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jueves, 28 de abril de 2022

La muerte soñada por Jack London

 

 

Mas Arellano, Guillermo. "La muerte soñada por Jack London." Rincón Bravío 27 April 2022.*

         https://rinconbravio.com/2022/04/27/la-muerte-sonada-por-jack-london/

         2022



Ver también:

 

Martin Eden. Dir. Pietro Marcello. Based on Jack London's novel. Cast: Luca Marinelli, Carlo Cecchi, Jessica Cressy, Denise Sardisco, Vincenzo Nemolato, Carmen Pommella, Autilia Ranieri, Marco Leonardi, Savino Paparella, Elisabetta Valgoi, Pietro Ragusa, Giustiniano Alpi, Anna Patierno, Vincenza Modica, Gaetano Bruno. Italy/France, 2019.*

http://redaragon.elperiodicodearagon.com/ocio/cine/pelicula.asp?id=35560#trailer

         2020

 

 

lunes, 28 de marzo de 2022

Epidemiología evolutiva

 

900 reads

Sobre un relato de Jack London:

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." ResearchGate 5 Jan. 2017.* www.researchgate.net/publication/312070047

 

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martes, 23 de abril de 2019

The Experiencing I and the Narrating I

Or: the character and the narrator, or the past self and the retrospecting self. While they are common in many narratives, these two textual subjects experience a twist in Jack London's Before Adam. Here the narrating self is a modern human, who through a kind of racial memory relives in dreams or visions the experiences of Big Tooth, his pre-human alter ego in the remote Paleolithic. There is a nice division of narrative work between the focalizer (Big Tooth), who lacks language but not perception, and the narrator, who masters language but relies on Big Tooth for the perceptions and experiences he is trying to narrate (and verbalize, and translate). E.g. the beginning of ch. XI:

It must be remembered that the description I have just given of the Swift One is not the description that would have been given by Big-Tooth, my other self of my dreams, my prehistoric ancestor. It is by the medium of my dreams that I, the modern man, look through the eyes of Big-Tooth and see.
And so it is with much that I narrate of the events of that far-off time. There is a duality about my impressions that is too confusing to inflict upon my readers. I shall merely pause here in my narrative to indicate this duality, this perplexing mixing of personality. It is I, the modern, who look back across the centuries and weigh and analyze the emotions and motives of Big-Tooth, my other self. He did not bother to weigh and analyze. He was simplicity itself. He just lived events, without ever pondering why he lived them in his particular and often erratic way.
As I, my real self, grew older, I entered more and more into the substance of my dreams. One may dream, and even in the midst of the dream be aware that he is dreaming, and if the dream be bad, comfort himself with the thought that it is only a dream. This is a common experience with all of us. And so it was that I, the modern, often entered into my dreaming, and in the consequent strange dual personality was both actor and spectator. And right often have I, the modern, been perturbed and vexed by the foolishness, illogic, obtuseness, and general all-round stupendous stupidity of myself, the primitive.
And one thing more, before I end this digression. Have you ever dreamed that you dreamed? Dogs dream, horses dream, all animals dream. In Big-Tooth's day the half-men dreamed, and when the dreams were bad they howled in their sleep. Now I, the modern, have lain down with Big-Tooth and dreamed his dreams.



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miércoles, 24 de mayo de 2017

Retropost #1626 (24 May 2017): Palpatine Bush: America Under Attack


Nos acercamos un pasito más a esa historia que sucedió hace mucho tiempo en una galaxia muy remota...  En La venganza de los Sith,  el senador Palpatine ya ha llegado a canciller, y se hace con el poder absoluto alegando estado de emergencia. Y de este modo la República se convierte en el Imperio. América, claro, es el auténtico tema de esa película. Puede allanarse el terreno por lo bajo para la destrucción de la democracia. Aunque si es preciso, hasta con aclamaciones se puede hacer el proceso de abolición de las garantías institucionales, como en el Senado de la película ("Así muere la libertad—entre aplausos", lamenta la senadora Padmé), o como ha hecho Chávez en Venezuela. O como hizo Hitler.underattack

Pues veo en RogueGovernment (vía Digg) que Bush también va allanando el camino para que el presidente pueda tomar el poder de forma dictatorial, mediante este nuevo decreto de la Casa Blanca que acaba de emitirse sin que nadie rechiste. Aquí está la directiva presidencial en cuestión:

National Security and Homeland Security Presidential Directive
NATIONAL SECURITY PRESIDENTIAL DIRECTIVE/NSPD 51
HOMELAND SECURITY PRESIDENTIAL DIRECTIVE/HSPD-20
Subject: National Continuity Policy


El presidente se encargará de "asegurar la continuidad del gobierno constitucional" en caso de emergencia nacional—aunque el primer paso para esa continuidad constitucional es suprimir la división de poderes de la constitución subordinando todo a las decisiones del Presidente, que en la práctica se convierte en un dictador si la emergencia nacional lo requiere.

