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domingo, 16 de agosto de 2015

Racionalidad, explicación, y evolucionismo universal


Interesante conferencia ésta de Olivier Darrigol sobre la comprensibilidad de la naturaleza y la necesidad de las teorías físicas.

Audio: Compréhensibilité de la nature et nécessité des théories physiques

Creo que puede encontrarse un ejemplo magnífico del racionalismo que defiende Darrigol como un elemento fundamental en la filosofía de la ciencia y en la física: en el libro de Roberto Mangabeira Unger y Lee Smolin The Singular Universe and the Reality of Time.

Allí proponen Mangabeira Unger y Smolin una revisión de los principios centrales de la ciencia, que requiere una relectura de la naturaleza de las leyes y teorías, del papel de las matemáticas, y del papel del tiempo y de la evolución. Es un libro fascinante e importantísimo, y recomiendo su lectura para todos los interesados en ciencia y en teoría de la evolución. Un principio básico racionalista deriva de Peirce: para explicar algo hay que explicarlo en su origen, como un fenómeno evolutivo. Las leyes de la naturaleza no pueden quedar sin explicación (o pueden, pero eso limita innnecesariamente el progreso de la ciencia)—y así Unger y Smolin proponen explicarlas como fenómenos cambiantes, con un origen y con una evolución. Y con un marco temporal inclusivo y único, que limita las propuestas de multiversos derivadas de especulaciones matemáticas:


La existencia singular del universo, la realidad inclusiva del tiempo, con sus implicaciones para la mutabilidad de las leyes de la naturaleza (a pesar de la estabilidad que presentan en el universo enfriado), y el realismo selectivo de las matemáticas son nociones íntimamente relacionadas y que se solapan. No es fácil adoptar una de ellas sin aceptar las otras dos.
   La tesis de la realidad inclusiva del tiempo está conectada con la noción de la existencia singular del universo porque hace posible poner la idea de una sucesión de universos o de estados del universo, en lugar de la idea de una pluralidad de universos causalmente desconectados. Si todo lo que ha sucedido jamás o que sucederá jamás puede situarse en un único mapa temporal—el sentido del concepto de un tiempo cósmico preferente—no sólo se acomodarán en éste los acontecimientos del universo presente, sino también, en principio, los acontecimientos de cualquier universo que lo precediese, si han existido tales universos. (201)

Aquí vemos hasta qué punto es incomprensible e incoherente una física que asegura la eternidad de sus leyes, es más, que niega la realidad del tiempo y defiende su carácter ilusorio, desarrollándose o perviviendo justo mientras se descubre también la historicidad del universo como fenómeno evolutivo global. Nada puede existir fuera del tiempo—y por tanto las leyes de la física son producto del tiempo y del cambio, y están sujetas a ellos. A mí me interesa especialmente la dimensión narrativa que presenta esta argumentación, enfatizando los conceptos de un marco temporal único y global, en el que se pueden anclar todos los fenómenos existentes—la importancia de ese anclaje narrativo queda afirmada en la cita anterior de Unger.

La sustancia del argumento ya la proponía Smolin en Time Reborn (ver "El paradigma evolucionista en física y cosmología") pero este nuevo libro ofrece una argumentación prodigiosamente sólida, clara y consistente. Muestra hasta qué punto muchas de las nociones generalmente aceptadas como base de la ciencia son discutibles y han de ser revisadas. Es para mí, hasta ahora, el libro del siglo.



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viernes, 19 de agosto de 2011

El Gran Diseño y Hacedor de Estrellas (5): La Teoría de Todo




 

En el capítulo 5 de The Grand Design, Hawking y Mlodinow exponen cómo la ciencia ha desarrollado leyes físicas y las ha integrado gradualmente en modelos que las conectan entre sí, en teorías cada vez más ambiciosas y explicativas.



