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domingo, 10 de noviembre de 2019

¡Ay, robot!

 

Examinamos algunos aspectos culturales de la representación de los robots y de su contraste con los humanos en dos películas basadas en la ficción narrativa de Isaac Asimov: Bicentennial Man, con Robin Williams (1999) y I, Robot, con Will Smith (2004). 

Texto completo:

¡Ay, robot!

http://dx.doi.org/10.17613/zjvh-cj77

 
Author(s):
José Angel GARCÍA LANDA (see profile)
Date:
2019
Group(s):
American Literature
Subject(s):
Science fiction, Science fiction films, Robotics, Posthumanism
Item Type:
Article
Tag(s):
Robots, Isaac Asimov, films
Permanent URL:
http://dx.doi.org/10.17613/zjvh-cj77
 
Abstract:
 English abstract: This paper examines some cultural aspects of the representation of robots and their contrast with humans in two films based on Isaac Asimov's fiction: the Robin Williams film Bicentennial Man (1999) and the Will Smith film I, Robot (2004).



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También aquí:

_____. "¡Ay, robot!" Review of the Will Smith film I, Robot and the Robin Williams film Bicentennial Man. Online at Net Sight de José Angel García Landa. 2005.*

         http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/publicaciones/ayrobot.html

         2005 DISCONTINUED 2020

http://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/ayrobot.html

2019

_____. "¡Ay, robot!" Academia 4 Nov. 2019.*

         https://www.academia.edu/40832609/

         2019

_____. "¡Ay, robot!" ResearchGate 4 Nov. 2019.*

DOI: 10.13140/RG.2.2.22099.32801

         https://www.researchgate.net/publication/337012865

         2019

_____. "Ay, robot!" Humanities Commons 10 Nov. 2019.*

http://dx.doi.org/10.17613/zjvh-cj77

https://hcommons.org/deposits/item/hc:27491/

         2019

_____. "¡Ay, Robot!" In García Landa, Vanity Fea 10 Nov. 2019.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2019/11/ay-robot.html

         2019

_____. "Ay, Robot! (Ay, Robot!)" SSRN 23 Jan. 2020.*

         https://papers.ssrn.com/abstract=3478222

         2021

         American Literature eJournal 23 Jan. 2020.*

         https://www.ssrn.com/link/English-American-Literature.html

         2021

         Film, Media & TV Studies eJournal 23 Jan. 2020.*

         https://www.ssrn.com/link/English-American-Literature.html

         2021





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miércoles, 27 de enero de 2016

Retropost #574 (30 de octubre de 2005): El Hombre Bicentenario



El hombre bicentenario (Chris Columbus, 1999) como la más reciente I, Robot, está basada en las historias de robots de Asimov. El planteamiento de base es el mismo: un robot que es más humano que los demás (un pseudo-problema, claro, o más bien un desplazamiento metafórico para dramatizar la cuestión: el robot como una máquina que es más humana que las demás). Esta vez la película, de Robin Williams, no es de acción, sino un drama filosófico/sentimental para niños. El androide Andrew, fabricado de serie en 2005, como de hecho ya los hacen, resulta ser excepcional por su creatividad y sensibilidad, se va haciendo cada vez más humano. Primero pide aumentar la expresividad de su rostro mecánico; luego se independiza de la familia que lo había comprado y vive solo, buscando (sin éxito) otros como él. Desarrolla una relación afectiva con la niña de la casa, que casi elige quedarse a vivir con él en lugar de casarse con su novio. El androide encuentra un genio aislado que le desarrolla un aspecto exterior humano, y desarrolla una relación afectiva primero con su antigua "pequeña Miss", cada vez más mayor, y años después, ya dando el paso hacia la relación de pareja, con la nieta de ella, Portia. En el último momento Portia se decide a irse con Andrew en lugar de casarse mecánicamente, como había hecho su abuela, con un hombre "cuya cara parece un abrelatas de esos de antes". A esas alturas ya tiene Andrew un aspecto totalmente humano, con desarrollos de órganos blandos artificiales a los que él mismo ha contribuido, pero cuando intenta que su humanidad se reconozca oficialmente, se le niega precisamente por su inmortalidad. Así que decide emprender su última mejora, ya con Portia envejeciendo, una mejora/empeoramiento que le dé la mortalidad en una fecha indeterminada. Su nueva solicitud ante el Tribunal Supremo se ve atendida por una juez negra, en lugar de un viejo Wasp, y aunque el fallo no es inmediato, consigue que se reconozca su igualdad de derechos civil justo cuando cumplía doscientos años. Para entonces ya eran él y su pareja anciantos terminalmente enfermos y mantenidos con vida artificialmente; muere cuando se disponía o oír el fallo del tribunal, y seguidamente Portia pide a su enfermera-robot que la desconecte del sistema. Ella obedece, ya no sabemos si porque es robot o precisamente por humana; la diferencia se ha difuminado.