Eso en caso de "Emergencia catastrófica", claro... un término que se deja muy astutamente a medio definir (aunque el decreto se presenta como muy exacto en términos de definiciones... sólo apariencia. Puro humo). "Emergencia catastrófica" es algo muuuuy elástico:
(b) "Catastrophic Emergency" means any incident, regardless of location, that results in extraordinary levels of mass casualties, damage, or disruption severely affecting the U.S. population, infrastructure, environment, economy, or government functions;

—O sea, que ni hace falta que suceda en Estados Unidos la catástrofe. Y si sucede ahí, qué duda cabe que bastaría con otro ataque como el de las Torres Gemelas. O con una caída de la bolsa, quizá. Porque ¿qué es extraordinario? ¿Qué es 'severe'? Extraordinario, sin duda, será lo que dé lugar a que la República se convierta en Imperio. Y severas serán las medidas que se tengan preparadas a continuación, una vez suspendidos de facto todos los poderes menos los del Presidente.

En "La Peste Escarlata", Jack London pronostica que, para el año 2012, los EE.UU. ya están gobernados por una dinastía hereditaria de presidentes que son nombrados por el Comité de Mangantes—oops, Magnates. Ese año llega la Peste Escarlata (también una peste serviría como excusa...), bajo el reinado de Morgan IV.

Bien, pues no tenemos a Morgan IV, pero sí que tenemos a Bush II. O a Clinton II, el año que viene. Y qué duda cabe de que esta directiva ha sido inspirada por el Comité de Magnantes.




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domingo, 1 de noviembre de 2015

Vagabundos de las estrellas


Una nota sobre algunos aspectos de la narrativa de Jack London, en especial El vagabundo de las estrellas, desde la perspectiva de la narratología evolucionista y cognitiva. La consciencia del sentido de la evolución por parte de London tiene varias consecuencias para la teoría y práctica del anclaje narrativo en sus ficciones, en particular en el establecimiento de conexiones explícitas entre la Gran Historia y la praxis narrativa del autor.

 



Vagabundos de las estrellas


English Abstract: 

Star Rovers

A note on some aspects of Jack London's fiction, particularly The Star Rover, from the standpoint of evolutionary and cognitive narratology. London's awareness of the significance of evolution has a number of consequences for the theory and practice of narrative anchoring in his fictions, particularly in the building of explicit connections between Big History and the writer's narrative praxis.

Number of Pages in PDF File: 6
Keywords: Jack London, Big History, American fiction, Historicity,

 
The paper appears in the following SSRN eJournals and repositories:
 
eJournal Classifications (Date posted: October 22, 2015)
AARN Subject Matter eJournals
    
        
AARN Subject Matter eJournals
    
        
CSN Subject Matter eJournals
    
        



_____. "Vagabundos de las estrellas." Academia 16 Oct. 2017.*
         2017
_____. "Vagabundos de las estrellas." ResearchGate 17 Oct. 2017.*
         2017




 
 
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martes, 23 de junio de 2015

Retropost #23: 4 de noviembre de 2004



4 de noviembre

Hoy nos pasan un mail para recoger datos para la página web del departamento. Pondré un simple enlace a ésta: decía Ockham que no hay que multiplicar las entidades. Aunque hay quien tiene un monton de direcciones de correo electrónico —uno se pregunta si para desarrollar personalidades alternativas.

Se aprueba en la comisión de doctorado mi curso para el año que viene—¿o es dentro de dos años?: "Methodology, Research and Criticism": sobre Kuhn, Feyerabend, Foucault, Blumer y esa peña.
Debate en la comisión sobre los premios de Doctorado, a vueltas la gente con si los criterios de la Universidad son justos ya que el Departamento no se lleva ningún premio desde hace dieciséis años (exactamente desde mi tesis). Yo defiendo los criterios aplicados, ya que estaba en la Comisión de Doctorado de la universidad, y me cae de rebote la especie de protesta que se quiere plantear contra ellos. Pero me dejo en el tintero, lamentablemente, el mejor argumento de todos: que los premios son inútiles, pues en la última oposición a la que me presenté me pusieron un uno sobre diez en el apartado correspondiente, a pesar de que tenía dos premios de la universidad y otro de la Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos. No se debió fijar el tribunal en ese detalle, supongo, en sus prisas por suspender a todo el mundo, si no igual me hubieran puesto un dos.

