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miércoles, 5 de marzo de 2025

La Paradoja Transformista y el Equilibrio Puntuado

Examinamos las observaciones de Pierre Teilhard de Chardin sobre lo que él denomina "La paradoja transformista" subrayando cómo anticipa la célebre teoría evolucionista del "equilibrio puntuado" de Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, teoría que supuso una revolución conceptual en la biología evolucionista y una revisión significativa del darwinismo. Teilhard de Chardin, frecuentemente menospreciado como biólogo evolucionista, entre otros por el propio Gould, razona sin embargo de modo certero y científicamente correcto sobre este punto, y ofrece una perspectiva sobre la evolución que es alternativa al darwinismo clásico, apoyándose en su amplia experiencia como paleontólogo.

_____. "La Paradoja Transformista y el Equilibrio Puntuado." In García Landa, Vanity Fea 5 Nov. 2021.* (Teilhard de Chardin, Stephen J. Gould).

         https://vanityfea.blogspot.com/2021/11/la-paradoja-transformista-y-el.html

         2025

_____. "La Paradoja Transformista y el Equilibrio Puntuado." Net Sight de José Angel García Landa 20 Jan. 2025.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/paradojatransformista.pdf

         2025

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

La Paradoja Transformista y el Equilibrio Puntuado

 

En lo que sigue, comparo las observaciones de Pierre Teilhard de Chardin sobre lo que él denomina "La paradoja transformista", para subra-hallar que su artículo de 1925 sobre esta cuestión ya anticipaba este autor en lo esencial la célebre teoría evolucionista del "equilibrio puntuado" de Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, que supuso una revolución conceptual en la biología evolucionista y una revisión significativa del darwinismo a partir de la década de la década de 1970. Frecuentemente menospreciado o mirado con suspicacia entre los científicos evolucionistas por algunas de sus especulaciones religiosas, combinando evolucionismo y teología, Teilhard de Chardin razona sin embargo de modo certero y científico en este punto, y ofrece una perspectiva sobre la evolución que es alternativa al darwinismo clásico, apoyándose en su amplia experiencia como paleontólogo.

La "Paradoja transformista" la define Teilhard de Chardin como sigue. La evolución de las formas vivas aparece clara viendo la gran panorámica, los phyla, donde se aprecia un parentesco, un desarrollo, una transformación gradual. Ahora bien, acercándonos al detalle, al nivel de las especies, no aparece tal evolución sino más bien observamos fijismo, especies que no parecen cambiar, y discontinuas unas con respecto a otras. "Aumentadas con lupa, nuestras líneas filogénicas más puras se descubren como formadas por pequeños segmentos imbricados y que se envuelven, se revelan, pero no se prolongan exactamente el uno en el otro" (La visión del pasado 107). También Gould y Eldredge observan que por cada especie fósil que puede "verse evolucionar" en el tiempo, hay muchísimas más que al parecer se mantienen estables o con variaciones insignificantes desde su aparición hasta su desaparición, sin transformarse a lo largo del tiempo en una nueva especie, morfológicamente hablando. 

(Hay que tener en cuenta en en el registro fósil el criterio para definir una especie es morfológico, mientras que lo que podríamos denominar otro concepto distinto de especie, "especie definida por capacidad de interfecundación" es el que se emplea para los animales sexuados en el estudio biológico de las especies hoy existentes. "Especie" viene a ser así una única palabra con dos acepciones muy distintas en dos campos diferentes, y en lo que aquí nos ocupa nos referimos ante todo a la serie evolutiva de especies fósiles.)

Así pues, dice Teilhard de Chardin, en lugar de observar en el registro fósil la gradual evolución que nos haría esperar la teoría darwinista, encontramos, sí, la aparición de nuevas especies a lo largo del tiempo geológico, pero resulta casi imposible certificar la transformación de unas en otras, o una evolución de unas hacia otras "Evolución" por cierto es una palabra que no gustaba a Darwin, que prefería hablar de "descendencia con modificación". Y el mismo Teilhard prefiere hablar de "transformismo" antes que de "evolución"... Realmente, estos evolucionistas a veces hay que tener paciencia con ellos.... 

En suma, que en el detalle de los fósiles encontramos más evidencias de fijismo que de transformación evolutiva. Haciéndose eco de la crítica antidarwinista de Louis Vialleton, reconoce Teilhard la imposibilidad de documentar las transiciones entre ramas emparentadas de los mismos phyla en el registro fósil.

"En resumen, y esto es lo que llamamos la 'paradoja transformista', los últimos hallazgos de la Paleontología nos han llevado a descubrir lo rígido y lo fijo bajo lo blando y lo movible. La vida, vista en un primer progreso de la ciencia como una continuidad fluyente, se resuelve en términos insociables y discontinuos con el progreso ulterior de nuestras investigaciones." (La visión del pasado 107-108).

En suma, diagnostica Teilhard (cosa que al parecer no le ganó muchos apoyos en la comunidad evolucionista) que es difícil documentar tanto la evolución de las especies en sí, como su transformación en unas a partir de otras. Un hecho observado por otros paleontólogos que sin embargo prefieren, digamos, cubrir imaginativamente los huecos y tender puentes o líneas de puntos, animados por la teoría darwinista; "Intrigados por la curiosa aptitud de la vida para no revelar movimiento alguno, si se intenta captar su movilidad dentro de un campo restringido, no se creen por ello obligados a renunciar a la visión insustituible y fecunda que brinda una evolución biológica" (108). 

A continuación pasa Teilhard a refutar la idea de que tal "fijismo" documental en el registro fósil signifique un problema real para la teoría de la evolución, y con ello ofrece una interpretación de ese registro muy avanzada para su época (1925), amén de una formulación avant la lettre de la teoría del equilibrio puntuado y de lo que sería una imagen correcta del tempo de la evolución. (También avant la lettre. Para una discusión de "tempo" y modo en evolución, ver el artículo de 1977 de Eldredge y Gould).

