Mostrando entradas con la etiqueta Presunción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Presunción. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de junio de 2013

La regla de oro de la lista académica

Por lo que vengo observando hasta ahora, la promoción no solicitada del propio trabajo en una lista académica sigue una norma implícita que casi podríamos llamar una regla de oro. Cualquier escrito propio anunciado en una lista de correo electrónico académica (la de AEDEAN, pongamos) debe ser ofrecido a los suscriptores de la lista sólo cobrando. Otra actitud ni es seria ni es académica. Anunciar un escrito propio a los suscriptores de la lista es en principio un ejercicio patético de egocentrismo. Salvo, claro está, si se pide dinero a cambio.  El acto mismo de ofrecer, adjunta al correo, una copia en PDF del libro o artículo publicado en sitio de pago sería de una presunción inaceptable—conviene no hacerlo para no caer en el descrédito que merecen las personas que buscan atraer la atención sobre sí mismas. Los trabajos en repositorios académicos cuidarán de sí mismos—últimamente ya va siendo aceptable subir las publicaciones a la red, mientras no se mencione demasiado la cuestión.

No puedo creer que la auri sacra fames esté detrás de estas actitudes. Parece más bien una cuestión de imagen. ¿No será todo esto señal de una inseguridad, un temor a la pérdida de la precaria aura académica? Además de evidenciar un conformismo ambiental, con la disciplina de la disciplina me refiero, de un nivel realmente notable, por no decir atroz.

Claro que tampoco sería habitable un mundo en el que todos anunciásemos todo lo que escribimos—igual no es mala solución lo de la regla de oro, que viene a querer decir, por otra parte, "esto que publico y que anuncio le ha gustado o parecido bien a un colega o dos, o por lo menos eso dicen que le han dicho a un tercero (aunque éste se ha comprometido a mantener sus nombres en secreto). Y hasta hay dinero, real o imaginario, de por medio, exigible por leer mis escritos". O, quizá, dicho de otro modo, "Mi modestia me impediría llamarles la atención sobre mis escritos, pero el caso es que hay gente que paga por leerlos, así que me he permitido llamarles la atención al respecto... por si les parece reseñable la cosa. O por si desean Vds. también pagar por leerlos, ya que lo que unos hacen, otros también suelen querer hacerlo, la atención crece como una bola de nieve, vous savez."

Es lo que se entiende por publicación realmente académica. Una gestión mínimamente aceptable de la atención. Hoy por tí, y mañana por mí—nos cubrimos las espaldas, y salvamos además la cara dignidad.

______

La regla de oro de la lista académicaen Ibercampus.


 
—oOo—

martes, 30 de octubre de 2012

CUANTO MAS SUBES...

Educación de príncipes al modo renacentista, muy a cuento ahora que a uno se le ha subido el poder a la cabeza. Una escena de Sir Thomas More (c. 1601), de Shakespeare et al. Entra en escena Mas:

A table being covered with a green carpet, a state cushion on it, and the Purse and Mace lying thereon, enter More:

MORE.
It is in heaven that I am thus and thus;
And that which we profanely term our fortunes
Is the provision of the power above,
Fitted and shaped just to that strength of nature
Which we are borne withal. Good god, good God,
That I from such an humble bench of birth
Should step as twere up to my country's head,
Ad give the law out there! I, in my father's life,
To take prerogative and tithe of knees
From elder kinsmen, and him bind by my place
To give the smooth and dexter way to me
That owe it him by nature! Sure, these things,
Not physicked by respect, might turn our blood
To much corruption: but, More, the more thou hast,
Either of honor, office, wealth, and calling,
Which might excite thee to embrace and hub them,
The more doe thou in serpents' natures think them;
Fear their gay skins with thought of their sharp state;
And let this be thy maxim, to be great
Is when the thread of hayday is once 'spon,
A bottom great would up great undone.—
Come on, sir: are you ready?



execution



jueves, 5 de julio de 2012

Estamos por encima de la media

Acabo de leer el libro de Jonathan Gottschall The Storytelling Animal. En el capítulo "Life histories" habla de cómo nos montamos una película de nuestra vida a nuestro gusto, narrativizando lo narrativizable, y descartando lo que no nos interesa. La memoria, decía Jerome Bruner, sirve a muchos amos además de a la verdad. No es finalidad suya hacer una fotografía fiel del pasado, sino más bien resultar útil al sujeto construyendo un pasado que le resulte utilizable y práctico. Eso conlleva mucha selección, y mucha ficcionalización discretamente introducida. No somos conscientes de hasta qué punto son poco de fiar nuestros recuerdos, hasta qué punto cocinamos los datos del pasado. Lo muestran repetidamente experimentos de psicología. 

