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lunes, 11 de noviembre de 2024

Ángel García Benedito - en Pirineo y Manta

Un pasaje de Pirineo y manta, de Enrique Satué.

Habla de mi abuelo Ángel García Benedito, maestro de Escuer, asesinado por falangistas durante la guerra civil. Aquí vemos su personalidad y su trabajo en el recuerdo de sus alumnos.

 





 

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sábado, 28 de mayo de 2022

Ángel García Pomar - LA MAESTRA

 

LA MAESTRA   (A   EUSEBIA POMAR GUILLÉN)

 

     

¿Un relato? ¿Una historieta? ¿Una anécdota? ¿Una historia? La realidad supera a la ficción. Allá va. 

En un lugar del Pirineo, cuyo nombre tendrás tú que averiguar, bastante más de cien años ha, nació UNA MAESTRA. Y digo que nació MAESTRA porque eso quiso ser desde que balbuceó sus primeras palabras, aunque al principio sólo lograba decir que quería ser “MAETA”.  A ese fin dedicó todos sus afanes. Vosotros juzgaréis.

Su padre, Benito, agricultor en los Monegros, había hecho el servicio militar en Cuba y al regreso, cansado de ver sequías y deseoso de ver España, compró una galera y unas mulas y, junto con uno de sus hermanos, durante varios años, ese fue  su menester.

Para sufragar los gastos compraban lo que más abundaba en el país que atravesaban e iban vendiéndolo a lo largo del camino. Naranjas en Valencia, mantas en Palencia…. Decía su hija, LA MAESTRA, que contaba anécdotas de cualquier lugar de España donde llegase una carretera, de carro, lo mismo de Galicia como de Andalucía.

Pero todo tiene su término y a él se le acabó la carretera antes de llegar a  Sallent de Gállego. Era lógico porque en aquel entonces estaban empezando a construirla. Y, cosa atípica, empezaron a construirla por el fin. En Sallent decían que si se empezaba por el final siempre se encontraría presupuesto para llegar a enlazarla si éste se acababa. Como siempre, tenían sus buenas influencias y las emplearon.

Sallent  estaba rebosante de obreros con dinero y sin tiendas donde comprar. Así pues, allí llegaron, aunque no me explico cómo, nuestros incansables viajeros y, encontrando  un vacío comercial, montaron el primer comercio fijo del Valle de Tena de que tengo noticia. Eso fue  hacia 1880-84.

Allí, con Dámasa, una sallentina vecina, fundaron su familia.

Pero aquí no nació la MAESTRA sino un hermano suyo. Valle abajo avanzó la carretera, con ella los obreros  y la tienda tras ellos. En el pueblo de esta segunda tienda del Valle de Tena nació LA MAESTRA que nos ocupa.

Al bautizo no asistieron sus abuelos, tíos ni parientes de Sallent, porque aquel año, por Todos los Santos, cayó una gran nevada. Su madre tampoco fue a la iglesia, pues no era prudente el salir de casa con esa gran nevada y un parto tan reciente. Pero sí tuvo una gran sorpresa:

- ¿Sabes cómo se llama tu hija?  Le preguntó la madrina al regresar de la iglesia.

- MARÍA, como dijimos- contestó la madre.

- No; se llama EUSEBIA. El Cura ha dicho que no se le debía quitar un nombre tan bonito como se ha traído.

Dos años más tarde, en 1892, finalizadas las obras de la carretera, comercio y familia se trasladaron a Biescas.

Aquí hicieron una gran amistad  con dos maestros jóvenes que acababan de llegar y que pronto contrajeron matrimonio: D. Amadeo y Dª. Maximina.

Ambos influyeron  grandemente en el destino de nuestra MAESTRA.

De los 6 a los 13 años Eusebia asistió a la Escuela de Biescas con toda normalidad. Debe subrayarse, eso sí, su aplicación y sentido de la responsabilidad.

Por aquel entonces, no existía el Ministerio de Educación, ni con este nombre ni con los que sucesivamente se le van adjudicando, y los Maestros, aunque conseguían su plaza por oposición, dependían económicamente del Ayuntamiento. Según costumbre recibían al final del año, un canastillo lleno de duros pesetas, perras gordas (10 céntimos ), perras chicas ( 5 céntimos) y céntimos propiamente dichos (gordos y chicos)

Al comercio de Biescas acudían muchos clientes,  siendo habituales los de Sallent, que no pasaban sin visitar a su paisana.  El más destacado de todos, al menos por su estatura, era el GIGANTE DE SALLENT, que también era admirado por su fuerza. Los sacos que un hombre normal llevaba apurado en sus espaldas, los llevaba él sin esfuerzo bajo el brazo y no uno, sino dos.

Cuando entraba en  la cocina debía instalarse  encogido, con la cabeza entre dos vigas. Tapaba con la punta del dedo pulgar un duro de los “Amadeos” sin que pudiera verse nada en absoluto.  Destacaba también por su carácter bonachón.

En 1903, cuando Eusebia contaba 13 años y sólo le quedaba uno de ir a la Escuela, murió el Maestro, idóneo, o enseñante que se ocupaba de los niños de 4 a 6 años y a D. Amadeo  y  Dª.  Maximina se les vino el cielo encima de pensar que sus nuevos alumnos ingresaran sin distinguir siquiera las vocales. He de aclarar que, por aquellas fechas, la matrícula normal en las escuelas de Biescas rondaba los 130 alumnos y otras tantas alumnas, atendidos por un maestro y una maestra.

Se hicieron muchas gestiones para mantener la escuela de 4 a 6 años abierta, pero nadie en el pueblo quería hacerse cargo de esa tarea.

Como la alumna, Eusebia, de 13 años, era despierta, aplicada, responsable y tenía una indudable vocación de MAESTRA, D.  Amadeo le propuso que se encargara de esa clase.

Tras  muchas dudas por parte de todos, pues había que buscar también un local, prepararon una sala grande en lo alto de la casa y ayudada por su madre, que, de tanto en tanto subía de la tienda para colaborar, empezó su tarea.

Cobraba una peseta al mes por cada niño. Esto lo pagaban los padres.  Si el niño se constipaba o tenía el sarampión, se reducía  la  aportación a 80, 60, 40….céntimos.

Todo lo que ganaba lo dedicó, desde el primer momento, para sufragar sus estudios de MAESTRA.

Sus estudios de Magisterio los hizo por libre, ayudada  principalmente por D.ª  Maximina, su vecina y maestra y que , con el tiempo, llegaría a ser su cuñada. Pero con sus 130 alumnas, la casa, los hijos y preparando las labores de costura, que entonces se hacían en la escuela, quedaba muy poco tiempo. Así pues, tuvo que afrontar sus estudios casi sin ningún apoyo.

La vida era sencilla y en las largas y oscuras tardes de invierno, se juntaban las dos familias para contar los sucesos del día, narrar cuentos o leer historias del  periódico a la luz de las velas o las  teas, aunque, a partir de 1901, ya pudieron hacerlo a la luz de las bombillas.

Cuando Eusebia acabó sus estudios, comenzó  a preparar las oposiciones al Magisterio.  El lugar más cercano para hacerlas era Zaragoza y ya debía haber tren pues no recuerdo oírle hablar de ir en diligencia.  Dª Maximina en 1890 vino a Biescas, desde Huesca, en diligencia de caballos, haciendo noche en Santa María de la Peña.

Seis veces se presentó a las oposiciones, con sus correspondientes desilusiones, pero siempre fue tenaz y constante y al final, a sus 26 años, fue destinada a Otal. Hoy ahí no vive nadie. Llegó la lluvia amarilla.

Otal Tenia entonces 18 hogares. Entre 100 y 120 habitantes en verano. En invierno, solamente quedaban en el pueblo los ancianos, las mujeres y los niños. Los hombres iban con el ganado a la tierra baja.

Saliendo de Biescas, al Este, tras una montaña cubierta de nieve la mitad del año, se encuentra Otal.

Para llegar a Otal, que está a 1470 m. y es el pueblo más alto de toda la comarca, si se va andando, lo mejor es subir a Erata por Barbenuta y Espierre. Una vez en la punta,  a 2005 m., ves el pueblo abajo en un valle muy solano.

Esta es la ruta que eligieron Eusebia, sus padres, D. Amadeo y los acompañantes que desde Otal vinieron a buscarlos con caballerías.

