Mostrando entradas con la etiqueta Gays. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gays. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de junio de 2024

Origen Pirata de la Bandera Gay

 



Rocafort, Guillermo. "Piratas: El verdadero origen de la bandera gay." ÑTV España 21 May 2022.*

         https://ntvespana.com/21/05/2022/piratas-el-verdadero-origen-de-la-bandera-gay-por-guillermo-rocafort/

         2024

Kronos Restaura. "Restauración de las banderas de la Catedral de Sigüenza." Kronos Servicios de Restauración 6 June 2016.*

https://kronosrestaura.wordpress.com/2016/06/06/banderas-drake-siguenza/

         2024

"Wallenstein". "Las banderas capturadas a Francis Drake en Lisboa." Alabarda, Pica y Mosquete 12 Oct. 2016.*

         http://alabarda-pica-ymosquete.blogspot.com/2016/10/las-banderas-capturadas-francis-drake.html

         2024




A Gay Knight

Bandera gay de Drake

miércoles, 28 de junio de 2023

martes, 6 de julio de 2021

ISLAMOFILIA Y HOMOFOBIA

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Thought Police



 

 

Muchas opiniones morales que hace poco eran mayoritarias se han convertido en ilegales e inexpresables en España, y en toda Europa y Occidente. Esto no es normal, y señala además una contradicción en el sistema mismo de libertad de opinión y de expresión.

 

—oOo—

sábado, 27 de junio de 2020

Instrumentalización de la causa –y del Instituto

jueves, 25 de junio de 2020

Secretos Públicos de Sauna Gay

jueves, 1 de agosto de 2019

Vox sobre el Orgullo Sectario

sábado, 29 de junio de 2019

El catalanismo gay



La presuposición del Orgullo Naci es que ser anticatalanista es ser homófobo, y que los gais por definición son separatas.

Y no sólo en Cataluña, sino en el resto de España, se está trabajando mucho por oponer la bandera arcoiris a la bandera española, del modo más falsario y simplista, y convirtiéndola así en una bandera eminentemente antiespañola. Por la vía de los hechos y de sus usuarios, la bandera arcoiris es, cada vez más explícitamente, una bandera antiespañola. Así que habrá que pernsarse por qué hay partidos constitucionalistas que insisten en ponérsela en el logo.

Cada cual verá la cuenta que le trae, porque la bandera arcoiris no garantiza nada sino buenismo aparente y sectarismo real—mientras que los derechos más amplios del mundo para homosexuales y transexuales y demás son las leyes españolas las que los garantizan. Paradojas de la vida.




