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jueves, 22 de abril de 2021

'Never Let Me Go': El sujeto en la sociedad orgánica

Artículo sobre algunas implicaciones ideológicas y bioéticas de la película Never Let Me Go (Mark Romanek, 2010), basada en la novela de Kazuo Ishiguro. Ofrece un retrato de la sociedad como un sistema educativo manipulador, que mantiene a los niños ignorantes de las cosas más importantes que se pueden saber sobre el poder y la explotación. Al igual que en nuestro sistema educativo nunca se enseña a los niños cómo el mundo está dominado, en general, por tiranos, mafiosos, extractores de recursos, y criminales organizados, que son los que llegan a los puestos de poder—y es algo que muchos no llegan nunca a descubrir, ni por sí solos ni con ayuda.

 Texto completo:

Never Let Me Go:  

El sujeto en la sociedad orgánica 

https://ssrn.com/abstract=3822393

 

 


 

Ibercampus (March 27, 2021)

7 Pages Posted: 21 Apr 2021

José Angel García Landa

Universidad de Zaragoza

Date Written: 2011

Abstract

Spanish abstract:

English abstract: 

'Never Let Me Go': The Subject in the Organic Society

A paper on some ideological and bioethical implications of the film Never Let Me Go (Mark Romanek, 2010), based on the novel by Kazuo Ishiguro. The film provides a picture of society as a manipulative educational system which keeps youngsters in ignorance of the most important things they should know about power and exploitation. Just like in our own educational system, children are never taught that the world is dominated, by and large, by tyrants, mafiosi, extractors of resources and organized criminals, who are the ones that reach powerful positions—something that many people never get to realize, neither with assistance nor on their own.

Note: Downloadable document is in Spanish.

Keywords: Alienation, Oppression, Control, Ideology, Subjection, Exploitation, Kazuo Ishiguro, Film studies, Mark Romanek, Biotechnology, Organ farming, Transplants,

Garcia Landa, Jose Angel, "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica ('Never Let Me Go': The Subject in the Organic Society)" (2011). Ibercampus (March 27, 2021), Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3822393

 

 

_____. "Never Let Me Go." In García Landa, Vanity Fea 27 March 2011.* (Rev. of Mark Romanek's film).

         http://vanityfea.blogspot.com/2011/03/never-let-me-go.html

         2011

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." Ibercampus (Vanity Fea) 27 March 2021.*

         https://www.ibercampus.es/never-let-me-go-40873.htm

         2021

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." SSRN 21 April 2021.*

         https://ssrn.com/abstract=3822393

         2021

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." In García Landa, Vanity Fea 22 April 2021.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2021/04/never-let-me-go-el-sujeto-en-la.html

         2021

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." Academia 22 April 2021.*

         https://www.academia.edu/49047529/

         2021

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." ResearchGate 18 July 2021.*

         https://www.researchgate.net/publication/353327127

         2021

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." Humanities Commons 17 Aug. 2021.*

http://dx.doi.org/10.17613/hpr9-3s55

         https://hcommons.org/deposits/item/hc:41027/

         2021

_____. "Never Let Me Go: El sujeto en la sociedad orgánica." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/neverletmego.pdf

         2023

 

 

 

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sábado, 27 de febrero de 2021

Historia de la complejidad

 


En un tuit:

 

Evolución de la biocenosis. Hongos parasitan plantas. Animales consumen plantas y hongos. Carnívoros consumen animales. Hombre extermina carnívoros y controla animales. Hombre parasita hombre. Historia de la complejidad.

 

Allí encuentra su lugar en la historia de la evolución la tesis de Marx de "la explotación del hombre por el hombre"—con el fallo de nacimiento de que Marx cree que esa explotación puede cesar. Es esa explotación la que diferencia a las culturas humanas de las animales, y permite su creciente complejidad.

 Aclarando que también evolucionan formas cada vez más indirectas (y menos obviamente sanguinarias) de esa explotación organizada del hombre por el hombre. Y por la mujer. Y viceversa.



La lucha por la vida y la autoconstrucción de la humanidad

 

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martes, 18 de diciembre de 2018

Retropost (18 de diciembre de 2008): Atraco banquero-socialista, Dos



Tras el escándalo de los avales a los bancos por la crisis financiera, o más bien a la vez, se aprobaba este segundo atraco a manos del consorcio banquero-socialista. Bueno, "sociata", o "sociolisto", porque de socialista ya me diréis qué tiene esta noticia de El Mundo:

TRATO DE FAVOR

El Gobierno rebaja por sorpresa la fiscalidad de los banqueros y sus altos ejecutivos con retroactividad
Rebaja del 43% al 18% el IRPF por rendimientos de capital de sus entidades

(Carlos Segovia):  El Gobierno ha utilizado un Real Decreto de prevención del fraude fiscal para rebajar de tapadillo la fiscalidad de los grandes accionistas de los bancos, los miembros de sus cúpulas, sus altos ejecutivos y toda su familia incluyendo tíos y sobrinos.

Todos ellos podrán tributar en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas al tipo reducido del 18% en vez de al del 43% que, normalmente, les correspondía hasta ahora. La rebaja se centra en las rentas de capital mobiliario que reciban de sus propias entidades. Por ejemplo, cuando se trate de los intereses que logren en sus cuentas y depósitos, o el rendimiento que les generen las compras de bonos, cédulas, obligaciones o préstamos que realicen.

Si por ejemplo, el dueño de un banco quiere hacer un préstamo a su entidad para capitalizarla en los tiempos que corren, podrá tributar por los intereses recibidos al 18%. Si lo hace el dueño de una pequeña empresa de hostelería, le espera el 43%. Además, el regalo a la cúpula del sector financiero llega con efectos retroactivos al uno de enero de 2008.

La sorprendente medida constituye un aguinaldo fiscal para los responsables de las entidades españolas de crédito y aparece de pronto en el Real Decreto 1804/2008 de 3 de noviembre. Ha pasado inadvertida, porque el Gobierno no le dio ninguna difusión cuando la aprobó.

Aparece la medida de tapadillo en un Real Decreto supuestamente "contra el fraude fiscal", y formulada de manera tan indirecta que sólo un experto puede saber a qué se refiere.  Sobre todo el experto interesado, claro—interesado, y avisado.
Esto se limita, al parecer, a los grandes accionistas que posean más del 1% del capital de un banco, no a cualquier pelagatos.

Ahora también podemos sospechar a qué tíos y sobrinos habrán ido con interés preferente las ventajas de la lluvia de millones que les hemos dado a los bancos. También se entiende mejor por qué los bancos suelen tener a veces tan poco interés en recuperar los "préstamos" que dan a los partidos políticos.




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lunes, 22 de octubre de 2018

Retropost (22 de octubre de 2008): Atraco banquero-"socialista"



Zapatero les va a dar a los bancos una "inyección" de 30.000.000.000 euros de dinero público, ampliables a 50.000.000.000. Pongamos que se quedan en 40.000.000.000.  Por redondear, redondeando, nos cuesta la colecta mil euros a cada español. MIL EUROS DE TUS IMPUESTOS, infeliz, si eres español—incluyendo catalanes.
enema nurse

Y encima con condiciones inauditas: sin contrapartidas establecidas por ley en lo referente a beneficios y sueldos, y en cuanto al modus operandi repartiendo todo en secreto entre cuatro señores.

—Los bancos y cajas que vendan activos al gobierno lo harán de forma anónima.



Vamos, que se trata de un desvío de fondos en toda regla, y con todas las de la ley, o por ser más claros, de un atraco masivo votado en el Parlamento y avalado por prácticamente todas las fuerzas políticas, incluyendo al PP que ya no se sabe si ejerce de oposición o de socio en las ganancias, por lo que le caerá a través de las cajas de ahorro regionales.

Esto, con la complicidad de todos los partidos menos alguna protesta por lo bajini de Izquierda Unida que he oído, y el Benegá, me dicen. Hasta UPyD se desentiende del tema, apoya a los demás partidos, y nos dice de apoquiñar "por responsabilidad", pidiendo, eso sí, garantías en la gestión... que parece que no se van a tener.

