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domingo, 22 de agosto de 2021

La Deuda Metódica (Methodical Debt)

El libro Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman ofrece perspectivas iluminadoras para la interpretación de muchos fenómenos característicos de cultura y la economía del siglo XXI. Leemos a su luz la política de endeudamiento y déficit sistemático de los estados nacionales, y en concreto de España, promovida en años recientes por el establishment político, por la Unión Europea y por otras entidades internacionales, así como sus consecuencias.

Texto completo:

La Deuda Metódica

https://papers.ssrn.com/abstract=3870812



 

English abstract:

Methodical Debt

Zygmunt Bauman's Liquid Modernity offers crucial insights for the interpretation of many characteristic 21st c. cultural and economic phenomena. The current policy of systematic deficit and debt for national states, and specifically in the Spanish case, promoted by the political establishment, by the European Union and by other international entities, as well as its consequences, are examined here in this light.

Note: Downloadable document available in Spanish.

Garcia Landa, Jose Angel, La deuda metódica (Methodical Debt) (June 6, 2011). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3870812 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3870812

 

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Also here:

 

_____. "La deuda metódica." In García Landa, Vanity Fea 3 June 2011.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2011/06/la-deuda-metodica.html

         2011

_____. "La deuda metódica." Ibercampus (Vanity Fea) 6 June 2011.*

         http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=14436

         2013 DISCONTINUED – online at the Internet Archive:

https://web.archive.org/web/20220117114602/https://hcommons.org/deposits/objects/hc:44240/datastreams/CONTENT/content?download=true

         2022

         https://web.archive.org/web/20210605170208/https://www.ibercampus.es/articulo.asp?idarticulo=14536

         2026

_____. "La deuda metódica (Methodical Debt)." SSRN 2 July 2021.*

https://ssrn.com/abstract=3870812

http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3870812

         2021

         European Economics: Macroeconomics & Monetary Economics eJournal 2 July 2021.*

         https://www.ssrn.com/link/Euro-Econ-Macro-Monetary.html

         2021

         Macroeconomics: Monetary & Fiscal Policies eJournal 2 July 2021.*

         https://www.ssrn.com/link/Monetary-Fiscal-Policies.html

         2021

         Public Economics: National Government Expenditures & Related Policies eJournal 2 July 2021.*

         https://www.ssrn.com/link/PE-natl-gov-expend-related-pol.html

         2021

         Social & Political Philosophy eJournal 2 July 2021.*

         https://www.ssrn.com/link/Social-Political-Philosophy.html

         2021

_____. "La Deuda Metódica." In García Landa, Vanity Fea 22 Aug. 2021.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2021/08/la-deuda-metodica-methodical-debt.html

         2021

_____. "La Deuda Metódica." Academia 20 Sept. 2021.*

         https://www.academia.edu/52928389/

         2021

_____. "La Deuda Metódica." ResearchGate 15 Oct. 2021.*

         https://www.researchgate.net/publication/355297933

         2021

         https://www.researchgate.net/publication/352984763

         2022

_____. "La Deuda Metódica." Humanities Commons 17 Jan. 2022.*

         https://doi.org/10.17613/07yp-kz88

         https://hcommons.org/deposits/item/hc:44239/

         2022

_____. "La Deuda Metódica." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/deudametodica.pdf

         2024

_____. "La Deuda Metódica." Internet Archive – Fatcat.*

https://web.archive.org/web/20220117114602/https://hcommons.org/deposits/objects/hc:44240/datastreams/CONTENT/content?download=true

         https://scholar.archive.org/fatcat/file/ofcorlnqmrbhdmyopyan2xlegm

         https://scholar.archive.org/fatcat/release/kx3ikj3wrve77gumqkysqpf27i

         2026

 

 

 

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sábado, 3 de junio de 2017

Bauman sobre Trump y la responsabilidad ética



Si no hubiera fallecido hace poco, Zygmunt Bauman hubiera podido comentar esto sobre Donald Trump y su rechazo a los acuerdos para controlar la degradación del medio ambiente. Por suerte ya lo comentó en 1993:

trump little hands


 Dado que lo que hacemos afecta a otras personas y el mayor poder de la tecnología afecta a muchas más personas que antes, el significado ético de nuestras acciones alcanza una dimensión sin precedentes. No obstante, las herramientas morales con que contamos para absorberla y controlarla siguen siendo las mismas que teníamos en la etapa de la "industria casera". La responsabilidad moral nos insta a procurar comida y vestido a nuestros hijos, mas no nos puede ofrecer muchos consejos prácticos cuando nos enfrentamos con las aterradoras imágenes de un planeta agotado, árido y sobrecalentado que ellos heredarán, y después sus hijos, y que tendrán que habitar como resultado indirecto de nuestra despreocupación colectiva actual. La moralidad que siempre nos ha gustado tiene manos poderosas aunque cortas, y necesitaría manos muy, muy largas. ¿Podremos acaso crecerlas?



Zygmunt Bauman, Ética posmoderna (1993)



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lunes, 29 de mayo de 2017

Prometeo y la promesa de la tecnología


Un pasaje interesante de la Ética Posmoderna de Zygmunt Bauman— el principio del capítulo 7, "Moral privada, riesgos públicos":


No concuerdo con los ingenieros y técnicos que creen que los problemas a los que nos enfrentamos pueden resolverse con la llamada "respuesta tecnológica"...  Yo creo que los problemas derivados de los avances tecnológicos son posiblemente irresolubles.
Max Black

La "respuesta tecnológica" que objeta Max Black en la cita anterior se refiere a la noción promovida por ingenieros, técnicos y científicos, y aceptada sin reservas por un público acrítico, de que "si surge una dificultad técnica, siempre podrás resolverla inventando otra novedad tecnológica" (1). Esto presenta un doble axioma: esto es lo que puedes hacer, pero también es lo que deberías hacer.

En nuestra época la tecnología se ha convertido en un sistema cerrado: considera al resto del mundo como su "entorno": una fuente de alimento, de materia prima para someterla a tratamiento tecnológico, o el basurero para los desechos —supuestamente reciclables— de ese tratamiento, y define las desgracias o infracciones como efectos de su propia insuficiencia, y los "problemas" resultantes como una exigencia de más de lo mismo: mientras más "problemas" genera la tecnología, más tecnología se necesita. Sólo la tecnología puede "mejorar" la tecnología, curando los males de ayer con las medicinas milagrosas de hoy, antes de que se conozcan sus efectos secundarios y se necesiten nuevas medicinas mejoradas. Éste es, probablemente, el único problema "suscitado por los avances tecnológicos" que son verdaderamente "irresolubles": no hay salida del sistema cerrado. No es una cuestión de problemas que exijan más tecnología, sino de la presencia misma de capacidad tecnológica que sólo "problematiza" aspectos del mundo que de otra manera no se considerarían "problema" (esto es, estados de cosas "equivocados" que deben por fuerza ser alterados "para mejorar"). Ni los que han aprendido a esperar la felicidad al final del camino ni los que sólo esperan la fatalidad  pueden hacer nada más que dar vueltas en la noria que mantiene a la tecnología en marcha.

