una especie de fragua donde se elaboran, en confusa mezcla, los placeres y los dolores; donde un ímpetu ciego lo lleva todo en revuelto torbellino; donde se han reservado para el ser más noble, para el ser más inteligente y libre, mayor cúmulo de males, sin compensación ninguna; donde se han reunido, en síntesis, todas las contradicciones: deseo de luz y eternas tinieblas; expansión ilimitada y silencio eterno; apego a la vida y muerte absoluta; amor al bien, a lo bello, a lo grande y el destino a la nada; esperanza sin fin, y, por dicha final, un puñado de polvo dispersado por el viento."

Y acaba estas nobles páginas últimas de su ética, henchidas de la elocuencia del sentido común, diciéndonos que la existencia de otra vida la enseña la razón—lo que es dudoso—, nos lo dice el corazón—lo que es muy cierto—, lo manifiesta la sana filosofía—¿cuál es la sana?—, lo proclama la religión, y así lo ha creído siempre el género humano. Esto último, que debe de ser lo de más fuerza para un filósofo de sentido común, es algo que la Historia desmiente. 

¡Pero con qué íntima y recogida emoción, con qué palpitaciones de corazón y de espíritu, leía yo estas elocuentes consolaciones allá, en los melancólicos albores de mi mocedad, en este mismo cuarto en que ahora escribo estas líneas!


Subraya Unamuno, con el contraste de la retrospección, la pérdida de la fe o la mayor claridad de visión que lo separa del cristiano ingenuo o voluntarioso que fue en su juventud.... Y sin embargo su misma filosofía del "sentimiento trágico de la vida" muestra que el Unamuno adulto no ha superado del todo en su filosofía y en su religión la dolorosas antinomias que señala Balmes, sino que más bien se ha instalado en ellas... También se deja adivinar, en la misma elocuencia de Balmes que impresionaba a Unamuno, que Balmes tampoco estaba tan lejos de él como él piensa, en cuanto a sus sospechas, inquietudes y sentimientos paradójicos con respecto a sus "creencias"...  —aunque la opción cauta y conservadora tomada por Balmes sea el (in)sensato sentido común, el credo quia credunt.


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martes, 17 de diciembre de 2024

La Evolución de Dios (según Unamuno)

Capítulo VIII de Miguel de Unamuno, Del Sentimiento Trágico de la Vida —donde traza la evolución de Dios, a partir del animismo y de los dioses, a través del monoteísmo y la teología, hasta su disolución en el panteísmo, el escepticismo y el racionalismo contemporáneos.




 

DE DIOS A DIOS

No creo que sea violentar la verdad el decir que el sentimiento religioso es sentimiento de divinidad, y que solo con violencia del corriente lenguaje humano puede hablarse de religión atea. Aunque es claro que todo dependerá del concepto que de Dios nos formemos. Concepto que depende, a su vez, del de divinidad. 

Conviénenos, en efecto, comenzar por el sentimiento de divinidad antes de mayusculizar el concepto de esta cualidad, y, articulándola, convertirla en la Divinidad, esto es, en Dios. Porque el hombre ha ido a Dios por lo divino más bien que he deducido lo divino de Dios.

Ya antes, en el curso de estas algo errabundas y a la par insistentes reflexiones sobre el sentimiento trágico de la vida, recordé el timor fecit deos de Estacio para corregirlo y limitarlo. Ni es cosa de tratar una vez más el proceso histórico por el que los pueblos han llegado al sentimiento y al concepto de un Dios personal como el del cristianismo. Y digo los pueblos y no los individuos aislados, porque si hay sentimiento y concepto colectivo, social, es el de Dios, aunque el individuo lo individualice luego. La filosofía puede tener, y de hecho tiene, un origen individual; la teología es, necesariamente, colectiva.

