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sábado, 14 de septiembre de 2019

In Two Top Tens



Dear Jose Angel Garcia Landa:

Your paper, "INTERNALIZED INTERACTION: THE SPECULAR DEVELOPMENT OF LANGUAGE AND THE SYMBOLIC ORDER", was recently listed on SSRN's Top Ten download list for: LingRN: Psycholinguistics (Topic) and Linguistics & the Social Sciences eJournal.

As of 14 September 2019, your paper has been downloaded 128 times. You may view the abstract and download statistics at: https://ssrn.com/abstract=1073782.

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Psycholinguistics

Linguistics & the Social Sciences eJournal


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sábado, 16 de diciembre de 2017

Retropost #1907 (16 de diciembre de 2007): Internalizando la interacción

Internalizando la interacción

Publicado en Sin tema. com. José Ángel García Landa

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Repasando y combinando unos posts y reseñas de principios de año, acabo de colgar en el Social Science Research Network este artículo, "Internalized Interaction: The Specular Development of Language and the Symbolic Order / Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y el orden simbólico."

En español: que en el SSRN hay que poner siempre título y abstract en inglés, pero luego el artículo puede estar en una variedad de idiomas.

Este artículo ofrece un panorama del desarrollo de la consciencia humana como producto de la intenalización de la interacción comunicativa—desde los reflejos manipulativos de los primates hasta desarrollos culturales avanzados, como el teatro de Shakespeare, la Internet, o los gestos que hacemos cuando tenemos que pisar un suelo fregado.

Como siempre muerdo más de lo que puedo masticar, pero ahí queda el intento. Por cierto, compruebo que ya llevo más de 50 descargas de artículos en el SSRN. Ahí se distinguen las visitas al abstract de las descargas de tu peipa. Lecturas efectivas de los artículos, seguro que son muchas menos, sobre todo porque muchos usuarios anglófonos no habrán procesado eso de que el artículo esté en español. Y lecturas con comprensión e interacción todavía menos, supongo.

Nada, que hay sobreabundancia de medios y escasez de tiempo que dedicarle a tanta oferta enredada. Si al final resultará que con tanto medio de por medio aún tendremos que ir a los congresos especializados, arrastrando nuestro cuerpo in the flesh por la superficie rugosa del planeta, para tener una audiencia de diez o doce personas que nos oferten igualmente su tiempo real y no virtual...

Y los que no somos especializados, sino tendentes a la combinatoria itinerante, pues ni congresos especializados tenemos. Nos quedaremos en el blog, medio ambiente natural de las asociaciones de ideas, e interactuaremos con nuestras propias sinapsis y con visitantes selectos o personas de Porlock que nos interrumpan el stream of consciousness.




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sábado, 9 de diciembre de 2017

The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism

Abstract

George Herbert Mead's symbolic interactionalism provides a social behaviorist theory of the origin of role-playing. Being a perspective which stresses the inherent theatricality of human interaction and of the human mind, it is therefore, in an indirect way, a theory of the psychosocial roots of drama. Where we find the origin of language, and the origin of the human self, there we find, as well, the origin of drama. Besides, Mead's concept of self-interaction resulting from internalized interaction is crucial for an adequate understanding of the generative process which gives rise to the complexity of the human mind.

The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism

https://ssrn.com/abstract=3081625


madre4

10 Pages Posted: 7 Dec 2017  

Jose Angel Garcia Landa

Universidad de Zaragoza
Date Written: July 11, 2016

Keywords: George Herbert Mead, Dramatism, Social Psychology, Mind, Role-Playing, Internalization, Interactionism, Social Behaviorism, Drama, Self

Garcia Landa, Jose Angel, The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism (July 11, 2016). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3081625
 
 
 
 
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viernes, 13 de enero de 2017

Retropost #1308 (13 de enero de 2007) - Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico




Este interesante artículo de V. S. Ramachandran,  "The Neurology of Self-Awareness" (Edge 8 de enero de 2007), enlaza con algunas de las preocupaciones que me rondan por la cabeza últimamente.
Tiene muchos puntos en común con el artículo de Michael Arbib en Cajal and Consciousness, y también con la teoría de la autointeracción de pensadores como Mead o Blumer. También teoría de los marcos de Goffman, más en concreto con la teoría del sujeto y de la consciencia que parece insinuarse en sus últimas páginas. A ver si consigo hilar mínimamente uno con otro y con otro y con otro.

Hace poco mencioné las neuronas espejo. Son un sistema neurológico que abre un camino para relacionar, en términos biológicos y evolucionarios, reflexividad e interacción. Y que permiten concebir un punto de contacto entre neurología, lingüistica y esas reflexiones sobre fenomenología que tanto han enfatizado la relación entre yo y otro (la teoría de la mirada de Sartre, la teoría de la alteridad de los otros como sujetos y no objetos en Merleau-Ponty, o las reflexiones sobre soi-même comme un autre de Ricoeur). Casi nada, ¿verdad? Bien, pues tanto Ramachandran como Arbib dan un papel crucial a este sistema neurológico en la génesis de la autoconsciencia. Goffman no, claro; él no habla de neurología y cuando se murió aún no existían estas neuronas, por así decirlo.

El artículo de Arbib en Cajal and Consciousness (ed. Pedro C. Marijuán; New York Academy of Sciences, 2001) se titula "Co-evolution of Human Consciousness and Language". En este post resumo y comento algunos aspectos clave de este artículo. Eso me llevará más adelante a una exposición de la teoría del sujeto emergente en Goffman.

La consciencia humana se caracteriza por su complejidad, que sólo ha podido desarrollarse junto con el lenguaje. Complejidad que consiste en crear representaciones de la actividad intencionada, representaciones que van mediadas lingüísticamente. Estas representaciones (y el lenguaje) se han desarrollado evolutivamente a partir del sistema de neuronas espejo de los monos, y de la relación neurológica entre movimientos de la mano y de la boca.

