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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Retropost #1914 (20 de diciembre de 2007): La emergencia del símbolo

La emergencia del símbolo

Publicado en Semiótica. com. José Ángel García Landa


A photo on Flickr


Me releía (releía digo) hoy un interesante artículo de Richard van Oort sobre "The Cognitive and Anthropological Origins of Narrative" (2001), que retoma ideas de Terrence Deacon y de Mark Turner (nota 1) sobre el origen y naturaleza cognitiva de la narración.

Turner basa la narración en maniobras cognoscitivas más básicas: reconocimiento de secuencias de acontecimientos, intencionalidad de acciones, identificación de procesos, "pequeñas narraciones" que son también parte de la base cognitiva de otras especies distintas a la humana. Pero para van Oort no queda explicada con eso la especificidad humana de la narración.

Deacon proporciona una clave asociando (como Ricoeur había hecho, siguiendo otra línea de indagación) narración y metáfora, o más bien, la capacidad simbólica de la narración para asociar unos sentidos con otros, con las fusiones y desplazamientos conceptuales que caracterizan al pensamiento simbólico.

Establece Deacon una jerarquía entre los tres tipos de signos distinguidos por Peirce (iconos, indicios y símbolos), una jerarquía que podemos calificar de emergente, pues la generación de los signos más elaborados (los símbolos) descansa sobre los procesos mentales necesarios para esas actividades semióticas más básicas que son la identificación de iconos y de indicios.

Los gritos de los primates, por ejemplo, son indiciales: aunque pueden ser distintos para referirse a distintos depredadores, no son lenguaje porque van estrechamente ligados espacial o temporalmente a la presencia de su referente. No los emplean los monos para hablar de depredadores cuando los depredadores no están allí.

El símbolo es un signo más elaborado, que tiene según Deacon una doble referencia—doble, un fenómeno emergente podríamos llamarlo, que descansa sobre una referencia simple más elemental. El símbolo se refiere tanto a su objeto como a otros símbolos—un poquito a la manera de lo que Jakobson llamaría función poética. Es esta poiesis la que desvincula al símbolo de su asociación directa con un estímulo, y permite la referencia a entes imaginarios, no presentes, significados. La capacidad de ficción (o la capacidad de mentir, que diría Umberto Eco) es por tanto crucial en la disociación de signo y estímulo que requiere la aparición de la inteligencia humana.

Esta disociación querría relacionarla yo con la idea de "reproyección" a la que aludía en mis comentarios a la teoría del origen del lenguaje de Arbib (nota 2). La emergencia del símbolo ha de asociarse al desarrollo de procesamientos cognitivos reflexivos, que generan imágenes autónomas que regulan la comunicación entre distintas funciones cerebrales. A su vez, estas imágenes pueden estar asociadas a los procesos comunicativos interactivos, por ejemplo los que surgen de la acción de las neuronas espejo. El procesamiento simbólico debería entenderse como un fenómeno que surge tanto de la autocomunicación del sujeto (o de partes de su cerebro o procesos cerebrales unos con otros—de la necesidad de asociar la boca con la mano, por ejemplo) como de la comunicación entre sujetos. La comunicación interna y la externa no están aisladas, sino estrechamente involucaradas una con otra.; se retroalimentan, y es por eso que la complejidad de la elaboración de símbolos comunicativos "públicos" se traduce en una mayor complejidad de los procesos mentales del sujeto.

Las estrategias desarrolladas para crear y sustentar símbolos autónomos (no indiciales, sino que reposan sobre estructuras simbólicas previas) sirven a su vez para crear sentidos y modalidades de procesamiento más complejas. Tal es el funcionamiento, por ejemplo, de la intertextualidad en la literatura evolucionada. Y estas estructuras simbólicas permiten el desarrollo no sólo de procesos mentales más complejos, sino también de acciones simbólicas colectivas más elaboradas. El desarrollo posible de una literatura en Second Life, pongamos—como ejemplo quizá extremo de desplazamiento simbólico.

Y las narraciones, y las técnicas narrativas asociadas al desarrollo de sus tradiciones, son una de las maneras más elaboradas de crear espacios simbólicos para unificarlos, desplazarlos, o manipularlos.  Una teoría de la narratividad emergente, por tanto, continúa y complementa la teoría del simbolismo emergente.


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Nota 1)  Terrence Deacon, The Symbolic Species: The Co-Evolution of Language and the Brain (New York: Norton, 1997); Mark Turner, The Literary Mind (Oxford: Oxford UP, 1996).

Nota 2) Ver  mi artículo "Internalized Interaction: The Specular Development of Language and the Symbolic Order / Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y el orden simbólico." (PDF en el Social Science Research Network).




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lunes, 20 de julio de 2015

La emergencia del símbolo (The Emergence of the Symbol)


Las teorías evolucionistas de Terrence Deacon, Mark Turner y Richard van Oort sobre la emergencia del simbolismo sobre la base de la comunicación animal pueden complementarse con un mayor énfasis sobre los procesos reflexivos del cerebro y sobre la auto-interacción, fenómenos que a su vez se hallan en relación dialéctica con la interiorización de la interacción social. Las estructuras simbólicas elementales usadas en la auto-interacción devienen piezas de construcción para un simbolismo social complejo, que a su vez da lugar a la interiorización de interacciones más complejas.

