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miércoles, 13 de marzo de 2024

Making Sense of Father-Son Estrangement

Tesis de psicoterapia escocesa en la que me citan:

Stockwell, Jonathan. "Making Sense of Father-Son Estrangement." Ph.D. diss. U of Edinburgh, 2024. Online at ERA (Edinburgh Research Archive).*

         https://era.ed.ac.uk/bitstream/handle/1842/41613/Stockwell2024.pdf

         2024

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domingo, 3 de septiembre de 2017

Retropost #1771 (3 de septiembre de 2007): Extrañas conexiones

Extrañas conexiones

Publicado en Internet. com. José Ángel García Landa

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 Extrañas conexiones las que introduce Internet entre la gente. Y extrañas reconexiones. Si se hiciese una lista de las personas cuyos nombres gugleamos... Google la tiene, claro, o podría tenerla. "The Database of Intentions", la llamaba John Battelle a la colección de búsquedas y de pistas dejadas en la red. Igual la podría haber llamado "The Database of Desires" --pues se busca lo que se desea, ¿no? Esos enlaces mentales a los que vuelve la cabeza una y otra vez, ahora a tiro de una tecla: "Send". ¿Le damos a la tecla, o no le damos? Muchos le han dado, y las consecuencias son imprevisibles. La contingencia de las relaciones personales aumenta exponencialmente.







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miércoles, 10 de mayo de 2017

La relación en busca de pureza


Zygmunt Bauman comenta el amor confluyente de las relaciones postmodernas tal como lo definía Anthony Giddens en The Transformation of Intimacy. Este amor en busca de pureza (el amor de los que trabajan en su relación, y la dejan cuando el otro deja de trabajar) es para Bauman un amor líquido, o flotante. Bauman, que (como la postmodernidad) todo lo liquida:


Lo primero que ha desechado la relación en busca de pureza son las ataduras del deber moral: ese acto medular de toda moralidad, mi responsabilidad—ilimitada—con el Otro. Únicamente cuando se ha desechado la responsabilidad es posible buscar, y practicar, el escape de las aporías del amor por medio del recurso de flotación. En mi responsabilidad por el otro, ser responsable de mi impacto en el Otro representa un papel crucial, incluso el papel unificador. Asimismo, es necesario considerar los efectos del "alcance" de mi caricia; quizá solicité reciprocidad en el amor, logré que mi pareja se abriera hacia mí, quizás hice a mi pareja dependiente de mi respuesta a su respuesta a mi caricia. En este caso, mi responsabilidad aumenta, en vez de disminuir en el curso de ejercerla: las exigencias morales crecien cuando se obedecen, al igual que el apetito aumenta al comer. El rastro de la historia amorosa se engruesa y amplía con el tiempo, y resulta cada vez más difícil de borrar. Mis deberes morales con mi pareja enamorada se multiplican y agrandan como consecuencia de mi amor. Yo soy responsable de los efectos de mi amor, aun cuando no tome en cuenta, como ocurre con una pareja en una "relación pura", mi responsabilidad por los "efectos colaterales" derivados de mi amor (por ejemplo, hijos, los más obviamente afectados por el vaivén del "amor confluyente" de sus padres). Mi amor es consecuencial, y lo acepto junto con las nuevas y cada vez mayores responsabilidades derivadas de él. No obstante, la forma posmoderna de intimidad es posible tan solo si se niega la condición de esta consecuencialidado su importancia conativa, o bien se rechaza su autoridad.

Las relaciones puras —porque son puras en el sentido antes mencionado— y el amor confluyente —por ser confluyente— se "viven" como episódicos, al margen de su duración. El que se vivan como "episódicos" significa, desde luego, que no se da por hecho que ddurarán "hasta que la muerte los separe" y se manejan en congruencia: que se piensan con un inminente, si bien por el momento indefinido, punto final; y que existen en todo momento de su duración, "en tanto no suceda lo contrario". Pero tener un carácter episódico sginifica también algo más: a saber, que lo que suceda hoy no compromete el futuro, que nada sólido está sedimentado, que la cercanía de la pareja no se "acumula" con el tiempo, sino que más bien se extingue con la intimidad de momentos sucesivos. En otras palabras, significa que no tiene consecuencas— por lo menos, no consecuencias duraderas—; esto es, una consecuencia que dure más que "obtener satisfacción".

La ambivalencia de la fijación, como ya vimos, consiste en mostrar simultáneamente las perspectivas de seguridad y dependencia servil. La ambivalencia de la flotación, por el contrario, consiste en combinar la promesa de libertad con el espectro de la inseguridad. Con demasiada frecuencia, el que una de las partes recupere su libertad desmorona las oportunidades de la otra. El amor flotado deja una gruesa estela de dolor.

