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martes, 16 de octubre de 2018

Retropost (16 de octubre de 2008): Vicky Cristina Barcelona


Como llego tarde (como siempre) al estreno, remito para una visión general de esta película de Woody Allen a la reseña de Roger Ebert  del Chicago Sun-Times, la de Scott Foundas en Village Voice o la de Kenneth Turan en Los Angeles Times. Más sarcástica era la de Arcadi Espada hace unas semanas en su blog. Y es que lo que le ha impactado la gente aquí en España es que una de las americanas pseudointelectuales de Woody Allen estuviera haciendo un máster en identidad catalana, razón para el viaje de las amigas a Barcelona. Máster en identidad catalana en el que sin duda estudiará la monarquía catalana, la invasión de las fuerzas armadas españolas en el siglo XVIII, etc. Un poco fuerte, claro, como condición puesta por los productores filonacionalistas, quizá—aunque en la peli se trata en realidad como una pseudointelectualidad light que les da ocasión a las chicas para echar unos polvetes por aquí y por allá, lejos del ambiente de los USA que hemos de suponer más puritano. Vamos, lo más propio para ese máster, que no parece que vaya a colocar a Vicky (la mastera Rebecca Hall) a la cabeza de ningún museo, como supone ella—de hecho ya se casa con un broker de Wall Street que (si no lo han echado uno de estos días del crack) ya la retirará de la circulación, y la tendrá organizando cócteles y viendo exposiciones de arte catalán subvencionadas por la Generalitat, en Nueva York. De hecho las condiciones de financiación impuestas a Allen eran generosas y al parecer ni siquiera estipulaban que la chica aprenda catalán, ni español, vamos; de hecho ni llegamos a saber que exista el catalán. Y la película transcurre en un limbo lingüístico que la hace todavía más irreal. Se nos toca guitarra española en los patios, y los machos ibéricos son incontestablemente españoles, no catalanes para nada—de hecho, quizá tras olisquear brevemente el panorama, Allen decide que el latin lover Bardem mejor sea un charnego asturiano en lugar de un catalán. Y a Asturias nos lleva para perpetrar la seducción de las americanas, no se sabe si con subvención autonómica del Principado. La seducción está literalmente tirada, pues ambas mozas están en un paréntesis de irrealidad y deseando ser seducidas, sólo que una lo sabe y la otra no, y el asturcón al parecer es irresistible. El caso es que Cristina (Scarlett Johansson), que es la que quería mojar y acepta la descarada invitación del interesante bohemio para viajar con él y hacer el amor, se pone mala, y sus amigos en lugar de hacerle compañía en el hotel la plantan ahí sin más explicaciones y se van de parejita a cenas románticas, excursiones y conciertos; parejita mal avenida al principio, pero ay, es que Vicky sólo era frígida de boquilla, y sólo le gustaba su novio "oficialmente"; en realidad tiene un rechazo reprimido a la idea de casarse con el broker tan soso y convencional, y Bardem se la lleva al huerto fácilmente. Pero la chica tiene un alto superyó, así que vuelve con el novio y se casa, por mucho que la aburran la idea y el novio. Aunque sólo la casualidad y la irrupción de Penélope con pistola impedirán que eche otro casquete de despedida con Bardem, antes de enfrentarse a su destino de ama de casa americana. En los meses entre uno y otro escarceo, Bardem ha estado viviendo un ménage à trois con su ex Penélope, y con Cristina, siempre ansiosa de experimentar nuevas sensaciones. No se echa atrás ni ante el lesbiansimo la chica—aunque no quiere definirse como bisexual, dice "soy yo y ya está"—lo que no sabemos es si tiene algún tipo de orientación o se entregaría con la misma placidez a cualquier amante y sus experiencias prometidas, fuera albañil pegador, chimpancé o mariscadora gallega.  