La emergencia del símbolo 


   



English abstract: 

The Emergence of the Symbol

Terrence Deacon's, Mark Turner's and Richard van Oort's evolutionary theories regarding the emergence of symbolism on the basis of animal communication can be supplemented with a stonger emphasis on reflexive processes on the brain and on self-interaction, phenomena which are in turn dialectically related to the internalization of social interaction. Elementary symbolic structures used in self-interaction become building blocks for complex social symbolism, which gives rise to the interiorization of more complex interactions.

Note: Downloadable document is in Spanish.
Number of Pages in PDF File: 4

Keywords: Evolution, Cognition, Evolutionary psychology, Symbolism, Communication, Self-interaction, Social interaction, Reflexivity


eJournal Classifications (Date posted: July 08, 2015Message
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_____. "La emergencia del símbolo." Academia 18 Oct. 2017.*
         2017
_____. "La emergencia del símbolo." ResearchGate 20 Oct. 2017.*
         2017




Uno de los primeros acercamientos a la neurología de la interacción internalizada y la emergencia del simbolismo que va asociada a esa internalización se encuentra en el artículo de George Herbert Mead "La génesis de la identidad personal y el control social" (1925), parcialmente incluido en su libro póstumo La Filosofía del Presente.




martes, 12 de julio de 2011

Más sobre la internalización de la interacción

En un artículo anterior hablé del origen del lenguaje y de la comunicación simbólica como una internalización de la interacción comunicativa.  Esta noción de la internalización de la interacción fue estudiada no a nivel filogenético sino a nivel ontogenético por L. S. Vygotsky: el desarrollo del individuo lo ve como una internalización de procesos comunicativos. Así habla Tabea Becker del enfoque interaccional sobre la adquisición infantil del lenguaje:

"Desde los primeros años del infante, la interacción juega una parte importante en la adquisición del lenguaje. Fue L. S. Vygotsky quien preparó el camino para esta concepción cuando describió al niño (en oposición a Piaget) como ante todo orientado socialmente, progresando de un intercambio intermental interaccional hacia un proceso de desarrollo intramental (Vygotsky, Thought and Language, 1934, MIT Press, 1986)." (Becker, 2005: 93).

En el mismo volumen, John-Steiner et al. observan que "hay en las ciencias humanas una nueva y creciente importancia de teorías que enfatizan la interdependencia entre los individuos" (170). Podríamos señalar a este respecto el nuevo énfasis en antropología que enfatiza las peculiaridades de la extrema socialidad humana frente a la de otros primates. En estas cuestiones no entró Vygotsky ni los lingüistas que cito, pero puede verse en el creciente énfasis que se da en teoría de la evolución a la selección de grupo. De la historia de las especies humanas, parece desprenderse que fueron las más intensamente socializadas, que eran a la vez las más complejas en su cultura simbólica y lingüística, las que sobrevivieron, y desplazaron (o quizá exterminaron) a las demás especies protohumanas y humanas.

Es interesante el terreno común (o lo que debería ser el terreno común) entre Bajtin y Vygotsky. El dialogismo de Bajtin muestra cómo el discurso siempre tiene lugar sobre un significado preexistente, y que el uso de la palabra es una toma de posición con respecto a ese protodiscurso. La palabra siempre es un terreno de confrontación, entre los significados de otros y los que queremos darle—como dice Bajtin en Discourse and the Novel, la palabra de los otros ha de ser expropiada, y el discurso de uno se construye con la apropiación de los términos de los demás para nuestros propios fines:

"El concepto de 'apropiación', inicialmente desarrollado por Bajtin, ha sido descrito por el estudioso de Vygotsky James Werch (John-Steiner 2000) como 'el proceso de tomar algo que pertenece a los demás y hacerlo propio' (p. 1999) En un ejemplo a menudo citado que habla a propósito de la apropiación de las palabras, Wersch también escribe que para Bajtin 'La palabra de la lengua es a mitad de otros. Se vuelve 'de uno mismo' cuando el hablante la puebla con su propia intención, su propio acento, cuando se apropia de la palabra, adaptándola a su propia expresión semántica e intencional' (John-Steiner 2000, p. 199)."  (John-Steiner 2005: 173).

Sobre la interacción plurilingüística, otro concepto bajtiniano basado en la construcción interactiva del significado y de la comprensión, habla así Bajtin:


"El hablante intenta que se lea su propia palabra, y su propio sistema conceptual que determina esta palabra, en el seno del sistema conceptual ajeno del receptor que lo comprende: entra en una relación dialógica con algunos aspectos de este sistema. El hablante se abre paso a través del horizonte conceptual ajeno de su oyente, construye su propia enunciación en terreno ajeno, contra el trasfondo apreciativo del oyente" (174).

De este modo, se modela un oyente ideal o receptor implícito que supone un espacio de mediación entre el hablante y el oyente.  Lo que me interesa resaltar aquí es la necesaria imbricación entre la interacción comunicativa con el otro por una parte, y el propio pensamiento por otra, una imbricación que no hace sino resaltar la constitución social, comunicativa e interaccional de la personalidad y del propio pensamiento—en este caso tal como se expresa en un discurso. De hecho, la discursivización del pensamiento contribuye a expresarlo y a clarificarlo, mediante la necesaria externalización a un sistema de signos, o si se quiere mediante la recíproca necesaria internalización de la interacción comunicativa que supone la construcción de un discurso articulado en torno a una cuestión dada.

