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lunes, 7 de septiembre de 2015

Retropost #173 (1 de abril de 2005): Lechica

Le compramos una bicicleta a Ivo, nos la traerán la semana que viene. Como no lee blogs, todavía no sabe lo que se le viene encima. Así ya tienen una cada uno, y la pandilla irá motorizada, en lugar de ir Álvaro e Ivo en bicicleta, y Oscar corriendo detrás, que no es manera. Es una BH plegable como las que llevábamos en 1970 en el pueblo (gran novedad entonces) dando vueltas al Tontódromo. Recuerdo que entonces se llevaba lo de ir sin manos, y hacer concursos de a ver quién conseguía completar más vueltas sin tocar el manillar (o sin pegarse una piña, claro). (Jé, están hablándome justo aquí al borde del ordenata, pero no se les ocurre leer lo que pone... Están hinchando globos con la bomba de bici, "Papá, ¿habías caído en este uso?"). Secreto principal a guardar: según el vendedor de la tienda, era una bici "de chica". Que no se entere nadie, por favor, y menos Oscar, que cuando ve algo rosa, o en forma de corazón, o con puntillas, acusa: "Eso es lechica".




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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Y van tres bicis al guano

Ya le han robado a Álvaro tres bicicletas en este último año, dos en la Plaza San Francisco y la última esta mañana en el campus, delante de la caseta del vigilante de seguridad.

Es inútil: no se puede tener bicicleta, o si la tienes, la tienes que encerrar en casa. Es una ciudad llena de chorizos, chorizos impunes, pues lo de "ladrón de bicicletas" es una película italiana, no una figura penal.
Si denuncias el robo a la policía, archivan el papel y te dicen que la vayas a buscar al rastro a los puestos de ventas de bicis, a ver si la encuentras allí. Igual te la venden barata, pero lo más seguro que esté en otra ciudad, que la cosa va organizada. Esto ni se persigue ni se pena ni le interesa a nadie. Si a alguno cogiesen robando una bicicleta, ni el nombre le tomaba el policía, seguro. Y así, la cosa se convierte en una industria, una materia prima a explotar por la canalla—canalla encantadora con sus amigos, no lo dudo, y benevolentemente ignorada por las autoridades, jueces y penalistas.

Pero un país que funciona así, se va al guano. O mejor dicho, se ha ido ya.


 
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