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sábado, 17 de febrero de 2018

Retropost #2013 (17 de febrero de 2018): Endogamia y corrupción

Cuando los universitarios hablamos de la endogamia académica ha de ser no sólo como víctimas de ella sino también como beneficiarios. Porque la endogamia es el agua en la que flotamos, el medio ambiente en el que nos movemos y la ley física (es decir, ley que actúa aunque no esté escrita) que rige el movimiento de los cuerpos y de las almas en la academia. Esta semana le dedicaba El Mundo un cuasi-monográfico en su suplemento Campus. Léase por ejemplo este artículo sobre el toma y daca universitario, hoy por tí mañana por mí, de José Buendía, o este otro sobre la mezcla de méritos y amiguismo que requiere la promoción. El título pone bien el dedo en la llaga: "Endogamia académica, ese sutil eufemismo de corrupción". Porque no de otra cosa hablamos: de valorar un currículum o un ejercicio en cero o diez según sople el viento, o de pasar a un amigo o "socio" de la casa por delante de un desconocido sean cuales sean los méritos de uno y de otro. O la costumbre de seguir el turno riguroso de antigüedad para la promoción, ignorando los méritos. O la costumbre igualmente extendida de saltarse ese turno (la gramática parda por detrás de la gramática parda, vamos) si se cuenta con apoyos suficientes, y también al margen de los méritos.

Porque la ley no escrita no es tanto, como se dice en estos artículos, "promocionar al candidato de la casa", cuanto promocionar al candidato que decidan las fuerzas vivas de la casa—normalmente encarnadas en el catedrático más directamente implicado, que presidirá el tribunal a modo de señor feudal. Interesará en principio, claro, promocionar al vasallo de turno de la casa (el caso más habitual). Si se le elige por encima de un candidato más capacitado, gana puntos por humanidad el catedrático que "se ha batido el cobre" o se ha puesto en evidencia por un candidato cuya auténtica valía pasa desapercibida para ojos extraños, y sólo conocen los de casa—aunque es gran promesa futura, y en cualquier caso tanto mayor será la gratitud eterna debida cuando precaria e insegura la categoría del vasallo promocionado. Así yo he oído en mi universidad frases—literales, digo—del tenor de "yo no puedo oponerme a lo que haga, es que le debo la plaza", o "sí, estoy de acuerdo contigo, pero es que le debo obediencia", o "el departamento le pertenece". Con seguidores así, claro, no hay color, y normalmente el candidato externo lo tendrá muy crudo.

Pero también puede interesar importar a un nuevo miembro asociado de fuera. Que estará agradecido de entrada al ver lo "limpios" que son en esta universidad, o cómo se ha hecho una excepción a la regla con él, o se le han abierto las puertas de buena gana al club.

O puede interesar dejar la plaza vacante hasta nueva orden—como sucedió por ejemplo en mi malhadada oposición a cátedras, en la que no faltábamos candidatos de la casa precisamente.

En ese caso la plaza se dejó vacante en un proceso precipitado y abundante en irregularidades. Pero de todos los candidatos, eliminados por la vía rápida en el primer ejercicio, sólo yo envié recursos y denuncias al Rector. Que contestó con silencio administrativo, para mayor estabilidad del sistema. Porque hay otra ley que se expone en estos reportajes de El Mundo: la omertà o pacto de silencio. Pacto tácito, faltaría más. El que mueve la boca no sale en la foto.

Sólo hay un camino realmente seguro para la promoción: no ofender, no salirse del tiesto, hacer méritos de pasillo, esperar señales. Y lejos de denunciar injusticias o mangoneos, mejor establecer las alianzas pertinentes, y los comportamientos de sumisión requeridos, para ponerse en la cola y ser el Elegido cuando dictaminen las fuerzas vivas. No se puede apelar a las leyes escritas, porque ofenden a las no escritas. Y no se puede apelar a las no escritas, porque varían en su redacción invisible o en su aplicación según los intereses coyunturales de quien esté al mando.

Vamos, una receta para perpetuar el feudalismo más enquistado. Y para criar en las universidades carne de fascismo estructural—en el que las reglas de oro son la búsqueda de círculos de protección mutua (lo que antes se llamaba cátedras y ahora se llama "equipos de investigación"), la sumisión acrítica a las decisiones de los protectores, y el respeto prudente a los poderes fácticos. El punto en boca es lo primero y lo último que hay que saber, en el templo del Saber.



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miércoles, 31 de enero de 2018

Retropost #1984 (31 de enero de 2008): La endogamia desde dentro


En el Consejo de departamento de hoy se hacía la "primera fase del POD", o sea del Plan de Ordenación Docente, que consiste en saber qué asignaturas y grupos se van a impartir para el curso que viene y planificar las necesidades de profesorado. Y ya nos ha avisado el subdirector encargado de estas cosas, Dr. Guillén, que este va a ser el año más imprevisible y volátil en estas cuestiones, pues hay muchas titulaciones que quizá acaben requiriendo profesorado de inglés y que aún no se sabe si se implantarán o no este próximo curso; está todo en fase de diseño y aprobación. Y hasta de improvisación, pues el hecho de que haya inglés o no en la carrera a veces depende más de la relación que tenga un profesor con la dirección del centro que de cuestiones más pedagógicas o formativas.

