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miércoles, 14 de junio de 2023

Muerte, Ausencia, Indiferencia y Celos

 


En La Galatea de Cervantes, cuatro pastores lamentan por turnos en una égloga las causas de sus respectivas penas de amor: la muerte de la amada, su ausencia, su indiferencia, o los celos—debatiendo cuál de éstas es la que más sufrimiento da. Y sigue el comentario, glosa y sentencia del discreto pastor Damon, que por desgracia ellos no escuchan...

 

Crisio

Al que ausencia viene a dar

Su cáliz triste a beber,

No tiene mal que temer

Ni ningún bien que esperar.

    En esta amarga dolencia

No hay mal que no esté cifrado

Temor de ser olvidado,

Celos de ajena presencia;

     Quien la viniere a probar,

Luego vendrá a conocer

Que no hay mal de que temer

Ni menos bien que esperar.

 

Orompo

Ved si es mal el que me aqueja

Más que muerte conocida.

Pues forma quejas la vida

De que la muerte la deja.

    Cuando la muerte llevó

Toda mi gloria y contento,

Por darme mayor tormento,

Con la vida me dejó.

    El mal viene, el bien se aleja

Con tan ligera corrida

Que forma quejas la vida

De que la muerte la deja.

 

Marsilio

En mi terrible pesar

Ya faltan, por más enojos,

Las lágrimas a los ojos

Y el aliento al suspirar.

    La ingratitud y desdén

Me tienen ya de tal suerte,

Que espero y llamo a la muerte

Por más vida y por más bien.

    Poco se podrá tardar,

Pues faltan en mis enojos

Las lágimas a los ojos

Y el aliento al suspirar.

 

Orfenio

Celos, a fe, si pudiera,

Que yo hiciera por mejor

Que fueran celos amor,

Y que el amor celos fuera.

    Deste trueco granjeara

Tanto bien y tanta gloria,

Que la palma y la victoria

De enamorado llevara.

    Y aun fueran de tal manera

Los celos en mi favor

Que, a ser los celos amor,

El amor yo solo fuera.

 

Con esta última canción del celoso Orfenio dieron fin a su égloga los discretos pastores, dejando satisfechos de su discreción a todos los que escuchado los habían, especialmente a Damon y a Tirsi, que gran contento en oírlos recibieron, pareciéndoles que de más de pastoril ingenio parecían las razones y argumentos que para salir con su propósito los cuatro pastores habían propuesto.

Pero habiéndose movido contienda entre muchos de los circunstantes sobree cuál de los cuatro había alegado mejor su derecho, en fin se vino a conformar el parecer de todos con el que dió el discreto Damon, diciéndoles que él para sí tenía que, entre todos los disgustos y sinsabores que el amor trae consigo, ninguno fatiga tanto al enamorado pecho, como la incurable pestilencia de los celos, y que no se podían igualar a ella la pérdida de Orompo, ausencia de Crisio, ni la desconfianza de Marsilio.

—La causa es—dijo—que no cabe en razón natural que, las cosas que están imposibilitadas de alcanzarse, puedan por largo tiempo apremiar la voluntad a quererlas ni fatigar al deseo por alcanzarlas, porque el que tuviese voluntad y deseo de alcanzar lo imposible, claro está que, cuanto más el deseo le sobrase, tanto más el entendimiento le faltaría. Y por esta misma razón digo que la pena que Orompo padece, no es sino una lástima y compasión del bien perdido; y por haberle perdido de manera que no es posible tornarle a cobrar, esta imposibilidad ha de ser causa para que su dolor se acabe, que, puesto que el humano entendimiento no puede estar tan unido siempre con la razón que deje de sentir la pérdida del bien que cobrar no se puede, y que, en efecto, ha de dar muestra de su sentimiento con tiernas lágrimas, ardientes suspiros y lastimosas palabras, so pena de que, quien esto no hiciese, antes por bruto que por hombre racional sería tenido: en fin fin, el discurso del tiempo cura esta dolencia, la razón la mitiga y las nuevas ocasiones tienen mucha parte para borrarla de la memoria.

