This may literally be the best thing I have heard in my entire life. It is the salvation of American education—and even the salvation of America. https://t.co/NGLf1mAsqJ
— Peter Boghossian (@peterboghossian) November 11, 2024
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martes, 12 de noviembre de 2024
Reforma educativa antiWoke - Let That Sink In
sábado, 16 de junio de 2018
viernes, 12 de enero de 2018
martes, 3 de agosto de 2010
La Burocracia Celestial
A veces tengo la sensación de pertenecer a una Burocracia Celestial, y de ser yo mismo un Burócrata Celestial, o un escriba asentado.
Así ve a los funcionarios universitarios José Carlos Bermejo Barrera en el libro La fábrica de la ignorancia: La Universidad del "como si" (2010).
Los funcionarios públicos han sido y son parte fundamental de la estructura de los diferentes estados, desde el Antiguo Egipto o la China imperial hasta la actualidad. Los funcionarios públicos (...) se caracterizan en primer lugar porque poseen un conocimiento especializado, en el cual es fundamental, desde hace ya cinco mil años, el uso de la escritura. Un uso asociado a sus capacidades de organización, de cálculo y de previsión, y al control de los recursos públicos, ya fuesen en forma de rentas en especie o en dinero.
Fue este saber letrado y la capacidad organizativa de los escribas y los funcionarios lo que permitió la coordinacióin de la fuerza de trabajo de los grandes imperios y la movilización de los recursos necesarios para el reclutamiento de los ejércitos y la planificación o ejecucuón de la guerra o para la construcción de las grandes obras públicas y la prestación de determinados servicios necesarios para la comunidad (Wittfogel, 1966). En ese sentido podríamos afirmar que, al hablar de los funcionarios, no hay nada nuevo bajo el sol.
Ahora bien, es necesario distinguir (...) las funciones necesarias que los funcionarios desempeñan de la idea que los funcionarios se hacen de sí mismos. Una idea mediante la que intentan, también desde hace unos cinco mil años, marcar la distinción entre ellos mismos y el resto de la población con el find de justificar sus privilegios económicos, sociales y políticos. Y es una parte fundamental de esa idea la importancia que los escribas, letrados y funcionarios otorgan a sus largos, trabajosos y complejos procesos de formación. La educación letrada pasaría así a ser una de las bases esenciales que les permitirían reivindicar sus privilegios, como ha señalado Pierre Bourdieu (1984).
Los escribas y los funcionarios tienden a mantenerse alejados de la realidad económica y social. Los funcionaros suelen tender a creer que se puede vivir en un mundo perfecto, en el que todo está regulado al milímetro, en el que todo se puede explicar, y en el que por lo tanto todo está perfectamente justificado. En el caso de la Antigua China, algunos sociólogos denominaron a este tipo de funcionarios, eficaces, sí, pero obsesionados por la jerarquía y los rangos, así como por los signos externos de distinción, los gestos y el ceremonial, la burocracia celestial. (...)
Los funcionarios se describen siempre a sí mismos como letrados, y por eso aman los textos, su estudio y su comentario, pudiendo llegar a obsesionarse con los detalles de la corrección gramatical, con las sutilezas de la exégesis y la interpretación textual, sea legal o no, y siempre estarán orgullosos de poder producir ellos mismos esos textos, o al menos sus comentarios. Esto ocurre desde hace milenios y sigue ocurriendo exactamente igual en la actualidad. (...)
Como los funcionarios y los letrados viven de las rentas del rey o el emperador, del Estado, de la Iglesia o de la nobleza (recueérdese ue las universidades europeas anteriores al siglo XIX vivían de las rentas de sus tierras), tienden a situarse por encima de la realidad económica, del mundo de la producción y el consumo, puesto que siempre tienden a tener unos ingresos garantizados. Por esta razón solían despreciar el trabajo físico, como se puede ver en la Sátira de los Oficios que leían los escribas egipcios, en los textos sumerios o acadios, o en los textos de los mandatarios chinos, para los que el cultivo de unas muy largas uñas era un símbolo de distinción social porque mostraba su libertad de no tener que trabajar con las manos.