Pero claro, los mayores responsables son los dos grandes partidos, PP y PSOE, mayores beneficiarios de la trastienda de los bancos y del dinero negro de los constructores. Y sobre todo, claro, el partido del gobierno.

El PSOE, que no es muy socialista para financiar la Ley de Dependencia, pero aquí casi pierde el culo de lo que corre a echar dinero a la banca. Sabiendo que algo siempre acaba revirtiendo, claro. En nuestros tratos con los bancos nunca olvidamos el concepto de interés. Como los famosos mil millones que le regalaron a Montilla,  que supongo que por esos y otros que tal se habrán desfondado la Caixa y otras caixas.

Y los sindicatos, punto en boca—no comment. Nada que observar al respecto, sobre esto que un economista llamaba hoy en la Cope "el mayor atraco a la clase media y a los trabajadores que hemos vivido en los años de democracia".

Qué vergüenza. Y todo con estruendoso silencio mediático, con los expertos felicitándose del dinero que tenemos para echar ahí, y pasando página a otra cosa mariposa los telediarios y los periódicos—menos la Cope, donde siguen dando caña con el tema, habiendo reñido ya con el PSOE y con el PP, de perdidos al río.

Además, se hace esto ahora, esta alegre inyección, sin tomar ahora medidas para evitar desfalcos y desviaciones de fondos masivas (encubiertas, eso sí, que somos caballeros). Igualito igualito, pero al revés, que no se tomaron medidas antes para controlar los préstamos desaforados a la burbuja inmobiliaria, aunque se llevaba años avisando de ella—pero no interesaba ponerle freno por la alianza siniestra entre la financiación a los partidos y el dinero negro de la construcción. Ahora, a pagar con el dinero de todos, que no es de nadie.

¿Que cómo se pagará? Pues endeudándonos más, que de momento se nota menos—como si España tuviera ya poca deuda.

...Y como si no la fuésemos a tener que pagar. Ya pagará el que apague la luz, claro.

¿Exigir responsabilidades? A ninguno de los gestores, expertos y asesores—Igual hasta se suben el sueldo aprovechando la inyección, oye. De momento, los directores siguen siendo directores, los asesores asesores, los ministros ministros, y los expertos siguen siendo expertos. Todos con sus pluses y sus primas especiales, que eran de escándalo antes y lo siguen siendo.

Sirva de ejemplo Greenspan, supuestamente el pope de los entendidos, hombre de solvencia supuestamente estratosférica, que precipitó la crisis americana... al permitir a los bancos especular con las hipotecas, quitando una ley que se había puesto en el crack del 29. Pero tranquilos, que nadie le pasa factura, y seguirán invitándolo como experto y pope a todas partes, que aquí quien tuvo retuvo. Hay que joderse vivo.

Un pobre mancebo
Robó sólo un huevo
Y al sol bambolea
Y otro se pasea
Con cien mil delitos



—o con cuarenta millones de ellos, porque esto sólo funciona haciéndolo a lo grande. Y aún habrá memos que les den, además de los mil euros, el voto.

(PS: El tema este del desmadre financiero y crediticio debería haber estado al alcance de los expertos, por supuesto. Ver este vídeo sobre El dinero como deuda que colgamos aquí hace unos meses. Y este debate sobre el informe Recarte y la manera del Gobierno de encarar la crisis).



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miércoles, 27 de mayo de 2015

Marx y la naturaleza humana (Marx and Human Nature)

Evaluamos en este artículo la visión marxista de la naturaleza humana y de su relación con los procesos de explotación de recursos a lo largo de la historia, así como sus transformaciones, por vía de una respuesta a la conferencia de Terry Eagleton "Por qué Marx tenía razón".

Texto completo: 

Marx y la naturaleza humana: 

Una historia de explotación de recursos 

 

Ibercampus (April 22, 2014)

 

Marx and Human Nature: A Tale of the Exploitation of Resources

A paper assessing Marx's view of human nature and of its relationship to the processes of the exploitation of resources in human history, as well as their transformations, by way of a response to Terry Eagleton's lecture "Why Marx Was Right".


Note: Downloadable document is in Spanish.

Number of Pages in PDF File: 6
Keywords: Marx, Marxism, Materialism, Resources, Human nature, Exploitation, Ecology, Social relationships, Globalization, Complexity, Colonialism, Capitalism, Socialism

 

 

 

Tambiéen aquí:

 

_____. "Marx y la naturaleza humana: Una historia de explotación de recursos." In García Landa, Ticking A Way: Blog de notas (abril 2014) 22 April 2014.*

         http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/z14-4.html

         2014 DISCONTINUED 2018 – Online at the Internet Archive:

         https://web.archive.org/web/20181101092854/http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/z14-4.html

         2020

         https://www.flickr.com/photos/garciala/46150839034/in/dateposted-public/

         2020

_____. "Marx y la naturaleza humana." In García Landa, Vanity Fea 22 April 2014.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2014/04/marx-y-la-naturaleza-humana.html

         2014

         https://web.archive.org/web/20250325210615/http://vanityfea.blogspot.com/2014/04/marx-y-la-naturaleza-humana.html

         2025

_____. "Marx y la naturaleza humana (Marx and Human Nature)." SSRN  30 April 2015.*

         http://ssrn.com/abstract=2600420

         2015

_____. "Marx y la naturaleza humana." In García Landa, Vanity Fea 26 May 2015.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/05/marx-y-la-naturaleza-humana-marx-and.html

         2015 –– Online at the Internet Archive.*

         https://web.archive.org/web/20231120161725/http://vanityfea.blogspot.com/2015/05/marx-y-la-naturaleza-humana-marx-and.html

         2025

_____. "Marx y la naturaleza humana." Academia 4 Aug. 2017.*

         http://www.academia.edu/34129456

         2017

_____. "Marx y la naturaleza humana." ResearchGate 5 Aug. 2017.* https://www.researchgate.net/publication/318921748

         2017

_____. "Marx y la naturaleza humana: Una historia de explotación de recursos." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/marxylanaturaleza.pdf

         2023

_____. "Marx y la naturaleza humana: Una historia de explotación de recursos." Net Sight de José Angel García Landa 20 Jan. 2025.*

https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/marxyla.pdf

         2025

_____. "Marx y la naturaleza humana: Una historia de explotación de recursos." In García Landa, Vanity Fea 14 Sept. 2025.*

         https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/2025/09/marx-y-la-naturaleza-humana.html

         2025

         https://x.com/JoseAngelGLanda/status/1967189575282954506

         2025

_____. "Marx y la naturaleza humana: Una historia de explotación de recursos."

         https://doi.org/10.17613/j70ke-vk908

         https://works.hcommons.org/records/j70ke-vk908

         2026

  

jueves, 15 de enero de 2015

La lucha por la vida y la autoconstrucción de la humanidad

Un comentario que pongo al artículo "¿Qué sabemos de la violencia en el pasado?" de J. M. Bermúdez de Castro:


Quizá haya habido demasiado "buenismo" en antropología, tras las viejas teorías del Cavernícola Violento que se desacreditaron junto con el fascismo y el imperialismo decimonónico en cuyo seno se habían gestado. Pero era cerrar los ojos a una realidad bastante evidente de la especie humana, evidente en ese mismo fascismo e imperialismo. Que el ser humano no sólo se ha hecho a sí mismo sobre la base de la explotación de los recursos naturales, sino también, y de modo muy característico y definitorio, sobre la base de la explotación de los seres humanos. También lo decía Marx, en cierto modo, ¿no? Que el hombre ha vivido de explotar al hombre. Y a la mujer no digamos. Somos una especie extremadamente depredadora sobre sí misma, y es bueno todo lo que nos haga darnos cuenta de ello, porque darse cuenta de ello es el paso primero para tomar una actitud frente a eso. Desdichadamente, una de las lecciones centrales (acertada y desagradable) del darwinismo es que sin la lucha por la vida, y todos sus horrores, no surgen las formas complejas de la vida. Ni de la sociedad—pues los grupos más organizados, más informados y numerosos, han dominado, explotado y exterminado a los más indefensos y dispersos. Es la historia de la humanidad, desde la sabana hasta aquí mismo. Pero está feo hasta recordarlo. 


