sábado, 19 de abril de 2025
domingo, 12 de enero de 2025
Sociedad Suicida
Los españoles están por tener mascotas en lugar de hijos. Es una opción decidida y ciega a la vez, si tal cosa es posible, por el suicidio social. Aquí una perspectiva católica sobre el actual rechazo a la paternidad, a la maternidad, a la natalidad y a la familia en España ("y más allá").
Hasta en el Financial Times (adalid del despoblacionismo) se han enterado:
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domingo, 5 de enero de 2025
miércoles, 13 de marzo de 2024
Making Sense of Father-Son Estrangement
Tesis de psicoterapia escocesa en la que me citan:
Stockwell, Jonathan. "Making Sense of Father-Son Estrangement." Ph.D. diss. U of Edinburgh, 2024. Online at ERA (Edinburgh Research Archive).*
https://era.ed.ac.uk/bitstream/handle/1842/41613/Stockwell2024.pdf
2024
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domingo, 22 de enero de 2023
jueves, 29 de diciembre de 2022
lunes, 14 de noviembre de 2022
Historia de varios padres
Un tema importante en Mantícora, la novela de Robertson Davies, es el de la búsqueda de la relación con el padre, por parte de protagonista, David Staunton, abogado alcohólico y solitario, agobiado por su familia rica y por verse desheredado. Pero padres puede haber más de uno, en la realidad o en la imaginación. Y, hay que preguntarse quienes son los varios padres imaginarios de cada cual, los elegidos y los no elegidos, porque contrariamente a lo que cree Staunton no parece que sea cuestión de elección, normalmente, sino más bien de inevitabilidad. Y si elegimos, el resultado de la elección era inevitable, siendo cada cual quien es en cada momento.
Texto completo:
Historia de varios padres
- Author(s):
- José Angel GARCÍA LANDA (see profile)
- Date:
- 2011
- Group(s):
- American Literature, English Literature, Narrative theory and Narratology, Philosophy of Religion
- Subject(s):
- Fathers and sons, Fathers, Fatherhood, Father figures, Bildungsromans, Davies, Robertson, 1913-1995, Novels, Canadian literature, Personality
- Item Type:
- Blog Post
- Tag(s):
- Robertson Davies, Personal development, Novels, Canadian literature, Retrospection, The Manticore, Personality, Fathers
- Permanent URL:
- https://doi.org/10.17613/cxca-5136
- English abstract: An important subject in Robertson Davies's novel The Manticore is the protagonist (David Staunton)'s search for a relationship with the father. Staunton is a solitary and alcoholic lawyer, oppressed by his wealthy family and by his being disinherited. But there can be more than one father, in reality or in imagination. And one must wonder who are one's various imaginary fathers—the chosen ones and those not chosen, because (pace Staunton) this does not seem to be primarily a matter of choice, but rather of inevitability. And if we did choose, the choice was inevitable, given the person we were at a given moment.
- Notes:
- First published in Vanity Fea (Oct. 24, 2011)
También aquí:
_____. "Historia de varios padres." In García Landa, Vanity Fea 24 Oct. 2011.*
http://vanityfea.blogspot.com/2011/10/historia-de-varios-padres.html
2011
_____. "Historia de varios padres." Ibercampus (Vanity Fea) 28 Nov. 2011.*
http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=14549
2013 DISCONTINUED 2021
https://www.ibercampus.es/historia-de-varios-padres-14549.htm
2021
_____. "Historia de varios padres." SSRN 14 Feb. 2022.*
http://ssrn.com/abstract=3971875.
2021
_____. "Historia de varios padres." Academia 18 Feb. 2022.*
https://www.academia.edu/71791960/
2022
_____. "Historia de varios padres." ResearchGate 11 March 2022.*
https://www.researchgate.net/publication/359159550
2022
_____. "Historia de varios padres." Humanities Commons 13 Nov. 2022.*
https://doi.org/10.17613/cxca-5136
https://hcommons.org/deposits/item/hc:49573/
2022
_____. "Historia de varios padres." In García Landa, Vanity Fea 14 Nov. 2022.*
https://vanityfea.blogspot.com/2022/11/un-tema-importante-en-manticora-la.html
2022
_____. "Historia de varios padres." Net Sight de José Angel García Landa 3 Jan. 2023.*
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/historiadevarios.pdf
2023
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sábado, 28 de mayo de 2022
Ángel García Pomar - LA MAESTRA
LA MAESTRA (A EUSEBIA POMAR GUILLÉN)
¿Un relato? ¿Una historieta? ¿Una anécdota? ¿Una historia? La realidad supera a la ficción. Allá va.
