Si tuviera dinero me compraría este libro de cuya existencia me entero con retraso:
Mirror Neurons and the Evolution of Brain and Language (Amsterdam:
Benjamins, 2002), editado por Maxim I. Stamenov (de la Academia Búlgara
de Ciencias) y Vittorio Gallese (de la Universidad de Parma). Es el
volumen 42 de la serie "Advances in Consciousness Research". Me parece
que en él se tratan cuestiones interesantes de la interfaz entre
neurología y semiótica, que en concreto podrían darme pistas sobre una
nueva manera de entender el problema de la reflexividad (en semiótica,
arte, literatura) y de la importancia central que tiene esta cuestión
para una teoría evolutiva y emergentista de la mente y de la
percepción. A falta del libro, traduzco aquí la información que sobre
el mismo proporciona la editorial:
Fueron
la emergencia del lenguaje, la inteligencia social, y el desarrollo y
uso de herramientas lo que supuso la diferencia para el homo sapiens al
diferenciarse de todas las otras especies biológicas del mundo. Tanto
el uso del lenguaje como el desarrollo de habilidades sociales e
instrumentales presuponen e implican una consciencia de intención y la
consideración de que uno se enfrenta a otro individuo con una actitud
analógica a la de uno mismo. La metáfora del "espejo" que esto sugiere
resulta apropiada.
Investigaciones recientes han mostrado que la capacidad humana
de "reflejar" las acciones de otros se origina en el cerebro a un nivel
mucho más profundo que el de la consciencia fenoménica.
Recientemente
se descubrió una nueva clase de neuronas en el área premotriz del
cerebro del mono, que se llamaron "neuronas espejo". Es llamativo que
están sintonizadas para excitarse tanto cuando se llevan a cabo como
cuando se observan algunas clases específicas de comportamientos y
acciones: acciones manuales de precisión, y acciones efectuadas con la
boca. Se activan independientemente del agente, y ya sea el propio
sujeto o un tercero quien realiza la acción observada. La activación de
esta clase de neuronas es automática (inconsciente) y liga la
realización y la observación de algunos comportamientos y acciones del
sujeto o de otra persona a quien éste se encuentre observando. La
peculiar "intersubjetividad" del funcionamiento de esta clase de
neuronas espejo y su sorprendente complementariedad con el
funcionamiento de la interacción comunicativa estratégica y presencial
(cara a cara) puede arrojar nueva luz sobre la arquitectura funcional
de los procesos mentales conscientes frente a los inconscientes, y
sobre la relación entre las acciones de comportamiento y comunicativas
de monos, primates y humanos. Este volumen discute la naturaleza del
Sistema de Neuronas Espejo (MNS) tal como lo presenta el equipo de
investigación del profesor Giacomo Rizzolatti (Universidad de Parma),
el primero en descubrir las neuronas espejo y sus implicaciones para
nuestra comprensión de la evolución del cerebro, la mente y de la
interacción comunicativa en los primates no humanos y en el hombre.
Participantes: Samuel W. Anderson, Marina Koulomzin, Beatrice
Beebe & Joseph Jaffe, Bernhard H. Bichakjian, Aude Billard &
Michael Arbib, Steven M. Boker & Jennifer L. Rotondo, Stein Braten;
Leonardo Fogassi & Vittorio Gallese, Oliver Gruber, Charles N. Li,
Loraine McCune, Francis Mcglone, Matthew Howard, Krish Singh & Neil
Roberts, India Morrison, Giacomo Rizzolatti, Laila Craighero &
Luciano Fadiga; Gerhard Roth Roth, Jennifer L. Rotundo & Steven M.
Boker, Ava J. Senkfor, Maxim I. Stamenov, Michael Studdert-Kennedy,
Marilyn May Vihman, Kay vogeley & Albert Newen, Edda Weigand,
Andreas Wohlschläger & Harold Bekkering, Steve Womble & Stefan
Wermter, Sugita Yuuya y Tani Jun. (Tapa dura, viii, 376 p., índice
temático, ISBN 90 272241665; 99 euros; rústica, 9027251622; 66 euros).