(Por cierto, observa Arbib, un tanto en plan plain dealer, que "Cajal offers no particular guidance to the nature of consciousness", y que distingue la actividad consciente de los reflejos, pero no de otros procesos mentales. Yo creo que tampoco es tan así: pues Cajal también observa la diferencia entre el comportamiento espontáneo e irreflexivo, automatizado (no meros "reflejos") y el autoconsciente, mediado por otros sistemas neuronales. Y puede haber un choque en el paso de uno a otro, como en el ejemplo de la señorita que se mueve con gracia mientras no se siente observada pero tropieza o se trabuca en el momento más inoportuno, o sea, cuando ve que la miran).
Cajal sí que anticipó, dice Arbib, la teoría de que muchas funciones del organismo no están basadas en un único circuito o región cerebral, sino en la cooperación de muchas regiones cerebrales.  Ignoraba, claro, el detalle y muchos aspectos prácticos del funcionamiento de esta computación neural, por ejemplo que la inhibición de impulsos, y quizá la modulación neuronal, tienen un papel tan importante como la excitación. En otro post anterior he señalado cómo diversas teorías neurológicas contemporáneas analizan las modalidades de interacción entre regiones cerebrales, o de coordinación entre patrones de excitación, para explicar la creación de representaciones conscientes. Sin negar la importancia básica de estas interacciones multisistema, tanto Arbib como Ramachandran dan un papel preponderante al sistema de las neuronas espejo.

Volviendo a Arbib: opone "estados cerebrales" (inmensamente complejos) a "estado mental" (como resultado visible, pongamos, del anterior: los estados mentales son más simples; así, la lógica no es la esencia de la mente, sino una cristalización comunicativa, digamos, de los auténticos procesos cerebrales, en los cuales no entramos de manera consciente). Pero la mente es para Arbib (faltaría más) un aspecto de la actividad cerebral, un fenómeno semiótico: "some sort of précis of the broader neural activity and memory structures" (200). (—De ahí que los esquemas semióticos, y voy a Goffman y sus frames, vayan a ser tan importantes para desarrollar esta teoría de la consciencia).

La consciencia, el lenguaje, y los esquemas distribuidos.
 
El desarrollo de la consciencia no es sólo el desarrollo de la evolución morfológica del cerebro. Los fenotipos de comportamiento "no resultan de los 'genes cerebrales' sólo: más bien expresan tanto la organización inherente del cerebro como el aprendizaje que lo ha conformado a través de las experiencias del organismo individual, y éstas son determinadas en gran medida por el medio social en el que se desarrolla el organismo" (200). Así, la evolución de los homínidos no se puede separar del desarrollo de la cultura, que influye "incluso la evolución biológica (además de verse ella misma sujeta a cambio y selección)" (201). La consciencia es un fenómeno complejo y distribuido, y no se trata de un todo o nada: hay que estudiar tipos y grados de conciencia, y definir la propiamente humana y cómo ha emergido. "Sostengo que somos conscientes de una manera completamente humana porque tenemos lenguaje, es decir, que al igual que la consciencia va a cuestas sobre muchas funciones neurológicas, también debe ir a cuestas sobre el lenguaje, alcanzando así una sutileza y complejidad que de otro modo sería imposible" (201). Cita Arbib a Sarraute y sus tropismos preverbales, que se ven aplastados por la lógica propia del lenguaje: "para Sarraute el lenguaje es a la vez expresivo y destructivo, y esa tensión entre lo verbal y lo no-verbal es ciertamente la marca característica de nuestra consciencia, que la separa de cualesquiera otras formas de consciencia que puedan expermimentar otros seres" (202). (Esta interacción entre lo verbal y lo no verbal es enfatizada por algunos pragmatistas como Goffman. Para Goffman podríamos decir que el lenguaje va a caballo sobre lo no lingüístico, la interacción verbal explícita sobre la situación comunicativa que la antecede y sienta sus bases. Aun si esta no es totalmente no verbal, en tanto que deriva de un anterior complejo pragma-lingüístico. En mi artículo sobre La espiral hermenéutica intenté sacar algunas conclusiones de esta verbalización o emergencia del lenguaje que se da en la interpretación y la interacción comunicativa). Una teoría de los esquemas funcional, más que estructural, nos ayudaría a entender el funcionamiento del pensamiento como cooperación entre distintas áreas cerebrales que contribuyen a la generación de un esquema. (Pienso aquí en la teoría de la fusión metafórica y la proyección conceptual / redes de integración conceptual de Fauconnier y Turner). Principios: 1) la "cooperación computacional" o integración de esquemas; 2) la "modulación" de nuevos esquemas a partir de los existentes (esto recuerda mucho los análisis de Goffman, con sus transformaciones de marcos, reenmarcaciones, modulaciones); 3) la integración de representaciones parciales en un todo integrado: algo que no tiene por qué pasar en una región cerebral determinada. (Pero ver la teoría del espacio de trabajo global de Dehaene et al. aquí).
La neurología y la consciencia. Aquí Arbib expresa su escepticismo hacia las teorías de Penrose et al., Llinás, etc., y apoya un enfoque de lo consciente menos mensurable quizá en términos de estados cerebrales concretos y más bien en relación al lenguaje y la comunicación. Utiliza ejemplos como la visión ciega, etc. que también aparecen en otros artículos del volumen Cajal and Consciousness.
De la cooperación social a la consciencia

Retoma Arbib la teoría decimonónica de Hughlings Jackson sobre el desarrollo evolutivo del cerebro: "una vez se han desarrollado nuevas regiones o hay nuevos esquemas disponibles, proporcionan un ambiente enriquecido para partes más antiguas del cerebro" (205-6)—(algo que podríamos relacionar con la teoría de la emergencia. Los viejos fenómenos mentales quedan reenmarcados, y nuevos fenómenos pueden surgir de modo emergente por la interacción entre viejas y nuevas zonas). "En la terminología de la teoría de los esquemas, la evolución no sólo proporciona nuevos esquemas conectados a los antiguos, sino que proporciona conexiones recíprocas que modifican esos antiguos esquemas" (206). (Así, de este modo, la representación conceptual elaborada de un objeto puede actuar, por "retroproyección", sobre la imagen sensorial elaborada en los centros primarios de la percepción).

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Uno de los rasgos muy notables sobre las capacidades humanas es que venimos a incorporar herramientas en nuestro esquema corporal. Cuando usamos un destornillador nuestro cuerpo termina al final del destornillador, no al final de la mano; cuando conducimos un coche, nuestro cuerpo termina en el parachoques de atrás, no en nuestras nalgas" (206). Y así el cuerpo también se extiende, mediante la comunicación, por el cuerpo social.

(Aceptando este principio de la incorporación de herramientas al esquema corporal, pregúntate, Lector (escritor), por una parte...

1) qué herramienta estás utilizando ahora mismo, y qué dice eso sobre tu cuerpo. Hay toda una reflexión sobre la ciborguización del sujeto, especialmente a través de la interacción mediada por tecnología digital; ver por ejemplo mi reseña sobre Literatura y Cibercultura o sobre los diarios-blog, Serfaty: The Mirror and the Veil.