Todo esto venía a cuento de insistir en que los procesos psicológicos, simbólicos, cognitivos, discursivos, lingüísticos, etc. internos al individuo, se construyen sobre la base de la interacción social, y —dado que la interacción social preexiste al individuo, le precede en su complejidad, y lo forma— podemos describir el desarrollo de la consciencia y los procesos comunicativos y simbólicos en el individuo como una internalización de la interacción.  Como decíamos, la teorización de este proceso para explicar el desarrollo psicológico del individuo procede de Vygotsky:

"Un segundo principio de la teoría vygotskiana es el del origen social de los procesos psicológicos. Es en el curso de la participación en la vida social—desde la más temprana interacción del recién nacido con sus cuidadores a sus comunidades de aprendizaje en la vida adulta— como los procesos cognitivos individuales se forman. Vygotsky no supone que el funcionamiento mental superior sea una simple copia de prácticas socialmente organizadas. Sino, más bien, que los seres humanos extraen de su herencia cultural compartida los medios y artefactos que son necesarios para su capacidad de aprender, resolver problemas y crear. En su propia obra, ilustró este principio de que 'toda actividad simbólica ... fue en tiempos una forma social de cooperación'." (John-Steiner et al., 172).

Se verá en esta última cita cómo la teoría de Vygotsky asocia también el desarrollo cultural de la comunidad y el desarrollo del individuo—tanto uno como otra pasan de formas interaccionales externalizadas y efectivas a su internalización y simbolización en forma de estructuras comunicativas y procedimientos gramaticalizados o relativamente fijados.

Hay aquí un interesante punto de contacto con la teoría de la evolución biológica, en concreto con el desarrollo tardío de la teoría de la selección natural conocido como "evo-devo": la selección natural no se realiza en el vacío, mediante la competencia entre individuos ideales plenamente formados, sino que ha de tener lugar entre individuos que deben constituirse a partir de una simplicidad embrionaria; se crea por lo tanto una dinámica compleja entre el desarrollo del individuo y la evolución de la especie. Esto sucede a un nivel mucho más complejo de lo que sugería el viejo principio de Haeckel según el cual "la ontogenia recapitula la filogenia"—aunque volviendo en cierto modo a considerar la imbricación estrecha entre ontogenia y filogenia, esta vez en el marco de un estudio del desarrollo del organismo dirigido ordenadamente por genes que son producto de la selección natural y la historia de la especie.

Tanto en la biología genética "evo-devo" como en la psicología interaccional que va de Vygotsky a Goffman, hay una relación dialéctica entre el desarrollo interno de los individuos y el desarrollo de las estructuras supraindividuales.

En su artículo "A Role for Relaxed Selection in the Evolution of the Language Capacity", Terrence Deacon proporciona una argumentación en el seno de la genética "evo-devo" que resulta de enorme interés para entender cómo puede tener lugar el desarrollo del lenguaje en el marco de un desarrollo neurológico flexible. De paso, por cierto, esta teoría también ayuda a entender por qué la adquisición de lenguaje se vuelve imposible si no tiene lugar en los primeros años, y cómo el aprendizaje de segundas lenguas se vuelve más difícil con la edad. También ofrece, sobre todo, una respuesta evolucionista a un problema que algunos lingüistas como Chomsky atribuyen a poco menos que un milagro inexplicable.  Traduzco el resumen, pero recomiendo leer el artículo entero por su enorme interés:

"La explicación de la extravagante complejidad del lenguaje humano y de nuestra competencia para adquirirlo ha planteado durante mucho tiempo un reto a la teoría de la selección natural. Para contestar a sus críticos, Darwin se volvió hacia la selección sexual para explicar el extremado desarrollo del lenguaje. Muchos teorizadores evolucionistas actuales han invocado alguna mutación increíblemente afortunada o alguna variante de la asimilación del comportamiento adquirido hacia predisposiciones innatas, en un esfuerzo por explicarlo. Los recientes enfoques evo-devo han identificado procesos de desarrollo que ayudan a explicar cómo pueden desarrollarse sinergias funcionales por medios darwinistas. Es interesante observar que muchos de estos mecanismos de desarrollo guardan un parecido con algunos aspectos del mecanismo de la selección natural de Darwin, difiriendo a menudo en un aspecto (por ej. en la forma de duplicación, en el tipo de variación, competición/cooperación). Un rasgo común a ellos es una interacción entre procesos de selección estabilizadora y procesos de relajamiento de la selección a diferentes niveles de la función del organismo. Estos pueden jugar papeles importantes en muchos niveles del proceso evolutivo que contribuye al lenguaje. De modo sorprendente, la relajación de la selección a nivel del organismo puede haber sido la fuente de muchos rasgos sinérgicos complejos de la capacidad lingüística humana, y puede ayudar a explicar por qué tanta información lingüística es socialmente 'heredada'." (Deacon 2010)

En su obra The Symbolic Species: The Coevolution of Language and the Brain, Deacon ya señalaba que el desarrollo gradual de la comunicación simbólica, o protolenguaje, creó un nicho ecológico construido socialmente por los humanos, un nicho que favoreció la propia adquisición y transmisión del simbolismo y del lenguaje, en un proceso retroalimentativo. La teoría del origen del lenguaje en su relación con la teoría de la construcción de nichos ecológicos la traté por extenso en mi reseña del libro de Derek Bickerton Adam's Tongue, libro que enfoca la misma cuestión desde el punto de vista de la ecología de la alimentación y de la cooperación en la búsqueda de recursos por los protohumanos.