Me consuelo comprándome a precio reducido
Cajal and Consciousness: Scientific Approaches to Consciousness on the Centennial of Ramón y Cajal’s Textura
(Annals of the New York Academy of Sciences, 2001), editado por Pedro
C. Marijuán, actas de un congreso que se celebró en 1999. (Y
sugiero los dos para la biblioteca universitaria, que no figuran en su
catálogo...). El otro día me compré la famosa
Textura del sistema nervioso de
"Cajal" como le dicen allí; de hecho le llevaba dando vueltas al asunto
desde que hicieron el congreso centenario en 1999, porque me intriga
por dónde andarán ahora las investigaciones sobre la interfaz de la
neurología y el complejo psicología cognitiva-semiótica-teoría de la
percepción. A ver si consigo leerme estos libros y sacar algo en limpio.
Cajal estudiaba más bien la "textura", o sea, la histología y
morfología del sistema nervioso, aunque por supuesto tenía interesantes
especulaciones sobre las funciones de esa textura a un nivel que no
podía estudiar experimentalmente. En las últimas décadas, me parece,
están los estudios de la consciencia conectando con la neurología a un
nivel que antes hubiera parecido improcedente. Me leí hace poco libros
como
Consciousness Lost and Found de Lawrence Weiskrantz (1997) y
The Mind’s Past
de Michael Gazzaniga (1998) que señalan importantes progresos en esta
dirección. La consciencia, problema antes completamente intratable para
la ciencia experimental, comienza a estudiarse como el resultado de una
compleja red de representaciones elaboradas por sistemas neurológicos
relativamente autónomos. Estas "neuronas espejo" podrían ser uno más de
estos sistemas (uno altamente revelador). Hay sistemas como los que
describe Weiskrantz que son tan específicos que controlan el
reconocimiento de caras (no de otros objetos), dando lugar a la
prosopagnosia cuando funcionan mal. Otros sistemas de representación visual periférica pueden permitir que existan fenómenos como el de
visión ciega
(blindsight), cuando el sistema visual central está dañado y no permite
la representación a la consciencia de una imagen de los objetos... y
sin embargo el sujeto sí puede (sa)"ver" que tiene delante un
determinado objeto, aunque no vea ninguna imagen. (Supongo que son
fenómenos como estos los que han hecho a veces que la gente sospeche
popularmente de algunos ciegos como fingidores o taimados o menos
ciegos de lo que parecen). A su vez, Gazzaniga presenta el
funcionamiento semiótico global del cerebro concibiéndolo como un
"intérprete" que elabora una representación de la realidad, un tanto a
lo Matrix o a lo "genio maligno" de Descartes, una representación que
(efectuando una grandiosa eliminación del signo, un borramiento de la
mediación semiótica que dejaría turulato a Derrida) confundimos, sin
más, con "la realidad". O, por así decirlo, la realidad es constituida
por el "intérprete" cerebral, no hay nada "fuera" que se parezca a ella
en sus propios términos. Son éstos razonamientos que nos llevan a ideas
filosóficas ya añejas en teoría del conocimiento: a Hume, o al Berkeley
de la
New Theory of Vision.
Bien,
pues estas "neuronas espejo" parecen ofrecernos el correlato
neurológico de otras cuestiones filosóficas que han hecho correr mucha
tinta. Por ejemplo, no sé si el uso de "emergencia" en este resumen
apresurado del libro para hablar de la "emergencia" del lenguaje se
tratará en términos de la teoría de la emergencia de
George Herbert Mead,
pero podría, y debería hacerse. También esa relación de cara a cara con
el otro, la alteridad fundamental del ser humano frente a la inercia de
los objetos, la percepción del otro como un objeto con una entidad
particular, reflexiva, son cuestiones que han sido tratadas
detenidamente por la fenomenología del siglo XX. Recordemos el
observador de Sartre en
El Ser y la Nada
cuando siente que se vuelve objeto de la mirada. Recordemos a
Merleau-Ponty y su tratamiento de la fenomenología de la alteridad como
un problema específico. Por primera vez parece que estas cuestiones van
a poder tratarse de una manera que tienda puentes o abra un terreno
común entre la neurología experimental y las teorías filosóficas del
conocimiento que van más allá de la psicología behaviorista. Nada menos
que una base neurológica para la filosofía de la interpersonalidad.