Los artículos de Eldredge y Gould no nombran a Teilhard entre sus autoridades de referencia en cuestiones evolucionistas, ni tampoco como un antecesor de su teoría. De hecho no parecen conocer muy bien su obra; y los artículos que le dedica Gould en Hen's Teeth and Horse's Toes buscan más bien desacreditarlo, asociándolo a la conspiración del Hombre de Piltdown por una parte, y a un creacionismo antropocéntrico por otra. En su monumental Estructura de la teoría evolucionista, Gould no considera a Teilhard en relación al equilibrio puntuado, y se refiere a él meramente de pasada, de modo un tanto despectivo, como un "evolucionista teísta" (Structure, 352). Aunque lo considera un "prominente no darwiniano", categoría en la que otros lo incluyen a él mismo, habría que matizar que Teilhard sí acepta muchos elementos de la teoría de Darwin, como el propio Gould por otra parte, y que su "antidarwinismo" (el de ambos) es en todo caso una crítica científicamente razonada de algunos aspectos de la teoría darwinista. No debería haber en este punto razón para el disenso—al menos no en la cuestión que aquí nos ocupa, la relativa a la paradoja transformista, o a la extraña combinación de fijismo y evolucionismo que imprime un ritmo salteado (o saltacionista, decían otros, o puntuado, dicen Eldredge y Gould) a la generación de las especies.

En la introducción a su artículo de 1972 enfatizan Eldredge y Gould 2) su oposición a la teoría de la transformación de las especies por "gradualismo filético" (la perspectiva favorecida por la Teoría Sintética) y 3) la importancia de los cambios en pequeñas poblaciones, así como la importancia de la evolución alopátrica, en la que una nueva especie aparece no porque haya evolucionado en ese territorio, sino porque se ha desplazado a partir de su lugar de origen para ocupar un nuevo territorio (y de ahí el efecto de discontinuidad). Y así introducen su célebre término sobre el "equilibrio puntuado":

At this point there is some justification for concluding that the picture of phyletic gradualism is poorly documented indeed, and that most analyses purporting to illustrate it directly from the fossil record are interpretations based on a preconceived idea. On the other hand, the alternative picture of stasis punctuated by episodic events of allopatric speciation rests of a few general statements in the literature and a wealth of informal data. The idea of punctuated equilibria is just as much a preconceived picture as that of phyletic gradualism. We readily admit our bias towards it and urge readers, in the ensuing discussion, to remember that our interpretations are as colored by our preconceptions as are the claims of the champions of phyletic gradualism by theirs. (Eldredge and Gould 1972, 98).

Esta teoría arroja una nueva luz sobre el registro fósil, y de ahí pasamos a su punto número 1: la crucial importancia de las teorías para dar sentido a los datos y guiar las interpretaciones—contra el supuesto rigor objetivista de la mera observación de hechos o datos, y de un induccionismo de raíz baconiana. En palabras de los editores del volumen en la introducción al artículo, "This idea, that theory dictates what one sees, cannot be stated too strongly" (83). Eldredge y Gould invocan a Darwin (además de a Kuhn y otros) como su mentor y guía en este sentido: aunque observan que en ocasiones se plegó al newtoniano (o baconiano) 'hypotheses non fingo' y arguye que observó los hechos y los datos sin ideas preconcebidas al respecto, en un famoso pasaje de una carta de 1861 observa más bien: "How odd it is that anyone should not see that all observation must be for or against some view if it is to be of any service" (en Eldredge y Gould 1972, 85). 

Todo este debate podría también contemplarse desde la filosofía de la ciencia de Gustavo Bueno, que ha enfatizado cómo todo discurso está situado en una conversación o debate más amplio, y toda teoría es una teoría contra alguien, contra alguna otra teoría ya sea explícita o implícita.

El artículo (los artículos) de Gould y Eldredge sobre la cuestión del equilibrio puntuado son magistrales en su argumentación y su contextualización y han dado lugar a toda una biblioteca paleontológica que los discute, desarrolla o intenta refutarlos. No puedo ni quiero entrar en ello—sólo señalar los antecedentes a esta línea de pensamiento y a estos conceptos que aparecen en el artículo de 1925 de Teilhard de Chardin.  Sería, quizá, el elemento de contextualización descuidado por Gould y Eldredge—a menos que se trate de uno de esos casos de anxiety of influence que descubría Harold Bloom en el pensamiento poético—deudas demasiado directas que llevan a "matar al padre" de la idea o a borrar su influencia, de modo no plenamente consciente.



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Referencias

 

Bloom, Harold. The Anxiety of Influence: A Theory of Poetry. 1973. Londres: Oxford UP, 1975.

Bueno, Gustavo. ¿Qué es la ciencia? La respuesta de la teoría del cierre categorial. Ciencia y filosofía. 1995. En red en Proyecto Filosofía en Español.*

         https://filosofia.org/aut/gbm/1995qc.htm

         2024

Darwin, Charles. The Origin of Species. (The Harvard Classics, ed. Charles W. Eliot LL D – "Dr Eliot's Five-Foot Shelf of Books"). Nueva York: P F Collier, 1909. En red en el Internet Archive:

         https://archive.org/details/originofspecies00darwuoft

         2021

Eldredge, N., and S. J. Gould. "Punctuated Equilibria: An Alternative to Phyletic Gradualism." In Models of Paleobiology. Ed. T. J. M. Schopf. San Francisco: Freeman, Cooper, 1972. 82-115. En red en el Internet Archive.

         https://archive.org/details/B-001-004-118

         2021

Gould, S. J. "The Piltdown Conspiracy." Natural History Magazine (agosto 1980). En Gould, Hen's Teeth and Horse's Toes. Harmondsworth: Penguin, 1990. 201-26.