En un lugar del Pirineo, cuyo nombre tendrás tú que averiguar, bastante más de cien años ha, nació UNA MAESTRA. Y digo que nació MAESTRA porque eso quiso ser desde que balbuceó sus primeras palabras, aunque al principio sólo lograba decir que quería ser “MAETA”. A ese fin dedicó todos sus afanes. Vosotros juzgaréis.
Su padre, Benito, agricultor en los Monegros, había hecho el servicio militar en Cuba y al regreso, cansado de ver sequías y deseoso de ver España, compró una galera y unas mulas y, junto con uno de sus hermanos, durante varios años, ese fue su menester.
Para sufragar los gastos compraban lo que más abundaba en el país que atravesaban e iban vendiéndolo a lo largo del camino. Naranjas en Valencia, mantas en Palencia…. Decía su hija, LA MAESTRA, que contaba anécdotas de cualquier lugar de España donde llegase una carretera, de carro, lo mismo de Galicia como de Andalucía.
Pero todo tiene su término y a él se le acabó la carretera antes de llegar a Sallent de Gállego. Era lógico porque en aquel entonces estaban empezando a construirla. Y, cosa atípica, empezaron a construirla por el fin. En Sallent decían que si se empezaba por el final siempre se encontraría presupuesto para llegar a enlazarla si éste se acababa. Como siempre, tenían sus buenas influencias y las emplearon.
Sallent estaba rebosante de obreros con dinero y sin tiendas donde comprar. Así pues, allí llegaron, aunque no me explico cómo, nuestros incansables viajeros y, encontrando un vacío comercial, montaron el primer comercio fijo del Valle de Tena de que tengo noticia. Eso fue hacia 1880-84.
Allí, con Dámasa, una sallentina vecina, fundaron su familia.
Pero aquí no nació la MAESTRA sino un hermano suyo. Valle abajo avanzó la carretera, con ella los obreros y la tienda tras ellos. En el pueblo de esta segunda tienda del Valle de Tena nació LA MAESTRA que nos ocupa.
Al bautizo no asistieron sus abuelos, tíos ni parientes de Sallent, porque aquel año, por Todos los Santos, cayó una gran nevada. Su madre tampoco fue a la iglesia, pues no era prudente el salir de casa con esa gran nevada y un parto tan reciente. Pero sí tuvo una gran sorpresa:
- ¿Sabes cómo se llama tu hija? Le preguntó la madrina al regresar de la iglesia.
- MARÍA, como dijimos- contestó la madre.
- No; se llama EUSEBIA. El Cura ha dicho que no se le debía quitar un nombre tan bonito como se ha traído.
Dos años más tarde, en 1892, finalizadas las obras de la carretera, comercio y familia se trasladaron a Biescas.
Aquí hicieron una gran amistad con dos maestros jóvenes que acababan de llegar y que pronto contrajeron matrimonio: D. Amadeo y Dª. Maximina.
Ambos influyeron grandemente en el destino de nuestra MAESTRA.
De los 6 a los 13 años Eusebia asistió a la Escuela de Biescas con toda normalidad. Debe subrayarse, eso sí, su aplicación y sentido de la responsabilidad.