Así, Faraday relacionó la electricidad y el magnetismo, e introdujo la noción de campos de fuerza. Que habría de prosperar en el futuro—puesto que en la física moderna las fuerzas se transmiten por campos. James Clerk Maxwell desarrollo las nociones de Faraday construyendo un modelo físico que explicaba la relación entre electricidad, magnetismo, y luz, con una serie de ecuaciones que describían a las fuerzas eléctricas y a las magnéticas como manifestaciones de la misma entidad física, el electromagnetismo—y descubrió que la luz también es una onda electromagnética. También describen las ecuaciones de Maxwell las microondas, las ondas de radio, los infrarrojos, los rayos X.... como fenómenos con distinta longitud de onda. Y definió la velocidad de la luz como una constante de unos 300.000 km/seg... en relación al "éter". Claro que cuando dejó de existir el éter como una sustancia de base del universo, la luz pasó a ser una constante sin más, en la teoría de Einstein. Esto tras el experimento de Michelson y Morley, que siguiendo una idea del propio Maxwell, intentaron medir la velocidad de la luz respecto al éter y no encontraron constancia experimental de la existencia de éste.  En 1905, el artículo de Einstein "Zur Elektrodynamik beweger Körper" hizo una sugerencia "sencilla": que las leyes de la física, y la velocidad de la luz, apareciesen iguales a todos los observadores que se hallen en movimiento constante.  Y de ahí se siguió el cálculo relativista del desfase del tiempo para observadores que se muevan uno con respecto al otro—la implicación de espacio y tiempo en un nuevo concepto más integrador, el espacio-tiempo.

(Sobre estas nociones relativistas, y algunas de sus consecuencias epistemológicas, puede leerse la exposición de George Herbert Mead en La filosofía del presente).

Seguidamente, Einstein buscó la manera de hacer que este nuevo modelo fuese compatible con la teoría de la gravitación, para permitir un cálculo que no utilizase el concepto newtoniano de tiempo absoluto:


"En los siguientes once años, Einstein desarrolló una nueva teoría de la gravedad, a la que llamó relatividad general. El concepto de gravedad en la relatividad general no es en absoluto semejante al de Newton. En su lugar, se basa en la propuesta revolucionaria de que el espacio-tiempo no es plano, como se había supuesto anteriormente, sino que está curvado y distorsionado por la masa y energía que contiene" (100)

La teoría de Einstein produce resultados aproximados a la de Newton en entornos de baja gravedad, pero hay unos pequeños desfases que son cruciales en según que tipo de entornos—o para el cálculo de distancias con GPS, sin más, cosa que sería imposible de hacer sin tener en cuenta las distorsiones que sí tiene en cuenta la relatividad general. Pero para Hawking & Mlodinow, las nuevas físicas de Maxwell y Einstein, a pesar de sus innovaciones, siguen siendo, como la de Newton, "teorías clásicas. Es decir, son modelo en los que el universo tiene una única historia" (103). Para cálculos de física subatómica, necesitamos otro tipo de teoría más integradora todavía, "una versión cuántica de la teoría de la teoría del electromagnetismo de Maxwell; y si queremos entender el universo temprano, cuando toda la materia y energía del universo estaban comprimidas en un pequeño volumen, debemos tener una versión cuántica de la teoría de la relatividad general" (103). Las cuatro fuerzas conocidas de la naturaleza son la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil y la fuerza nuclear fuerte:


"La primera fuerza para la cual se creó una versión cuántica fue el electromagnetismo. La teoría cuántica del campo electromagnético, llamada electrodinámica cuántica, abreviado QED, la desarrollaron en los años 40 Richard Feynman y otros, y se ha convertido en un modelo para todas las teorías de campo cuántico." (104)


Las QED son teorías que requieren complejos cálculos matemáticos, pero que se ajustan con precisión a los resultados experimentales. A nivel cuántico, deben incluirse en cada intercambio de partículas todas las historias por las cuales podría ocurrir dicha interacción, y eso complica las matemáticas. Feynman simplificó la cuestión introduciendo una manera de visualizar la suma de historias—los diagramas de Feynman, una de las herramientas más importantes de la física moderna. Que en principio pueden representarse y calcularse, y permiten visualizar los distintos tipos de interacción—pero que son infinitos en número. Y esto lleva a resultados absurdos o imposibles de calcular. Los procedimientos matemáticos para tratar con estos absurdos (las "renormalizaciones") son dudosos, quizá puedan considerarse trucos de matemáticos trampeando sus propios cálculos para obtener el resultado deseado.... 

(Y esta situación no parece considerarla Hawking como un problema realmente serio para la teoría, sino como una molesta cuestión de principio que sin embargo con un leve parcheo de arbitrariedad no impide a la teoría el realizar predicciones válidas). 

