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sábado, 27 de julio de 2024

The Host

En la ceremonia inaugural decadente, anticristiana, transexualista y mamarracha de los Juegos Olímpicos de París... se les ha colado un anglicismo, 'the Host'. Cosa que no hubiera sido tolerada en los tiempos de la auténtica grandeur, cuando se cuidaba más el idioma.

Vean aquí este presentador azul, que es LA HOSTIA.


 



El mismo retruécano, o parecido (en este caso host en el sentido de 'anfitrión', no de 'presentador') lo usaba con más elegancia (y también un puntillo de provocación) George Herbert en uno de sus poemas, sobre Cristo Redentor y una cena caníbal:


George Herbert

                             LOVE (III)



Love bade me welcome, yet my soul drew back,
        Guilty of dust and sin.
But quick-ey'd Love, observing me grow slack
        From my first entrance in,
Drew nearer to me, sweetly questioning
        If I lack'd anything.

"A guest," I answer'd, "worthy to be here";
        Love said, "You shall be he."
"I, the unkind, the ungrateful? ah my dear,
        I cannot look on thee."
Love took my hand and smiling did reply,
        "Who made the eyes but I?"

"Truth, Lord, but I have marr'd them; let my shame
        Go where it doth deserve."
"And know you not," says Love, "who bore the blame?"
        "My dear, then I will serve."
"You must sit down," says Love, "and taste my meat."
       
So I did sit and eat.

 

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lunes, 8 de febrero de 2016

Retropost #621 (24 de noviembre de 2005): Contra el abuso del retruécano



En algunos escritores, un uso excesivo del retruécano es el pan nuestro de cada día. Pero no sólo de pan vive el hombre (de hecho, ya dice el refrán que pan con pan, comida de tontos —y quizá también de ahí eso de dame un pan y llámame tonto). Este abuso de estilo, lejos de ser una panacea, es un recurso facilón, pan y circo, o más bien pan para hoy y hambre para mañana. Aunque hay contraejemplos... Shakespeare, por ejemplo, en cuestión de retruécanos no distingue entre el grano y la paja: sus obras son pan integral – pan y pan con ello, y pan para comello (panificación ésta que le daba pánico a su crítico Samuel Johnson). Un auténtico panal de retruécanos, casi un retruécano pantextual. Claro que a otros eso nos regocija, y le cantamos panegíricos por ello – con Shakespeare, pan y bolla.





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