2) ¿Cuál es la herramienta más incorporada al cuerpo y a la mente... si herramienta es aún? El lenguaje como tecnología interiorizada.

Las tecnologías del lenguaje, al decir de Ong, modifican la consciencia. Más lo hizo el mismo lenguaje con su origen: es el plantemiento de base de Arbib).

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La comunicación primitiva está supeditada a la coordinación primitiva de los miembros de un grupo social. Como en la visión ciega, los procesos que coordinan a los miembros del grupo no tienen por qué suponer consciencia" (206). (De hecho, aun en grupos humanos, más avanzados y con comunicación más elaborada... la consciencia de los procesos comunicativos que los unen, no digamos ya la consciencia reflexiva avanzada sobre ellos, puede ser bastante primaria). El desarrollo de consciencia supone una capacidad elaborada de usar y anticipar el uso de señales. No sólo reconocimiento de señales, sino una señal de la propia señal, una señal reflexivamente simbolizada: "the individual's becoming able to pantomime 'this is the action that I am about to take'" (206). (Me interesa especialmente el uso de pantomime de Arbib aquí: parece indicar que hay una cierta teatralidad inherente al hecho de la comunicación consciente; es inseparable de una cierta duplicación y ficcionalización (digamos) del signo). Arbib y Hesse se refieren a esto llamándolo un "resumen", o signo podríamos decir, "a 'précis'—a gesturable representation—of intended future movements (as distinct from current movements)", una simbolización del comportamiento que se genera en lo que llaman el plexo comunicativo. "El elemento jacksoniano [Hughlings Jackson] de su análisis es que la evolución del plexo comunicativo proporciona un medio ambiente para la evolución continuada de sistemas más antiguos" (207). (En efecto, siguiendo la teoría de la retroalimentación cortical - tálamo-cortical, los sistemas sensoriales primarios han de evolucionar si no sólo han de procesar el input de los sentidos, sino proyectarlo a un sistema de monitorización o interacción más evolucionado, y, aún más, recibir el feedback de este sistema y volver a reenviar quizá varias veces las señales modificadas). "Sugieren [Arbib y Hesse] que una vez dispone el cerebro de semejante plexo comunicativo, comienza entonces un nuevo proceso de evolución, en el cual el signo [précis] viene a servir no sólo como una base para la comunicación entre los miembros del grupo, sino también como un medio de planificación y coordinación en el interior del propio cerebro" (207). (Esta es la interiorización de la tecnología a la que me refería. Recuerda mucho, por otra parte, a la teoría de Goffman sobre la constitución del sujeto mediante sistemas de marcos, a la que me referiré más adelante). Los esquemas interiorizados pasan a coordinarse por vía del signo que se ha interiorizado. Esto sucede ya a niveles subhumanos, pero sienta las bases para el desarrollo del lenguaje humano. Según esto, la consciencia sería un resumen o signo de la actividad esquemática, evolucionando de tal modo que que puede elaborar ciertos procesos mentales al nivel del lenguaje y la lógica, y que estaría relacionado en parte, pero no completamente, con la comunicación. (Para los interaccionalistas simbólicos como Mead o Blumer, las señales dirigidas por un organismo a sí mismo son cruciales en el desarrollo de la consciencia humana. Viene a ser esto una internalización de la comunicación, o más bien un desarrollo interdependiente e interactivo de la comunicación, la consciencia y el lenguaje. Veo muchos puntos en común con Arbib aquí).

Un sistema especular para la manipulación en el mono y el humano

Hay en el hombre y el mono un sistema cerebral especializado en coordinar la información visual con los movimientos de la mano que permiten la manipulación de objetos. En especial, se han observado unas neuronas de la región cerebral ventral premotriz F5 tienen una función especial. Son las llamadas neuronas espejo: "neuronas que se activan no sólo cuando el mono agarraba o manipulaba objetos, sino también cuando el mono observaba al experimentador hacer un gesto similar al que, cuando es realizado activamente por el mono, requería la actividad de la neurona" (208). Coordinan pues la observación y la ejecución de estos gestos. Es más, existe en los primates este mecanismo fundamental, automatizado o interiorizado, para el reconocimiento de estas acciones. La observación produce una actividad cerebral similar a la propia ejecución de la acción. (Esta reciprocidad es la que parece necesaria para la internalización subsiguiente de los procesos comunicativos a la autocomunicación del propio sujeto. Por otra parte, me sorprendería que no hubiese en otros cordados superiores sistemas de neuronas espejo similares en lo referente en concreto a la identificación visual. Es obvio que el ojo se activa de manera especial al percibir otro ojo: un ojo busca otro—light seeking light—, y más aún los ojos de los primates. Es éste otro sistema de interacción comunicativa muy útil en la supervivencia. En sus análisis sobre el saberse percibido de El Ser y la Nada Sartre extrae algunas conclusiones más elaboradas sobre cómo hemos desarrollado los humanos esta experiencia de intercomunicación visual). Arbib quiere buscar en este sistema interactivo-comunicativo de neuronas espejo "la base para la evolución del lenguaje humano" (210).

El enfoque sobre la evolución del lenguaje basado en el sistema especular

Siete fases en la evolución del lenguaje humano: 1) Manipulación, 2) Sistema especular para la manipulación, 3) Sistema imitativo "simple", 4) Sistema imitativo "complejo", 5) Comunicación manual, 6) Habla, 7) Lenguaje.

Con respecto a las diferencias entre los dos últimos, "speech" y "language", aclara Arbib que "habla es la producción y percepción abierta de secuencias de gestos vocálicos, sin implicar que estas secuencias constituyan un lenguaje" (210). (Es una postura ésta que recuerda bastante a las posturas desconstructivistas e integracionalistas sobre el lenguaje. La productividad viene en primer lugar, la codificación es posterior, en especial a la codificación elaborada a través de las formas escritas, los estándares socialmente favorecidos, etc. El habla es así el elemento productivo y agramatical del lenguaje, todavía siempre produciendo secuencias no previamente codificadas y ofendiendo a la gramática).

