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miércoles, 13 de mayo de 2020
martes, 21 de agosto de 2018
miércoles, 25 de julio de 2018
Retropost (25 de julio de 2008): Hancock
Otra de las comedias raciales/sexuales de Will Smith, cuyas difíciles
relaciones con las mujeres blancas hemos seguido últimamente en Yo, Robot y en Soy Leyenda.
Aquí hace de un superhéroe negro borracho y desorganizado, Hancock. Del
corazón de Smith nunca está lejano el arquetipo del negrata de la
calle, deslenguado, desvergonzado, y aparentemente amenazador para los
blancos o ajeno a su mundo. Luego, claro, son comedias de integración en
las que juega un papel heroico, o irónico, y en todo caso mostrando que
el antisocial hostil a los blancos es sólo un barniz o disfraz. Con las
blancas lo tiene más difícil todavía—aquí llega a besar a una (Charlize
Theron), y encima casada con un blanco, pero el beso del negro y la
blanca va seguido de un monumental tortazo y luego una pelea que casi
destroza el barrio. Resulta que los dos son superhéroes o dioses o algo
así que vienen amándose y peleando a través de los tiempos, pero que
sólo conservan sus poderes cuando se mantienen a distancia uno de otro.
Todas las demás parejas de dioses (no consta que fuesen interraciales)
murieron al amarse—sólo esta sobrevive a través de los siglos, hay que
deducir que porque es pareja imposible de negro y blanca. Hancock
averigua esto, y su historia, hablando con ella—él sufría amnesia,
mientras que Charlize lo sabía. Descubren la superidentidad de ella
Hancock y su marido, un publicista blanco—y tras muchos avatares, y casi
perder la vida por estar demasiado cercanos, guardan las distancias,
cómo no, ella volviendo a su vida de ama de casa discreta, y Hancock
retomando una vocación de superhéroe más aceptable y convencional, Si
es que es una comedia de integración... claro que de integración dentro
de un orden, porque Hancock está al final condenado al celibato o al
menos a no mojar blanca. En su lugar se ha hecho con una mascota, un
águila. Sobre el tema de las águilas americanas que aparecen a pares en
el cartel promocional: Hancock es al principio el típico borrachuzo
indeseable, tumbado en un banco donde figura esa águila americana—siendo
él la negación del sueño americano. Pero posibilidades tiene—sólo que
no las aprovecha bien. El publicista le enseñará, y a cambio Hancock
hará triunfar su plan de un logotipo visible a nivel mundial,
inscribiéndolo en la luna. El copyright reportará pingües beneficios, y
vemos así que el arreglo de los males del mundo se hará dentro de las
pautas del beneficio empresarial. Hancock apoya esto aunque sea un tanto
desganadamente. Sí pasa a volar con más elegancia, y a vestirse de
superhéroe en lugar de vestirse de capullo callejero. Lo de que lo
llamen capullo lo lleva muy mal, es lo que le llama una blanca a la que
le toca la pierna groseramente al principio. Luego se resigna a su
lugar. El águila, como decía, pasa de su gorro (allí un ideal mal
llevado o degenerado) a materializarse al final como su mascota, una
especie de logotipo viviente ahora. Recuerda también al halcón que
llevaba el superhéroe negro ayudante/auxiliar del Capitán América, El
Halcón. Recordemos que el Halcón también llevaba mal lo de su
subordinación al capi, no tener superpoderes, y al final conseguía una
alas para volar de verdad. Y recordemos también que en la anterior
película de Smith, The Pursuit of Happyness, donde
el personaje de Will Smith buscaba desesperadamente la promoción social
y el empleo fijo, su hijo llevaba siempre su juguete favorito, una
figurita del Capitán América. Recordemos, por último, que John Hancock
era el primer firmante de la Declaración de Independencia de EE.UU. (mientras que el último viene a ser Barack Obama)...
Vamos, que Will se apunta willingly al sueño americano, aunque requiera desautorizar a los chicos de la calle, hacer jornada intensiva, relaciones públicas, merchandaising planificado—y encima no se ligue nada.
Vamos, que Will se apunta willingly al sueño americano, aunque requiera desautorizar a los chicos de la calle, hacer jornada intensiva, relaciones públicas, merchandaising planificado—y encima no se ligue nada.
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domingo, 2 de julio de 2017
domingo, 29 de mayo de 2016
Retropost #960 (29 de mayo de 2006): X-Men: The Last Stand
Nos vamos con Alvarete a ver esta película,
que es la tercera y la que más le gusta de la serie. A mí no,
realmente; me parece mucho más eficaz la dirección de las primeras;
aquí se aprecian fallos de ritmo, de continuidad y de coreografía en la
acción múltiple de las batallas, por destacar los más evidentes. Pueden
verse aquí
además varias reseñas de fans descontentos por la manera en que se
trata a los personajes; aunque una cosa es segura: no hay manera de
dejar contento a la vez al público friki y al que ignora la relación
con los cómics; en ese sentido esta película, como toda la serie, es
más bien un éxito rotundo que otra cosa. Y, por supuesto, los efectos
son magníficos, y hay escenas admirablemente logradas; en conjunto,
para ser justos, pocas terceras partes fueron tan buenas.
Yo era fan de la "Patrulla X" ya en lo años
70; de hecho ya los conocía en su versión americana a través de comics
que me pasaban los americanos de la base de Zaragoza, y me puse morado
de dibujarlos, hasta me hacía mis propios cómics con los personajes,
también con historias de Magneto intrigando y de rebeliones y guerras
de mutantes secesionistas… el argumento estándar de los X-Men, a saber,
el debate entre la integración y la confrontación entre las minorías
estigmatizadas y el conjunto de la comunidad social.