El éxito (si así puede llamársele....) de la "renormalización" llevó a los cientifícos a intentar desarrollar teorías de campo cuántico que explicasen las demás fuerzas: la tesis es que las cuatro fuerzas deben ser en última instancia la misma, formulable a través de una teoría de todo, una vez se disipe nuestro conocimiento imperfecto de las relaciones entre ellas—


"una teoría de todo que unifique las cuatro clases en una única ley que sea compatible con la teoría cuántica. Esta sería el santo grial de la física" (109).

En 1967 Abdus Salam y Steven Weinberg desarrollaron cada cual por su lado una teoría unificada del electromagnetismo y de la fuerza débil, capaz de predecir la existencia y comportamiento de partículas llamadas W+, W- y Zº. La fuerza nuclear fuerte se renormalizó en una teoría llamada QCD, o cromodinámica cuántica—que atribuye "colores" por así decirlo a los quarks que componen las anteriormente consideradas partículas elementales (protones, neutrones). Los quarks y antiquarks se combinan para formar bariones, que son esas partículas estables, y sus antipartículas, así como otras partículas inestables llamadas mesones. Los quarks no son observables, "pero aceptamos el modelo por lo bien que funciona al explicar el comportamiento de los protones, neutrones y otras partículas de materia" (110). Se intentó demostrar que los protones tienen una vida media de 1032 años, así que se podría detectar su desintegración, pero unos experimentos de 2009 resultaron negativos, malas noticias para las GUTs o Grandes Teorías Unificadas. Así que los físicos optaron por una teoría más "chapucera", el modelo estándar compuesto por la teoría unificada de las fuerzas electromagnéticas y débiles, más la QCD.


"El modelo estándar tiene mucho éxito y concuerda con todas las pruebas de observación actuales, pero es en última instancia insatisfactorio porque, aparte de no unificar las fuerzas electromagnéticas y fuertes, no incluye a la gravedad" (112).

El chiste que incluye el libro es revelador: un científico mira una pizarra con unas complejas ecuaciones rodeadas por un cuadrado, y una colega le dice: "Ponerle una caja alrededor, me temo, no lo convierte en una teoría unificada".

El principio de incertidumbre de Heisenberg no permite realizar una teoría cuántica de la gravedad. Según ese principio, el espacio nunca puede considerarse vacío totalmente, pues aunque puede tener un estado de mínima energía que llamamos el vacío, pueden darse en él unos tembleques cuánticos, o fluctuaciones cuánticas, por las que aparecen y desaparecen brevemente de la existencia partículas y campos. Las concibe Hawking como pares de partículas que se separan y se vuelven a juntar anulándose unas a otras. Y vuelven a producir problemas de imposibilidad al no poderse calcular su potencialmente infinita energía. La renormalización no puede aplicarse en este caso. En 1976 se proporcionó la solución de la supergravedad—basada en la noción de supersimetría, según la cual fuerza y materia serían dos caras de lo mismo, e irían en pares de partículas asociadas. Se espera que la existencia de esas partículas asociadas a las partículas observables pueda demostrarse con el LHC de Ginebra. La supersimetría se gestó en el seno de las Teorías de Cuerdas, según la cual el espacio-tiempo tiene diez dimensiones, algunas de ellas operativas a una escala que se nos escapa.

"En la teoría de cuerdas las dimensiones adicionales están enrolladas en lo que se llama el espacio interno, en oposición al espacio tridimensional que experimentamos en la vida cotidiana" (116)—pero tendrían importantes consecuencias físicas. "Y luego, en 1994, la gente empezó a descubrir dualidades—que las diferentes teorías de cuerdas, y las diferentes maneras de enrollar las dimensiones adicionales, son sencillamente maneras diferentes de describir los mismos fenómenos en cuatro dimensiones" (116).  Las teorías de cuerdas y la supergravedad se consideran hoy versiones aptas para distintos contextos de lo que sería la Teoría M (teoría maestra, quizá, o misteriosa, o milagrosa).


"Podría ser que para describir el universo, tengamos que emplear diferentes teorías en diferentes situaciones. Cada teoría puede tener su propia versión de la realidad, pero según el realismo dependiente de modelos, eso es aceptable mientras las teorías concuerden en sus predicciones cada vez que se solapan, es decir, cuando las dos pueden ser de apliación" (117).


