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jueves, 27 de marzo de 2025

Lamarck et la Philosophie Zoologique

 

Colloque en l’honneur du bicentenaire de la publication de Philosophie zoologique de Lamarck  (École Normale Supérieure, Paris, 29 juin 2009). (Archives de l'ENS). Avec des liens aux audios des conférences:

  Commençons par...

Le terme de l’animalité, modèle de la théorie de Lamarck — Stéphane Tirard (Nantes), le 29 juin 2009 à 9H15

 

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sábado, 21 de mayo de 2016

Retropost #933 (21 de mayo de 2006): Vuelve Lamarck


Jean-Baptiste Lamarck, aquel teorizador de la evolución de los seres vivos tan denostado por los darwinistas por creer en la herencia de los caracteres adquiridos... vuelve hoy. Aquí tenéis a un neo-Lamarckista (o mejor neo-neo-lamarckista, que ya hubo teorías neolamarckistas, que iban por otros derroteros, hace mucho tiempo).

Vuelve Lamarck primero un tanto calladito, en el marco de la teoría darwinista expandida tal como es expuesta por Stephen Jay Gould en The Structure of Evolutionary Theory (2002). Una teoría que no se basa sólo (como el darwinismo consensual que dominó la teoría evolucionista desde los años 30) en la selección natural al nivel de los organismos, sino que (manteniendo la importancia de ese factor) le añade otros niveles de análisis y explicación no contemplados por los darwinistas clásicos: la selección de genes y de linajes celulares en los niveles inferiores al organismo, y la selección de poblaciones, especies y clades como niveles progresivamente superiores al de los organismos. Si un organismo es un "individuo evolutivo", arguye Gould, también lo son los genes, especies o clades.
Bien, ¿y qué pinta en esto Lamarck? Porque desde luego Stephen Jay Gould se presenta a sí mismo como darwinista (aunque algunos disentirían), no como lamarckista. Gould defiende a Lamarck explícitamente en The Structure of Evolutionary Theory, dedicándole una sección entera del capítulo 3, "Seeds of Hierarchy" (cada capítulo de Gould sería un libro para otros autores). Allí trata Gould la aportación histórica de Lamarck al desarrollo de la teoría de la evolución, rescatándolo de su papel de tonto útil (etc) y, de modo más relevante para la articulación de la teoría central (multinivel, jerárquica) del libro, señala cómo Lamarck concebía la evolución como una interacción de dos factores: 1) uno principal, la evolución de los organismos por principios morfológicos internos, una marcha hacia el progreso y hacia la mayor complejidad de las formas vivas; y 2) un factor subordinado, la adaptación al medio ambiente, que puede desviar o invertir ese marcha predeterminada (del mono al hombre, por ejemplo, marcha progresiva; del homo sapiens al ciudadano fascista, adaptación al medio. Pongamos). Aquí es donde ve Gould las "seeds of hierarchy":
Lamarck therefore proposes two distinct sets of forces to construct what he regarded a s the two preeminent features of life: progress in linear order, and adaptation to environment. The interactions of these sets --not the causes or properties of either one-- establish the foundation of Lamarckism (2002: 181)
Gould sí cree en la adaptación al medio, explicada darwinianamente, y Gouldianamente (con la teoría del equilibrio puntuado). No cree en cambio en el progreso en orden lineal, excepto en el sentido en que la complejidad surge estadísticamente por variación a partir de las formas simples (que siempre resultan dominantes estadísticamente). O sea que no se va a declarar lamarckiano...
... aunque igual podría. Lamarck se volvió la risa de la biología con la llegada de Mendel, al quedar desacreditada por aclamacion la transmisión de los caracteres adquiridos por los individuos. No hay manera en que eso pueda suceder, según la genética mendeliana. Pero un momento, he dicho "de los caracteres adquiridos por los individuos"-- debería haber dicho "por los organismos". Los organismos son, por supuesto, lo mismo que los individuos para Lamarck. Pero no para Gould, y ahí reside la clave del regreso de Lamarck. Para Gould, un organismo es, en términos evolutivos, un individuo que interactúa y se reproduce diferencialmente. Y una especie es, en términos evolutivos, un individuo que interactúa y se reproduce diferencialmente... a otro nivel jerárquico.

