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domingo, 25 de noviembre de 2018

El Brexit como fatídico narcisismo nacionalista


Y como ataque de xenofobia cateta reprimida y desatada de golpe....

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viernes, 6 de octubre de 2017

Retropost #1810 (6 de octubre de 2007): Espejito, espejito

Espejito, espejito

Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa


A photo on Flickr

Sobre vanidad de la escritura y en la escritura... hay un bonito artículo, "Literatura y cosmética",  reproducido en Apostillas Literarias. Irresistible para mí, que tengo por la vanidad un interés casi profesional. Le comento:

Los escritores son vanidosos (ellos, yo no), pero no se les tiene que notar: la vanidad ostentosa tira para atrás. Aunque tanto más taimada es la vanidad de los escritores "humildes", y para vanidad torticera la de los que no se llegan ni siquiera a enterar de lo vanidosos que son. Cree el ladrón, me dirá algún humilde observador.


Me ha gustado mucho el primer párrafo:

Es difícil no enamorarse por carta, por correo-e o por Messenger. Nada enamora más que la distancia, que la espera, que la impotencia, la imposibilidad de poseer al otro ahora mismo. El amor se nutre de los aplazamientos; el sexo puede detestar la impotencia, el amor es finalmente siempre una forma de ésta. Amamos lo que no tenemos, porque es nuestra única forma de tenerlo. O de sentir al menos por un segundo que lo tenemos. Amamos a la que se fue, porque a través de las cartas, de los Messenger, de la urgencia siempre aplazada de nuestros sentimientos, podemos mentirnos y pensar que no se ha ido. Amar es en gran parte una forma de salvar las distancias, de negar la muerte -esa distancia final.

Y siguiendo esa lógica, supongo que si amarse a sí mismo es como podría decir Wilde la más continuada historia de amor—el narcisismo del escritor es en parte una manera crear esa distancia necesaria para amarse, y también de intentar preservar el tiempo, de salvar la distancia que nos separará (también) de nosotros mismos. Pero esa distancia sin embargo ya nos separa de todo lo que hemos sido y de todo lo que hemos escrito, manchas de tinta o rastros de letras que vamos dejando por los días.




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miércoles, 26 de julio de 2017

Retropost #1709 (26 de julio de 2007): Bloggers

Bloggers

Publicado en Blogs. com. José Ángel García Landa


Leyéndome un informe del Pew Internet & American Life Project del año pasado, Bloggers: A Portrait of the Internet's New Storytellers, veo que soy un bloguero (americano) muy típico en algunos aspectos, y muy atípico en otros, lo cual debe sucederme con cualquier estadística que se consulte.
Algunos de los parámetros que miden:

- La mayoría de los bloggers no habían publicado nada antes en otros medios. Yo sí, como una amplia minoría (el 44%). Dada la facilidad de la tecnología para publicar y la accesibilidad... parece poco porcentaje el de los que se lanzan. Teniendo en cuenta sobre todo que son mayormente jóvenes.

- Lo de jóvenes: relativo. El 54% tienen menos de 30 años, pero eso quiere decir que el 46% tienen más de 30 años. Tampoco críos, y menos en España; en Francia sería otra cosa, con los skyblogs. Aquí me dice Álvaro que esto de los blogs es cosa de viejos (lo asocia conmigo, claro).

- Tema del blog: el mío, de tema múltiple y tipo diario personal, "my life and experiences", tema mayoritario en la blogosfera (37%) seguido de la política (11%) —y más atrás, deportes (6%), noticias y actualidades (5%), negocios (5%), tecnología (4%), y hobbies o enfermedades personales (1%). Ahora bien, me temo que lo que yo entiendo por "mis experiencias" no está tan generalizado. Porque son mías, claro. Es atípico también el hecho de que los bloguers "ancianos", o sea mayores de 30 años, suelen limitarse a un tema único o blog especializado, mientras que los jóvenes, o los inmaduros, somos más eclécticos.

– Los bloggers son un poco más alternativos o minoritarios, en USA. Son indistintamente hombres o mujeres, pero hay más tendencia a bloguear entre las minorías culturales. Ligera.

– El tema pseudónimos, que siempre me ha interesado. La mayoría de los blogs son pseudónimo-anónimos (el 55%), aunque hay una importantísima minoría de blogs firmados con la identidad "real" (46%)—como el mío, pues en contra de lo que muchos puedan suponer, no soy un ser de ficción inventado por una bibliotecaria aburrida.

