En el bolso de la abuela
Eusebia, guardado en un rincón del armario de casa de mi madre, se
guardaban apretados los viejos papeles de ella y de su marido, Ángel
García Benedito. Incluyendo un desconocido retrato del abuelo cuando
era joven, de allá por el año 1897 debía de ser la foto...
Transcribo un artículo de El Magisterio Español que había guardado mi
abuela, o mi abuelo, o mi abuela y mi abuelo, y luego mi tía, mi padre,
mi madre, y ahora yo.
Mateos y Sánchez, José. (Profesor de la Escuela Normal de Huesca). "La
redención de un pueblo por el esfuerzo de un maestro nacional." El
Magisterio Español 7,084 (Madrid, 22 Nov. 1924): 399-400.
Páginas sociales
LA REDENCIÓN DE UN PUEBLO POR EL ESFUERZO DE UN MAESTRO NACIONAL
Conozco, desde hace muchos años, a un Maestro culto y
modesto, que, en el corto espacio de tiempo que lleva regentando una
Escuela rural, ha logrado la completa transformación moral y material
de un pueblecito del Alto Aragón, llevando a feliz término una obra de
incalculable valor social, pedagógico y patriótico.
Este Maestro joven y animoso, aunque lleva más de veinte años de buenos
servicios a la patria, es D. Angel García Benedicto. Maestro nacional
del pueblo de Escuer, en el partido de Jaca, habiendo antes desempeñado
el mismo cargo, por oposición, en una villa importante de la provincia
de Logroño, donde prestó largos y meritísimos servicios.
Es el señor García Benedicto un hombre que ha nacido para la acción,
para el trabajo, fecundo y bienhechor. Posesionado de la Escuela
nacional de Escuer en 1918, logra, en poco tiempo, aumentar la
matrícula escolar, antes muy descuidada; favorece y estimula la
asistencia de los niños a las clases, y logra vencer el egoísmo de los
padres, que, en esta ocasión, coadyuvan a la obra educadora del Maestro.
Llegada la época de la clase nocturna, un crecido número de jóvenes del
pueblo acude a matricularse, y grande fué su sorpresa al ver que las
niñas y adolescentes, que pasaban de la edad escolar, se matriculaban
también y realizaban, en unión de los jóvenes, una labor cultural muy
aprovechable, repetida en todos los cursos sucesivos.
Años después se declara una epidemia de carácter grave: las fiebres
tíficas invaden el pueblo; el número de enfermos aumenta sin cesar; no
tienen médico, ni practicante, ni medicinas; nadie sabe qué hacer;
hasta el virtuoso párroco cae gravemente enfermo; entonces surge el
espíritu cristieno en la figura simpática del Maestro que cura, visita,
estimula, alienta, conforta y libra de una muerte segura a buen número
de enfermos.
Más adelante, deseando redimir al pueblo de la miseria fisiológica,
funda un economato para las compras en común, y establece a
continuacion, con la ayuda entusiasta de todos los vecinos, un
Sindicato agrícola que proporciona a los labradores semillas, abonos e
instrumentos de cultivo.
No termina aquí su acertada y feliz actuación. Por un movimiento de
tierras operado en el pueblo, debido principalmente a la completa
despoblación forestal y a las frecuentes avenidas de un torrente que
arrastra, año tras año, las tierras más fértiles de la vega, el
pueblecito de Escuer se agrieta, se desplaza; todos sus
edificios—iglesia y Escuela entre ellos—amenazan hundirse, y el buen
Maestro, con la cooperación del culto y bondadoso párroco D. Maximino
Galindo, más otros decididos y animosos vecinos, acuerdan "trasladar el
pueblo a otro sitio mejor, cerca de la carretera de Panticosa, y en un
valle, cultivado en pequeña extensión, pero que será grande si el
Estado inicia la implantación del servicio hidrológico forestal y
ordena la corrección del torrente que inunda la vega".
Y el milagro empieza a operarse; el pueblo sin riquezas, sin auxilio de
nadie, por su propio esfuerzo, organiza el tralado. Dos, cuatro,
quince, ¡veinte!, casas se destruyen en la montaña para levantarse en
la llanura, y ya están las dos terceras partes de los vecinos
instalados en el nuevo lugar.
Pero ¿qué hace el maestro? Lleno de entusiasmo, y poseído de su misión,
es el organizador de todas las obras. El encarga materiales de
construcción y los distribuye; solicita muestras y recibe géneros, que
va suministrando según las necesidades de cada uno, y con su actividad,
competencia y celo, va realizando la maravilla de fundar un pueblo
nuevo a seis kilómetros de donde el antiguo estaba emplazado.
Contar los desvelos, los afanes, las dificultades que el señor García
benedito y sus colaboradores han tenido y tienen en esta empresa es
algo difícil; pero él guía, aconseja, instruye, anima, y su obra está
próxima a verse coronada por el éxito más completo y definitivo.
Recientemente ha visitado este pueblo el culto Inspector jee de la
provincia D. Luis de Francisco, y ha podido apreciar la labor sin
precedentes que, en el campo social y pedagógico, realiza el profesor
D. Angel García; hasta mí han llegado rumores de un informe
favorabilísimo, como era de esperar; pero yo que conozco a este Maestro
inteligente, honrado y patriota, deseo exponer, para que el Poder
público la conozca, la gestión brillantísima de este funcionario
ejemplar, y formulo al representante de ese Poder, en la provincia de
Huesca, el dignísimo señor gobernador civil, D. Emilio Amor, entusiasta
propulsor de todas las nobles actuaciones, el ruego de que sea
enaltecido con una recompensa extraordinaria quien, como el señor
García Benedicto, ha servido a la patria, excediéndose en el
cumplimiento del deber, realizando calladamente una obra gigantesca de
esfuerzo, de sacrificio y de honrada labor ciudadana.
JOSE MATEOS Y SANCHEZ
Profesor de la Escuela Normal de Huesca
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