Mas la ventaja de la flotación reside no sólo en la posibilidad de escapar de manera unilateral de un involucramiento amoroso demasiado atormentado; si esto fuera lo único que lograra la flotación, el escape no habría sido una propuesta atrayente ni un genuino escape, ya que el precio, en términos de responsabilidad moral herida —quizás enmudecida por las convenciones del amor confluyente pero en realidad nunca extinguida— resultaría demasiado alto para las ganancias que se consideraron dignas de hacer la prueba. La ventaja de la flotación es real únicamente si el derecho de la renuncia unilateral se extiende sobre la naturaleza moral de la relación; en otras palabras, si cada una de las partes no sólo termina la relacio´n amorosa sino anuncia la insignificancia moral del acto, así como la insignificancia moral del ahora lejano Otro.

Al final del amor confluyente, esta condición de irrelevancia moral únicamente puede darse con un acto que es en sí inmoral. Como insistió Lévinas en tantas ocasiones, la justificación del dolor del Otro es el inicio y la médula de toda inmoralidad, y las convenciones de relación pura están construidas de tal manera que convierten el derecho a la libertad de escapar en la justificación del dolor de la persona de la que se ha escapado. Por otra parte, o más allá de los límites del amor confluyente, se extiende un mundo en el que las reglas de etiqueta y normas de procedimiento sustituyen a los impulsos morales, y en el que la mayoría de los actos cotidianos no están sujetos a censura moral. Para los amantes, empero, el único comino que conduce hacia ese mundo está pavimentado con la crueldad de un acto inmoral.

Cabe observar que, aun cuando el dolor impuesto al Otro, y sólo el dolor, se considera "el costo" de terminar con una relación —justificado, por otra parte, como una emancipación del yo— el yo no necesariamnte resurge de la relación en calidad de ganador. Si bien para entrar en una relación amorosa confluyente se necesitan dos —y es el volumen y la calidad de los recursos disponibles de cada uno lo que determina las posibilidades de éxito— la salida de este tipo de relación es unilateral. La negación de la consecuencialidad —la pretensión de que una relación amorosa confluyente no compromete seriamente el futuro— es un engaño de doble filo: una consolación engañosa para la parte abandonada, y un autoengaño de la que abandona. La no consecuencialidad es creíble cuando va aunada a la idea de que el fondo de "amores confluyentes" no disminuye con el tiempo (error que puede resultar muy costoso). La "relación pura", libre de "ataduras", sin obligaciones mutuas ni garantía de duración, parecería ser una oferta tentadora siempre y cuando el fondo de opciones parezca inextinguible. La riqueza de dicho fondo, empero, es tan sólo el reflejo de la amplitud de los recursos propios; cuando éstos se reducen —como inevitablemente sucede con la edad— lo mismo acontece con el fondo. Mas este descubrimiento llega, como el Mesías de Kafka, un día después de su llegada.

Consideramos que ambas estrategias para escapar a la aporía del amor son deficientes. Su propia ambivalencia —medida por la ambivalencia de sus efectos, anticipados o mprevistos— no es menos intensa e inquietante que la que intentaron resolver, o al menos mitigar. Aún más, cada medicina comprobó su eficacia en el tratamiento de un padecimiento particular, pero demostró ser letal para la integridad del amor. La fijación amplía la vida del amor, mas sólo como una aparición que ronda sobre la tumba; la flotación, en cambio, cancela el irritante vínculo entre la estabilidad y la falta de libertad, pero sólo a expensas de impedirle al amor adentrarse en profundidades en las que, de otra manera, se sumergiría gozoso a pesar de los peligros. Todo parece indicar que el amor no puede sobrevivir a los intentos por curar su aporía; puede durar, como amor, sólo junto con su ambivalenia. Tanto en el caso del amor, como en el de la vida misma, la historia se repite incesantemente: sólo la muerte no es ambigua, y escapar de la ambivalencia es la tentación de Tánatos.

(Zygmunt Bauman, Ética posmoderna, cap. 4)

confluent

Meat Loaf lo decía de otra manera más concisa y menos elaborada, pero igualmente expresiva:

Waiting for the end of time
—there's nothing I can do—
Waiting for the end of time
So I can end my time with you.