_____. "A Reply to Critics."  In Gould, Hen's Teeth and Horse's Toes. Harmondsworth: Penguin, 1990. 227-40.

_____. "Our Natural Place." In Gould, Hen's Teeth and Horse's Toes. Harmondsworth: Penguin, 1990. 241-50.

_____. The Structure of Evolutionary Theory. Cambridge (MA): Harvard UP-Belknap Press, 2002.

Gould, S. J., and N. Eldredge. "Punctuated Equilibria: The Tempo and Mode of Evolution Reconsidered." Paleobiology 3 (1977): 115-51. En red en JSTOR.

         https://www.jstor.org/stable/2400177

         2021

Kuhn, Thomas S. The Structure of Scientific Revolutions. 2ª ed. Chicago: U of Chicago P, 1970.

Teilhard de Chardin, Pierre. "La paradoja transformista: A propósito de la última crítica del transformismo, hecha por Vialleton." Pub. original en Revue des questions scientifiques (enero 1925). Trad. española en La Visión del Pasado. 105-30.

_____. La visión del pasado. Trad. Carmen Castro. (Edición oficial del comité 'Teilhard de Chardin', 3; Ensayistas de Hoy, 16). Madrid: Taurus, 1958. 2ª ed. 1961. 3! ed. 1963. 4! ed. 1964. 5ª ed. 1966.

Vialleton, Louis. Membres et ceintures des Vertébrés Tétrapodes: Critique morphologique du transformisme. París: Doin, 1924. En red en el Internet Archive:

            https://archive.org/details/membresetceintur00vial/page/n5/mode/2up

             2024

 

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viernes, 6 de marzo de 2020

Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle

 

Una nota (de 2005) sobre la exaptación, concepto acuñado por Stephen Jay Gould, y sobre su relación con un dicho famoso de William Gibson según el cual "la calle encuentra sus propios usos para las cosas." Son usos que sólo pueden estudiarse retrospectivamente, y no prospectiva o intencionalmente, pues son productos de una historia y de la contingencia de la evolución.

 

Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle

http://dx.doi.org/10.17613/3fm5-fs56

 
Author(s):
José Angel GARCÍA LANDA (see profile)
Date:
2020
Group(s):
American Literature, Environmental Humanities
Subject(s):
Evolution, Epistemology
Item Type:
Article
Tag(s):
Retrospection, Exaptation, Stephen Jay Gould, William Gibson, Evolutionism

English abstract: A 2005 note on exaptation, a concept coined by Stephen Jay Gould, and its relationship with a famous dictum by William Gibson according to which 'the street finds its own uses for things'. These uses can be studied only retrospectively, not prospectively or intentionally, as they are the products of history and of the contingency of evolution. 

Note: Written 2005
 

 
 
 
 SSRN: Date posted: March 23, 2020  

https://papers.ssrn.com/abstract=3541905

eJournal Classifications
AARN Subject Matter eJournals
    
        

AARN Subject Matter eJournals
    
        

Cultural Anthropology eJournals
    
        
            

 
 
 
 
 
 
 
_____. "La ley de la calle." Vanity Fea 1 April 2005. (Gibson; exaptation).
2005
_____. "Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle." Net Sight de José Angel García Landa (2005).*
2005
2020
_____. "Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle." Ibercampus (Vanity Fea) 11 Jan. 2020.*
         2020
_____. "Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle." Academia 23 Feb. 2020.*
         2020
_____. "Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle." ResearchGate (Jan. 2020).*
         2020
_____. "Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle." Humanities Commons 6 March 2020.*
         2020

_____. "Sobrevenidas y exaptación: La ley de la calle (Supervenience and Exaptation: The Law of the Street)." Social Science Research Network 23 March 2020.*
         2020
         Environmental Anthropology eJournal 23 March 2020.*
         2020
         Biology and Anthropology eJournal 23 March 2020.*
         2020
         Cultural Anthropology eJournal 23 March 2020.*
         2020
 
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martes, 12 de febrero de 2019

Retropost (12 de febrero de 2009): El hombre no desciende del chimpancé


Lo digo por poner un título polémico. A lo que voy es a que el genoma es sólo uno de los factores a tener en cuenta para determinar la medida de lo humano, y no es el más importante.
Según un estudio publicado en Nature, los humanos y los chimpancés no nos parecemos tanto como se creía.

Ahora parece que van a afinar más: estupendo.  Pero decir que los humanos y los chimpancés somos un 99% idénticos es sólo cierto según ciertos parámetros de medición, que por fin no acaban por revelar sino las limitaciones del instrumento de medición. Según algunas balanzas, así a peso, los humanos y los chimpancés dan (algunos de ellos) el mismo índice, científicamente medido, y con toda exactitud.

Ya que estoy en ello, y cambiando un poco de tema, diré que Darwin fue un gran científico pero sus teorías son del siglo XIX, y sólo algunos de sus elementos siguen siendo válidos desde un punto de vista que no sea histórico. Su noción básica, de la evolución gradual de las especies por acumulación de rasgos competitivos producidos por la selección natural, es en sustancia errónea. Las variaciones se reabsorben en el común de la especie, a menos que intervenga una catástrofe o un aislamiento de un grupo. Darwin sobreestimó el gradualismo evolutivo, cuando de hecho la vida está regida por catástrofes y extinciones masivas. Las especies aparecen y se extinguen, pero en términos generales una vez asentadas no "evolucionan", sino que se mantienen fijas. Recomiendo leer sobre este punto la Estructura de la Teoría de la Evolución de Stephen Jay Gould, a quienes algunos llaman con el poco simpático término de antidarwinista.