Este artículo de Deacon comenta de modo muy ilustrativo cómo un proceso tal como la muerte neuronal puede haber contribuido al desarrollo de los complejos circuitos neuronales que ligan diversas partes del cerebro—todo ello a partir del principio de que las neuronas que se activan conjuntamente desarrollan conexiones directas entre sí. De hecho este mismo principio se refinó y perfeccionó en el cerebro humano por medio de la selección natural, como parte del mismo proceso de retroalimentación. El argumento central de Deacon es, como se ve, que ciertos procesos complejos se hacen posibles mediante la interacción de selección natural y de relajación de esa misma selección que facilita la "exploración" de posibilidades en ambientes redundantes, sistemas genéticos duplicados, etc. A la vez, según Deacon, este procedimiento de crecimiento flexible de las conexiones cerebrales "significa que las funciones cerebrales seleccionadas para las demandas cognitivas, perceptuales, de percepción y de producción del lenguaje, reflejarán únicamente las demandas más persistentes e invariantes de este nicho lingüístico altamente variable"—lo cual supone una aportación de gran interés para la teoría de los universales lingüísticos.

Querría señalar que esta explicación "evo-devo" de las conexiones lingüísticas en el cerebro también es a un determinado nivel resultado de esta internalización de la interacción— en el sentido más literal, puesto que el cerebro se va construyendo en sus conexiones y circuitos a medida del lenguaje y del pensamiento simbólico, como resultado de la interacción comunicativa en el seno de una comunidad. Esto, aunque Deacon argumente contra una visión demasiado simplista de la internalización del comportamiento social.

Tal es el papel de la flexibilización de mecanismos cerebrales necesarios para la cognición y desarrollo humanos, que Deacon se pregunta si no habría que considerarnos "un simio degenerado", a degenerate ape:

"This raises an obvious question: Could humans be a self-domesticated species—i.e., a degenerate ape? The Munia/Finch analogy suggests that genetic dedifferentiation affecting the nervous system may have contributed to functional complexity in human language evolution. Has there been more widespread degeneration as well? If so, it might help explain the extensive human cognitive–social–emotional flexibility compared with other mammalian species. Could human mental plasticity, cultural variability, aesthetic and religious sensibilities, and susceptibility to social control and conformity be an expression of cognitive–emotional dedifferentiation?" (Deacon, 2010).

Y en efecto, somos una especie auto-domesticada, una especie que se va imaginando y haciendo a sí misma mediante la retroalimentación que suponen la consciencia, la representación, las culturas, el lenguaje, los ideales y la autoobservación.  Un primate degenerado, en términos gorilescos quizá, pero the glory, jest, and riddle of the world en términos propiamente humanos.

Traduzco el final del artículo de Deacon:

"El lenguaje es demasiado complejo y sistemático, y nuestra capacidad de adquirirlo es demasiado fácil, como para que esto pueda explicarse sólo con el uso cultural o el aprendizaje en general. Pero el proceso de la evolución es demasiado complicado y casual como para haber producido este fenómeno complejo por una mutación afortunada, o por la internalización genética del comportamiento lingüístico. Estas metáforas son más adecuadas para el análisis de un artefacto diseñado. La robustez del proceso de adquisición lingüística, la profunda integración del lenguaje y de la cognición humana, y la mutua implicación e interacción sinérgica de diversos y dispersos sistemas cerebrales en los procesos lingüísticos, implican conjuntamente que ha habido una adaptación a largo plazo que ha involucrado una gama muy amplia de ubicaciones genéticas, y que se han visto implicados muchos niveles de mecanismos intraevolutivos. Es más probable que consigamos resolver este misterio si nos acercamos a él con la expectativa de que la naturaleza produce sus obras más complejas mediante una lógica que es inmensamente más sutil, y enteramente diferente, de los métodos de un relojero o de un ingeniero informático."

Entre estas cosas que nos cuesta entender, hay una que se nos resiste y tenemos que redescubrir continuamente: el extremo hasta el cual estamos donde han estado otros antes, que lo que pensamos surge de lo que otros han pensado, y que lo que tenemos dentro, nuestras mismas asociaciones de ideas y conexiones cerebrales, son un resultado de la interacción con los demás en un mundo que sólo en parte es lo que vemos y tocamos—porque la otra parte nos lo hemos inventado, un mundo virtual, para metérnoslo en la cabeza y vivir dentro de él.

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Notas de:

Becker, Tabea. "4. The Role of Narrative Interaction in Narrative Development." In Narrative Interaction. Ed. Uta M. Quasthoff and Tabea Becker. Amsterdam and Philadelphia: John Benjamins, 2005. 93-111.
John-Steiner, Vera, Christopher Shank and Teresa Meehan. "7. The Role of Metaphor in the Narrative Co-Construction of Collaborative Experience." In Narrative Interaction. Ed. Uta M. Quasthoff and Tabea Becker. Amsterdam and Philadelphia: John Benjamins, 2005. 169-95.



 
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lunes, 31 de agosto de 2009

La caverna del cerebro: El lenguaje como realidad virtual


Thou dost not see where thou hast lived so long,—
The place is called the skull where thou dost tread.
(Jones Very, "The Prison")

La vida es todo fantasía
(Miguel Bosé, "Los del 56")

Me gustó The First Word de Christine Kenneally, aunque no contiene una teoría sobre el origen del lenguaje, sino una visión de conjunto de las teorías de diversos investigadores (Chomsky, Lieberman, Arbib, Deacon y otros), de la que emerge un panorama de conjunto, con no pocas convergencias y también contradicciones. Hay una traducción española por cierto, de Enrique Bernárdez.