Nada hace pensar lo contrario. Aunque más bien sospecha uno que esto es todo un complot entre guapos (contando provisionalmente a Bardem entre ellos): todas estas experimentaciones con sexo libre, fantasías eróticas y apasionamientos desgarrados molarían bastante menos si fuesen gente fea ésta que vemos. Por ejemplo, la Penélope ("María Elena"), supuestamente pintora genial pero apasionada hasta el desequilibrio; aparece despeinada gritando a su hombre en una relación de amor odio, una tigresa de mujer, un magnífico ejemplar de hembra fatal. Pero todo su encanto psicológico y mistérico se desvanece si en lugar de ser una mujer guapa fuera una vacaburra con granos: no queda psicología ni para un remedio, y se vería con más claridad lo zafio, brutal, insoportable y grosero que es este personaje. Quedaría el lumpen psicológico un poco más clarito. Vicky Cristina BarcelonaIgualmente, la liberada propuesta de cama redonda del Bardem sería menos vitalmente aventurera y liberadora si viniera de un oficinista calvo, supongo yo. Vamos, que el supuesto estudio psicológico que nos plantea la película (con Vicky y Cristina como opciones contrapuestas ante la erótica de la vida) tiene menos profundidad y sustancia que un máster de identidad catalana. Para empezar, ni siquiera son opuestas: las dos están con unas ganas locas de pillar macho ibérico, lo confiesen o no. Los casos contrapuestos serían una chica auténticamente feliz con su novio y otra una vivalavirgen: tal como se presenta la cosa en cambio, se pone el dedito en la balanza, y se nos presenta a la que elige la pareja monógama como una reprimida hipócrita, que lo es—pero hay que suponer que no es el caso de todo el mundo. La otra, Cristina, al parecer encarna la filosofía preferida ahora por el guionista Allen: vida erótica caprichosa y sin compromiso, la que elige la vida como "pasión y sufrimiento" en lugar de la seguridad emocional. Pero están mal leídos los personajes: la que de hecho sufre de amores es Vicky, por su represión y sus conflictos (y también su prima/tía, que también tiene un amante y también está atormentada por su infidelidad y por su propia falta de decisión para romper su matrimonio); Cristina en cambio, nada, es un cacho carne agradecida para sobar, y la cara ovejuna de la Scarlett Johansson desde luego redondea el papel de rubia tonta y puramente sensual. Ésta ni se enamora ni se desenamora, sólo va por ahí apuntándose a lo que le echen, y va a vivir una vida muy light y muy promiscua pero (paradójicamente) sin pasiones. Para psicología no da para mucho. Y a eso se suman las incoherencias del erotismo español: Bardem va supuestamente de desinhibido, asaltando a las chicas monas en el bar y proponiéndoles una cama redonda allí mismo. Pero luego resulta que no sólo arrastra penas de amor imposible (algo que aún se entendería) sino que está tan libre y poco comprometido y dispuesto a entregar su corazón y su exclusividad, que se lleva a vivir a casa a la primera que le dice sí. Esto ya no se sabe si es promiscuidad o todo lo contrario. Casi entiende uno que a la promiscua Cristina, que se había apuntado a la propuesta de un revolcón, se le haga pesado sobrellevar una relación continuada, aun con la sal añadida de la ex que se les suma. Vamos, que no sólo las chicas sino también la película llevan un cierto bollo mental de cuidado en el planteamiento de opciones vitales y eróticas. No ayuda el comentario en off, algo tan torpe cinematográficamente que casi parece una parodia al principio, hasta que uno se resigna a estar viendo una  versión cum commento de algún Cuento Moral de Eric Rohmer. O más bien, por no exagerar, algún culebrón sudamericano bien cuidado en su filmación y bien interpretado.... pero para poca más sustancia da el guión. Sí, se pueden hacer lecturas suplementarias, verle un poco más de profundidad e ironías de las que manifiesta la voz narrativa... pero ya no se sabe quién es el responsable de estas ironías, si el comentador o el guionista. Por ejemplo, que es una historia de niñas ricas caprichosas y desocupadas, eso quizá llegue a verlo el guionista. Que las pretensiones intelectuales y artísticas de estas mozas (por no hablar de las plastas que pintan Bardem y señora) son un camelo—pues quizá también lo vea, pero ya no está tan claro. Que aquí los hombres manejan el dinero, mientras las mujeres se dedican al amor y a ensueños eróticos... pues también se puede ver. Valga el caso del pintor Bardem, supuestamente un vil imitador de su mujer como artista, pero que pasa por creativo impetuoso y bohemio: es él el que hace exposiciones, promociona su obra, hace contactos, etc. etc., mientras que ella sólo va por ahí dando gritos, desmelenada y pintando en arrebatos a lo Pollock, sin saber que la supuesta obra de arte es ella. En fin, una versión más de los inocentes americanos en la Europa exótica, y del descenso a la experiencia auténtica, pero la autenticidad se nos queda corta... ¿Será una versión lolái de La Tesis de Nancy? ¿O será la Tesis de Woody? También él es un turista americano, después de todo.