Decididamente habemos Bush II, bis. Aunque ya amaga Mrs. Clinton por el horizonte. Qué razón llevaba Jack London en "The Scarlet Plague" cuando auguraba dinastías familiares para los USA: según él deberíamos ir pronto por Morgan IV (¿el del banco, quizás?).










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martes, 9 de junio de 2015

'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva

En este artículo examinamos el relato de Jack London "La Peste Escarlata" desde la perspectiva de la actual epidemiología evolucionista, sosteniendo que su comprensión pesimista de la dinámica epidemiológica en poblaciones crecientes, y su visión catastrofista de la evolución, son esencialmente correctas y se hallan muy por delante de las ideas recibidas y de las nociones científicas dominantes en su época.  


'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva







English Abstract:

'The Scarlet Plague' and Evolutionary Epidemiology

The paper examines Jack London's story 'The Scarlet Plague' from the perspective of contemporary evolutionary epidemiology, arguing that its pessimistic insights about the epidemiological dynamics in growing populations, and about the catastrophic nature of evolution, are fundamentally correct, and far ahead of the received opinions and the dominant scientific notions of his own time.




_____. "La Peste Escarlata y la epidemiología evolutiva." In García Landa, Vanity Fea 21 May 2009.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2009/05/la-peste-escarlata-y-la-epidemiologia.html

         2009

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." Social Science Research Network 8 June 2015.*

         https://ssrn.com/abstract=2615491

         2015

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." En García Landa, Vanity Fea 9 June 2015.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/06/la-peste-escarlata-y-la-epidemiologia.html

         2015

_____.''La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." Academia 4 Jan. 2017.*

         http://www.academia.edu/30728096/

         2016

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." ResearchGate 5 Jan. 2017.*

         https://www.researchgate.net/publication/312070047

         2017

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." Ibercampus (Vanity Fea) 4 Jan. 2021.*

         https://www.ibercampus.es/la-peste-escarlata-y-la-epidemiologia-evolutiva-40517.htm

         2021

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." Humanities Commons 21 Feb. 2021.*

http://dx.doi.org/10.17613/he6z-9g61

         https://hcommons.org/deposits/item/hc:34595/

         2021

_____. "'La Peste Escarlata' y la epidemiología evolutiva." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2024.*

https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/Peste.Escarlata.Epidemiologia.pdf

         2024







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jueves, 31 de mayo de 2012

An Unpleasant Story

Although we may not realize it, we are living in the midst of an umpleasant story. With an unpleasant prospect, not too far away:



From Fleeing Vesuvius. A history as big as they get.


I suppose we might call what is bound to happen at the beginning of the third millennium... a singularity.


E. O. Wilson spells it out as follows:


The global population is precariously large, and will become much more so before peaking some time after 2050. Humanity overall is improving per capita production, health, and longevity. But it is doing so by eating up the planet's capital, including natural resources and biological diversity millions of years old. Homo sapiens is approaching the limit of its food and water supply. Unlike any species that lived before, it is also changing the world's atmosphere and climate, lowering and polluting water tables, shrinking forests, and spreading deserts. Most of the stress originates directly or indirectly from a handful of industrialized countries. Their proven formulas for prosperity are being eagerly adopted by the rest of the world. The emulation cannot be sustained, not with the same levels of consumption and waste. Even if the industrialization of developing countries is only partly successful, the environmental aftershock will dwarf the population explosion that preceded it.

(...)

By 1997 the global population had reached 5.8 billion, growing at the rate of 90 million per year. In 1600 there were only about half a billion people on Earth, and in 1940, 2 billion. The amount of increase during the 1990s alone is expected to exceed the entire population alive in 1600.  [NOTE: the population has reached 7 billion in 2011]. The global growth rate, after reaching a peak during the 1960s, has been dropping ever since. In 1963, for example, each woman bore an average of 4.1 children. In 1996 the number had declined to 2.6. In order to stabilize the world population, the number must be 2.1 children per woman (the extra 0.1 allowing for child mortality). Long-term population size is extremely sensitive to theis replacement number, as shown by the following projections. If the number were 2.1, there would be 7.7 billion people on earth in 2050, leveling off at 8.5 billion in 2150. If 2.0, the population would peak at 7.8 billion, then drop by 2150 to 5.6 billion, the total in the mid-1990s. if 2.2, it would reach 12.5 billion in 2050, 20.8 billion in 2150; and if 2.2 could miraculously be maintained thereafter, the human biomass would eventually equal the weight of the world and then, after a few millennia, expanding outward at the speed of light, it would exceed the mass of the visible universe. Even if the global birth rate were reduced drastically and immediately to the Chinese goal of one child per woman, the population would not peak for one or two generations. The overshoot is ensured by the disproportionate number of young people already in existence, who look to long lives ahead. [NOTE: These 1997 projections are overly optimistic. Between 2005-2010 the global fertility rate stayed over 2.52].