En una primera aproximación, lo que aquí está cerrado parece ser un sistema de creencias que se corroboran: la tecnología define el vocabulario de la narrativa mundial de tal manera que no permite sino la acción tecnológica y expresa cualquier problema como la exigencia de una "respuesta tecnológica". En lo que concierne a la necesidad de legitimación, este sistema cerrado se propaga y perpetúa a sí mismo; genera su propia justificación. Nadie ha expuesto esta notoria característica con más intensidad que Jacques Ellul. La tecnología, insiste, ya no necesita legitimación o, mejor dicho, se ha convertido en su propia legitimación. La disponibilidad misma de recursos técnicos utilizables aunque subutilizados ("podemos hacer algo", "tenemos los medios y el know-how", "podemos arreglarlo") exige su aplicación; los recursos tecnológicos, por así decirlo, legitiman sus consecuencias y por ello hacen su uso obligatorio, al margen de los resultados.
La tecnología nunca avanza hacia nada salvo porque es impulsada desde atrás. El técnico no sabe por qué trabaja, y por lo general no le importa. Trabaja porque tiene instrumentos que le permiten realizar ciertas tareas, lograr una nueva operación con éxito...
No se definen metas, pero hay un motor colocado atrás que no tolera que la máquina se detenga...
La interdependencia de los elementos tecnológicos hace posible un gran número de "soluciones" para las cuales no hay problemas...
Dado que podemos ir a la Luna, ¿qué podemos hacer en ella y con ella? Cuando los técnicos alcanzaron cierto grado de tecnicidad en radio, combustibles, metales, electrónica, cibernética, etcétera, todo esto combinado hizo obvio que podríamos ir al cosmos. Se hacía porque podía hacerse. Nada más. (2)
 Podríamos deicr que  las "respuestas tecnológicas" se refieren no tanto al conjunto de medios disponibles y recursos de acción —artefactos ingeniosos y habilidad para usarlos— como a la incondicionalidad de la orden "de hacer algo", al margen de lo que sea ese "algo" que pueda hacerse o, quizá, no hacerse. Si algo puede hacerse, debería y deberá hacerse. Los medios justifican el fin, cualquiera que sea el fin que los medios produzcan: el resultado es valioso porque se dispone del know-how. En el umbral de la moderna revolución tecnológica, Auguste Comte expresaba el espíritu de la época con gran discernimiento y perspicacia en su famosa definición de progreso: "Savoir pour prévoir, prévoir pour pouvoir" (saber para prever, prever para poder). Poder —tener la hablilidad, ser capaz— como el propósito último, como el propósito "puro" que no es un medio para alcanzar algo más y que, por consiguiente, no necesita justificarse haciendo referencia a ese algo. No importa lo que uno pueda hacer, siempre y cuando pueda hacerlo. El destino del progreso moderno ("progreso moderno" es un pleonasmo, sólo la modernidad se piensa en un movimiento progresivo) no es hacer esto o aquello, algo que pueda especificarse de antemano, sino incrementar la capacidad de hacer lo que sea que el "hombre" pudiera querer que se haga. (El "hombre" no puede desar algo que aún no sabe que puede conseguir). La "respuesta tecnológica" es, en penúltima instancia, la declaración de independencia de los medios respecto de los fines; en última instancia, el anuncio de la soberanía de los medios sobre los fines. "Si tienes un auto, puedes viajar". No importa el destino, sino tener el auto. Lo que cuenta, y lo único que cuenta, es estar en posición de considerar cualquier lugar como un destino.

En la versión original de Hesíodo sobre el mito prometeico, Prometeo es castigado por los dioses por engañarlos al dividir la carne del sacrificio: por su arrogante intento de cambiar el orden preestablecido de las cosas, por su ignominioso cinismo al inmiscuirse en lo que a ningún ser humano le estaba permitido. El poema de Hesíodo fue compuesto para una audiencia que vivía en defensa continua del pasado en que se fijaron los patrones, de una época "dorada" porque no conocía la amenaza de la caída. Para esa audiencia, el pasado representaba seguridad y el futuro, peligro; el sufrimiento era el efecto colateral de romper la tradición, y un alejamiento de cómo eran las cosas y cómo deberían permanecer por disposición de la voluntad sobrehumana de los dioses. Fue en la versión posterior de Esquilo que el mito se revirtió: Prometeo sufrió su cruel castigo por llevarles a los hombres "las artes no sólo de curar, las matemáticas, la medicina, la navegación y la adivinación, sino la minería y cómo trabajar los metales" (3). Los dioses ya no son los guardianes del orden que protege a los seres humanos de la caída; son unos miserables celosos aferrados a las "formas tradicionales" que representan, ante todo, su privilegio. Los dioses tratan de que los hombres retrocedan mientras ellos avanzan. Prometeo deja de ser el criminal fraudulento justamente castigado para convertirse en un héroe perseguido. Se convirtió en héroe cuando Atenas —única entre las civilizaciones antiguas— llegó al límite del moderno, desafiante y temerario impulso hacia lo gran desconocido, pavimentado y señalado tan sólo por la capacidad humana de movimiento. "La minería y cómo trabajar los metales", más que otra cosa, le dio al ser humano la capacidad de moverse e ir definiendo destinos conforme se movía. También le permitió liberarse de los más temibles grilletes: los de los fines fijos y predeterminados de la vida.prometheus 2

"La técnica", nos dice Ellul, "nos permite rehacer la vida y su marco porque no estuvieron bien hechos". Mas "no estuvieron bien hechos" sólo significa que fueron hechos de manera diferente de como habrían sido si se hubieran aplicado los medios técnicos dispoinibles; el razonamiento es evidentemente tautológico y, por lo mismo, invulnerable. La tecnología se define como la "completa separación de la meta y el mecanismo, limitar el problema a los medios, y no interferir de manera alguna con la eficiencia..." (4).