—oOo—

martes, 9 de abril de 2019

Vox sobre el matrimonio unisexual —y Ciudadanos

sábado, 26 de mayo de 2018

Retropost (26 de mayo de 2008): Gods and Monsters


20080530150816-godsandmonsters.jpg


Esta es una película de la tradición solidaria gay—ya se sabe, Dios los cría y ellos se juntan, como hombre y mujer. Así tenemos a Benjamin Britten interesado en hacer óperas sobre obras de Henry James o de Melville: Billy Budd, una de marineros pero sin ballenas, con libreto de E. M. Forster, y cantada por Peter Pears. O aquí en Gods and Monsters tenemos a Ian McKellen, que hace tiempo dejó el armario (si es que jamás examinó sus interioridades) interpretando a James Whale, adaptado por Bill Condon (—que ostras qué nombre el de este hombre, en español—), y sobre una novela de Christopher Bram, vamos, que entre todos deben ser medio lobby gay. Aunque la historia termina con Brendan Fraser como padre de familia, y empieza con Mary Shelley que tampoco era gay, o con el monstruo de Frankenstein, que como todo el mundo sabe era heterosexual vocacional—vamos, si hasta Whale se molestó en buscarle novia. De eso va la peli también, vamos—que a fin de cuentas los gays están rodeados, son minoría vista con suspicacia, y hay sus muchas dificultades de encaje en la sociedad heterosexual, cuando no persecuciones de esas típicas de la horda de labriegos con horcas y guadañas y horcas de las otras corriendo tras el monstruo para emplumarlo o empalarlo o sacarlo del armario o meterlo en él o lo que juzguen oportuno. Da gusto ver una película tan cuidada hecha por semejante equipo, y merecía sin duda varios oscars, empezando por el de McKellen tremebundo como Whale, viejo gay retirado ya de la vida loca pero aún arriesgando a su manera, y siguiendo por el director (que de hecho se llevó un oscar como guionista adaptador), por el fotógrafo, por el maquillaje, ambientación.... vamos, que hay que verla por gusto. Especialmente divertidas son las escenas que juegan a recrear el rodaje de La Novia de Frankenstein, o los versionados de la Frankenstein original, con Whale/McKellen como monstruo... película metafílmica pues, para vocacionales de las de terror clásico, ese género que ya en los años 50 daba risa, como le da al propio Whale aquí. Y su criada, Lynn Redgrave, qué maravilla de actuación, haciéndole asquillos a los vicios de su patrón, debería casarse con ella, que le quedase la casa. Total, con el joven jardinero Boone (Brendan Fraser) no liga, que es hetero-duro: y éste es el centro de la película, la relación entre un viejo gay artístico (Whale/McKellen) y un viril homófobo (Brendan Fraser/Boone) que se sienten atraídos mutuamente aunque no precisamente de la misma manera. Tiene sus momentos-denuncia, naturalmente, con divertidas parodias de los prejuicios homófobos del público de a pie. Otras veces en cambio parece que se les cae demasiado la baba conjuntamente a Whale, McKellen, Condon y Bram juntos, cuando ponen al joven cachas hetero en situación de vulnerabilidad erótica frente a McKellen—recuerdan estas escenas ("ay cámbiate la ropa, que te has mojado, huy, no tengo pantalón de pijama para prestarte", etc.) a comedias heterosexuales parecidas, con la tía buena artificialmente exhibida, o más exactamente, a alguna película machota sobre una lesbiana que está buenísima y que hay que convertirla al sexo del bueno. Vamos, que el equipo no se corta de ensoñaciones gayescas, reubicando al macizo jardinero Boone fantasiosamente en un promiscuo paraíso de orgía piscinera, o poniéndolo en situación casi casi de sufrir agresiones sadomasoquistas, en cueros y con una máscara de gas puesta, con fálicos tubos colgando... Allí el white Whale de la película no se puede reprimir y ya le salta encima al jardinero a meterle mano ("ups, le ruego me perdone usted"). Allí ya no se sabe quién fantasea, una fantasía colaborativa quizá, pero va sugerida con la fea máscara el tema ese del sado peligroso, y hasta eso que hacen los gays ingleses de cortarse la respiración y medio asfixiarse para disfrutar más—eso no es sexo seguro, Bill. La máscara que le pone Whale al jardinero le ponía a Whale porque le recordaba las trincheras de la Primera Guerra Mundial, donde aparte de las cartas a la novia había todo un universo gay subterráneo entre sacos terreros—que le pregunten a Wilfrid Owen y Pat Barker. A esos recuerdos regresa Whale cada vez más frecuentemente, por disfunciones y colapsos cerebrales, que sirven de excusa focalizadora para bonitos flashbacks—Aunque le criticaría yo aquí al decorador que las trincheras están demasiado limpias y nuevas. En fin, en cualquier caso es inverosímil que el homófobo semidesnudo se deje meter la máscara de gas por el peligroso vejete—aquí desbarra un poco la fantasía. E incluso es inverosímil, también, que se preste a acompañarlo a la fiesta de Hollywood como un equívoco amante; eso está out of character después de los gritos que le había echado a Whale por mirarlo lujuriosamente, y pertenece como digo a la fantasía ésta gay de "ójala los pudiésemos convencer, a estos estrechos de heterosexuales, ójala les pudiésemos cambiar el cerebro", un poco como lo de convertir lesbianas macizas a base de besazos viriles y castigadores, vamos... Este Whale, deseoso de acabar su vida ya, por sus problemas neuronales, quería terminarla en un espasmo orgiástico y un regreso simbólico a la trinchera, mientras es estrangulado por su bello jardinero. Cosa que no consigue, y mira que se esfuerza. Me parece una relación ésa menos recomendable que la otra escena que comparten de "vive y deja vivir" mientras se fuman un puro juntos. Bueno, dos puros, guardemos las distancias, que con el simbolismo púrico ya va servido Condon. En cualquier caso la película es tristemente realista cuando Whale recurre a ahogarse en su piscina gay, a falta de muerte más dulce. Y después de pescarlo lo vuelven a echar al agua, el buen jardinero y el ama de llaves, para no involucrar al Boone que en efecto es ficticio y así se libra de salir en la Historia. Flota Whale casi con gracia y abandono, pero... Al parecer la nota de suicidio de Whale era también más pesimista en la realidad que en la película. De esta experiencia el jardinero parece sacar la conclusión de buscarse vida de pareja (hétero) en lugar de la vida promiscua y hetaira que llevaba hasta entonces. Se casa y hace un niño en vez de un monstruo—no sé si se desprende todo esto de la relación con Whale, realmente. Sí le había quedado claro eso de que no es bueno que el hombre esté solo, pero igual más bien aprende de la novia que se echaba Frankenstein. Pues insistamos que en cuanto al monstruo (a quien termina imitando a solas por la noche el jardinero Brendan/Boone), si bien es buena alegoría del perseguido, y de reproducciones sin mujeres, no es para nada gay: es feo, romántico y heterosexual. No me acaba de convencer el final para una película de gays militantes—por lo menos no para una alegre. Cierto también que un gay viejo y enfermo y sin pareja es con frecuencia un gay triste; la película hace lo que puede por endulzarlo, pero al fin y al cabo culmina en un suicidio, y la expresión sweet suicide sólo me suena de aquella canción de Patti Smith.