Vicky Cristina Barcelona. Dir. Woody Allen. Cast: Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Javier Bardem, Penélope Cruz, Patricia Clarkson, Chris Messina, Kevin Dunn. Exec. prod. Jaume Roures. Metro Goldwyn Mayer, 2008.   
http://www.vickycristinabarcelonalapelicula.es
   







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jueves, 27 de octubre de 2016

Retropost #1198 (27 de octubre de 2006): Scoop

 
Scoop

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

La última de Woody Allen, y hasta con Woody Allen, cosa cada vez más infrecuente. Pero ésta no va a hacer historia: es flojilla, una película sencillita (al estilo del Manhattan Murder Mystery), un poco como un homenaje a un tipo de películas de detectives que se hacían, o se deberían haber hecho, en los años cuarenta, pero que siempre parecen un poco distorsionadas, parodiadas o retomadas en plan histerizado, una vez se les incluye a Woody Allen como investigador. (Y un periodista que se escapa nada menos que de la barca de la Muerte, para dar el chivatazo de quién es el asesino). En este caso, el asesino principal ni sale; es un asesino en serie, pero conocemos a un copycat killer, que se aprovecha de la serie de crímenes para colar uno más, y librarse así de una prostituta que lo chantajeaba... Vamos, que el lema podría ser que "aunque cojan al asesino, y no sea tu novio, tu novio también puede ser un asesino"—hasta EL asesino, y hasta TU asesino si te descuidas. No os fiéis de esta gente que anda por las country houses de los ricachos ingleses, Woody Allen se ríe del té con pastas pero está convencido de que hay muchos esqueletos en los armarios. Y de que llegado el caso, se llevan por delante a quien les amenace la pasta y el status, sin pensárselo dos veces.

Algo copycat, aparte del caso del "El asesino del tarot", es que la idea básica del argumento quizá derive de El Nombre de la Rosa (¿hay una lógica unitaria detrás de las muertes, o la inventamos, o se cruzan varias lógicas?). Pero sobre todo, la peli es un poco autocopiona: ¿son clásicos del estilo de Woody, o está metiendo la mano al fondo del tonel a ver si aún puede sacar algo? Los actores no están demasiado acertados tampoco, en especial el aristócratarot. Woody ya se sabe: a estas alturas no es que experimente precisamente con su saber star, y la cosa rechina cada vez más si no se innova en esto. Sea como sea, un planteamiento sencillito para una película que se ve bien pero que no va hacer titulares... y si os la perdéis, pues aparte de un rato medianamente divertido, poco se habrá perdido.
Ah, bueno, un chiste de los de Woody, hablando de religiones con una elegante pareja inglesa en un cóctel: "Ah, el cristianismo, claro, claro. Bueno, a mí me educaron en la religión israelita, pero luego me convertí al narcisismo". Este casi me lo podía haber inventado yo.





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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cada uno su ilusión



Nos vemos You Will Meet A Tall Dark Stranger / Encontrarás al hombre de tus sueños. La última de Woody Allen, muy divertida a pesar de cierta justicia en esta reseña del Village Voice.

IMDb  summary: Follows a pair of married couples, Alfie (Hopkins) and Helena (Jones), and their daughter Sally (Watts) and husband Roy (Brolin), as their passions, ambitions, and anxieties lead them into trouble and out of their minds. After Alfie leaves Helena to pursue his lost youth and a free-spirited call girl named Charmaine (Punch), Helena abandons rationality and surrenders her life to the loopy advice of a charlatan fortune teller. Unhappy in her marriage, Sally develops a crush on her handsome art gallery owner boss, Greg (Banderas), while Roy, a novelist nervously awaiting the response to his latest manuscript, becomes moonstruck over Dia (Pinto), a mystery woman who catches his gaze through a nearby window.