Por aquel entonces, no existía el Ministerio de Educación, ni con este nombre ni con los que sucesivamente se le van adjudicando, y los Maestros, aunque conseguían su plaza por oposición, dependían económicamente del Ayuntamiento. Según costumbre recibían al final del año, un canastillo lleno de duros pesetas, perras gordas (10 céntimos ), perras chicas ( 5 céntimos) y céntimos propiamente dichos (gordos y chicos)
Al comercio de Biescas acudían muchos clientes, siendo habituales los de Sallent, que no pasaban sin visitar a su paisana. El más destacado de todos, al menos por su estatura, era el GIGANTE DE SALLENT, que también era admirado por su fuerza. Los sacos que un hombre normal llevaba apurado en sus espaldas, los llevaba él sin esfuerzo bajo el brazo y no uno, sino dos.
Cuando entraba en la cocina debía instalarse encogido, con la cabeza entre dos vigas. Tapaba con la punta del dedo pulgar un duro de los “Amadeos” sin que pudiera verse nada en absoluto. Destacaba también por su carácter bonachón.
En 1903, cuando Eusebia contaba 13 años y sólo le quedaba uno de ir a la Escuela, murió el Maestro, idóneo, o enseñante que se ocupaba de los niños de 4 a 6 años y a D. Amadeo y Dª. Maximina se les vino el cielo encima de pensar que sus nuevos alumnos ingresaran sin distinguir siquiera las vocales. He de aclarar que, por aquellas fechas, la matrícula normal en las escuelas de Biescas rondaba los 130 alumnos y otras tantas alumnas, atendidos por un maestro y una maestra.
Se hicieron muchas gestiones para mantener la escuela de 4 a 6 años abierta, pero nadie en el pueblo quería hacerse cargo de esa tarea.
Como la alumna, Eusebia, de 13 años, era despierta, aplicada, responsable y tenía una indudable vocación de MAESTRA, D. Amadeo le propuso que se encargara de esa clase.
Tras muchas dudas por parte de todos, pues había que buscar también un local, prepararon una sala grande en lo alto de la casa y ayudada por su madre, que, de tanto en tanto subía de la tienda para colaborar, empezó su tarea.
Cobraba una peseta al mes por cada niño. Esto lo pagaban los padres. Si el niño se constipaba o tenía el sarampión, se reducía la aportación a 80, 60, 40….céntimos.
Todo lo que ganaba lo dedicó, desde el primer momento, para sufragar sus estudios de MAESTRA.
Sus estudios de Magisterio los hizo por libre, ayudada principalmente por D.ª Maximina, su vecina y maestra y que , con el tiempo, llegaría a ser su cuñada. Pero con sus 130 alumnas, la casa, los hijos y preparando las labores de costura, que entonces se hacían en la escuela, quedaba muy poco tiempo. Así pues, tuvo que afrontar sus estudios casi sin ningún apoyo.
La vida era sencilla y en las largas y oscuras tardes de invierno, se juntaban las dos familias para contar los sucesos del día, narrar cuentos o leer historias del periódico a la luz de las velas o las teas, aunque, a partir de 1901, ya pudieron hacerlo a la luz de las bombillas.
Cuando Eusebia acabó sus estudios, comenzó a preparar las oposiciones al Magisterio. El lugar más cercano para hacerlas era Zaragoza y ya debía haber tren pues no recuerdo oírle hablar de ir en diligencia. Dª Maximina en 1890 vino a Biescas, desde Huesca, en diligencia de caballos, haciendo noche en Santa María de la Peña.
Seis veces se presentó a las oposiciones, con sus correspondientes desilusiones, pero siempre fue tenaz y constante y al final, a sus 26 años, fue destinada a Otal. Hoy ahí no vive nadie. Llegó la lluvia amarilla.
Otal Tenia entonces 18 hogares. Entre 100 y 120 habitantes en verano. En invierno, solamente quedaban en el pueblo los ancianos, las mujeres y los niños. Los hombres iban con el ganado a la tierra baja.
Saliendo de Biescas, al Este, tras una montaña cubierta de nieve la mitad del año, se encuentra Otal.
Para llegar a Otal, que está a 1470 m. y es el pueblo más alto de toda la comarca, si se va andando, lo mejor es subir a Erata por Barbenuta y Espierre. Una vez en la punta, a 2005 m., ves el pueblo abajo en un valle muy solano.
Esta es la ruta que eligieron Eusebia, sus padres, D. Amadeo y los acompañantes que desde Otal vinieron a buscarlos con caballerías.