(Me parece que estas cuestiones que a Hawking le parecen portentosas a nivel matemático y subatómico son simplemente una manera de enfrentarse a las propiedades emergentes de los fenómenos— y que algo parecido sucede con fenómenos a nivel cultural, cuando encontramos que no es posible unificar perfectamente, o "reducir", una teoría del comportamiento humano a cuestiones formuladas en el lenguaje de la sociobiología, pero vemos que es descriptible con el lenguaje de otras disciplinas.  Sobre la cuestión de la reducción unificadora de las ciencias, y el problema de la emergencia, ver "Gell-Mann: Consciencia, reducción y emergencia". Por tanto hay que tomar cum grano salis las afirmaciones con las que Hawking & Mlodinow concluyen este capítulo, y que llevarían a una multiplicidad de universos. Me temo que la manera más sencilla de explicarlo es que son universos teóricos, productos del lenguaje matemático—y que en el "lenguaje" que utilizamos para movernos por nuestro universo cotidiano, seguiremos huérfanos con un único universo donde, eso sí, hay matemáticos generando activamente muchos universos matemáticos distintos para explicar ciertos fenómenos que escapan a la experiencia ordinaria. Hay otros espacios internos... pero estan en éste).

"
La Teoría M tiene soluciones que permiten muchos espacios internos, quizá hasta 10500, lo cual significa que prevé hasta
10500 universos distintos, cada cual con sus propias leyes (...)" La cuestion es, entonces, "cómo acabamos estando precisamente en éste, y con las leyes que en él se manifiestan?" (119) —(Y la respuesta quizá sea que no acabamos, sino que empezamos en éste...).

"¿Y qué sucede con esos otros mundos posibles? (119).

Por resolver la cuestión o mejor dicho por dar una posible respuesta a la pregunta, con una analogía literaria, creo que estos mundos posibles de Hawking son comparables con los mundos virtuales imaginados por Olaf Stapledon en 
Star Maker. Allí, el creador de universos, el Hacedor de Estrellas, experimenta con un mundo tras otro, creaciones torpes unas, elegantes otras, simétricas algunas, absurdas otras...  ante la mirada atónita del narrador de la novela, que ha llegado a un nivel de percepción cósmica tal que le ha permitido ver al Hacedor de Estrellas. Es una ficción sugestiva. Pero, descendiendo a la tierra en una perspectiva a la que no podemos renunciar, el Hacedor de Estrellas no es otro que un personaje de una novela de Olaf Stapledon, creado en un universo emergente dentro de nuestra experiencia humana—el universo literario de una novela concreta, que además debe su imaginario creativo particular a relatos míticos y filosóficos preexistentes. De modo similar, una importante característica de los multiversos de Hawking, una que no se formula nunca con claridad, es la medida en que son fenómenos emergentes dentro de una disciplina del conocimiento llamada la física matemática. 

A fin de cuentas, busquemos como busquemos, vivimos en un mundo humano lleno de rincones creados y diseñados por los humanos, cada cual con sus propias normas y reglas de aplicación local que no valen un poco más allá. No habrá una superteoría, sino una colección de teorías dispersas, parcialmente traducibles, para tratar con fenómenos que sólo en circunstancias muy específica tienen sentido o existencia siquiera. Igual que sólo en un sentido muy general, o en contextos muy concretos, hay una Historia de Todo, por mucho que las cosas sean concebibles en el seno de esa historia. La Historia de Todo no puede prescindir de otras modalidades de historia más locales y específicas, que sólo parcialmente se ubican respecto de ella, o se plantean en los términos de una historia de todo.



 
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jueves, 9 de diciembre de 2010

El Gran Diseño y Hacedor de Estrellas (1)

 

Hace poco revisaba el gran best-seller de Stephen Hawking, Breve historia del tiempo. Y comenté en "Le Dieu de Laplace et la place de Dieu" las noticias preliminares sobre su último libro, escrito con la colaboración de Leonard Mlodinow, The Grand Design. Emprendo aquí unas notas y comentarios sobre este último libro, llevándolo como es inevitable a mi terreno de la hermenéutica narrativa. Es que la matemática cuántica no es lo mío, para qué nos vamos a engañar. Queda por saber si la hermenéutica narrativa es lo de Hawking. También compararé algunas de las ideas de Hawking sobre el multiverso con la clásica formulación de esta idea en ciencia ficción, la que concibió Olaf Stapledon en Star Maker.


