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viernes, 16 de noviembre de 2018

Retropost (16 de noviembre de 2008): No Fate


Es lo que graba en la mesa con un cuchillo Sarah Connor en Terminator 2. Esta película invierte elegantemente los presupuestos de la primera entrega de la trilogía, a la vez que los mantiene estrictamente. 


The Terminator
se basaba en dos premi
sas contrapuestas: a) el futuro se va a realizar, y es espantoso. b) Pero también se puede modificar al menos en parte, pues las historias que nos cuentan sobre él pueden no ser fiables.

El intento de modificación del futuro, en la primera película, venía primordialmente de parte de las máquinas, el malvado sistema robótico Skynet. El sistema quiere eliminar al jefe de la resistencia humana, John Connor, por el procedimiento de acabar con su madre en el pasado, antes de que nazca, y alterar así el futuro. Una premisa eminentemente narrativa, claro, pues sólo narrativamente puede corregirse el pasado de esta manera—y el viaje en el tiempo viene a ser la materialización literal de este hindsight bias.
terminator
En The Terminator fracasaba el plan, y se mantiene el futuro en los términos iniciales: es decir, con la catástrofe acechando dentro de unos años, en el horizonte al que se dirige Sarah Connor, pero con el grano de esperanza en el futuro que será su hijo que va a nacer. En Terminator (1) la mayor esperanza consiste en evitar que el futuro cambie. En algún momento del guión inicial sí se hablaba de asesinar al ingeniero que diseñará Skynet, pero esa escena se suprime y da lugar a un desarrollo más extenso en Terminator 2.

En esta película, a tono con el deshielo de la guerra fría ("los rusos son ahora nuestros amigos"), hay mayores esperanzas de evitar la hecatombe nuclear—aunque se nos retrata la misma diversas veces en las pesadillas premonitorias de Sarah Connor, mezcladas con el nivel "real" de la película de una manera antaño reservada al cine modernista europeo—estos recursos como la ambigüedad de subjetivo y objetivo, las transiciones de nivel, etc., proliferaron durante los ochenta y los noventa ya en el cine de acción; son muy útiles para controlar la identificación del espectador y guiar sus hipótesis y emociones. Bien, a lo que vamos: que en Terminator 2 el futuro ya no está escrito, "no fate": y queda de hecho modificado, cosa que no sucedía en Terminator 1,  por la destrucción del ingeniero que habría de crear Skynet y de todos los restos del futuro que podrían servir de modelo para ello, incluído el terminator Schwarzenegger, en una escena de eutanasia asistida.

La imagen inquietante de una carretera por la que la cámara va avanzando en la oscuridad a toda velocidad, con sólo un pequeño trozo de camino adelante iluminado por los faros, expresa esa imposibilidad de conocer el futuro: no hay destino, en el doble sentido de que no podemos conocer el futuro que hay delante (está negro, los faros son luces cortas) y en el sentido de que podemos actuar para cambiar el curso de las cosas que se nos anuncia en las profecías agoreras—por ominosas y bien informadas que éstas parezcan, como estos robots venidos como prueba del futuro, el futuro siempre es incierto, y siempre puede cambiar con respecto al relato que se nos da de él—y nuestra acción no es irrelevante.

La imagen de la carretera, sin embargo, es ambigua. No vemos qué hay al final de la carretera, pero la carretera sí conduce a algún sitio, y no a otro. En el caso de una narración sobre el futuro, resulta una interesante tensión. Si hay un sitio donde sí hay fate, y viajes en el tiempo, y conocimiento exacto del futuro, es en una narración futurista. La historia de Terminator 2 juega así a invertir los términos con que empieza, eliminándose a sí misma en cierto modo, fundiendo todos los rastros del futuro inexistente, y dejándonos con el mundo más o menos como lo encontramos antes de entrar en el cine. A esa experiencia del presente histórico e incierto del espectador alude la imagen del coche—pues quizá la mayoría de los espectadores, en América especialmente, hayan ido a ver la película a una sesión nocturna de cine, y en coche; por eso está bien elegida la imagen. Ya se sabe que el parabrisas del coche es un equivalente de la pantalla cinematográfica, y por eso la imagen contribuye a subrayar esa transición de una pantalla a otra, o a enfatizar la narratividad de la historia humana como una historia del desarrollo tecnológico y sus posibles consecuencias.