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(1) Max Black, "Nothing New", Ethics in an Age of Pervasive Technology. Melvin Kranzberg, comp. Boulder, Colorado, Westview Press, 1980, pp. 26-27.

(2) Jacques Ellul, "The power of technique and the ethics of non-power", The Myths of Information: Technology and Postindustrial Culture, Kathleen Woodward, comp., Londres, Routledge, 1980. pp. 272-273, 280.Como señaló Herbert Schädelbach, "No es cierto que las decisiones políticas se tomen antes de que se ordene a los técnicos preocuparse por los medios... Los fines políticos suelen estar determinados por la información tecnológica relativa a la factibilidad técnica de lograr estos fines" ("Is technology ethically neutral?", Ethics in an Age of Pervasive Technology, p. 30). Jacques Ellul se opone abiertamente a la mayoría de las definiciones comúnmente aceptadas de tecnología que concuerdan en que la tecnología está relacionada con "alcanzar las metas": no es cierto, afirma Ellul, que "una técnica asegure un resultado conocido de antemano"; la "técnica no es nada más que los medios y el conjunto de medios" (The Technological Society, John Wilkinson, trad., Nueva York, Random House, 19764, pp. 14, 19).
    Cuatro años después de que cayera el Muro de Berlín, en Estados Unidos, y particularmente en Gran Bretaña, se renovó la presión para continuar las pruebas de armas nucleares, desarrolladas originariamnte "con el propósito" de mantener a uraya y dominar al enemigo comunista que ya no existía. De acuerdo con The Guardian del 18 de mayo de 1993, p. 1, "el establishment militar británico tiene tres razones para continuar con las pruebas. Primera, podría ser necesario probar una nueva ojiva para el misil nuclear táctico (Tasm) de la RAF, aunque la posibilidad de que se financie este programa de tres mil millones de libras esterlinas parece cada vez más remota. Segunda, tal vez se quieran introducir nuevas características de seguridad en las armas. Tercera, se desea que los científicos de la fábrica de armas atómicas de Aldermaston mantengan un buen nivel de experiencia". Claramente, ya no es necesario hacer referencia al propósito que supuestamente tendría la gran inversión de recursos públicos y la acumulación de armas cada vez más mortíferas. Las nuevas armas deben ser producidas y probadas (posiblemente para no utilizarse nunca), tan sólo para mantener ocupada a la fábrica de armas atómicas y hacer algo con los nuevos inventos de los geniales expertos. Y esto se acepta como obvio y "natural": el reportero no considera pertinente cuestionar lo descabellado del razonamiento al preguntar cuáles son los fines desconocidos de los "verdaderos" medios.

(3) Véase G. S. Kirk, The Nature of Greek Myths, Harmondsworth, Penguin, 1974, pp. 138-141 [La naturaleza de los mitos griegos, Barcelona, Argos Vergara, 1984]. Kirk comenta: "no cabe duda de que recobrar el fuego fue parte del mismo concepto, pero con toda probabilidad esta extensión de sus funciones no data más allá del siglo VI a.C., cuando el interés por la evolución de los hombres de un estado bárbaro y salvaje —idea que contradice directamente el plan mítico de una caída de la Época Dorada— cobró importancia por vez primera" (p. 140).

(4) Jacques Ellul, The Technological Society, pp. 142-143, 133.


(Zygmunt Bauman, Ética posmoderna, 2ª ed., México, Siglo XXI, 2006, pp. 211-16)



Hay , por tanto, una  dialéctica de la técnica, entre la realidad en la que aparece la técnica, y la realidad posible tal como sería (y será) transformada por la técnica. La técnica es inherentemente un sistema de desestabilización de la realidad, transformando el entorno (parte de él) y así multiplicando entornos; solucionando unos problemas para crear otros (como la degradacióin del entorno) que deberán ser tratados por medios técnicos. A la vez que se expande la realidad (y esto es lo que Bauman y Ellul tal vez no tienen en cuenta suficientemente) porque el tratamiento técnico de la realidad multiplica las dimensiones de la realidad: el entorno transformado da lugar a múltiples entornos. La técnica es también una técnica de complejificación de la realidad, un sistema de generación de complejidad, de la diversidad y de la multiplicidad.

Se detecta así como por lo bajini, en el ensayo de Bauman, una queja contra la tecnología, que aparece como la manzana mordida (Apple también se veían así). Como una nostalgia de un ser humano pre-tecnológico, o al menos una desesperación ante el vórtice sin fin de la tecnología, que desequilibra lo que vino a equilibrar. Pero si consideramos al lenguaje como una tecnología (una tecnología que llevamos incorporada), tal y como se propone en este artículo de Daniel Dor, The Evolution of Language and Its Speakers, se echa de ver fácilmente que no hay humano sin tecnología, pues es la tecnología la que nos hizo humanos. No como dioses, quizá, pero sí como hombres distintos de las otras bestias, y aun de los otros homínidos, que en homínidos pre-tecnológicos se quedaron.











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domingo, 14 de mayo de 2017

Consecuencias imprevistas, Roles, División del trabajo, e Incertidumbre moral




Unos párrafos del apartado "Incertidumbre moral", del cap. 1 del libro de Zygmunt Bauman Ética posmoderna:


Una de las dimensiones prácticas de la crisis deriva de la magnitud del poder que tenemos. Lo que hagamos nosotros u otros puede tener consecuencias de largo alcance y duración, que posiblemente no veamos directamente ni podamos predecir con claridad. Entre los hechos y su desenlace hay una gran distancia—tanto temporal como espacial—que es imposible imaginar con nuestra capacidad de percepción común; por ello, difícilmente podemos medir la calidad de nuestras acciones conforme a un inventario de sus efectos. Lo que nosotros u otros hagamos tendrá "efectos secundarios", "consecuencias inadvertidas", que podrían sofocar cualquier buena intención y provocar desastres y sufrimiento que nadie desearía ni adivinaría; más aún, podría afectar a personas a las que nunca conoceremos, por lejos que viajemos o mucho que vivamos. Podríamos perjudicarlas (o ellas perjudicarnos) inadvertidamente, por ignorancia más que por intención, sin que nadie en particular desee un mal, actúe de mala fe o pueda ser acusado de conducirse en contra de la moral. Es imposible que abarquemos la escala de consecuencias que podrían derivarse de nuestras acciones con la imaginación moral que tenemos. También resultan impotentes las pocas pero probadas y confiables reglas éticas que hemos heredado del pasado y nos enseñaron a obedecer. Después de todo, nos dicen cómo acercarnos a las perosnas y cómo decidir qué acciones son buenas (y por ende, deberíamos hacer) y cuáles son malas (y deberíamos evitar), dependiendo de sus efectos visibles y predecibles en ellas. Pero ni siquiera si cumpliésemos las reglas con el mayor escrúpulo y todos los que nos rodean las observaran podríamos estar seguros de evitar consecuencias desastrosas. Sencillamente, nuestras herramientas técnicas—el código de conducta moral, el conjunto de reglas que seguimos—no fueron hechas a la medida de nuestro poder actual.
 