Como siempre, con los machos cargados a tope, les costó 6 horas llegar al pueblo. Todos alabaron la valentía de la Maestra que, sin descabalgar, había llegado al pueblo atravesando los tramos más peligrosos, donde era frecuente que las caballerías resbalasen e incluso cayesen. Había una explicación: la Maestra iba aterrorizada y confiaba más en el instinto del animal que en sus propias fuerzas. Por otra parte, si se desmontaba, no había en todo el trayecto un punto donde volver a montarse en aquellas bestias enormes, tranquilas y sensatas.
Todo esto aconteció el día de S. Ramón, 31 de Agosto de 1916, en plena primera Guerra Europea. Cuando llegaron ahí, sólo se escuchaban la bandurria, guitarra y acordeón, usuales en las fiestas de los pueblos en aquel entonces, y es que, ese día, se celebraba la fiesta en Otal.
Del sol de la montaña, llegó roja y quemada y, visto el panorama de aislamiento y soledad que le esperaba, le entró tal llantina que, a pesar de la fiesta, los halagos de todos y su natural comedido, no se pudo contener.
A esto habían venido a parar todas sus ilusiones, todos sus esfuerzos, todos sus sacrificios, estudiando después de las horas de clase, incluso a la luz de la Luna, ahorrando peseta a peseta, céntimo a céntimo, para poder desplazarse a Zaragoza a unas oposiciones tantas veces fallidas.
Ya más calmada, pues, eso sí, sabía sobreponerse a las situaciones más adversas, se hizo cargo de la situación y resolvió que tenía que aceptar la realidad por dura que le pareciese.
Para consolarla, los vecinos le explicaron que en el invierno, durante muchos días, a veces meses, no se abría la escuela a causa de las nevadas y las ventiscas que envolvían las puertas de nieve y por lo tanto no tendría que ir a trabajar.
“¿Ve Vd. esa borda?, pues cuando nieva en invierno todo se queda parejo y los terneros, cuando salen a beber, se pasean por el tejado lo mismo que por la calle.”
A Eusebia, que ante todo estaba allí para ser maestra y no concebía pasarse el invierno sin trabajar, no le gustó la perspectiva, así que, cuando llegaron las grandes nevadas, consiguió que le abrieran camino hasta la escuela, adonde iba a veces por trincheras de nieve más altas que ella, y no era pequeña.
En las Navidades y Pascuas, las únicas salidas que hacía durante el curso, el paso a través de la montaña de Erata, con la nieve, estaba impracticable. Hacían el viaje por Escartín, Ainielle, Berbusa, Oliván, Orós Bajo y Orós Alto, con paradas en las casas de familiares y conocidos de los acompañantes, lo cual, unido al paso seguro pero cansino de las caballerías, hacía que empleasen todo el día.
Llorando entró y llorando se marchó de Otal, tras seis años de estancia. Todo el pueblo salió a despedirla. Allí dejaba enterrado en el pequeño cementerio, a su padre, que la acompañó en sus últimos años y que, tras haber recorrido todas las carreteras habidas, vino a terminar sus días en un pueblo en el que ni siquiera llega, hoy en día, una pista forestal.
Por concurso, salió destinada a Belber de Cinca, un pueblo ya mayor y con mejores comunicaciones, de donde recordaba las grandes celebraciones que hacían para la fiesta del árbol.
Durante su estancia en Belber, contrajo matrimonio con ÁNGEL, hermano de sus antiguos maestros y vecinos con los cuales seguía teniendo una estrecha relación. Era el amor de su vida.
Fue ahí donde se le presentó un gran dilema: debía escoger entre marchar a vivir a Escuer (hoy Escuer Alto), sin carretera, abandonando la profesión que tanto esfuerzo le había costado, o bien continuar en Belber separada de su marido. Sin dudarlo, pero con gran duelo, optó por lo primero.
En el año 1930, en un concurso de traslados, consiguió la escuela de Biescas, que además acababa de estrenar edificio. Todo iba de frente.