Gods and Monsters. Dir. Bill Condon. Screenplay by Bill Condon, based on Christopher Bram’s novel Father of Frankenstein. Cast: Ian McKellen, Brendan Fraser, Lynn Redgrave, Lolita Davidovich, David Dukes, Kevin J. O’Connor. Regent Entertainment, 1998. Spanish DVD: Dioses y monstruos. Madrid: Columbia Tristar Home Video, 1999.* (Oscar for best adapted screenplay).


—oOo—

sábado, 16 de septiembre de 2017

Retropost #1787 (16 de septiembre de 2007): Hairspray

Hairspray

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa


Hairspray
Parece como si aún saliésemos de ver la vieja Hairspray de 1988, de John Waters, y nos metemos a ver la nueva versión musical, corregida y aumentada de talla por si hacía falta. La Travolta está divina, y los demás no se quedan parados; los colores son brillantes, los peinados molan, los bailes espectaculares, las canciones buenísimas y el ritmo contagioso. Salimos del cine bailando como gordas, así que queda recomendada de todas todas.

Supuestamente la película va a favor de la integración erótico-social de las marujas y de las tallas grandes, contra la estética Barbie, y a favor de la sociedad multirracial y mezclada, sin complejos ni apartheids legales o mentales. No sorprende que sea la batalla siempre por ganar, y que el Baltimore racista de hace cuarenta y cinco años, cuando éramos pequeñitos, sea una metáfora adecuada de la separación de facto entre círculos blancos y negros en los USA (o en cualquier otro sitio) hoy en día. Muy claro quea cuando hay que protestar contra las leyes discriminatorias, pero yo recuerdo que en los tiempos de la primera Hairspray en el comedor de la universidad americana Brown, que hacía gala de su política de affirmative action, por supuesto los blancos se sentaban con los blancos y los negros con los negros sin que nadie les prohibiese ni les dijese nada; y era lo normal... no se fuese nadie a pensar que se buscaba poner en evidencia a la gente, porque (por racismo invertido, o sin invertir) las minorías necesitan su espacio, o lo tienen aunque no lo necesiten. Y así sigue la cosa parecida en muchos aspectos.