 

 

 "Existimos, cada uno de nosotros, sólo durante un tiempo breve, y en ese tiempo exploramos sólo una parte pequeña del conjunto del universo". Así se abre el primer capítulo, "The Mystery of Being"—de un libro que sin embargo promete llevarnos a los límites del tiempo y del universo, en la medida en que hoy podemos vislumbrarlos. Desde esta orilla del Tiempo, y desde este rincón de nuestra provincia, llega la mirada sin embargo a miles de años luz de distancia en el espacio-tiempo, cuando baja la luz del día y miramos una estrella. Tenemos que poner orden en lo que vemos, dar una explicación o especulación que nos diga dónde estamos, y cómo hemos llegado aquí, y qué ha habido en el tiempo del cual nadie nos ha traído historias, y qué tipo de muerte o de vida le espera a las cosas y al mundo, tras nuestra vida y nuestra muerte. Queremos verlo todo desde donde estamos, y si no lo vemos, lo imaginaremos, construyendo una historia con los datos y las huellas que tengamos a nuestro alcance. No nos conformamos con nuestra parcela, aunque las historias sobre lo que es remoto e incierto sean diversas, y haya poca posibilidad de que coincidan diversas versiones—en especial cuando, mirando más de cerca, lo más cercano también se vuelve remoto e incierto.

Estas preguntas antaño filosóficas o metafísicas, arguye Hawking con Mlodinow ("HM"), hoy pueden y deben ser planteadas en el marco de la ciencia. "La filosofía no se ha mantenido al día con los desarrollos modernos en la ciencia, particularmente con la física" (5)—una frase que a pesar de su aire prepotente parece justa, con honrosas excepciones como la Historia del Tiempo de George Herbert Mead, allá por 1930. La física cuántica redefine radicalmente la naturaleza del mundo físico, irreconocible con nuestras presuposiciones cotidianas o con las de la filosofía clásica. Una conceptualización diferente de la naturaleza de la realidad de la que parten HM es la teoría de Richard Feynman, según la cual "un sistema no tiene una única historia, sino todas las historias posibles" (6).

Aquí apunta ya el interés narratológico de la teoría de HM—podemos comparar esta historia múltiple o alternativa no ya con las narraciones con múltiples líneas de acción, como el Orlando Furioso de Ariosto o las multiplot novels victorianas estudiadas por Garrett... sino más bien con el arte combinatorio de las estéticas estructuralistas de los sesenta en adelante—esas obras en las que un sistema generativo (genotexto) permite múltiples recorridos o fenotextos. Por ejemplo esta obra visual de Brian Eno, 77 millones de cuadros. Pueden verse analogías aquí con la semiótica soviética que inspiró El texto de la novela de Kristeva, con la gramática generativista de Chomsky, o con la lógica de los posibles narrativos de Claude Bremond—posibles narrativos en los que cada acontecimiento de un relato determina una serie posible de acontecimientos siguientes pero a la vez genera, por exclusión, la virtualidad de las opciones narrativas no elegidas. En el caso del multiverso à la Feinman sería no por exclusión, claro, sino por inclusión—aunque sólo recorramos un trayecto posible de la realidad (el que llamamos nuestra realidad), la realidad en sentido amplio incluiría todos los trayectos posibles. (Todo esto, claro, se basa en la presuposición de que al menos en algunos sentidos del término "posible" hay más de una historia posible). En teoría narrativa, ha tenido éxito en la última década el análisis de Espen J. Aarseth, que emplea el término "ergódico" para referirse a los textos que, basados en una combinatoria, admiten múltiples realizaciones o trayectos posibles para recorrerlos, o hacen brotar al activarlos una historia en concreto de entre muchas permitidas potencialmente por el sistema. En suma, el universo, según Feynman, y ahora según Hawking y Mlodinow, sería un sistema ergódico. Dejaremos en suspenso por el momento la cuestión de si tiene sentido aplicar el término "realidad" a los trayectos de ese sistema no realizados en nuestra experiencia—es de sospechar que, como en el caso de la narratología, hará falta un vocabulario específico que distinga niveles y acepciones de realidad, al quedarse estrechos los términos del pensamiento cotidiano.