Las historias de mutantes expresaban en los
años 60, de forma desplazada simbólicamente, las luchas por los
derechos civiles de la comunidad negra, y las dificultades de la
integración. No es casual que vuelvan a convertirse en un símbolo
poderoso hoy en día, con el debate abierto en frentes tales como el
multiculturalismo, el terrorismo, la disidencia social y sexual, o las
tecnologías del cuerpo (clonación, manipulacion genética, transplantes,
etc.).
En un guión que tiene algunos pequeños fallos
de tratamiento (quizá por querer atender a demasiados frentes y
personajes) es sin embargo un acierto global el plantear como problema
central de esta película, de la manera más directa, el debate sobre la
integración como supresión de las diferencias ("la cura" que haría
perder a los mutantes sus poderes y diferencia específica, y que lleva
aquí al debate primero, a "la decisión" como dicen en la traducción
española, la decisión de cada cual de someterse a "la cura" o no, y en
última instancia, lleva a que prenda la confrontación pública y
abierta, liderada por Magneto, el Bin Laden de los mutantes.
Me centraré en el asunto este de "la cura".
Los mutantes son negros, homosexuales, sidosos, superdotados, deformes
estigmatizados. También son agentes secretos, discapacitados (acordaos
de Acción Mutante),
musulmanes, adolescentes sociópatas, terroristas, miembros de una secta
peligrosa, tribus urbanas. Son todo menos mutantes (que haberlos no los
hay). Son un símbolo ambivalente, multidireccional, de la disidencia,
el estigma y la exclusión social. El mismo cóctel que reúne categorías
tan diversas es una manera (postmodernista, podríamos decir) de a la
vez iluminarlas por interpretación mutua, y de recargarlas de
abyección. Naturalmente, las dos alternativas se presentan
superpuestas, y asociadas, la primera al punto de vista favorecido por
la narración, el de los mutantes "buenos" partidarios de la
colaboración con los demás humanos; el punto de vista abyecto, asociado
a los mutantes de Magneto, partidarios no sólo de la secesión de
comunidades, sino de la agresión abierta.
Está claro que para cada una de estas
posibles lecturas simbólicas, y para cada uno de los personajes y
grupos de la película, "la cura" representa algo diferente. Es un
acierto de la película la manera en que se trata este tema. Hay muchos
mutantes anónimos que eligen "la cura"; entre el grupo de los
protagonistas, es la opción de Pícara, que se veía sexualmente impedida
por sus "poderes". En este caso, la cura es una cura. Pero para el
mutante que es como el miembro de una comunidad negra, "la cura" es un
insulto, es como Michael Jackson volviéndose blanco. Para el mutante
queer, la cura supone la amenaza de la uniformidad de la sociedad
liberal-capitalista, que, a pesar de presentarse como abierta a todas
las opciones, trabaja efectivamente por privilegiar unas y marginar
otras. Los mutantes como superdotados sufren la tentación de la
vulgaridad, de renunciar a su diferencia que les provoca aislamiento y
sufrimiento a cambio de una superioridad de dudosa utilidad para la
interacción social, pero "la cura" es aquí un empobrecimiento del
potencial global de la humanidad. El terrorista ve en la cura la mayor
amenaza, la que lleva a su integración sin problemas al orden
establecido, y reduce al absurdo su proyecto de transformación por la
fuerza; así, responderá a ella con la violencia.
Es sintomático que la película no favorece en
absoluto "la cura" como una opción: los mutantes de Xavier son, y
serán, una comunidad aparte, aunque en buenas relaciones con el
Gobierno. Estados Unidos, en una lectura política del film, no quiere
presentarse como un "melting pot" que reduce las diferencias étnicas,
ideológicas, culturales, etc. a un proyecto cultural uniforme, sino más
bien como un espacio público de comunicación en el que, respetando las
reglas públicas del juego, cada individuo y cada comunidad puede
mantener su especificidad sin humillaciones ni privilegios. Es el mismo
proyecto que plantea la película para el orden mundial, como puede
verse con el simbólico nombramiento de La Bestia como embajador ante
las Naciones Unidas.
Ahora bien, no se tolerará a mutantes con potencial de destrucción masivo y que no negocien su integración al orden general. Fénix ha de morir. Cuidado, Irán. (Hoy dice el New York Times que Estados Unidos está buscando cabezas de plástico no nucleares para sus misiles balísticos lanzados desde submarinos).
Pero tened cuidado también con Fénix. Como el
retorno de lo reprimido, el fénix siempre vuelve a renacer en Oriente
Medio.
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jueves, 7 de abril de 2016
Anges, Vierges, Super-héros
Figures et emblèmes culturels : Revivance de quelques anges, super héros et vierges
Figures poreuses aux contextes idéologiques et culturels, Superman et Saint‐Michel incarnent des figures de justiciers recyclées dans l’art contemporain, de la BD aux œuvres plastiques les plus récentes. Mais l’icône est autant célébrée que malmenée sur fond de résonance judeo‐chrétien (dont la figure de la Pietà) très activé en matière d’iconologie. Opérations au sens clinique du terme : comment, à travers ce recyclage, les processus de légitimation opèrent‐ils ? Violence sanguinaire ou pathos ?
Conférence de Isabelle Roussel-Gillet, dans le cadre du colloque «Survivance des icônes : usage et recyclage des figures et emblèmes culturels (XXe– XXIe siècles) » organisée par Géraldine Chouard (Université Paris-Dauphine) et Déborah Lévy- Bertherat (ENS). https://youtu.be/OUPEfc9MpvI
Isabelle Roussel-Gillet est maître de conférences à Lille 2 et membre du laboratoire Textes et cultures à Arras. Ses publications portent sur la question de la trace, notamment chez Annie Ernaux, Laurent Cantet, Richard Dindo et Le Clézio.
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