Terminator 3 cierra la serie—volviendo a las premisas de la primera película, cuando ya parecía conjurada la amenaza. Repentinamente vemos cómo en efecto se han creado las condiciones para que el destino escrito en esa película se cumpla efectivamente. Esta vez la amenaza de Skynet se ha ido materializando de manera más insistente en la realidad "extrafílmica"—es Internet lo que conduce a Skynet, y John Connor vive ahora como un paria social evitando todo contacto con la Red. Ya en películas como La Red se había retratado esta amenaza de vigilancia universal online. También en consonancia con el pesimismo post-11-S, se reinstaura la predicción de la catástrofe nuclear—predicción que esta vez se realiza. Es una vieja base subterránea de finales de la Guerra Fría la que permitirá sobrevivir a John Connor, como una alegoría del retorno a los viejos presupuestos catastrofistas, después de todo.

De este modo, la trilogía se completa de manera adecuada, y ominosa: reiterando la premisa inicial del futuro ya escrito, y la llamada al individuo para actuar en consecuencia sabiendo lo que se avecina, y siendo consciente de que el efecto de sus acciones es incalculable, posiblemente ínfimo, pero éticamente crucial. Siempre hay una deuda con el futuro, la de no ser indiferentes a él—por conocido o desconocido que sea. Que los cataclismos en un mundo hipertecnológico y globalizado pueden ser universales, y que las máquinas pueden mediatizar la acción humana y sus decisiones, no hace falta esta trilogía para demostrarlo. Si debajo de la carne de la humanidad, una vez consumida por el fuego y la guerra, se oculta un futuro esqueleto robótico, eso no lo sabe nadie. 

Y sin embargo sería inquietante que Arnold Schwarzenegger, de entre todo el mundo, fuese el competidor de Obama en las siguientes elecciones presidenciales norteamericanas. Habría que pensar que en efecto vivimos en Matrix y que son alegorías e interferencias de nivel que nos envían los diseñadores, para reírse de nosotros. Porque no hay destino, en efecto, hasta que se materializa de repente, llegado del pasado hasta ahora en que lo vemos, o del futuro (que es ahora) hasta entonces, hasta lo que fue "el momento decisivo" en que se determinó el destino que nos ha tocado—del pasado o del futuro qué más da—el caso es que entonces ya vemos que sí lo había, pero era invisible, porque por definición sólo se ve, vale decir que sólo existe, mirando hacia atrás. Normalmente, cuando ya es tarde.


Terminator 2: Judgment Day. Dir. James Cameron. Cast: Arnold Schwarzeneger, Linda Hamilton, Edward Furlong, Robert Patrick, Earl Boen, Joe Morton, S. Ephata Merkenson, Castulo Guerra, Danny Cooksey, Jenette Goldstein, Xander Berkeley. USA, 1991.* (Oscars for Best makeup, Sound, Sound Effects Editing, Visual Effects).





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viernes, 27 de julio de 2018

Retropost (27 de julio de 2008): The Self-Begettor



Tras mucho tiempo de tenerlo haciendo ganas, por fin vemos con Álvaro la película de James Cameron The Terminator, que a estas alturas tiene un look decididamente retro con sus peinados de los ochenta, sus teléfonos fijos y sus Schwarzeneggers de cera. La primera propuesta de guión de James Cameron es de 1982, y la película sale en el ochenta y cuatro, hasta con alguna alusión a Orwell que luego se cayó por el camino. Pero la película tiene, claro, un tema subyacente donde convergen lo orwelliano (la sociedad distópica mecanizada) y lo shelleyano—la criatura artificial que se vuelve contra el creador. Aunque al contrario que Frankenstein, el Terminator no tiene fibra sensible. Menos mal que lo aplasta una máquina tan despiadada como él—pero que aún es de las de apretar botón.
terminator
Esta temática de la rebelión del robot, inherente a la idea misma de robot, tiene una variante que es la dominación de los robots, y ahí ya convergemos no sólo con 1984 sino con todo tipo de distopías. The Matrix es la versión fin de siglo del mismo tema, basada en la alucinación colectiva de Internet en lugar de en la herramienta industrial mejorada cibernéticamente. Al basarse estas fantasías científicas en una lectura extrapolativa de la flecha y dirección del progreso tecnológico, va unido a ellas el tema de la inevitabilidad de los desarrollos temporales: "si seguimos por aquí..." etc. El desarrollo tecnológico dará lugar a un mundo cada vez más mediatizado por la tecnología, y donde los procesos inteligentes se ven sustituidos gradualmente por la inteligencia artificial. La proliferación de armas nucleares culminará en sistemas de defensa y ataque plenamente automatizados, y en la guerra nuclear a gran escala. Hasta allí, la extrapolación que probablemente es profética—tanto más cuanto que es una profecía sin profeta concreto, que forma parte de la consciencia colectiva de la era nuclear, y que Cameron no tiene talla especialmente destacada para formularla de manera original.