(Comentario enviado a Ibercampus, en el 200 aniversario del nacimiento de Darwin)




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martes, 22 de enero de 2019

Retropost (22 de enero de 2009): Evolución de la evolución



He estado en casi toda una conferencia sobre la teoría de la evolución, por lo del bicentenario de Darwin, en este ciclo cultural de la Facultad de Ciencias.  No la impartía un biólogo sino un físico, supongo que por lo de la proyección social, y ha defendido lo del derecho de todos a hablar de todo.... cosa con la que estoy de acuerdo menos cuando algún no entendido, o algún entendido, habla "de lo mío" con serias lagunas... entonces me sulfuro como todos.


El conferenciante era D. José Adolfo de Azcárraga, catedrático del Departamento de Física Teórica de la Universidad de Valencia y miembro del IFIC (CSIC-UVEG). (Aquí una entrevista). Nos lo presentan como "interesado siempre por la comunicación de la Ciencia a la sociedad, divulgando y publicando números artículos en prensa, revistas y libros, entre el que cabe destacar En torno a Albert Einstein, su ciencia y su tiempo. Gran partidario de la racionalidad científica, se define como un defensor de la unicidad de la cultura (científica y humanística) y de la ayuda que la ciencia proporciona para comprender mejor el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. (Muy en la línea de Tercera Cultura, por lo que veo).


La conferencia ha sido panorámica, un modelo de claridad expositiva, mostrando los aspectos básicos de la teoría de la evolución y algunas anécdotas famosas sobre la vida y personalidad de Darwin—cómo Fitzroy, el capitán del Beagle, le introdujo a la lectura de Lyell, ese otro eminente gradualista, durante un histórico viaje alrededor del mundo. Cómo le influyó Malthus, y cómo Darwin rechazó la dedicatoria de la edición inglesa de El Capital de su admirador Marx. (Que, por cierto, aborrecía a Malthus....). Cómo coincidió en el desarrollo de la teoría de la selección natural con Wallace... y cómo ninguno de los dos fue a la reunión en la que se presentaron sus teorías. Cómo su modelo evolutivo no se basa en la teleología, como aún hace el de Lamarck, sino en la acumulación gradual y selección de rasgos beneficiosos que acaban construyendo hasta las formas más complejas—y así se separó Darwin de la teoría del diseño inteligente de Paley, que era la que había recibido de su formación, para dar una explicación radicalmente nueva de la relación entre las especies y del proceso de su formación.


Y, en suma, muestra el conferenciante cómo Darwin, partiendo de algunas nociones malthusianas y de sus observaciones en el viaje del Beagle, creó para la biología un principio comparable a la Tabla de los Elementos—cómo no es concebible la ciencia biológica sin la teoría de la evolución.  Y sin algunas sucesivas aportaciones, como la genética de Mendel primero, que Darwin no llegó a conocer, pero que llevaría a la Nueva Síntesis; y luego la genética molecular en la segunda mitad del siglo XX. Estos desarrollos dejan atrás el terreno de las analogías y especulaciones para crear los árboles de descendencia y parentesco genético; y la genética molecular en concreto, al decir de Dawkins, es una especie de revolución digital en la biología, por el parecido entre los códigos genéticos y los programas informáticos.


Bien, todo muy bien y nada que objetar. Menos un par de cosas. Critica en un momento dado el conferenciante a los "revisionistas" de las teorías de Darwin. Bueno, no a todos, porque desde la Nueva Síntesis a los Crick y Watson todos son revisionistas a su modo—sino muy particularmente a Stephen Jay Gould.  De cuyas teorías me temo que no está muy al tanto, porque si no no podría cometer la pasmante injusticia de decir que "no es en realidad un científico; más que un científico es un divulgador". Ay que me dá.... ¡Gould un divulgador! Bueno, sí que lo es, y es más, un defensor de la divulgación, pero no es únicamente un divulgador....


Me temo que no va con el conferenciante la teoría del equilibrio puntuado (teoría que sostiene que en general las especies no evolucionan, sino que, como los individuos paren individuos y mueren, se limitan las especies a parir otras especies, y a desaparecer). O que la "evolución de las especies" es precisamente eso...  Bueno, le doy a esta teoría una formulación provocativa, lo admito, para que se vea que Gould sí que añade importantes matizaciones a Darwin. Es más bien un catastrofista, frente al gradualista Darwin, o más bien dice que a la enorme importancia del gradualismo hay que sumarle el impacto de la catástrofe—tanto a la hora de crear una especie como a la hora de extinguirla. Porque la creación y extinción de especies son explicadas por la teoría de Gould de una manera más global, más panorámica, más inclusiva que por la teoría de Darwin.


Darwin atendía únicamente al ingrediente "lento" y tendía a olvidarse de la importancia de las catástrofes y accidentes a la hora de aislar poblaciones. Es en esas pequeñas poblaciones donde la evolución se acelera, no en la acumulación de cambios diversos en una población numerosa con gran intercambio genético, pues allí las variaciones tenderían a reabsorberse o a volverse irrelevantes, por mucho Mendel que le echemos, y ya es añadirle ingredientes a Darwin.... Hay que resaltar por otra parte que pocos admiradores de Darwin ha habido más fervorosos, y entusiastas—y críticos de su obra pero con talento—que Stephen Jay Gould.


Azcárraga sí que cree en las catástrofes—en la que extinguió los dinosaurios, y en la Sexta Extinción que se nos viene encima y que da casi por hecha—pero sin embargo no tiene (con la venia) una noción clara de cómo funciona el catastrofismo "continuado" que podríamos decir; y por eso no entiende la importancia de la aportación de Gould. Así, por ejemplo, introduce un curioso concepto para decirnos que bien, los humanos puede que con la caza hagamos que los elefantes se extingan, pero nos dice que eso sería irrelevante desde el punto de vista de la teoría de la evolución, que no tiene nada que ver, porque sería una extinción "no darwiniana". Como digo, el concepto de extinción "no darwiniana" no tiene sentido ni dentro ni fuera de Darwin. Lo que sí tiene sentido es una teoría más global que sí entienda estos fenómenos como algo típico y parte de la teoría—una catástrofe cotidiana, por así decirlo.  