Todo esto es al revés en el ausencia, como apuntó bien Crisio en sus versos, que como la esperanza en el ausente ande tan junta con el deseo, dale terrible fatiga la dilación de la tornada, porque, como no le impide otra cosa el gozar su bien sino algún brazo de mar o alguna distancia de tierra, parécele que, teniendo lo principal, que es la voluntad de la persona amada, que se hace notorio agravio a su gusto que cosas que son tan menos como un poco de agua o tierra le impidan su felicidad y gloria. Júntase asimismo a esta pena el temor de ser olvidado, las mudanzas de los humanos corazones; y en tanto que la ausencia dura, sin duda alguna que es extraño el rigor y aspereza con que trata al alma del desdichado ausente. Pero, como tiene tan cerca el remedio, que consiste en la tornada, puédese llevar con algún alivio su tormento, y si sucediere ser la ausencia de manera que sea imposible volver a la presencia deseada, aquella imposibilidad viene a ser el remedio, como el de la muerte.

El dolor de que Marsilio se queja, puesto que es como el mismo que yo padezco y por esta causa me había de parecer mayor que otro alguno, no por eso dejaré de decir l oque en él la razón me muestra, antes que aquello a que la pasión me incita. Confieso que es terrible dolor querer y no ser querido, pero mayor seria amar y ser aborrecido. Y si los nuevos amadores nos guiásemos por lo que la razón y la experiencia nos enseñan, veríamos que todos los principios en cualquier cosa son dificultosos, y que no padece esta regla excepción en los casos de amor, antes en ellos más se confirma y fortalece; así que, quejarse el nuevo amante de la dureza del rebelde pecho de su señora, va fuera de todo razonable término,  porque como el amor sea y ha de ser voluntario, y no forzoso, no debo yo quejarme de no ser querido de quien quiero, ni debo hacer caudal del cargo que le hago, diciéndole que está obligada a amarme porque yo la amo. Que, puesto que la persona amada debe en ley de naturaleza y en buena cortesía, no mostrarse ingrata con quien bien la quiere, no por eso le ha de ser forzoso y de obligación que corresponda del todo y por todo a los deseos de su amante: que si esto así fuese, mil enamorados importunos habría que por su solicitud alcanzasen lo que quizá no se les debría de derecho; y como el amor tenga por padre al conocimiento, puede ser que no halle en mí la que es de mí bien querida partes tan buenas que la muevan e inclinen a quererme, y así no está obligada, como ya he dicho, a amarme, como yo estaré obligado a adorarla, porque hallé en ella lo que a mí me falta. Y por esta razón no debe el desdeñado quejarse de su amada, sino de su ventura, que le negó las gracias que al conocimiento de su señora pudieran mover a bien quererle; y así debe procurar con continuos servicios, con amorosas razones, con la no importuna presencia, con las ejercitadas virtudes, adobar y enmendar en él la falta que naturaleza hizo, que este es tan principal remedio, que estoy para afirmar que será imposible dejar de ser amado el que con tan justos medios procurare granjear la voluntad de su señora. Y pues este mal del desdén tiene el bien deste remedio, consuélese Marsilio y tenga lástima al desdichado y celoso Orfenio, en cuya desventura se encierra la mayor que en las de amor imaginar se puede.

¡Oh, celos, turbadores de la sosegada paz amorosa, celos, cuchillo de las más firmes esperanzas! No sé yo qué pudo saber de linajes el que a vosotros os hizo hijos del amor, siendo tan al revés, que por el mismo caso dejara el amor de serlo, si tales hijos engendrara. ¡Oh celos, hipócritas y fementidos ladrones, pues, para que se haga cuenta de vosotros en el mundo, en viendo nacer alguna centella de amor en algún pecho, luego procuráis mezclaros con ella, volviéndoos de su color, y aun procuráis usurparle el mando y señorío que tiene!   Y de aquí nace que, como os ven tan unidos con el amor, puesto que por vuestros efectos dais a conocer que no sois el mismo amor, todavía procuráis que entienda el ignorante que sois sus hijos, siendo, como lo sois, nacidos de una baja sospecha, engendrados de un vil y desastrado temor, criados a los pechos de las falsas imaginaciones, crecidos entre vilísimas envidias, sustentados de chismes y mentiras.