No conviene, claro, dejar de lado la importancia de las virtudes cooperativas y sociales, y de la creatividad social. Pero al igual que la creatividad tecnológica se ha usado de modo prominente en el ámbito bélico, también la diplomacia y la socialidad, y la cooperación, se han usado para la explotación y la guerra. Porque pocas cosas hay más características de la humanidad, de su política y de su diplomacia, que la búsqueda de aliados y la cooperación organizada con otros grupos... para contener o para atacar y saquear a un tercero. Es lo que se llama inteligencia social en estado puro.


Es una perspectiva que ya presentó Hobbes en cierto modo: frente al 'hombre natural', hombre primitivo producto de la naturaleza, está el hombre hecho a sí mismo, el hombre artificial, politizado y socializado. Ese hombre es producto del hombre. Y del temor a los hombres, esos lobos. El hombre es una manada de lobos para el hombre.





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martes, 8 de julio de 2014

La decadencia del macho depredador

La Teoría de la Clase Ociosa de Veblen tiene un gran interés como interpretación económica evolucionista de la actividad humana, de la moral, la estética y la civilización en su conjunto. El interés para mí está precisamente en su consciencia de cómo las formas de la economía se asientan en la naturaleza humana, y cómo esa naturaleza humana no es de una pieza, sino que es un producto de la evolución y de la historia; está hecha por así decirlo de capas superpuestas. El ser humano es por naturaleza, por naturaleza profunda, un animal social y cooperador, y sobre esa socialidad primigenia se ha edificado la humanidad. 

Ahora bien, la civilización surgió como una formación secundaria, como la explotación del hombre por el hombre, un parasitismo de los individuos y clases dominantes que basa la organización social en el dominio, la separación de tareas y la diferencia ostentosa de clase. Podríamos sintetizarlo como un paso del igualitarismo (a veces figurado como matriarcado) destinado a la explotación cooperativa de la naturaleza (es decir, lo que llamamos la prehistoria), al patriarcado violento, agresivo y competitivo, basado en la explotación de otras clases, castas, comunidades o regiones (lo que llamamos la historia, en la que no es la explotación primaria de la naturaleza sino la explotación secundaria del hombre la principal fuente de recursos, la que da su carácter a la sociedad). Es un paso de la cooperación (con elementos competitivos) a la competición (impuesta sobre la base cooperadora). En la civilización se hace rico no quien más trabaja sino quien mejor explota el trabajo ajeno, o quien se apropia de él. 

La historia humana ha sido por definición depredadora, explotadora, clasista, y patriarcal. Es en este contexto donde surgen la clase ociosa y su ideología, de modo que Teoría de la clase ociosa equivale como título a teoría evolucionista de la explotación civilizadora. A veces se expresan estas tesis de maneras un tanto simplistas, crudas o paradójicas, pero casi es en estos pasajes donde mejor se aprecia la manera en que Veblen ve todos los fenómenos de manera integrada. Aquí hay un pasaje en el que comenta la decadencia moderna de las formas culturales asociadas a la cultura depredadora, ante el empuje de nuevas necesidades surgidas de la organización industrial de la producción.



Los hábitos derivados de la cultura depredadora y  quasi-pacífica son variantes relativamente efímeras de ciertas propensiones y características mentales subyacentes en la especie, las cuales se deben a la disciplina prolongada de la etapa proto-antropoide cultural anterior, de vida económica pacífica y relativamente indiferenciada, desarrollada en contacto con un ambiente material relativamente simple e invariable. Cuando los hábitos impuestos por el método de vida emulativo han dejado de gozar de la sanción de las exigencias económicas existentes, comienza. a tener lugar un proceso de desintegración por virtud del cual los hábitos mentales de desarrollo más reciente y carácter menos genérico ceden terreno, en cierta medida, ante las características espirituales más antiguas y más predominantes de la especie.

En cierto sentido, por tanto, el movimiento de la "Mujer Nueva" significa una reversión a un tipo más genérico de carácter humano o a una expresión menos diferenciada de la naturaleza humana. Es un tipo de naturaleza humana que que ha de caracterizarse como proto-antropoide y, por lo que se refiere a la sustancia, si no a la forma de sus rasgos dominantes, corresponde a una etapa cultural que quizá pueda calificarse de sub-humana. El particular movimiento o rasgo evolutivo en cuestión comparte, desde luego, esa caracterización con el resto del desarrollo social reciente, en la medida en que este desarrollo social da muestras de una reversión a la actitud espiritual que caracteriza la etapa anterior, indiferenciada, de evolución económica. No falta por completo una prueba tal de que existe una tendencia general a la reversión contraria al predominio del interés competitivo, pero dicha prueba no es ni total ni indiscutiblemente convincente. La general decadencia del sentido del status en las comunidades industriales modernas puede tomarse, en cierto modo, como prueba de esa evolución; y el perceptible retorno a una desaprobación de lo fútil en la vida humana y de aquellas actividades que sirven únicamente al beneficio del individuo a costa de la colectividad o de otros grupos sociales, es prueba de un efecto semejante. Hay una tendencia perceptible a condenar lo que es causa de dolor, así como a desacreditar toda empresa abusiva, incluso cuando estas expresiones del interés competitivo no operan tangiblemente en detrimento material de la comunidad del individuo que las juzga. Hasta puede decirse que en las comunidades industriales modernas, el sentido común y desapasionado de los hombres afirma que el ideal carácter humano es un carácter que se inclina a la paz, la buena voluntad y la eficiencia económica, y no a una vida de egoísmo, fuerza, fraude y mando. (352-53)


Contribuiré un poquito a esta tendencia, señalando que lo que Veblen considera "proto-antropoide" es en realidad precisamente lo antropoide en sentido estricto—la socialidad cooperativa donde se generó la humanidad como tal. La base antropoide en el sentido habitual del término contiene otro elemento de dominio patriarcal y explotativo visible: el del macho dominante y su comunidad de hembras tal como se encuentra en diversos mamíferos superiores, incluyendo a los gorilas. La socialidad cooperativa típicamente humana (cooperativa de los machos y de 'sus' hembras también) se edificó a costa de esta horda primigenia, y sobre su base, pero requirió suavizar el elemento competitivo y agresivo masculino. La cultura y sociedad humana es, por tanto, un tanto igualitaria o matriarcal si se quiere, expresada en las formas de vida paleolíticas, si bien los elementos de horda primigenia pervivían en fenómenos ancestrales tales como la separación de papeles masculino y femenino para la caza y para la recolección y cuidado familiar. 

Hay una dialéctica compleja entre el elemento masculino competitivo y el femenino cooperativo en la historia humana—por no pasar a hablar de la competencia entre las mujeres. Pero esta visión más completa de la horda primigenia y su división de papeles nos permite también apreciar el elemento de masculinismo violento y competitivo que hay en la Historia de la Civilización como tal—con las comunidades y naciones, regidas por machos alfa, compitiendo entre sí para hacerse con el puesto de Macho Alfa global.




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martes, 3 de junio de 2014

Las élites extractivas y sus prácticas de lince

Siempre se ha dicho, un poco inter nos, que trabajando nadie se hace rico. Que en España, y en cualquier otro sitio, para prosperar de verdad, hay que dar algún pelotazo o clavar la trompa succionadora de recursos en alguna masa de recursos humanos. En efecto, también lo decía Marx, el hombre es un recurso para el hombre—me río yo de los pósters animalistas que dicen que "los animales no son recursos", cuando no existe la economía humana sin que los hombres mismos se conviertan en recursos utilizables. En casos extremos, instaurando la dieta de Tascala; —y cuando la necesidad o la costumbre aprietan menos, poniendo a los currantes a currar a lomo caliente. 