Es ese aislamiento de la realidad económica y de sus fluctuaciones, unido al alto concepto que los funcionarios suelen tener de sí mismos, lo que hace que tiendan a sobrevalorar la importancia de su trabajo, cuya necesidad no se puede discutir, y a creer que siempre merecerían estar mejor pagados y a aque sus instituciones son merecedoras de recibir más dinero. Como los funcionarios poseen una mentalidad de rentista suelen tener una cierta tendencia, típica de esa mentalidad, a no medir los gastos, e incluso a despilfarrar el dinero en lo que ellos consideran como lo más importante: su propia promoción y el cultivo de sus propios sistemas de honores y valores. (...)
[E]sos valores específicos pueden correr el riesgo de convertirse en meros instrumentos de justificación de los privilegios económicos, sociales y políticos de los que pueden disfrutar los distintos tipos de funcionarios. Y así la solidaridad d grupo o el "espírigu de cuerpo" necesario para la existencia de cualquier grupo de funcionarios pueden transformarse en una solidaridad de clase, cerrada frente al exterior, y orientada ante todo al mantenimiento y a la expansión del propio grupo, a costa de la supervivencia de otros grupos y en perjuicio del bien común.
Fue este saber letrado y la capacidad organizativa de los escribas y los funcionarios lo que permitió la coordinacióin de la fuerza de trabajo de los grandes imperios y la movilización de los recursos necesarios para el reclutamiento de los ejércitos y la planificación o ejecucuón de la guerra o para la construcción de las grandes obras públicas y la prestación de determinados servicios necesarios para la comunidad (Wittfogel, 1966). En ese sentido podríamos afirmar que, al hablar de los funcionarios, no hay nada nuevo bajo el sol.
Ahora bien, es necesario distinguir (...) las funciones necesarias que los funcionarios desempeñan de la idea que los funcionarios se hacen de sí mismos. Una idea mediante la que intentan, también desde hace unos cinco mil años, marcar la distinción entre ellos mismos y el resto de la población con el find de justificar sus privilegios económicos, sociales y políticos. Y es una parte fundamental de esa idea la importancia que los escribas, letrados y funcionarios otorgan a sus largos, trabajosos y complejos procesos de formación. La educación letrada pasaría así a ser una de las bases esenciales que les permitirían reivindicar sus privilegios, como ha señalado Pierre Bourdieu (1984).
Los escribas y los funcionarios tienden a mantenerse alejados de la realidad económica y social. Los funcionaros suelen tender a creer que se puede vivir en un mundo perfecto, en el que todo está regulado al milímetro, en el que todo se puede explicar, y en el que por lo tanto todo está perfectamente justificado. En el caso de la Antigua China, algunos sociólogos denominaron a este tipo de funcionarios, eficaces, sí, pero obsesionados por la jerarquía y los rangos, así como por los signos externos de distinción, los gestos y el ceremonial, la burocracia celestial. (...)
Los funcionarios se describen siempre a sí mismos como letrados, y por eso aman los textos, su estudio y su comentario, pudiendo llegar a obsesionarse con los detalles de la corrección gramatical, con las sutilezas de la exégesis y la interpretación textual, sea legal o no, y siempre estarán orgullosos de poder producir ellos mismos esos textos, o al menos sus comentarios. Esto ocurre desde hace milenios y sigue ocurriendo exactamente igual en la actualidad. (...)
Como los funcionarios y los letrados viven de las rentas del rey o el emperador, del Estado, de la Iglesia o de la nobleza (recueérdese ue las universidades europeas anteriores al siglo XIX vivían de las rentas de sus tierras), tienden a situarse por encima de la realidad económica, del mundo de la producción y el consumo, puesto que siempre tienden a tener unos ingresos garantizados. Por esta razón solían despreciar el trabajo físico, como se puede ver en la Sátira de los Oficios que leían los escribas egipcios, en los textos sumerios o acadios, o en los textos de los mandatarios chinos, para los que el cultivo de unas muy largas uñas era un símbolo de distinción social porque mostraba su libertad de no tener que trabajar con las manos.