Se ha seguido la tradición universitaria de mantener "congeladas" las plazas de funcionario hasta que haya gente de la casa preparada o habilitada para ocuparlas. Una tradición universal en España, al parecer, y que puede que tenga algunos efectos deseables de estabilidad, previsión de la carrera a largo plazo, etc., pero también fomenta los favores debidos, el feudalismo, los sistemas de protección mutua, la endogamia.... En fin, muchas veces me dan ganas de protestar a título simbólico y pedir que salga a concurso todo lo que hay pendiente, y que se cubran las plazas de una vez, que la gane el mejor y estabilidad para el profesorado, hala... pero claro, se me oiría como quien oye llover. Y además también entiendo que en este tipo de institución esas cosas sencillamente no pasan, tienen una lógica ajena a ella. Y crearían, es más, inconvenientes concomitantes...

Así que a incubar todos plazas para el futuro, y a procurar no indisponerse con los posibles miembros de tribunales. Eso crea un determinado tipo de ambiente, desde luego. Lo que no se puede decir es que sea una política propia de este departamento, o interna a los departamentos. Es el propio rectorado quien quiere plazas "con bicho dentro" para minimizar riesgos—y evitar luego presiones y chantajes sobre cómo recolocar a los descolocados, o quejas sobre largas carreras sin estabilidad, y sobre expectativas frustradas.

Tenía hoy yo por lo menos intención de pedir que saliera a concurso de una vez la cátedra en formol, la cátedra de Filología Inglesa que se guarda desde la espectacular oposición donde nos suspendieron a tres candidatos del departamento y una de fuera, a la espera de personal más brillante o mejor visto por el tribunal. No es que haya prisa por encontrar a ese personal—porque quedó la cátedra desierta en 2003, y ahí sigue en formol. He preguntado por ella, y me han preguntado si seguía el asunto en los tribunales:

—Pues sí, en los tribunales sigue. Pero no sé si eso afecta a lo que quiera hacer este departamento con la cátedra.
—Ah, pero la universidad sí. La universidad no quiere tocar una cátedra que está sub iudice.
—Pues entonces ya podemos echarle años.

No es habitual ni previsible (visto el funcionamiento habitual de la ley con respecto a la Universidad), pero a veces ha sucedido que un juez ha anulado una oposición, ha quitado una cátedra "mal dada" o ha dado una retroactivamente, después de años de pleitos, con los consiguientes daños y perjuicios y retrasos y nuevos perjudicados y descolocados. O sea que quizá sea una medida prudente. Y mientras tanto, la gente va echando cálculos de para quién de los presentes será. (Un factor a tener en cuenta es que acaba de nombrarse a la Dra. Onega, presidenta de la comisión que la dejó vacante, como miembro de la comisión nacional que va a acreditar a los catedráticos. O sea, que hay alguien que ya sabe para quién será, con poco margen de error).

En cualquier caso no ha procedido pedir que salga a concurso la cátedra y que la gane quien la merezca (o quien la gane, vamos). Y lo del "aire fresco en las cumbres" quedará para otra ocasión.

Una cosa sí que me ha negado explícitamente el Consejo: pedía que no me pongan un profesor más de prácticas para la asignatura de comentario de texto. Ya tienen en el grupo tres profesores de momento: pero tras una elocuente arenga del Dr. Deleyto, el Consejo se ha rendido a sus argumentos y ha considerado muy pedagógico que los alumnos pasen por cuatro profesores distintos a lo largo del año para llegar a la nota final de la asignatura (de una sola). Yo he dicho que los alumnos aguantaban este chaparrón de maestrillos cada uno con su librillo como una maldición necesaria que les caía encima. Y que por mi parte, prefería mi comodidad de tener un grupo de alumnos, y la de los alumnos de tener un profesor, antes de aprovechar la mínima ocasión para generar una fracción de plaza más para algún ayudante en ciernes, e ir multiplicando los grupos ad infinitum. Pero claro, yo no estoy creando Escuela, y menos con estas ideas.

(—Y me han dicho mis amistades que me puedo hacer impopular si voy diciendo estas cosas... con lo popular que soy.)

De todos modos, mal ubicado estoy yo en concreto para criticar la endogamia, casado como estoy con una colega. Podría decir en mi descargo que no somos la única parejita departamental, sin contar las afinidades electivas—pero lo dejaremos estar por hoy y pasaremos a la autocrítica. En mi fuero interno, por supuesto.
(PS: unos días más tarde, aparece un artículo sobre la endogamia universitaria en El Mundo. Vía Ibercampus).
 


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miércoles, 25 de octubre de 2017

Retropost #1831 (25 de octubre de 2007): En la oposición

En la oposición

Publicado en Departamento. com. José Ángel García Landa

Hay quien dice que lee mi blog por enterarse de lo que se cuece en mi departamento. En ese caso, le aconsejaría que fuese a fuente mejor informada: el Diario Diario del Director, quizá, o el Correo de los Catedráticos. O algún Boletín de la Becaria, o Pasquín de Paseos por el Pasillo que se publique de boca de druida a oído de druida. Lo que es yo, con poca gente hablo en el pasillo, y me entero de las cosas normalmente por el correo institucional. Información privilegiada, cero: gajes de estar en la oposición... aunque creo que no soy el único desinformado, y que el personal anda en general silencioso y cada cual resignado a su nivel de información.

Pues hoy nos habían anunciado por e-mail que había un concurso de acceso para una plaza en nuestro centro y departamento: un anuncio así neutro, que no te dice "de quién es la oposición"—supongo que se seguirá utilizando la vieja terminología que pervive mientras van pasando los efímeros Reales Decretos que regulan el acceso a los cuerpos de funcionarios universitarios. Así que me he acercado a ver "de quién era la oposición", y era de una colega recientemente habilitada, la Dra. Silvia Martínez Falquina—que lo ha hecho a plena satisfacción del tribunal, y es por tanto felicitada también desde aquí en el momento de un right of passage tan importante en la carrera académica.