– Para la mayoría (84%) el blog es un hobby y algo a lo que no se dedica demasiado tiempo. Sólo uno de cada diez blogueros pasa diez horas o más por semana dándole al blog, como hago yo. Un 52% escriben mayormente para el público, un 32% para sí mismos. Yo aquí me apunto a las dos respuestas—porque qué sería de mí sin mi público.

– Las principales razones para bloguear son la expresión creativa y el compartir experiencias personales. En mi caso también. Compartirlas no sé con quién, la verdad, pero en ello estamos. Otras motivaciones también las comparto: mantenerme en contacto con la familia (o más bien al revés), compartir conocimientos, motivar o concienciar a otras personas, entretener a la gente, acumular información... en orden descendente. Y lo que menos: conocer a gente nueva (??—vaya, qué pocos, yo tenía más esperanzas, aunque), y ganar dinero. Aún un 7% que espera ganar dinero me parecen un 7% de ilusos, pero bueno...

- Sólo un 34% consideran esto una forma de periodismo; el 65% no. Yo sí, en sentido literal (es periódico como una sequía), aunque ya sé que no es la Reuters.

– Los blogueros son (somos) más creativos, más comunicativos, más enterados, más críticos y más intensos usuarios de internet que otros usuarios de Internet. Normal.

– El 87% permiten comentarios, y el 43% (¿sólo? Extraño ) incluyen un blogroll.

– La gente no sabe (no sabía el año pasado) lo que es el RSS o no lo usa. Aún queda mucho por desarrollar...

Y un trocito a relacionar con la cultura de la vanidad:

"Algunos observadores sugieren que los blogs no son sino el siguiente paso de una cultura naciente del narcisismo y del exhibicionismo espoleada por los reality shows y otros elementos del ecosistema mediático actual. Pero otros sostienen que los blogs prometen una democratización con voces que pueden ahora saltarse los filtros institucionales de los medios tradicionales. Se piensa que esta democratización tiene implicaciones para la práctica e industria del periodismo además de para el futuro del discurso cívico y político."

... temas todos que me interesan. Tanto el conflicto de voces como el lado vanitatum de la cuestión, pues ambos tienen parte de razón. Lo que no queda claro del estudio es si los blogueros han notado alguna diferencia en su cultura de la vanidad, o en su práctica política y democrática, gracias a su blog. Yo, bastante, aunque principalmente de puertas adentro. Las consecuencias sociales y políticas aún están por desarrollar; el medio ambiente y mi público siguen en general sin reaccionar al nuevo medio, salvo honrosas.

Y sobre "storytellers" propiamente, poco hay en el estudio. El tema de la narratología del bloguing queda apuntado y por desarrollar.



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domingo, 4 de mayo de 2014

The Americanization of Narcissism

BOSTON PSYCHOANALYTIC SOCIETY AND INSTITUTE

HANNS SACHS LIBRARY


invites you to

MEET THE AUTHOR

Elizabeth Lunbeck, PhD    


The Americanization of Narcissism 

Harvard University Press, 2014 



Tuesday, May 20, 2014



169 Herrick Rd, Newton MA 02459



    7:45 p.m. reception

    8:15 p.m. book discussion

    9:30 p.m. book signing



 

About the Book:   

 American social critics in the 1970s, convinced that their nation was in decline, turned to psychoanalysis for answers and seized on narcissism as the sickness of the age. Books indicting Americans as greedy, shallow, and self-indulgent appeared, none more influential than Christopher Lasch's famous 1978 jeremiad The Culture of Narcissism. This line of critique reached a crescendo the following year in Jimmy Carter's "malaise speech" and has endured to this day.


But as Elizabeth Lunbeck argues, the American critics missed altogether the breakthrough in psychoanalytic thinking that was championing narcissism's positive aspects. Psychoanalysts had clashed over narcissism from the moment Freud introduced it in 1914, and they had long been split on its defining aspects: How much self-love, self-esteem, and self-indulgence was normal and desirable? While Freud's orthodox followers sided with asceticism, analytic dissenters argued for gratification. Fifty years later, the Viennese émigré Heinz Kohut led a psychoanalytic revolution centered on a "normal narcissism" that he claimed was the wellspring of human ambition, creativity, and empathy. But critics saw only pathology in narcissism. The result was the loss of a vital way to understand ourselves, our needs, and our desires.
Narcissism's rich and complex history is also the history of the shifting fortunes and powerful influence of psychoanalysis in American thought and culture. Telling this story, The Americanization of Narcissism ultimately opens a new view on the central questions faced by the self struggling amid the tumultuous crosscurrents of modernity.