Como siempre, con los machos cargados a tope, les costó 6 horas llegar al pueblo. Todos alabaron la valentía de la Maestra que, sin descabalgar, había llegado al pueblo atravesando los tramos más peligrosos, donde era frecuente que las caballerías resbalasen e incluso cayesen.  Había una explicación: la Maestra iba aterrorizada y confiaba más en el instinto del animal que en sus propias fuerzas. Por otra parte, si se desmontaba, no había en todo el trayecto un punto donde volver a montarse en aquellas bestias enormes, tranquilas y sensatas.

Todo esto aconteció el día de S. Ramón, 31 de Agosto de 1916, en plena  primera Guerra Europea.  Cuando llegaron ahí, sólo se escuchaban la bandurria, guitarra y acordeón, usuales en las fiestas de los pueblos en aquel entonces, y es que, ese día, se celebraba la fiesta en Otal.

Del sol de la montaña, llegó roja y quemada y, visto el panorama de aislamiento y soledad que le esperaba, le entró tal llantina que, a pesar de la fiesta, los halagos de todos y su natural comedido, no se pudo contener.

A esto habían venido a parar todas sus ilusiones, todos sus esfuerzos, todos sus sacrificios, estudiando después de las horas de clase, incluso a la luz de la Luna, ahorrando peseta a peseta, céntimo a céntimo, para poder desplazarse a Zaragoza a unas oposiciones tantas veces fallidas.

Ya más calmada, pues, eso sí, sabía sobreponerse a las situaciones más adversas, se hizo cargo de la situación y resolvió que tenía que aceptar la realidad por dura que le pareciese.

Para consolarla, los vecinos le explicaron que en el invierno, durante muchos días, a veces meses, no se abría la escuela a causa de las nevadas y las ventiscas que envolvían las puertas de nieve y por lo tanto no tendría que ir a trabajar.

“¿Ve Vd. esa borda?, pues cuando nieva en invierno todo se queda parejo y los terneros, cuando salen a beber, se pasean por el tejado lo mismo que por la calle.”

A Eusebia, que ante todo estaba allí para ser maestra y no concebía pasarse el invierno sin trabajar, no le gustó la perspectiva, así  que, cuando llegaron las grandes nevadas, consiguió que le abrieran camino hasta la escuela, adonde iba a veces por trincheras de nieve más altas que ella, y no era pequeña.

En las Navidades y Pascuas, las únicas salidas que hacía durante el curso, el paso a través de la montaña de Erata, con la nieve, estaba impracticable. Hacían el viaje por Escartín, Ainielle, Berbusa, Oliván, Orós Bajo y Orós Alto, con paradas en las casas de familiares y conocidos de los acompañantes, lo cual, unido al paso seguro pero cansino de las caballerías, hacía que empleasen todo el día.

 Llorando entró y llorando se marchó de Otal, tras seis años de estancia. Todo el pueblo salió a despedirla. Allí dejaba enterrado en el pequeño cementerio, a su padre, que la acompañó en sus últimos años y que, tras haber recorrido todas las carreteras habidas, vino a terminar sus días en  un pueblo en el que ni siquiera llega, hoy en día, una pista forestal.

Por concurso, salió destinada a Belber de Cinca, un pueblo ya mayor y con mejores comunicaciones, de donde recordaba las grandes celebraciones que hacían para la fiesta del árbol.

Durante su estancia en Belber, contrajo matrimonio con ÁNGEL, hermano de sus antiguos maestros y vecinos con los cuales seguía teniendo una estrecha relación. Era el amor de su vida.

Fue ahí donde se le presentó un gran dilema: debía escoger entre marchar a vivir a Escuer (hoy Escuer Alto), sin carretera, abandonando la profesión que tanto esfuerzo le había costado, o bien continuar en Belber  separada de su marido. Sin dudarlo, pero con gran duelo, optó por lo primero.

En  el  año 1930, en un concurso de traslados, consiguió  la escuela de Biescas, que además acababa de estrenar edificio.  Todo iba de frente.

Su marido,  Ángel, animó al Ayuntamiento y tras muchas gestiones en Madrid, habían conseguido trasladar el pueblo de Escuer, muchas de cuyas casas presentaban grietas por corrimientos de tierras, al actual emplazamiento junto a la carretera.  Muchos de sus vecinos, que trabajaban en las obras de los barrancos de Arás  y Arratiecho, vieron  acortada sensiblemente la distancia al trabajo y él mismo podía desplazarse y vivir en Biescas. 

Pero esto es otra historia y larga,  sigamos con la Maestra.

Y llegó la guerra.  A los quince días de comenzar ésta, cuando aún nadie sabía bien por dónde venían los tiros,  Eusebia se enteró bien a dónde iban a parar.  Su marido fue la primera víctima de toda la comarca.

Llorando, sin consuelo posible, comprobó que perdía la vista. No podría dar clases.  Era viuda y con tres hijos a su cargo. Tomó la determinación de no llorar más.  Se hizo a sí misma un pacto silencioso de silencio.  Ese tema era tabú y nadie quiso en adelante provocar más llantos.

Respetaremos el pacto. Pasaremos por alto los momentos y escenas más tristes  y nos ceñiremos en lo posible a los aspectos más profesionales.

Continuó ejerciendo su profesión en uno u otro bando, siempre en su escuela, dependiendo de los azares de la guerra.

Toda Maestra lleva en su interior un instinto de segunda madre.  Muchas de las maestras, durante la guerra, tuvieron, bien a su pesar, que ejercerlo a tope.

A fin de sacar a los niños de los peligros del frente, se crearon las Colonias Escolares. A una de ellas, en las Vilas del Turbón (Huesca), fueron a parar los niños y  maestras de Biescas.  Allí la dedicación a los alumnos era exclusiva, incondicional  e ineludible. Día y noche, 24 horas.

 Era la supervivencia. Era suplir a cada madre, que estaría llorando y que sólo tenían el pequeño consuelo de pensar que sus hijos estaban en manos de personas en las que siempre habían confiado y que no los abandonarían. Pero era la guerra…

Fueron maestras y madres de día y de noche, con los enfermos y con  los díscolos, procurando suplir la falta del amor maternal y los momentos tristes que a veces embargaban sobre todo a los más pequeños. Nadie estaba  seguro de que volviesen a ver a sus padres y eso los niños instintivamente lo percibían.

Como premio a esta gran labor, al reincorporarse con sus alumnos a la zona llamada nacional, fueron suspendidas de empleo y sueldo, probablemente por haber ejercido su profesión en el bando contrario.

Esta situación duró varios meses. El dinero ya no valía, pues había una nueva moneda, los ahorros se acababan y su situación no se resolvía. Así pues Eusebia, que como maestra siempre había impartido la justicia entre sus alumnos, creyó que aquella nueva sociedad no podría funcionar sin, al menos, un atisbo de justicia. Se armó de valor y junto con Maximina, su antigua maestra y ahora  inseparable compañera de desgracias, ésta no muy convencida, solicitaron una entrevista con el entonces Director General de Enseñanza Primaria.

Hasta el año 1959 ejerció su labor en Biescas, luchando tenazmente porque sus hijos alcanzasen al menos los mismos estudios que ella. No era tarea fácil. En primer lugar, sólo había un Instituto Oficial en Huesca y en aquellos tiempos de racionamiento, ya era un logro conseguir la supervivencia. Para desplazarse a Huesca se necesitaba un salvoconducto de fronteras cuyo costo venía a ser bastante más de la mitad de un jornal y sólo valía, cuando más, para 15 días.

Jamás profirió Eusebia una palabra de odio o venganza. Fue cristiana en el sentido más profundo de la palabra.  No concebía la mentira ni como broma.

Entre 1929 y 1959, junto con su cuñada que ejerció cincuenta años, todos ellos en Biescas, fueron maestras de abuelas hijas y madres de toda esta villa.

En total, desde 1903 hasta 1960, fecha en que se jubiló a los setenta años,  transcurrieron cincuenta y siete, todos dedicados a la enseñanza. Quizá vosotros sepáis  de otros records.

Tras una permuta, acabó su carrera en Saqués y justamente aquel día, tras un gran temporal de lluvias se cortó, en el Zoque, la carretera que construían cuando nació.

Hoy,  desde el pueblo en que nació hasta el que finalizó su profesión (quien iba entonces a pensarlo), como dice la Ronda de Boltaña, puede uno desplazarse en un barquito de vela. Pero esta vez de verdad.