Y porque se ve la destrucción que hace en los enamorados pechos esta maldita dolencia de los rabiosos celos, en siendo el amante celoso, conviene, con paz sea dicho de los celosos enamorados, conviene, digo, que sea, como lo es, traidor, astuto, revoltoso, chismero, antojadizo y aun mal criado; y a tanto se extiende la celosa furia que le señorea, que a la persona que más quiere es a quien más mal desea. Querría el amante celoso que sólo para él su dama fuese hermosa, y fea para todo el mundo; desea que no tenga ojos para ver más de lo que él quisiere, ni oídos para oír, ni lengua para habla; que sea retirada, desabrida, soberbia, mal acondicionada; y aun a veces desea, apretado de esta pasión diabólica, que su dama se muera y que todo se acabe. 

Todas estas pasiones engendran los celos en los ánimos de los amantes celosos; al revés de las virtudes que el puro y sencillo amor multiplica en los verdaderos y comedidos amadores, porque en el pecho de un buen enamorado se encierra discreción, valentía, liberalidad, comedimiento  y todo aquello que le puede hacer loable a los ojos de las gentes. Tiene más, asimismo la fuerza deste crudo veneno: que no hay antídoto que le preserve, consejo que le valga, amigo que le ayude, ni disculpa que le cuadre; todo esto cabe en el enamorado celoso, y más: que cualquiera sombra le espanta, cualquiera niñería le turba, y cualquiera sospecha falsa o verdadera le deshace. Y a toda esta desventura se le añade otra: que, con las disculpas que le dan piensa que le engañan. Y no habiendo para la enfermedad de los celos otra medicina que las disculpas, y no queriendo el enfermo celoso admitirlas, síguese que esta enfermedad es sin remedio, y que a todas las demás debe anteponerse. Y así, es mi parecer, que Orfenio es el más penado, pero no el más enamorado, porque no son los celos señales de mucho amor, sino de mucha curiosidad impertinente; y si son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y  mal dispuesta, y así el enamorado celoso tiene amor, mas es amor enfermo y mal acondicionado. Y también el ser celoso es señal de poca confianza del valor de sí mismo. Y que sea esto verdad, nos lo muestra el discreto y firme enamorado, el cual sin llegar a la obscuridad de los celos, toca en las sombras del temor, pero no se entra tanto en ellas, que le obscurezcan  el sol de su contento, ni de ellas se aparta tanto que le descuiden de andar solícito y temeroso; que si este discreto temor faltase en el amante, yo le tendría por soberbio y demasiadamente confiado, porque, como dice un común proverbio nuestro, quien bien ama, teme; teme, y aun es razón que tema, el amante que como la cosa que ama es en extremo buena, o a él le pareció serlo, no parezca lo mismo a los ojos de quien la mirare, y por la misma causa se engendre el amor en otro, que pueda y venga a turbar el suyo; teme y tema el buen enamorado las mudanzas de los tiempos, de las nuevas ocasiones que en su daño podrían ofrecerse, de que con brevedad no se acabe el dichoso estado que goza, y este temor ha de ser tan secreto, que no le salga a la lengua para decirle, ni aun a los ojos para significarle; y hace tan contrarios efectos este temor del que los celos hacen en los pechos enamorados, que cría en ellos nuevos deseos de acrecentar más el amor, si pudiesen, de procurar con toda solicitud que los ojos de su amada no vean en ellos cosa que no sea digna de alabanza, mostrándoles liberales, comedidos, galanes, limpios y bien criados; y tanto cuanto este virtuoso temor es justo se alabe, tanto y más es digno que los celos se vituperen.

Calló en diciendo esto el famoso Damon, y llevó tras la suya las contrarias opiniones de algunos que escuchado le habían, dejando a todos satisfechos de la verdad que con tanta llaneza les había mostrado. Pero no se quedara sin respuesta, si los pastores Orompo, Crisio, Marsilio y Orfenio hubieran estado presentes a su plática, los cuales, cansados de la recitada égloga, se habían ido a casa de su amigo Daranio.