How many people can the world support for an indefinite period? Experts do not agree, but a majority put the number variously between 4 and 16 billion. the true number will depend on the quality of life that future generations are willing to accept. if everyone agreed to become vegetarian, leaving nothing for livestock, the present 1.4 billion hectares of arable land (3.5 billion acres) would supply about 10 billion people. If humans utilized as food all the energy captured by plant photosynthesis, some 40 trillion watts, Earth could support about 16 billion people. From such a fragile wold, almost all other life forms would have to be excluded. 

Even if, by force majeure, the population levels off at well under 20 billion by mid-century, the relatively extravagant lifestyle now enjoyed by the middle classes of North America, Western Europe, and Japan cannot be attained by most of the rest of the world. The reason is that the impact of each country on the environment is multiplicative. It is dependent, in a complex manner, of the formula called PAT: population size times per capita affluence (hence consumption) times  a measure of the voracity of the technology used in sustaining consumption. The magnitude of PAT can be usefully visualized by the "ecological footprint" of productive land needed to support each member of the society with existing technology. In Europe the footprint is 3.5 hectares (a hectare is 2.5 acres), in Canada 4.3 hectares, and in the United States 5 hectares. In most developing countries it is less than half a hectare. To raise the whole world to the U.S. level with existing technology would require two more planet Earths.

It matters little that North Dakota and Mongolia are mostly empty. It makes no difference that the 5.8 billion people in the world today could be logstacked out of sight in a corner of the Grand Canyon. The datum of interest is the average footprint on productive land, which must somehow be lowered if significantly more people are to achieve a decent standard of living.  (Consilience 280-82).

But, voracious animals that we are, we will forever push to the borders of any margin that we achieve by eroding the environment and by developing technology. This will happen until we exhaust the oil reserves, and we are already at peak oil. Thereafter, the standard of living will decay for everyone, the available ecological footprint will shrink dramatically. Sudden and massive environmental decay will ensue, and then will follow the terrible wars and unprecedented catastrophes that are figured in the above diagram as an unnamable blank, as the missing peak of the story, before sustainable levels are reached in a post-Apocalyptic world. For the time being. 

This unpleasant story has been rehearsed a number of times before it happens. It can be read, for instance, in Earth Abides, by George R. Stewart, with a difference.  And with almost uncanny accuracy, in Jack London's The Scarlet Plague.
 

 
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martes, 17 de enero de 2012

Cuellos de botella pasados, futuros e imaginarios

Una conferencia de Eudald Carbonell en la Fundación Juan March: Evolución cerebral y socialización homínida. Habla del desarrollo cerebral y social humano como un elemento clave que ha permitido el desarrollo de la especie y su supervivencia, primero en las dificultades de la sabana africana, y luego superando un cuello de botella hace unas decenas de miles de años, con la especie humana reducida a un pequeño número de individuos. Y de las perspectivas de si lograremos superar las amenazas de nuestro propio desarrollo, o si nos espera quizá un nuevo cuello de botella o extinción masiva en el futuro próximo. Carbonell no es optimista y espera la catástrofe próximamente por nuestra incapacidad de actuar reflexivamente cuando ya conocemos, como especie, el peligro próximo. (Aquí hay otro post suyo al respecto).

Antes de la ciencia, los cuellos de botella evolutivos en la humanidad han sido inventados o recreados por la literatura de ciencia ficción: por la literatura de catástrofes. Quizá por The Last Man, de Mary Shelley—pero más directamente por La peste escarlata (The Scarlet Plague), de Jack London, y por la literatura post-apocalíptica a que da lugar. La primera que me leí de estas novelas fue en los años 70, Los dominios de Farnham—en la que la humanidad del futuro eran todos negros, menos el protagonista y sus compañeros. Destaca entre las que he leído desde entonces Earth Abides, de George R. Stewart, en la que la civilización retrocede a lo largo de décadas hasta el tribalismo y la superstición, aunque las cosas y las casas fabricadas por nuestro mundo duran, y duran, mucho tiempo. Y de modo más filosófico y a mayor escala cósmica, es fascinante la novela o "historia futura" imaginaria de Olaf Stapledon, Last and First Men, que se ocupa de las diversas especies humanas pero no de las que nos precedieron en el pasado (ver "Doce últimos hombres"), sino de las que nos seguirán (quizá)... de la evolución posible, improbable, o meramente imaginable, del género humano, pasando por diversificaciones en otras especies y por más de un cuello de botella evolutivo.  Otro cuello de botella (más humorístico) aparece en Galápagos de Kurt Vonnegut.

