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miércoles, 19 de junio de 2019

Cuidado con los compañeros de piso

Con la actual equiparación entre parejas de hecho y matrimonios, y la nivelación concomitante entre el matrimonio homosexual y heterosexual, y las parejas de hecho homosexuales y heterosexuales, y la libertad de costumbres, y la Vigilancia del Estado, se crea una curiosa paradoja legal. Resulta que compartir piso con alguien es casarse con esa persona, al menos mientras no se demuestre lo contrario. 

A mí no me convencen estas propuestas legislativas—como por ejemplo la actual de Ciudadanos, que propone la equiparación total y final de derechos (y de obligaciones supongo, aunque eso no lo dicen) entre parejas de hecho y matrimonios. Esto equivale a una supresión de facto del matrimonio como institución, o, si se quiere, una extensión del matrimonio a todas las parejas de hecho, casándolos el Estado, in absentia y sin preguntar, a todos los que en tal situación se encuentren.

La acreditación de ser pareja de hecho viene basándose en la convivencia durante un cierto tiempo, demostrable mediante empadronamiento, facturas de la luz, etc. etc. Supongo que a partir de ahora habrá que añadir a los contratos de convivencia una declaración jurada ante notario,  declaración preventiva de que no se es pareja sexual o afectiva del otro interesado, sino que únicamente te une con ella o ello una relación de pura conveniencia. No sé (y lo dudo mucho) que un papel de este género vaya a acreditar suficientemente que no eres matrimoniable ni matrimoniado con tu casero por ejemplo. Dependerá, como todo, del juez, o sea, de cara o cruz, porque argumentos jurídicos los hay para todo y las sentencias se dan y se revierten y se vuelven a revertir con el mismo aplomo jurídico.

De hecho, la hipotética declaración ante notario de que no se es pareja sexual con tu compañera de piso no sólo es ignorable y tumbable jurídicamente, sino que es puramente irrelevante de entrada, pues en medio de toda esta proliferación matrimonial, nadie presupone ya que el matrimonio (ni el matrimonio ni el patrimonio ni el salir juntos, vamos) tenga ni presuponga efectos sexuales de ningún tipo, ni que éstos vengan a cuento a la hora de hacer o de deshacer los papeles. Que el Estado se mete en todo pero no se va a meter en tu cama, o por lo menos si se mete en tu cama no presupongas que va a ser con intenciones sexuales.

Así que lo dicho: cuidado con quién comparten piso, sobre todo si el compañero de piso es de Ciudadanos. Porque puede que no hagan falta papeles de matrimonio para nada, pero los papeles del divorcio pueden ser impresionantes y gloriosos, con efectos económicos contundentes.





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viernes, 9 de junio de 2017

Retropost #1649 (9 de junio de 2007): Encontrarse casados por inercia




Aquí hay un bonito estudio sobre cómo llega la gente al matrimonio, o a sus variantes como estar "casados" en el sentido de "casa / dos", vivir juntos:

"The Inertia Hypothesis: Sliding vs. Deciding in the Development of Risk for Couples in Marriage"
, de Scott M. Stanley, Galena H. Kline y Howard J. Markman. (Llego a ellos vía Wonkapistas, que parte de un artículo de The Economist).

Presentan sus reflexiones en el marco de la teoría del compromiso (commitment): diferentes grados de compromiso por parte de una pareja pueden llevar a soluciones digamos... de compromiso: la cohabitación como una situación ambigua en la que uno de los dos se considera más "casado" que el otro—para un miembro de la pareja (típicamente la mujer) están al menos avanzando hacia un compromiso estable, mientras que para el otro (típicamente el "marido") la situación es sencillamente algo indefinido, un arreglo cómodo pero que no significa haber tomado ninguna decisión trascendente sobre la pareja.

De hecho en las parejas que comienzan conviviendo poco a poco es frecuente que las decisiones trascendentes no se encuentran en el futuro, sino en el pasado: retrospectivamente se da cuenta uno de que llegó a ellas, pero es algo que sucedió sin planificación activa, simplemente por la línea de menor coste o menor resistencia. El tomar la decisión de casarse en serio supone un coste, pero para estas parejas aún es mayor el coste (psicológico, económico...) que supondría una ruptura, y así la situación se mantiene. Es lo que los autores llaman "sliding versus deciding", llegar a una situación difícil de cambiar, sin una decisión previa de llegar a ella.

El resultado, según los autores, es que se encuentran así casadas (a veces en modalidades "light" de matrimonio) muchas personas con otras personas con quienes de otro modo jamás habrían tomado la decisión de casarse—una situación que sin embargo es más fácil de mantener que de romper. No quiere decir que no se rompa: las parejas así formadas tienen más altos índices de inestabilidad, de relaciones alternativas, etc. También es significativo el status económico y social: hay menos matrimonio y más divorcio en las clases de bajos ingresos, y más matrimonio y menos divorcio en las clases más acomodadas. A su vez, como señala el artículo de The Economist, la estabilidad en la pareja es un elemento de éxito social y prosperidad tanto para la misma pareja como para sus hijos. En un proceso de realimentación.

Todo esto tiene una interesante dimensión narratológica que está a medio explorar. Hace poco hablaba de cómo nuestras vidas son estructuras narrativas. Pues bien, la decisión de  formar pareja, casarse, tener hijos, etc., es una de las que más estructuración narrativa dan a nuestras vidas. La dialéctica prospección / retrospección tiene muchas posibilidades de aplicarse a una semiótica del matrimonio: ¿vivimos en una pareja prospectiva, o retrospectiva? Parece obvio que las parejas con planes claros de futuro, y una narratividad más prospectiva, tienen en principio más posibilidades de seguir juntas que las que simplemente "llegaron a ser" por circunstancias a, b y c. Lo que no quita para que luego estén las circunstancias sobrevenidas que dan al traste con los planes de mice and men and women. O con su falta de planes—pues la vida en sí es la principal de las circunstancias sobrevenidas.




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