Su marido, Ángel, animó al Ayuntamiento y tras muchas gestiones en Madrid, habían conseguido trasladar el pueblo de Escuer, muchas de cuyas casas presentaban grietas por corrimientos de tierras, al actual emplazamiento junto a la carretera. Muchos de sus vecinos, que trabajaban en las obras de los barrancos de Arás y Arratiecho, vieron acortada sensiblemente la distancia al trabajo y él mismo podía desplazarse y vivir en Biescas.
Pero esto es otra historia y larga, sigamos con la Maestra.
Y llegó la guerra. A los quince días de comenzar ésta, cuando aún nadie sabía bien por dónde venían los tiros, Eusebia se enteró bien a dónde iban a parar. Su marido fue la primera víctima de toda la comarca.
Llorando, sin consuelo posible, comprobó que perdía la vista. No podría dar clases. Era viuda y con tres hijos a su cargo. Tomó la determinación de no llorar más. Se hizo a sí misma un pacto silencioso de silencio. Ese tema era tabú y nadie quiso en adelante provocar más llantos.
Respetaremos el pacto. Pasaremos por alto los momentos y escenas más tristes y nos ceñiremos en lo posible a los aspectos más profesionales.
Continuó ejerciendo su profesión en uno u otro bando, siempre en su escuela, dependiendo de los azares de la guerra.
Toda Maestra lleva en su interior un instinto de segunda madre. Muchas de las maestras, durante la guerra, tuvieron, bien a su pesar, que ejercerlo a tope.
A fin de sacar a los niños de los peligros del frente, se crearon las Colonias Escolares. A una de ellas, en las Vilas del Turbón (Huesca), fueron a parar los niños y maestras de Biescas. Allí la dedicación a los alumnos era exclusiva, incondicional e ineludible. Día y noche, 24 horas.
Era la supervivencia. Era suplir a cada madre, que estaría llorando y que sólo tenían el pequeño consuelo de pensar que sus hijos estaban en manos de personas en las que siempre habían confiado y que no los abandonarían. Pero era la guerra…
Fueron maestras y madres de día y de noche, con los enfermos y con los díscolos, procurando suplir la falta del amor maternal y los momentos tristes que a veces embargaban sobre todo a los más pequeños. Nadie estaba seguro de que volviesen a ver a sus padres y eso los niños instintivamente lo percibían.
Como premio a esta gran labor, al reincorporarse con sus alumnos a la zona llamada nacional, fueron suspendidas de empleo y sueldo, probablemente por haber ejercido su profesión en el bando contrario.
Esta situación duró varios meses. El dinero ya no valía, pues había una nueva moneda, los ahorros se acababan y su situación no se resolvía. Así pues Eusebia, que como maestra siempre había impartido la justicia entre sus alumnos, creyó que aquella nueva sociedad no podría funcionar sin, al menos, un atisbo de justicia. Se armó de valor y junto con Maximina, su antigua maestra y ahora inseparable compañera de desgracias, ésta no muy convencida, solicitaron una entrevista con el entonces Director General de Enseñanza Primaria.
Hasta el año 1959 ejerció su labor en Biescas, luchando tenazmente porque sus hijos alcanzasen al menos los mismos estudios que ella. No era tarea fácil. En primer lugar, sólo había un Instituto Oficial en Huesca y en aquellos tiempos de racionamiento, ya era un logro conseguir la supervivencia. Para desplazarse a Huesca se necesitaba un salvoconducto de fronteras cuyo costo venía a ser bastante más de la mitad de un jornal y sólo valía, cuando más, para 15 días.
Jamás profirió Eusebia una palabra de odio o venganza. Fue cristiana en el sentido más profundo de la palabra. No concebía la mentira ni como broma.
Entre 1929 y 1959, junto con su cuñada que ejerció cincuenta años, todos ellos en Biescas, fueron maestras de abuelas hijas y madres de toda esta villa.
En total, desde 1903 hasta 1960, fecha en que se jubiló a los setenta años, transcurrieron cincuenta y siete, todos dedicados a la enseñanza. Quizá vosotros sepáis de otros records.