La doctrina de Schleiermacher, que pone el origen, o más bien la esencia del sentimiento, o más bien la esencia del sentimiento religioso, en el inmediato y sencillo sentimiento de dependencia, parece ser la explicación más profunda y exacta. El hombre primitivo, viviendo en sociedad, se siente depender de misteriosas potencias que invisiblemente le rodean; se siente en comunión social, no solo con sus semejantes, los demás hombres, sino con la Naturaleza toda animada e inanimada, lo que no quiere decir otra cosa sino que lo personaliza todo. No solo tiene él conciencia del mundo, sino que se imagina que el mundo tiene también conciencia como él. Lo mismo que un niño habla a su perro o a su muñeco, cual si le entendiesen, cree el salvaje que le oye su fetiche o que la nube tormentosa se acuerda de él y le persigue. Y es que el espíritu del hombre natural, primitivo, no se ha desplacentado todavía de la Naturaleza ni ha marcado el lindero entre el sueño y la vigilia, entre la realidad y la imaginación.

No fue, pues, lo divino algo objetivo, sino la subjetividad de la conciencia proyectada hacia fuera, la personalización del mundo. El concepto de divinidad surgió del sentimiento de ella, y el sentimiento de divinidad no es sino el mismo oscuro y naciente sentimiento de personalidad vertido a lo de fuera. Ni cabe en rigor decir fuera y dentro, objetivo y subjetivo, cuando tal distinción no era sentida, y siendo, como es, de esa indistinción de donde el sentimiento y el concepto de divinidad proceden. Cuanto más clara la conciencia de la distinción entre lo objetivo y lo subjetivo, tanto más oscuro el sentimiento de divinidad en nosotros. 

Hase dicho, y al parecer con entera razón, que el paganismo helénico es, más bien que politeísta, panteísta. La creencia en muchos dioses, tomando el concepto de Dios como hoy le tomamos, no sé que haya existido en cabeza humana. Y si por panteísmo se entiende la doctrina de que todo y cada cosa es de Dios—proposición, para mí, impensable—, sino de que todo es divino, sin gran violencia cabe decir que el paganismo era panteísta. Los dioses no solo se mezclaban entre los hombres, sino que se mezclaban con ellos; engendraban los dioses en las mujeres mortales, y los hombres  mortales engendraban en las diosas a semidioses. Y si hay semidioses, esto es, semihombres, es tan solo porque lo divino y humano eran caras de una misma realidad. La divinización de todo no era sino su humanización. Y decir que el Sol era un dios equivalía a decir que era un hombre, una conciencia humana más o menos agrandaba y sublimada. Y esto vale desde el fetichismo hasta el paganismo helénico.

En lo que propiamente se distinguían los dioses de los hombres era en que aquellos eran inmortales. Un dios venía a ser un hombre inmortal, y divinizar a un hombre, considerarle como a un dios, era estimar que, en rigor, al morirse no había muerto. De ciertos héroes se creía que fueron vivos al reino de los muertos. Y este es un punto importantísimo para estimar el valor de lo divino.

En aquellas repúblicas de dioses había siempre algún dios máximo, algún verdadero monarca. La monarquía divina fue la que, por el monocultismo, llevó a los pueblos al monoteísmo. Monarquía y monoteísmo son, pues, cosas gemelas. Zeus—Júpiter—iba en camino de convertirse en dios único, como en dios único, primero del pueblo de Israel, después de la Humanidad, y, por último, del Universo todo, se convirtió Jahvé, que empezó siendo uno entre tantos dioses.  

Como la monarquía, tuvo el monoteísmo un origen guerrero. "Es en la marcha y en el tiempo de guerra—dice Robertson Smith (The Prophets of Israel, lect. I)—cuando un pueblo nómada siente la instante necesidad de una autoridad central, y así ocurrió que, en los primeros comienzos de la organización nacional en torno al santuario del arca, Israel se creyó la hueste de Jehová. El nombre mismo de Israel es marcial y significa Dios pelea, y Jehová es en el Viejo Testamento Iahivé Zebahât, el Jehová de los ejércitos de Israel. Era en el campo de batalla donde se sentía más claramente la presencia de Jehová; pero en las naciones primitivas, el caudillo del tiempo de guerra era también el juez nacional en tiempo de paz." 