Sirvan estas líneas de homenaje, aunque breve, para estas dos, y en general todas las maestras que, muchas veces incomprendidas, han dejado su vida y su alma esparcida por los yermos, como decía, no hace tanto, una de ellas.

Tres han sido los motivos que me han llevado a escoger a esta MAESTRA.

1º-  La conocía muy bien.

2º- No tengo noticia de nadie que haya dedicado más tiempo a la enseñanza.

3º- Era, y seguirá siendo siempre, mi MADRE y MAESTRA.

 

 

Ángel García Pomar 

Biescas, marzo de 2004

 

 

 (Texto incluido en el libro
Maestras. Zaragoza. Prames, 2004).

 

 

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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Retropost #1902 (13 de diciembre de 2007): Caja de sorpresas

Caja de sorpresas

Publicado en Cómo somos. com. José Ángel García Landa

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Pues hoy sin muchas ganas de escribir. La muerte funde un tanto los plomos cuando da cerca con el rayo desintegrador. A cambio hablamos bastante con la familia, que se materializa súbitamente o telefonea como posesa. También son ocasiones para que uno oiga cosas que no creía oír—la realidad siempre desfamiliarizándose, como diría Shklovski. Pero hay que mantener el cráneo entrenado y acostumbrarse a ella continuamente: las cosas nunca son como pensábamos que iban a ser. Y eso que el abuelo tenía bien planificado su funeral.


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martes, 12 de diciembre de 2017

Retropost #1901 (12 de diciembre de 2007): 1914-2007

1914-2007

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

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"Has visto nacer, y has visto morir—ya sabes qué cosa es la vida."



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Hoy hace 10 años que falleció el abuelo de los pequeños, José Penas.

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domingo, 10 de diciembre de 2017

Don Ángel y el pueblo redimido


Hace poco se ha publicado, en Doce Robles, el libro de Víctor Juan Crónicas de la vieja pizarra, sobre viejos maestros aragoneses. Entre ellos hay un capítulo sobre mi abuelo, Ángel García Benedito. 

 Aquí en la web de Víctor Juan se habla del libro y hay entrevistas sobre él. Y aquí en mi blog también anuncié la publicación de Crónicas de la vieja pizarra.

Es muy de agradecer la atención que han prestado a la figura de mi abuelo, y a su historia memorable y tremenda, tanto Víctor Juan como Enrique Satué en algunos de sus libros sobre el alto Aragón.  Había un relato de Enrique Satué, junto con otros sobre pueblos y sus maestros, en Pirineo de Boj. Y aquí hay una artículo de la revista Serrablo donde recuerda Enrique Satué la figura de mi abuelo y su labor en Escuer:


Satué Oliván, Enrique. "Don Ángel y el pueblo redimido (I)." Serrablo 173 (Nov. 2015): 14-17.*
         2017

Aquí hay algunos enlaces más referidos a mi abuelo, a su labor ejemplar como maestro, y a su asesinato durante la guerra civil:


García Landa, José Ángel. "Muertes paralelas / No se fusila en domingo." In García Landa, Vanity Fea 28 May 2006. (Sánchez Dragó; Pablo Uriel).
         2006-05-31
_____. "Espectros de España por aquí." In García Landa, Vanity Fea 18 July 2008.
         2008
_____. "Historia de algunos asesinos, gente de orden." In García Landa, Vanity Fea  3 Feb. 2010.*
         2010
_____. "El Informe del Párroco y el Pliego de Cargos." In García Landa, Vanity Fea 2 July 2010.*
         2010
_____. "Maestros del Pirineo." In García Landa, Vanity Fea 6 June 2012.*
         2015
_____. "Historia del abuelo." In García Landa, Vanity Fea 11 April 2013.*
         2013
_____. "Ángel García, maestro de Escuer." In García Landa, Vanity Fea 16 March 2014.*
         2014
_____. "Un relato que habla del abuelo." In García Landa, Vanity Fea 21 March 2015.*
         2015
_____. "Instancia del abuelo, 1893." In García Landa, Vanity Fea 17 July 2015.*
         2015
_____. "Más para la historia del abuelo." In García Landa, Vanity Fea 10 Oct. 2016.*
         2016
_____. "La redención de un pueblo por el esfuerzo de un maestro nacional." In García Landa, Vanity Fea 13 Oct. 2017.*
         2017
Gómez, Esteban C. El eco de las descargas: Adiós a la esperanza republicana. Barcelona: Escego, 2002.*
Juan, Víctor. "Ángel García Benedito." (De escuelas y maestros). Heraldo de Aragón 26 Oct. 2016.*
_____. "Ángel García Benedito." In Víctor Juan, De escuelas y maestros 26 Oct. 2016.*
         2016
_____. "De escuelas y maestros: Ángel García Benedito." From  Heraldo de Aragón 26 Oct. 2016. In García Landa, Vanity Fea 27 Oct. 2016.*
         2016
Mateos y Sánchez, José. "La redención de un pueblo por el esfuerzo de un Maestro Nacional." El Magisterio Español 58 no. 7,084 (Madrid, 22 Nov. 1924): 399-400.*


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Los abuelos en Francia

Los abuelos en Francia con tío Víctor y tía Encarnita

jueves, 7 de diciembre de 2017

Retropost #1894 (7 de diciembre de 2007): Un instant

Un instant

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

2001
Estamos en una fase de hospitales, y sábanas y oxígeno, y cuartos con ventana pequeña, y esperas, y confusos monólogos interiores. Como en una novela de Beckett (o como en la vida misma, mientras dura, dura).

Et il en est peut-être là de son instant où vivre est errer seul vivant au fond d'un instant sans bornes, où la lumière ne varie pas et où les épaves se ressemblent. Les yeux à peine plus bleus qu'un blanc d'œuf fixent l'espace devant eux, qui serait alors le plein clame éternellement des abîmes. Mais de loin en loin ils se referment, avec cette douce soudaineté des chairs qui se serrent, souvent sans colère, et se referment sur elles-mêmes. Alors on voit les vieilles paupières, rouges et fripées, qui semblent avoir du mal à se rejoindre, car il y en a quatre, deux pour chaque lachryme. Et c'est peut-être alors qu'il voit le ciel du vieux rêve, des croisières et de la terre aussi, et les spasmes des vagues dont nulle ne bouge sans que toutes les autres en bougent d'autant, et le mouvement si différent des hommes par exemple, qui ne sont pas attachés les uns aux autres mais libres d'aller et venir, chacun à sa guise. Et ils ne s'en font pas faute et vont et viennent, dans le fracas de crécelle de leurs déclics de grands articulés, chacun de son côté. Et quand il y en a un qui meurt, les autres continuent, comme si de rien n'était. (Samuel Beckett, Malone meurt).

(Et cependant j'écris sur moi, avec le même crayon, dans le même cahier, que sur lui).




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En la Casa Grande

Aquí estoy en la Casa Grande, la siniestra Casa Grande donde nos acercamos todos sólo cuando no queda más remedio. Estoy con el abuelo en el cuarto, está solo, no le han puesto vecino. El cuarto está casi vacío: está la cama del abuelo, una maravilla de la tecnología, y los aparatos y goteros que la rodean. Y un par de sillones, y mucho trozo de suelo verde y paredes blancas y grises, todo vacío. Y un televisor apagado. Se oye el ruido de gorgoteo de aparatos llenos de agua haciendo burbujas, y la respiración trabajosa del abuelo. Cuando aún podía hablar me preguntaba, - “está muy bien esta instalación, pero.. todo esto, habrá que pagarlo” Y le decía yo, “Nada, hombre, tranquilo, de eso no se preocupe para nada, si ya lo tiene todo pagado, entra en el seguro”. Ahora ya no sé hasta qué punto se entera de algo, cuando me telefonean preguntando por él. Le han hecho una radiografía, le toman la tensión, la temperatura, lo tienen monitorizado, inyectado, y observado, pero casi más parece un acopio de información que nada que lo esté curando mucho. Hay cosas que no tienen curación, claro. Aparte, la digoxina al parecer le hacía tanto daño como bien, lo intoxicaba a la vez. No sabemos la cuenta atrás cómo va. Segundos, años. Le dan sustos repentinos, al parecer ve visiones, se altera, pero se calma enseguida. No sé si está consciente, aunque tiene los ojos abiertos, y te mira, pero no está claro lo que ve o lo que piensa. Yo también lo monitorizo. Qué le vamos a hacer, si no. Al final no tenemos nada, sólo aparatos para monitorizarnos. No nos quedamos ni con lo puesto. No creo que vuelva a ver a los nietos. Pero quién sabe. Desde la ventana se ven más habitaciones, donde hay más gente, la mayoría supongo con mejores perspectivas (ven ventanas con peores perspectivas). Y terrazas, estamos altos, y casas donde vive gente que conozco, entre ellas la mía supongo, más a lo lejos, y hasta las torres del Pilar se ven por encima de los tejados, y montañas muy lejos, con esas vistas panorámicas que da Aragón. Hay un helipuerto, donde veo aterrizar y despegar a los casos más graves o más urgentes supongo. Y el cielo nublado y plomizo todo el día… Vaya, de repente una luz dorada al caer el sol, cuando me asomaba a comprobar la exactitud de la descripción. Y un azul inexpresivo. Las sábanas: sábanas de hospital, impresas: pone al menos una veintena de veces en ellas: salud, salud, salud…Le ha bajado la tensión al abuelo en la última medición. No creo, sin embargo, que salga de ésta. Continúa el gorgoteo de los goteros; entre ensueños y delirios se podrían confundir con una fuente a la sombra de algún rincón de Galicia, en 1919.