(Esta teoría de Arbib ofrece puntos de anclaje muy sugerentes a las teorías integracionalistas sobre el origen y funcionamiento del lenguaje, al privilegiar el complejo sígnico multimedial, global, por encima de los sistemas gramaticalizados o codificados. Sobre este complejo integracional de lenguaje y gesto también se puede seguir este enlace que lleva a una discusión sobre evolución: Lenguaje y gesto). Continúa Arbib:

Un humano anatómicamente igual a nosotros pero sin lenguaje, hace 200.000 años, quizá tendría una percepción sensorial inmediata más agudizada, pero a su consciencia le faltarían "los revestimientos sutiles que posee la mente moderna precisamente gracias a las propiedades recursivas a que da acceso el lenguaje" (211). La consciencia, pues, se ha desarrollado drásticamente después de que el cuerpo y cerebro humano humano alcanzasen su forma actual. (Se ha desarrollado como el lenguaje se ha desarrollado. Y los desarrollos de formas lingüísticas complejas—de formas comunicativas complejas, en realidad—suponen desarrollos de la consciencia humana, desarrollos evolutivos, sólo que ahí hablamos ya de evolución cultural, y no de evolución biológica. Una entronca con la otra y es su continuación).

El lenguaje se desarrolló sobre una anatomía previamente evolucionada que permitía ese desarrollo. Para Arbib, las vocalizaciones de los primates no son los precursores directos del lenguaje. De hecho se sitúa su sustrato cerebral en un área que no es la equivalente al área de Broca en los humanos. Esos gritos carecen para Arbib de las propiedades combinatorias necesarias para el desarrollo lingüístico, mientras que el sistema de las neuronas espejo sí parece abrir esa vía necesaria. "Está claro que las neuronas espejo pueden ser fundamentales para la imitación, de modo que la utilidad del sistema especular en el antepasado común del hombre y el mono puede haber consistido en maneras simples de imitación" para la conducta aprendida, la autorregulación motriz, y la coordinación del grupo (212). Hipótesis: "La extensión del sistema especular de las acciones simples a acciones complejas fue una innovación clave en la evolución cerebral relevante para la emergencia de una disposición al lenguaje" (212).

La generatividad comunicativa necesaria para el lenguaje estaba presente así en el comportamiento motor. El requisito de paridad necesario para el lenguaje humano (la reciprocidad del signo para hablante y oyente) se desarrolló a partir del sistema neurológico especular: "El lenguaje evolucionó a partir de un mecanismo que originariamente no estaba relacionado con la comunicación: el sistema especular para la manipulación con su capacidad de generar y reconocer una serie de acciones" (213). (El origen del lenguaje sería así un caso más de lo que Stephen J. Gould llama exaptación, o de lo que Niezsche analizaba – en la Genealogía de la Moral – como génesis no teleológica, o desconexión entre origen histórico y función actual de un órgano). Es característica de los homínidos la capacidad de explotar imitativa y comunicativamente secuencias de comportamiento nuevas, utilizables para la construcción de una respuesta inmediata y para el enriquecimiento de la vida del grupo a más largo plazo (fase 4 de las antes nombradas). De ahí pasamos a la fase 5: un sistema comunicativo con base manual, con signos pantomímicos que imitan, en ausencia de un objeto, a los signos gestuales pragmáticamente orientados a la acción de ese objeto cuando está presente. ("Comer, comer": el australopiteco llevándose la mano a la boca cuando no hay nada que comer. Así, el signo se constituye necesariamente in absentia del referente, y la teatralidad o simulacro de la realidad es inherente al origen del lenguaje. Nuestros antepasados usaban el lenguaje de los sordomudos, con la ventaja adicional de que oían y vocalizaban. Lenguaje y gesto son inseparables en un origen, sólo la evolución de formas cada vez más codificadas y menos gestuales los va deslindando. Y sin embargo la gestualidad permanece inscrita, como decía R. P. Blackmur en Language and Gesture, en la misma capacidad poética del lenguaje. De esta gestualidad del estilo, que siempre entra a ser procesada interpretativamente, hablaba yo en mi artículo sobre "la espiral hermenéutica").

Fase 6: el habla. Primero evolucionó un sistema de comunicación basado en las áreas ligadas por las neuronas espejo: la mano/brazo y los gestos orales y faciales. (Y la vista, supongo yo, donde debe existir otro sistema de neuronas espejo aún más básico, y que desarrolló una coordinación con el buco-manual). Seguidamente, "el sistema simbólico manual-orofacial 'reclutó' a la vocalización" dando lugar a un sistema abierto (no codificado) de gestualidad y sonido. En Homo Sapiens desciende la laringe (y ya en especies anteriores), lo que lleva a pensar que "se necesitaba un núcleo de proto-habla para proporcionar presiones hacia la evolución laríngea. Sin embargo (...) es muy posible que los humanos tempranos y sus precursores  H. erectus hayan tenido una comunicación vocal compleja sin tener lenguajes comparables a los lenguajes actuales" (214).

Es lógico que también el sistema de vocalización de los primates ha contribuido a la evolución del lenguaje. En concreto a través de la regulación de la respiración / vocalización. También aspectos primitivos de la vocalización, como los lloros de los bebés o las exclamaciones, tienen un asentamiento externo al área de Broca. (Así, hay pacientes mudos por lesión en el área de Broca que pueden jurar y maldecir cuando se les provoca). Arbib hipotetiza que el desarrollo del lenguaje llevó a establecer una coordinación entre el área cortical de la vocalización primate y el área de Broca.

La transición al Homo Sapiens: El desarrollo comunicativo tuvo que proporcionar una fuerte ventaja evolutiva, para favorecer como lo hizo la evolución hacia el homo sapiens a pesar de una laringe que impide tragar y respirar a la vez (pero posibilita el habla). El ser humano estaba ya listo para el lenguaje. Pero Arbib se opone explícitamente a las nociones de Chomsky sobre una implantación neuronal del lenguaje en el genoma humano. (Ya he dicho que sus ideas conectaban más bien con el integracionalismo y desconstructivismo... todo lo contrario de la lingüística generativa chomskiana). También se opone al proto-lenguaje de Bickerton (basado en secuencias de dos palabras, nombre-verbo), y sostiene más bien que los protohumanos "poseían la capacidad de nombrar acontecimientos con secuencias nuevas de gestos (manuales y/o vocales) pero que esta capacidad no implica la capacidad de nombrar separadamente los objetos y acciones que comprendían esos acontecimientos" (216). Esto fue un desarrollo más tardío (que Arbib sitúa entre hace 50.000 y 100.000 años). Lo que no quita para que "la consideración de la base espacial de las 'preposiciones' puede ayudar a mostrar cómo la coordinación visuomotriz subyace a algunos aspectos del lenguaje" (216). (Por aquí también se puede enlazar con los esquemas de representación espacial analizados por la lingüística cognitiva). Pero parece evidente que el desarrollo de estructuras gramaticales elaboradas haya sido "post-biológico", una creación del Homo sapiens. (Y continúa esa elaboración... No sólo en el desarrollo lingüístico, sino en el metalingüístico, a nivel de teoría y análisis del lenguaje).
En un esquema representa Arbib su teoría multimodal sobre el origen del lenguaje: Dos sistemas originalmente aislados (el sistema de llamadas de los primates por un lado, frente a otro constituido por tres subsistemas ligados: la gestualidad oral-facial, la gestualidad manual, y el sistema del habla). El segundo sistema complejo (y básico) se liga por una parte a los músculos faciales, y por otra a la gestualidad de mano y brazo. Por otra parte, interactúa con el primero produciendo los sonidos de la laringe y las cuerdas vocales. Pero el hecho de que el sistema laríngeo sea en cierto modo secundario explica por qué en ausencia de sonido u oído el lenguaje se desarrolla rápidamente por otra vía, el lenguaje manual y gestual de los sordomudos. Los ciegos, claro, han de limitarse al lenguaje vocal. (Y luego está Helen Keller...).