La rigurosa división del trabajo, la experiencia y las funciones requeridas en nuestra época (y de las cuales se siente tan orgullosa) desembocan en otra dimensión práctica: básicamente cualquier cosa que hagamos involucra a muchas personas, cada una de las cuales desempeña una pequeña parte de la tarea general. De hecho, la cantidad de personas involucradas es tan enorme que nadie podría adjudicarse, con razón y convicción (ni podría asignársele a nadie) la "autoría" (o la responsabilidad) del resultado final: un pecado sin pecadores, un delito sin delincuentes, una culpa sin culpables. La responsabilidad del resultado flota, por así decirlo, sin encontrar su refugio natural. O, más bien, la culpa está tan extendida que ni el más sincero escrutinio de la propia conciencia ni el arrepentimiento de cualesquiera de los "actores parciales" lograría cambiar mucho el estado final de las cosas. Debido a esta impotencia, muchos acabamos por creer en la "vanidad de los esfuerzos humanos" y por considerarla una razón válida para no realizar un escrutinio propio ni estar dispuestos a saldar cuentas.


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miércoles, 10 de mayo de 2017

La relación en busca de pureza


Zygmunt Bauman comenta el amor confluyente de las relaciones postmodernas tal como lo definía Anthony Giddens en The Transformation of Intimacy. Este amor en busca de pureza (el amor de los que trabajan en su relación, y la dejan cuando el otro deja de trabajar) es para Bauman un amor líquido, o flotante. Bauman, que (como la postmodernidad) todo lo liquida:


Lo primero que ha desechado la relación en busca de pureza son las ataduras del deber moral: ese acto medular de toda moralidad, mi responsabilidad—ilimitada—con el Otro. Únicamente cuando se ha desechado la responsabilidad es posible buscar, y practicar, el escape de las aporías del amor por medio del recurso de flotación. En mi responsabilidad por el otro, ser responsable de mi impacto en el Otro representa un papel crucial, incluso el papel unificador. Asimismo, es necesario considerar los efectos del "alcance" de mi caricia; quizá solicité reciprocidad en el amor, logré que mi pareja se abriera hacia mí, quizás hice a mi pareja dependiente de mi respuesta a su respuesta a mi caricia. En este caso, mi responsabilidad aumenta, en vez de disminuir en el curso de ejercerla: las exigencias morales crecien cuando se obedecen, al igual que el apetito aumenta al comer. El rastro de la historia amorosa se engruesa y amplía con el tiempo, y resulta cada vez más difícil de borrar. Mis deberes morales con mi pareja enamorada se multiplican y agrandan como consecuencia de mi amor. Yo soy responsable de los efectos de mi amor, aun cuando no tome en cuenta, como ocurre con una pareja en una "relación pura", mi responsabilidad por los "efectos colaterales" derivados de mi amor (por ejemplo, hijos, los más obviamente afectados por el vaivén del "amor confluyente" de sus padres). Mi amor es consecuencial, y lo acepto junto con las nuevas y cada vez mayores responsabilidades derivadas de él. No obstante, la forma posmoderna de intimidad es posible tan solo si se niega la condición de esta consecuencialidado su importancia conativa, o bien se rechaza su autoridad.

Las relaciones puras —porque son puras en el sentido antes mencionado— y el amor confluyente —por ser confluyente— se "viven" como episódicos, al margen de su duración. El que se vivan como "episódicos" significa, desde luego, que no se da por hecho que ddurarán "hasta que la muerte los separe" y se manejan en congruencia: que se piensan con un inminente, si bien por el momento indefinido, punto final; y que existen en todo momento de su duración, "en tanto no suceda lo contrario". Pero tener un carácter episódico sginifica también algo más: a saber, que lo que suceda hoy no compromete el futuro, que nada sólido está sedimentado, que la cercanía de la pareja no se "acumula" con el tiempo, sino que más bien se extingue con la intimidad de momentos sucesivos. En otras palabras, significa que no tiene consecuencas— por lo menos, no consecuencias duraderas—; esto es, una consecuencia que dure más que "obtener satisfacción".

La ambivalencia de la fijación, como ya vimos, consiste en mostrar simultáneamente las perspectivas de seguridad y dependencia servil. La ambivalencia de la flotación, por el contrario, consiste en combinar la promesa de libertad con el espectro de la inseguridad. Con demasiada frecuencia, el que una de las partes recupere su libertad desmorona las oportunidades de la otra. El amor flotado deja una gruesa estela de dolor.

Mas la ventaja de la flotación reside no sólo en la posibilidad de escapar de manera unilateral de un involucramiento amoroso demasiado atormentado; si esto fuera lo único que lograra la flotación, el escape no habría sido una propuesta atrayente ni un genuino escape, ya que el precio, en términos de responsabilidad moral herida —quizás enmudecida por las convenciones del amor confluyente pero en realidad nunca extinguida— resultaría demasiado alto para las ganancias que se consideraron dignas de hacer la prueba. La ventaja de la flotación es real únicamente si el derecho de la renuncia unilateral se extiende sobre la naturaleza moral de la relación; en otras palabras, si cada una de las partes no sólo termina la relacio´n amorosa sino anuncia la insignificancia moral del acto, así como la insignificancia moral del ahora lejano Otro.

Al final del amor confluyente, esta condición de irrelevancia moral únicamente puede darse con un acto que es en sí inmoral. Como insistió Lévinas en tantas ocasiones, la justificación del dolor del Otro es el inicio y la médula de toda inmoralidad, y las convenciones de relación pura están construidas de tal manera que convierten el derecho a la libertad de escapar en la justificación del dolor de la persona de la que se ha escapado. Por otra parte, o más allá de los límites del amor confluyente, se extiende un mundo en el que las reglas de etiqueta y normas de procedimiento sustituyen a los impulsos morales, y en el que la mayoría de los actos cotidianos no están sujetos a censura moral. Para los amantes, empero, el único comino que conduce hacia ese mundo está pavimentado con la crueldad de un acto inmoral.