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domingo, 3 de diciembre de 2017

Retropost #1889 (3 de diciembre de 2007): En picado

En picado

Publicado en Sin tema. com. José Ángel García Landa


En picado está cayendo el abuelo, justo antes de cumplir los 93. Si mis padres hubieran venido la semana pasada, lo habrían encontrado en su ser, tan normal, con su ritmo lento el hombre. Pero hoy, una semana después, no sé si lo van a encontrar en absoluto cuando vengan esta tarde. Tras una gripe, se ha desorientado y ha perdido la noción de dónde está y qué es lo que va a hacer. Primero con despistes ligeros, pero desde ayer tarde está entrando en un mundo irreconocible. Se levanta y no sabe dónde va, sale al balcón creyendo que es la cocina, y ni siquiera cuando le señalas la calle comprende dónde está. Los recuerdos y la información básica sobre quién es y dónde está se le volatilizan como por ensalmo, y delira: ve cosas por el suelo, charcos, hormigas; globos flotando por el aire, terneras en el cuarto—o se mete en la ducha con una vaga idea de ir a ver a no sabe qué vecino y se queda allí traspuesto. Y sin embargo anteayer vinieron a verlo su hija y nietos de Madrid, y los reconoció a todos y bien que se alegró de la sorpresa. La cosa va de un momento a otro: de repente ya no sabe bien en lo que está, se pregunta si está viviendo en un colegio, no distingue un cuarto de otro ni entiende lo que le preguntas—está en otra película (de buen humor, pero en otra dimensión). Lo peor es que sin información no funcionamos, no hay manera. Se levanta a afeitarse a las seis sin una idea muy clara, no encuentra la luz, y se ha dado un costalazo. Cierto que aun teniendo información apenas se tenía en pie esta semana. Posiblemente tenga la cadera rota; de momento lo están examinando en el hospital. Me ha parecido una despedida definitiva cuando se lo llevaba la ambulancia. Es dudoso que se vuelva a parecer al que era: ése se ha ido esta semana sin que nos enterásemos, por evaporación súbita.

Y otra cosa que da miedo pensar, casi igual de terrible: lo poco que se enteran los niños de lo que está pasando y de lo que significa. Todo realidades alternativas que se cruzan a oscuras, ignorándose y casi sin tocarse.


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lunes, 26 de junio de 2017

Retropost #1675 (26 de junio de 2017): El asturiano, el gallego y el moro



Esta anécdota la cuenta el abuelo José Penas, de cuando estaba haciendo la mili en los regimientos del Marruecos español, allá por los tiempos de Abd el-Krim. Pasó un día en que estaba con un compañero suyo de mili, un asturiano bastante bruto pero muy buena gente, y estaba cayendo un aguacero tremendo, de los que por alguna razón no solemos asociar con el norte de África. Bueno, pues pilló por sorpresa a más de uno, porque paseando por fuera del campamento y sorprendidos por la tromba, vieron los dos soldadetes, el gallego y el asturiano, a un nativo que estaba desesperado en su huertecillo, contemplando la que estaba cayendo, pues se formaba tal riada que se le inundaban los surcos del huerto y el agua se le estaba llevando la tierra, amenazando con arruinarlo pero bien.

Y allí estaba el marroquí levantando los brazos al cielo, desesperado, implorando, "¡¡Alá!! ¡¡Alá!!"— y mirando impotente cómo el agua iba arrastrando su campo. Lo ve el asturiano, y empieza a decirle, "¡Pero hombre, moro!" —entonces se hablaban así, moros los llamaban directamente— "¡no te quedes ahí quieto! ¡Haz algo, salva tu campo! ¡Aparta el agua!" — "¡Alá, Alá es grande, Alá proveerá!" —

—"¡Pero qué.... Alá proveerá! Haz una zanja, hombre, que se vaya el agua por allí!" —"¡Alá sabe, Alá lo quiere!" —Y el asturiano, cabreado como una mona, le quita la azada al moro, se descalza, se remanga los pantalones y se mete en el campo, y empieza a hacer zanjas, canalizando el agua, y pequeños muros de contención, y ni corto ni perezoso le salva el campo mientras el otro rezaba bajo el diluvio. Y el gallego Penas, mientras, "Pero hombre, Asturiano, ¿tú le vas a arreglar el campo, y él allí haciendo reverencias a Mahoma? ¡Déjalo! Déjalo que se joda bien jodido el moro éste."
—Y el otro, que venía del pueblo directo, "—¿Y dejar que se eche a perder un huerto, hombre? ¡no! ¡Que es un crimen eso!" Y allí el asturiano a picar, mientras uno rezaba y el otro miraba, hasta que estuvo el campo bien canalizado.

—"¡Hala, moro, ahí tienes! ¡Eso es lo que tienes que hacer! ¡En lugar de tanto Alá-Alá, lo que hay que hacer es ponerse a trabajar, y emplear la cabeza, hombre, y salvar lo que es tuyo! ¡Pero como no lo hagas tú, ya puedes rezar, que Alá no proveerá!

Y le suelta el moro, "No, no, no es como tú dices. Alá proveerá. ¿Ves? Alá te ha enviado a ti para que salves mi campo."





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jueves, 27 de octubre de 2016

De escuelas y maestros: Ángel García Benedito


VÍCTOR JUAN, DIRECTOR DEL MUSEO PEDAGÓGICO DE ARAGÓN.


(Transcribo aquí una columna de Víctor Juan sobre mi abuelo Ángel García Benedito, que aparece en el Heraldo de Aragón el 26 de octubre de 2016 en la serie "De escuelas y maestros")


ÁNGEL GARCÍA BENEDITO




Gran parte de historia del magisterio podría resumirse en el compromiso de estos profesionales con sus alumnos en el interior de las aulas, pero también con la sociedad y con las personas de los lugares donde trabajaban. No es raro encontrar maestros que extendieron la acción cultural a la comunidad, pronunciaron conferencias, abrieron bibliotecas para toda la población, impulsaron la creación de cantinas y roperos. El caso de Ángel García Benedito (Berdún, 1878-Biescas, 1936) es uno de los más destacados. Era hijo y hermano de maestros. También su esposa, Eusebia Pomar Guillén, ejerció el magisterio en Otal y Biescas. Don Ángel completó sus estudios en la Escuela Normal de maestros de Huesca. Desde 1904 ejerció en Aguilar del Río Alhama y en 1918 se traladó a Escuer (partido de Jaca) donde consiguió aumentar la matrícula de la escuela, enfrentándose muchas veces con los padres que preferían antes servirse de sus hijos en las labores del campo que enviarlos a la escuela. Durante una epidemia de fiebres tíficas en el pueblo, ante la falta de asistencia especializada, el maestro visitó y atendió a los enfermos. También fundó un economato y una cooperativa agrícola que distribuía semillas, abono y herramientas de cultivo.