 

Amor anticuado

 

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martes, 12 de julio de 2022

But Absent

From James Thomson's The Seasons  (Spring):


But absent, what fantastic woes, arrous'd,
Rage in each thought, by restless musing fed,
Chill the warm cheek, and blast the bloom of life?
Neglected fortune flies; and sliding swift,
Prone into ruin, fall his scorn'd affairs. 1005
'Tis nought but gloom around: the darken'd sun
Loses his light: the rosy-bosom'd Spring
To weeping fancy pines; and yon bright arch,
Contracted, bends into a dusky vault.

All Nature fades extinct; and she alone 1010
Heard, felt, and seen, possesses every thought,
Fills every sense, and pants in every vein.
Books are but formal dulness, tedious friends;
And sad amid the social band he fits,
Lonely, and unattentive. From his tongue 1015
Th' unfinish'd period falls: while borne away
On swelling thought, his wafted spirit flies
To the vain bosom of his distant fair;
And leaves the semblance of a lover, fix'd
In melancholy site, with head declin'd, 1020
And love-dejected eyes. Sudden he starts,
Shook from his tender trance, and restless runs
To glimmering shades, and sympathetic glooms;
Where the dun umbrage o'er the falling stream,
Romantic, hangs; there thro' the pensive dusk 1025
Strays, in heart-thrilling meditation lost,
Indulging all to love: or on the bank
Thrown, amid drooping lilies, swells the breeze
With sighs unceasing, and the brook with tears,
Thus in soft anguish he consumes the day, 1030
Nor quits his deep retirement, till the moon
Peeps thro' the chambers of the fleecy east,
Enlightened by degrees, and in her train
Leads on the gentle hours; then forth he walks,
Beneath the trembling languish of her beam, 1035
With soften'd soul, and wooes the bird of eve
To mingle woes with his: or, while the world
And all the sons of Care lie hush'd in sleep,
Associates with the midnight shadows drear;
And, sighing to the lonely taper, pours 1040
His idly-tortur'd heart into the page,
Meant for the moving messenger of love;
Where rapture burns on rapture, every line
With riling frenzy fir'd. But if on bed

Delirious flung, sleep from his pillow flies.1045
All night he tosses, nor the balmy power
In any posture finds; till the grey morn
Lifts her pale lustre on the paler wretch,
Exanimate by love: and then perhaps
Exhausted Nature sinks a while to rest,1050
Still interrupted by distracted dreams,
That o'er the sick imagination rise,
And in black colours paint the mimic scene.
Oft with th' enchantress of his soul he talks;
Sometimes in crouds distress'd; or if retir'd1055
To secret-winding flower-enwoven bowers,
Far from the dull impertinence of Man,
Just as he, credulous, his endless cares
Begins to lose in blind oblivious love,
Snatch'd from her yielded hand, he knows not how,1060
Thro' forests huge, and long untravel'd heaths
With desolation brown, he wanders waste,
In night and tempest wrapt; or shrinks aghast,
Back, from the bending precipice; or wades
The turbid stream below, and strives to reach1065
The farther shore; where succourless, and sad,
She with extended arms his aid implores,
But strives in vain; borne by th' outrageous flood
To distance down, he rides the ridgy wave,
Or whelm'd beneath the boiling eddy sinks.


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jueves, 25 de julio de 2013

Mourning as Working-through

And melancholia as acting-out. Two ritualized relationships to traumatic memories. An interesting article by Dominick LaCapra on "Trauma, Absence and Loss." Ponder on these passages. For my collection of annotations on retrospection—mourning as retroactive repair work on a traumatic past.


I would also distinguish in nonbinary terms between two additional interacting processes: acting-out and working-through, which are interrelated modes of responding to loss o historical trauma. As I have intimated, if the concepts of acting-out and working-through are to be applied to absence, it would have to be in a special sense. I have argued elsewhere that mourning might be seen as a form of working-through, and melancholia as a form of acting-out. (Note 30: See my  Representing the Holocaust and History and Memory after Auschwitz). Freud compared and contrasted melancholia with mourning. He saw melancholia as characteristic of an arrested process in which the depressed, self-berating, and traumatized self, locked in compulsive repetition, is possessed by the past, faces a future of impasses, and remains narcissistically identified with the lost object. Mourning brings the possibility of engaging trauma and achieving a reinvestment in, or recathexis of, life that allows one to begin again. In line with Freud's concepts, one might further suggest that mourning be seen not simply as individual or quasi-transcendental grieving but as a homeopathic socialization or ritualization of the repetition compulsion that attempts to turn it against the death drive and to counteract compulsiveness—especially the compulsive repetition of traumatic scenes of violence—by re-petitioning in ways that allow for a measure of critical distance, change, resumption of social life, ethical responsibility, and renewasl. Through memory-work, especially the socially engaged memory-work involved in working-through, one is able to distinguish between past and present and to recognize something has having happened to one (or one's people) back then that is related to, but not identical with, here and now. Moreover, through mourning and the at least symbolic provision of a proper burial, one attempts to assist in restoring to victims the dignity denied them by their victimizers. (713)