Tras una permuta, acabó su carrera en Saqués y justamente aquel día, tras un gran temporal de lluvias se cortó, en el Zoque, la carretera que construían cuando nació.
Hoy, desde el pueblo en que nació hasta el que finalizó su profesión (quien iba entonces a pensarlo), como dice la Ronda de Boltaña, puede uno desplazarse en un barquito de vela. Pero esta vez de verdad.
Sirvan estas líneas de homenaje, aunque breve, para estas dos, y en general todas las maestras que, muchas veces incomprendidas, han dejado su vida y su alma esparcida por los yermos, como decía, no hace tanto, una de ellas.
Tres han sido los motivos que me han llevado a escoger a esta MAESTRA.
1º- La conocía muy bien.
2º- No tengo noticia de nadie que haya dedicado más tiempo a la enseñanza.
3º- Era, y seguirá siendo siempre, mi MADRE y MAESTRA.
Ángel García Pomar
Biescas, marzo de 2004
(Texto incluido en el libro
Maestras.
Zaragoza. Prames, 2004).
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sábado, 4 de septiembre de 2021
lunes, 3 de mayo de 2021
90 años tendría mi padre
Pero no llegó a los ochenta. Hace diez años recordábamos así su ochenta aniversario, y cómo veía él la cosa en 2010. Comparada con 1931, o con 1961.
Se ahorró ver a sus hijos sesentones, cosa que si por una parte tranquiliza, nunca acaba de gustar del todo. La vida de un hijo debería aparecer no como ya vivida, sino abierta de posibilidades hacia el futuro—y así nos vio él siempre.
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jueves, 18 de marzo de 2021
domingo, 14 de febrero de 2021
miércoles, 9 de septiembre de 2020
viernes, 19 de julio de 2019
Charnegos y borregos
La 'escabechina' de los castellanohablantes en Cataluña: el doble de fracaso escolar. ¿QUÉ PADRES BORREGOS SON ESTOS QUE NO DEFIENDEN LA EDUCACIÓN DE SUS HIJOS? https://t.co/fJU6gdg620— JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) 18 de julio de 2019
sábado, 16 de febrero de 2019
domingo, 18 de noviembre de 2018
sábado, 20 de octubre de 2018
La carrera de mamá
Hoy, día de la feria de Biescas, sale en el Diario del Alto Aragón esta entrevista con mi madre, que fue muchos años maestra de párvulos en el pueblo. ¡Enhorabuena, mamá, por la entrevista... y por toda la carrera que tan buenos recuerdos te ha dejado, y en la que tan buenos recuerdos has dejado a tanta gente! Como les dicen a las toreras: ...¡maestra!
De la foto de los párvulos hace muchos muchos años, pero ésta es de hoy: con mi hermana mayor, Susanica, en la feria de Biescas, están; y de Whatsapp se la robo:
domingo, 1 de julio de 2018
La frontera por la Foratata
domingo, 4 de marzo de 2018
Lectoescritura con Cubos
Aquí un vídeo de Antonio Sánchez, maestro sudamericano que ha adoptado el método de lectoescritura de los cubos diseñado por mi padre, Ángel García Pomar, que fue maestro de Biescas (Huesca):
Es un método de eficacia increíble, y recomiendo su adopción para los niños de preescolar o primaria en su caso. Aquí hay una página donde se explica el método y se obtienen los materiales.
Aquí mi padre enseñando a la pequeña nietita Linza a leer con los cubos:
También diseño un sistema parecido para enseñar los números a los más pequeños.
sábado, 30 de diciembre de 2017
Retropost #1932 (30 de diciembre de 2007): Hemingway Meets Beckett
Hemingway meets Beckett meets Mad Max. Es un poquito el planteamiento de The Road, de Cormac McCarthy, premio Pulitzer 2007. Una historia de ciencia ficción con tratamiento contenido a la manera modernista. El mundo habitable ha desaparecido, ya no hay animales ni vegetación, sólo un paisaje desolado, oscuro y cubierto de cenizas, y una carretera infinita por la que avanzan un padre y un hijo empujando un carrito de compras con víveres, mantas y herramientas. Intentando sobrevivir, intentando encontrar comida y esquivar a las hordas de bandidos caníbales que gobiernan los caminos en este mundo post-apocalíptico. Día a día, aguantando nevadas y aguaceros, camino del sur, esperando encontrar algo distinto, algo que seguramente ya sólo está en el pasado. Pues el futuro se va oscureciendo, como la luz del día en el invierno nuclear. "Like the onset of some cold glaucoma dimming away the world" (TR 3).