Mi padre, tras su jubilación como maestro, tenía cierto cargo de conciencia de no haberles enseñado a los chavales la realidad del mundo, sino los ideales: el sacrificio, el trabajo desinteresado, la constancia... cuando él veía que quienes prosperaban no era precisamente con esos valores. "¡Los he estado preparando para víctimas!" —decía desilusionado. "Tranquilo, Ángel", le decía la Dra. Penas—"Tú les has enseñado lo bueno, que es tu labor como maestro; lo malo ya lo aprenderán solos". 

En películas como El Lobo de Wall Street se han retratado algunos avatares modernos de estas prácticas extractivas—que los hemos sufrido en carne propia, claro, los tenemos al frente de todos los bancos, cuando no se han retirado ya con un finiquito multimillonario.  Los híbridos de políticos, banqueros y brujos brujuleadores que pueblan los consejos de administración de las grandes empresas semipúblicas, vamos, telefónicas, petroleras y consorcios de autopistas—lo que son hoy en día nuestras élites extractivas.


Bien, toda esta cuestión de la explotación organizada, que lleva al surgimiento de las prácticas maquiavélicas de la gramática parda, lo tiene bien explicado y teorizado de modo interesante Thorstein Veblen, en su libro sobre La teoría de la clase ociosa. Viene al pelo la cosa, ahora que se jubila el rey, encarnación simbólica de lo que Veblen llama la clase depredadora. Aquí van unos párrafos interesantes sobre la contradicción entre el espíritu de cooperación que requiere una comunidad próspera, y el espíritu depredador que no ha desaparecido en absoluto en las economías modernas y bien ordenadas. El desorden, podríamos decir, forma parte del orden. 

Veblen es de los teorizadores que más claramente han visto, quizá más claro que Marx, cómo la naturaleza humana es depredadora, pero no sólo de la naturaleza, como en la fase "salvaje" de la humanidad, sino ante todo depredadora del paisaje humano que se edifica sobre la cooperación para explotar a la naturaleza, o a un tercero (o a una tercera comunidad). Y ésa es la fase "bárbara" o depredadora de la humanidad, en la que aparecen las civilizaciones—civilizaciones guerreras y dominadoras, en las que se exacerban las diferencias de clase y surgen las aristocracias y las divisiones entre guerreros, sacerdotes y trabajadores. Somos hijos de la guerra. Los rasgos cooperativos que aseguran el éxito del grupo y su selección grupal, en la lucha por la vida, entran en una dinámica compleja con los instintos y prácticas depredadores, y de ese complejo complejo surgen la naturaleza humana, la vida social, la política, y la economía, tal como las conocemos:

Con la llegada de la etapa depredadora de la vida, se produce un cambio en las condiciones del carácter humano apto para el triunfo. Se precisa que los hábitos de vida de los hombres se adapten a las nuevas exigencias bajo un nuevo esquema de relaciones humanas. El mismo despliegue de energía que había encontrado expresión en los rasgos de la vida salvaje que hemos mencionado más arriba, tiene ahora que encontrar expresión siguiendo una nueva línea de acción en un nuevo grupo de respuestas habituales a unos estímulos que son ya diferentes. Los métodos que, medidos en términos de facilidad de vida, respondían adecuadamente a las condiciones antiguas, dejan de ser adecuados para las nuevas. La situación anterior se caracterizaba por una relativa ausencia de antagonismo o diferenciación de intereses; la situación posterior, por una emulación que aumenta constantemente en intensidad, al tiempo que disminuye su ámbito de aplicación. Los rasgos que caracterizan el estadio cultural depredador y los subsiguientes, y que indican cuáles son los tipos de hombres más aptos para sobrevivir bajo el régimen del status son (en su expresión primaria) la ferocidad, el egoísmo, el espíritu de clan y la malicia, es decir, el libre recurso a la fuerza y al fraude.

(...)

Bajo el régimen competitivo, las condiciones requeridas para el éxito del individuo no son necesariamente las mismas que para el de una clase. El éxito de una clase o un partido presupone un fuerte elemento de espíritu de clan, de lealtad a un jefe o adhesión a un principio; en tanto que el individuo competitivo puede lograr mejor sus fines si combina la energía, iniciativa, egoísmo y astucia del bárbaro, con la falta de lealtad o de espíritu de clan del salvaje. (...)
    
El temperamento inducido por el hábito de vida depredador está dirigido a procurar la supervivencia y la plenitud de vida del individuo dentro de un régimen de emulación; al mismo tiempo, favorece la supervivencia y el éxito del grupo si la vida del grupo es también, como colectividad y de modo predominante, una vida de competencia hostil con otros grupos. Pero la evolución de la vida económica de las comunidades más industrialmente maduras ha comenzado, a su vez, a tomar una dirección tal que los intereses de la comunidad no coinciden ya con los intereses emulativos del individuo. En su capacidad corporativa, esas comunidades industriales avanzadas están dejando de competir para lograr los medios de vida o el derecho a vivir, excepto en la medida en que las tendencias depredadoras de sus clases dominantes son capaces de conservar la tradición de guerra y rapiña. Dichas comunidades no son ya hostiles entre sí por fuerza de circunstancias que no sean las de la tradición y el temperamento. Sus intereses materiales —dejando, posiblemente, aparte los intereses de la buena fama colectiva— no son ya incompatibles, sino que el éxito de cualquiera de las comunidades favorece indiscutiblemente —en el presente y por un incalculable tiempo futuro— la plenitud de vida de cualquier otra comunidad del grupo. Ninguna de ellas sigue teniendo un interés material en ser mejor que las otras. Lo mismo no puede asegurarse en igual grado respecto de los individuos y de sus relaciones mutuas.

Los intereses colectivos de cualquier comunidad moderna se centran en la eficacia industrial. De algún modo, el individuo sirve para los fines de la comunidad en proporción a su eficacia en los vulgarmente denominados empleos productivos. Ese interés colectivo está mejor servido por la honestidad, la diligencia, el espíritu de paz, la buena voluntad, la ausencia de egoísmo y un reconocimiento y aprehensión habituales de la secuencia causal, sin mezcla de creencia animista y sin un sentido de dependencia de ninguna especie de intervención preternatural en el curso de los acontecimientos. No puede decirse mucho de la belleza, la excelencia moral, o el valor y reputación generales de una naturaleza humana tan prosaica como la que estos rasgos implican; y hay escaso fundamento para entusiasmarse por la forma de vida colectiva que resultaría del predominio de estos rasgos en una situación de dominio sin control alguno. Pero esto no nos concierne ahora. El buen funcionamiento de una comunidad industrial moderna queda mejor garantizado allí donde se dan estos rasgos, y se llega a alcanzar en el grado en el que el material humano se caracteriza por su posesión. Su presencia es, en cierta medida, requerida para conseguir un ajuste adecuado a las circunstancias de la situación industrial moderna. El complejo, comprehensivo, esencialmente pacífico y altamente organizado mecanismo de la comunidad industrial moderna funciona con mayor rendimiento cuando esos rasgos o la mayoría de ellos están presentes en el más alto grado practicable. Esos rasgos están presentes en el hombre de tipo depredador en un grado notablemente menor del que es útil para los propósitos de la vida colectiva moderna.

Por otra parte, el interés del individuo que vive en un régimen de competencia está mejor servido por un comercio astuto y una administración carente de escrúpulos. Las características arriba mencionadas como útiles para los intereses de la comunidad son perjudiciales para el individuo, no favorables. La presencia de  estas aptitudes en su constitución canaliza sus energías hacia fines distintos de la ventaja pecuniaria; y cuando se trata de satisfacer su deseo de ganancia, dichas aptitudes le llevan asimismo a buscarla por los canales indirectos e ineficaces del trabajo, más que por el procedimiento de embarcarse en una abierta e implacable carrera de prácticas de lince. De manera bastante consistente, las aptitudes para el trabajo constituyen un obstáculo para el individuo. En un régimen de emulación, los miembros de una comunidad industrial moderna son rivales y cada uno de ellos consigue mejor su ventaja individual e inmediata si, gracias a una carencia excepcional de escrúpulos, puede superar y dañar tranquilamente a sus semejantes cuando la ocasión se presenta.