Sobre las teorías del origen del lenguaje de Chomsky y de Arbib ya he escrito aquí alguna cosa—y sobre las de Darwin. También sobre Bickerton, cuyas últimas teorías no llega a cubrir este libro de Kenneally. Sí comenta una de las teorías más interesantes e influyentes en los últimos años, la de Terrence Deacon en The Symbolic Species: The Co-evolution of Language and the Brain (Nueva York: Norton, 1997).

En sustancia, lo que propone Deacon es que el desarrollo cerebral de la especie humana va ligado al desarrollo del lenguaje. Así a grandes términos esto podría parecer innegable y poco problemático, pero claro, hay muchas cuestiones de timing de difícil comprobación. ¿Precedió la encefalización al desarrollo de un lenguaje elaborado, o incluso de un protolenguaje más complejo que la comunicación animal? ¿O por el contrario hay que entender que fue precisamente el desarrollo del lenguaje, en la medida de lo posible y con los medios limitados de a bordo, lo que actuó como un motor y un estímulo para el desarrollo cerebral? ¿Y cómo sucede eso?


Esta última postura es sostenida sin ambages por Bickerton, quien sostiene que el lenguaje hizo el cerebro humano, y no vice-versa. Una postura quizá más moderada sugiere el libro de Deacon, pero desde luego concediendo al lenguaje un papel muy activo en la construcción del cerebro—no va simplemente "a remolque" del desarrollo cerebral. Kenneally habla de coevolución en un sentido más amplio, entre el genoma humano y el lenguaje—la coevolución, poco estudiada aún, es "la manera en que el lenguaje y el genoma humano se han dado forma mutuamente" (250). Si consideramos la teoría de Bickerton sobre el lenguaje como la construcción de un nicho ecológico humano, la cuestión de la coevolución se vuelve primordial. Los humanos, como otros animales, construimos activamente el entorno ecológico en el que habitaremos. Con el caso particular, en el caso del cerebro, de que la coevolución supone aquí una intervención consciente sobre ese entorno, y a veces sobre el propio desarrollo del lenguaje y del cerebro. No hay que olvidar que gran parte de la construcción de lenguaje es producto consciente de las acciones de los hablantes, interviniendo de modo activo sobre cómo se habla y cómo se debe hablar.

Para Deacon, uno de los elementos de la coevolución es el uso de herramientas—que ya desde los australopitecos impulsó el desarrollo de un procesamiento simbólico, y la predisposición a usar símbolos en otros ámbitos. (Ver también "Language, Toolmaking, Reflexivity"). Aunque esto deja pendiente el problema de por qué no aparece un simbolismo complejo, mimético, etc., durante millones de años—y plantea la cuestión de qué es lo que sucedió exactamente en el lenguaje allá por los tiempos en que aparecen las primeras representaciones a través de imagenes, cosa mucho más reciente.

La coevolución propuesta por Deacon hace intervenir en la evolución el principio de la "evolución baldwiniana", que según la describe Kenneally "se da cuando el comportamiento de un animal contribuye efectivamente al entorno en el que toma forma la evolución genética" (250). Un ejemplo no cerebral es la tolerancia a la lactosa en adultos—producto de un gen que se ha difundido mucho entre las poblaciones con larga tradición de pastoreo (europeos por ejemplo) y nada en las poblaciones sin esa tradición (chinos, indios americanos). Aquí fue un comportamiento social, el pastoreo, el que contribuyó a la selección gradual de este gen. Para Deacon, de modo similar, el uso de herramientas en los humanoides primigenios seleccionó los genes que podían contribuir a ese comportamiento o hacerlo más eficaz—según lo pone Kenneally,

"No fue que nuestros cerebros se hicieran mayores debido al bipedismo o a cambios hereditarios o a otras razones, haciéndonos con ello más inteligentes y capaces de usar herramientas de piedra; más bien, empezamos a usar herramientas de piedra que son ligeramente más complicadas que las herramientas que usan los chimpancés incluso hoy en día, y como resultado nuestros cerebros se hicieron mayores" (Kenneally 251)

—teoría que en sustancia casa bien con la propuesta de Bickerton, a saber, cambios en el comportamiento que preceden al cambio genético, y lo impulsan. Con el desarrollo de una cultura compleja, la evolución baldwiniana adquiere cada vez más importancia frente a la simple selección natural. Cada vez más, "la interacción baldwiniana entre cultura y biología jugó un papel particularmente significativo" (Kenneally 251).

Pero hay una cuestión biológica especialmente llamativa en esta cuestión del desarrollo cerebral, sobre la cual llama la atención Deacon. Al crecer el cerebro, no creció de modo "equilibrado"—no se hizo un cerebro igual al que había, sólo que mayor—sino que, por el contrario, cambiaron sus proporciones estructurales. Fueron las partes exteriores del cerebro, y el cerebelo, lo que crecieron—con un enorme desarollo comparativo de la corteza cerebral, mientras que el resto del cerebro crecía siguiendo las proporciones esperables en otros cerebros de primates.

Aquí hay que señalar que si el hombre es excepcional entre los primates por su enorme encefalización, los primates son ya el grupo de animales más encefalizados comparativamente. Por lo cual somos un extremo de un extremo, o una excepción dentro de una excepción. (Para una exposición gráfica de estas proporciones, pueden verse los artículos al respecto de Stephen Jay Gould).