Es muy de agradecer que nuestro departamento nos comunique dónde y a qué hora tienen lugar estas pruebas (aunque no nos digan quién es "el interesado" ni la lista completa de concursantes). La Universidad envía anuncios a todo el profesorado, sí, bastante crípticos (tipo así: "Decimoctava resolución en la que se publica la relación de aspirantes a las dotaciones por orden de prelación del concurso público para la contratación de profesores asociados. Curso 2007/2008. Plazas nº150, 210, 211, 212, 220, 221, 235, 236, 259 y 277"—y si te dedicas a abrir todos los pdfs que te llegan así varias veces por día, pues no harías otra cosa. El exceso de información no es informativo, y es por tanto imprescindible que para mejor información estas cosas se comuniquen de modo más claro al departamento o centro en cuestión al que se refiere la plaza — aprovecho para recordar que nuestro departamento está desperdigado por dieciocho centros distintos. Bien, pues el departamento no tiene ninguna obligación de informar de esta manera—y esa falta de obligación la venía ejerciendo hasta ahora de manera ostentórea, a veces recordando a los que solicitábamos este tipo de información que no era obligación suya hacerlo, que en todo caso si se llegaba a hacer sería por cortesía.... No se hacía, como digo, y en la oposición de cátedras a la que me presenté, el director se sulfuró porque yo, uno de los opositores, envié un correo a los profesores del departamento indicando dónde tenía lugar la prueba de cátedra—la primera que había en quince años, cosa irrelevante, vamos. A juicio del director, por entonces el Dr. Collado, con pinchar el anuncio en la puerta de la sala en la que se hacía la prueba, era más que suficiente—y vamos, supongo que esperaría que todo el profesorado se pasease cada día por todas las salas de todos los centros a ver si había pinchado algún anuncio de alguna prueba "pública". (Luego hubo mangoneo en la oposición, cómo no).

Bien, pues hoy puedo decir que sí se nos ha avisado—primera o segunda vez, si no me fallan los cálculos. Me he pasado por la prueba, y he apreciado rápidamente que la Dra. Martínez Falquina era la única concursante. Y que en el tribunal estaban cinco miembros del equipo de investigación al que pertenece, o sea que era de prever que todo fuese sin novedad en el frente. Dicho sea no como crítica a la Dra. Martínez Falquina, en absoluto (pues no es ella quien designa los tribunales) sino como descripción objetiva de las circunstancias—un equipo que coloca a uno de sus miembros, o una profesora que lleva a buen puerto una carrera tras de muchos esfuerzos y trabajo, elíjase la descripción que se prefiera, pues las dos son seguramente ciertas. Mucho se ha ensalzado la labor de equipo por parte del tribunal—y bueno es que se trabaje en equipo, aunque no tan bueno cuando es para el apoyo mutuo de los miembros del equipo en contra de los derechos de otras personas, como hace con frecuencia el equipo dirigido por la Dra. Onega—y no es el único en hacerlo, tampoco digo eso.

Bueno, un momento un tanto chusquillo ha habido cuando describía la candidata su proyecto de investigación al tribunal "en tercera persona", como si estuviese hablando de una colaboración con investigadores de Sinsinnati, siendo que la directora del proyecto del que hablaba, y cuatro miembros del equipo, estaban en la mesa del tribunal... pero el opositor tiene que pasar por estos trances de circunstancias un tanto artificiosas, cuando no hay oposición real (me refiero a otros concursantes) y en un concurso que por tanto tiene un cierto aire de celebrarse por cubrir el expediente.

El problema con estos trabajos en equipo sintonizado es que te puede quedar la duda de si te colocas o te colocan. O sea, de si tus méritos son tuyos, o si te están comprando futuros apoyos, o pagándote los pasados. Este comentario lo he oído directamente de boca de personas que aun reconociendo actuaciones erróneas o injustas de alguien, me decían: "Pero yo no me puedo oponer. Es que le debo la plaza..." Vaya, baja autoestima, y poco sentido crítico. Y mucha fidelidad al equipo, eso sí—y al líder sobre todo.

Por si llegase esto a oídos de la Dra. Martínez Falquina y se enfadase conmigo por aparecer en la gacetilla— (pues conflictos con ella no tengo ninguno, sino que más bien le deseo mucha suerte—aparte de las actuaciones en bloque de su equipo)... —Una cosa diré sobre la oposición de hoy, dicho sea "desde la oposición" (O sea, que considero mi versión aún más independiente que la del tribunal en este caso, por menos interesada): su actuación ha estado realmente bien; la exposición que ha hecho ha sido excelente en soltura y organización, ha exhibido un currículum más que suficiente para obtener la plaza, ha tenido experiencia docente tanto en EE.UU. como en Inglaterra, cosa que otros no tenemos, ha expuesto de modo convincente su actividad como profesora, y se ha expresado en un perfecto inglés: un ejercicio redondo, en suma. Con lo cual tampoco quiero decir que debido a los méritos propios pueda prescindir de un grupo de ayuda mutua: en Realpolitik, eso no se lo aconsejaría a nadie.

Porque los resultados de las oposiciones en la universidad no dependen siempre del currículum ni de lo bien que se haga el ejercicio, sino, sobre todo y en primer lugar, de cómo sople el viento y cómo se ubiquen las personas en la dinámica de grupo. Esta vez soplaba a favor—no como en mi oposición. En la segunda (la de cátedras), porque en la primera, la de titular, también soplaba a favor. También es cierto que en mi oposición de titular me presenté solo, y en la de cátedra no obtenida había varios concursantes, ninguno de los cuales sentó cátedra: Usted mejor ni se presente. O este otro usted— no tiene una monografía del perfil. Que usted sí la tiene... vaya... bueno, pero no me gusta su línea de trabajo, para mí eso no cuenta. Además no ha presentado usted proyecto de investigación —ah, ¿que sí lo ha presentado? Da igual, pongo que no.