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lunes, 26 de diciembre de 2016

Retropost #1284 (26 de diciembre de 2006): Con críos ni al cielo (II)


Con críos ni al cielo (II)

Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa

Está difícil la dinámica social navideña; bueno, para qué engañarnos, está difícil la dinámica social en general. Es difícil verse con los amigos, tanto en su casa (imposible) como en la tuya (difícil, difícil). Tampoco se presta mucho la cosa a quedar al aire libre, en invierno. Y en un sitio cerrado, con los críos... Ay los críos. Nadie los quiere ver ni en pintura. "Hola, qué tal, ¿quedamos a echar un café?" - "OK... ¿Será sin niños, espero?" - "Ejem, no; es que no los puedo dejar solos en casa" - "Ah, entonces no, lo siento. Estarán majísimos, por cierto, que hace tiempo que no los veo. Bueno, adiooos... ". A decir verdad, aunque a veces pasa esto, en realidad casi ni se plantea la situación, por convenciones occidentales.  En fin, reconstruiré mi vida social a partir de cero cuando crezcan. (Casi digo cuando se vayan de casa, pobrecicos). De momento, mañana embarcamos para Biescas (con el coche recién extraído del taller, que siempre nos falla a última hora), y allí los echamos al maremágnum de primos, que esos sí que los quieren ver, y los abuelos son sufridos.  Ya se sabe que a donde no llegan los amigos llega la famiglia. Y al parecer, los niños son de por sí una situación límite. En Occidente. 





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sábado, 19 de diciembre de 2015

Retropost #467 (23 de agosto de 2005): Hipercomunicados y aislados




Tenemos ahora a todos nuestros familiares, conocidos, colegas, amigos y amores al alcance de una tecla. La comunicación es barata, y si no te gusta improvisar o te causa ansiedad el teléfono –tiene su suspense, eso de si te van a contestar o no, a veces siento alivio cuando no me contesta la persona a quien llamo– siempre tienes la posibilidad de enviar un correo electrónico, que es menos intrusivo. El sonido del teléfono puede ser agradable si esperamos una llamada determinada, pero de por sí es un ataque a nuestro stream of consciousness - una invasión del espacio mental especialmente funesta en el caso de llamadas fuera de horas. Nadie quiere que suene el teléfono por la noche, y gracias a Dios no suena, a pesar de los miles de conexiones existentes. Nadie quiere llamadas no deseadas: ¿es eso una tautología? Un uso indiscriminado del teléfono haría el planeta inhabitable, o por lo menos inutilizaría las comunicaciones. Por eso hay que colgarles a los que nos envían publicidad por teléfono. Por eso, junto con las posibilidades de hipercomunicación, crece el aislamiento, el campo de fuerza alrededor de cada uno que rechaza la invasión de posibles contactos no deseados. Generalizo: por la calle ves a montones de gente hablando colgados del móvil, proporcionando normalmente información sobre dónde están. ¿Sentirán la angustia de la hipercomunicación? Quizá de otra manera... Para los hipersensibles, hasta el correo electrónico es un tentáculo que es peligroso extender muy a menudo. O le vas a enviar un SMS a alguien, y muchas veces se te paraliza el dedo en las teclas. Porque el teléfono o el ordenador eson perfectamente simétricos, funcionan igual de bien en un sentido y en otro, pero la necesidad de contacto de un usuario con el otro nunca es perfectamente simétrica. Puedes llamar a alguien una vez, dos, tres... pero ha de haber reciprocidad. Si no, la ceremonia de acercamiento y alejamiento va determinando la distancia correcta, el intervalo correcto entre llamadas. También se establecen pactos tácitos por la manera en que son acogidas las llamadas, aunque sean siempre en una dirección. Y se crean ficciones, excusas que se saben convencionales por ambas partes, para justificar la ausencia de comunicación o la distancia elegida. La vida social seguramente no puede soportar de otra manera el desfase entre tanta comunicación potencial y tan poca real: las posibilidades tecnológicas nos desbordan, y nos creamos un aislamiento artificial para seguir viviendo en un mundo que parezca estar, al menos mínimamente, bajo nuestro control. O que no atente contra nuestra propia imagen.




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sábado, 22 de agosto de 2015

Retropost #143 (7 de marzo de 2005): Cómodamente aplatanados







He probado un programa de recopilación de blogs para Mac que me envía JMC, se llama NetNewsWire Lite, y puede encontrarse aquí.

Resultado: el programa es muy útil con los blogs con los que funciona, pero de mi lista de blogs preferidos, la mitad más o menos son invisibles para él (al parecer todos los de Blogia, entre otros). Lo mismo me pasa con un agregador de Sage que se le emplasta al Mozilla Firefox. O sea, que hasta que no vayamos todos marcando el paso del progreso, no habrá sistemas de agregación fiables, y habrá que seguir visitando los blogs a pulso (¿O igual es que yo lo hago todo mal con esos programas por alguna razón? Imposible saberlo). En cualquier caso, no está tan mal eso de tener que ir de propio a los sitios: quien algo quiere algo le cuesta; desde luego yo con el blog a pedales en la página web no soy quién para decirle a nadie que está mal cableado. Aunque supongo que al final acabarán imponiéndose los sistemas más cómodos; es lo que creía yo que hacía al duplicar el blog en una plataforma, pero ni aun por esas, parece.