El nombre que utilizan HM es "model-dependent realism", realismo dependiente de modelos. "Se basa en la idea de que nuestros cerebros interpretan la información recibida de los órganos sensoriales, haciendo un modelo del mundo" (7)—un modelo al que consideramos la realidad y le otorgamos la creencia de la realidad o de la verdad absoluta. Una vez más nos topamos con el mito de la Caverna—hace poco comentábamos su relevancia para interpretar la realidad humana construida en torno al lenguaje (en "La Caverna del Cerebro: El lenguaje como realidad virtual"); ahora hay que ir más allá y admitir con HM que la realidad percibida por nuestros cerebros es algo distinto de los modelos de la realidad organizados por otros sistemas. Recordemos aquí que esta noción platonizante en cierto modo sí está muy en consonancia con las teorías neurocognitivas de investigadores como Michael Gazzaniga. En The Mind's Past éste postulaba un "controlador" o conjunto de sistemas cerebrales que generan la ilusión de una realidad en la que habitamos, a partir de los distintos módulos y circuitos de procesamiento de la información cerebral.

Es lo que podríamos llamar la Matrix del cerebro. Sobre esta platónica película, Matrix, y sobre el libro de Stapledon Star Maker, escribí este artículo, "Apocalipsis de la comunicación total". Más sobre circuitos cerebrales, y sobre mi propia teoría de la retroalimentación cognitiva que genera la realidad mediante la proyección de marcos cognitivos y esquemas conceptuales, puede verse en el artículo "Más consciencia".  Será útil tener estas bambalinas de la realidad en mente mientras comentamos más detenidamente el libro de Hawking-M.

Hawking tiene sobre la realidad una perspectiva matemática. Desde que la ciencia moderna desde Galileo y Newton trabajó en la integración de física y matemática, ha habido una sucesión de teorías cada vez más integradoras, que explican a partir de los mismos principios un ámbito cada vez mayor para las fuerzas y fenómenos que estructuran la realidad. La relatividad primero, y la teoría cuántica después, proporcionaron para el siglo XX una aproximacióin a lo que podría ser una Teoría de Todo, con la promesa de una integración futura del conocimiento que hiciera posible interpretar el conjunto de la realidad explicando la generación de sus fenómenos simples mediante la reducción matemática. Los fenómenos complejos surgen por emergencia a partir de estos simples (ver "Gell-Mann: Consciencia, reducción y emergencia"). La Teoría de Todo sería el resultado de la integración del conocimiento científico que explicase todas las fuerzas físicas que actúan en el Universo. Recordemos que el planteamiento filosófico básico que postula una Fuerza única y simple, y el surgimiento emergente del cosmos por las leyes de la evolución, se encuentra formulado por Herbert Spencer hace 150 años (ver "Victorian Dark Matter"). Pero el desarrollo práctico de esa teoría, la hipótesis de la integración matemáticamente coherente de todas las Fuerzas en una Fuerza única, se encuentra con algunos obstáculos prácticos (o teórico-prácticos, vamos) considerables. Según explica Hawking, la Teoría M es el único modelo que puede ser candidato a esa teoría de todo—una teoría todavía mal integrada, pues es "una familia de teorías", pues "igual que no hay un mapa plano que represente bien toda la superficie de la tierra, no hay una única teoría que sea una buena representación de las observaciones en todas las situaciones." Es la teoría M cuyas hipótesis y consecuencias exponen HM en The Grand Design, y es en esa teoría en la que basan su propuesta del multiverso:

"Según la teoría M, el nuestro no es el único universo. En lugar de eso, la teoría M predice que hubo muchos universos que se crearon a partir de la nada.  Su creación no requiere la intervención de algún ser sobrenatural o dios. Antes bien, estos universos múltiples surgen de modo natural por las leyes físicas. Son una predicción de la ciencia. Cada universo tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles en momentos posteriores, es decir, en momentos como el presente, mucho después de su creación." (9)

Observemos, de paso este curioso tiempo verbal—"hubo muchos universos..." —que parece ubicar a esos otros universos en un pasado con respecto al nuestro, mientras que en seguida pasan esos universos a ser "una predicción"—¿una predicción de un acontecimiento pasado? Pasado y futuro y simultáneo, podría responderse—aunque bien observada la cuestión carece de sentido todo tiempo verbal, pues no parece haber necesariamente una secuencia temporal entre estos universos, al ser el tiempo un fenómeno relativo a la organización de acontecimientos dentro de cada universo, no un marco en el seno del cual tiene lugar la creación de universos. No hay relación temporal o física, sino únicamente matemática, entre estos diversos universos. Nuestro tiempo es nuestro, interno al universo, y no está previsto en la teoría, ni en la experiencia, que este universo esté temporalmente ubicado con respecto a los otros, ni que pueda interferir con ellos de ninguna manera. Volveremos más adelante sobre esta cuestión.