En el desarrollo embrionario puede verse el cambio de proporciones en el desarrollo del cerebro. La parte que habrá de convertirse en el exterior del cerebro abandona el ritmo de creciminento del resto, dejándolo atrás, cuando el cerebro aún no es sino un tubo neural. El crecimiento de esta parte está regulado al parecer por los genes Otx y Emx. Hay un "reloj del desarrollo" en los genes que con su activación y desactivación regula el crecimiento de los órganos—pues bien, en esta región se ha extendido comparativamente su actividad. (Lo cual puede hacer pensar en que los procesos de encefalización podrían haberse originado en parte por alteraciones genéticas—es decir, mutaciones).

Según Deacon, esta diferencia de desarrollo de unas y otras partes del cerebro significa que nuestra actividad cerebral está más orientada hacia algunos tipos particulares de procesamiento cerebral. El manejo y aprendizaje del lenguaje está distribuido por diferentes áreas del cerebro (no se limita a las conocidas áreas de Broca y Wernicke). Deacon sugiere que este problema de tipo nuevo para un animal requería un tipo de procesamiento que no puede ser realizado por los cerebros de mamíferos con su habitual estructura. El tipo de desarrollo cerebral con una gran corteza permitió que se desarrollasen estos tipos de procesamiento inhabituales. Son procesamientos que por otra parte activan tanto áreas primitivas del cerebro como otras de reciente formación:

"El hecho de que el lenguaje surja de regiones cerebrales en interacción dinámica, con sus enormemente diferentes historias evolucionarias (las más primitivas e inalteradas junto con las partes que se han modificado más recientemente) es otra razón por la cual no deberíamos conceptualizar el cerebro, o incluso otras capacidades mentales, como las matemáticas, como cosas monolíticas. En lugar de eso, arguye Deacon, surgen de un 'equilibro delicado de muchos sesgos de comportamiento, de aprendizaje y de percepción, complementarios y en competencia mutua'." (Kenneally 251)

También habrá que tener en cuenta que aunque las mutaciones que den lugar a encefalización puedan facilitar el surgimientos de estos procesos, también los cambios en el comportamiento a que den lugar estos procesos pueden favorecer la selección natural, y la selección baldwiniana, de estas mutaciones. De allí que tenga sentido hablar de coevolución o de influencia recíproca entre la encefalización y el desarrollo del lenguaje.

De hecho, según Deacon, no hemos podido entender hasta ahora cómo coevolucionaron el lenguaje y el cerebro porque la perspectiva era errónea:

"Desde el principio, los investigadores que estudiaban el lenguaje y el cerebro han supuesto que el cerebro vino primero. La línea de razonamiento habitual sostiene que el cerebro fue seleccionado para un aumento de la inteligencia general y que entonces desarrolló el lenguaje, que se basa en esa inteligencia optimizada. De hecho, dice Deacon, deberíamos contemplar el efecto del lenguaje en el cerebro, además del efecto del cerebro en el lenguaje" (Kenneally 252)

De hecho, a pesar de los argumentos de Bickerton y de Deacon, creo que la línea de razonamiento habitual no está tan equivocada. Sin detraer de esta importante intuición de Deacon, creo que el desarrollo del lenguaje viene de un desarrollo cognitivo previo—aunque a su vez el lenguaje diese lugar a un importantísmo desarrollo cognitivo ulterior.

Aquí es importante tener en cuenta la arquitectura básica del cerebro, su plan de base. Consta de dos hemisferios "mal comunicados" entre sí, pues sus conexiones se dan a través del tallo cerebral y del cuerpo calloso central que los une en su base y su parte central. (Ver "Dos medios cerebros"). Las partes desarrolladas más recientemente no tienen conexiones directas entre sí. Las dos medias cortezas están, podríamos decir, "desconectadas" una de otra en lo que se refiere a circuitos directos. El cerebro está más "integrado" por tanto en lo que se refiere a su base animal—el cerebro reptiliano, podríamos decir; las conexiones entre los hemisferios, con el resto del sistema nervioso, y con los órganos de los sentidos son allí mucho más directas y poderosas. Por el contrario, en la corteza, en todo el desarrollo "reciente" del cerebro, las conexiones con el otro hemisferio, con el resto del sistema neural y con los órganos de los sentidos son más indirectas. Donde sí son más directas es con las áreas inmediatamente vecinas. Esto tiene una importante consecuencia, que puede extraerse en líneas generales de la simple contemplación de la estructura de un cerebro, encerrado en su cráneo, en el último recoveco—en su caverna— sólo conectado con el mundo exterior a través de las partes más "animales", sensoriales y primitivas de su estructura. Gran parte de la actividad cerebral consistirá en autoproyecciones, reelaboraciones mentales, procesamiento indirecto de información, autocomunicación, análisis y transformación de información ya codificada, para retransmitirla a otra sección cerebral.

A mi entender, para el desarrollo del lenguaje es necesario el desarrollo (primero desarrollo previo, y luego desarrollo en interacción dinámica con él) de la conceptualización, de la "clasificación" de las cosas en una estructura ordenada y delimitada. Tendemos una vez y otra a dar por supuesto que, al igual que las cosas existen antes que sus nombres, el mundo existe previamente a nuestra percepción. Y en cierto sentido sí, pero no es el mundo que percibimos y entendemos. Ese requiere una elaboración mental—y ésa es la labor del cerebro, crear un mundo virtual que represente el mundo real de un modo acorde a las necesidades diferentes de cada animal. Las necesidades humanas resultan ser muchas y muy variadas. Tanto más si surgen distintos lenguajes y culturas que reorganizan el mundo a su manera.