Digo lo de que supuestamente defiende la película, porque aunque es explícita y elocuente en la defensa de los negros, y las gordas, y las gordas negras, y de las amas de casa, sigue siendo el caso que los negros tienen un papel secundario y que las gordas juegan un papel ambivalente: por una parte siguen siendo, como siempre, entes inherentemente cómicos, y por otra lo llevan con alegría y ritmo ejemplares, algo desde luego aconsejable en cualquier caso.

También "supuestamente", digo, porque hay otra cuestión sobre la que la película no dice nada, sólo hace: en su llamada a la lucha contra los prejuicios y barreras mentales, y a favor de la mezcla bailona de estilos, subculturas y maneras de ser, no menciona nunca a las homosexuales—cuando ahora (aunque no en 1962) son los gays y lesbian@s y los transexuales heterosexuales (whatever that means) los que están embarcados en una lucha por derechos civiles. La integración de finales del XX y principios del XXI tiene a las autoridades y al público general desconcertados, haciendo gestos tímidos, o atrevidos, o contradictorios, o evitando hablar del tema en lo posible muchas veces. Esta película, como digo, trata el asunto por la vía ambivalente de no mencionarlo, pero incluyendo a Travolta, como al travestí Divine en la película anterior, en plan gorda alocada en el papel de Edna Turnblad. Pero claro, ahí estamos trabajando con marcos distintos de realidad (y se cuidan de evitar escenas de besos etc.). Así que el alegato a la vez es y no es, sugiere pero no se pronuncia, y defiende como sin atreverse. Pero sí hace pensar "educadamente y sin ofender a nadie" en la analogía entre los negros discriminados de 1962, los homosexuales discriminados de 2002, o las gordas discriminadas de facto si no por ley (mucho más eficaz el de facto) en la cultura de la imagen. Aunque a veces van las gordas y a base de sudárselo ganan Operación Triunfo. Pero con la energía hay que echarle, si es que hasta adelgazas por el camino.

Hairspray. Directed by Adam Shankman. Screenplay by Leslie Dixon, based on John Waters's film Hairspray and the musical play by Mark O'Donnell. Cast: Nikki Blonsky, John Travolta, Michelle Pfeiffer, Christopher Walken, Amanda Bynes, James Marsden, Queen Latifah Brittany Snow, Zac Efron, Elijah Kelley, Allison Janney, Taylor Parks, Paul Dooley, Jerry Stiller. Music by Marc Shaiman. Cinematog., Bojan Bazelli. Ed. Michael Tronick. Prod. des. David Gropman. Art dir. Dennis Davenport. Prod. Neil Meron, Craig Zadan. USA: Gabriel Simon / Storyline Entertainment / Ingenious Film Partners / New Line Cinema / Zadan/Meron, 2007.




sábado, 12 de noviembre de 2016

Retropost #1224 (12 de noviembre de 2006): Gays, árabes, judíos y el Papa

Gays, árabes, judíos y el Papa

Publicado en Ideología. com. José Ángel García Landa

Los ortodoxos judíos, furibundos contra la autorización de la marcha del "Orgullo Gay" en Jerusalén, lograron tras abundantes disturbios que las autoridades redujeran la marcha a una concentración en un estadio cerrado. Aunque había habido grupos radicales que ofrecían 3000 dólares por cada gay muerto ese día (según nos informa la poco sospechosa COPE), por fin hubo relativamente pocos incidentes; eso sí, 30 gays detenidos por desfilar sin autorización fuera del estadio.

El Vaticano emitió una nota de protesta no contra las amenazas de muerte ni contra la intolerancia de los radicales, sino... contra los gays, naturalmente. Por ir por ahí provocando con su existencia. En la Ciudad Santa. El Papa no ha considerado oportuno, en cambio, condenar la política asesina de Israel y sus asesinatos de civiles estos últimos días; como EE.UU., aquí corre un tupido velo, y aplica un embudo de calibre 1/10.000.

En un artículo de la BBC, Peter Tatchell  contrasta  la  problemática tolerancia de las autoridades judías con la  persecución activa y brutal de que son objeto los gays por parte de las autoridades palestinas y otros gobiernos árabes de la zona. Una zona donde se cuecen habas a calderadas, claro.