Una cuestión que no entiendo: que "cada universo tiene muchas historias posibles"—¿no habrá que postular más bien una sola historia y diversas teorías sobre esa historia? Hay muchas historias posibles en los diversos universos del multiverso, pero parece que el empeño de la ciencia consistiría más bien en descubrir la única historia posible en este universo. Continúan HM:


"La mayor parte de estos estados serán muy diferentes del universo que observamos y muy inadecuados para la existencia de ninguna forma de vida. Sólo muy pocos permitirían la existencia de criaturas como nosotros. Así, nuestra presencia selecciona de esta inmensa variedad solo los universos que son compatibles con nuestra existencia. Aunque somos diminutos e insignificantes a escala cósmica, esto nos hace en cierto modo los señores de la creación." (9)

Otra curiosa formulación: nuestra presencia selecciona los universos posibles. Volveremos sobre el sentido cosmológico, y las implicaciones cognitivas, de este principio antrópico—y quizá paradójico—que es central en la concepción de The Grand Design.

Termina el capítulo 1 con tres grandes preguntas que podríamos llamar teológico-filosóficas:


¿Por qué hay algo, en lugar de nada?
¿Por qué existimos?
¿Por qué este conjunto específico de leyes, y no algún otro? 
(10)

Yo daré una respuesta rápida, a mi aire. El orden de las preguntas es incorrecto: la segunda debería ir primero, la primera es más general que ella, y la tercera es la más básica y general de todas (igual a es a ella a la que se refiren HM como "the Ultimate Question of Life, the universe, and Everything"—olvidándose de las otras, o reduciéndolas a esta tercera pregunta). Las dos primeras preguntas derivan de la tercera o se reducen a ella. O más bien (teniendo en cuenta la diferencia entre reducción y emergencia) podemos decir que aunque no pueden reducirse a la tercera, emergen a partir de ella. Podría haber algo, en lugar de nada, sin que existiésemos nosotros.  Es lo que sucede en tantos planetas, sistemas y galaxias en los que hay algo—entiéndase, objetos y fenómenos perceptibles pero concebibles al margen de la percepción— sin que nadie lo vea ni lo piense sino nosotros, desde lejos.
Podrían también existir muchos planetas y estrellas no ya como hechos brutos, sino como objetos de conocimiento y percepción (animal) sin que hubiese por ello seres conscientes capaces de plantear la diferencia entre estos dos tipos de hecho, o de reflexionar sobre nada. El problema de la consciencia, complejo de por sí, es un problema menor y derivado de la la existencia y naturaleza de la vida—que a su vez es un problema arduo, pero no intratable una vez sentadas las bases de la química.

Por qué surge lo complejo, a partir de lo simple, es una cuestión tratable para el pensamiento y para la ciencia. Recomiendo leer sobre el particular a Herbert Spencer. Lo que sí es un problema más arduo es la tercera pregunta—por qué surge lo simple, por qué la Fuerza indiferenciada ha de dar lugar a un conjunto determinado y específico de leyes. HM dicen que darán a esta pregunta una respuesta científica y no arbitraria—ahora bien, ¿puede darse una respuesta no arbitraria a algo que sienta las bases mismas de todo planteamiento? Me temo que su respuesta no es mucho mejor que "42". Las leyes son las que son, nos dicen, porque sí, o porque son las que son de entre muchas otras concebibles e igualmente existentes en teoría (o en "la" teoría). Todavía no tenemos una clave que pueda sentar que lo que hay es, además de concebible, necesario. La afirmación de que la realidad existente no es más necesaria que cualquier otra en la mente de un matemático no es, me parece, satisfactoria.

Hay preguntas filosóficas más arduas que quienes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, pues éstas sí parecen tener una respuesta científicamente plausible. Pero enfrentándose a la gran pregunta, por qué de la nada surge algo, la ciencia sólo llega, por el momento, a sus propias fronteras, no a las del universo.






 














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