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lunes, 9 de septiembre de 2024

Earth Game

 Artículo donde me citan:


Ebert, Christopher. "Earth Game and the Enheduanna Model: A Data Backed Method for Producing Prosocial Effects through Narrative." Academia (Christopher Ebert) 2024.*

         https://www.academia.edu/122672428/

         2024

 

De la Enheduanna originaria hablan aquí:

https://en.wikipedia.org/wiki/Enheduanna 

 

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lunes, 15 de julio de 2024

Paper Time Machines

Un artículo sobre diseño de juegos en el que me citan:

Suckling, Maurice W. Paper Time Machines: Critical Game Design and Historical Board Games. New York: Routledge, 2024.

         https://doi.org/10.1201/9781003359265

         2024

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lunes, 21 de mayo de 2018

Retropost (21 de mayo de 2008): Abscondita Sapientia


Abscondita Sapientia es un juego de ingenio extremadamente friki que me ha enseñado Álvaro—también lo ha recomendado en su foro de D'ni (ya os digo que está frikifriki la cosa). Él ha llegado hasta el nivel 16 con la ayuda del tutorial: yo creo que no paso del nivel uno.

Yo siempre en el primer nivel de tantas cosas.

Y eso que me despedía de mi curso de crítica y teoría literaria enfatizando lo imprescindible que es hoy en día la alfabetización informática, o cyberliteracy...
 



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lunes, 8 de agosto de 2016

El juego de la oca, el Viaje de la Vida, y el Gran Teatro del Mundo



Estoy incluyendo en mi bibliografía todos los artículos y reseñas de Carmen Martín Gaite. En su reseña de Gárgoris y Habidis, de Fernando Sánchez Dragó, era tremendamente injusta con el libro, irritada por su barroquismo gratuito o manierismo expresivo, o por alguna vibración más de base. Vamos, que, como muchas otras personas, no aguantaba a Sánchez Dragó. A mí en cambio me parece logradísimo el tono, y el lenguaje, y la mezcla justa de fabulación, erudición gargantuesca y carnavalesca y tono entre prodigioso y desenfadado; no de otro modo había que escribir o se podía escribir este divagatorio sobre la historia mágica de España. 

Estamos en Galicia, y a veces parece dedicado más a Galicia que a otro sitio, no salimos de ella. Y en Galicia leemos a Sánchez Dragó, a la hora de comer, y yendo por partes, como Jack. Aquí hay un pasaje sobre la pata de oca como símbolo del Camino de Santiago.



 Y ya no cabe postergar el análisis de lo que a todas luces encierra la segunda clave gráfica (o encrucijada esotérica) del Camino: la pata de oca, representada por tres rasgos que convergen y terminan en un punto. Esta señal, como la del laberinto, disfruta de unas tragaderas prácticamente insaciables: por ellas, una vez más,  se colarán los detritus del inconsciente atlántido, los petroglifos de Galicia, las logias de los maestros canteros, y la ramificada liturgia o superstición del Apóstol. Es decir: todo lo necesario para que otra borrachera sincretista se lie a trastornar garabatos de factura casi infantil.

La oca fue para los antiguos animal benéfico, tótem de la Magna Mater y símbolo de la desencarnación o regreso del alma a las esferas escatológicas. Los egipcios la equiparaban al sol naciente en el momento de romper la cáscara del huevo primordial y, de acuerdo con ello, terminaron convirtiéndola en jeroglífico alusivo a la muerte del faraón. ¿A quén no le resultan familiares esas hermosas pinturas del Nilo donde una o varias palmípedas remontan el vuelo desde el pecho de una momia? Espíritus reales, correveidiles entre la tierra y el más allá. Los sacerdotes de Osiris anunciaban al pueblo (y al orbe) la entronización de un nuevo soberano enviando cuatro ocas inmaculadas rumbo a los cuatro puntos cardinales.

También los celtas creyeron a estas aves farautes encargados de acortar distancias entre la tierra y los infiernos. Los bretones se negaban a comer su carne por considerarla sagrada. Los germanos propusieron la efigie inolvidable de Lohengrin, caballero en un cisne. Los nórdicos identificaron la ascensión iniciática del homo sanchopancesco con la fábula de un niño —Nils Holgersson— que recorre la historia y la geografía de sus mayores abrazado al cuello de un pato silvestre. Lo romanos prima maniera atribuyeron la precoz salvación de lo que otros llamarían cultura occidental a un intencionado jaberdillo de gansos capitolinos. Los gallegos aún incluyen las plumas del Auca entre las herramientas imprescindibles para practicar con éxito las artes mágicas, aunque su virtud —añade el capítulo segundo del inefable ciprianillo— sólo resultará verdaderamente eficaz si el animal "es macho y tiene todo el crecimiento". Los ocultistas consideran el Juego de la Oca, derivación de un símbolo móvil cuyo curso hilvana las venturas (jardines, puentes, embarcaciones) y desventuras (pozo, prisión, posada, calavera) de este valle de lágrimas antes de que el espíritu vuelva, desencarnándose, al seno de la Magna Mater. Los hombres, representados por fichas de colores, avanzan, se detienen o retroceden al hilo de un tablero que es el gran teatro del mundo. Su marcha, lenta en lo que depende de los dados, se acelera bruscamente cuando la casualidad los arroja en la casilla ocupada por el animal mágico. Entonces, el jugador —niño o adulto— salta por encima de las miserias cotidianas canturreando: de oca a oca y tiro porque me toca. Vuelve la moneda al aire. Abajo, en diestro y siniestro acecho, aguardan los arcanos. Ya veremos cómo el tarot también tiene su baza en en el rien ne va plus jacobeo. Una de las insidias reviste, precisamente, la forma de un laberinto. Adentrarse por sus recovecos equivale a perder varias jugadas. Al final se abre un espacio ilimitado y sublime por el que se contonea un gigantesco palmípedo, algo así como el director de esa especie de oficina postal con carteros alados que continuamente cubren la ruta entre el acá y el acullá. La última casilla —el Empíreo o la región de los muertos— puede alcanzarse pasito a pasito, por nuestros tristes medios, o salvando abismos en volandas de aves iniciáticas. Lo curioso es que el juego no se da por concluido cuando la primera ficha entra en la meta. Tienen que hacerlo, una por una, todas las demás. Lo importante, por tanto, no es competir o ganar, sino llegar: O sea: morir. Se trata de un verdadero programa existencial o apólogo lúdico entendido como magister vitae. La pedagogía moderna postula entretenimientos infantiles que, sin dejar de serlo, resulten educativos. Me pregunto: ¿juegan a la Oca los niños de hoy? (407-9).



