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jueves, 14 de febrero de 2019

miércoles, 14 de febrero de 2018

Retropost #2005 (14 de febrero de 2008): Time PIece

The everlasting universe of things
Flows through the mind, and rolls its rapid waves,
Now dark -- now glittering -- now reflecting gloom --
Now lending splendour, where from secret springs
The source of human thought its tribute brings
Of waters -- with a sound but half its own... P.B. Shelley

(—Just watch this watch!) 


Un día pasó

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miércoles, 22 de julio de 2015

Retropost #82: 6 de enero de 2004


6 de enero 
  
1) ¿Has hecho el regalo que querías? ¿A quien querías? Si no, carbón.... 
2) ¿Has recibido alguno inesperado? Pues enhorabuena. Si no era inoportuno, claro. 
Ivo murmuraba para sí, "Tendré una cocinita", y no la tuvo... 
Oscar, en cambio, pudo exclamar, "Un blovot! es un blovot! Vaya, qué suette!". Entre la Fortuna, los Reyes y los estereotipos culturales hacemos así las cosas; entre muchos cocineros (Ivo no será uno) estropean el cocido. El blovot en cuestión, por cierto, anda echando luces con un pistolón y gritando con acento yanqui una consigna que resume la política exterior de Bush: "Don't move! Drop your guns! Fire! Fire! Fire! Fire!"





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jueves, 24 de junio de 2010

Un [ ] libro es un [ ] regalo (*buen)



Un libro es un regalo. Pero sólo el artefacto, o la maquinaria códice, no su contenido—especialmente si éste es un regalo. Está bien regalar un libro (un códice, digo, aunque esté en blanco) con una cinta alrededor. Pero regalar sólo palabras, sólo el contenido intelectual...

—¿se regalarán en el futuro, o en el presente, descargas para e-books? (e-books en sí, máquinas digo, desde luego se pueden regalar y se regalan). El contenido intelectual, en cambio—las palabras—vale cero, me parece—si no siempre de hecho, sí como regalo. En la era digital.

Especialmente si el libro es tuyo. ¿Se imaginan regalarle a alguien la dirección del sitio web de uno, para que se lea tus obras completas? Podría imprimirse la dirección web en una elegante tarjeta, y poner ésta en un estuche. O (por qué no) podría amañarse un e-book con conexión wifi para que sólo pudiese conectar a ese sitio web que regalas para autopromocionarte. Creo que sería poco apreciado. (Que te lea alguien, es un regalo más bien). Regalar un libro (impreso) escrito por uno mismo, no digamos ya impreso por uno mismo, ya es poco aceptable en sociedad. Como para ir un paso más allá y regalar sólo vacuidades etéreas, sin soporte tangible.

Bueno, a lo que iba; yo sigo colgando mis libros en la red, y gratis, en lugar de hacer un secreto de ellos como otros. (Error, error: se aprecia más el misal con candado...). O en lugar de intentar venderlos, como hacen algunos académicos, con éxito limitado. Pero llevo bien clara por delante, como se ve, la idea de que no es que mis escritos los quiera ni los necesite nadie—no vayamos a confundirnos.

Empecé poniendo en red la dichosa Bibliografía en 1995, y luego la Miscelánea, la revista de filología de mi departamento que yo editaba por entonces, en 1997. Y en cuanto me hice con un sitio web manejable en 2004, empecé a colgar mis escritos, empeño en el que aún sigo pasito a paso seis años después, aunque no por que nadie me anime a ello. Es, como diría Kant, una Zweckmässigkeit ohne Zweck.

Las novedades de hoy en el sitio web, aparte del blog en sí, que crece unos centímetros cada día, son dos duplicados de esta reseña que publiqué hace algunos años en Language and Literature, sobre Mediating Criticism: Literary Education Humanized, un buen libro de Roger Sell sobre aquello que era la literatura. En Academia y en la SSRN están—estantes virtuales que acumulan polvo virtual.


Menos volúmenes


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se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.