DE LA LADERA AL VALLE

Debido a su peligroso emplazamiento, Ángel García Benedito convenció a los vecinos de Escuer de la necesidad de trasladar el pueblo de la ladera al fondo bien comunicado y regado del valle, en la carretera de Panticosa. En 1924 en 'El magisterio de Aragón' podía leerse que el maestro de Escuer "encarga material de construcción y lo distribuye, solicita muestras y recibe género que va suministrando según las necesidades de cada uno, y con su actividad, competencia y celo va realizando la maravilla de fundar un pueblo nuevo a seis kilómetros de donde el antiguo estaba emplazado". La escuela del nuevo pueblo se inauguró en 1930 y en agosto de 1931, abrió sus puertas la nueva iglesia. Durante la Segunda República el maestro estableció una biblioteca con los libros que recibió del Patronato de Misiones Pedagógicas. Militó en Izquierda Republicana y fue amigo personal del inspector de escuelas Ildefonso Beltrán. Ángel García Benedito fue, sin duda, uno de esos maestros llamados a ser "las luces de la República." Por eso, quienes preferían las tinieblas lo asesinaron el 2 de agosto, unas semanas después del inicio de la Guerra Civil.



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sábado, 28 de mayo de 2016

Retropost #955 (28 de mayo de 2006): Muertes paralelas / No se fusila en domingo



Me acabo de comprar Muertes paralelas, libro en el que Fernando Sánchez Dragó reconstruye la muerte de su padre Fernando (Sánchez) Monreal, asesinado por los falangistas en el verano de 1936, y vuelve sobre la manera en que ese hecho ha marcado su vida irremediablemente.

Me lo he comprado porque mi abuelo, Ángel García Benedito, maestro nacional y hombre bueno, fue también asesinado por los falangistas ese mismo verano de 36, dos meses antes, a pocos días del infame 18 de julio. Promete ser una lectura interesante. Todas las familias españolas están marcadas por la Guerra Civil, así que no creo que haya una afinidad tan espectacular en este caso, ni en el paralelismo de su padre con José Antonio Primo de Rivera que da título al libro de Sánchez Dragó. Pero sí hay claro, elementos en común. También cosas que matizar.

Se pregunta Sánchez Dragó por los asesinos de su padre:

¿De qué Falange estamos hablando? ¿En qué medida eran falangistas auténticos, camisas viejas, los energúmenos y recién llegados que impusieron por doquier, en toda la extensión de la zona nacional, durante los dos primeros meses de la guerra, su inicua ley del gatillo? ¿A qué tipo, a qué facción, a qué clase de Falange, en suma, pertenecían los asesinos de Fernando Monreal y Luis Carreño?

    Responde Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y autor de varios libros sobre la guerra civil (Entre ellos, escrito a medias con Santos Juliá, Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, 1999), en una entrevista de enero de 2003 recogida por Montse Armengou y Ricard Belis en su obra, ya citada por mí, Las fosas del silencio. Éste es su testimonio:

     "Cuando se produce la sublevación militar en julio del 36, Falange es un grupo minoritario que, a diferencia de otros partidos fascistas europeos, como el italiano y el alemán, no ha creado una organización de masas ni ha tenido éxito en la movilización política dentro del sistema democrático. A partir de julio del 36, Falange es un partido que crece en tromba, porque mucha gente —católicos, ex-votantes de la CEDA, etc.— se sienten protegidos por este partido que crea una imagen de violencia y exterminio de los rojos. Hay una parte de imagen y otra que es real. Sin ninguna duda, Falange es un partido de promoción de la violencia, que la pone en práctica durante el llamado terror caliente del verano del treinta y seis. Actúan de verdugos de muchas de las víctimas que estamos analizando en los últimos años. El ejército tiene que intervenir algunas veces, porque los falangistas se están extralimitando en sus funciones." (Ob. cit., pp. 53 y 54).

    Y añaden de su cosecha los autores del libro citado: 

"Falange Española era un grupúsculo político que en las elecciones de febrero de 1936 recibió tan sólo cuarenta y cinco mil votos y no obtuvo ningún diputado. Su estética uniformada, el culto a José Antonio Primo de Rivera y la utilización que Franco hizo de ella inflaron la presencia y la influencia de la formación. No es de extrañar que algunos investigadores opinen que aquel partido de estilo fascista y paramilitar se creó a medida para el golpe del 18 de julio. Ello resulta verosímil si pensamos en el papel que los camaradas de Falange desempeñaron en detenciones, torturas, violaciones, paseos, mareos, limpias y toda la terminología inventada para designar una sola cosa: asesinatos en los cuales se disputaban el protagonismo con los militares y la Guardia Civil. Joan M. Thomas, historiador que ha investigado a fondo la Falange, cree que una mayoría del partido participó con entusiasmo y por iniciativa propia en la represión, sobre todo en los primeros tiempos de la guerra." (Ob. cit. pp. 54 y 55). 
 
(Sánchez Dragó, Muertes paralelas 222-24)

Sobre la descripción de Casanova, aclararé que no la cito, (ni yo ni Sánchez Dragó, supongo) con ánimo de negar que grupos criminales/terroristas del bando contrario hayan cometido actos comparables— probablemente incluso más numerosos antes de la guerra, y menos reprimidos ésos por las autoridades del Frente Popular. Sí matizaría, estando de acuerdo con esta descripción en términos generales, que el calificativo de "verdugo" (aplicado hoy con frecuencia también a los terroristas etarras o islamistas) está invariablemente mal empleado. Un verdugo ejecuta a un reo por mandato legal tras un proceso judicial; estos falangistas eran grupos terroristas no amparados por ninguna legalidad que ni yo, ni Casanova, ni Sánchez Dragó supongo, reconozcamos. De ahí que el término esté mal utilizado para describir a esas pandillas falangistas: eran asesinos, no verdugos. Un verdugo es lo que hubieran merecido ellos, en un mundo mejor ordenado. 

Continúa inmediatamente Sánchez Dragó, comentando la exposición de Las fosas del silencio:

Bien. . . o mal. O las dos cosas. Separemos el trigo de los datos de la paja de las opiniones. Todo lo que dice Julián Casanova es cierto, o lo parece, aunque no sobraría recalcar que la promoción de la violencia llevada a cabo por la Falange fue posterior al Alzamiento [tch tch, ese lenguaje . . . ] y no —en contra de lo que la propaganda izquierdista, [sic la coma] ha conseguido infundir en muchas molleras de ésas, tan abundantes, a las que nada importa deglutir ruedas de molino- anterior a él. Al Alzamiento, decía. . . [re-sick] (Sánchez Dragó, 224).

Supongo que cada uno cuenta la guerra según le va. Pero debería informarse más Sánchez Dragó antes de pontificar así sobre la inocencia original de la Falange. A mí desde luego me deja un tanto escéptico . . . 

Tampoco es de recibo, sino que antes bien suscita indignación, la mía al menos, lo que Armengou y Belis hacen al dar por buena —no es de extrañar, dicen— la delirante opinión, sostenida, al parecer, por algunos investigadores, cuyos nombres no citan (aunque con esta observación no esté poniendo yo en duda su existencia, seguro que los hay, y a chorro) de que la Falange se creó,  vivir para oír, ¡a medida para el golpe del 18 de julio! Ni que decir tiene que los signos de indignación, que no, en modo alguno, de admiración, son míos. (Sánchez Dragó, 224)

Aquí critica Sánchez Dragó el hindsight bias que supone el ver en la fundación de la Falange una prefiguración de la Guerra Civil. Y pasa a culpar al vandalismo del Frente Popular el crecimiento del desorden que llevó a la espiral de violencia. Bien, desde luego la fecha del 18 de julio no aparece en el acta fundacional de la Falange. Pero, habida cuenta de los precedentes fascista y nazi, ¿alguien puede dudar que estaba entre los sueños, delirantes quizá entonces, de la Falange, el hacerse con el poder al estilo camisa parda, negra, o azul, y arramblando con el régimen, comunista o demócrata, que hubiese en su momento? ¿Se iban a suprimir los partidos, y "el capitalismo", y se iba llevar a cabo el programa joseantoniano, sin usar la violencia? Vamos, hombre. . .  menos indignación, y más clarividencia, que estás escribiendo memoria histórica, no desmemoria. Los demócratas escaseaban en el 36, tanto en la derecha como en la izquierda; ambas estaban más que dispuestas a hacerse con el poder por la fuerza, y a llevar a cabo lo que ambas denominaban una Revolución—que ya se sabe que no son pacíficas. Y quienes sí eran demócratas en teoría, y debían haber sabido mantener la ley y gobernar con justicia, tampoco lo supieron hacer, y se dejaron llevar por sectarismos y favoritismos. E indultaron a golpistas de toda especie.