Con respecto a la consciencia,
Arbib sostiene que es una propiedad distribuida en la interacción de muchas áreas del cerebro; es sólo parcialmente verbalizable, pero la consciencia humana es muy diferente por el desarrollo que ha supuesto el lenguaje, que ha reestructurado el cerebro mediante un proceso de "evolución Jacksoniana" de modo que la consciencia parece a veces un observador y a veces un controlador. " Para Arbib, los procesos de "reentrada" o las coordinaciones neuronales estudiados por otros neurólogos en Cajal and Consciousness no son característicos de la consciencia humana, sino de procesos más básicos. La consciencia humana es una consciencia lingüística, y no puede separarse su estudio del estudio del lenguaje y su desarrollo.

Bien, hasta aquí he reseñado el importante artículo de Michael Arbib "Co-Evolution of Consciousness and Language" en Cajal and Consciousness. Relacionaré esta teoría con lo que en cierto modo es su continuación (avant la lettre): la teoría de Erving Goffman sobre la constitución del sujeto mediante la internalización de la interacción comunicativa.  Pero este artículo se me alarga, así que habrá de ser en otro futuro.











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viernes, 21 de enero de 2011

Origen y estructuración emergente de la interioridad

Distintas teorías sobre el origen de la interioridad se pueden encontrar, pero según las mejores autoridades donde hay que buscar el origen de la interioridad es en la exterioridad—en las relaciones sociales. La interioridad sería, pues, una exterioridad internalizada, una especie de socialidad virtual que, desplazada y convertida en una representación, divide al sujeto por dentro en varios papeles que vienen a representar dentro una especie de psicodrama simbólico de lo que sucede fuera—de las relaciones sociales que han constituido al sujeto como tal en primer lugar.

Esta noción se puede encontrar en la teoría freudiana de la constitución del sujeto: es a través del establecimiento de relaciones y de la ubicación en la pequeña comunidad de la familia como el sujeto va generándose, estructurándose, y desarrolla un ego que es una especie de representación o relación a sí—un sistema de relaciones agónicas del sujeto consigo mismo y con otras partes del conjunto psíquico que lo constituye, partes que también son resultado de una interiorización de fuerzas de relación entre el sujeto y lo que le rodea—el superyó por un lado, el inconsciente o el ello por otra, etc., en las diversas formulaciones de la teoría freudiana. A la teoría de Freud se le achaca que se centra demasiado en la infancia y en las estructuras más básicas de constitución del sujeto, y es cierto que el pequeño teatro del drama familiar se vuelve asfixiante si queremos reducir a él los matices y la complejidad de la constitución interna del yo. Necesitamos tener en cuenta relaciones sociales mucho más complejas.


Otra teoría clásica de la génesis de la interioridad, muy influyente sobre el pensamiento postestructuralista del siglo XX, es la de Nietzsche, tal como la expone en La Genealogía de la Moral. Este es una pasaje clásico, en el que expone cómo la conciencia compleja de sí se genera a través de la mala conciencia y de la frustración—que a su vez resulta de un proceso de internalización de relaciones sociales de conflicto, dominio, leyes y poder—y una psicomaquia que enfrenta al sujeto autorrepresentado a las figuras de autoridad simbólica, jefes o dioses, interiorizadas por la imposición de la norma social:

16. Al llegar aquí no puedo dejar de formular provisionalmente mi hipótesis respecto al concepto de "mala conciencia". No es fácil conseguir que se escuche esta hipótesis, que aspira a ser meditada largo tiempo, custodiada y rumiada. (Yo recuerdo cómo leí este pasaje a los dieciséis años y desde luego me ha vuelto a menudo a la cabeza y lo he rumiado con frecuencia—y a los cincuenta vuelvo sobre él, para relacionarlo con otras teorías de la subjetividad. Ya me vale, como rumiar). Creo que la mala conciencia es la profunda dolencia a la que habría de sucumbir el hombre bajo el peso de la más radical modificación de todas las experimentadas, la cual no es otra que la que se produjo cuando se vio definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y de la paz. Lo mismo que hubo de pasarles a los animales marinos cuando se vieron ante la alternativa de o transformarse en animales terretres o perecer, les ocurrió a estos medio animales adaptados felizmente a la selva, a la guerra, a andar errantes y a la aventura. De golpe, todos sus instintos quedaron degradados e "inutilizados". A partir de ahoradebían andar de pie y "cargar consigo mismos", cuando hasta ese momento les había sostenido el agua. Una terrible pesadez les aplastaba. Se veían incapaces de realizar las más sencillas funciones; para este mundo nuevo y desconocido, no disponían ya de esos viejos guías suyos que eran los instintos reguladores e inconscientemente infalibles. Estos desdichados se veían reducidos a pensar, razonar, calcular, combinar causas y efectos: se verían reducidos a su "conciencia", su órgano más pobre y más expuesto a errar. Creo que nunca se ha dado en la tierra una sensación tal de miseria ni un malestar tan pesado. Por otra parte, los viejos instintos no habían dejado, de golpe, de reclamar sus exigencias; sólo que era difícil, y pocas veces posible, satisfacerlas. Para lo principal, hubo que buscar formas nuevas y subterráneas, por así decirlo, de apaciguarlos. Todos los instintos que no se descargan hacia fuera se vuelven hacia el interior. A esto le llamo la interiorización del hombre. Sólo con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denominará "alma". Todo el mundo interior, originariamente enjuto, como encerrado entre dos pieles, se fue separando y creciendo, fue logrando profundidad, anchura y altura, en la medida en que se fue inhibiendo la descarga del hokmbre hacia fuera. Los baluartes con los que se protegía la organización social de los viejos instintos de libertad—los castigos, principalmente, entran dentro de tales baluartes—lograron que todos los instintos del hombre salvaje, libre y vagabundo retrocedieran y se volvieran contra el propio hombre.  El origen de la "mala conciencia" no es otro que la vuelta contra su poseedor de los instintos de hostilidad y de crueldad, del placer de perseguir, agredir, trastocar y destruir. A falta de enemigos y de resistencias externas, encerrado en la estrechez opresora y en la regularidad de las costumbres, el hombre se desgarraba a sí mismo, se persuguía, se mordía, se intranquilizaba y se hacía daño con impaciencia. El inventor de la "mala conciencia" fue ese animal al que se trataba de "domesticar" y que se golpeaba enfurecido contra los barrotes de su jaula, este ser al que le faltaba algo, devorado por la nostalgia del desierto, que hubo de crearse a partir de sí mismo una aventura, una cámara de torturas, una comarca insegura y peligrosa, este loco, este encarcelado lleno de añoranza y de desesperación. Pero con la "mala conciencia" se había introducido la mayor y más siniestra enfermedad, una dolencia de la que hasta ahora no se ha curado la humanidad: el hombre enfermado por el hombre, por sí mismo. Y ello como resultado de su separación violenta de su pasado de animal, de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia; como resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento descansaban su fuerza, su placer y su fecundidad. Añadamos inmediatamente, por otra parte, que, al volverse un alma animal contra sí misma y tomar partido contra sí misma, y tomar partido contra sí misma, había surgido en la tierra como algo tan nuevo, profundo, inaudito, enigmático, contradictorio y lleno de futuro, que el aspecto de la tierra cambió radicalmente. De hecho se necesitaron espectadores divinos para que valoraran en sus justos límites el espectáculo que entonces empezó y cuyo final resulta todavía totalmente imprevisible. Era un espectáculo demasiado admirable y demasiado paradójico como para que pudiera representarse en un ridículo astro cualquiera, siendo absurdo que no lo presenciara nadie. Desde entonces el hombre es una de las más inesperadas y apasionantes jugadas de suerte que juega el "gran niño" de Heráclito, llámesele Zeus o Azar. Desde entonces suscita un interés, una tensión, una esperanza y casi una certeza, como si con él se anunciara o se preparara algo, como si el hombre no fuera una meta, sino sólo un camino, un incidente, un puente, una gran promesa...