Y aquí seguimos... de eterno opositor, y con el asunto en los juzgados.

En el concurso de hoy, en cambio, todo buen feeling, jolgorio y desenfado, todo visiones positivas y palmaditas mutuas en la espalda, como ha de ser en los grupos bien avenidos. Así que he considerado que si me iba antes del final no me perdía gran cosa. "A concursos de acceso como este, me apunto a cien si hace falta", decía una de los miembros del tribunal. Toma, y yo. Sobre todo como opositor. Pero no siempre vienen así.







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domingo, 16 de octubre de 2016

Retropost #1180 (16 de octubre de 2006): De inhabilitados a desacreditados


Las diferencias que se están introduciendo en el procedimiento de acceso a los cuerpos docentes universitarios pueden verse en este  PDF que compara la redacción de la LOU antes y después de su reforma (ver artículos 57 al 66). Ya comenté algún aspecto de esta reforma hace algunos días. Hoy me voy a centrar en el asunto de las acreditaciones—que me disgustan casi casi tanto como las habilitaciones. Podíamos preguntarnos, por ejemplo, por qué, no se requieren acreditaciones previas para ocupar ministerios, subsecretarías generales, etc. — y a esos cargos se permite el acceso de cualquier nominado a dedo por el pasillamen del partido. ¿Igual es que no era democrático acreditarlos previamente, o qué? Desde luego sí que les alteraría la lógica del corralito, y mucho... ya que no han tenido que hacer ni siquiera concursos de méritos para llegar a ponerse a tiro de un cargo.

Cuando yo me presenté a mi última oposición, todos los Profesores Titulares estábamos habilitados de oficio para presentarnos a las oposiciones a cátedras. Esa fue de las últimas oposiciones a cátedras por el sistema pre-LOU; con la entrada en vigor de la LOU, de la noche a la mañana quedó todo el mundo inhabilitado. Ah, amigo. Los que una semana antes podían concursar, ahora ya no podían. No sé si técnicamente hablando es ésta una ley con efecto retroactivo, pero desde luego a efectos prácticos no hay duda. Se creó un cuerpo virtual intermedio entre los catedráticos y los titulares de universidad (y otro entre los titulares y los no titulares, claro): los habilitados, cuerpo fantasmal que ocupaba plazas fantasmales y sin sueldo. Las plazas eran (son) muy reales en otro sentido: se convocan plazas de habilitaciones limitadas según el número de plazas "de verdad" que quieren cubrir las universidades. ¿Lógico? Pues podría parecer que sí, pero....

... la lógica perversa de este sistema (y digo perversa no sólo por sus elementos de círculo vicioso, sino porque se hizo a conciencia, cuando se veía venir de lejos lo que iba a pasar)—la lógica perversa, digo, se verá con este ejemplo práctico de mi universidad. Como digo, me presenté a cátedras, pero la plaza (¡ay!) no se cubrió. Vale. Debería haber pasado al nuevo sistema, y generar una plaza de habilitación, para luego cubrirse, ¿no? Pues no. La universidad no quiere (va contra su política) sacar la plaza a concurso, y prefiere guardarla en salmuera, en tanto no haya un habilitado de la propia universidad que pueda cubrirla.  Vamos, ¿que no querías endogamia, que para eso dicen que pusieron las habilitaciones? Pues toma taza y media. Allí sigue la plaza de cátedra que digo, durmiendo el sueño de los justos, tres años después de la última prueba y siete u ocho años después de haber quedado vacante.

Las habilitaciones han quedado desacreditadas. Demasiada gente en movimiento para pocas plazas, alteración de la docencia, sistema costoso y engorroso... ¿pero es que no tenía un superior con talento el destalentado que propuso el sistema? No, no lo tenía, había que morir al palo. Vale, ahora se suprimen las habilitaciones, pero los profesores de los cuerpos docentes universitarios no quedan por eso habilitados. Tendrán que seguir pasando dos tandas de exámenes para acceder a una plaza. Se introducen las acreditaciones, con lo cual de estar inhabilitados hemos pasado a estar desacreditados. Necesitamos acreditación. (Es curioso, insisto, que los políticos que redactan estas normas no necesiten ellos nunca acreditación para nada, pero sí se la exijan a quien ha de tener titulaciones y  oposiciones y currículum bien nutridito para estar donde está. Aquí pasa como con sus sueldos: generosidad inexplicable para consigo mismos, y otra vara de medir para quienes han pasado el tiempo formándose como especialistas en lugar de ascender por la vía supersónica del dedo partidario).

Dos ventajas parecen tener las acreditaciones sobre las (casi) antiguas habilitaciones. La primera, una quizá de doble filo: no hay prueba presencial. Se valora el currículum del candidato, con lo cual es más cómodo para todos... pero las protestas y recursos se van a multiplicar, supongo. La segunda, que no hay un número limitado de "plazas". Así, es previsible que se acredite más gente de la que venía habilitándose. Se mantiene el concurso de acceso a la plaza en la universidad, claro... y ahí va a ser la fiesta de la endogamia. Con la mayor autonomía de la universidad, mayor flexibilidad de criterios, y candidatos todos acreditados, de casa y de fuera, pues poca duda va a haber de cuál es el candidato más conveniente y más adecuado a la línea de trabajo del departamento, ¿no? Bueno, eso si goza de las bendiciones del tribunal, que si su departamento se lo quiere quitar de encima, también lo va a tener fácil. En suma, preveo más endogamia y más perpetuación del feudalismo, todo bajo la garantía protectora de la acreditación.