Ya se ha señalado que las instituciones económicas modernas caen bajo dos categorías grosso modo distintas—la pecuniaria y la industrial—. Lo mismo puede decirse de las ocupaciones. Bajo el primer epígrafe se agrupan las ocupaciones que tienen que ver con la propiedad o la adquisición; bajo el segundo, las que tienen que ver con el trabajo o la producción. Lo mismo que encontrábamos al hablar del desarrollo de las instituciones, lo encontramos respecto a las ocupaciones. Los intereses económicos de la clase ociosa se hallan en las ocupaciones pecuniarias; los de las clases trabajadoras en ambas clases de empleos, pero principalmente en los industriales. Se accede a la clase ociosa a través de los empleos pecuniarios.

Estas dos clases de ocupaciones difieren materialmente en lo relativo a las aptitudes requeridas para cada una de ellas; y la preparación que imparten sigue, de modo semejante, dos líneas divergentes. La disciplina de las ocupaciones pecuniarias actúa  con el fin de conservar y cultivar ciertas aptitudes depredadoras y el ánimo depredador. Lo hace así tanto al educar a aquellos individuos y clases que están empleados en estas ocupaciones, como al reprimir y eliminar selectivamente a aquellos individuos y linajes que son ineptos a ese respecto. En la medida en que los hábitos de pensamiento de los hombres son formados por el proceso competitivo de adquisición y posesión, en la medida en que sus funciones económicas están comprendidas dentro del ámbito de la propiedad de riqueza concebida en términos de valor de cambio y de su administración y financiación mediante una permutación de valores, en esa misma medida su experiencia en la vida económica favorecerá la supervivencia y acentuación del temperamento depredador y de los hábitos de pensamiento depredadores. Bajo el moderno, pacífico sistema, son, naturalmente, pacíficos hábitos de pensamiento y las aptitudes depredadoras pacíficas los que pueden ser principalmente favorecidos por una vida de adquisición. Es decir, las tareas pecuniarias permiten perfeccionarse en la línea general de prácticas comprendida bajo la denominación de fraude, y no en las que corresponden al método más arcaico de captura por la fuerza.



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martes, 22 de abril de 2014

Marx y la naturaleza humana

Una historia de explotación de recursos. El hombre es una mina para el hombre—pero el petróleo también.

Asistimos a una conferencia de Terry Eagleton, "Why Marx Was Right", en la que Eagleton nos pinta la imagen de un Marx casi por así decirlo de derechas, un humanista interesado en la cultura clásica y en la plena realización de las potencialidades individuales, convergente de hecho con el Oscar Wilde de "El alma humana bajo el socialismo". También un Marx muy cristiano (al igual Eagleton nos sale extraordinariamente católico) por su sentido redentorista de la historia—que vale la pena, a pesar de la larga serie de documentos de barbarie que arrastramos. Un Marx burgués que aprecia los logros del capitalismo y de la burguesía, a la hora de acabar con la tiranía y con la dominación feudal. 

Para Marx, el Marx de Eagleton, si la historia es trágica, es una tragedia que acaba bien... no como la veía Schopenhauer, que hubiera preferido que no existiera la humanidad. Marx es un materialista y no un utopista, sabe que la naturaleza humana no cambiará, y que la sociedad socialista no tendrá individuos redimidos.

Y ahí va mi pregunta—le pregunto a Eagleton si hay una interpretación materialista de la naturaleza humana, en la cual pertenece a la sustancia misma del hombre y de su cultura el haberse hecho sobre la base de la explotación mutua, sistemática y organizada. Si esa es la naturaleza humana, ¿va a cambiar? ¿Propone Marx un transhumanismo, una alteración sustancial de la naturaleza humana en la que esa explotación ya no vaya a darse?

Mi propia noción es que se pasa de explotaciones directas, cruentas y crueles, a explotaciones sistémicas, incruentas y mitigadas por una política socialmente consciente, cuando no socialista. Ahora bien. Eagleton se escaquea un tanto sobre la necesidad de la explotación continuada, o sobre si supondría una alteración de la naturaleza humana. Sí insiste en su respuesta en la imbricación del bien y el mal en la realidad humana, y en la voluntad de Marx de mitigar la brutalidad de la civilización y de potenciar lo que permite la realización del potencial humano—lo que él llama socialismo, y que bien puede parecer capitalismo a veces. Comenzaba Eagleton observando que cuando los capitalistas mencionan al capitalismo, y usan ese término, es que algo va mal... y nos avisa del posible colapso total del sistema, o su transformación en algo que apenas podemos prever.

Ahora bien, lo veo a Eagleton demasiado bien dispuesto a aceptar voluntariamente más terrores trágicos (revoluciones, etc.) con vistas a la construcción final del socialismo—a repetir en suma los errores stalinistas que condena explícitamente—en lugar de resistirse cuidadosamente a todo episodio trágico. Viene a pedir al público que se sume a la revolución cuando la vea aparecer, cada cual en su contexto real, porque la historia no se realiza por gracia divina que la impulse desde fuera. (Es lo que Eagleton critica como una visión protestante; le decía Eagleton a Manuel Barbeito que a Badiou lo ve demasiado protestante en ese sentido).

Lo que yo veo seguro es que la revolución, la aceptemos o no (y normalmente resulta ser inaceptable para quienes piensan  en ella seriamente, y tanto más para la mayoría de los que la viven, y no me refiero a los revolucionarios) es algo que nos aterriza encima. No depende de los intelectuales, sino de transformaciones masivas del panorama, de grupos que derrumban el sistema existente e imponen una nueva ley. Es lo que veremos, creo, cuando venga África a habitar la habitable y envejecida España. Ya veremos cómo reacciona España, si es que existe.

Quizá otra cosa que falta en Marx es una conciencia de la importancia de los combustibles fósiles, y su agotamiento futuro, a la hora de explicar la historia humana, el chute de energía en vena de la modernidad que estaba pasando ya en 1850. La plusvalía del pleistoceno, por así decirlo: no sólo la explotación del hombre por el hombre, sino  la explotación del planeta por el hombre, y la explotación del pasado por el presente. Vivimos de unos recursos agotables que, además de la explotación pasada del hombre por el hombre que nos ha hecho, son otra historia acumulada que también llevamos a cuestas. Y que es potencialmente muy trágica.




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viernes, 7 de marzo de 2014

Teoría de la clase odiosa

Según Thorstein Veblen, el desarrollo social lleva a la aparición de clases ociosas que se definen por mantenerse alejadas del trabajo productivo, parasitando la producción de los demás. La propiedad privada no surgió para cubrir las necesidades vitales, sino como signo de distinción de clase. Las primeras propiedades fueron las mujeres esclavizadas o los bienes arrebatados al enemigo (la clase ociosa es primitivamente una clase guerrera). Y así la riqueza y las posesiones se convierten en meritorias de por sí en una fase posterior de la civilización. 

Pero ojo:

"En virtud de un refinamiento ulterior, la riqueza adquirida pasivamente por herencia recibida de los antepasados o por otros medios se convierte en algo incluso más honorable que la riqueza adquirida por propio esfuerzo" (Teoría de la clase ociosa 54).



—¿Y por qué? Porque, nos aclara Veblen, el esfuerzo productivo deshonra de por sí según la filosofía implícita de la clase ociosa. De ahí que perviven todavía rastros de barbarie primitiva en el comportamiento de esta clase (a pesar de todas sus recepciones y ceremonias y etiquetas):

"Según el criterio popular, los honores más altos que están al alcance de la especie humana quizá sean, todavía hoy, los que se ganan dando muestra de una extraordinaria eficacia depredadora en la guerra, o de una cuasi-depredadora eficacia en el arte de gobernar." (Veblen, Teoría de la clase ociosa 55. Énfasis mío).
Ahí es nada. A Veblen no lo han leído nuestros políticos, ni falta que les hace—lo llevan impreso de fábrica.