Hay que decir que si hay algún sitio en Jerusalén donde se hayan oído críticas públicas no sólo a la homofobia atmosférica de la zona sino también a la política terrorista israelí y a los ataques criminales de su ejército contra civiles palestinos, es en este festival de gays y lesbianas. Puestos a meterse en líos, mejor meterse hasta el corvejón...





—oOo—

lunes, 22 de junio de 2009

Lost in the Bollosfera

Me cita Farala, que según me dice nos conocemos, en un artículo sobre la blogosfera lésbica que ha escrito, "Por fin una galaxia propia: las lesbianas y sus blogs." Es una comunidad especialmente comunitaria, esta de los blogs lésbicos, llama la atención el fenómeno de autoidentificación con la comunidad—que Hester de La Letra Escarlata llama affidamento. Entre los comentarios que le hago al respecto:

Igual se podría relacionar el affidamento a otros fenómenos de conciencia de grupo, o de clase, que tienen lugar cuando hay un conflicto político alrededor de un grupo social concreto, con creación de lazos y reforzamiento de identidades y mecanismos de identificación y autoimagen, para desarrollo de autoconfianza, reclamación de derechos políticos, etc. (pienso en cuestiones como el feminismo en general, o el orgullo gay o el Black Power etc.) – muchas veces es la propia articulación pública y politizada de la problemática hasta entonces personal o privada de un sujeto dado lo que lleva a desarrollar actitudes de identificación, supongo, y pasar a autoconcebirse o autodefinirse uno como esencialmente afiliado a un grupo, o sea no "soy periquito los palotes, mecánico" sino "soy periquito, negro y orgulloso de serlo", o "soy periquita, lesbiana (o sea, ante todo y como carta de presentación)". También sería interesante ver historias compartidas de trayectorias narrativas comunes o anécdotas identitarias compartidas y arquetípicas (por ejemplo de afirmación de la propia identidad sexual en confrontación con el medio ambiente, historias de "cuándo me dí cuenta que era", de la salida del armario…. O también historias de desidentificación con la comunidad, desencanto o toma de distancias, reformulación de la identidad tras una fase de afiliación entusiasta con el grupo, afiliaciones con grupos específicos dentro del grupo, etc. —aunque sí que hablas algo de estas variaciones al final, igual da tema esto para otro artículo. (....)

Otra cosa que llama la atención en los blogs de lesbianas, y que no veo tanto en otros, es lo explícito e insistente y poco cortado de la búsqueda de apoyo emocional, y no sólo la búsqueda sino cómo se da espontáneamente, es un protocolo comunicativo ambiental a la vez un tanto característico de los blogs en general pero muy exacerbado en esta comunidad. No sólo en red, supongo, por otra parte, sino también en directo, aunque ahí tengo menos experiencia. Otra cosa, no sé si soy yo o si es la blogosfera, pero ¿no hay muchísimos más blogs, o por lo menos más llamativos, y más comunitarios y comunicados, de lesbianas, que blogs de gays? A mí a puro ojímetro me llama mucho la atención esta diferencia, porque se supone que podrían ser dos colectivos con voluntad de afiliación, de creación de comunidad etc. similares, y no me cabe duda de que lo son, pero es que para mí al menos los blogs de gays son casi invisibles comparativamente. Y no entiendo por qué: pero la razón, si la hay, supongo que diría tanto sobre la comunidad lésbica como sobre la gay. Qué diría… pues de eso ni idea ni sugerencias. Tampoco sé si a ti te produce la misma impresión, bueno, desde un blog metido en un círculo lésbico tampoco sería de extrañar que no vieses más que lesbianas por todas partes, lo raro es que me pase a mí que paso por allí periféricamente, que el 90% de los blogs de homosexualidad que me encuentro son de lesbianas.

—¿más verbalizadoras e interactivas las mujeres? Seguramente. Pero yo creía que los gays eran excepción, precisamente, en esto. Igual es que, sencillamente, empezaron en los foros y se quedaron mayormente allí, sin pasarse a los blogs en masa. Las comunidades tienen dinámicas propias que, aunque sí son narrables, son imprevisibles.


Mi fotoblog

Mi fotoblog
se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.