Este es el lamarckismo (quizá inconsciente) de Gould. Los caracteres adquiridos por los individuos superiores de la jerarquía de niveles de interacción evolutiva sí se transmiten a su descendencia.

Si una especie, por anagénesis, sufre una variación (claro que este es un caso que no interesa sobremanera a Gould, siendo que él defiende la primacía cuasi-absoluta del equilibrio puntuado), ese rasgo adquirido se transmite a sus especies-hijas... a las que resultan de especiaciones posteriores a la transformación anagenética, claro.

La herencia de los caracteres adquiridos era una noción común antes de Lamarck; lo que éste hace es integrarla en una teoría global de la evolución, en la que juega un papel importante la dinámica por la cual se adquieren y transmiten estos caracteres, es decir, para Lamarck,

- el uso y el desuso [de órganos y funciones]

- la herencia de los caracteres adquiridos (1809, vol. 1, p. 113, en Gould 178).

Estos dos factores tienen interpretaciones y consecuencias muy diversas una vez se pasan a aplicar a nivel de especie y clade, y no sólo de individuo. Más que de "uso y desuso" habría que hablar a veces de "presencia y ausencia" o "aparición y pérdida" de órganos y funciones.

Lamarck desaparece en la segunda parte del libro de Gould, pero ese sería el lugar donde su presencia sería más reveladora. Gould sí ve una cierta analogía, cuando establece sus paralelismos entre niveles de evolución (lo que llama "The Grand Analogy", 717-19 - por ejemplo lo que sería el equivalente del nacimiento al nivel del organismo, es la especiación al nivel de la especie, etc.). Allí sólo señala, en el punto IV B 1, que al nivel de los organismos "Lamarckian inheritance doesn’t occur"; al nivel de la especie no menciona a Lamarck, limitándose a observar que "Punctuated equilibrium suppresses anagenesis by stasis"... cosa que es, como mínimo, un patinazo de neuronas de Gould, puesto que ni siquiera él se opone a la anagénesis, que como hemos dicho tendría consecuencias directas en la herencia de los caracteres adquiridos. Y así Gould ve en Lamarck más bien una analogía útil para un fenómeno marginal (la anagénesis), y no un teorizador que haya descrito adecuadamente la herencia de caracteres adquiridos por los individuos superiores de la jerarquía evolutiva:
The proper species-level analog for ontogenetic drive, or Lamarckian evolution, sounds a bit bizarre at first--but probably only for the irrelevant psychological reason that we have so firmly rejected the organismic example, while promoting the species-level version as a standard mode of change. With species as individuals and organisms as parts, the gradual transformation (without branching) of an entire species by organismal selection--the standard, canonical description of "evolution" itself--becomes the legitimate analog, at the species level, of heritable ontogenetic alteration, or Lamarckian change, at the organismal level! If, as tradition used to hold, such ontogenetic drive dominates macroevolution, then we must record this striking difference in pattern between levels. (723)
Y Gould pasa a declarar la irrelevancia relativa de ese tipo de evolución con respecto a lo que considera el patrón dominante, el equilibrio puntuado. Pero es curioso que en esta cita, y en su tratamiento de Lamarck en general, pasa por alto la "grand analogy" mayor y más significativa: la herencia de los caracteres adquiridos por los individuos.

Lamarck habló, claro, de la herencia de los caracteres adquiridos por los organismos... ¿o se refería a los individuos, visto que para él eran lo mismo? Aquí caemos en un cierto hindsight bias o distorsión retrospectiva inevitable, una vez hemos expandido el concepto de individuo para incluir a especies y clades. Lamarck, es cierto, no pensaba en absoluto en este tipo de "individuos"; de hecho consideraba a estos niveles superiores sólo subproductos adaptativos locales (Gould 191), no individuos creadores de diversidad mediante interacción. Hablemos por tanto mejor de neo-lamarckismo en la herencia de caracteres adquiridos por especies o clades. No estoy diciendo que el término le hubiese gustado a Gould...

