Cuando
tenemos un rato libre, o nada que decir, podemos hablar del tiempo.
Además llueve. A ver si decimos del tiempo algo que nadie haya dicho
nunca: difícil, pero. Podemos tomar como punto de referencia (así me ha
venido a la cabeza) estas minirrecopilaciones de artículos de biología
sobre la representación temporal en
The Loom (
"Animal Time Travelers") y
The Neurocritic (
"Mental Time Travel").
Pasamos allí desde la percepción temporal de los pájaros, pasando por
la de las ratas y la de los primates, hasta el tiempo complejo y
variado de los hombres. Aunque dentro de estos, se da todo tipo de
experiencia temporal acumulada en la evolución, desde el tiempo mínimo
de la organización de las sensaciones presentes hasta el tiempo largo y
complejo de un historiador o de un
primate of the Church.
Si nuestro tiempo es complejo, es porque nuestra realidad es más
compleja e inclusiva que la de los animales (—las plantas no creo que
tengan tiempo para sí); y si nuestra realidad es más compleja es porque
nuestro cerebro es más complejo, y viceversa. El cerebro (cuando no es
una gelatina fría, o unos sesicos fritos) es un extraordinario
generador de representaciones; una fábrica de realidades (a este
cartesiano nivel de generalidad tanto da, realidad o representación).
Entre ellas, genera distintos tipos de
realidades o representaciones temporales.
El tiempo no está allí afuera, previo a la experiencia, o no lo está en
un sentido en el que podamos hablar mucho de él. El tiempo tal como lo
conocemos es una compleja relación entre representaciones generada y
orquestada por el cerebro. O más bien toda una colección de esos
sistemas complejos, pues como hemos visto, el tiempo del arrendajo no
es el mismo que el del babuino o que el del humano. No viven en el
mismo medio ambiente temporal que nosotros, pues no tienen nuestra
capacidad de articular experiencias complejas (aunque estos estudios
parecen señalar que va a haber que afinar mucho entre las capacidades
propias de cada especie, pues mal se puede creer que los animales viven
en un presente continuo indiferenciado). Los animales construyen
representaciones de complejidad variable según sus capacidades,
necesidades e intereses alimentarios, reproductivos, sociales sin
duda... Aunque no se pueden comparar en complejidad a las experiencias
temporales humanas.
Quizá los animales que viven más cerca del
presente inmediato se acerquen más a la "realidad" del tiempo en un
cierto sentido, en el sentido de que el transcurrir presente tiene una
sustancialidad real que no tienen el pasado y el futuro—puros juegos de
representaciones, éstos. En cualquier caso,
lo que entendemos los humanos por "presente"
poco tiene que ver con la experiencia del presente de los animales;
nuestro presente es multidimensional y complejo también, pues muchos de
sus aspectos están estructurados en relación al pasado y al futuro;
nuestro presente está hecho con estos otros ingredientes menos sólidos.
Y también con una variedad de aspectos verbales: el iterativo, el
durativo, el repetitivo, el incoativo... A lo que voy es que nuestro
tiempo no está meramente organizado como experiencias de un cerebro
complejo, y de circuitos cerebrales especializados en la elaboración de
la experiencia y la estructuración de la memoria, sino que está además
estructurado por una serie de tecnologías complejas de manipulación
temporal—
empezando por el lenguaje.
La narración es
una de esas herramientas o tecnologías de manipulación temporal: no es
sólo un acto lingüístico (aunque algo tiene de eso a veces) sino una
plataforma multimedia, una interfaz semiótica de manipulación temporal
de lenguaje y representaciones de acciones (recuerdos). He ahí, en esta
naturaleza mediadora y multimedia, una de las bases originarias de la
división narratológica entre
historia y
discurso, o entre
acción (nivel no verbal) y
texto narrativo
(nivel verbal), con distintas variaciones en distintas teorías
narratológicas. He ahí también por qué tantos aspectos de la narración
escapan a quienes estudian este fenómeno desde un punto de vista
excesivamente disciplinar, ya partan de la literatura, del cine, o de
la lingüística.
La narración se apoya, originariamente, en
los rituales de interacción social esperados y esperables (estructuras
no verbales de la acción), y por otra en la representación lingüística.
Voz y gesto,
también en el origen de la narración, como en el origen del lenguaje,
son elementos originarios y también en permanente reestructuración
mutua, en interacción continuada y complejificada a lo largo de su
desarrollo histórico.