En el post anterior hablaba de otras historias de catástrofe global, mortandad universal y regresión de la civilización, a cuenta de la película Soy Leyenda. McCarthy evita la espectacularidad fácil, y logra hacer una épica de los últimos días a base de contención, minimalismo e intensidad sostenida. El padre vive para proteger y defender a su hijo, darle una oportunidad y mantener viva en él la memoria de lo que fue la humanidad. La narración vuelve una y otra vez a las actividades básicas de supervivencia: buscar comida, empujar el carro, aguantar bajo la lluvia, encender el fuego. Explorar las ruinas. Esconderse cuando se ve alguna figura a lo lejos. Intercaladas, las conversaciones a base de monosílabos y sobreentendidos entre el padre y el hijo, a modo de Vladimir y Estragón en Esperando a Godot. No conocemos el nombre de uno ni de otro.
Y colocadas con precisión y eficacia en el viaje por este camino narrativo— las escenas de horror, de tensión, las panorámicas de refugiados carbonizados en sus coches, las ciudades devastadas habitadas por algún superviviente espantado entre las ruinas, las carreteras con cadáveres mezclados con el asfalto fundido, los cazadores de carne humana (única proteína visible en el paisaje). Y los recuerdos de lo que era la vida normal, en los sueños, en flashbacks que parecen venir de otro mundo. Todo pasó hace años: pero la devastación es tan grande que ha alterado la sustancia del tiempo, y del lenguaje: la realidad va hundiéndose poco a poco en un marasmo de ceniza que cae del cielo y de supervivencia animal. Como otro personaje de Beckett, el protagonista de How It Is, arrastrándose por el barro y la oscuridad con su saco de provisiones. Pero la visión de McCarthy es más terrible por más realista y por contener más verdad humana: los enfangamientos minimalistas de Beckett y sus monólogos parecen ejercicios artificiales a su lado, experimentos modernistas. El estilo Hemingway de observación externa, focalización centrada en un personaje, y frases cortas e impasibles trabaja en armonía con el minimalismo a que se ha reducido la realidad, y con los gestos básicos de supervivencia, de recolección, de manipulación y de bricolaje que se han vuelto el centro de la existencia.
Es un regreso desolado a On the Road de Jack Kerouac, y a tantos road movies reducidos aquí a su versión carbonizada. Es el camino de la vida, el Pilgrim's Progress centrado especialmente en el Slough of Despond. Es los ríos trucheros de Hemingway imaginados desde la vejez terminal, cuando no podremos volver a ellos. Es una alegoría de la de la vejez sin esperanza, con Dios cada vez más inescrutable e improbable. ("The bastard. He does not exist" —decían en Final de Partida). Esta novela es un endgame ambulante, pero con una dosis de fe terminal y sobre todo de amor que lo hacen más patético. Es una novela de padres e hijos, de la protección y del traspaso de la esperanza (donde apenas puede quedar ya ninguna). El protagonista camina por paisajes desolados con su hijo: en algunos había estado antes con su padre, y sabe que a él le toca ahora no flaquear, y dar una oportunidad al futuro. La madre se ha suicidado—hay aquí una cierta reivindicación vaquera de la virilidad, portando el fuego por territorio sin ley.
Vaquera y tejana: el colt es imprescindible en este salvaje oeste, sobre todo cuando los nuevos indios disparan flechas y hieren al protagonista… Un western postnuclear. Y viril—esta es una historia between men; la madre sólo podía vivir en un mundo a su medida, toma una opción débil, el suicidio, en lugar de luchar en circunstancias adversas. Apenas es compartida como recuerdo entre el padre y el hijo. Y la nueva madre hallada al final interviene únicamente como mediadora entre el espíritu del Padre, y el hijo. Una novela, pues, sobre la paternidad, y la responsabilidad, sobre todo en la transmisión de la ética y la esperanza de abuelos a nietos, a través de los padres.