En cualquier caso, pues, si en nuestro neo-Lamarckismo hay herencia de caracteres adquiridos al nivel de las especies, al nivel de las clades ya ni te digo. Si una clade adquiere un carácter (por ejemplo, por extinción masiva de todas las especies... grandes, pongamos), ese carácter adquirido se transmite a los individuos (clades) descendientes. Por ejemplo, tal y como lo expone Gould,
The stochastic analog to Mayr’s ’founder effect’ at the organismal level lies in random aspects of the differential capacity for proliferation of new species in allopatric regions of a clade’s full range. (737)
Es un ejemplo sin duda frecuente. Pero la herencia de los caracteres adquiridos por los individuos de jerarquía superior, especies y clades, se vuelve especialmente visible en circunstancias en que una extinción masiva actúa como elemento de selección de caracteres sobre una población local o global, un factor igualmente clave en la teoría de Gould. De ahí la atípica, y aparentemente caótica, distribución de formas vivas en la lógica de las formas posibles, y de ahí la ausencia de eslabones perdidos y formas intermedias en tantos casos. Y las extinciones masivas, locales o globales, han sido, y serán, desdichadamente para nuestros genomas, frecuentes. Hoy hablo a escala geológica.




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martes, 2 de junio de 2015

El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico, y el Génesis

Examinamos la noción de orden natural en su relación con el desarrollo del pensamiento evolucionista. Mostramos la debilidad inherente al argumento creacionista de Paley, preparando el terreno para centrarnos en una intuición central para la teoría evolucionista: la idea de que la racionalidad requiere que los fenómenos complejos vayan precedidos por fenómenos simples, y que deriven de ellos. Examinamos el desarrollo de esta noción en la biología evolucionista de Lamarck y en el evolucionismo cultural de Vico. Un examen considerado de la Gran Cadena del Ser y de los relatos míticos de creación como el Génesis nos muestra que esta racionalidad se asienta en formas de pensamiento previas al evolucionismo—es decir, que el pensamiento complejo de la teoría evolucionista deriva de nociones más simples, proto-evolucionistas, que pueden hallarse en sitios tan remotos como los mitos de origen creacionistas. Comentamos también, en relación a la obra de Vico, los problemas perspectivísticos inherentes al estudio del desarrollo del pensamiento evolucionista, en concreto la distorsión retroactiva.


Natural Order and Complexity: Paley, Lamarck, Vico, and the Book of Genesis
A discussion of the notion of natural order with reference to the development of evolutionary thought. The inherent weakness of Paley's creationist argument for intelligent design is discussed preparing the ground for the examination of one crucial insight in evolutionary theory: the notion that rationality requires that complex phenomena should be preceded by simple phenomena and that they derive from them. The development of this insight is examined in the evolutionary biology of Lamack and in the cultural evolutionism of Vico. A discussion of the Great Chain of Being and mythical creation stories such as Genesis shows that this rationality is grounded in forms of thought prior to evolutionism — that is, that the complex thought of evolutionary theory derives from simpler proto-evolutionary insights that are to be found as far back as creationist myths of origin. The perspectival problems attending the study of the development of evolutionary thought, notably hindsight bias, are also discussed with reference to the work of Vico.



Note: Downloadable document is in Spanish.
 
Number of Pages in PDF File: 17
Keywords: Evolution, Evolutionism, Creationism, Intelligent design, Natural philosophy, Natural order, Natural science, Lamarck, Darwin, Vico, Genesis, Hindsight bias, Complexity, Nature, Biology



_____. "El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico y el Génesis." Academia 28 Dec. 2016.

_____. "El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico y el Génesis." ResearchGate 29 Dec. 2016.*







martes, 27 de marzo de 2012

Lamarckism with modification


Una carta sobre evolucionismo. Tras leer un muy interesante artículo de Pedro Insua Rodríguez en El Catoblepas, le escribo a su autor:

Estimado Pedro Insua:

He leído con enorme interés, y disfrute, su artículo de El Catoblepas sobre "Lamarck en El Origen de las Especies". Aparte de felicitarle por la contribución, y de prometerme ir leyendo sus otras contribuciones a El Catoblepas, querría hacerle llegar una pequeña reflexión que escribí (hace unos años) a propósito de la herencia de caracteres adquiridos, con ocasión de la revisión de la noción de individuo evolutivo de Gould-- por si le interesa conocerla; se titula "Vuelve Lamarck", cosa que es (naturalmente) un decir, una pequeña paradoja:
http://garciala.blogia.com/2006/052102-vuelve-lamarck.php
Con relación a su artículo sobre Darwin y Lamarck, apostillaría (for the sake of controversy) que aunque obviamente la contribución principal de Darwin seguía una línea muy diferente a Lamarck, yo lo veo (a Darwin) notablemente ecléctico en cuanto a que admite diversos principios posibles que interactúan en la evolución, y no veo que excluya el segundo principio lamarckista, la herencia de los caracteres adquiridos. El hecho de que haya casos, como el de los insectos neutros, que no puedan explicarse por el segundo principio lamarckista, no cerraría la puerta a que sí fuera un principio activo (hipotéticamente quiero decir) en otros fenómenos evolutivos. De todos modos esta objeción necesitaría para parecer plausible una elaboración tan magistral y erudita como la de Vd., cosa que me temo no puedo proporcionar. Sí convengo, no obstante, en que se entienda como se entienda el principio lamarckiano de la herencia de los caracteres adquiridos, quedaría subordinado al incorporarlo en el modelo darwinista a los principios de lucha por la vida y de selección natural.