Lonely Islands: The Negrito People and the Out-of-Africa Story of the Human Race, de George Weber, es una web que trata sobre algunos aspectos de los orígenes y la dispersión humana, incluyendo la probable historia del cuello de botella del volcán Toba.



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PS, 14 de marzo: otro curioso cuello de botella, esta vez de homo sapiens arcaicos en China: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/14/ciencia/1331738596.html

jueves, 8 de septiembre de 2011

Vagabundos de las estrellas



Antes del Silver Surfer, y antes aún del viajero estelar de Stapledon, estuvieron los viajeros mentales de Jack London. Y antes que ellos estaban los narradores de las visiones oníricas de los poemas de Chaucer y de otros autores de la Edad Media...

Los viajeros mentales de Jack London viajan por el tiempo, a épocas remotas donde vivieron otras vidas, según esa doctrina espiritualista que repetidamente proclaman sus personajes—que el Espíritu es eterno e indestructible, y va asumiendo diversas formas materiales transitorias, que hemos vivido vidas anteriores, etc. Así, en Before Adam un muchacho contemporáneo recupera en sus sueños la memoria racial y recuerda la vida de diversas razas primitivas del Pleistoceno. Y en El Vagabundo de las Estrellas el narrador, el presidiario Darrell Standing, revive diversas vidas viajando mentalmente por el pasado mientras su cuerpo está en estado de catalepsia:

"Durante las largas sesiones metido en la camisa de fuerza, he podido contemplar en mí mismo a miles de hombres que vivían todas esas vidas que son en sí mismas la historia del hombre en su ascenso a través de los siglos.
     Y mientras viajo al pasado, a través de millones y millones de años, mis recuerdos son tan majestuosos que he podido revivir las numerosas vidas implicadas en la larga aventura del hombre, desde que se produjeron las primeras migraciones de la especie" (344-45).

En esta doctrina de la Memoria Histórica Visionaria para mí absurda hay sin embargo un elemento que me interesa—la idea de que el mundo acarrea su historia a cuestas, y la idea de que la complejidad (una fase tardía del desarrollo) ha de construirse necesariamente pasando por la simplicidad de fases previas. Es una idea que debió extraer London de las ideas de Haeckel, entonces populares: la noción de que la ontogenia o formación del individuo recapitula la filogenia, la historia evolutiva de su especie:


"Al igual que el embrión humano, durante los breves diez meses lunares, con una rapidez desconcertante, con infinitas formas y apariencias que se multiplican sin cesar, repite la historia completa de la vida orgánica, desde el vegetal hasta el hombre; y durante su niñez, el cachorro humano repite la historia del hombre primitivo cometiendo actos de crueldad y salvajismo que van desde la perversidad de hacer daño a criaturas más pequeñas que él hasta el desarrollo de su conciencia tribal expresada mediante el deseo de pertenecer a una banda; del mismo modo yo, Darrell Standing, he revivido la lenta evolución del hombre primitivo, todo lo que ha sido y todo lo que ha hecho hasta convertirse en lo que somos en la actualidad.

"En realidad, cada uno de nosotros—como seres humanos que habitan en este planeta—llevamos en nuestro interior la maravillosa historia de la Vida desde sus comienzos. Está escrita en nuestros tejidos y en nuestros huesos; en nuestras funciones y en nuestros órganos; en nuestras neuronas y en nuestro espíritu, y en todas nuestras necesidades ancestrales—tanto físicas como psicológicas—, así como en todos nuestros atávicos impulsos. Hubo un tiempo en que fuimos como los peces, tú y yo, querido lector, y nos arrastramos fuera del mar para ser los primeros en aventurarnos en la tierra firme, sobre la que vivimos ahora. Todavía llevamos en nosotros las marcas del mar, así como las marcas de la serpiente, anteriores al tiempo en que la serpiente fue serpiente y el hombre fue hombre: cuando el ser anterior a la serpiente y el ser anterior a nosotros éramos uno mismo. Hubo un tiempo en que volábamos por el aire, y otro en que vivíamos en los árboles y nos asustaba la oscuridad. Aquellos vestigios permanecen grabados en toda la especie, en ti y en mí, al igual que lo harán en todos nuestros descendientes hasta el final de nuestra existencia sobre la tierra." (El vagabundo de las estrellas, 343)

Algunas de estas ideas expresadas por London tienen conexión con lo que Jung llamaría los arquetipos del inconsciente colectivo; otras tienen que ver con la evolución darwinista y la herencia mendeliana—lo más fascinante es que están aquí conjuntadas de una manera que no están en ninguno de estos autores. E incluso los estudiosos del genoma, casi un siglo después de Jack London, encontrarán que esta idea de que llevamos la historia de la Vida a cuestas es en algunos sentidos mucho más literal de lo que podían suponer los contemporáneos de London.