 
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viernes, 7 de mayo de 2010

Con quién cooperamos


En el tren, camino de la oposición, me venía leyendo un interesante libro de Michael Tomasello, Why We Cooperate (Boston Review / MIT Press, 2009), que versa sobre algunas características únicas de la especie humana, centradadas alrededor de la naturaleza cooperadora de los seres humanos. Es esa vida social cooperadora la base sobre la que se asientan otras características humanas fundacionales, como son el desarrollo de capacidades simbólicas y del lenguaje.

 Tomasello hace experimentos comparativos con niños y chimpancés, y sus resultados indican que los niños son, de manera innata y no aprendida, más cooperadores que los chimpancés (que son biológicamente nuestros parientes más cercanos). Hay algunos elementos comunes de las actitudes sociales de humanos y demás primates, claro, pero el estudio también resalta estas diferencias de origen.

¿Rousseau o Hobbes? ¿Es el hombre por naturaleza un buen salvaje o un lobo para el hombre? El desarrollo social de los niños pasa de uno a otro, hasta ajustar el comportamiento e interiorizar las normas sociales (un proceso que puede durar toda la vida). Primero los niños son instintivamente cooperadores; luego aprenden a discriminar, y seleccionan con quién cooperan.

Parte de ese desarrollo es la obediencia a normas: leyes e instituciones son un desarrollo cultural único entre los humanos, y parte del desarrollo social del individuo se encuentra en la acción cooperativa en el marco de leyes e instituciones.

Toda cultura social y cooperativa tiene el problema de los parásitos y manipuladores: los free riders, los que se aprovechan del sistema y de las tendencias cooperadoras de los demás. O de las leyes, claro.

Y parte importante de la educación social humana consiste en aprender a distinguir a esos manipuladores del sistema, y defenderse de sus maniobras.

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Recuerdo un interesante experimento sobre la capacidad imitativa de niños y de chimpancés. Se trataba de un dispositivo para obtener comida en una caja: la comida iba precedida de un ritual inútil de manipulaciones; luego se podía coger la comida (y antes también, pero eso no se mostraba, pues la caja era opaca). Tanto niños como chimpancés aprendían rápidamente las manipulaciones requeridas. Al cambiarles la caja por una caja transparente, que revelaba lo inútil de algunas de las maniobras, el chimpancé se saltaba rápidamente los pasos innecesarios, e iba a por la comida. Pero el niño no: seguía repitiendo como un "repitemonas" todo el ritual previo. Paradójicamente, en algunos aspectos los humanos son, por tanto, mucho más imitativos. Dependemos más del aprendizaje social, la enseñanza, y la tradición, y de ahí que los niños interiorizasen tanto esas manipulaciones aprendidas, a pesar de su inutilidad. En este ejemplo puede parecer una torpeza, claro, pero a la larga una especie inteligente y que aprende absorbiendo los procedimientos enseñados logra acceder a un nivel de inteligencia superior al del mono que va a lo práctico por cuenta propia. La cultura es cooperación. También Sánchez Vidal, en su conferencia anteayer sobre la función de las ficciones, especulaba sobre la importancia suprema que debió tener el ritual y la repetición a la hora de cohesionar el precario universo simbólico incipiente de los primeros humanos.

Por cierto, Tomasello habla de cultura en varias especies animales, no sólo en los humanos. Hay cultura en cuanto "diferentes poblaciones de una especie desarrollan distintas maneras de hacer las cosas, basadas en el aprendizaje social". Así, hay poblaciones de chimpancés que usan herramientas, o que cazan, de maneras distintas a otras, no por su mayor inteligencia sino por su cultura diferente. Los seres humanos, por su parte, han desarrollado una amplia gama de nichos culturales cuya riqueza, variedad y complejidad no tienen paralelo. Hay otras culturas animales, pero la nuestra es diferente y superior, cuantitativa y cualitativamente. El desarrollo y la transmisión de conocimientos y tecnologías cada vez más complejos y dependientes de los anteriormente desarrollados y transmitidos abre un universo cultural específicamente humano. Esto sucede no sólo con las tecnologías (o con los idiomas) sino con las instituciones sociales. Todo ello descansa, explica Tomasello, en la "intencionalidad compartida", que supone "la capacidad de crear con otros intenciones conjuntas y compromisos conjuntos, con vistas a empresas cooperativas". Para ello son básicos tanto las capacidades innatas, como los procedimientos de enseñanza y aprendizaje, y las normas sociales relativas al orden y al castigo para quienes no cooperan.

Tomasello observa que estas habilidades especiales humanas surgieron en el proceso de construcción de nichos culturales específicos y en el proceso de coevolución genética/cultural. Así los humanos se crearon mundos culturales en el seno de los cuales funcionar eficazmente. Observemos que el individuo tiene que funcionar eficazmente en el seno de su universo cultural, y que a su vez esta cultura tiene que ser capaz de existir junto a (o contra) otras culturas, y funcionar en el marco natural / cultural que le permite la obtención de recursos para perpetuarse y adaptarse. Una teoría evolucionista "simplona" que nos hable de la adaptación al medio, de la lucha por la existencia o de la selección natural, etc., pero sin tener en cuenta este marco cultural en el que tienen lugar esa adaptacion, esa lucha y esa selección, está ignorando precisamente la ecología que es propia de la especie humana, una ecología cultural.

Los estudios experimentales de Tomasello sobre el carácter innato de la cooperación humana se apoyan en otros estudios al respecto de Elizabeth Spelke (uno de los expertos cuyos comentarios sobre las tesis de Tomasello cierran este libro). Spelke ha estudiado experimentalmente comportamientos sociales y cooperativos que son innatos en los bebés. (Aquí hay un artículo de Paul Bloom relacionado con esta cuestión: The Moral Life of Babies). Sobre esta cuestión de la cooperación y la competitividad hay que distinguir varios niveles, para no confundir las cosas y creer que estas tesis refutan las teorías darwinistas (en lugar de refinarlas y especificarlas). Todos los individuos vivos compiten por su supervivencia y reproducción, a un nivel primario. Las estrategias cooperativas surgen como modo de optimizar esa supervivencia mediante la acción social concertada. Y, en una fase ulterior, estas estrategias cooperativas de los animales sociales requieren afinarse para evitar el problema mencionado del parasitismo.

Es decir, los niños cooperan de modo innato, como señala Spelke, por pertenecer a una especie innatamente social, pero en una fase de desarrollo un poquito más avanzada aprenden a seleccionar con quién cooperan, para no ser explotados. (Aunque aquí hablamos de generalidades, claro, y es fácil argüir que muchos adultos nunca aprenden a distinguir en qué relaciones sociales están siendo manipulados y explotados por otros individuos que utilizan estrategias sociales más refinadas y egoístas que las suyas).

A Tomasello no le gusta mucho hablar de "altruismo"—prefiere el término "cooperación". Pero en fin, también usa "altruismo" en este sentido, para hablar de tres tipos básicos: pueden compartirse con los demás a) alimentos (u otros bienes), b) servicios, o 3) información. En los tres tipos de cooperación (en un contexto tanto puramente altruista como de beneficio propio y ajeno) los niños pequeños cooperan o ayudan de manera mucho más consistente y fiable que los simios, y las diferencias son especialmente llamativas en los casos en que no obtienen en principio ningún beneficio inmediato.

Es de notar que los simios (los chimpancés para Tomasello, pero también los bonobos, que son menos agresivos y competitivos) cooperan mucho menos que los pequeños humanos en casi cualquier contexto. En el nivel informativo, observa Tomasello que los simios no señalan a los objetos para pasarse información: aunque pueden aprender a hacerlo en un contexto humano, tampoco entonces lo hacen de modo altruista, sino más bien en casos en los que indican algo que les va a beneficiar directamente. Ni siquiera comprenden la función puramente informativa del acto de señalar a algo. Es éste un caso muy claro en el que la capacidad de intencionalidad compartida, y la orientación cognitiva hacia un objeto distinto de los dos "interlocutores", se basa en modalidades de acción cooperativa. Esto parecería sugerir que el lenguaje (u otros modos de comunicación simbólica) descansan sobre protocolos previos de cooperación internalizados, antes que al revés.