Que también una meditación sobre el poder (poder limitado) del lenguaje para crear y sostener mundos posibles. Aun en situaciones límite. Ahora el mundo ha desaparecido, y el lenguaje es sobreabundante, le falta anclaje, le sobran cosas que nombrar que ya nunca existirán. Va a minimalizarse. Pero entretanto también sirve para evocar, para invocar, "like some ancient anointing" (TR 74)—ceremonias amargas y ambivalentes, éstas, ante la evidencia brutal de la muerte del mundo, que va a arrastrar tras de sí al lenguaje. Y a la literatura (así los libros destruidos [TR 187], que hacen pensar en todo el espacio que había en el mundo de antes para las posibilidades, las expectativas abiertas por la palabra).
Por no hacer una alegoría de la muerte de la humanidad sin más, y una diatriba contra Dios, tiene McCarthy que ofrecer una esperanza al final—un gesto minimalista que se esboza continuamente a lo largo de la novela. Y es de hecho el final, más abierto a la esperanza, el elemento más flojo del libro. El padre muere, dando confianza al hijo hasta el final con sus últimas palabras. El chaval se preocupaba por un niño que habían visto en unas ruinas y no habían recogido (por estricto cálculo de supervivencia); le vuelve a la cabeza, y el padre le tranquiliza ahora sobre el destino de ese niño con quien ve que ahora se identifica su hijo. Un vagabundo beckettiano en la carretera les había dicho "There is no God and we are his prophets" (TR 170). Dios ha muerto, en efecto, pero aquí se le sigue nombrando precariamente, manteniendo su recuerdo vivo entre las cenizas. El recuerdo de Dios se identificará con el recuerdo del padre: "He tried to talk to God but the best thing was to talk to his father and he did talk to him and he didnt forget (…) the breath of God was his breath yet though it pass from man to man through all of time" (TR 286). La novela la dedica Cormac McCarthy implícitamente a su padre, deduzco, y explícitamente a su hijo John Francis McCarthy, que quizá no haya llegado a la edad adulta cuando el Autor muera.
Además de darle ánimos a su hijo para seguir viviendo, el padre, sin saberlo, ha conseguido acercarlo a un sitio donde hay una familia que lo adoptará cuando él muere. Esta solución (no menos implausible que el resto del libro) parece sin embargo tramposa, poco lograda. Bastaba, creo, para los fines artísticos de McCarthy con expresar la esperanza que el padre lucha por mantener viva hasta el final. Estilísticamente, el padre ha sido el focalizador principal y casi único, excepto en alguna frase aislada (TR 84). Ahora, tras la muerte del padre, el relato parece perder consistencia al proseguir como si tal, como si no desapareciese el mundo con la muerte (TR 170). La sustitución del padre por otro padre más fuerte y con un rifle más gordo, parece arbitraria, wishful thinking. Para mí debería terminar la novela más o menos en "Goodness will find the little boy. It always has. It will again." Y hasta hay truchas hemingwayianas en un río oculto en la última frase—si oculto en el pasado o en el futuro, no lo sabemos. Quizá sólo estén en el recuerdo, pero se nos recuerda que cerca del final hay que seguir recordando esos emblemas de la vida, y de una inocencia radical que quizá sólo existió en un pasado mítico. Pues no podemos tener a la vez la pureza de la sensación, y la consciencia reflexiva de esa pureza, igual que no podemos tener a la vez la muerte y la angustia por la muerte.
Y es que el final de verdad, el final de la humanidad y todas sus esperanzas, incluida la muerte de los hijos que habrían de perpetuarnos, y el cierre completo del futuro, es como un sol negro que no podemos mirar directamente en el arte de la novela. "Please dont tell me how the story ends" (TR 75). Ya ha mantenido McCarthy la mirada bastante rato, y la experiencia que nos da es de agradecer, y de temer.