Cabe observar que, aun cuando el dolor impuesto al Otro, y sólo el dolor, se considera "el costo" de terminar con una relación —justificado, por otra parte, como una emancipación del yo— el yo no necesariamnte resurge de la relación en calidad de ganador. Si bien para entrar en una relación amorosa confluyente se necesitan dos —y es el volumen y la calidad de los recursos disponibles de cada uno lo que determina las posibilidades de éxito— la salida de este tipo de relación es unilateral. La negación de la consecuencialidad —la pretensión de que una relación amorosa confluyente no compromete seriamente el futuro— es un engaño de doble filo: una consolación engañosa para la parte abandonada, y un autoengaño de la que abandona. La no consecuencialidad es creíble cuando va aunada a la idea de que el fondo de "amores confluyentes" no disminuye con el tiempo (error que puede resultar muy costoso). La "relación pura", libre de "ataduras", sin obligaciones mutuas ni garantía de duración, parecería ser una oferta tentadora siempre y cuando el fondo de opciones parezca inextinguible. La riqueza de dicho fondo, empero, es tan sólo el reflejo de la amplitud de los recursos propios; cuando éstos se reducen —como inevitablemente sucede con la edad— lo mismo acontece con el fondo. Mas este descubrimiento llega, como el Mesías de Kafka, un día después de su llegada.

Consideramos que ambas estrategias para escapar a la aporía del amor son deficientes. Su propia ambivalencia —medida por la ambivalencia de sus efectos, anticipados o mprevistos— no es menos intensa e inquietante que la que intentaron resolver, o al menos mitigar. Aún más, cada medicina comprobó su eficacia en el tratamiento de un padecimiento particular, pero demostró ser letal para la integridad del amor. La fijación amplía la vida del amor, mas sólo como una aparición que ronda sobre la tumba; la flotación, en cambio, cancela el irritante vínculo entre la estabilidad y la falta de libertad, pero sólo a expensas de impedirle al amor adentrarse en profundidades en las que, de otra manera, se sumergiría gozoso a pesar de los peligros. Todo parece indicar que el amor no puede sobrevivir a los intentos por curar su aporía; puede durar, como amor, sólo junto con su ambivalenia. Tanto en el caso del amor, como en el de la vida misma, la historia se repite incesantemente: sólo la muerte no es ambigua, y escapar de la ambivalencia es la tentación de Tánatos.

(Zygmunt Bauman, Ética posmoderna, cap. 4)

confluent

Meat Loaf lo decía de otra manera más concisa y menos elaborada, pero igualmente expresiva:

Waiting for the end of time
—there's nothing I can do—
Waiting for the end of time
So I can end my time with you.



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miércoles, 3 de mayo de 2017

Zygmunt Bauman - Living in Times of Interregnum: Or on the Discordance of Tasks and Means




Bauman seems pretty unreliable on the subject of Étienne de la Boétie. Although some Montaigne scholars claim that Montaigne authored the discourse by La Boétié he published, this is by no means the general consensus. And La Boétie was not in the least a mere 'pen name' for Voltaire, nor a figment of his imagination: https://fr.wikipedia.org/wiki/%C3%89tienne_de_La_Bo%C3%A9tie

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jueves, 9 de junio de 2011

Huyendo de lo que dura

No diré que yo lo tenga, el rechazo a lo duradero—algún árbol he plantado, creo recordar, he tenido hijos. Me he casado, incluso varias veces. He escrito libros, que perduran hasta hoy, monumentos de momento tan duraderos como el bronce. Hago muchas fotografías, que congelan el tiempo y lo archivan para la precaria eternidad de los humanos. Muchas veces son de escaparates, que los considero (le digo a la gente) arte efímero, o de pintadas, y así les doy a esas cosas evanescentes una solidez relativa de la cual no goza la carne con fecha de caducidad. Hasta hacerme ilusiones de la salvación eterna no llego, todo tiene una medida. Pero vamos, que dentro de lo posible, que es poco, me trabajo lo de la durabilidad y la sustancia. Incluso peso cien kilos, a veces. Mi blog es famoso por el espesor y pesadez de sus artículos, muy lejos de la liviandad del ser postmoderno.  

Y sin  embargo no puedo negar que, quieras que no, participo de lo que Zygmunt Bauman (o su afrancesado traductor) llama el rechazo a lo durable, uno de los signos que diagnostica en esa Modernidad Líquida (2000) que llegó a tiempo para el milenio que nos ocupa—de momento el milenio más breve de la historia. Con este comentario sobre la afición a lo transitorio y evanescente me despido de momento de Bauman. Lo veo (aunque él no habla de eso) como una mirada escéptica y condenatriz a los blogs que nos ocupan—tomos deberíamos estar escribiendo, supongo, aunque algunos dicen que ya lo hago. 

Por cierto, tengo que ir a recoger la undécima y duodécima entrega en pasta de mi blog, que lo encuaderno, por congelar en pasta lo que pudiera tener de pensamiento débole. 

En fin, que así dice Bauman de algunos de los síntomas de la postmodernidad entre los que no me queda más remedio que incluirme. Nos ha contado que el capitalismo pesado ha pasado al capitalismo liviano, rápido y móvil, que el hardware se ha vuelto software, que la inmortalidad se ha devaluado, que el cálculo del tiempo a largo plazo se ha fragmentado en instantes variables e incoherentes. Fue el cálculo del tiempo el que nos civilizó, nos puso la ley de calendarios y relojes, y nos llevó a las elecciones racionales, al cultivo de la coherencia, de la responsabilidad mutua, al cálculo del mañana y a la postposición de la gratificación. En el fin de los tiempos, todo esto pierde fuerza, y retorna con fuerza el carpe minutum.


Es cierto que una vez los hombres de las cavernas "descubrieron el mañana". Pero la historia es tanto un proceso de olvido como de aprendizaje, y la memoria es famosa por su selectividad. Tal vez "mañana volvamos a encontrarnos". Pero tal vez no, o, mejor dicho, cuando nos encontremos mañana, tal vez no seamos los mismos que nos encontramos hace un momento. Si así ocurre, la credibilidad y la confianza, ¿son valores o defectos? (...)