En esta película el robot jamás se rebela ni es el malo ni demuestra su superioridad en fuerza bruta, en eso es ciertamente excepcional. Es una película en la que más que sobre los robots se habla sobre el envejecimiento y la necesidad de aceptar la muerte - la muerte como un derecho civil, casi, porque toda la retórica de la película, desde la emancipación educada del robot-esclavo hasta la escena del tribunal con la juez negra, asocia la historia de Andrew a la de los negros americanos. Como elemento de incoherencia en el trasfondo trabaja una cosa en la película, claro. Este negro quiere ser como los blancos, y se va blanqueando hasta hacerse totalmente indistinguible de ellos. También falsea el tema, aunque en otro sentido ayude a tratarlo, el hecho de que Andrew se nos presente como un ser aislado y excepcional. La propia película deshace luego ese planteamiento al ir humanizando gradualmente a Galatea, la robotina ayudante del genio solitario, que acaba siendo la enfermera humana que atiende a Andrew y Portia en sus últimos momentos. En fin, el papel desde luego está hecho a medida de Robin Williams, curioso experimento de estrellato el de hacer un robot que se le parezca y luego ir extrayendo su cara: Williams es especialista en estos personajes entre la marginalidad extravagante y la humanidad. El tema del reconocimiento de derechos civiles a las parejas homosexuales supongo que también está en el trasfondo, desplazado a la pareja "antinatural" del Andrewoide y esta Porcia que, como la de Shakespeare, también tiene problemas de elección matrimonial. No hace falta que diga que también en el tema de la eutanasia deja la película claramente expuesto su punto de vista.

Volviendo al tema de la muerte, la película se presenta como una educación en la necesidad de aceptar la mortalidad. A través de Andrew, gran pinocho o Peter Pan con poco mundo, se nos va instruyendo en los hechos de la vida. Primero en la sexualidad (tema un tanto pringoso pero divertido - sobre todo cuando tras la descripción que hace Andrew del imaginado éxtasis sexual, dice su colega el sabio solitario - "Buaa. ¡Yo también quiero!"). Y luego en la vejez y la mortalidad (ahí van a salir, de momento, menos entusiastas a apuntarse). A los niños les encantó, pero al final a Oscar se le reblandecieron las emociones y nos daba unos abrazos, llorando de pena por el robot viejito, pobrecico. Se dan cuenta de más cosas de las que pensamos, si no no les afectaría tanto, creo. Y es que son pequeños humanos, de órganos blanditos...


Lo que opinaba Turing sobre la búsqueda de la inteligencia artificial, en su "Computing Machinery and Intelligence":

"In attempting to construct such machines we should not be irreverently usurping His power of creating souls, any more than we are in the procreation of children," Turing had advised. "Rather we are, in either case, instruments of His will providing mansions for the souls that He creates." (cit. por George Dyson, vía BoingBoing; http://www.edge.org/3rd_culture/dyson05/dyson05_index.html

Pero la inteligencia artificial se encamina más bien hacia una semiinteligencia orientada a la eficiencia mercantil de los sistemas. Lo que está sucediendo de hecho es que la robotización avanza en dos sentidos: la estandarización de comportamientos y procedimientos administrativos, lo que Weber llamaba la burocracia, y que mejor se llamaría burrocracia, tiende a hacer de la gente robots; el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial tiende a hacer de las máquinas seres que interactúan inteligentemente. Si a ello se suma la cultura y psicología de las apariencias, vemos en la Actroid el futuro de la robótica. Y desde luego nunca va a pedir derechos civiles ante un tribunal – más bien será poco distinguible de los robotizados empleados que idealmente querría tener la gran empresa, y que de hecho obtiene y manufactura con sus procedimientos disciplinares. La Actroid puede ser guapilla, y hasta tiene mucha conversación en según qué temas, pero no la saques de allí. A muchas otras personas, tampoco, especialmente en su puesto de trabajo. He ahí el método para desarrollar, si no la inteligencia, sí al menos la semiinteligencia artificial.

Puede verse el state of the art en tecnología roboblanda aquí, con la Actroid japonesa;

http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/4714135.stm
o, un poco más "dura", aquí – pene-robot de la NASA, vía BoingBoing:
http://www.nasa.gov/centers/goddard/mpeg/115084main_ballerina.mpeg






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