(En este párrafo final se verá naturalmente, en Nietzsche, como un anuncio del Superhombre, sea eso lo que sea. Me interesa más mostrarlo como evidencia de la consciencia de Nietzsche de que el hombre es un ser en evolución—evolución que lo constituye primero, y evolución cultural y conceptual después que lo convierte en un ser maleable, flexible, en proceso, un ser cuya organización social y psíquica no es estable sino fundamentalmente, inherentemente, emergente. E inestable, claro. Por otra parte, se aprecia claramente una continuidad entre este razonamiento de Nietzsche, profundamente evolucionista para la época en que se formuló, y las perspectivas actuales de la sociobiología—quizá más reconocibles aquí en su vertiente un tanto extremista que ve en el hombre al mono desnudo, un primate con jet lag cuya evolución acelerada le ha dejado un tanto desorientado, acarreando a cuestas muchos instintos aptos para la vida del Paleolítico pero que están fuera de lugar en el ambiente urbano civilizado, o en las formas sociales complejas sin más. O, más bien: que estarían fuera de lugar si no fuese porque esas formas sociales no son todo lo civilizadas que parecen a primera vista, sino que de hecho son, de principio a fin, obra del mono loco que juega a ser civilizado, y que está en ellas en su salsa (de ahí la diferencia crucial entre la gramática y la gramática parda. Ver para más debate sobre esta cuestión del Cromañón que llevamos a cuestas el artículo Ficción narrativa y evolución).

17. Como condición de esta hipótesis sobre el origen de la mala conciencia se incluye, ante todo, la afirmación de que esa modificación no fue sensible ni voluntaria, y que no se dio como una adaptación orgánica a nuevas condiciones, sino como una ruptura, un salto, una coacción, una fatalidad inevitable, contra la cual no se luchó y ni siquiera suscitó resentimiento. Pero, en segundo lugar, el hecho de que la inserción de un pueblo, no sometido hasta ese momento a formas ni a inhibiciones sociales, en un contexto riguroso no sólo se inició con un acto de violencia, sino que fue un proceso que sólo se consumó mediante otros actos de violencia.  En consecuencia, la forma más antigua de "Estado" surgió como una tiranía terrible, como una máquina implacable y trituradora, que siguió actuando así hasta que la materia bruta del pueblo sumido en la animalidad no sólo acabó siendo maleable y quedar bien amasada, sino que adquirió también una forma. Ya se entiende a qué me refiero cuando uso la palabra "Estado": a una horda cualquiera integrada por rubios animales de presa, a una raza de conquistadores y de señores que estaba organizada para la guerra y que tenía la capacidad de organizar, y que pone sin ningún escrúpulo sus terribles zarpas sobre un pueblo tremendamente superior en número, pero sin forma y vagabundo aún. Así es como empieza, efectivamente, el "Estado" en la tierra. De este modo creo que queda rechazada la tesis fantástica que veía sus orígenes en un "contrato". ¿Qué tiene que ver con contratos quien tiene capacidad de mando, quien es "señor" por naturaleza, quien se muestra despótico en actos y en gestos? Con seres así no se cuenta; llegan, como el destino, sin motivo ni razón ni contemplaciones ni excusas; existen como el rayo; son excesivamente terribles, repentinos, convincentes y "distintos" para que ni siquiera se les odie. Su acción consiste en crear e imprimir formas de una manera instintiva; no hay artistas más involuntarios e inconscientes que ellos. Donde aparecen, surge al poco tiempo algo nuevo, una concreción de dominio dotada de vida, en la que han quedado delimitadas y conectadas partes y funciones, en la que no tiene sitio nada a lo que no se haya conferido previamente un "significado" en relación al conjunto. Estos organizadores natos desconocen la culpa, la responsabilidad y la consideración; en ellos domina el egoísmo espantoso del artista que mira las cosas con broncíneos ojos y que se siente justificado, previamente y para toda la eternidad, por su "obra", al igual que le sucede a la madre con respecto a su hijo. Ya puede suponerse que la "mala conciencia" no nace en ellos, no existiría si, con sus martillazos y su violencia de artistas, no hubiera quedado fuera del mundo—o por lo menos fuera de la vista—una ingente cantidad de libertad que , por así decirlo, quedó en estado latente. Ya he explicado que ese instinto de libertad que se volvió latente a la fuerza y que fue repreimido, apartado y aprisionado en el interior, acabó descargándose y desahogándose sólo contra sí mismo. En sus comienzos, sólo eso es la mala conciencia.