La "elección racional" de la época de la instantaneidad significa buscar gratificación evitando las consecuencias, y particularmente las responsabilidades que esas consecuencias pueden involucrar. Las huellas durables de las gratificaciones de hoy hipotecan las posibilidades de las gratificaciones de mañana. La duración deja de ser un valor y se convierte en un defecto; lo mismo puede decirse de todo lo grande, sólido y pesado... lo que obstaculiza y restringe los movimientos. Ha terminado la época de las gigantescas plantas industriales y los cuerpos voluminosos que antes daban prueba del poder de sus dueños; hoy presagian la derrota en el próximo round de aceleración, de modo que son una marca de impotencia. Cuerpos delgados y con capacidad de movimiento, ropas livianas y zapatillas, teléfonos celulares (inventados para el uso del nómada que necesita estar 'permanentemente en contacto'), pertenencias portátiles y desechables, son los símbolos principales de la época de la instantaneidad. El peso y el tamaño, y especialmente lo gordo (literal o metafórico), culpable de la expansión de los dos anteriores, comparten el destino de la durabilidad. Son los peligros que hay que combatir o, mejor aún, evitar.

Es difícil concebir una cultura indiferente a la eternidad, que rechaza lo durable. Es igualmente difícil concebir una moralidad indiferente a las consecuencias de las acciones humanas, que rechaza responsabilidad por los efectos que esas acciones pueden ejercer sobre otros. El advenimiento de la instantaneidad lleva a la cultura y a la ética humana a un territorio inexplorado, donde la mayoría de los hábitos aprendidos para enfrentarse a la vida han perdido toda utilidad y sentido. Según la famosa expresión de Guy Debord, "los hombres se parecen más a su época que a sus padres". Y los hombres y las mujeres de hoy difieren de sus padres y de sus madres porque viven en un presente "que quiere olvidar el pasado y ya no parece creer en el futuro".

Pero la memoria del pasado y la confianza en el futuro han sido, hasta ahora, los dos pilares sobre los que se asentaban los puentes morales entre lo transitorio y lo duradero, entre la mortalidad humana y la inmortalidad de los logros humanos, y entre la asunción de responsabilidad y la preferencia por vivir el momento. (Modernidad Líquida 136-38)


El blog me parece un producto característico de esta postcontemporaneidad que la llaman otros, y sin embargo también hay que decir que es menos evanescente que una conversación telefónica o que una red social. Facebook dicen que queda archivado, pero es inaccesible, casi tanto como el pasado que se suponía que en algún sitio quedaba archivado. El blog, con toda su liviandad y transitoriedad, mantiene en contraste un bonito equilibrio entre lo que pasa hoy, el instante, y lo que ha pasado en días anteriores, o meses, o años—que todo queda archivado, como en la vida, que decía Machado, en el blog todo pasa y todo queda, y si es un camino sobre la mar, o sobre el tiempo que es aún más líquido que la mar, no es en él la primera vez que se concibe la vida como un transcurrir y un acumularse. Like as the waves make towards the pebbled shore .... each changing place with  that which goes before. En simulación de eternidad y permanencia—que ya vamos teniendo una historia. 

Un blog que va durando también va arrastrando su pasado, es casi una persona, por postmoderna que sea. Aún mantengo yo una costumbre retrospectiva más—la de enlazar al final de cada artículo, un artículo de tiempos pasados, para que se vea que el pasado sigue activo de alguna manera, y que (es más) en tiempos fue presente.


 
 
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viernes, 3 de junio de 2011

La Deuda Metódica

Ya es un libro de hace más de diez años, Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman, pero a veces parece que esté profetizando el futuro más que retratando el presente. En este fragmento pensaba en estados como Yugoslavia, creo—pero inopinadamente vemos que la ley de la globalización se nos va a aplicar también a nosotros. Decía Bauman:

Parece haber poca esperanza de rescatar los servicios estatales que proporcionaban certidumbre y seguridad. La libertad de la política estatal se ve permanentemente socavada por los nuevos poderes globales, equipados con las pavorosas armas de la extraterritorialidad, la velocidad de movimiento y la capacidad de evasión/escape; los castigos impuestos por violar la nueva ley global son rápidos y despiadados. De hecho, la negativa a jugar la partida según las nuevas reglas globales es el delito más duramente castigado, un crimen que los poderes estatales, atados al suelo por su propia soberanía definida territorialmente, deben evitar cometer a cualquier precio.
    Casi siempre ese castigo es económico. Los gobiernos insubordinados, que prefieren las políticas proteccionistas o generosas provisiones públicas para los sectores "económicamente redundantes" de sus poblaciones, y que se resisten a dejar su país a merced de los "mercados financieros globales" y del "libre comercio global", no reciben préstamos y tampoco se les concede reducción alguna de sus deudas; sus monedas nacionales se convierten en leprosas globales, sufren maniobras especulativas adversas y devaluación forzosa; la bolsa local cae, el país termina acordonado por sanciones económicas y condenado a ser tratado como paria por pasados y futuros socios comerciales; los inversores globales empacan sus pertenencias y se llevan sus valores, dejando a las autoridades locales la tarea de limpiar los restos y de ocuparse de los desempleados.
    Ocasionalmente, sin embargo, el castigo no se limita a "medidas económicas". Los gobiernos particularmente obstinados (pero no suficientemente fuertes como para resistirse durante mucho tiempo) reciben una lección ejemplar, destinada a advertir y asustar a sus potenciales imitadores. Si la diaria y rutinaria demostración de la superioridad de las fuerzas globales no basta para obligar al Estado a entrar en razón y cooperar con el nuevo "orden mundial", les toca el turno a las fuerzas militares: la superioridad de la velocidad sobre la lentitud, de la capacidad de eludir, de la extraterritorialidad sobre la localidad, todo eso se manifestará de modo espectacular, esta vez por medio de fuerzas armadas especializadas en tácticas de "atacar y desaparecer" y en la estricta división entre las "vidas que deben ahorrarse" y las vidas que no vale la pena salvar.

Aquí no habla Bauman de la deuda, pero la deuda internacional es una de las maneras en que un país a la vez coopera con el orden mundial y (si es imprudente) se sitúa en posición de dependencia. Aquí nos creíamos tan a salvo y tan prósperos, con nuestro estado del bienestar obtenido a base de hipotecar el futuro. Nos hemos endeudado por sistema, y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, como una trampa que nos hemos tendido a nosotros mismos, o en la que hemos caído casi voluntariamente. Viéndonos entrampados en nuestra deuda, el inversor se va a otro sitio con la velocidad de un clic, y nos deja con los muebles a medio pagar. Y llega el momento en el que hay que saldar la deuda, y el acreedor llama a la puerta, o la echa abajo.