En relación indirecta con todo esto, leo un artículo de Wired (http://www.wired.com/news/culture/0,1284,66785,00.html?tw=wn_tophead_3)
sobre Christine Rosen, que denuncia cómo los nuevos medios, por su proliferación y por la aparición de medios de selección de noticias, favorecen "Comfortably Numb Relations" (en alusión a la canción de Pink Floyd), o sea, relaciones cómodas pero un tanto dormidas y amodorradas con los demás, cada uno encerrado en su mundillo comunicativo propio, reinando sobre el mando a distancia, seleccionando sus propios canales de televisión con TiVo, sus propias noticias preferidas, sus propios protocolos comunicativos, sus medios electrónicos (proliferantes y con frecuencia incompatibles con otros), etc. etc. El futuro es Matrix, coflaos todos delante todos de la tele, pero no viendo el mismo programa, como en Matrix, sino programas distintos y con tecnologías incompatibles, al parecer; ¡y aún parecía aquéllo de Matrix un mal rollo...! En su artículo, Rosen emplea un término a la moda, "egocasting", derivado del "podcasting" y del iPod tan de moda ahora (parece necesario acuñar un término modish para llamar la atención sobre un fenómeno.que afecta especialmente a quienes son víctimas de esa moda). El "egocasting" sería el cultivo extremadamente personalizado y estrecho de los propios gustos. Es una cosa adictiva, especialmente si se refuerza con ceremonias, protocolos y barreras tecnológicas que pasan de ser medios a convertirse en el foco de la atención del adicto (a sí mismo, o a sus gustos, o a sus maquinitas). Debo ser un caso típico. La cuestión es si esos medios llegan a utilizarse para crear pequeñas comunidades de gustos parecidos (relativamente aisladas unas de otras...) o sólo una comunidad de una única persona, un auténtico ego-trip. Vamos, que depende de la capacidad de la burbuja construída, ya que todo mundo en última instancia es una burbuja (Drummond dixit), y la vida consciente es quizá el patrón básico de toda adicción.

Nada es totalmente nuevo, y siempre hemos seleccionado lo que nos gusta y nos hemos dedicado a ello con insistencia y afición. Y en cuanto a los peligros... bueno, tampoco son de hoy; es significativo que Rosen emplea como alegoría de la tecnología contemporánea uno de los cuentos de Forster que utilizo en mis clases de comentario de texto, "TheMachine Stops", escrito hace pronto hará cien años. Es uno de los primeros cuentos sobre un mundo donde las máquinas crean una realidad donde las relaciones humanas quedan... maquinizadas, y los humanos se comunican uno con otro a través de la pantalla y del filtro de la máquina; o más bien están cada uno frente a su pantalla y aislados uno de otro. Cuando Forster lo escribió sólo existían el fonógrafo y el telégrafo, apenas la radio, el cine y el teléfono; y sin embargo es quizá el primer cuento sobre Internet y las videoconferencias, y da una visión muy negativa de un mundo donde la espontaneidad es una puerta tapiada. Al final, "the machine stops", pero ya es demasiado tarde.

Y aquí está la canción de Pink Floyd, una que solía oir yo a finales de los setenta, de The Wall:

Pink Floyd
COMFORTABLY NUMB

Hello?
Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone home?
Come on, now.
I hear you’re feeling down.
Well I can ease your pain,
Get you on your feet again.
Relax.
I need some information first.
Just the basic facts,
Can you show me where it hurts?
There is no pain, you are receding.
A distant ship’s smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can’t hear what you’re sayin’.
When I was a child I had a fever.
My hands felt just like two balloons.
Now I got that feeling once again.
I can’t explain, you would not understand.
This is not how I am.
I have become comfortably numb.
Ok.
Just a little pinprick.
There’ll be no more ...Aaaaaahhhhh!
But you may feel a little sick.
Can you stand up?
I do believe it’s working. Good.
That’ll keep you going for the show.
Come on it’s time to go.
There is no pain, you are receding.
A distant ship’s smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but I can’t hear what you’re sayin’.
When I was a child I caught a fleeting glimpse,
Out of the corner of my eye.
I turned to look but it was gone.
I cannot put my finger on it now.
The child is grown, the dream is gone.
I have become comfortably numb.

Va sobre la adicción a las drogas como creadora de una burbuja de irrealidad, pero podría leerse como alusiva a la adicción a la comodidad y a la insensibilidad, y a la irrealidad, en general. ¿Quizá a las relaciones personales electrónicamente mediadas? Si se convierten en un muro, ya sabes... tear down the wall.




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miércoles, 2 de abril de 2014

her

Her, o quizá más bien her, de Spike Jonze. La resume así IMDb:

A lonely writer develops an unlikely relationship with his newly purchased operating system that's designed to meet his every need.

Es de lo mejor que he visto jamás en un cine. Una película excelente sobre el divorcio y las relaciones imaginarias. Te recomiendo que la veas, querida computadora.



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Un débat sur HER et la représentation du réel au cinéma (min. 49): 

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se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.