Dios, el Dios único, surgió, pues, del sentimiento de divinidad en el hombre como Dios guerrero, monárquico y social. Se reveló al pueblo, no a cada individuo. Fue el Dios de un pueblo, y exigía, celoso, se le rindiese culto a él solo, y de este monocultismo se pasó al monoteísmo, en gran parte por la acción individual, más filosófica acaso que teológica, de los profetas. Fue, en efecto, la actividad individual de los profetas lo que individualizó la divinidad. Sobre todo, al hacerla ética.

Y de este Dios, surgido así en la conciencia humana a partir del sentimiento de divinidad, apoderóse luego la razón, esto es, la filosofía, y tendió a definirlo, a convertirlo en idea. Porque definir algo es idealizarlo, para lo cual hay que prescindir de su elemento inconmensurable o irracional, de su fondo vital. Y el Dios sentido, la divinidad sentida como persona y conciencia única fuera de nosotros, aunque envolviéndonos y sonsteniéndonos, se convirtió en la idea de Dios.

El Dios lógico, racional, el ens summum, el primum movens, el Ser Supremo de la filosofía teológica, aquel a que se llega por los tres famosos caminos de negación, eminancia y causalidad, viae negationis, eminentiae, causalitatis, no es más que una idea de Dios, algo muerto. Las tradicionales y tantas veces debatidas pruebas de su existencia no son, en el fondo, sino un intento vano de determinar su esencia; porque, como hacía muy bien notar Vinet, la existencia se saca de la esencia; y decir que Dios existe, sin decir qué es Dios y cómo es, equivale a no decir nada.

Y este Dios, por eminencia y negación o remoción de cualidades finitas, acaba por ser un Dios impensable, una pura idea, un Dios de quien, a causa de su excelencia misma ideal, podemos decir que no es nada, como ya definió Escoto Eriugena: Deus propter excelelntiam non immerito nihil vocatur. O con frase del falso Dionisio Areopagita, en su epístola quinta: "La divina tiniebla es la luz inaccesible en la que se dice habita Dios." El Dios antropomórfico y sentido, al ir purificándose de atributos humanos, y como tales, finitos y relativos y temporales, se evapora en el Dios del deísmo y del panteísmo.




Selección natural del Espectador Imaginario


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jueves, 10 de octubre de 2024

Emile Durkheim's Elementary Forms of Religious Life














Muy útil el libro y las lecciones para analizar las dinámicas sociales de solidaridad de grupos, de creación de espacios y tiempos sagrados, de fiestas y rituales colectivos (muchos de ellos aparentemente dementes o absurdos) de todo tipo....

 

Un comentario que le pongo al hilo de recientes acontecimientos:

 

Harming one's body to keep that sacred energy flowing and refueling the totem.... Anybody see there the DYNAMICS OF THE COVID JAB? Or have we lost our analytic bearings during the Totemic Ritual?

miércoles, 24 de julio de 2024

Santiago Armesilla: "El Islam no es compatible con nuestra cultura"

  


García, Jano. "Santiago Armesilla: 'El Islam no es compatible con nuestra cultura'." Video interview. (En Libertad). YouTube (ViOne) 22 July 2024.* (On Armesilla's book Lenin: El gran error que hizo caer la URSS – Una crítica marxista al derecho de autodeterminación; post-colonialism, immigration, Debt and economy; Muslims; Spanish culture and identity, Hispanidad, Geopolitics).

https://youtu.be/EhXHK_ePmXs

         2024

 

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martes, 23 de julio de 2024

Historia de la Biblia. ¿Cómo se escribió? | Jaime Vázquez Allegue




Vázquez Allegue, Jaime. (U Pontificia de Comillas). Guía de la Biblia: Introducción general a la Sagrada Escritura. Estella: Verbo Divino, 2019.

_____. "Historia de la Biblia. ¿Cómo se escribió?" Video. YouTube (Ateneo Mercantil de Valencia) 11 July 2024.*

https://youtu.be/KIhvhurx0dM

2024

Mi fotoblog

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se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.