Máxime cuando se ha suprimido una pequeña cláusula que daba un poco de chicha a las fantasmales plazas de los habilitados. En la redacción original de la LOU, los tribunales de la prueba de acceso (la oposición de verdad, en la universidad) podían dejar la plaza vacante un año, pero al segundo año la tenían que  cubrir si se presentaba un candidato habilitado. Aunque no les gustase, porque estaba habilitado, toma ya. Ahora en cambio, no. Puedes estar todo lo acreditado que quieras, pero si el tribunal estima (con su intocable discrecionalidad técnica) que no eres adecuado para la plaza, no te servirá ni el currículum ni la acreditación ni el Nobel de medicina. Ni el primer año ni el segundo.

Esto me recuerda que sí que había en las viejas oposiciones un informe preliminar donde el tribunal expresaba su opinión sobre el currículum del candidato, previamente al primer ejercicio. En mi caso, en la cátedra que quedó vacante, todos los candidatos fuimos valorados positivamente por el tribunal, es decir, que teníamos en principio, a juicio del tribunal, el currículum esperable para ocupar una plaza de cátedra (una especie de habilitación sobre el terreno). Ello no impidió que en la oposición a la que me refiero luego ninguno de los candidatos superase la primera prueba (y eso que teníamos todos sexenios de investigación, otro dato indicativo). O sea, que discrecionalidad.... a discreción. Y ahora, parecido. Los acreditadores y acreditados, que canten misa si quieren, porque quien decide sobre la adecuación de un candidato es únicamente el tribunal de la segunda prueba, "en la casa". Y las reclamaciones no serán solventadas por una comisión específica del área de conocimiento, con lo cual la discrecionalidad técnica quedará intocable. Y baremos....  eso es para las plazas de asociado, hombre, eso de contar puntos. Aquí, en las oposiciones a titular o catedrático, funciona mejor la inspiración general del tribunal, la atmósfera, nada baremable, en todo caso. El mismo currículum puede valer un 10 o un cero, según respire el tribunal. Toma ya criterio técnico.

Todo esto poca traza lleva de cambiar con la nueva ley. La reforma de la ley no añade garantías objetivas para que sea el candidato con más mérito y preparación quien obtenga la plaza. En todo caso suprime algunas posibles garantías, y convierte el primer examen en un mero trámite vacío de contenido frente al segundo—un trámite que puede que te acredite, pero desde luego no te habilita para nada.

Ahora que, de todo este proceso de reforma en las oposiciones, lo más pasmoso ha sido ver cómo los cuerpos enteros de profesorado universitario (menos los catedráticos, que ya han hecho el último examen) han aceptado sin chistar su inhabilitación y desacreditación en masa por decreto-ley. Sin movimientos de protesta, sin extrañarles siquiera. Debe ser porque ya saben que se trata, antes y después, básicamente de aguardar turno, estudiar la correlación de fuerzas y ubicarse correctamente. Que las barreras, por muchas que haya, se alzarán al paso del Elegido, y que lo más seguro bajo cualquier sistema es saber quién manda y estar en el corrillo adecuado; lo de escuernarse a trabajar sin más es, pongamos, secundario, por no decir irrelevante. Vamos, igual que si fuésemos todos para ministros.




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viernes, 15 de abril de 2016

Retropost #844 (5 de abril de 2006): Cátedra en conserva


La cátedra en cuestión es la infausta cátedra en la que se me cargaron a mí y a otros tres y quedó vacante. Bueno, pues resulta que años después de la oposición, el Departamento ha pedido que salga otra vez a concurso, sacándola del jarrito de formol en el que estaba guardada. Y, sorpresa, el Rectorado no va a hacerlo. Pues (según me han dicho de buena fuente) han preguntado al Director que cómo es que se ha pedido la salida a concurso de esta cátedra, si no hay en el Departamento ningún profesor habilitado que se pueda presentar al concurso. Así que no se va a sacar: va contra la política del Rectorado, que al parecer da prioridad absoluta a la promoción de su propio personal por encima de la conveniencia de cubrir las plazas asignadas.

Esto tiene su parte de círculo vicioso, pues el número de plazas de habilitación está en función del número de plazas docentes que saquen las universidades a concurso. Por tanto, al no salir esta cátedra a concurso, habrá menos posibilidades de que se habiliten los candidatos (sean o no de la Universidad de Zaragoza).

Yo ya sabía que la creación de nuevas plazas de catedrático estaba ya explícitamente subordinada a la existencia de personal habilitado. O sea, que si no hay habilitado, en principio no se asignan cátedras nuevas al departamento aunque lo solicite por mantener un equilibrio en la estructura de plantilla. Pero ahora descubro que la misma política se aplica a las plazas ya existentes. Se entiende así que ante la carencia de prisa del Departamento por cubrir su plaza estos años pasados, el Rectorado tampoco le haya apremiado en absoluto. Dinero que se ahorra.

Es una frugalidad loable, y un interés solícito de la institución por la promoción interna de su personal. Lástima que cuando le llegan al Rectorado recursos y denuncias sobre las arbitrariedades e injusticias que cometió la comisión evaluadora para lograr dejar vacante esa cátedra, cuando había tanto candidato de la propia universidad que se presentaba-- allí ya no haya habido tanto interés de la Universidad por velar por la promoción de su personal. Ni un acuse de recibo, ni una respuesta, sino más bien un desprecio olímpico a las opiniones y a las carreras de los candidatos. Eso también ahorra dinero, claro, en sueldos y en papel con membrete. Pero es pan para hoy y hambre para mañana, porque mina la integridad del sistema, y la credibilidad de la universidad.