"A penetrating intellectual history of perhaps the most important decade of American psychoanalysis. Lunbeck reveals the basic machinery of psychoanalytic discourse in the context of historical and cultural movements of the fin de siècle. It is a highly entertaining and deeply edifying read" - Peter Fonagy, University College London.

"Lunbeck brilliantly conveys the ins and outs of narcissism in the past century. With a historian's insight, she marshals sources from the popular press to the academic and psychoanalytic literature to produce a highly readable book that will be of very great interest to a broad range of readers" - Anton O. Kris, Harvard Medical School. 

About the Author

Elizabeth Lunbeck teaches courses in the history of psychoanalysis in the Department of the History of Science at Harvard and is a candidate at the Boston Psychoanalytic Society and Institute.


Books are on sale in the library at a discounted price!

sábado, 28 de enero de 2012

El espíritu y la sustancia de su conexión

Que no se diga que Hegel no tiene nada que ofrecer a la blogosfera—o a la facebooksfera, no nos cortemos de llamarla así, que el término anterior ya parece periclitado y sin embargo éste último no acaba aún de decidirse a aparecer, quizá por vergüenza de vernos contenidos en una empresa privada. La sección sobre el alma bella en la Fenomenología del Espíritu parece cortada a medida para la esfera moral de buenas intenciones, expresión de la mismidad, actuación mediante la palabra, y pactos de adoración mutua, características todas que florecen en la comunidad de los sujetos angélicos manifestados en la red. Cursivas de Hegel; negritas añadidas.


El espíritu: El alma bella

Así, pues, la buena conciencia pone en su saber y en su querer el contenido, cualquiera que él sea, en la majestad de su altura por encima de la ley determinada y de todo contenido del deber; es la genialidad moral que sabe la voz interior de su saber inmediato como voz divina y que, al saber en este saber no menos inmediatamente el ser allí, es la divina fuerza creadora que tiene en su concepto la vitalidad. Es también el culto divino en sí mismo, pues su actuar es la intuición de esta su propia divinidad.

Este solitario culto divino es, al mismo tiempo, esencialmente, el culto divino de una comunidad, y el puro interior saberse y escucharse a sí mismo pasa a momento de la conciencia.  La intuición de sí es su existencia objetiva, y este elemento objetivo es la enunciación de su saber y querer como un universal.  Mediante esta enunciación, se convierte el sí mismo en lo vigente y la acción en el obrar que ejecuta. La realidad y la persistencia de su actuar es la autoconciencia universal; pero la enunciación de la buena conciencia pone la certeza de sí mismo como sí mismo puro y, con ello, como sí mismo universal; los otros dejan valer la acción por razón de este discurso, en que el sí mismo es expresado y reconocido como la esencia. El espíritu y la sustancia de su conexión es, por tanto, la mutua aseveración de su escrupulosidad y de sus buenas intenciones, el alegrarse de esta recíproca pureza y el deleitarse con la esplendidez del saber y el enunciar, del mantener y cuidar tanta excelencia. En la medida en que esta buena conciencia distingue todavía su conciencia abstracta de su autoconciencia, tiene su vida solamente recóndita en Dios; Dios se halla presente, indudablemente, de modo inmediato, ante su espíritu y su corazón, ante su sí mismo; pero lo patente, su conciencia real y el movimiento mediador de la misma, es para él un otro que aquel interior recóndito y la inmediatez de su esencia presente. Sin embargo, en la perfección de la buena conciencia se supera la diferencia de su conciencia abstracta y de su autoconciencia. Aquélla sabe quela conciencia abstracta es precisamente este sí mismo, este ser para sí cierto de sí; que en la inmediatez de la relación entre el sí mismo y el sí, que , puesto fuera del sí mismo es la esencia abstracta, y lo oculto ante ella, se supera precisamente la diversidad. En efecto, aquella relación es una relación mediadora, en la que los términos relacionados no son uno y el mismo, sino que son cada uno de ellos entre sí un otro y sólo son uno en un tercero; pero la relación inmediata no significa de hecho otra cosa que la unidad. La conciencia, elevada por encima de la carencia de pensamiento de mantener todavía como diferencias estas diferencias que no lo son, conoce la inmediatez de la presencia de la esencia en ella como unidad de la esencia y de su sí mismo, conoce por tanto su sí mismo como el en sí vivo, y conoce que este saber suyo es la religión, que, en tanto que saber que tiene una manifestación externa, es el lenguaje de la comunidad acerca de su propio Espíritu.