En cuestiones de espejos y reflexividad, a mí me interesaría de modo
especial saber si se ha hecho algo en una dirección también muy
interesante y parcialmente relacionada con ésta. Si ha llegado a
identificarse un funcionamiento neuronal que se corresponda con el
reconocimiento de un objeto como tal objeto. Hay una dimensión
reflexiva y conceptual en la percepción, especialmente elaborada en la
percepción humana, y muy particularmente en la percepción mediada por
el lenguaje. Una vez ordenado el mundo "exterior" a base de marcos de
referencia y conceptos, el acto de percepción no se limita, creo, a
recibir estímulos externos y procesarlos como tales, sino que este
procesamiento conlleva un elemento de
proyección,
digamos que el sujeto no sólo percibe lo que hay, sino que proyecta al
órgano sensorial (o al sistema neurológico correspondiente, no sé) lo
que ha de percibir, un poco como esas teorías de la visión
renacentistas que figuraban rayos saliendo del ojo hacia los objetos
(no sé si escojo una buena imagen). Un caso especial de esta proyección
reflexiva se ve en la aplicación de esquemas cognoscitivos,
perceptuales, estructurales, o narrativos, para captar y organizar la
estructura de un objeto de conocimiento. Es especialmente vistoso el
caso en que una representación (representación en segundo grado, digo,
no representación elaborada por el "intérprete" cerebral) se reprocesa
como tal signo, si en origen se había confundido con el objeto
original: así un objeto reinterpretado como
un reflejo, una figura humana reinterpretada como un maniquí, una
mise en abyme, un falso suelo narrativo o
ruptura de marco, etc.
Estas formas curiosas, paradojas, relaciones especulares y problemas
semióticos de la percepción nos hacen especialmente conscientes de que
vivimos en un sistema de representaciones—
they bring the unreal world too strangely near.
La existencia de neuronas espejo y su relación con la comunicación
interpersonal nos hace intuir, además, que estamos especialmente
atentos no sólo a los mundos virtuales que construimos mediante la
manipulación semiótica, sino también al lugar de los otros en estos
mundos... y a los mundos que ellos construyen dentro de nuestro mundo.
Hay materia aquí para abundantes reflexiones y especulaciones que por
hoy interrumpiré. Me voy a llevar la moto a la ITV.
(¡Qué bien! Me organizan una jornada interdisciplinar sobre neurociencias en la puerta de casa:
http://bifi.unizar.es/neurociencia.php).
(PS: Pues fantástico; logro asistir a unas poquitas ponencias de la
jornada de Neurociencias, incluida una sobre la risa del propio
Marijuán. Se han oído cosas muy interesantes: análisis de la respuesta
la sensibilidad de heridas y cicatrices a luz de colores
(sorprendente), estudios del reconocimiento de sonidos de niños
disléxicos, la risa analizada como un complejo
comunicativo/fisiológico, con elementos de interacción social y también
de reorientación de tensiones de elaboración interpretativa en el
sistema nervioso.... Vamos, que ha sido una experiencia bastante
interesante en cuanto a las relaciones de la
medicina semiótica
con la neurología y con otras disciplinas. A mí me iba la cabeza todo
el rato a lo mío: esquemas repetitivos interiorizados como patrones de
respuesta, ya se llamen conceptos, marcos, palabras, signos escritos o
identificados... signos que a mi entender son
reproyectados
a los sistemas sensoriales para permitir la experiencia consciente de
los mismos. Para hacer la piedra pétrea, tenemos que interpretarla como
tal piedra.