Path dependency, lo llaman hoy los biólogos—la historia que llevamos inscrita. Es un fenómeno que es visible en la evolución de los organismos vivos, y también en el trayecto vital de cada cual—pues cuanto más compleja es una forma de vida, la humana en particular, tanto más su complejidad requiere de un trayecto de desarrollo previo, tanto evolutivo-biológico como de desarrollo personal. Claro que no se refiere sólo London a la estructura corporal, sino a todas las formas de la complejidad, incluida la complejidad de las formas sociales y estructuras psicológicas; esto se aprecia en especial en sus relatos de regresión a la vida primitiva como sus historias de animales, o en La Peste Escarlata.  

En su relato "A Hyperborean Brew" London narra en tono humorístico la evolución cultural acelerada de una tribu primitiva de esquimales, bajo la influencia de la aceleración histórica que le imprimen unos blancos aventureros y explotadores. Y en muchos de estos relatos de London (por ejemplo en "La Peste Escarlata"  o en la Llamada de la Selva los instintos de la vida primitiva afloran cuando bajo circunstancias extremas se rompe la fina costra de civilización. Son relatos que estarían bastante en la onda de esa escuela sociobiológica que hoy proclama que tenemos un jet lag evolutivo, y que nuestros instintos están más adaptados al Pleistoceno que a la era actual, o por lo menos no han evolucionado suficientemente rápido.

Quizá lo que encuentro más interesante en London es la manera (imperfecta, sin duda, pero original y creativa) en que intenta acomodar en su ficción la Gran Historia de la humanidad. El Vagabundo de las Estrellas o La Peste Escarlata son en ese sentido ficciones evolutivas, no sólo evolucionistas. Con una incoherente contaminación de un espiritualismo también muy de la época, eso sí. Pero son ficciones que a su manera buscan de modo ambicioso un anclaje narrativo coherente de la historia que narran, para ubicarla en el marco de la evolución de la especie humana concebida como una Gran Narración—lo que Darwin había llamado no mucho antes la "grandiosa secuencia de acontecimientos" que nos ha hecho a los seres humanos lo que somos.

Todos vagabundos de las estrellas, desde el momento en que desde nuestro rincón de la realidad, echamos una mirada a lo lejos en el espacio, que es lo mismo que echar también una mirada a lo lejos en el tiempo— y vemos cómo este rincón del mundo y del tiempo contiene en cierto modo todos los demás, pues desde él son visibles o concebibles el remoto pasado en el que todo se originó, y ese futuro que a veces parece incómodamente próximo, pero que seguramente está inconcebiblemente lejos: el momento en el que mucho después del último hombre, llegue el fin del mundo, the crack of doom, sin nadie para ver el espectáculo, a no ser desde aquí.

 




 
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jueves, 21 de mayo de 2009

La Peste Escarlata y la epidemiología evolutiva


Hoy comentábamos en clase de literatura inglesa el relato de Jack London "The Scarlet Plague" (1912), un hito clave del futurismo apocalíptico—describe una humanidad disminuida y reducida al tribalismo primitivo, en un mundo en ruinas tras la Peste Escarlata que asoló a la humanidad en el año 2013.

En 2009 vemos este relato con cierta perspectiva, tras el paréntesis de cien años que London imaginó para permitir una exacerbación de algunas tendencias sociales que estaba interesado en denunciar o analizar. Y, bueno, hay que decir que ha habido peores profetas, aun teniendo en cuenta que todo profeta que se precie habla más bien de su propio momento que de un futuro que siempre nos habrá de pillar por sorpresa y nunca avisados.



London profetiza un crecimiento de un capitalismo feroz, en la línea del darwinismo social y los robber barons, con una explotación salvaje y tiránica de las clases bajas. Los Estados Unidos evolucionan en "nuestros días" en la dirección de una tiranía de los Magnates, que mantienen sólo una apariencia de democracia. El presidente es Morgan V, —hereditario, al parecer. Pero no olvidemos que (aun esquivando por los pelos a Clinton II) sí hemos sufrido a Bush II, con su propio board of magnates directamente a las riendas del gobierno. La Peste que retrata London (y hay que pensar en la tensión revolucionaria de aquellos años) es también, a un nivel dado, una revolución. Una revolución escarlata por el fuego de los incendios y los saqueos, y por el sol rojo que se pone sobre una civilización que está derrumbándose entre llamas, con la anarquía invadiendo las calles y con los burgueses atrincherados defendiéndose a vida o muerte, acosados por un populacho embrutecido y aterrorizado por la muerte colectiva en las ciudades.