Es familiar, de entre estas ideas sobre la ordenación mental del mundo, la imagen del Curso de Lingüística General de Saussure en la que el pensamiento aparece como un todo fluido antes de que los conceptos le den forma. Entendido en sentido estricto, sería "una palabra, un concepto", y nuestro mundo estaría estructurado lingüísticamente. Es el exceso de la hipótesis de Sapir-Whorf que ya ha sido ampliamente refutada en unos sentidos, y confirmada en otros. Está claro que el lenguaje ayuda a la conceptualización, pero hay que distinguir la capacidad de conceptualizar de la capacidad de nombrar. Los conceptos (en sentido amplio, no el "significado" lingüístico) están hechos de una sustancia más compleja, pueden ir asociados a procesos de manipulación, por ejemplo, o de orientación, cuando no van asociados a una señal lingüística.

En algunos artículos, como éste sobre "Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico" exponía yo la noción de que existe un elemento reflexivo en la percepción, incipiente quizá en toda percepción, pero enormemente desarrollado en la percepción humana. Conocemos a base de ideas, reconociendo en el mundo lo que ya sabemos que está ahí—en un complejo proceso de ajuste y reinterpretación, naturalmente, modificando nuestras ideas previas sobre la marcha.... pero, y esto es lo esencial, proyectando al mundo nuestras ideas, es decir, iluminando el mundo real con el que interactuamos, con el mundo virtual que le superponemos gracias a nuestra compleja actividad cerebral. Como los prisioneros de la caverna de Platón, creemos que las sombras que vemos son las cosas en sí... o quizá se entienda mejor exactamente al revés: creemos que las cosas existen al margen de las ideas, y en realidad no podemos ver sino las ideas que proyectamos sobre ellas. Las sombras, lo Real que diría el otro (Lacan), nos es accesible indirectamente, y sólo gracias a sus representaciones en nuestro sistema cognitivo. También tenemos ideas de sombras, y de caos informes.

Con nuestro teatro mental recreamos el mundo, le damos forma— habitamos este mundo de la cabeza, y también interactuamos con otros cerebros en otras cavernas, también... pero somos de hecho muy intuitivamente conscientes de dos cosas: de que cada cual habita en su mundo, y de que todos han de encontrar un punto común de entendimiento en la realidad física que nos rodea, y en las necesidades más imperiosas que organizan la vida social.

Cosas inmediatas, que son la base del mundo. Las metafísicas ya son para gustos especializados, o las físicas cuánticas, que cambian de una edición a otra sin que se altere fundamentalmente el mundo interactivo humano sobre el que se construyen.

Deacon observa que el tamaño de tejido cerebral dedicado a cada tipo de procesamiento guarda proporción, en términos generales, con la cantidad de información procesada. Saquemos una conclusión sencilla:

"Una de las diferencias cruciales entre el cerebro humano y otros cerebros de mamíferos es que el nuestro es más grande en relación al cuerpo. Esto deja una proporción considerable del cerebro humano, dice Deacon, que no está procesando información proviniente del exterior de la manera en que lo están haciendo las cortezas visual y auditiva" (Kenneally 252)

—porque puede darse por sentado que, en términos generales, no es una mayor agudeza de nuestros sentidos lo que requiere un mayor volumen cerebral para su procesamiento. Es la mayor complejidad de nuestro mundo social y de nuestras ideas lo que nos ocupa la cabeza. Y la del lenguaje, arguye Deacon—para él, la mayor parte de la información que requiere un procesamiento interno, de una a otra región cerebral, es información ligada a la actividad lingüística. El lenguaje sigue unas modalidades de organización y desarrollo propios—aquí vemos un punto de contacto entre las teorías de Chomsky, y las de Deacon—el lenguaje se desarrolla como un "virus" con estructuras y patrones propios—y arrastra en ese desarrollo, según Deacon, al desarrollo cerebral: "El lenguaje es autor de sí mismo, dice Deacon, y el cerebro es la 'prueba del delito' que deja el lenguaje" (Kenneally 252). En cierto sentido, si bien Deacon no propone un tipo especial de "órgano lingüístico" como hacía Chomsky, podríamos decir que el cerebro en su conjunto, tal como se ha desarrollado, es el órgano lingüístico. El tipo particular de procesamiento cerebral que favorece esta estructura cerebral, según Deacon, es el que ya he apuntado antes: el simbolismo, la organización cognitiva del mundo según patrones (dixit Deacon) mayormente lingüísticos:

"El resultado de esta coevolución del cerebro humano y del lenguaje es que ahora tenemos un sesgo cognitivo global hacia las 'extrañas relaciones asociativas del lenguaje'. En este sentido, a todo nuestro cerebro le ha dado forma el lenguaje, y muchos de nuestros procesos cognitivos son lingüísticos. Lo que esto significa, según Deacon, es que una vez nos hemos adaptado al lenguaje, no podemos sino ser criaturas lingüísticas. Para nosotros, todo es simbólico.
De hecho, explica Deacon, el mundo virtual en el que habitamos es tan real, a veces más real, que el mundo físico. Incluso la tendencia a inferir la mano de un diseñador cuando nos encontramos con un diseño complejo (ya sea una deidad que ha diseñado toda la creación, o un órgano del lenguaje que genera los lenguajes humanos) surge del hecho de que somos una especie simbólica. Irónicamente, lo que hace difícil discernir cómo se desarrolló el lenguaje es resultado del hecho mismo del desarrollo del lenguaje. La red mundial de palabras y reglas en la que habitamos es tan extensa, contraída en sí, y espesa, que es difícil mirar adentro de ella desde fuera." (Kenneally 252-53)