When mourning turns to absence and absence is conflated with loss, then mourning becomes impossible, endless, quasi-transcendental grieving, scarcely distinguishable (if at all) from interminable melancholy. (716)

In acting-out, the past is performatively regenerated or relived as if it were fully present rather than represented in memory and inscription, and it hauntingly returns as the repressed. Mourning involves a different inflection of performativity: a relation to the past that involves a different inflection of performativity: a relation to the past that involves recognizing its difference from the present—simultaneously remembering and taking leave of or actively forgetting it, thereby allowing for critical judgment and a reinvestment in life, notably social and civic life with its demands, responsibilities, and norms requiring respectful recognition and consideration for others. By contrast, to the extent someone is possessed by the past and acting out a repetition compulsion, he or she may be incapable of ethically responsible behavior. (716)

The possibility of even limited working-through may seem foreclosed in modern societies precisely because of the relative dearth of effective rites of passage, including rituals or, more generally, effective social processes such as mourning. But this historical deficit should neither be directly imputed as a failing to individuals who find themselves unable to mourn nor generalized, absolutized, or conflated with absence, as occurs in the universalistic notion of a necessary constitutive loss or lack or an indiscriminate conflation of all history with trauma. (721)

A critique of the conflation of structural and historical traumas. And of the mythical projection of absence into a narrative of loss: When structural trauma is reduced to, or figuredas, an event, one has the genesis of myth wherein trauma is enacted in a story or narrative from which later traumas seem to derive (as in Freud's primal crime or in the case of original sin attendant unpon the fall of Eden). (725). The critical attitude will differentiate absence and loss, and the historical and structural elements in trauma.

(Importance of empathy): But empathy that resists full identification with, and appropriation of, the experience of the other would depend both on one's own potential for traumatization (related to absence and structural trauma) and on one's recognition that another's loss is not identical to one's own loss. (723)

Freud's conception of nachträglichkeit:

At least in Freud's widely shared view, the trauma as experience is "in" the repetition of an early event in a later event—an early event for which one was not prepared to feel anxiety and a later event that somehow recalls the early one and triggers a traumatic response. The belated temporality of trauma and the elusive nature of the shattering experience related to it render the distinction between structural and historical trauma problematic but do not make it irrelevant. (725)



 
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sábado, 25 de mayo de 2013

Absence, Poetry, and Hindsight

(From Mark Freeman's Hindsight: The Promise and Peril of Looking Backward):

But it could also be that absence is not complete and that the world of ordinary experience bears within its absence a certain presence, a limited presence, which the poet, in turn, must try to bring to light. The poet Seamus Heaney has spoken of the "redressing" effect of poetry in this context, which "comes from its being a glimpsed alternative, a revelation of potential that is denied or constantly threatened by circumstances" (1995, p. 4). I also spoke earlier of the idea of "recuperative disclosure," the notion being that poetry, like hindsight, seeks to explicate what is there, in the world, and thereby rescue it from the forgetful oblivion that so often characterizes our relatedness to things. In a sense, you could say that poetry deals with what's not there and there at the same time. From one angle, it's about what is absent in presence; it's about what's often missing from our ordinary experience of things by virtue of its being "denied" or "threatened by circumstances." From another angle, it's about what's present in absence, the existence of a certain potential, "waiting" to be disclosed. Along the lines being drawn here, there is nothing intrinsically defensive or illusory at all about poems. On the contrary: they may very well serve as vehicles of disclosure and revelation, not so much "giving" meaning to experience as allowing it to emerge.


 
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