Vemos, así, cómo la autoconciencia ha retornado ahora a su refugio más íntimo, ante el que desaparece toda exterioridad como tal, a la intuición del yo = yo, donde este yo es toda esencialidad y toda existencia. La autoconciencia se hunde en este concepto de sí misma, pues se ve empujada a su máximo extremo y de tal modo, además, que los momentos diferenciados que hacen de ella algo real, o algo que todavía es una conciencia, no son para nosotros solamente estos puros extremos, sino que lo que ella es para sí, lo que es en sí para la conciencia y lo que para ella es ser allí, se volatilizan como abstracciones que ya no tienen para la conciencia misma ningún punto de apoyo, ninguna sustancia; y todo lo que hasta ahora era esencia para la conciencia se retrotrae a estas abstracciones. Depurada hasta tal punto, la conciencia es su figura más pobre, y la pobreza, que constituye su único patrimonio, es ella misma un desaparecer; esta absoluta certeza en que se ha disuelto la sustancia es la absoluta no verdad que se derrumba internamente; es la absoluta autoconciencia en la que se sumerge la conciencia.

Considerado dentro de sí mismo este hundirse, para la conciencia la sustancia que es en sí es entonces el saber como su saber. Como conciencia, se separa en la oposición entre sí y el objeto que es para ella la esencia; pero este objeto precisamente es el objeto perfectamente transparente, es su sí mismo, y su conciencia es solamente el saber de sí. Toda vida y toda esencialidad espiritual se ha retraído a este sí mismo y ha perdido su diversidad con respecto al yo mismo. Los momentos de la conciencia son, por tanto, estas abstracciones extremas, ninguna de las cuales se mantiene firme, sino que se pierde en la otra y la engendra. Es el trueque de la Conciencia Desventurada consigo, pero un trueque que para ella misma se produce dentro de sí y que es consciente de ser el concepto de la razón, que aquélla sólo es en sí. La absoluta certeza del sí mismo se trueca, pues, de modo inmediato, para ella misma como conciencia, en el apagarse de su sonido, en la objetivación de su ser-para-sí; pero este mundo creado es su discurso, que ha escuchado también de un modo inmediato y del que sólo retorna a ella el eco. Este retorno no tiene, pues, la significación de que en este acto la conciencia sea en sí y para sí, pues la esencia no es para ella un en sí, sino que es ella misma; ni tiene tampoco existencia, pues lo objetivo no logra llegar a ser un negativo del sí mismo real, del mismo modo que éste no alcanza realidad. Le falta la fuerza de la enajenación, la fuerza de convertirse en cosa y de soportar el ser. Vive en la angustia de manchar la gloria de su interior con la acción y la existencia; y, para conservar la pureza de su corazón, rehuye todo contacto con la realidad y permanece en la obstinada impotencia de renunciar al propio sí mismo llevado hasta el extremo de la última abstracción y de darse sustancialidad y transformar su pensamiento en ser y confiarse a la diferencia absoluta. El objeto hueco que se produce lo llena, pues, ahora, con la conciencia de la vaciedad; su obrar es el anhelar que no hace otra cosa que perderse en su hacerse objeto carente de esencia y que, recayendo en sí mismo más allá de esta pérdida, se encuentra solamente como perdido; —en esta pureza transparente de sus momentos, un alma bella desventurada, como se la suele llamar, arde consumiéndose en sí misma y se evapora como una nube informe que se disueve en el aire.

Aunque, habría que matizar, los juicios son también obras, una dimensión del "hacer cosas con palabras" que aquí subestima Hegel (¡de palabra la subestima, no de obra!). Y, por tanto, en la producción y exhibición del propio discurso ante los demás sí hay esa "fuerza de la enajenación" que él echa en falta.  En última instancia, además, todo es una nube informe que se disuelve en el aire, dust in the wind.



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