Los cambios a que se refiere Deacon tuvieron lugar a lo largo de millones de años de evolución. Los cambios lingüíisticos de los últimos milenos, dice, están asociados más bien a desarrollos culturales, y a movimientos de población, que a modificaciones genéticas o biológicas. Si bien hay una indicación de que el tamaño del cerebro humano ha disminuido en los últimos diez mil años. (Y piénsese en el volumen cerebral de los neandertales, mayor que el del Homo sapiens).


Ahora bien, algunos autores hablan de transformaciones cerebrales importantes en los últimos miles de años. Pienso en la teoría de Julian Jaynes en The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind. Es una teoría muy discutida, casi mejor muy discutible, pero que puede contener un importante elemento de verdad. Según Jaynes, el origen de la consciencia moderna va unido a la desaparición de las "voces" que oían nuestros ancestros en su cabeza—las voces de los dioses, tal como las llamaban ellos, pero en realidad efecto cognitivo del desarrollo cerebral en dos hemisferios imperfectamente conectados. El desarrollo cognitivo iría unido a esta transformación de una mente dividida en dos, en la dirección de una mayor integración cognitiva. Y con ello también se han acallado los dioses y espíritus que rodeaban a nuestros ancestros por todos partes. Queda su recuerdo, en los testimonios de la literatura de los antiguos, y en las tradiciones religiosas; es posible que todavía este coro de voces interiores esté en parte activo.

Quién puede decir cuál es el efecto de fenómenos como la escritura y la alfabetización, y de otros fenómenos culturales, sobre las conexiones del cerebro. Y quién puede decir aún cuáles han sido los avatares del desarrollo de conexiones neuronales entre uno y otro hemisferio, y cuál ha sido el efecto de estas transformaciones en nuestra percepción de la realidad, o del mundo virtual que a veces confundimos con la realidad. Walter Ong, en Orality and literacy, también encuentra diferencias cognitivas importantes entre las comunidades alfabetizadas y las analfabetas.

Señala también Kenneally una posible conexión entre formas lingüísticas desarrolladas y formas sociales avanzadas, según las teorías de Jared Diamond y Peter Bellwood ("Farmers and Their Languages: The First Expansions" en Science 300, 2003). La agricultura y cría de ganado se desarrolló de manera independiente en al menos nueve focos distintos de comunidades humanas, entre el 8.500 y el 2.500 a.C.

"Los investigadores demuestran que las ventajas de la agricultura sobre el estilo de vida cazador-recolector, incluyendo mejor alimentación, poblaciones más densas y mayor resistencia a la enfermedad, estimuló la extensión de las comunidades agrícolas, y de su cultura y lenguaje con ellos. Proponen en sustancia que el lenguaje prehistórico y los genes se extendieron con la agricultura prehistórica, y que seguir la pista a unos iluminará los antiguos caminos tomados por los otros." (253)

Como se ve, hay muchos factores entrecruzados en la evolución del lenguaje y en su interacción actual con la mente y la cultura. Observa Kenneally, al cerrar su libro, que el lenguaje conforma nuestra identidad y nuestra cognición de modos irreversibles; nos hace ser quienes somos. Y sin embargo no lo aprenderíamos si no nos lo enseñasen. Es ilustrativo su experimento mental de "los bebés de las Galápagos", al final del libro. Les pregunta a una serie de expertos si una sociedad de bebés que no hubiesen oído hablar a nadie serían capaces de desarrollar el lenguaje por sí solos, y cómo. Lo curioso es la falta total de acuerdo entre los expertos, prueba de lo poco que se sabe al respecto aún. (Chomsky, por cierto, n/s, n/c). En realidad el experimento no puede tener lugar, claro, y es puramente mental. El desarrollo y adquisición del lenguaje va necesariamente unido a la interacción entre individuos y entre generaciones, tanto que es impensable una solución a esta pregunta.

El lenguaje procede de una multiplicidad infinita de factores, no de uno solo—su historia y evolución van unidos a la historia y evolución de los humanos, de nuestro cerebro y de nuestras culturas. No se puede separar de la realidad en la que vivimos como si fuese un sobreañadido o componente aislable. Por lo mismo, preguntar por su origen y evolución es preguntarse por el origen y evolución de la humanidad, y del mundo que ha construido para habitar en él.

"Remóntate ahora, en pensamiento, al entramado de lenguaje que cubre el mundo. Imagina todas las redes lingüísticas, de padre a hijo, que se extienden desde el presente, remontando el tiempo. No es de extrañar que los humanos sueñen en los mitos y en el arte con otros mundos, porque todos tenemos la experiencia de habitar un mundo y, al enseñársenos el lenguaje, cruzar una puerta y entrar en otro distinto. Hasta los físicos están obsesionados con la idea de un multiverso. Pero ya vivimos en uno." (Kenneally 290)

Con lo cual también está asegurado que nadie dirá la última palabra sobre la relación entre lenguaje, cerebro, evolución y cultura humana.

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