 
 
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miércoles, 30 de marzo de 2011

Modelando la identidad fluida

 

La identidad es, según Zygmunt Bauman, "esa obra de arte que queremos modelar a partir de la dúctil materia de la vida":

"la búsqueda de identidad es la lucha constante por detener el flujo, por solidificar lo fluido, por dar forma a lo informe. Nos debatimos tratando de negar o al menos de encubrir la pavorosa fluidez que reina debajo del envoltorio de la forma; tratamos de apartar los ojos de visiones que  esos ojos no pueden penetrar ni absorber. Sin embargo, lejos de disminuir el flujo, por no hablar de deternerlo, las identidades son semejantes a la costra que se endurece una y otra vez encima de la lava volcánica, que vuelve a fundirse y disolverse antes de haber tenido tiempo de enfriarse y solidificarse. Así, siempre hay necesidad de una prueba más, y otra—y esos intentos sólo se concretan aferrándose desesperadamente a cosas sólidas y tangibles, que prometen duración, sean o no adecuadas para combinarse entre sí, y aunque no nos den motivos para creer que, una vez combinadas, seguirán reunidas—. En palabras de Deleuze y Guattari, 'el deseo acopla constantemente el flujo continuo con objetos parciales que son, por naturaleza, fragmentarios y fragmentados' (Anti-Oedipus).
    "Las identidades únicamente parecen estables y sólidas cuando se ven, en un destello, desde afuera. Cuando se las contempla desde el interior de la propia experiencia biográfica, toda solidez parece frágil, vulnerable, y constantemente desgarrada por fuerzas cortantes que dejan al desnudo su fluidez y por corrientes cruzadas que amenazan con despedazarla y con llevarse consigo cualquier forma que pudiera haber cobrado.
    "La identidad experimentada, vivida, sólo puede mantenerse íntegra con la fuerza adhesiva de la fantasía, tal vez de la ensoñación. Sin embargo, dada la obstinada evidencia de la experiencia biográfica, cualquier adhesivo más fuerte—una sustancia con mayor poder de fijación que la fantasía, de fácil disolución y eliminación—resultaría una perspectiva tan repugnante como la falta de ensoñación. Por ese motivo, según observó Efrat Tseëlon, la moda funciona tan bien: es la sustancia correcta, ni más fuerte ni más débil que la fantasía. Proporciona 'maneras de explorar los límites sin comprometerse con la acción . . .  y sin sufrir las consecuencias'. 'En los cuentos de hadas', nos recuerda Tseëlon, 'el atuendo soñado es la clave para revelar la identidad de la princesa, tal como lo sabe muy bien el hada madrina que viste a Cenicienta para el baile'." (Bauman, Modernidad líquida 89-90)

La compra compulsiva se convierte en una modalidad de construcción y destrucción de identidades desechables. Pero aparte de objetos, compramos imágenes que nos representan. Y así habla Bauman de

"el formidable poder que los medios de comunicación masivos ejercen sobre la imaginación popular, individual y colectiva. Las imágenes poderosas, 'más reales que la realidad', de las ubicuas pantallas establecen los estándares de la realidad y de su evaluación, y condicionan la necesidad de hacer más agradable la realidad 'vivida'. La vida deseada tiende a ser como la vida 'que se ve en la TV'. La vida en la pantalla empequeñece y quita encanto a la vida vivida: es esta última la que parece irreal, y seguirá pareciendo irreal en tanto no sea recuperada en imágenes filmables. (Para completar la realidad de la propia vida, uno tiene que 'grabarla' primero, usando para ese propósito, por supuesto, la cinta de video... esa materia reconfortantemente borrable, siempre dispuesta a eliminar viejas imágenes y a registrar otras nuevas.)." (91)

El vídeo en cinta está periclitado, claro (aunque aún venden VHS con grabadora DVD). Pero llámenlo digital, y el formato es aún más plástico, modelable y borrable. Estas reflexiones de Bauman pertenecen a un tiempo mental anterior a las webs personales, blogs y redes sociales, pero en gran medida parece aplicable lo que dice a estos medios electrónicos y sus respectivas pantallas, personalizadas esta vez a medida de la identidad del sujeto y (además) convertidas en moda. El sujeto se reconoce al menos parcialmente en la proyección multimedia que va generando de sí (a veces incluyendo vídeos caseros insertos, en efecto)—recopilando cosas que se dicen, dichos de moda, objetos que remitan a su identidad ideal y cambiante. 

Al parecer el aprecio por la autoimagen va positivamente correlacionado con la actividad en Facebook, nos decía un experimento hace poco. No es la menor de las ventajas del "cuerpo angélico" de la web personal que ésta va cambiando día a día, como una identidad a la vez permanente y fluida. Bauman cita a Christopher Lasch, en The Culture of Narcissism, que también parecía muchos años antes anticipar el análisis de estos fenómenos típicamente postmodernos:

"la vida moderna está tan completamente mediada por imágenes electrónicas que no podemos evitar responder a otros como si sus acciones —y las nuestras— fueran filmadas y transmitidas simultáneamente a un público invisible, o fueran a guardarse para ser vistas con detenimiento más tarde." (cit en Bauman 91)

Siempre me ha parecido un defecto de Facebook el que sus archivos sean en la práctica inaccesibles—no hay un sistema ordenado para ir a buscar la información relativa a tal o cual día, si lo comparamos con los blogs. Pero quizá sea sólo una fase más avanzada de esa contradicción a que alude Lasch—en el blog, a veces aún consultas (o la gente consulta) artículos anteriores; en Facebook, queda el archivo para el Juicio Final, o para uso deshonesto de la propia empresa. 

Y lo único que queda del trayecto del sujeto por la red es, en la práctica, su huella inmediata, la de moda, podríamos decir. Facebook es mucho más evanescente, más atado a la inmediatez—está entre el chat y el blog, no en vano se escribe en la misma página en que se lee, sin tener que pasar a un modo de edición. En modalidades distintas, los facebooks y los blogs parecen encarnaciones ideales de esa cultura del narcisismo de la que hablaba Lasch: una imagen electrónica de la identidad que es a la vez automodelable, fluida y variable, personalizada a voluntad, y muy mediatizada por la moda, como una vestimenta electrónica del cuerpo y de la mente para lucirla en "las ubicuas pantallas".