Otras tecnologías narrativas se han
sumado al lenguaje, con el desarrollo cultural que ha permitido la
elaboración de narraciones en imágenes. Las primeras tal vez puedan
encontrarse en las paredes de las cavernas, en interacción con el
ritual y la palabra, pero apenas podemos intuir allí su dimensión
narrativa. No es que sea precisa una secuencia de imágenes para crear
una narración en imágenes, pues muchas narraciones tempranas (y
tardías) recurren a la
síntesis iconográfica
de distintos momentos significados en una sola imagen significante.
Ahora bien, el desarrollo de la tecnología de la imagen pasa por la
elaboración de complejas secuencias representacionales, y, en el caso
del cine, por el ajuste preperceptual y mecanizado entre la acción
representada y el texto de la representación. La experiencia del cine
enfatiza el carácter narrativo de nuestra experiencia vital, nos hace más conscientes de la multidimensionalidad y manipulabilidad del tiempo.
El cine es, por supuesto, una de nuestras más elaboradas máquinas del
tiempo. (Aunque le están vedados muchos matices propios de la
estructuración de la narrativa escrita...). Más allá de la tecnología
de película química, bobinas, focos y carretes, está la tecnología de
la estructuración narrativa—la ligazón entre narración, punto de vista,
experiencia presente, flashback,
tensión argumental...donde
tantos elementos tiene en común el cine con la narración literaria. Más
que en un nuevo modelo de objetivo, o una nueva técnica de generación
de imagen, es en una nueva figura semiótica o narrativa donde hay
que buscar un desarrollo de la tecnología de manipulación temporal.
Mediante una alusión intertextual, mediante un uso de imágenes dentro
de imágenes... se engarzan entre sí experiencias temporales
(acumuladas en esas imágenes previas, tiempo sedimentado que se usa
como ingrediente en la nueva imagen) y se crean nuevas experiencias de
percepción y representación temporal, antes inexistentes. O
raras, o poco subrayadas. Porque no hay una frontera clara entre lo
inexistente, lo mal percibido o deficientemente articulado, y lo poco
difundido (por ser marginal o estar en fase experimental). El cine
educa al ojo y al cerebro a ver cosas que antes no se veían, y a
establecer relaciones temporales que antes no se establecían—vale tanto
como decir, a vivir en un tiempo que no existía antes del cine. En
esto, como en todo, miramos desde hombros de gigantes.
Y lo mismo sucede con cualquier tecnología de manipulación narrativa, de imágenes o lenguaje. Un libro es
el lenguaje de los muertos que quiere perdurar;
la escritura tiene algo de fúnebre. Pero gracias a ella sigue viva, o
existe siquiera, la historia pasada. La historia, lejos de tener la
sustancia depositada casi en estratos sólidos que le atribuimos a
veces, es un puro juego comunicativo, complejo eso sí, un gigantesco
sistema de disciplinas que regulan la representación del tiempo, sus
imágenes, textos, valoraciones... un artefacto semiótico-narrativo para
experiencias temporales complejas.
Y cada vez más complejas,
a medida que se desarrollan nuevas modalidades, nuevas tecnologías,
nuevos usos y protocolos de representación y estructuración temporal.
Antes, por ejemplo, podíamos tener nostalgia por el pasado sólo; ahora
podemos sentir también
nostalgia por el futuro. El futuro (no realizado) del pasado, o el
pasado del futuro todavía futuro para nosotros; el
efecto directo, o la
distorsión retrospectiva (hindsight bias)...
son otras tantas experiencias de temporalidad compleja desarrolladas
mediante la manipulación semiótica práctica, y la elaboración teórica
que la acompaña.
Últimamente vivimos un frenesí tecnológico de
tratamiento de la imagen y la palabra, y por tanto vivimos en un tiempo
descolocado, múltiple, disperso y un tanto impredecible,
time out of joint. El teléfono (móvil),
pongamos: transforma nuestro uso del lenguaje y la presencia, por tanto
también nuestra manera de vivir el tiempo. O también aquí, en esta cosa
misma que llamamos
blog, se ha transformado la relación entre el tiempo y el lenguaje,
gracias a la herramienta física; y queda ese nuevo horizonte de
posibles experiencias esperando nuevas herramientas conceptuales que
lleven esa iniciativa más lejos, y nos hagan vivir en un tiempo más
complejo. ¿Cuándo ha estado una conversación abierta de esta manera
durante años? No así, y no tanto como ahora. El tiempo global,
colectivo, ya no sólo el de unos pocos, se va haciendo más complejo con
las tecnologías de manipulación temporal.