Y en todo caso, le felicito por esta interesante línea de reflexión, y me prometo volver con frecuencia a sus escritos en El Catoblepas.
Un saludo muy cordial,
Jose Angel García Landa
Universidad de Zaragoza

   

sábado, 16 de abril de 2011

Evolución del lamarckismo

Me llega noticia de este libro, Transformations of Lamarckism, editado por Snait Gissis y Eva Jablonka:

In 1809--the year of Charles Darwin’s birth--Jean-Baptiste Lamarck published Philosophie zoologique, the first comprehensive and systematic theory of biological evolution. The Lamarckian approach emphasizes the generation of developmental variations; Darwinism stresses selection. Lamarck’s ideas were eventually eclipsed by Darwinian concepts, especially after the emergence of the Modern Synthesis in the twentieth century. The different approaches--which can be seen as complementary rather than mutually exclusive--have important implications for the kinds of questions biologists ask and for the type of research they conduct. Lamarckism has been evolving--or, in Lamarckian terminology, transforming--since Philosophie zoologique's description of biological processes mediated by "subtle fluids." Essays in this book focus on new developments in biology that make Lamarck’s ideas relevant not only to modern empirical and theoretical research but also to problems in the philosophy of biology.

Contributors discuss the historical transformations of Lamarckism from the 1820s to the 1940s, and the different understandings of Lamarck and Lamarckism; the Modern Synthesis and its emphasis on Mendelian genetics; theoretical and experimental research on such "Lamarckian" topics as plasticity, soft (epigenetic) inheritance, and individuality; and the importance of a developmental approach to evolution in the philosophy of biology. The book shows the advantages of a "Lamarckian" perspective on evolution. Indeed, the development-oriented approach it presents is becoming central to current evolutionary studies--as can be seen in the burgeoning field of Evo-Devo. Transformations of Lamarckism makes a unique contribution to this research.

Lamarck siempre se le ha utilizado como "el que se equivocó" con la herencia de los caracteres adquiridos, cuando su teoría es más compleja que todo eso... Y, si consideramos al sujeto de la herencia y de la evolución no al individuo aislado sino a la población, entonces la herencia de los caracteres adquiridos se convierte en una lógica aplastante, más que en un absurdo—Y el el lamarckismo, lejos de ser una mera metedura de pata, confluye con el darwinismo para explicar cómo unos caracteres previamente inexistentes en la población pasan a heredarse y dan lugar a poblaciones diferenciadas y a seres que siguen líneas evolutivas diferentes... en fin, de esto escribí algo hace unos cinco años, en "Vuelve Lamarck". Me alegro de ver que por fin vuelve de verdad, aunque sólo sea un poquito.




Amago de una cara


Amago de una cara, originally uploaded by JoseAngelGarciaLanda.