No sé qué veremos en 2013, o qué verán en 2113. Entretanto, London predice varias epidemias graves que precederán ("precedieron") a la Peste Escarlata.

A bacteriologist watches germs. That's his task, and he knows a great deal about them. So, as I was saying, the bacteriologists fought with the germs and destroyed them—sometimes. There was leprosy, a horrible disease. A hundred years before I was born, the bacteriologists discovered the germ of leprosy. They knew all about it. They made pictures of it. I have seen those pictures. But they never found a way to kill it. But in 1984, there was the Pantoblast Plague, a disease that broke out in a country called Brazil and that killed millions of people. But the bacteriologists found it out, and found the way to kill it, so that the Pantoblast Plague went no farther. They made what they called a serum, which they put into a man's body and which killed the pantoblast germs without killing the man. And in 1910, there was pellagra, and also the hookworm. These were easily killed by the bacteriologists. But in 1947 there arose a new disease that had never been seen before. It got into the bodies of babies of only ten months old or less, and it made them unable to move their hands and feet, or to eat, or anything; and the bacteriologists were eleven years in discovering how to kill that particular germ and save the babies.

Bah, bah. Ficciones de una mente calenturienta. La gripe del pollo, o la del cerdo, han matado a cuatro gatos, o a unos pocos cientos de personas quizá. (Y a millones de animales). Esa epidemia brasileña del 1984 no existió. Claro que London tenía presentes las recientes epidemias de Fiebre Amarilla, que no eran cosa de broma. Y pocos años después de que London escribiese este relato, la Gripe Española se juntó con la Primera Guerra Mundial, y le sumó entre 20 y 100 millones de muertos en todo el mundo. Se infectó cerca de un tercio de la población mundial. Hoy casi nadie se acuerda de eso—la memoria es corta, y la previsión no digamos. Del Sida, la peste escarlata de nuestra generación, han muerto más de 25 millones de personas en los últimos 25 años. Pero nos parece totalmente descartado que pueda haber una pandemia universal como la que describe London.

La tesis de London es que la civilización crece hasta que se destruye a sí misma, y que volverá quizá a resurgir lentamente para volver a caer. Tenemos un nivel—que lo da la propia naturaleza humana, fundamentalmente rapaz. Las guerras y las armas se inventarán una y otra vez, y la sociedad volverá a estructurarse con sistemas opresivos de explotación humana. Esta "violencia organizada" que llamamos civilización permite, según la tesis visible en el relato de London, canalizar las energías humanas hacia la producción, y reducir así (escasamente a veces) el enfrentamiento directo por los recursos entre clases o entre grupos humanos—pero esto tiene otros costes: la no sostenibilidad de estas estructuras productivas. La urbanización creciente y el desarrollo incontrolado de la población ("incontrolado" por la destrucción masiva) nos lleva a chocar con nuestros límites como especie. Así describe Jack London, o más bien su narrador interno, el viejo Granser, que cuenta a sus nietos, los nuevos salvajes, cómo pudo la Peste acabar con la civilización humana:


"In spite of all these diseases, and of all the new ones that continued to arise, there were more and more men in the world. This was because it was easy to get food. The easier it was to get food, the more men there were; the more men there were, the more thickly were they packed together on the earth; and the more thickly they were packed, the more new kinds of germs became diseases. There were warnings. Soldervetzsky, as early as 1929, told the bacteriologists that they had no guaranty against some new disease, a thousand times more deadly than any they knew, arising and killing by the hundreds of millions and even by the billion. You see, the micro-organic world remained a mystery to the end. They knew there was such a world, and that from time to time armies of new germs emerged from it to kill men. And that was all they knew about it. For all they knew, in that invisible micro-organic world there might be as many different kinds of germs as there are grains of sand on this beach. And also, in that same invisible world it might well be that new kinds of germs came to be. It might be there that life originated-the 'abysmal fecundity,' Soldervetzsky called it, applying the words of other men who had written before him...."

Evidentemente London está escribiendo antes de la era de los genes, del ADN y de la secuenciación de genomas (y Soldervetzsky también...). Pero el fenómeno que describe a su manera, la mutación de los virus y bacterias, y el desarrollo de variedades resistentes a los antibióticos—que también están en el futuro para London, no lo olvidemos— es bien cierto, y la claridad de pensamiento de London y su capacidad de anticipación son no menos que admirables.