Es ese aislamiento de la realidad económica y de sus fluctuaciones, unido al alto concepto que los funcionarios suelen tener de sí mismos, lo que hace que tiendan a sobrevalorar la importancia de su trabajo, cuya necesidad no se puede discutir, y a creer que siempre merecerían estar mejor pagados y a aque sus instituciones son merecedoras de recibir más dinero. Como los funcionarios poseen una mentalidad de rentista suelen tener una cierta tendencia, típica de esa mentalidad, a no medir los gastos, e incluso a despilfarrar el dinero en lo que ellos consideran como lo más importante: su propia promoción y el cultivo de sus propios sistemas de honores y valores. (...)
[E]sos valores específicos pueden correr el riesgo de convertirse en meros instrumentos de justificación de los privilegios económicos, sociales y políticos de los que pueden disfrutar los distintos tipos de funcionarios. Y así la solidaridad d grupo o el "espírigu de cuerpo" necesario para la existencia de cualquier grupo de funcionarios pueden transformarse en una solidaridad de clase, cerrada frente al exterior, y orientada ante todo al mantenimiento y a la expansión del propio grupo, a costa de la supervivencia de otros grupos y en perjuicio del bien común.
sábado, 3 de abril de 2010
Vapuleo a la universidad aborregada
Muy crítico se muestra con la Universidad española José Carlos Bermejo Barrera en esta entrevista republicada en Fírgoa. Es especialmente duro con la actual boga de las agencias evaluadoras a todos los niveles y la cultura de la subvención. Algunos aguijonazos:
- Sobre los desequilibrios en la ratio profesor / alumno: "Los desequilibrios se explican porque la creación de Centros y dotación de plantillas se han llevado a cabo siguiendo criterios e intereses locales, y sobre todo en función de los intereses de los grupos de profesores que actúan de una manera corporativa. Los profesores desean ampliar sus grupos, según sus campos, y no les importa a costa de qué. Los grupos de profesores débiles son los que se quedan con las grandes masas de alumnos."
- Sobre los evaluadores como instrumento de control y disciplina del profesorado: "Los evaluadores son un nuevo grupo dirigente que con sus prácticas, y el asentimiento de los demás profesores pretenden hacerse con el control de las universidades al margen de las leyes, o utilizándolas de un modo torticero" (...) "los nuevos evaluadores son personas intelectualmente mediocres, que se afirman con el control burocrático de la universidad porque saben que no poseen altura intelectual."
- Sobre las causas de la degradación de la Universidad: "La degradación actual es básicamente moral y política y es inseparable de la situación política española actual."
- Y sobre su crisis: " Lo que ocurre es que a las universidades aun no les ha afectado la crisis. Sus gobernantes viven fuera de la realidad, aun siguen pidiendo más fondos públicos, son incapaces de la más mínima autocrítica y se creen los salvadores del mundo. Si no causasen indignación, darían pena."
- Sobre la Ley de la Ciencia y el endeudamiento de las universidades: "Es una tomadura de pelo. No se trata de hacer empresas de base tecnológica. Para lograrlo es necesario tener mercados, sino de facilitar al capital financiero su control de las universidades, a través de los mecanismos del endeudamiento. ¿Por qué los bancos no crean sus universidades privadas de élite? Como las que hay en los EEUU. ¿Por qué no se incentiva que las empresas reales creen sus infraestructuras de investigación? Porque se entiende que la economía importante es la financiera, no la productiva."
No acabo yo de entender, sin embargo, la posición de Bermejo Barrera sobre los remedios a tomar para atajar estos males. Mucho me temo que opine que no hay solución posible, y que será sólo el descrédito del sistema el que lleve a un derrumbe selectivo del mismo. O, más probable, que esta élite seguirá (seguiremos) prosperando a costa unos de otros y del erario público... en la medida de lo posible.
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