Pero lo de Sánchez Dragó es un caso de trauma político profundo—para acabar en este libro declarando su admiración a la Falange actual y a la de José Antonio, a las que por una extraña maniobra mental no asocia apenas con la Falange que realmente existía en 1936. Sobre las raíces de esta pirueta conceptual, y de la simbología traumatizada que subyace a ella, puede verse mi comentario en el artículo "Paralelismos traumáticos".
Pero quieras que no, tiene que reconocer Sánchez Dragó algunas dur’simas verdades . . .  que de eso va su libro, se supone:

Pero es, efectivamente, y por desgracia, exacto lo que los dos autores en cuestión dicen acerca del triste y bárbaro papel que motu propio [proprio, más propriamente] desempeñó la Falange, o quienes por falangistas se despachaban [¿¿?? —ah. ¿igual eran rojos, o esperantistas?], en los primeros meses del conflicto.
    Será, concluyen Armengou y Belis, "posteriormente cuando comiencen las discrepancias al ver algunos falangistas que el objetivo de Franco de exterminar al enemigo se perpetúa: algunos camisas azules creen que esa aniquilación puede ser contraproducente para el partido y para su proyecto de España, más integrador [tras la desintegración del enemigo y del chivo expiatorio, será]; el propio Manuel Hedilla, jefe de la Junta Provisional de Falange, dirige a sus subordinados una circular en la que les advierte:
’Insisto con el máximo interés en que las operaciones de represión se controlen con todo celo, no cumpliendo otras órdenes que las dictadas por las autoridades competentes [tiene chiste esto de las ’autoridades competentes’]. Es menester evitar que sobre la Falange se eche una fama sangrienta que pueda perjudicarnos en el porvenir. No se castigará a nadie sin averiguación de sus antecedentes y sin orden de la autoridad competente’." (Ob. cit., p. 55)
Lo malo —lo malo, se sobrentiende, para mi padre y, en consecuencia, también para mí —es que la circular de Hedilla no se cursó hasta el 29 de septiembre. ¡Demasiado tarde, una vez más, para que de ella se beneficiaran Monreal y Carreño! [¿y más gente, se sobreentiende? Aunque los criterios de Hedilla para el asesinato organizado administrativamente eran también muy inclusivos]. Pero, en todo caso, y por eso cito lo que cito, siguen cuadrando al dedillo las cuentas relativas a lo cerca —horas, días, dije— que anduvo mi padre de salvar el pellejo.  Ya sé que los quejíos de plañidera emitidos a pitón pasado no sirven para nada, ni, menos aún, resucitan al difunto, pero una y otra vez, tenaz, machacona, estalla y tabletea, dentro de mí esa pueril exclamación, más propia de espectadores de partidos de fútbol o de jugadores de lotería que de adultos dotados de sentido común y criterio, que reza:
—¡Huy! ¡Por un pelo!
O por un palo: el de la portería.

En el caso de mi abuelo, ni pelo ni cabellera. Fue el primer asesinato de la comarca. Quizá hubiera podido escapar a Francia, como mi otro abuelo, con la cuadrilla de requetefachas pisándole los talones. . .  Pero claro, no tenía ninguna razón para escapar de nadie—de nadie racional. Y mucho confía Sánchez Dragó en el "orden" que puso Hedilla (ná menos . . . ). No debería. Los fusilados por orden de la Autoridad golpista están igual de fusilados.

Y es que, por infantil que parezca mi reacción, eso es exactamente lo que me sugiere el cúmulo de datos y opiniones, procedentes de los dos bandos en liza, con los que sin proponérmelo, y en desorden, al hilo de la concepción y la elaboración de este libro, me he ido topando hasta llegar a la convicción —la tengo— de que en la zona nacional, como mínimo y quizá tambien en la otra, pero de eso hoy por hoy no estoy seguro (más bien me inclino por lo contrario), la represión ciega, indiscriminada, injustificada, indocumentada, de quienes no eran combatientes sino pueblo a secas, y vestían de paisano, se detuvo muy pronto, en la segunda mitad del mes de septiembre, debido a la confluencia de tres vectores: la llegada a las cárceles de los efectivos de la Cruz Roja, el férreo control establecido a partir de un determinado momento por las fuerzas armadas y la toma de conciencia de los mandos de la Falange genuina [¿¿los buenos?? ¿¿ya había dos Falanges??] respecto a las atrocidades que como perros rabiosos sin correa, vacuna ni bozal estaban perpetrando sus supuestos conmilitones. [El supuestos juro que es de Sánchez Dragó; el Times 18 es mío).

Wikipedia: En 1944 fuentes del Ministerio de Justicia aseguraron que unos 190.000 prisioneros murieron o fueron ejecutados en prisión. Como se ve, hay opiniones para todo. . . La represión y exterminio, ya no desorganizados, sino sistemáticos, continuaron durante años. A mí el convencimiento aparente de Sánchez Dragó de que tras unos meses sólo hubo muertos en combate, o la cortina de humo que se echa ante los ojos con las ejecuciones legales del franquismo, no sé, me parecen un tanto pasmosos. 

"¿Conmilitones? Bueno, bueno . . .  Dejémoslo, con grima y rima fácil, en matones, en killers,  en sicarios a sueldo, que en muchos casos, aunque no, desde luego, en todos, ni siquiera podían esgrimir en su descargo el nauseabundo atenuante de que obedecían órdenes o la coartada ideológica, aún más repulsiva, de que actuaban así para extirpar la mala hierba del país, orear la atmósfera y salvar la patria. Lo digo con la autoridad que para ello me confiere otro dato, otra certeza casualmente aportada por el zigzagueo de las lecturas, conversaciones e investigaciones que preceden o corren paralelas al alumbramiento de este libro. Me refiero a la horripilante hoja de pagos reproducida por Armengou y Belis en su tantas veces por mí citada obra y relativa a la contabilidad llevada a cabo por la delegación de Falange Española en el pueblo sevillano de Los Corrales durante varias semanas del año de 1936 (Ob. cit., p. 264). En ella, taxativa y contundentemente, con modos, modales, pelos y señales que no dejan mucho espacio para la duda, se incluyen "listados con nombres de personas que reciben dinero de la tesorería local de la Falange. Llama la atención que algunas personas percibieran en distintas épocas unas cantidades que eran considerables en la éoca, pero aún sorprende más que la cifra de treinta y cinco pesetas, que se repite con frecuencia, fuera el precio que se consideraba que correspondía cobrar por asesinar a alguien. Si tenemos en cuenta que en Los Corrales murieron asesinadas setenta y ocho personas y que los nombres de quienes cobran son los que distintos testimonios apuntan como los de quienes se ocupaban de llevar a los detenidos al cementerio —donde los ejecutaban después de haberles hecho cavar su propia fosa— el documento resulta revelador en lo tocante a la responsabilidad de elementos de la Falange en aquellos crímenes". (Ob. cit., p. 56)
     ¡Siete duros! Un pastón. Se entiende que hubiese tantos animales dispuestos a convertirse en asesinos. Todo necio confunde valor y precio.
     ¡’No, no! ¡qué digo! ¿Siete duros? Muchos más, porque ése era el precio per cápita, y podían ser bastantes las cabezas de ganado —como a tales, de hecho, las consideraban y trataban— que en cada limpia, en cada operación de higiene ideológica, eran conducidas al matadero.
     Me pregunto si cobraron los asesinos de mi padre esa u otra cantidad y lo que, caso de ser así, hicieron con ella. . . ¿Irse de putas? Seguro que no. Iban, entonces, muy baratas, y para eso, además ya dispon’an, y por añadidura gratis, de sus respectivas madres.
     Aunque fuesen unas santas.
     "Pablo Uriel tenía veintidós años y la carrera de médico recién acabada cuando, aquel aciago julio de 1936, se desencadenó la guerra. . . "
     Pertenecen estas líneas al prólogo añadido por Ian Gibson a la excelente obra de narrativa autobiográfica No se fusila en domingo (Pre-Textos, Valencia, 2005), en la que el médico citado —que era, por cierto, de Soria, como yo llegué a serlo, ya talludo, por vía de generosa decisión municipal— evoca las vicisitudes de su existencia, y algunas de las de España durante el mismo período, en los años de la guerra civil. Viene a cuento, me parece, reproducir ahora algunos párrafos de su libro: (Sánchez Dragó, 226-28)