Así se describe el desarrollo de la resistencia a los antibióticos en un artículo sobre medicina evolutiva que me leía hoy (Randolph M. Nesse y George C. Williams, "Evolution and the Origins of Disease", Scientific American 279, 1998):


Antibiotic resistance is a classic demonstration of natural selection. Bacteria that happen to have genes that allow them to prosper despite the presence of an antibiotic reproduce faster than others, and so the genes that confer resistance spread quickly. As shown by Nobel laureate Joshua Lederberg of the Rockefeller University, they can even jump to different species of bacteria, bonre on bits of infectious DNA. Today some strains of tuberculosis in New York City are resistant to all three main antibiotic treatments; patients with those strains have no better chance of surviving than did TB patients a century ago. Stephen S. Morse of Columbia University notes that the multidrug-resistant strain that has spread throughout the East Coast may have originated in a homeless shelter across the street from Columbia-Presbyterian Medical Center. Such a phenomenon would indeed be predicted in an environment where fierce selection pressure quickly weeds out less hardy strains. The surviving bacilli have been bred for resistance.

En tiempos de London también se asociaban las migraciones humanas, las condiciones hacinadas e insalubres, etc., a las plagas. La lección para algunos críticos culturales es el prejuicio social que denotan; la lección para los evolucionistas es el fundamento real de estas especulaciones. La superpoblación que lleva al desarrollo de sistemas médicos urbanos tienen un curiosa contrapartida evolucionista—sobrevive a estos controles lo más adaptado, es decir, lo más mortífero. Esto no siempre es así, claro—en el caso del SIDA, la existencia de un tratamiento puede contribuir, paradójicamente, a la instalación permanente de las variedades menos mortíferas de SIDA que coexistan con el desarrollo y reproducción de la población.

Nesse y William, en su línea darwinista sintética (la del "gen egoísta") observan que la selección natural no lleva necesariamente a maximizar la salud sobre la enfermedad:

The assumption that natural selection maximizes health also is incorrect—selection maximizes the reproductive success of genes. Those genes that make bodies having superior reproductive success will become more common, even if they compromise the individual's health in the end.

Bien, pues London, con una visión menos seleccionista-gradualista, y más catastrofista (en esto no es darwiniano) parece ver una lógica parecida al nivel de la civilización humana. Crecemos, como genes egoístas, sin vistas a la sostenibilidad del organismo que nos sustenta—sólo llevados por la lógica de que es posible hacerlo, aprovechando los recursos disponibles (y organizándolos para ese crecimiento inmediato, que hasta allí nos llega la previsión que no tienen los genes). Pero la lógica superior no es gradualista, sino catastrofista. Somos caldo de cultivo para otros genes más competitivos que los nuestros. Y la historia humana, en la visión pesimista de London, no puede ser sino una sucesión de castillos de naipes que se derrumban—pues el mundo sigue una lógica evolutiva que no está bajo nuestro control, ni siquiera bajo nuestra previsión. Aunque algunos lo vislumbren, aquí o allá.

El viejo Granser, último superviviente de la vieja civilización, y a quien sus nietos semisalvajes apenas comprenden en su narración del Año de la Peste, termina su relato angustiado, meditando cómo no servirán para nada los libros que ha atesorado, tratando de resguardar el saber de la civilización desaparecida. Tanto da—porque la humanidad, según ve, se elevará de nuevo sólo hasta el nivel que le es dado, repitiendo la organización social que les permita reconstruir una civilización siempre precaria, siempre provisional, creciendo hasta que vuelva a tocar techo. Y la media no es nunca muy alta:

"Only remain cosmic force and matter, ever in flux, ever acting and reacting and realizing the eternal types-the priest, the soldier, and the king. Out of the mouths of babes comes the wisdom of all the ages. Some will fight, some will rule, some will pray; and all the rest will toil and suffer sore while on their bleeding carcasses is reared again, and yet again, without end, the amazing beauty and surpassing wonder of the civilized state. It were just as well that I destroyed those cave-stored books—whether they remain or perish, all their old truths will be discovered, their old lies lived and handed down. What is the profit—"

Hare-Lip leaped to his feet, giving a quick glance at the pasturing goats and the afternoon sun.

"Gee!" he muttered to Edwin. "The old geezer gets more long-winded every day. Let's pull for camp."

—The wisdom of all ages. Perdonen el post tan largo. Es que hoy me he comprado la Metafísica de Aristóteles.



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PS, dos años más tarde (junio 2011): una interesantísima conferencia sobre virus y epidemiología evolutiva de Carl Zimmer, en The Loom: "Viral Time". Me temo que sigue confirmando muchos aspectos de las especulaciones de Jack London. Los virus están en más sitios de los que pensábamos: no sólo en la mayor parte de nuestro genoma, sino también, probablemente, en el origen de la vida. Y en su evolución. Zimmer es autor de un libro sobre un microbio familiar, e. coli, y también de otro titulado A Planet of Viruses.





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