También la teoría de la Evolución evoluciona de las dos maneras—por acumulación progresiva, y por catástrofe súbita. Admito que Gould ha sido una catástrofe, en el buen sentido de la palabra, para Darwin y para la teoría de la evolución.

Y como salían los niños del cole, he tenido que salir yo corriendo de la sala de conferencias. Así terminan las cosas a veces, de repente.



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PS: un comentario al artículo de Steven Pinker "My genome, myself" -  "Mi genoma, mi yo" en Tercera Cultura:

Bueno, menos mal que opta Pinker por evitar los reduccionismos simplistas, aun dentro de la moda actual de sobreestimar al genoma. Que también lo sobreestima…

Porque no sé a qué tanto preguntarse cuál es la fuente de la individualidad aparte del genoma, si la respuesta es clara: la vida y la historia de cada cual. Lo que somos, menos nuestra vida, es nuestro genoma. Pero ya no somos nosotros. Así que relativicemos la enseñanza de esta nueva matemática del yo. Dice Pinker que la probabilidad de un acontecimiento único es una noción absurda según algunos matemáticos - pues bien, todos los acontecimientos son únicos, no digo ya la personalidad e historia única de cada cual. Matemáticas claro que sí, por favor, pero llegan a donde llegan.

Y otro síntoma de la obsesión genética de Pinker (es en lo que está ahora): dice que “la evolución selecciona entre los genes, no entre las sociedades”. Pues mire, no. Selecciona tanto genes como sociedades (o especies). Y a veces selecciona genes por el procedimiento de seleccionar sociedades, o especies. Por el método de la catástrofe.





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miércoles, 8 de marzo de 2017

Retropost #1496 (8 de marzo de 2007): Revoluciones, y catástrofes, y cataclismos, y muertes masivas

Homo erectus

Como muchas otras personas, Stephen Jay Gould leyó el libro de T. S. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas, pero a diferencia de otras personas, que lo leyeron y se quedaron como antes, a Gould le plantó una semilla en el cerebro, o más bien le produjo una revolución conceptual. Los cambios en las concepciones teóricas, sostiene Kuhn, no tienen lugar de modo gradual, sino por la sustitución súbita de paradigmas explicativos: teorías nuevas que parten de nuevos supuestos, hacen nuevas preguntas y resuelven distintos problemas. Gould está así muy atento a la evolución de las teorías de la evolución (una bonita reduplicación se produce aquí) y descubre en ellas este paradigma catastrofista: la teoría que él aporta es, pues, una catástrofe teórica, como lo fue la de Darwin en su momento. La historia (catastrofista) de la teoría es parte de la teoría evolutiva de Gould; no puede entenderse la evolución, nos dice Gould, sin entender las teorías de la evolución; su teoría es también una metateoría de la evolución.

Gould desarrollaría pues a lo largo de su carrera una compleja teoría de la evolución, expuesta en detalle en The Structure of Evolutionary Theory (título que quizá aluda al de Kuhn, y no sólo a estructuras "estables"). Esta teoría evolucionista reformulada supone una crítica al darwinismo clásico (en su formulación clásica dominante en el siglo XX, la Nueva Síntesis). Sin rechazar totalmente las ideas de Darwin (al cual profesa gran respeto y admiración), Gould las matiza, las limita y las incluye como un componente de un proceso evolutivo global que va más allá del darwinismo. Básico en el darwinismo era el concepto de gradualismo: pequeñas transformaciones imperceptibles pero graduales, por efecto de la selección natural y a base de tiempo (mucho tiempo), producen grandes diferencias, y dan origen a la variedad de formas vivas.

Frente a esta teoría gradualista, la teoría de Gould es catastrofista. Aquí está el segundo catastrofismo al que me refería. La teoría de Darwin supuso una "catástrofe teórica" y un cambio de paradigma, pero en el caso de Darwin no se da esta bonita reduplicación: su novedad, su catástrofe teórica, fue terminar con el catastrofismo en historia natural y (siguiendo a Lyell) desarrollar una influyente teoría gradualista. Para Darwin todo sucede de modo gradual; de la misma manera que la acumulación de empresas individuales produce una fuerte economía nacional en la economía política de Adam Smith, así en Darwin la lenta acumulación del trabajo de la selección natural da origen a las especies—de modo gradual y en absoluto catastrofista.

Para Darwin, las especies se transforman lentamente, se subdividen... en realidad el concepto de especie no es tan importante para él. Se fija en los individuos, y no llega a extraer las consecuencias de que no formen los individuos un continuo—de que las especies sean algo más que clasificaciones arbitrarias sobre una gama continua de formas.

Para Gould, no. Las especies cambian poco: aparecen bruscamente, se mantienen durante un tiempo corto (es un decir) o largo (largo de verdad). En general, se mantienen fijas. Y luego desaparecen—siempre. Como los individuos al morir... claro, que también pueden dejar especies hijas, que quizá (o quizá no) las sobrevivan. El caso es que las especies aparecen de modo comparativamente súbito: normalmente por la evolución producida en una población aislada, que luego se expande a otro ámbito geográfico más extenso. Este es uno de los sentidos en que el contenido de la teoría de Gould (y no sólo su efecto en la disciplina de la biología) es catastrofista. Las especies no aparecen de modo gradual, sino catastrofista, o revolucionario. Es lo que se llama la teoría del equilibrio puntuado, desarrollada por Gould junto con Nils Eldredge. Equilibrio, por la fijeza relativa de las especies, y puntuado por momentos relativamente breves de especiación: un origen "súbito" (súbito a escala geológica).