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martes, 1 de marzo de 2016

Implicarse en el juego: Filosofía del fútbol

En el juego hay que implicarse, y si no se consigue, no se juega bien ni a gusto. Aplicamos aquí esta reflexión, teorizada por Gadamer, a la experiencia colectiva del fútbol, en tanto que modelo de inmersión dramatística en una realidad interaccional definida por la teatralidad social y el deseo mimético.

Involving Oneself in the Game: A Philosophy of Football

Games require involvement, and lack of involvement results in bad play and lack of pleasure in the game. We apply here this reflection, theorized by Gadamer, to the collective experience of football, understood as a paradigm of dramatistic immersion in an interactional reality defined by social theatricality and mimetic desire.

Note: Downloadable document is in Spanish.
Number of Pages in PDF File: 7
Keywords: Sports, Games, Football, Soccer, Hermeneutics, Interactionism, Dramatism, Involvement, Immersion, Semiotics,

Reference Info: Ibercampus (July 13, 2013)

eJournal Classifications (Date posted: February 19, 2016)
AARN Subject Matter eJournals
    
        
            
PRN Subject Matter eJournals
    
        
PRN Subject Matter eJournals
    
        



_____. "Implicarse en el juego: Filosofía del fútbol." Academia 10 Sept. 2017.*


_____. "Implicarse en el juego: Filosofía del fútbol." ResearchGate 14 Sept. 2017.*

_____. "Implicarse en el juego: Filosofía del fútbol." Net Sight de José Angel García Landa 24 July 2023.*

https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/implicarsefutbol.pdf

         2023




domingo, 8 de noviembre de 2015

Retropost #294 (27 de junio de 2005): Barbies explosivas


Aunque los hombres sean de Marte y las mujeres de Venus, a veces, si hay voluntad de entendimiento se llega a compromisos y acercamientos a un terreno común. Por ejemplo, Otas estaba muy interesado en jugar con una nena en la piscina, y he extraído este fragmento de conversación:


Otas - ¿Jugamos a lagones? ¿Vale que tú echabas pol los ojos Balbies explosivas?
Niña- (Silencio).

Luego sí que jugaban a algo con la nena y con Ivo, así que hemos abierto una investigación a ver en qué había quedado la cosa:

- ¿A qué jugábais con la nena ésa en la piscina?
Ivo: - A dragones.
Otas: - Sí, élamos dos lagones. Pelo ella ela una silena.
Ivo: - Sí, era una sirena que era ESCLAVA nuestra.

(¡Pero qué les enseñan a estos niños en su casa - o en el cole - o en la tele - o en los genes! ¡Rayos, truenos y barbis explosivas... !)





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miércoles, 25 de mayo de 2011

Ivo virtual

No esperaba yo que los MOOs, las second lives, los sims y demás espacios virtuales iban a proliferar tanto, que ya hasta Ivo tiene su avatarcillo, y se reúne con sus amigos y charla con ellos más en estos espacios virtuales que en la plaza, donde cuando bajan no suelen los chavales encontrarse con ninguno de sus amigos. Aquí lo tenemos en un pisito de momento poco amueblado. Vete a saber en cuál de estos habitáculos imaginarios acabará viviendo su vida—gran parte de ella.



Habbo Hotel, se llama el sitio éste donde se me pierde el crío.

 
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viernes, 18 de marzo de 2011

El farmerama de Oscar

El Farmerama es uno de los juegos favoritos de Oscar, según nos explica en su blog Recomendación de juegos. En realidad es de lo más tiernico verlo aquí tan inocente plantando sus acelgas virtuales y cuidando a sus pollos imaginarios, pobrecico. Ójala los tuviese de verdad en una granja como la de mis abuelos de Francia, pero ese tipo de cosas ya han pasado a la historia, con nuestros abuelos quedaron en el siglo pasado, y aún tuvimos la suerte de vivirlas.




También cría pavos. Me informa de que el pavo (el pavo "no real") es su ave preferida: "Gracias al Farmerama, he descubierto su belleza."



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se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.