 
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domingo, 20 de marzo de 2011

Lujo inútil





Me pregunto en qué sociedad está pensando Zygmunt Bauman, por contraste, cuando habla de que en nuestra sociedad hay carencia de pensamiento crítico. ¿En qué sociedad ha habido jamás abundancia de pensamiento crítico —o más abundancia de pensamiento crítico que en la nuestra? ¿Quién ha echado en falta jamás, al margen de los filósofos mismos, a los filósofos? Naciones enteras, generaciones enteras, civilizaciones enteras de seres humanos viven y mueren sin que en sus anales quede rastro de un mínimo intento de reflexión teórica sobre lo que son o lo que hacen. Es el estado natural de la humanidad, si puede decirse que la humanidad tiene un estado natural. El pensamiento crítico es, como decía Oscar Wilde, un desarrollo gratuito y justificado en sí mismo. A la gente no le ayuda ni a cultivar más judías ni a ser más feliz, y tanto la producción de alimentos, como la de felicidad, son prioridades más urgentes. Como lo es cualquier ritual o icono que  cree comunidad y atención colectiva—más que remotas reflexiones que dividen las mentes entre sí, en lugar de unirlas. No es extraño que la humanidad sea, en general, refractaria al pensamiento teórico-crítico. Somos todos, pero especialmente los filósofos, un lujo inútil, una lovely rose que se contempla a sí misma en un panorama desolado.


 
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domingo, 20 de febrero de 2011

Facebook como sociedad líquida de individuos


La sociedad de individuos, característica del mundo postmoderno, la contrapone Zygmunt Bauman (desfavorablemente, entiéndase) a la "sociedad de ciudadanos" socialmente responsables—que no sé realmente de qué período histórico ha sido característica—o si pertenece sólo al desiderátum de las utopías o de las miradas selectivas e idealizantes sobre el pasado.  Cuando escribió esto Bauman no había Facebook, y apenas "redes sociales" en Internet. No es de esto de lo que habla Bauman, sino de las experiencias característicamente postmodernas—pero sin embargo se ajusta muy bien su descripción pesimista y desilusionada a lo que podría pensar de las relaciones sociales virtuales, siendo casi una descripción por anticipado de lo que viene siendo la red social de los individuos en lo que él llama la modernidad líquida:

Si el individuo es el enemigo número uno del ciudadano, y si la individualización pone en aprietos la idea de ciudadanía y la política basada en ese principio, es porque las preocupaciones de los individuos en tanto tales colman hasta el borde el espacio público cuando éstos aducen ser los únicos ocupantes legítimos y expulsan a codazos del discurso público todo lo demás. Lo 'público' se encuentra colonizado por lo 'privado'. El interés público se limita a la curiosidad por la vida privada de las figuras públicas, y el arte de la vida pública queda reducido a la exhibición pública de asuntos privados y a a confesiones públicas de sentimientos privados (cuanto más íntimos, mejor). Los 'temas públicos' que se resisten a esa reducción se transforman en algo incomprensible.
    Las posibilidades de que los actores individualizados sean 'rearraigados' en el cuerpo republicano de la ciudadanía son escasas. Lo que los anima a aventurarse dentro de la escena pública no es tanto la búsqueda de causas comunes ni de los modos de negociar el significado del bien común y los principios de la vida en común, sino más bien una desesperada necesidad de 'interconectarse'. [Nunca mejor dicho con respecto a Internet y Facebook—aunque quizá Bauman esté pensando en comunidades típicamente urbanas del tipo "grupos de autoayuda", etc.] Compartir intimidades, como no cesa de señalar Richard Sennett, tiende a ser el método preferido, si no el único restante, de 'construcción de comunidad'. Esta técnica de construcción sólo puede dar a luz 'comunidades' frágiles y efímeras como emociones dispersas y erráticas que cambian de objetivo sin ton ni son, a la deriva en su búsqueda infructuosa de un puerto seguro: comunidades de preocupaciones compartidas, ansiedades compartidas u odios compartidos—pero en todo caso comunidades 'perchero', reuniones momentáneas alrededor de un clavo en el que muchos individuos solitarios cuelgan sus miedos individuales y solitarios—. [Aquí está realmente certero Bauman, caracterizando las inútiles páginas de "gustos" de Facebook, comunidades inútiles, evanescentes e inutilizables de cientos o miles de gentes a las que les "gusta esto"] Como lo señala Ulrich Beck (en su ensayo 'On the Mortality of Industrial Society'),
aquello que emerge de la disuelta norma social es un ego desnudo, atermorizado y agresivo en busca de amor y ayuda. En su búsqueda de sí mismo y del afecto social, se pierde con facilidad en la jungla del yo [...] Alguien que anda hurgueteando en la niebla del propio yo se vuelve incapaz de advertir que ese aislamiento, ese 'solitario confinamiento del ego', es una condena masiva.
La individualización ha llegado para quedarse; todo razonamiento acerca de los medios de hacer frente a su impacto sobre el modo en que llevamos adelante nuestras vidas debe partir de la aceptación de ese hecho. La individualización concede a un número cada vez mayor de hombres y mujeres una libertad de experimentación sin precedentes—pero (timeo danaos et dona ferentes...) también acarrea la tarea sin precedentes de hacerse cargo de las consecuencias—. El abismo que se abre entre el derecho a la autoafirmación y la capacidad de controlar los mecanismos sociales que la hacen viable o inviable parece alzarse como la mayor contradicción de la modernidad fluida—una brecha a la que por ensayo/error, reflexión crítica y abierta experimentación, deberemos aprender a enfrentarnos colectivamente—.  
 

E individualmente, hay que añadir, claro.  Esto viene de la sección "El individuo en guerra con el ciudadano", de Modernidad Líquida (2000). Bauman es un tanto all-or-nothingist, "todo-o-nadista"—ve unos síntomas característicos de nuevas tendencias, y ya reduce el conjunto de la realidad a esos síntomas característicos como si hubiese todo sufrido una transformación de raíz, y no hubiese inercias más que notables en la sociedad humana. Yo tengo menos fe que él en esa hipotética sociedad de ciudadanos en la que los ciudadanos no sean a la vez individuos. La visualizo muy claramente en los movimientos de masas de ciudadanos, algunos de ellos ciudadasnos poco individuales, en los años 30 pongamos, todos socialmente muy concienciados y todos poniendo alguna colectividad nacional o de clase o de Pueblo o de lo que sea, por delante de las individualidades que eran denunciadas como un vicio burgués. En aquellos años de modernidad sólida Bauman era un comunista ortodoxo—en Polonia; luego heterodoxo dentro de un orden, pero siempre comunista. ¿Será Bauman un nostálgico de esos de que con Stalin primero, y luego contra Stalin, vivíamos mejor?

 
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