Lo de las "bestias rubias" como artistas "a martillazos", prefiero pensar que lo dice Nietzsche
cum grano salis. En todo caso, son artistas inconscientes, y la consciencia interior que surge por la represión violenta que imponen no es buscada ni calculada por ellos. El amo no pretende crear nada ni se hace esas reflexiones—las reflexiones son más bien para el esclavo.

Estos capítulos de Nietzsche son un puente muy conveniente entre el protoevolucionismo, o evolucionismo cultural, de Giambattista Vico, y las perspectivas actuales sobre el origen de las estructuras sociales.  También tienen estas reflexiones un aire de familia más que notable con otros capítulos famosos de la historia de la filosofía—los de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, que narra otra versión de la épica de la interioridad. Una versión que, en sus reflexiones sobre la dialéctica del Amo y del Esclavo, está muy próxima en este caso a Nietzsche. Observemos que Nietzsche cita muy raramente a Hegel—bueno, tan raramente que no recuerdo yo ninguna cita, aunque sin duda las habrá; quizá sea un caso de Angustia de la Influencia, de los que decía Bloom en The Anxiety of Influence; quizá similar a la modalidad de represión que comentaba tan deliciosamente Pierre Bayard en lo referente a la relación tortuosa de Freud con el propio Nietzsche—en El plagio por anticipación.

Sobre Vico, Hegel, y otros protoevolucionistas, que muestran cómo lo complejo deriva a partir de lo simple, puede leerse
El orden natural y la complejidad: Paley, Vico, Lamarck y el Génesis. Esta noción básica—lo complejo evoluciona a partir de lo simple— un modo de pensamiento evolucionista que no tiene que esperar a Darwin, ni siquiera a Vico, es la que permite concebir una derivación de la complejidad de la vida social y de las formas psíquicas actuales a partir de estructuras sociales y psíquicas más sencillas. Si nos atenemos a nuestro principio básico basado en la interiorización de lo externo, este proceso funciona por retroalimentación. Una vez las relaciones sociales simples "externas" o interpersonales se han interiorizado en la autorrepresentación del sujeto, ese sujeto transformado, con consciencia psíquica expandida—ese esclavo resentido de Hegel o Nietzsche—transforma también las relaciones sociales en las que interviene, y esto da lugar a relaciones más complejas, que a su vez se interiorizan.

Bien, el tema del del origen, desarrollo y emergencia de la interioridad puede llevar en muchas direcciones. Pero por señalar sólo un par más, me referiré a dos. Una es la teoría del sujeto de Goffman, o quizá la que yo extraigo de Goffman, y que desarrollaba en este artículo: "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico". Aquí parto de la idea básica goffmaniana de que el sujeto tiene una estructura relacional, o sea, que está estructurado por dentro como por fuera, por así decirlo—por interiorización de las relaciones sociales en las que interviene. Y relaciono esta constitución del sujeto (humano, se entiende) con el origen interactivo del lenguaje, que posibilita y retroalimenta esta estructura interaccional del sujeto. Es una reflexión que lleva a cuestiones neurológicas a través fundamentalmente de las ideas sobre el origen del lenguaje de Michael Arbib. En cuanto a la noción de Goffman del teatro interno del yo como resultado o reflexión de la organización teatral del mundo social, también ayudará otra obra de Goffman a percibir ciertos aspectos de cómo llega a constituirse este sujeto, por la interacción grupal en la que participa. Es La presentación del yo en la vida cotidiana— y aquí hay unos comentarios iniciales sobre este libro y sobre la teatralidad social interiorizada por el yo:

a) "El mundo social como presentación y re-presentación."

b) "Actuaciones"

c) "Equipos y sujetos (… al equipo)"


Bien, ésta es una dirección de las que quería hilar con las reflexiones de Nietzsche et al. La otra se encuentra en un autor de la escuela postestructuralista foucaultiana, Nikolas Rose—que presenta lo que es a grandes líneas una teoría foucaultiana del sujeto (que por tanto es de por sí una teoría algo nietzscheana del sujeto), en su artículo "Identity, Genealogy, History" (en Questions of Cultural Identity, ed. Stuart Hall y Paul Du Gay, Sage, 1996). Ayer comentaba algunas de sus observaciones sobre las tecnologías de generación del yo.  Al proceso de interiorización de la exterioridad que venimos señalando lo denomina Rose con el bonito nombre de pliegues en el alma— "folds in the soul", una noción que adapta de Deleuze. El exterior social se "pliega" dando lugar a la interioridad subjetiva. Traduzcamos un trocito, en el que Rose expone muy foucaultianamente su noción de la genealogía del sujeto (pensemos en una genealogía del sujeto moral y veremos lo cerca que estamos de Nietzsche, también. La ventaja es que no tenemos aquí sólo amos y esclavos, sino un mundo más complejo de identidades sociales más diversas y variadas, un mundo complejo que pasa a estructurar, desde dentro, la identidad personal del sujeto que debe habitarlo.

Una genalogía tal, propongo, requiere sólo una concepción mínima, débil o delgada, del material humano sobre el que escibe la historia (Patton, 1994). No nos ocuparemos aquí de la construcción social o histórica de "la persona"o de narrar cómo nace la moderna "identidad personal". Nos ocuparemos de las diversas estrategias y tácticas de sujetificación que han tenido lugar y se han desplegado como prácticas diversas en diferentes momentos, y en relación a diferentes clasificaciones y diferenciaciones de personas. El ser humano, aquí, no es una entidad con una historia, sino el objetivo de una multiplicidad de clases de trabajo, más bien algo así como una latitud o una longitud en la que se interseccionan vectores diferentes de velocidades diferentes. La "interioridad" que tantos se sienten impelidos a diagnosticar no es la interioridad de un sistema psicológico, sino una superficie discontinua, una especie de plegamiento hacia adentro de la exterioridad.