Y muchas veces también desaparecen las especies de modo súbito y catastrofista. Este es el tercer sentido en el que la teoría de Gould es catastrofista. Enormes cantidades de especies desaparecen de modo súbito en períodos de extinciones masivas. Las extinciones masivas son producto, literalmente, de catástrofes: cósmicas, climáticas, ecológicas. Observemos que sólo este tercer tipo de "catástrofe" en Gould responde a nuestra noción habitual de lo que es una catástrofe.

Veamos. De los dinosaurios, que dominaron la tierra durante muchos millones de años, sobrevive sólo una rama colateral, multiplicada eso sí hasta la saciedad de variaciones—las aves. De entre los mamíferos, los monotremas (si merecen ser llamados mamíferos) se juntan con los marsupiales en un rinconcito del planeta, en el resto, todo placentarios y alguna zarigüeya. De todos los homo que había hace unos millones de años, sólo queda (mira tú) una especie que además está exterminando a sus parientes evolucionarios más cercanos... Una de las razones principales por las que el árbol de la vida muestra la extraña distribución que contemplamos son las catástrofes súbitas, que acaban con familias enteras de especies de manera brutal, y al azar, dejando que los supervivientes luego se diversifiquen y proliferen en variedades ecológicamente similares a veces a las especies desaparecidas. Pero delfines en lugar de ictiosaurios, pongamos. El azar reina en la teoría de Gould: el azar y la estadística. Las formas vivas tienden a proliferar hasta alcanzar los límites estadísticamente tolerables. Al borde del equilibrio hay pocas especies; la mayoría se concentran en la intersección de los valores medios de un gráfico.

La posición del hombre es particularmente atípica e inestable según esta teoría—Hetero sapiens. Si nos atenemos a ella, son de prever más revoluciones y catástrofes. Porque hasta en cuestiones de catástrofes y revoluciones se sigue un cierto orden. Pero... calma. Hablamos aquí a escala geológica, y antes de que llegue la madre de todas las catástrofes, da tiempo a que llegue una nueva revolución en la teoría, posiblemente para restaurar algún gradualismo que nos deje menos revolucionados.


 

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domingo, 5 de marzo de 2017

Retropost #1490 (5 de marzo de 2007): Teoría de la contingencia



Se supone en buena lógica aristotélica que no puede haber ciencia del accidente, sino sólo de los principios generales. Por eso es un tanto paradójica la idea de una teoría de la contingencia, a primera vista; teoría de las cosas que no se pueden reducir a principios, sino que son producto del azar, y de combinaciones impredecibles de causas convergentes. Sólo post hoc se pueden describir esos fenómenos. Si hay ciencia posible de ellos, es una ciencia narrativa, no predictiva; una ciencia que se limita a establecer lo que de hecho sucedió, y a describir las modalidades principales de interacción entre las diversas causas. Esa ciencia, que parece menos ambiciosa que una ciencia matemática o física, trata sin embargo de los fenómenos que más de cerca nos atañen, y que son contingentes, impredecibles. Como la constitución específica del mundo en que vivimos, la evolución de la vida, la transformación de unas especies en otras, la aparición de nuestra propia especie, y los avatares de su historia y cultura. Incluyendo, en una fase tardía, la aparición de teorías que reconstruyen o esa serie de procesos complejos e impredecibles.

Me acabo de terminar The Structure of Evolutionary Theory (2002), libro en el que culminó la vida y obra de Stephen Jay Gould (aunque han salido otros escritos póstumamente). Ya se tradujo al español, una labor de titanes, supongo, como su composición. Gould pasa repaso a la historia de la vida y formula su propia teoría de la evolución, a la vez que repasa las teorías anteriores en detalle, entendiendo su lógica desde dentro. Se plantea Gould el estudio de la evolución como una empresa en la cual el elemento teórico es absolutamente fundamental. No importa sólo la calidad de las respuestas o hallazgos concretos, sino también la calidad de las preguntas y presuposiciones teóricas que permitan organizar esos hechos. El estudio de la evolución es así, para Gould, inseparable del estudio del desarrollo de la teoría de la evolución: es decir, estudia las dos cosas a la vez, la evolución como teoría, y la evolución de la propia teoría evolucionaria, su descubrimiento gradual de nuevos ámbitos de explicación, su acotamiento de qué problemas es relevante o posible plantear en un determinado momento... una ciencia histórica que no puede prescindir de su historia. Convergen así en Gould las humanidades y la ciencia experimental, en una combinación fascinante de seguir. Cuando sacó este libro, mientras moría de cáncer, Gould llevaba muchos años escribiendo artículos sobre biología y evolución en Natural History, una serie llamada "This View of Life"—una frase extraída de la conclusión de El origen de las especies de Darwin. Estos artículos, recopilados en libros como El pulgar del panda, Brontosaurus y la nalga del ministro, etc., podían parecer a algunos meras curiosidades eruditas de la ciencia, una especie de marginalia anecdótica, en especial cuando Gould los llevaba hacia territorios de su interés específico como la estadística, la bibliofilia, los piques profesionales entre científicos, el béisbol... Pues bien, detrás de cada uno de esos libros de curiosidades, había una cabeza extraordinariamente organizada (tanto más si se tiene en cuenta que esta organización se expresaba con máquina de escribir, y no con ordenador). Casi todos los temas de esos ensayos mensuales reaparecen en The Structure of Evolutionary Theory, pero esta vez como pasos de un razonamiento gigantesco, o como ejemplos de un problema concreto que halla su lugar en el marco de una teoría global. Una teoría que, como digo, es también una teoría de teorías, una clasificación de los problemas a los que se han enfrentado sucesivamente los biólogos y evolucionistas, y de las respuestas que les han dado.