El diagnóstico, pues, está ahí para quien quiera mirar: holocausto nuclear y control cibernético. No es difícil de ver. Una vez visto, ¿cómo impedirlo? La película tiene teorías del tiempo múltiples y contradictorias. A la vez hay que tratar de impedirlo, e ir paso por paso para que se realice lo que ya está escrito—según nos dicen los mensajeros del futuro, encarnación intradiegética de nuestra prospección imaginativa. Esta tensión entre lo ya escrito (o ya filmado) y lo imprevisible, es altamente cinematográfica—el tema de la película se intensifica reflexivamente con la experiencia a la vez imprevisible y determinada de su visionado por cada espectador, y es en esta cinematogenia inherente a estas paradojas temporales donde ha de buscarse gran parte del éxito masivo y la fascinación de esta película. Aparte del gore, los tiros, etc., y otras características que son menos inherentes a la especificidad de su guión.

Tensión, por tanto, entre lo que sucederá (porque sabemos que está escrito) y lo que podría no suceder. No es sorprendente que entre la intertextualidad mítica de esta película se encuentre de manera prominente la historia de Jesucristo—el Enviado, el primer Termineitor, al menos desde el punto de vista de Satanás. (Por tanto tampoco es gratuito, ni mucho menos, el acierto de aquella parodia de Terminator enviado para proteger a Jesucristo).

El destino de Cristo también estaba escrito, y también él ha de cumplirlo, hacer lo necesario para que llegue a suceder lo que de todos modos ha de suceder. Aun con todo tiene dudas sobre el trayecto preciso o los límites de la determinación ("Padre, aparta de mí este cáliz", etc.).

Sarah Connor es una figura de la Virgen María que ha de dar a luz al nuevo mesías, John Connor. Tras una resistencia inicial ("¿por qué yo? No soy digna de que entres en mi casa"), acepta su destino, y se prepara para la tormenta final que ha de venir. Visto que no puede cambiar el futuro, procurará realizar su papel bien. Por cierto, entre los elementos suprimidos del guión de Cameron en la forma final firmada conjuntamente con Gale Ann Hurd (guión que data en su primera versión de 1982) se encuentra un proyecto de Sarah Connor para destruir la empresa de Silicon Valley que acabaría desarrollando los sistemas de inteligencia artificial para Skynet en el futuro próximo... bueno, como digo este plan de alterar el futuro es algo a lo que se renuncia (incluso en esa versión del guión, y luego hasta se suprime). El futuro ha de cumplirse, y en ese cierre necesario insiste la escena final de la película, cuando le hacen a Sarah la foto suya que el enviado Reese verá quemarse en el futuro, muchos años después.

Es un orden por otra parte también altamente metaficcional, este sometimiento al destino. El planteamiento inicial de la película (con el envío del Terminator al pasado) está basado en el deseo de reescribir el pasado (matando a Sarah) para modificar el futuro y que no exista John Connor. Pero el envío del segundo enviado, Reese, ya va encaminado más bien a hacer que el pasado se cumpla en sus propios términos. Es un orden secuencialmente necesario dentro de la economía narrativa: al principio de una película el futuro está abierto, y la película consiste en rasgos generales en su cierre gradual. Esto es otro elemento estético de un guión "redondo" y convincente, que hace de la película un objeto estético con una inevitabilidad narrativa que le es propia, y que resuena de manera especialmente poderosa cuando queda anclada en el trasfondo general de la narrativa "inevitable" del desarrollo tecnológico. Digamos, entonces, que es una estructura argumental-temporal especialmente bien diseñada y apta para el tema de una película de ciencia-ficción.

Tanto más si las resonancias van más allá de la gran narrativa tecnológica y se suman ecos redentoristas traídos de la Biblia. El interés de Cameron por la figura de Cristo es conocido, hace poco iba tras la tumba de Cristo...  un enviado que (como Reese) al parecer acaba muerto y enterrado, aunque no sin cumplir su misión.