Es una actitud que ciertamente merece un contencioso administrativo, así que eso he hecho. Con pocas posibilidades de éxito, claro, al haberse atrincherado el Rectorado en el silencio administrativo durante tanto tiempo. Pero por mí que no quede.






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lunes, 21 de marzo de 2011

Corrupción en la Universidad

 

Corrupción en la Universidad es un libro de José Penalva Buitrago. Me pasa Fer el enlace, y cito de su autopresentación en Criteria:


"Corrupción en la Universidad" es el relato de un profesor universitario [José Penalva Buitrago] que ha decidido romper la ley del silencio. Como su caso hay cientos. Pero este es el primero que sale a la luz pública [Aquí habría que matizar, claro...]

La Universidad, como algunas otras instituciones, goza de una suerte de respetabilidad que no es sino una efectiva cortina de humo. Tras ella se esconden numerosos casos de corrupción y endogamia que ni mucho menos son marginales. Es una guerra sucia en todas las instancias entre profesores, doctores, catedráticos, etc., que luchan por mantener su campo de influencia, su particular parcela de poder. Todo ello, a costa de los alumnos y de los contribuyentes, que con sus impuestos sostienen un imperio de ineficacia y nepotismo.

«Por desgracia, -escribe Alejo Vidal-Quadras en el prólogo- las cosas demasiado horribles también suceden y la historia desarrollada en Corrupción en la Universidad así lo demuestra para nuestra vergüenza colectiva. […] Como en tantos otros puntos débiles de nuestro sistema institucional, cultural y económico, las desgracias presentes tienen a sus espaldas una larga historia de errores de planteamiento, de dogmatismos ideológicos y de políticas de vuelo corto. Hemos construido un mundo universitario fuertemente politizado, teñido de localismo y rígidamente funcionarial. […] Es imprescindible una reforma radical en este ámbito porque el grado de deterioro es tan alto que horrores como los expuestos en Corrupción en la Universidad, lejos de ser una ficción de novela negra, constituyen la realidad cotidiana de no pocos departamentos universitarios españoles».


Algo parecido comentaba yo hace ya unos años en un artículo sobre endogamia y corrupción.

El epígrafe del libro es memorable:

A mis enemigos,
los únicos que nunca me han fallado.


Como algunos episodios de esta historia me suenan familiares, iré citando algún pasaje interesante o "divertido". Por ejemplo, éste de la presentación:

"el problema más grave que tiene planteado España hoy es el ocultamiento de la realidad y la connivencia académica ante la mentira. El motor de la connivencia académica, y el consiguiente ocultamiento de realidad y fabricación de mitologías varias: la endogamia universitaria. La endogamia, en suma, se ha instaurado como un cáncer en la universidad española, en general, y en los departamentos de pedagogía, en particular. El motor que genera su metástasis es una forma de agresión contra el 'intruso' o 'candidato-no-oficial' o 'candidato-sin-padrino', etcétera. Una agresión de forma piramidal y laberíntica, pero agresión. (...) Y el caso que se trata en este libro reúne un altísimo número de rasgos esenciales de esta realidad. El caso que ofrece este libro se refiere a la experiencia ocurrida a un profesor cualquier en una universidad pública española cualquiera. Es un caso particular en el mapa general de España." (26)


 
 
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jueves, 22 de abril de 2010

De oposiciones


Por alguna razón, bajo las antiguas leyes y estatutos universitarios no me tocó jamás estar en un tribunal de oposiciones ("concursos" los llaman). Aunque había bombo para sortearnos, no se sabe si real o mítico, resulta que mi bolita debía ser muy gordita, y no pasaba nunca por el tubo. Con el cambio de leyes a la LOU y a la LOMLOU y demás, y la autonomía total ya de las universidades y su rarefacción absoluta, ya pensaba yo que no me iba a tocar en toda mi carrera, lo de estar en una oposición. (Y poca pena que tenía– hay quienes se crecen en un tribunal, sobre todo presidiéndolo, pero yo prefiero buscar mis expansiones egóticas por otro lado).

Pero resulta que no: sigue existiendo el Bombo de las Oposiciones... Hay universidades que, aun con sus nuevos estatutos y las ricas posibilidades que abren a la endogamia, han establecido procedimientos de designación de tribunales menos endogámicos que los de la la nuestra. En la nuestra, se propone a los miembros del tribunal, normalmente por afinidades y buena sintonía con el Departamento y con las fuerzas vivas que apadrinan o promueven la plaza, y al emplazado. Pero parece que en algunas universidades, y la de Santiago de Compostela está entre ellas, aún recurren al sorteo impersonal entre todos los profesores del área de conocimiento, para formar el tribunal. Al menos lo hacen para nombrar algún miembro. (Imagínense, recurrir al área de conocimiento–ese concepto desfasado y desacreditado. Si es que dicen que en Galicia se lleva lo tradicional...).

Así que, con ganas o sin ganas, a Galicia que me voy en un par de semanas. Me acercaría a ver mis propiedades allí, de paso, pero lo cierto es que hasta ahora Hacienda no me ha descubierto ninguna, ni yo tampoco.

Por cierto, un chiste oposicional que he oído hoy, sobre el honrado presidente del Congreso, Bono, y sus crecientes fortunas y fincas:

—¿En qué se parece Bono al aloe vera?—¿? Me lo diga.
—Pues en que cuanto más le investigan, más propiedades le descubren.