No reduce Gould la evolución a un principio único, o a una teoría perfectamente cuadriculada. Más bien, siendo su objeto la complejidad y la contingencia, las soluciones que ofrece dejan un papel a todos: incluso a la ciencia caduca y a las explicaciones superadas, por el papel que han tenido en plantear problemas e indicar posibles soluciones. Todo vuelve con el tiempo, o encuentra su lugar adecuado, hasta las extravagantes teorías de Geoffroy de Saint-Hilaire que pretendían relacionar la segmentación de los artrópodos y de los cordados sobre la base de un esquema corporal común. Una teoría de la contingencia no buscará una causa al origen de las especies, sino un complejo de causas, unas más activas que otras en según qué momentos, o a según qué nivel. ¿Es la selección natural de los organismos un principio importante? Pues claro, dice Gould, siguiendo a Darwin. Y sin embargo no puede reducirse a ella la evolución de las especies. Han de tenerse en cuenta otros niveles de explicación, como la selección de especies (y no de individuos), la producción de variedades locales mediante el equilibrio puntuado, y también las extinciones masivas ... o menos masivas. Lejos de fórmulas simples, la evolución de la vida es una historia compleja, que sólo puede entenderse con relación a principios generales actuando en circunstancias muy locales. Y es una historia narrativa, incluso narratológica, pues Gould está atentísimo a las falacias narrativas producidas por la perspectiva: el hindsight bias, la ilusión retrospectiva, los argumentos teleológicos, las narraciones antropocéntricas que favorece el progreso... Una cita-resumen, traduzco:

La descripción en una frase más adecuada de lo que he intentado al escribir este volumen se sigue mejor como una refutación de la supuesta paradoja antes expuesta [la supuesta paradoja de desarrollar una ciencia de lo contingente]: Este libro intenta expandir y alterar las premisas del darwinismo, para construir una teoría de la evolución específica y ampliada que, aun permaneciendo en el seno de la tradición, y bajo la lógica del argumento darwiniano, pueda también explicar una amplia gama de fenómenos macroevolutivos que quedan más allá de la capacidad explicativa de la extrapolación de los modos y mecanismos de la microevolución, y que por tanto se asignarían a la explicación contingente si han de ser esos principios microevolutivos los que [como en el darwinismo] construyen en principio el corpus completo de la teoría (...).
    En los términos más generales, y para formar una unión más perfecta entre la jerarquía de niveles estructurales y escalas temporales de la evolución, esta teoría revisada descansa sobre una expansión y reforma sustancial de cada uno de los tres principios centrales que constituyen el trípode sobre el que descansa la lógica darwiniana: (1) la expansión de la base tomada por Darwin (la selección a nivel de organismos) para proponer un modelo jerárquico de selección simultánea a varios niveles de individualidad darwiniana (gen, linaje celular, organismo, deme, especie y clade); (2) la construcción de un modelo interactivo para explicar las fuentes del cambio evolutivo creativo fundiendo las constricciones positivas impuestas por las vías de desarrollo estructurales e históricas internas a la anatomía y desarrollo de los organismos (el enfoque formalista) con la guía externa procedente de la selección natural (el enfoque funcionalista); y (3) la generación de teorías apropiadas a los ritmos y modalidades característicos de las escalas temporales superiores, para explicar la amplia gama de fenómenos macroevolutivos (particularmente la reestructuración de las biotas globales en episodios de extinción masiva) que no pueden interpretarse como simples consecuencias extrapoladas de los principios microevolutivos. (1139).
El ejemplo clásico, estándar y espectacular: la extinción de los dinosaurios. Según el gradualismo darwinista, la extinción se habría debido a causas microevolutivas: la mejor adaptación de los mamíferos en la lucha por la vida, y la supervivencia en última instancia del más apto. Aun en el seno del darwinismo, teoría no teleológica, queda así un elemento de antropocentrismo: el hombre aparece como la culminación lógica de una evolución orquestada por principios que aseguran la supremacía de los más aptos... en un ambiente  relativamente estable que permite la acción significativa de la microevolución.

Ahora bien, según el neocatastrofismo de Gould, las especies, generalmente, no evolucionan. Una vez formadas, se mantienen fijas o relativamente estables hasta su extinción, si bien con frecuencia un pequeño grupo aislado da lugar a una nueva especie.... que quizá acabe desplazando a la anterior. Así es como funciona en general (siempre en general, no maximalicemos) la evolución según Gould: por equilibrio puntuado, un equilibrio de base en las especies, puntuado por súbitos cambios en grupos pequeños que dan lugar a nuevas especies. Es la supervivencia relativa de estos grupos ramificados, y no la transformación de especies enteras, lo que marca la pauta general de la evolución. Y, luego, están las extinciones masivas. Así, los dinosaurios perecieron como consecuencia de una transformación súbita del medio ambiente producida por un impacto cósmico. No fueron desplazados por los mamíferos, que nunca compitieron con ellos de modo significativo: sencillamente, la extinción global dejó vacías muchas casillas ecológicas que luego ocuparían los mamíferos... desarrollando, por cierto, una variedad de formas no tan diferentes a las de los antiguos dinosaurios, formas adaptadas a esas casillas ecológicas. El hombre no apareció como consecuencia lógica de la supervivencia de los más aptos y el refinamiento progresivo, sino que apareció como consecuencia de un hecho fortuito: la extinción de los dinosaurios en una catástrofe cósmica. Y si bien ahora estamos muy adaptados a nuestro medio ambiente, bien puede ser que la era del hombre, o de los mamíferos, termine de la misma manera en que terminaron los dinosaurios, en un episodio de extinción global súbita. Lo que hoy sirve, y permite triunfar, mañana no servirá, y será lo que nos lleve a la ruina. Nadie es el más apto, siempre, en un universo sujeto a cambios súbitos. El gradualismo darwiniano queda así desplazado por una nueva teoría de la catástrofe: catástrofe en el origen de las especies (por equilibrio puntuado) y catástrofe en su final (frecuentemente por extinción masiva). Y al menos tan importante como la adaptación darwiniana es la exaptación, el uso de estructuras corporales para una finalidad distinta de su origen adaptativo y evolutivo: así las plumas, originadas para la termorregulación, pero que inesperadamente permiten emprender el vuelo.