Se remite varias veces Tomasello al principio de cooperación de Grice como un fundamento básico que permite cualquier otro tipo de comunicación: los otros me pueden ayudar informándome de cosas relevantes no sólo para ellos, sino también para mí. Los monos no se informan unos a otros de esta manera—ni siquiera a través de los gritos de alarma, arguye Tomasello, aunque en este punto su razonamiento es menos convincente. Yo diría más bien que hay pocas cosas de las que monos y simios puedan informarse unos a otros de modo cooperativo. Los monos y simios (y otros animales) obtienen mucha información de la observación del comportamiento ajeno, tanto de sus coespecímenes como de otros animales, pero no llegan a desarrollar una intencionalidad comunicativa a no ser muy rudimentaria y en general limitada a avisos de peligro, llamadas de auxilio, peticiones de rascamientos, invitaciones o solicitudes sexuales, de alimento... De hecho, una intencionalidad tan limitada no es distinguible claramente de la interpretación desarrollada en interacción con un comportamiento instintivo.

Los niños aprenden a mentir después de haber desarrollado los principios de la cooperación y la confianza. La mentira y otras formas de explotación se edifican sobre la base de la confianza mutua y de la veracidad. (Aquí Tomasello no parece dejar mucho lugar a un análisis desconstructivista de las nociones de verdad y mentira: por muy imbricadas que puedan estar en unas relaciones sociales complejas y elaboradas, en el nivel básico y primordial se encuentra la cooperación social, y la explotación o la mentira son fenómenos derivados, no primordiales).

En este comentario sobe "Language, Mind-Reading and Cooperation" sopesaba yo las teorías que priman la inteligencia social y la cooperación, frente a las que priman el desarrollo del lenguaje precisamente como impulsor de ese universo social (pues así podrían interpretarse las teorías de Bickerton sobre el origen del lenguaje). En realidad no hay ninguna oposición tajante: la especie humana podía ser extremadamente social y cooperadora previamente al origen del lenguaje, por necesidades ecológicas, y el posterior desarrollo del lenguaje no haría sino potenciar la inteligencia social y la construcción de universos culturales específicos.

Un aspecto importante del libro de Tomasello es la manera en que muestra cómo las acciones humanas, aunque parezcan puramente individuales, son institucionales, y están mediadas por un sistema social de valoraciones y normas. Así, por ejemplo, los chimpancés buscan maximizar el beneficio propio y en los experimentos consiguen la comida que pueden sin preocuparse de si es justo que a otros les den más. Simplemente maximizan su beneficio. Los humanos, en cambio, muy pronto muestran que sus acciones están mediadas por un sentimiento de justicia que es social o institucional—por ejemplo, en los juegos de ganar o perder apuestas (o comida) frente a un abusón, los humanos prefieren no ganar nada, y castigar al abusón, antes que conformarse con un poco y que el otro se lleve casi todo. No hay instituciones o normas similares entre los animales. (También es cierto, me dice la Dra. Penas, que algunos humanos aprenden a actuar como los chimpancés, y a conformarse con lo que les cae, renunciando a nociones de justicia...). Las normas humanas no sólo regulan la interacción: son normas constitutivas, que crean hechos no brutos sino institucionales. Searle ya hablaba de esto en Speech Acts; y la noción de la acción lingüística individual como algo mediado por la colectividad se encuentra en Bajtín. Aquí se extiende esa noción a toda acción humana. Para Tomasello, los niños pequeños pronto dan señales de comprender que actúan con este tipo de reglas, y pronto desarrollan una racionalidad social de un modo que no hacen los animales. No es sólo que los humanos sean sensibles a presiones sociales de diversos tipos, sino que también revela "un tipo de identidad grupal y una racionalidad social que es inherente a todas las actividades que conllevan una intencionalidad compartida, de 'nosotros'" (44).

Se remite Tomasello al concepto de Thomas Nagel (The Possibility of Altruism) de la identificación con el otro, una intersubjetividad inherente, podríamos decir, a la comprensión. Y esto crea una perspectiva humana propia que es la "visión desde ninguna parte" o comprensión del yo como otro. (Habría que relacionar esto con la fenomenología de Ricoeur y Lévinas). Desde el punto de vista de la teoría narrativa, me interesa esta "visión desde ninguna parte" como modalidad del punto de vista: vendría la voz narrativa omnisciente y anónima, característica de la ficción realista clásica, a ocupar la posición de la pura racionalidad social, y a darle expresión. La ficción narrativa puede entenderse así, desde un punto de vista biolingüístico o evolucionista, como un juego de perspectivismo social que nos es muy propio, muy próximo a lo que nos hace humanos. (Y concurrimos aquí una vez más con la visión de Brian Boyd, On the Origin of Stories, o con la de Agustín Sánchez Vidal en su reciente conferencia sobre el por qué de las ficciones).

Los niños pasan en su desarrollo de la identificación con "Otros significativos" (familia y amigos) a la identificación con un "Otro generalizado" o grupo social, político... (los términos son de G. H. Mead; Tomasello también se refiere someramente a Goffman en su noción de afiliación grupal). La identificación con un grupo ha sido una dinámica evolucionista potentísima que ha hecho a los humanos lo que son. La cooperación se da no indiscriminadamente, sino en el seno de un grupo social en el que se coopera. (Eso no quiere decir que no podamos cooperar con un miembro de otro grupo, claro, pero—y esto sí lo muestra bien Goffman—la propia identidad social del individuo se delimita en el seno de un grupo social y subgrupos laborales o afiliativos—mediante sus rituales, modos de interacción, espacios e instituciones.

Los niños nos sólo internalizan las normas sociales, sino que inmediatamente participan en su aplicación y la exigen. Aquí corrige Tomasello a Piaget que subestimaba esto. Y arguye que el altruismo humano deriva de la mutualidad en las actividades colaborativas. No procede la cooperación del altruismo, sino al revés. Los humanos primitivos, desarrollando una ecología de cooperación mutua, hubieron de volverse más confiados y menos egoístas que los simios, y desarrollaron normas sociales que asignan un status deóntico a los roles sociales institucionales. La acción humana es colectiva, es interacción, es inherentemente social, y así se crean expectativas mutuas, derechos, obligaciones, identidades sociales reguladas. Volviendo al concepto de Nagel de la "vista desde ninguna parte", en una interacción social, podemos decir que esa perspectiva que trasciende el egoísmo primigenio es característica de los humanos:

"Así, desde la perspectiva de ambos participantes, las actividades colaborativas humanas se realizan mediante roles generalizados que potencialmente son desempeñados por cualquiera, incluyendo el propio sujeto. Algunos filósofos llaman a esto 'roles de agentividad neutra'" (68)

—y aquí sí podemos remitir a la teoría de Goffman de los roles sociales, de la identidad del sujeto social humano como una serie o conjunción de roles. Y entenderemos así cómo estos roles—y con ellos nuestra identidad—están socialmente definidos y son en muchos casos rápidamente intercambiables, asumibles o susceptibles de ser aparcados o supeditados a otros.