Bueno, pues hasta he hecho una sugerencia. Una
ponencia iba sobre el tratamiento de la fibromialgia... en realidad no
la llamaban así, pero para mí que la fibromialgia tiene que estar muy
relacionada con los sistemas centralizados de procesamiento del dolor
que se describían. El dolor no es una experiencia simple, sino
interpretada,
contextualizada... y muchas veces imaginada. Así, puede haber dolores
reflejos en partes del cuerpo simétricas a la herida, por un elemento
de reproyección de la sensación. En la ponencia se hablaba de cómo en
estados depresivos, etc., se puede activar este complejo de
asociaciones y crear dolor donde no debería haberlo en puridad desde un
punto de vista fisiológico en sentido estricto. Hasta puede haber
tratamiento de alivio mediante procesos repetitivos de atención y de
manipulación que "desvíen" o desconecten estos circuitos neuronales mal
acostumbrados.... (mi terminología no es muy buena). Bueno, pues yo he
hecho la sugerencia de diseñar videojuegos que obliguen al paciente a
realizar estos movimientos repetidos y que estimulen estas percepciones
que puedan educar la atención hacia otro lado. Podrían diseñarse con
esquemas narrativos o visuales que capten la atención y estimulen las
respuestas deseadas. Y, en un sistema de realidad virtual, podría
incluso convertirse en un tratamiento incorporando movimientos
corporales, una especie de gimnasia que no dependiera de la acción de
un fisioterapeuta ni tampoco exclusivamente del paciente. En fin, una
sugerencia.
Y todavía con estas cosas en la cabeza, entro en una discusión sobre narración y universales
que se está desarrollando en la lista de distribución
Narrative-L. Robert Scholes comentaba sobre el innatismo lingüístico así:
"We
don’t know what is there before it takes the shape of an actual
language. We have some quality that enables us to acquire grammar
and vocabulary. Calling it "deep structure" makes it sound as if
we know that it is a "structure," but we don’t really know even
that. It is an ability, a disposition. We humans are all
born to communicate, born to sign. What conclusions do you want
to draw from that?" Pongo esta respuesta:
If
the human ability to make and interpret signs is "an ability, a
disposition" one might think that these cognitive processes can be
traced back to specific neural networks, and patterns of action in
neuron firing, for instance. Perhaps the aural recognition of a word as
a word, and not as a mere sequence of sounds, consists in the
triggering of some specific feedback processes in the brain. Same thing
for visual input (written words), and, mutatis mutandis, for the
recognition (or perhaps projection) of larger patterns or linguistic
macrostructures (frames, scripts, etc.). Nature and culture have been
discussed as perhaps not very useful terms; I think they are useful so
long as we think of them as relational, relative to a context of
discussion. Perhaps the humanities have tended to see everything as
cultural, and the hard sciences (including neurology) as natural, But
there must be, certainly, an area of interaction where the interesting
things are to be found: when culture becomes naturalized, so to speak,
or where nature is culturally expanded and modified. If the neural
systems and patterns which make up our "natural" hardware are not that
stable but are instead some kind of modifiable software (in early age
for some purposes, and in old age as well in some cases) we might find
there a fruitful line of research for the investigation of linguistic
and narrative universals, and for an increased dialogue between the
"natural" sciences and the "social" humanities. —Y días
más tarde, esta otra, sobre la cuestión de la película dentro de la
cabeza que nos proyecta el cerebro, según Antonio Damasio,
The Feeling of What Happens (1999, 2000):
This
Platonic cavern discussion about Damasio’s "film in the head" reminds
me of Michael Gazzaniga’s concept of the mind’s "interpreter" (in The Mind’s Past
),
a brain function which constructs (in a way reminiscent of The Matrix)
an ongoing sense of reality, our world in fact, inside our heads, not
just with "bottom-up" input from the senses but also with a good deal
of "top-down" functions which might be described in terms of schemata,
frames, scripts, and so on. There is much ground to explore there in
terms of building bridges with narrative theory. I suppose much future
discussion about "nature" and "culture" in narrative structures or in
the analysis of universals, ideology, etc. will be carried out in
neurological terms… not by me, though! PS (enero 2010):
Una vídeo-conferencia de VS Ramachandran sobre las neuronas espejo.
—oOo—