Es como Match Point pero en clave de comedia de situación, en lugar de pseudo-tragedia pasional—y narrada por voz en off en tercera persona, no en primera, para mayor ironía y distancia. Woody Allen recreándose más que nunca en las incoherencias de los demás y en las propias—riéndose de cómo buscamos soluciones imaginarias a los problemas, nuevos amores, ilusiones nuevas, que ilusionan la vida, pero que al final resultan no ser sino ilusiones, o viceversa, que aunque resultan no ser sino ilusiones, dan ilusión a la vida.

Dos escenas características: Roy, escritor bloqueado, se obsesiona con la vecina de enfrente a la que ve desnudándose a través de la ventana. Cuando por fin la seduce, se separa, se muda allí, ¿qué hace? Mirar por la ventana a su ex mujer, enfrente, cómo se desnuda.

Ésta ex-posa es hija de una señora mayor, Helena, que está neurotizada porque la ha dejado su marido (Anthony Hopkins) por una furcia... así que busca consuelo en una médium, que le promete un futuro ideal y feliz, cuando es obvio que no la esperan sino la soledad y pronto la muerte. Su yerno (el escritor frustrado) la quiere desengañar, pero su hija le sigue la corriente y la anima en sus fantasías, entre otras cosas porque Helena les paga el alquiler. También quiere su hija que le haga un préstamo para montar un negocio, pero ay, la médium le dice a su madre que "los planetas no están bien conjuntados para eso"... y allí la hija de Helena se desmelena y se sube por las paredes:

—"Pero no ves que es una estafadora, una cuentista, ¡¡que no te cuenta la realidad sino sólo lo que quieres oír, para luego llevarse la pasta!!"

(Jeje...)

Roy supera su bloqueo creativo publicando como suya, y con éxito, la novela de un amigo que ha muerto en un accidente—roba el manuscrito que había leído. Pero ay, que no había muerto el amigo, que estaba en coma, se lo habían contado mal a Roy... y ahora parece que el amigo se despierta... mueve un ojo... sí...

La aventura de Alfie, el marido de Helena, con la furcia, la viagra y la vigorexia termina mal, ella es una descerebrada de antología, le funde la pasta y le pone los cuernos con el del gimnasio, pero... mira, está embarazada del hijo que quería él y que Helena no pudo tener. Le haremos la prueba del ADN a ver de quién es el niño. De momento el del gimnasio le ha partido la cara al viejo galán, pero igual acaba teniendo un niño como quería.

Algunos de los que mejor se engañan a sí mismos terminan felices en esta película, como la vieja Helena que liga con un viudo—feísimo, pero viven los dos en un mundo de ilusiones New Age, visiones, sesiones espiritistas y reencarnaciones imaginadas. Tampoco es que quede garantizado el éxito mediante el autoengaño sistemático, ah no no, que normalmente las ilusiones tienen ida y vuelta—sólo es que no se descarta, como a veces los placebos dan mejor resultado que las medicinas de verdad, o al menos dejan al usuario más contento. Si la cosa funciona... Quizá la película no signifique nada más que la vida, como nos dice Woody, y sea un cuento de ruido y furia, sobre la poca sustancia y la incoherencia de la gente, la irrelevancia de lo que se hace mientras esperamos el golpe de guadaña. Pero es un cuento muy divertido, y llevado como una seda por el cuentista.

 
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domingo, 29 de noviembre de 2009

Whatever Works

Con el cabreo que llevo por el tema de la mafia de mi departamento—se creerán ustedes que han hecho una baremación de mis publicaciones, numerosas y variadas, y que en conjunto han votado por darme cero puntos— en fin, digo que con el cabreo que llevo por eso, —que cabrearía a cualquiera me imagino, y no sólo a un individuo con numerosas y variadas publicaciones —pues me olvidaba de comentar que he ido a ver la última de Woody Allen, una comedia optimista-feelgood—Whatever Works o Si la cosa funciona.