Si Sarah Connor es la Virgen María, no faltan ecos que sugieren que Reese y John Connor son la misma persona. Que, tomando su destino en sus manos, ha venido del futuro directamente a engendrarse a sí mismo, y hacer posible así la existencia del Redentor que él es. Es una versión incestuosa del tema de la Encarnación que a pesar de que pueda parecer ligeramente escandalosa, sí saca a la luz algunas cuestiones que se hallan subyacentes o en potencia en el mito bíblico, y que quizá contribuyan también a darle su especial fascinación. Dios es padre, y dios es hijo, pero el hijo y el padre son para los cristianos un solo dios, y el Hijo existía antes que su madre. Podemos decir, salva sea la distancia, que el Hijo, no menos que el Padre, es el padre del hijo. Y que Dios da cumplimiento así (en su encarnación terrena) a su esencia de Autoengendrado, como ya la cumplió en el principio de los tiempos.

En la película nunca se dice que Reese sea el hijo de Sarah en el futuro. Su edad lo impide (si cotejamos las fechas de las escenas de 1984 y de 2026 en las que aparece). Sería por edad más bien un "nieto" de Sarah, o un hijo adoptivo de John Connor. Pero aquí no hablamos de sentidos literales e históricos, sino de ecos, fantasías y sugerencias. Si John Connor era la "father figure" de Reese, tal como sugieren las primeras versiones del guión, lo que hace Reese es (si no engendrarse a sí mismo) sí engendrar a su propio padre—seducido por la leyenda de su abuela Sarah.

No es una lectura que haga la película de modo explícito, pero sí que nos empuja en cierto modo a ella. La figura de John es muda y oscura incluso en las primeras versiones del guión. Su papel se va reduciendo conforme nos acercamos a la versión filmada. En las versiones primeras del guión, John es "una figura imponente", líder de los rebeldes contra las máquinas, que salva a Reese, y a su vez al parecer muere a manos de un Terminator. En la versión filmada se habla de él pero no se le ve ni se le distingue—es un mito, o un constructo, o paisaje de fondo. Es Reese lo más parecido a un líder entre los rebeldes; es él quien tiene la foto de Sarah, no John; John sólo es el transmisor de la foto, si transmisión ha habido, y el autor del mensaje de ánimo que envía a Sarah por medio de Reese. En la primera versión del guión, el mensaje del futuro contenía un aviso sobre cómo terminar con el Terminator; luego ni eso queda. Lo más importante que viene del futuro no es el Verbo, sino la carne, Reese mismo, al parecer con desconocimiento de su misión de Inseminator—pero quién sabe...

La Máquina del Tiempo existe. Es el cine, es la narración. La narración, y la paralógica retrospectiva que le es inherente, el hindsight bias, es nuestra experiencia cotidiana de viaje en el tiempo.

La ficción del viaje en el tiempo invita al ser humano, inevitablemente, a volver sobre su propio pasado y engendrarse a sí mismo, una fantasía de retroacción absoluta que es la Encarnación, en el seno del guión, del caso límite que pide la paradoja temporal.  Algo hay de estos autoengendros en toda narración que adecúa sus principios y planteamientos para que los finales salgan como tienen que salir, asegurando así que haya coherencia aun en medio de esa paradoja que es intervenir a distancia en el pasado, o en el futuro. Y narrarlos ya es intervenir en ellos—aunque no sabemos si lo suficiente. 




 
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viernes, 5 de junio de 2015

Sin Destino

Comentamos algunos aspectos metaficcionales de la serie de películas 'Terminator', en particular las partes 2 y 3, en su relación con la lógica de la narratividad y con la dinámica de la retrospección anticipada. Se trata de una dimensión estructural esencial en toda narración fílmica, pero que se tematiza de modo especial en las películas que versan sobre conclusiones profetizadas, paradojas temporales y viajes en el tiempo.



 hindsight mirror 2
English abstract: 
NO FATE:
 A commentary on some metafictional aspects of the 'Terminator' film series (esp. Parts 2 and 3) as they relate to the logic of narrativity and the dynamics of anticipated retrospection, a structural dimension essential to filmic narration generally, but foregrounded in films about foregone conclusions, temporal paradoxes and time travel.

Note: Downloadable document is in Spanish.
Number of Pages in PDF File: 8




_____. "Sin Destino (No Fate). Academia 6 Jan. 2017.*
         2017
_____. "Sin Destino (No Fate)." ResearchGate 8 Jan. 2017.*
         2017







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