Extraigo esta noción de plegamiento de modo general de la obra de Gilles Deleuze [Foucault, Pourparlers, The Fold....] El concepto de pliegue o plisado sugiere una manera en la que podríamos concebir al ser humano sin postular ninguna interioridad esencial, y por tanto sin sujetarnos a ninguna versión particular de la ley de esa interioridad cuya historia buscamos incomodar y diagnosticar. El pliegue indica una relación sin un interior esencial, tal que lo que está "dentro" es meramente la involución de una exterioridad. Esghtamos familiarizados con la idea de que aspectos del cuerpo que normalmente concebimos como parte de su interioridad—el tubo digestivo, los pulmones—no son sino la invaginación de un exterior. Esto no les impide que sean valorizados en términos de una imagen corporal aparentemente inmutable que se toma como norma para nuestra percepción de los contornos y límites de nuestra corporeidad. Quiza, pues, podamos concebir la presa que sobre los seres humanos hacen los modos de subjetificación, en términos de un plegamiento interior similar. Los pliegues incorporan sin totalizar, internalizan sin unificar, reúnen conjuntamente de modo discontinuo, en forma de plisados que hacen superficies, espacios, flujos y relaciones.

En el seno de una genealogía de la sujetificación, lo que se plegaría hacia dentro sería cualquier cosa que pueda adquirir autoridad: instrucciones, consejos, técnicas, pequeños hábitos del pensamiento y de la emoción, toda una serie de rutinas y normas para ser humano—los instrumentos mediante los cuales el ser se constituye a sí mismo en diferentes prácticas y relaciones. Estos pliegues internos están parcialmente estabilizados en la media en que los seres humanos han venido a concebirse a sí mismos como sujetos de una biografía, a utilizar ciertas "artes de la memoria" para volver estable esa biografía, a emplear ciertos vocabularios y explicaciones que les hagan esto inteligible a ellos mismos. Sin embargo, esto revela los límites de la metáfora del pliegue. Porque las líneas de estos pliegues no corren por un dominio que coincida con las mismas fronteras que los límites físicos del individuo humano. El ser humano es situado, realizado o actuado, mediante un sistema complejo de dispositivos, miradas, técnicas que se extienden más all´de los límites de la carne, a los espacios y reuniones de individuos. El recuerdo de la biografía de uno mismo no es una simple capacidad psicológica, sinosino que está organizado por medio de rituales de narración de historias, está sustentado por artefactos como los
álbumes de fotografías, y demás. Los regímenes de la burocracia no son meramente procedimientos éticos plegados al interior del alma, sino que ocupan una red de oficinas, archivos, máquinas de escribir, hábitos de control del tiempo, repertorios conversacionales, técnicas de notación. Los regímenes de la pasión no son meramente pliegues afectivos en el alma, sino que se realizan en ciertos espacios recogidos o valorizados, mediante un equipamiento sensualizado de camas, sábanas y sedas, rituales de vestirse y desvestirse, instrumental estetizado que proporcina música y luz, regímenes de división del tiempo, y demas [O. Ranum, "Los refugios de la intimidad", en Chartier, Historia de la vida privada].

Podríamos de este modo contreponer una espacialización del ser a la narrativización del ser emprendida por los sociólogos y los filósofos de la modernidad y de la postmodernidad. Es decir, necesitamos volver inteligible al ser, en términos de la localización de comportamientos, hábitos o técnicas rituales o repetitivos, en el seno de ámbitos específicos de la acción y de los valores: las bibliotecas y los estudios; los dormitorios y casas de baños; los tribunales de justicia y las aulas, los consultorios y las galerías de los museos; los mercados y grandes almacenes. Los cinco volúmenes de Historia de la vida privada compilados bajo la dirección de Philippe Ariès y Georges Duby proporcionan una abundancia de ejemplos de la manera en que las capacidades humanas novedosas, tales como los diversos estilos de escritura o de sexualidad, dependen de, y dan lugar a, formas particulares de organización espacial del hábitat humano (Veyne, 1987; Duby, 1988; Chartier, 1989; Perrot, 1990; Prost y Vincent 1991) (—a estas les sumaría yo, y de modo muy destacable, la teoría dramatúrgica de los espacios humanos formulada por Goffman: ver
Redes, regiones y públicos). Sin embargo no hay nada privilegiado, en lo que se ha venido a llamar "vida privada", para el emplazamiento de regímenes de sujetificación—es en la fábrica al igual que en la cocina, en el ejército tanto como en el estudio, en la oficina tanto como en el dormitorio, donde se requiere al sujeto moderno que identifique su subjetividad. A la aparente linealidad, unidireccionalidad e irreversibilidad del tiempo [N.B: sólo aparente— ver p. ej. Tecnologías de manipulación del tiempo], podemos contraponer la multiplicidad de lugares, planos y prácticas. Y en cada uno de estos espacios, se activan repertorios de conducta que no quedan limitados por la envoltura formada por la piel humana, y que no se llevan de modo estable en el interior de un individuo: son más bien redes de tensión a través de un espacio, que proporcionan a los seres humanos capacidades y poderesen la medida en que las captan mediante ensamblajes híbridos de conocimientos, instrumentos, vocabularios, sistemas de juicios, y artefactos técnicos.

En esta medida, una genealogía de la sujetificación necesita concebir al ser humano como una especie de artefacto maquinado, un híbrido de carne, conocimiento, pasión y técnica [Donna Haraway, Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature]. Una de las características de nuestro actual régimen del yo es una manera de reflexionar sobre y de actuar sobre todos estos diversos ámbitos, prácticas y ensamblajes, en términos de una "personalidad" unificada que hubiera de revelarse, descubrirse, o sobre la que hubiera que actuar en cada uno: un artefacto maquinado del ser que hoy form el horizonte de lo pensable. Pero es necesario reconocer a este artefacto maquinado como régimen específico de la subjetificación que tiene un origen reciente—y la finalidad de una genealogía de la sujetificación es alterarlo lo suficiente como para revelar la fragilidad de las líneas que lo han construido y que lo mantienen en su sitio.  (143-44)


La fragilidad—o la fuerza, añadiría yo. Porque no todas las líneas y pliegues son igual de profundos, ni todas las instituciones igual de estables. Una consciencia de esta génesis diferencial, o un estudio geológico de la antigüedad y profundidad de los plegamientos que constituyen al sujeto humano—qué estratos de estos pliegues se originan después de cuáles otros, y reposan sobre ellos— sería también una de las finalidades de una genealogía, una arqueología, y una geología, del sujeto humano. Una que no presente todos los pliegues del alma como un plisado uniforme y superficial, sino como un complejo sistema de pliegues dentro de pliegues. Es la diferencia, quizá, entre un construccionismo radical y desorientado, cosa a evitar, y un evolucionismo cultural que sea capaz de entender cómo el ser humano es una construcción, pero una construcción hecha con materiales preexistentes, y evolutivamente estructurada, una estructura que contiene una historia, o una historia que se ha hecho estructura, y cuerpo, y mente.










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