Y funciona básicamente bien, por lo menos para quienes nos gusta Woody Allen, y teniendo todos algo de intelectualoide neoyorquino, cómo no nos va a gustar, les gusta hasta a personajes atrabiliarios, arrogantes, prepotentes y malhumorados, que piensan que sus publicaciones son la releche y las de los demás no valen un carajo. Y no estoy pensando en mí precisamente.

El individuo que la protagoniza, un famoso cómico americano menos conocido por estos pagos, hace el papel de Woody Allen con curioso efecto en conjunto. Vamos, ya se conoce el efecto estrellato éste, sobre todo en Hollywood, por el cual a un actor se le van adhiriendo ecos de los papeles que ha interpretado antes, al menos si lleva una línea de investigación coherente— bien, en Woody Allen la cosa adquiere un tono especial al haber comenzado Woody Allen como chistoso que interpretaba a su propio personaje ya en la pantalla—con lo cual hay una cierta retroalimentación del efecto, tanto más al volverse el director/actor personaje especialmente mediático; cuando lo vemos en la vida real no sabemos si está intentando desprenderse de su personaje o si está imitando a Woody Allen desprendiéndose de su personaje, en una vuelta de tuerca—por ejemplo en esta entrevista con Woody Allen poco antes de rodar esta película, donde se aprecia perfectamente que de no ser por esos efectos intertextuales sería un tipo bastante aburrido. Otra vuelta de tuerca se da cada vez que se interpreta a sí mismo en una nueva película, sin gran cosa de caracterización diferenciada con respecto a la anterior, y cuesta tragar que lo llamen Howard o Charlie o como lo llamen, y no Woody—¡cuando es, obviamente, Woody! –una variante del star effect que no sucede con otros actores en la misma medida. Se complica la cosa cuando, al ser su propio guionista, obviamente se supone que sus guiones no sólo hacen actuar al personaje-Woody, o le dan indicaciones, sino que lo caracterizan desde dentro, crean el mundo en que vive y las historias en que se mete, que son por tanto una complicada emanación de las neuras del personaje-Woody, un psicodrama que crea para atormentarse a sí mismo y demostrarse que por paranoico que sea, resulta que sí que tiene enemigos. Otra variante más: cuando un personaje que no se le parece nada a Woody Allen hace de Woody Allen—como el protagonista de Hannah y sus hermanas, o, siguiendo su personaje más de cerca, Kenneth Branagh—en Celebrity creo que era.

Variante distinta todavía del Zeligato éste se da en Whatever Works, con Larry David en el papel de Allen... y se le parece algo, humorista judío neoyorkino, parece Woody Allen un poco mejorado, o un poco estropeado, o algo distorsionado. Hay que decir que a mucha gente le rechina y revienta este juego de Allen con sus personas y personajes (ególatra, egocéntrico, egotcétera), y especialmente cuando "otro" hace de Allen, pero a mí me gusta, si no, estaríamos hablando de otra persona y otro personaje, de otro director.

En esta ocasión, es comedia de risas. Los chistes y situaciones son graciosos, quizá porque nos recuerdan al Woody de los años 70, que es de donde viene el guión. No tengo ánimos para resumirla, que la vea la gente. O aquí hay una reseña de James Berardinelli. Lleva adelante Allen su batallita particular, Nueva York contra la con la América profunda, primero encarnada por la encantadora rubia tontita Melody Celestine. ¿Que no gusta la América de majorettes? Pues si se casa con ella, vamos, whatever works; sobre gustos no hay nada escrito y si encima la chica está buenísima y es la única que cree que este Yellnikoff es un genio... Le compra además toda su filosofía nihilista y atea desengañada, y su angustia cósmica, y quieras que no algo se le despeja la frente a la chica, por las buenas influencias de la despejada frente de Yellnikoff. Continúa la venganza contra América luego con los suegros, que descubren a su hija huída a Nueva York, primero una y luego el otro. Los padres de Melody venían sin desbastar de la escuela dominical republicana, allí en el Sur. Se venga Allen, o su alter ego Boris Yellnikoff, a gusto: a la madre puritana la convierte en una fotógrafa decadente de Greenwich Village, arty-farty y ninfómana, que se monta camas redondas con los amigos de Boris. Y el señor Celestine descubre una reprimida vocación homosexual, y también se vuelve judío creo, y así le mejora el carácter.