La atención conjunta se desarrolla, dice Tomasello, unida a un objetivo común. Luego desarrolla formas desvinculadas de objetivos cooperativos (el lenguaje, por ejemplo, es un potente instrumento orientador de la atención a objetos no presentes)—en una fase posterior:

"Pero al principio, tanto en la filogenia como en la ontogenia, la atención conjunta sólo se da en el contexto de un objetivo conjunto, lo que hemos llamado atención conjunta de arriba abajo (top-down), ya que los objetivos de los actores determinan la atención" (70)

La propia estructura de la acción, conjunta pero con roles divididos, da lugar a una fragmentación perspectivística sobre ella, pues cada uno de los actores desarrolla su propia perspectiva sobre la acción:

"De hecho, la noción misma de perspectiva deriva de tener primero un foco atencional conjunto que luego podamos ver de manera diferente (si no, vemos simplemente cosas totalmente diferentes). Esta estructura atencional de doble nivel—con foco de atención compartido en el nivel superior, diferenciado en perspectivas en el nivel inferior—es directamente paralela a la estructura intencional de dos niveles de la propia actividad colaborativa (un objetivo común con roles individuales) y en última instancia deriva de ella" (70)

(Estas observaciones, me parece, tendrían una interesante aplicación al análisis de la perspectiva narrativa—siendo una elaboración secundaria de la acción, en el seno de esa modalidad de atención conjunta que es ya de por sí la narración, atención conjunta a un mundo virtual recreado conjuntamente por el narrador y los interlocutores. La perspectiva u orientación general (visual, informativa, ideológica, etc.—ver Uspenski) de la narración se fragmenta en perspectivas de nivel inferior que sin embargo están comprendidas en el mismo marco colaborativo general de la acción narrativa).


Para Tomasello, los grandes simios no entran en relaciones de atención conjunta, ni hacen lecturas mentales recursivas. Esto me parece un poquito precipitado como interpretación suya. Evidentemente, la atención conjunta de los simios es limitadísima comparada con la humana, como lo es su teoría de la mente. Pero de ahí a decir que carezcan totalmente de ella, va un paso que creo que Tomasello recorre precipitadamente. Un chimpancé ve un mono, en la caza, y colabora con otro, pero de un modo primitivo, dice Tomasello: no hay pruebas de que el chimpancé sepa que el otro chimpancé le ve ver el mono. Y sin embargo en otros experimentos he leído que los chimpancés son capaces de disimulo, frente a otros, para ocultar que han visto comida que el otro no ve. Eso parece indicar un grado de reflexividad interpretativa mayor del que sugiere Tomasello. Nos dice que los simios no han desarrollado atención conjunta porque no participan en actividades con fines comunes que requieran comunicarse para establecer objetivos comunes. (Quizá la caza sea una excepción. Y habría que detenerse más en sus rituales de interacción social, espulgamientos, sexo, etc.—me parece un tanto precipitado Tomasello en este aspecto).

En suma, observa que los humanos desarrollan modos de cooperación comunicativa (como señalar) antes de desarrollar el lenguaje, y que así debió ser en un origen. La inteligencia social, la lectura mental de intenciones, y la cooperación en fines comunes, precedieron al lenguaje—y fueron el requisito previo o la base para su aparición. En la observación del desarrollo de los niños ve Tomasello indicaciones generales claras sobre el desarrollo que debieron seguir las modalidades de cooperación en la evolución humana.

Podría parecer que esta teoría contradice en cierto modo a la de Deacon o a la de Bickerton sobre el origen del lenguaje—pues (dentro de un marco general de coevolución entre el cerebro y el lenguaje) estos autores parecen dar la prioridad al desarrollo del lenguaje, que luego "arrastró" el desarrollo cerebral. Pero en realidad no hay tal contradicción, creo. Bickerton postula el principio del lenguaje en unos seres no mucho más inteligentes ni con mucho más cerebro que los chimpancés actuales, pero que sí tenían ya una intensa vida social mucho más cooperativa que los simios, y en una ecología totalmente diferente que requería una intensa cooperación grupal. Es el mismo condicionante ecológico que imagina Tomasello:

"De hecho, creo que el contexto ecológico en el seno del cual se desarrollaron estas habilidades y motivaciones fue una especie de recolección de alimentos cooperativa. Los humanos sufrieron algún tipo de presión selectiva para colaborar en su obtención de alimentos—se volvieron colaboradores obligados—de una manera que no sucedió con sus parientes primates más próximos" (75).

El blanco de los ojos de los humanos, que revela la dirección de la mirada, es un indicador de un entorno social cooperativo: "anunciar la dirección de mi mirada para que la vean todos es algo que sólo podría evolucionar en un entorno social cooperativo en el que no era probable que los otros lo explotasen en detrimento mío" (76). En ese entorno se desarrollaron las bases de la moralidad humana, como la tolerancia, la disposición a compartir, y la confianza mutua—como requisitos para la acción cooperativa que permitía la supervivencia del grupo. Y esto requirió sin duda también una temprana acción policial:

"como las sociedades de cazadores-recolectores tendían a ser igualitarias, y los abusones con frecuencia sufrían ostracismo o muerte, los humanos sufrieron una especie de proceso de auto-domesticación, en el que los individuos muy agresivos o muy adquisitivos eran eliminados del grupo como malas hierbas" (84)

De hecho ya entre los simios se da una forma primitiva de "moralidad" en este sentido—pues tienden a evitar espontáneamente a los que menos comparten o menos colaboran, para evitar ser explotados. Es una modalidad de exclusión social que anticipa las instituciones humanas que regulan la cooperación, como las leyes y castigos.

Cita Tomasello los estudios de Hrdy sobre el cuidado cooperativo de los bebés—otra tarea necesaria en la ecología humana (la madre chimpancé cuida el 100% del tiempo a su cría, la humana cerca de un 50%). A ello se suma, en proceso retroalimentativo, la infancia cada vez más prolongada de los protohumanos, a medida que el desarrollo cerebral desmesurado hacía nacer crías cada vez más indefensas. Toda una serie de procesos anatómicos, mentales, sociales y ecológicos, mutuamente interdependientes, llevó a desarrollar un universo humano cooperativo.

"En algún momento de la evolucón humana, se hizo importante que los individuos de un grupo se comportasen todos igual: surgió la presión a favor de la conformidad. La motivación inmediata aquí es ser como los otros, ser aceptado en el grupo, ser uno de los 'nuestros' que constituyen el grupo y que compiten con otros grupos". (93)

Y así surgieron las culturas, y las tribus, y las tribus urbanas, y los idiomas, y las leyes e impuestos y reclutamientos forzosos, y los aparatos ideológicos del Estado y de la clase, y los equipos de fútbol. La imitación y la conformidad son para Tomasello principios de primer orden en la formación de la humanidad y su evolución.


"La razón es que la imitación y la conformidad pueden crear altos grados de homogeneidad intragrupal y de heterogeneidad intergrupal, y a una escala temporal mucho más rápida que la de la evolución biológica. Debido a este hecho peculiar—que presumiblemente no es característico de ninguna otra especie—se hizo posible un nuevo proceso de selección grupal cultural. Los grupos sociales humanos se volvieron máximamente diferenciados uno de otro en lenguaje, vestido y costumbres, y compitieron uno con otro. Los que tenían prácticas sociales más eficaces prosperaron en relación a los otros. Esta es presumiblemente la fuente de la mentalidad humana de inclusión y exclusión grupal, que los investigadores han mostrado que está activa incluso en infantes muy pequeños" (94).

Y en ello seguimos, y de allí la extraordinaria potencia de las dinámicas de grupos que regulan la pertenencia a ellos de los sujetos, los rituales de conformidad, y las modalidades aceptables de la acción del sujeto en el seno del grupo. La teoría de la acción en grupos de Goffman, grupos éstos que estructuran al sujeto desde dentro, es un complemento útil de estas observaciones de Tomasello. La identificación de los humanos con la humanidad es siempre un potencial abierto: estamos abiertos a la colaboración. Pero con quienes cooperamos es con los miembros de nuestro grupo, definido en círculos concéntricos cada vez más difuminados. Procesos sociales que podrían parecer patológicos—como la furia religiosa, el racismo, el partidismo cerril, o el nacionalismo excluyente—llevan a veces a marcar una de esas líneas concéntricas con especial énfasis, y a reestructurar los límites de la cooperación. Por imitación y por espíritu de grupo. Pero hay que reconocer que estas particulares políticas de chimpancés no son sino humanas—demasiado humanas.

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PS: Un vídeo de Redes, "Somos primates (2)", con Michael Tomasello:







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