Iré en tren. El avión he decidido ignorarlo. Hale, a Galicia otra vez, que la veo poco. Igual me quedo allí, en una de éstas. Pero no será opositando... Lo que es a una oposición me parece que no me vuelvo a presentar yo: si le tengo repelús al asiento del tribunal, al del opositor ya va convirtiéndose en fobia. Así que no accederé al Cuerpo de Catedráticos, snif. Me conformaré con estar en la oposición.

GarciaLandia


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jueves, 11 de febrero de 2010

Cocinando el POD



Hoy hemos tenido consejo del departamento de Filología Inglesa y Alemana, con punto único: primer acercamiento a la elaboración del Plan de Ordenación Docente. Un papeleo aburridísimo y una pesadilla para la dirección, a pesar de la sugestiva aplicación informática Odile que les ayuda a hacerlo. Y es que hay hacer muchos cálculos de horas y grupos, y mover muchos cables, ajustándose al viento (que este año no es favorable) para conseguir el objetivo primordial, que es justificar muchas necesidades y dividir muchos grupos para generar muchas plazas. Es el axioma incontestado del POD, o el Plan detrás del POD: conservar la plaza de los que están, y colocar a todos los que podamos que aún no están. Huy no, qué digo, que es para mejorar la atención al estudiante, el fin último.

Cierto es que la idea de empezar la implantación del Grado con grupos de 70 estudiantes, según ordena el Rectorado... como que no casa mucho con el espíritu de Bolonia. Pero la Universidad está en crisis, endeudada hasta las orejas, y tendrá que reducir grupos y costes. Así que nuestro departamento decide contraatacar por gambito lateral, creando grupos de prácticas, que aún se puede... Aunque sean una pesadilla de organizar en cuestión de horarios. Y seguramente les viene bien a los estudiantes, practicar.

Aunque por el camino se consigue colocar a muchos socios y asociados que están a la espera de merecer, y eso interesa. De hecho, lo de colocar asociados no está tan fácil: para obtener ese contrato hace falta justificar que se está trabajando fuera de la universidad, con lo cual las plazas suelen quedar vacantes, y luego salen para cubrirse por urgencia con los retrasos de rigor. Ahí ya se coloca mejor a quien haga falta. Tampoco es fácil obtener ayudantes doctores, y es que debe ser que no hay un solo doctor de Filología Inglesa en paro en el país. En fin, que entre lo difícil que está colocar a los del grupo de uno, y lo difícil que está encontrar a alguien que cumpla los requisitos de las plazas, no es tarea fácil para los muñidores del POD, y requiere la cosa muchos cálculos y vueltas y revueltas. Vamos, que haciéndolo se ha puesto enfermo el director Dr. Guillén, y ha dirigido la reunión de hoy el Dr. Sánchez García, que ya apunta maneras de futuro director.

Yo he abierto la boca para hacer una observación. Resulta que tanta sed de plazas, y tiene este departamento una plaza guardada en salmuera desde el año 2003—una cátedra de universidad, nada menos. Pero esa no piden nunca al Rectorado que la desempolve, ni que la saque a concurso. ¿Por qué será?

Yo me presenté a esa cátedra, y también otros profesores del departamento, y de fuera, cuando sí salió a concurso en el año 2003. Se dejó vacante. Al parecer el tribunal juzgó que ninguno estábamos preparados (y eso que sumábamos muchos muchos sexenios). Vamos, que no se cubrió porque no interesaba darla a ninguno de los candidatos, a quien estaba repartiendo el bacalao. Aquí está parte de la historia. ¿Mi interpretación? Pues que había que pasar por delante a algunos profesores mejor vistos que ni habían firmado esa plaza, ni la podrían haber ganado creíblemente de haberla firmado. Y pasaron, pasaron, con el tiempo.

Bien, pues la plaza aquella, la cátedra fantasma, no se cubrió, a pesar de eso, ni se volvió a sacar a concurso—con la excusa de que estaba la cosa sub iudice. Pues yo había recurrido (el único que lo hizo) y pasaron muchos años hasta que se resolvió el asunto, dando por buena la actuación del tribunal (es que hay una cosa que se llama ficciones legales).

Pero ahora no está sub iudice. Y se preocupaba mucho la Dra. Onega en la reunión de hoy por que no se fuese a perder la plaza, con las pocas cátedras que hay en este departamento, decía.... (Yo también pensaba cosas, aunque muchas veces se contiene uno de decir lo que piensa en estas reuniones, créanme. Que hay pocas cátedras, dice la presidenta del tribunal que dejó esa plaza vacante—y la anterior también, por cierto).

Entonces he expuesto yo mi opinión: que la Cátedra Maldita debería sacarse a concurso de una vez. Que ya se la ha toreado bastante, y que ahora este departamento sólo puede hacer una cosa administrativamente coherente con ella, que es sacarla a concurso y cubrir la plaza. Pero entonces me dicen, los gestores de las cosas: Es que no hay nadie que se pueda presentar. Nadie, oigan. Se supone que esta frase quiere decir "no hay en el departamento ningún profesor acreditado que vaya a presentarse a esa plaza". Presuponiendo, como buenos funcionarios públicos, que la institución está allí para sus propios habitantes, para coparla los que ya están en ella. No eres bienvenido, forastero—la endogamia universitaria funciona como los pueblos del Oeste. Es la dinámica que se presupone en el Departamento como artículo número uno de funcionamiento: hay que procurar generar plazas que vayan a ocupar los miembros del departamento. O sus meritorios. Y oigan, que la universidad no les va a llevar la contraria, pues no quiere verse a las espaldas con todos los que ya están, y con la crisis, y con uno más que llega de fuera. Así que desde el Rectorado se toleran, cuando no se favorecen, la endogamia y los arreglillos feudales de los departamentos.