Bien, termina la película en buena armonía de todas las parejas hechas y deshechas, algunas de ellas muy unlikely, pero coreando todos la filosofía de Yellnikoff, whatever works, oye, que aunque Melody lo deje plantado, ha aterrizado Boris encima de una vidente. ¿Una vidente para un ateo? Pues eso, para cuatro días que estamos aquí... es una filosofía bastante carpe díem y poco maximalista; después de tanto insistir en su visión personal, Yellnikoff transige y acepta un poquito a los demás como son—desde luego no vamos a intentar convertir a nadie; quien no vea el Absurdo por sí mismo, para qué ilustrarle.

El protagonista se considera un genio, y bueno, en los términos de la película no le falta razón, todo el mundo es especial en su propia película... "I was considered for a Nobel Prize in physics... I didn't get it. But, you know, its all politics. It's like every other phony honor. Incidentally, don't think I'm-I'm bitter because of some personal setback. By the standards of a mindless, barbaric civilization, I've been pretty lucky." Bien, yo me parezco a este en la calva, y Allen se le parece en el humor metafísico, la atmósfera de desengaño neurótico, y las fantasías de viejo verde en las que se cruzan la sátira personal y el wishful thinking. Aunque no haya escasez de Melodies que se arriman a vejestorios cascarrabias, normalmente son más interesadillas y no es porque, como ésta, se enamoren de su cerebro privilegiado y de su carácter.

Un detalle divertido de la película deriva de los privilegios ontológicos de la Allen-figure. Boris es el único que sabe que está en una película, y se dirige al patio de butacas directamente, explicándoles que tiene esa perspectiva superior—vamos que le falta poco para hacernos un comentario sobre por qué lo han puesto a él y no a Woody Allen en el casting, eso de los juegos con alteregos—. Los demás claro opinan que está chiflado, que igual que trata a la gente con desprecio y tiene el hombre sus rarezas, pues que será una rareza más. Ellos no saben que los están viendo desde las butacas. "See? I'm the only one that sees the whole picture. That's what they mean by genius." Esto me recuerda que yo también hago una cosa parecida a veces, en broma claro, con mis hijos, no es que me considere tan genial como Yellnikoff, que a mí tampoco me han dado un Nobel, pero sí que le hablo al vacío cuando voy con los chavales y digo "Queridos lectores, voy a comentaros lo que me pasa por la cabeza..." y mis nenes me dicen, "¡pero qué lectores! ¡si no hay nadie!" Pero yo les digo que sí, que hay alguien, aunque no lo vean...—y hay alguien, ¿verdad, hipócrita lector?

Pero vamos, a pesar de su perspectiva cognitiva superior a la de la media, el pobre Boris sufre, y se tira por la ventana dos veces intentando suicidarse sin éxito; una vez lo para un toldo, y la otra la vidente... esa escena también es humorística / metaficcional, con el Boris tumbado encima de la pobre vidente, con varios huesos rotos ella e inconsciente, y él dirigiéndose a la cámara con voz en off y on a la vez, diciendo—"pues tampoco esa vez me maté", colapsando de nuevo narrador, guionista, personaje, cómico privilegiado... aunque nos aclara Allen en la entrevista de Time que él no tiene tendencias suicidas; y yo tampoco. Oye, y en cualquier caso mejor ir a ver esta película que saltar por la ventana, abrazado a las publicaciones de uno, como Poulantzas. Aunque los críticos estemos para aconsejarle a Allen cómo hacerla mejor, que el hombre suele ser de solidez dudosa.

Whatever Works. Written and dir. Woody Allen. Cast: Boris Yellnikoff, Evan Rachel Wood, Patricia Clarkson, Ed Begley Jr., Michael McKean, James Henry Cavill, John Gallagher Jr., Jessica Hecht, Carolyn McCormick, Christopher Evan Welch. Sony Pictures Classics, 2009.

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