"Esta investigación es profundamente desconcertante. Si no podemos fiarnos de nuestra memoria para las cosas grandes de la vida—el 11-S, los abusos sexuales, estar hospitalizados tras el ataque de un perro— ¿cómo podremos fiarnos de ella para las cosas pequeñas? ¿Cómo podemos creer que nada en nuestras vidas sucedió tal como lo recordamos, visto especialmente que confiamos en nuestros recuerdos falsos—nuestras "alucinaciones retroactivas"—exactamente igual que en los auténticos?" (168)

"Dicho de otro modo, el pasado, como el futuro, no existe en realidad. Ambos son fantasías que genera nuestra mente. El futuro es una simulación probabilista que pasamos por la cabeza para ayudar a dar forma al mundo en que vivimos. El pasado, a diferencia del futuro, ha existido en realidad. Pero el pasado tal y como es representado en nuestra mente, también es una simulación mental. Nuestros recuerdos no son registros exactos de lo que sucedió en realidad. Son reconstrucciones de lo que pasó, y muchos de los detalles—grandes y pequeños—no son de fiar" (169).

Parte de la función de la memoria es convertirnos en protagonistas de nuestra propia épica. Todos tenemos razón, si nos preguntan, y somos gente excepcional:

"Los estudios muestran que cuando la gente corriente hace algo mal (romper una promesa, cometer un asesinato) normalmente lo envuelven en un relato que niega o al menos disminuye su culpa. Esta tendencia autoexculpatoria es tan potente en la vida humana que Steven Pinker la llama la 'Gran Hipocresía'". (170)

No salimos bien en las fotos, sobre todo si las hacen los demás, pero en el espejo somos más guapos, porque metemos tripa y sacamos barbilla. "Es una buena metáfora de lo que hacemos constantemnte: construir una autoimagen que mejora lo que hay" (172). En un blog llamado Vanity Fea no podría yo pasar por alto los datos que ofrece Gottschall:


"Todos lo hacemos. Por ejemplo, el 90 por ciento de nosotros pensamos que conducimos mejor que la media, y el 94 por ciento de los profesores universitarios piensan que son mejores que la media en su trabajo. (Sinceramente, me sorprende que la cifra sea tan baja)." (173)

Eso lo llaman el "efecto Lake Woebegone"—todos somos más sinceros, fiables u auténticos que el vecino. Estamos por encima de la media, y, además, somos especialmente inmunes al efecto Lake Woebegone, porque nos conocemos a nosotros mismos mejor de lo que los demás se conocen a sí mismos. Eso del autoconocimiento es o una farsa, o una ficción agradable, concluye Gottschall. No queremos saber la verdad; nos gusta más la historia que nos montamos. Nos moriremos, esa es la verdad, y todos nuestros conocidos. Somos insignificantes. Tenemos que mantener a raya semejante autoconocimiento. Y quien no lo consigue—al psicoterapeuta. Los psicoterapeutas son para Gottschall especialistas narrativos.


"Según la psicóloga Michele Crossley, la depresión normalmente se debe a un 'relato incoherente', a una 'representación narrativa de uno mismo que es inadecuada', o a 'una historia vital que se ha desorientado'. La psicoterapia ayuda a la gente desdichada a recomponer sus historias vitales; literalmente, les proporciona una historia con la que puedan vivir. Y funciona. (...) Un psicoterapeuta es por tanto una especie de médico de guiones que les ayuda a los pacientes a revisar las historias de su vida de modo que puedan jugar de nuevo el papel de protagonistas. Protagonistas que sufren y tienen defectos, por supuesto, pero protagonistas que se dirigen hacia la luz." (175)


Vamos revisando la historia de nuestra vida a la vez que la vivimos, concluye Gottschall, y el narrador es un narrador no fiable. Vivimos, en gran medida, de ficciones y en ficciones.

Oigan, pero hay un consuelo. Realmente, y esto no es ensueño sino matemáticas, al menos la mitad de nosotros acertamos cuando creemos que estamos por encima de la media.






______

Pongo un comentario en The Storytelling Animal, el blog de Jonathan Gottschall.

______

 

PS, 2022: Y diez años después se demuestra que mi blog tiene más staying power que Jonathan Gottschall o Psychology Today...  Todo fluye, y la web más.

 

 
—oOo—



Mi fotoblog

Mi fotoblog
se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.