Gould termina sin embargo su libro con un homenaje a Darwin, que más que muchos darwinistas, supo ver el elemento de contingencia e impredecibildad que hay en la evolución, y la ausencia de un plan maestro que la guíe. No hay orden humano en el universo, en el sentido en que a veces deseamos pensar que lo hay, y honra a Darwin el haber sabido ver eso. Gould sin embargo afirma el sentido moral de la contingencia, pues nos lleva a apreciar lo que hay de único e irrepetible en cada fenómeno, y en cada experiencia humana que se hace capaz de apreciarlo. Tal fue la experiencia de Darwin, que no sólo discernió importantes principios de la evolución, más allá de las fantasías, creencias y teorías antropocéntricas de sus contemporáneos, sino que también logró transmitir la dignidad y valor de esa nueva visión en una obra lúcida y de gran valor intelectual y literario. Gould sigue sus pasos, lo propone entre líneas como analogía para interpretar la teoría que él nos ofrece, como refutación y continuación a la vez de la obra de Darwin. Y convence, convence la analogía propuesta. There is grandeur in This View of Life—ha sido el suyo, a fin de cuentas, un admirable intento de saber de dónde venimos y a dónde vamos, más allá de las historias que al respecto se cuentan en nuestra tribu: un esfuerzo por alcanzar la sabiduría que esté a nuestro alcance, en el tiempo que tenemos asignado. Es una manera, más limitada pero más realista, de poner un orden humano en el universo.



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sábado, 4 de marzo de 2017

Retropost #1486 (4 de marzo de 2007): La fe como exaptación




Hay un interesantísimo artículo de Robin Marantz Hening "Darwin's God: Evolution and Religion" en el New York Times de hoy. Repasa los argumentos evolucionistas sobre el origen del sentimiento religioso, y el debate actual entre los adaptacionistas y los colateralistas.

Los adaptacionistas sostienen que las creencias religiosas se han desarrollado porque proporcionan ventajas evolutivas, ya sea a los grupos o a los individuos, en el marco de la selección natural darwiniana. Los colateralistas las interpretan como... eso, como un resultado colateral de la evolución, un efecto secundario de algunos mecanismos mentales que se desarrollaron por otras razones. Así, por ejemplo, es importante en el desarrollo de la interacción entre seres vivos la detección de sujetos intencionales. Una detección rápida de agentes permite organizar esquemas de acontecimientos atribuyéndolos a la acción de un agente (un posible depredador, una posible presa) y proporciona así ventajas competitivas. Y bien puede ser que valga la pena en esto pecar por exceso, y no por defecto, y (en un alarde de precaución) ver agentes incluso donde no los hay. Dios surgiría así de nuestra capacidad innata para proyectar agentes y sistemas intencionales como esquemas interpretativos. (Se puede ver, por cierto, otro producto colateral de nuestra capacidad de proyectar agentes en lo que sucede cuando, en la lectura, proyectamos la figura del autor).

Tenemos según los colateralistas una tendencia innata a creer en la omnisciencia, en seres todopoderosos que controlan la realidad, algo que por supuesto está ligado también al periodo de la infancia y a las figuras paternas. Esta tendencia innata, producto colateral de otros mecanismos mentales, se desarrolla luego de manera acorde a las culturas y tradiciones de un grupo social determinado.

Para explicar estas tendencias innatas, no hace falta recurrir a un valor adaptativo o competitivo inmediato: simplemente surgen como lo que Stephen Jay Gould denominaba enjutas (spandrels)—como resultado de una arquitectura mental que evolucionaba por otras razones. Ahora bien, estas enjutas pueden exaptarse, y proporcionar funcionalidades ajenas a su origen evolutivo. Y seguramente también hay un elemento de exaptación en las creencias religiosas, en especial una vez se organizan como estructuras de comunicación social, con rituales de grupo, y ayudan a cohesionar una sociedad. Dios pasa a ser así un emblema del orden moral deseable, o incluso del orden político. De este modo, la capacidad desmedida de proyección de un agente (un agente universal) pasa a  converger, de modo evolutivamente beneficioso, con la cimentación de un orden social organizado en torno a tal agente imaginario, que aglutina el torno a sí el orden humano del universo.

Aunque lo que ata por un lado, desata por otro: si se crean enfrentamientos entre grupos religiosos y órdenes sociales superpuestos, la fe puede disgregar el cuerpo social en lugar de agregarlo.

En fin, que al ser la creencia en dioses un fenómeno complejo, no tiene una única causa, sino un complejo de causas que convergen; por eso es probable que tengan su parte de razón tanto las teorías adaptacionistas como las colateralistas y las exaptacionistas. Es en todo caso un artículo que merece la pena leer a todas las personas interesadas en el fenómeno religioso: en promoverlo, en combatirlo, o en entenderlo.

(PS: Por cierto, viendo este artículo del New York Times caigo en la cuenta de que han introducido un sistema de hipertextualización muy útil: haciendo doble clic en cualquier palabra del artículo (incluso las no marcadas como enlaces) se abre una ventana de referencia que explica el término. Esto me recuerda en parte a mi vieja propuesta del hiperhipertexto, claro que la diferencia es que mi propuesta era combinar este enlace ubicuo con una búsqueda por la red que nos llevase al mejor resultado para esa palabra (o frase). Para la mayoría de los efectos prácticos es más útil el glosario del New York Times, supongo. Aunque es en principio cerrado, y no abierto como lo sería una búsqueda).

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