Pero es que la frase clave en realidad no quiere decir que "la cátedra ha de ser para un miembro de este departamento"—como aparenta. No. Porque si así fuera, ya la habrían cubierto cuando salió en su momento, que estábamos todos perfectamente capacitados para obtener la plaza, y no se nos dejó ni pasar al segundo ejercicio. No. La frase no hay nadie que se vaya a presentar quiere decir, en realidad, no hay nadie de la cuerda de los catedráticos que se vaya a presentar.
Y así se crea escuela. Con lo bien que nos vendría que sacase la plaza una persona sin hipotecas ni deudas ni pleitesías. Pero qué digo. Esos no llegan ni a cien metros del tribunal.


Por supuesto yo he dicho que se podría presentar cualquier español o extranjero acreditado para ello. Pero me temo que de lo que digo en este consejo hace tiempo que no se toma nota. En el consejo pasado votaron mis colegas (así, por todo el morro, y en pleno) que no tenía yo ninguna publicación académica ni ningún año de experiencia docente en la universidad que me permitiese optar a docencia en el máster. Cero puntos en los dos apartados del baremo me pusieron (—los de su cuerda en cambio sacaron muchos más puntos, claro). O sea que no me van a hacer mucho caso, al del ceropuntos. Claro que, cocinada por quienes ejercen semejante criterio, sale la ordenación docente un poco distorsionada.



miércoles, 15 de abril de 2009

Querría trabajar en la Universidad



Le contesto a un lector que me pregunta sobre los primeros pasos a dar para conseguir un puesto de profesor universitario...




Hola, Javier:

Nos podemos tutear si no te importa; ningún problema en contestarte lo que buenamente pueda sobre lo que me preguntas. Lo cierto es que debe de haber gente más informada que yo, pero bueno, ahí va. Dices que eres ingeniero técnico; actualmente hay ingenieros técnicos impartiendo docencia en la universidad, pero son un poco herencias del pasado, cuando no había tantos requisitos. No conozco bien todas las figuras de contratación, pero entiendo que para concursar a las plazas de profesor no permanente, que es la manera de ir entrando en la universidad, se requeriría que fueses como mínimo licenciado (o ingeniero, arquitecto, etc.), o de cara al futuro, ahora que están cambiando las titulaciones y se extinguen las licenciaturas, que tengas un máster. Cada vez hay más competencia por las plazas; antes solía suceder que no se presentaban candidatos, o uno o dos, ahora está todo mucho más reñido y los requisitos mínimos no bastan. Se utilizan baremos en los que dan muchos puntos las publicaciones en revistas de investigación, o publicaciones de libros. Es cierto que para las plazas más temporales (sustituciones, plazas a tiempo parcial, etc.) a veces las obtienen candidatos que aún no tienen muchos de esos méritos, pero en cuanto se opta a una plaza mínimamente estable se hace necesario pasar por varios filtros. El primero es presentar el currículum a una agencia de acreditación (hay una en cada comunidad autónoma, ligada a la consejería de universidades). Y estos te dan la acreditación, el "visto bueno" para optar a una plaza de las de categoría superior. Luego está el concurso de méritos y la entrevista a los candidatos en la propia universidad, y decide una comisión nombrada para las contrataciones---todo con anuncios públicos, plazos para reclamaciones, etc. Las plazas o contratos para cubrir vacantes se hacen públicos antes de cada curso, se anuncian en las páginas web de cada universidad. Pero lo cierto es que hasta llegar a ese punto hay un largo camino previo: conviene que te matricules en un programa de postgrado o de doctorado, pues para las plazas de profesor titular o de contratado doctor hace falta haber hecho la tesis doctoral. Esto es cuestión de varios años, y requiere trabajar en estrecha colaboración con algún profesor preferentemente del departamento en el que quieras entrar. En realidad deberías empezar aconsejándote allí, quizá en la universidad donde hayas estudiado o cerca de donde residas, pues ellos conocerán mejor los requisitos para esas plazas y el tipo de méritos que se aprecian para obtenerlas, y te podrán decir las perspectivas de colocación que hay si emprendes un programa de doctorado allí o en otra parte. Ojo, que en todos los departamentos hay gente más informada y otra menos informada sobre estas cuestiones; pide que te remitan a alguien que esté en la comisión de contratación para hablar y que te explique cómo ve la cuestión en esta área y universidad. Hay que elegir director y grupo (y que te acepten en el programa, etc.) y sólo así y con trabajo de varios años en algún equipo de los que sean influyentes en ese departamento conseguirás obtener una colocación estable. Hay plazas con menos requisitos, y es el primer paso, pero son precarias y mal pagadas, y hay que trabajar mucho preparando clases a partir de cero en ellas. Eso sí, necesitarás una licenciatura para todas (o título equivalente), y un buen expediente académico. Si te puedo aclarar algo más pregúntamelo tranquilamente; y quizá suene un tanto desalentador todo esto que te digo, pero lo cierto es que es una carrera de fondo, esto de entrar en la Universidad, un auténtico maratón de aguante. Suerte y un saludo,

JoseAngel

No sé si debería haber enfatizado más la necesidad de rendir pleitesía a algún catedrático y hacerse su siervo de la gleba durante unos años... pues quien no vaya informado del feudalismo y la endogamia universitarias, que hacen requisito el apoyo mutuo de los grupos para colocar a sus candidatos, va mal informado.



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