A resultas de
un artículo que publiqué en el Rincón de Opinión de la Universidad
(y que por cierto ha desaparecido de allí, como otros...) tengo una
entrevista con un responsable universitario, el Adjunto al Rector para
Tecnologías de la Información y Comunicaciones... Me cita para cambiar
impresiones, visto lo crítico que había sido en el artículo con la
política de comunicaciones e informática de la Universidad. Y me dice
que es una novedad que alguien se interese por estas cuestiones, y
demande medios interactivos, porque no es en absoluto lo habitual en la
Universidad. De mi conversación con él extraigo algunas coincidencias,
algunas divergencias, y este panorama de conjunto que no le atribuyo ni a
él ni a mí—pero que puede que diagnostique en parte cómo está la
cuestión de la administración y uso de la información y la informática
en la Universidad.
Yo echo en falta más uso de las nuevas
tecnologías interactivas no digo ya en la docencia, o en la difusión de
la investigación (cuestiones en las que ni siquiera entro en esta
ocasión) sino en la administración y funcionamiento básico, en la
organización de la Universidad como espacio comunicativo. Se hace un uso
abusivo del correo electrónico al faltar foros, páginas web dinámicas,
blogs, donde pueda hacerse disponible la información relativa a cada
área de interés: centros, departamentos, grupos de trabajo e
investigación, titulaciones...
Hay en la Universidad muchas
actividades (más podría haber aún con información adecuada), pero muy
poca información organizada sobre ellas. Hay, por supuesto, mucha
ignorancia sobre cuestiones básicas de informática, a pesar de los
progresos que se van notando. Sin ir más lejos, a miles de personas
cada año hay que instalarles el MS Office en el ordenador, que ni eso
saben hacer. Hay bastante analfabetismo informático—no menos entre el
Consejo de Gobierno que entre los profesores de a pie. La revolución
informática ha pillado a la universidad con el pie cambiado, y va a
rastras, parcheando en lo que puede; los puestos de trabajo de
administrativos informáticos son insuficientes, y apenas se han cubierto
cuando sus funciones o formación han quedado atrasadas, pues se
requieren nuevas capacidades, surgen nuevas herramientas. Hay que
atender a lo más urgente y reclamado, sin soñar con seguir el paso a lo
que se va inventando, por interesante que sea ... la informática se
mueve mucho más deprisa que la universidad, y no digamos que la
administración universitaria.
Un sistema de
comunicaciones interactivo requeriría alguien que se ocupase de
mantenerlo. No hay bastantes administrativos en los centros, y los
profesores o no tienen formación o requerirían descargas docentes para
hacerlo. Tampoco puede esto permitírselo la Universidad. Sobre todo,
porque no hay demanda. Nadie lo quiere. No hay presión desde abajo.
Podría pensarse que sería labor del Rectorado el poner esta
infraestructura básica de comunicaciones—igual que se pone la red
telefónica—y que así, tirando del personal, se le introduciría en ello,
se difundiría el uso y se beneficiarían la actividad y el dinamismo de
la comunidad universitaria. Pero no: no funciona así la cosa. El
Rectorado, a través del servicio de informática, está más interesado en
atender a lo que se demanda (como buenamente puede) que en tener
iniciativas respecto a lo que no se demanda.
Y el hecho es que
no hay demanda de mejores informaciones, de más transparencia, más
accesibilidad, mayor posibilidad para el diálogo y la toma de palabra.
Se creó el Rincón de Opinión de la Universidad y está infrautilizado: la
Universidad opina poco—en términos estadísticos, podemos decir que ni
opina ni está interesada en opinar más. Es una universidad
autista.
Ojo, la gente trabaja, y se comunica: trabaja en su línea establecida,
cultiva su currículum, dentro de los parámetros heredados, y se comunica
con su pequeño grupito o feudo. Pero no existe la voluntad de una mayor
apertura o mayor diálogo o intercambio de información, opiniones,
debate.... en absoluto. La mayoría de los profesores son sencillamente
inertes en este sentido: están aposentados en su rutina, y no perciben
estas necesidades ni en realidad desean tener más información ni mayor
capacidad de acción o participación.
Hay unos poquitos que
son activos: jefes de equipos, directores de centro, grupos políticos
(diminutos, realmente diminutos, éstos). Pero todos éstos tampoco están
interesados en mayor difusión de la información. Parte de su poder e
influencia y actividad viene del control de la información y la
dosificación de la misma según su criterio. Un nuevo régimen informativo
(que no puede llegar por otra parte, siendo las bases lo que son) haría
peligrar estos procedimientos de funcionamiento por grupitos o
corrillos o feudos jerárquicos. El principal problema que viene a la
mente de un gestor académico cuando se plantea la idea de un foro o blog
(y no digamos ya de uno por centro o departamento o titulación) es
cómo controlar lo que allí se dice. Los
profesores funcionarios (y no digamos los no funcionarios) no son
fiables al parecer, no se les puede dar la palabra sin más. Hay más
temor a
que nos creen problemas
que percepción de la riqueza que supone la capacidad de comunicación.
Cómo de mayores posibilidades de comunicación organizada surgen la
colaboración, el pensamiento, la difusión del conocimiento, la
comunidad, el dinamismo intelectual—aparte de los "problemas".
Pero, desde un punto de vista estrechamente administrativo, los
directores de centro no querrán tener un foro en su centro, porque les
daría más problemas de los que les solucionaría: crearía conflictos,
requeriría control... La administración universitaria está más
interesada, en la práctica cotidiana de su labor, en evitar problemas
que en potenciar el conocimiento o la comunicación usando estos medios.
Es mejor para la buena administración que la universidad siga inmóvil,
parada; será triste, pero a ese diagnóstico lleva la realidad de los
hechos, y un vistazo al panorama. Ella misma se coloca su propio nivel.
Habrá otras universidades más dinámicas, quizá. Esta, no. Ni lo es, ni
lo será, porque quienes ejercen la influencia académica prefieren de
hecho la
rarefacción del discurso
(como decía Foucault), y las grandes masas de proletariado docente no
están interesadas en demandar ni en hacer uso de mayores posibilidades
de acción o de comunicación. ¿Experimentos? Aquí, no. El ambiente es el
que es.
Y si en un arranque de despotismo ilustrado un
nuevo Rectorado se lanzase a potenciar la Web 2.0 en la comunicación
universitaria... se toparía con un muro de silencio, indiferencia e
inacción, probablemente.
Es difícil concebir a qué va
abocada una institución con actitudes semejantes hacia el nuevo régimen
de comunicaciones. Desde luego, este proceder no es "universitario" en
el mejor sentido que tiene esa palabra. En el peor, por desgracia, sí.
—oOo—
José Angel García Landa
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