Con este testimonio de Pablo Uriel narra Sánchez Dragó, por vía interpuesta, el asesinato de su padre, mejor que en propia voz. Es sorprendente en el texto que sigue, valiente y estremecedor, y a la vez consciente de la importancia del lenguaje, cómo continúa, sin embargo utilizando el vocabulario de los terroristas para describir sus crímenes, a la vez que denuncia esa infección del lenguaje ("verdugos", "paseos", "ejecuciones"). Y con esos párrafos de No se fusila en domingo termino yo este post tan largo y tan hablado por vía interpuesta. Son éstos:

    "El papel de verdugos y ejecutores se asignó en Zaragoza a los falangistas y a la Guardia Civil. En la ciudad existían pocos falangistas antes del 18 de julio, pero sus filas fueron engrosadas rápidamente por miembros de otras organizaciones de derechas. Se podía seguir muy bien el proceso mental que les conducía a la pendiente de las ejecuciones. En la práctica, todo falangista intervino alguna vez en esos asesinatos, considerados por sus jefes como actos de servicio a la patria. Si el acto daba lugar a una conmoción psíquica de rechazo o repulsión, el hombre se enrolaba en seguida en alguna unidad combatiente y marchaba al frente, ansiando una lucha más noble. Aquellos que descubrían en disparar sobre un hombre indefenso una fuente de placer quedaban adscritos de modo permanente a las escuadras de verdugos. [Verdugos a sueldo de un régimen fascista, asesino y traidor, repito: no verdugos sin más]. Poco a poco, por un mecanismo de selección, fueron quedando en la retaguardia agrupaciones de jóvenes sádicos a los que se dio amplios poderes para la limpieza. Ellos usaron y abusaron de estos poderes, entre la complacencia hipócrita de las personas de orden, que no mancharon sus manos de sangre pero señalaron a las víctimas, desentendiéndose luego de la suerte que pudieran correr.
    "En sus cuartelillos, estos jóvenes degenerados elaboraban la lista de sus víctimas cada noche; a estas listas se añadían otras, facilitadas por la policía o el ejército. Al anochecer iniciaban sus correrías, recogiendo de las cárceles o de sus domicilios a las piezas sobre las que iban a disparar. Al volante de sus camiones o de grandes turismos Buick o Chrysler de los años treinta, disfrutaban en sus cortos viajes del contacto estremecedor con sus víctimas, en un placer anticipado del agudo y supremo goce de disparar sobre aquellos hombres, mujeres o niños que morían de una manera tan fácil.
    "Al principio quedaban los cuerpos allí, en las canteras o en las cunetas de las carreteras, a la vista de todos. Luego intervino ya la máquina administrativa y esos cuerpos eran recogidos y enterrados en los cementerios próximos o llevados a la fosa común del de Zaragoza.
     "Otros pasaron antes por la sala de anatomía de la Facultad de Medicina de Zaragoza, donde sus datos fueron registrados, y de allí salieron en su último viaje al cementerio o la incineración Los que dejaban su nombre en el registro necrológico de la facultad tenían siempre el mismo diagnóstico: traumatismo craneal.
     "Todos los vencedores colaboraron con los verdugos falangistas con su conformidad. Los muertos no tenían un nombre, ni unas circunstancias personales; eran ’rojos’. Las muertes no eran muertes, eran ’paseos’. Y la fuerza de las palabras desempeñó un buen papel en aquella conformidad.
     "Los hombres que no ejecutaban denunciaban, y, al enterarse de que el denunciado hab’a sido paseado, imaginaban en seguida que su denuncia habría servido para descubrir en la víctima otros horrendos delitos. Aquel denunciado había resultado ser un rojo perdido, y la hora de la justicia había sonado en España.
     "La aquiescencia de la Iglesia costó miles de vidas. Conocía mejor que nadie la cuantía de víctimas cada noche, puesto que los sacerdotes asistían a las ejecuciones. Jamás se preguntó si aquellas muertes ilegales eran o no lícitas. No se habló de ello en los púlpitos, y si algún sacerdote lo hizo fue pronto llamado al orden por sus superiores. Si reincidió fue detenido. Algunos religiosos de un convento próximo a la cárcel ingresaron en las celdas porque se habían permitido pedir clemencia desde sus púlpitos y porque sus palabras llenaron el templo de fieles que buscaban un consuelo.
     "Aunque es muy triste decirlo, muchos de estos sacerdotes encontraron en las ejecuciones un placer inconfesable. Algunos por curiosidad, otros por deleite y unos pocos por cumplir allí una misión trascendente, acudían de buena gana a presenciar los asesinatos.  Esta colaboración gustosa sólo se vio enfriada por algún incidente peligroso, como el ocurrido durante unas ejecuciones en las canteras de Casablanca. Uno de aquellos rojos, en el momento crítico, pasó sus manos esposadas por encima del haz de los faros del coche que iluminaba la escena. Los verdugos, ya nerviosos por la ceremonia, se asustaron ante aquel revuelo inesperado, y dispararon generosamente sus fusiles. Aquel sacerdote murió abrazado a su rojo.
    "Algunos de estos falangistas, al regreso de sus orgías, acudían a un confesor ya designado para ellos. Allí vertían la confidencia de sus pecados de esa noche y recibían la absolución. No eran confesiones muy ortodoxas, puesto que no se les exigía la contrición indispensable, pero la conciencia quedaba así adormecida y las orgías podían continuar en noches sucesivas. El confesor solía preguntar a su confidente si había sentido odio hacia aquellos hombres que se había visto obligado a matar en cumplimiento de su deber patriótico. La respuesta era siempre negativa, ¿por qué razón iba a sentir odio por aquel desconocido?
     "El ejército, salvo en los pocos casos de consejos de guerra, no intervino directamente en las ejecuciones, al menos en Zaragoza. Pero cuando deseaba deshacerse de algún soldado políticamente desafecto, no vacilaba en entregárselo a la Falange para que lo castigase de la única forma como sabía. El Ejército sí es culpable del asesinato de prisioneros de guerra, sobre todo si éstos pertenecían a las Brigadas Internacionales. En este caso el fusilamiento era inmediato y automático. (Ob. cit., pp. 63 y 66)

[Sánchez Dragó: ] Hasta aquí, la de cal. Más adelante, en el mismo libro, la de arena . . .
     "Las primeras horas ese día habían sido una confirmación gozosa de todas mis previsiones. El comportamiento del ejército republicano con sus prisioneros era exactamente el que yo había esperado: el que había anunciado a todos los que temían caer en manos del enemigo.
    "Pero a partir de las nueve o nueve y media de la maana, me enfrenté de pronto con unos hechos para los que no estaba preparado. El comportamiento bochornoso del ejército republicano me proporcionó una decepción que es, sin duda alguna, la mayor que he sufirdo en mi vida. Yo estaba preparado psicológicamente para soportar la crueldad de los franquistas; la encontraba consecuente con los esquemas previos. Pero encontrar esa misma brutalidad en el campo de mis amigos fue una experiencia cuyas consecuencias pesaron sobre mí durante muchos años." (Ob. cit., p. 371)
    Sobran las apostillas. Sobran también, y más, si cabe, las banderías, los sectarismos, los posicionamientos ideológicos.
    ’¡Qué asco!
(Sánchez Dragó, Muertes paralelas 226-31, citaba No se fusila en domingo, de Pablo Uriel)

(PS: pongo este comentario en el Blog de Fernando Sánchez Dragó: 


Sobre el paralelismo de las muertes, comparto y respeto la voluntad de Vd. de evitar partidismos, cainismos, etc. etc. y dar estopa a ambos bandos, que en ambos hubo muchos que la merecen.
Sin embargo, creo que los paralelismos están mal elegidos, y más para elegir figuras emblemáticas para la portada. Es excesiva la desigualdad entre una pandilla de fascistas dando "paseos", es decir, asesinando a ciudadanos no combatientes, y un poder legítimamente elegido, en tiempo de guerra, condenando a muerte al líder de una banda fascista, golpista y terrorista. Aunque se esté en contra de la pena de muerte; aunque el juicio no tuviese garantías.
No es lo mismo, y no es un paralelismo aceptable. A mi abuelo también lo asesinaron los falangistas, y si escribiese un libro podría ponerlo en la portada, en "paralelo", con algún pobre cura asesinado por milicianos, pongamos. Nunca, por supuesto, con José Antonio Primo de Rivera, jefe de los que tanta gente asesinaron. En fin, prefiero pensar que es un exceso de ecuanimidad por su parte, si tales excesos son posibles.


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post-scriptum, 2009. Setenta años después:
 

El eco de las descargas
 

Si los asesinos de las milicias de izquierdas se ensañaron con los curas, los falangistas y demás fascistas escogieron a los miembros de los sindicatos y a los maestros como víctimas favoritas para su campaña de terror.  Estas sí son muertes parelelas—las historias de asesinatos de maestros guardan un triste parecido. Hace poco se hizo en Zaragoza un pequeño acto de homenaje a los maestros asesinados en Aragón. Entre ellos estaba mi abuelo Ángel García Benedito, residente en Biescas y por entonces maestro de Escuer. Había sido el gran impulsor del traslado del pueblo de Escuer Alto y su refundación en el valle, ayudando y aconsejando a los vecinos que se reubicaban allí, para intentar mejorar sus penosas condiciones de vida. Otros muchos maestros se implicaron en mejoras sociales más de lo que gustó a los caciques, poderosos y conservadores, y su papel ejemplarizador hizo que los fascistas decidiesen utilizarlos para dar la última lección, como decía Castelao:


mestre
Fueron, como dice el título del libro de María Antonia Iglesias sobre ellos, "los otros santos, los otros mártires" de la guerra.



Uno de los relatos del asesinato de mi abuelo apareció en un libro que describe la represión en la Jacetania y el alto Gállego—El eco de las descargas, de Esteban C. Gómez, editado por el autor (Barcelona, 2002). Aquí hay unos pasajes. 


Tras ver frenado su Golpe de Estado contra la República por la actuación del pueblo y de las instituciones republicanas, los militares sediciosos, lejos de deponer las armas, comienzan a organizar con métodos fascistas la vida municipal de los lugares caídos bajo su dominio; asimismo se disponen a controlar la retaguardia ediante la violencia y el terror.
    Aunque sus afines gozaban de una autonomía casi ilimitada para organizar y reprimir, en última instancia todo se subordinaba a los dictados de los militares. La jerarquía, la disciplina y la exaltación de la violencia eran los valores imperantes.
    Inmediatamente comienza la movilización para la guerra.
    EL PIRINEO ARAGONÉS, con fecha 01-08-1936, desvela lo que se avecina:
"Llegaron varias escuadras fascistas de Logroño y requetés de Pamplona, que, en entusiasta colaboración con las fuerzas militares, hacen los servicios correspondientes y atrevidas exploraciones por la comarca.
(...)
Regimiento de Galicia, Guardia Civil, Carabineros, policía, voluntarios de Jaca y veraneantes, milicias fascistas de Logroñ y requetés de Pamplona siguen circulando con ávido entusiasmo por las calles de nuestra ciudad. Muéstranse incansables en sus respectivos servicios dentro de la población y en sus constantes excursiones de vigilancia por alejados lugares de nuestra comarca".

(...)
El domingo día 2, después de haber oído ’misa de campaña’, entre soflamas y cantos, un grupo de aquellos falangistas que mencionaba EL PIRINEO ARAGONÉS colaboraban entusiastas con las fuerzas militares para suministrar y nutrir a las fuerzas sublevadas acantonadas en Biescas y desplegadas en Gavín. Al llegar a Escuer uno de los autos se detiene y de él descienden requetés y falangistas en alegre camaradería siendo recibidos, brazo en alto, por el nuevo alcalde (Inocencio Púertolas). Otros convecinos los rodean y asaetean a preguntas en demanda de información. Allí, una persona ’de orden’ y entusiasta del ’movimiento salvador de España’, les da el ’soplo’ de que el maestro, Ángel García Benedito, es de Izquierda Republicana y de ideas muy progresistas. Los falangistas, al llegar a Biescas, donde también les han dicho que vive el maestro de Escuer, preguntan por éste. La plaza del Ayuntamiento se encuentra muy animada, con la presencia de soldados, requetés y falangistas entremezclados con algunos vecinos del pueblo que la transitan. Las autoridades democráticas han huído; muchos jóvenes han ido a Yésero, donde los primeros focos de resistencia se organizan. El capitán Cabrerizo, jefe militar de la plaza, ha reemplazado a las autoridades civiles con gente de su absoluta confianza, resucitando el antiguo caciquismo. Ahora, quienes hacen y deshacen dejando su impronta en los designios de la villa son: Salvador Lacasa, nombrado Alcalde; José María Estaún; Lorenzo Ipiéns; Antonio Rosalí; Antonio Marcos Boira; y mosén José Aranda.
    El maestro de Escuer, que vivía en la misma plaza, tras ser detenido, fue vejado, pateado y humillado entre crueles risotadas y cantos patrióticos. Quienes podían hacer algo por él, no lo hicieron: lo aceptaron y callaron. Cuando los falangistas retornaron a Jaca, lo tomaron consigo y a 2 km lo asesinaron a orillas de la carretera en las inmediaciones del barranco de Arás. Era el segundo maestro que ejecutaban y el primero del mes más sangriento de toda la guerra, con 79 fusilados.
    Ese mismo día escribía en su diario el profesor Florentín Ara:
"Qué concepto de la vida y de la moral tienen estas gentes que hoy nos esclavizan? Misas, novenas, medallas, escapularios, pláticas, mentiras, robos, atropellos, asesinatos, crueldades, insultos, violencias, blasfemias, suciedades y cantos con la música de la ’Cucaracha’: ese es el programa de los de ’Dios, Patria, Familia, Orden...’ Todo el programa y toda la realización de una España de Inquisición y Pandereta; de curas, chulos y prostitutas, de rosario y navaja; de sangre y de cieno; de vergüenza y lenocinio. ¡Ah! el gran pecado de las izquierdas ha sido siempre [—no siempre, no siempre, ay las generalizaciones....—] el respeto a la legalidad y el afán de convivencia, evitando rozamientos y gestos agrios. La lección que estamos recibiendo es demasiado seria para que la olvidemos. ¿Qué respeto tienen ellos por la propiedad, por la vida humana, por la conciencia individual, hacia nada de lo que significa conquistas de nuestro tiempo? Espada para hacer y deshacer y altar para purificar lo que la razón, la justicia y el derecho condenan. ¡Esas son las derechas españolas, hechas a la más negra obstinada reacción, sin sentido, ni idea de que el tiempo corre! ¡Qué bien va esto!: misas al aire libre y música a todo pasto; mientras tanto, las ejecuciones en masa".

En una pensión de Jaca se alojaron los falangistas que mataron a mi abuelo, esos luceros de la patria. Uno de ellos al parecer estaba avergonzado de sí mismo y arrepentido. Los otros seguían "enteros", le contaron a una tía mía quienes supieron de ellos.  Mi abuela nunca superó el golpe. Además fue expulsada del cuerpo de maestros, como todos los demás.  Luego reingresaría como maestra, pero vivió sin asimilar nunca lo sucedido, traumada para siempre por este episodio—por así llamarlo, pues es un episodio de esos en los que se para el tiempo. Aunque quizá sí lo superó a su manera, usando las fuerzas que tuvo, para abrirse camino en la nueva y siniestra España por la única vía que encontró— sacando adelante a sus tres hijos, y dándoles estudios.

Denuncias por asesinato no hubo ninguna. Aquí no vale la pena quejarse a las autoridades por estas cuestiones. A los Nacionales, mucha gracia les hubiera hecho la denuncia. De hecho, ya reposada la cosa, en 1966 se molestó el gobierno franquista en declarar prescritos por decreto todos los delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939. Luego, en la Transición, la amnistía general volvería a decretar que estas cuestiones no eran investigables ni penables. A los asesinos, por lo que se ve, no les ha faltado apoyo desde arriba, nunca, y menos en aquellos años de posguerra. La "Justicia" siempre ha estado de su parte.

Muchos más años tendrían que pasar hasta que se recordase debidamente la memoria de mi abuelo, tanto marcaba la época. Y de hecho el eco de esos disparos llega, más de setenta años después, hasta aquí mismo.










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