domingo, 29 de marzo de 2009

El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico, y el Génesis

1. Paley

En su obra Natural Theology (1802) William Paley expone el razonamiento básico de lo que era el creacionismo generalmente aceptado en sus días, y de lo que hoy es la llamada teoría del "diseño inteligente"—que como teoría científica está, por tanto, a la altura de 1802. Y ya por entonces Paley no era un vanguardista, precisamente. El célebre razonamiento de Paley para justificar el diseño inteligente comienza con este ejemplo. Imaginemos que paseando encontramos una piedra, y nos preguntamos, cómo es que está allí la piedra. No parece absurda la respuesta que dice que la piedra está allí "desde siempre", que simplemente "está allí". Pero que si, en cambio, encontramos un reloj, esa respuesta es absurda. No podemos decir que "el reloj está allí desde siempre" porque en un reloj reconocemos orden, diseño, una inteligencia que lo ha fabricado. Por tanto nos preguntamos cuándo lo fabricó, cuándo lo puso allí, estudiamos el funcionamiento de sus piezas y "para qué" son así, etc. Reconoceríamos en el reloj la obra de un artífice. Ahora bien, continúa Paley, si descubriésemos que el reloj era mucho más complejo de lo que habíamos pensado, y viésemos que era capaz de fabricar él mismo otros relojes como él, no renunciaríamos al razonamiento anterior, ni nos contentaríamos con decir "ah, bueno, entonces el reloj estaba allí porque lo había hecho otro reloj". Antes bien, supondríamos que el artífice que construyó el reloj original era mucho más hábil e inteligente de lo que habíamos creído en primer lugar. Sigamos su razonamiento durante un par de párrafos.


"Aunque ahora ya no sea probable que el reloj concreto que había encontrado nuestro observador haya sido hecho directamente por la mano de un artífice, sin embargo esta alteración no afecta en modo alguno a la inferencia de que en un origen había habido un artífice que había trabajado y se había cuidado de la producción. El argumento basado en el diseño permanece como era. Los indicios de diseño y de agenciamiento no quedan más explicados ahora de lo que lo estaban antes. En la misma cosa, podemos preguntar por la causa de diferentes propiedades. Podemos preguntar por la causa del color de un cuerpo, de su dureza, de su calor, y estas causas pueden ser todas diferentes. Estamos preguntando ahora por la causa de esa supeditación a una función, esa relación con una finalidad, que hemos observado en el reloj que tenemos ante nosotros. No queda respondida esta pregunta, diciéndonos que lo produjo un reloj anterior. No puede haber diseño sin un diseñador, agenciamiento sin un agente, orden, sin elección, disposición, sin nada capaz de disponer; supeditación y relación a un propósito, sin algo que pudiera tener la intención de un propósito; medios adecuados a un fin, y que desempeñan su función para llevar a cabo ese fin, sin que el fin haya sido jamás contemplado, ni se hayan dispuesto los medios con vistas a él. La disposición, la colocación de partes, la supeditación de medios a un fin, la relación de instrumentos con una función, implican la presencia de inteligencia y de mente. Nadie, por tanto, puede creer racionalmente que el reloj insensible, inanimado, del que surgió el reloj que ahora tenemos ante nosotros, pudiera ser la causa adecuada del mecanismo que hay en él y que tanto admiramos—que pudiéramos decir realmente que había construido el instrumento, dispuesto sus partes, asignado sus funciones, determinado su orden, acción y dependencia mutua, combinado sus diversos movimientos en un resultado único, y además un resultado conectado con las utilidades de otros seres. Todas estas propiedades, por tanto, quedan tan inexplicadas como lo estaban antes.
"La conclusión a que parecía llevarnos el primer examen del reloj, de su mecanismo, construcción y movimiento, era que tenía que haber tenido, como causa y autor de esa construcción, un artífice que entendía su mecanismo y diseñó su uso. Esta conclusión es invencible. Un segundo examen nos presenta un nuevo descubrimiento. Hallamos que el reloj, como resultado de su movimiento, produce otro reloj similar a sí mismo, y no sólo eso, sino que percibimos en él un sistema u organización calculado especialmente para este propósito. ¿Qué efecto tendría este descubrimiento, o cuál habría de tener, sobre nuestra inferencia previa? ¿Cuál, como ya se ha dicho, sino el de aumentar sin medida nuestra admiración hacia la habilidad que se había dedicado a la formación de semejante máquina? ¿O bien, en lugar de esto, habríamos de repente de volvernos a una conclusión opuesta, a saber, que no había tenido que ver en todo este asunto ni arte ni habilidad alguna, aunque todas las demás evidencias de arte y de habilidad siguen siendo las que eran, y se les ha añadido ahora a las demás esta última y suprema obra de arte? ¿Puede esto mantenerse sin caer en el absurdo? Pues esto es el ateísmo."

La muestra de diseño en la que está pensando Paley es la anatomía de los seres vivos, y la adaptación de sus funciones al medio ambiente. Pone el ejemplo del ojo del pez, cuya forma "tiene en cuenta" para su correcto funcionamiento el índice de refracción distinto del medio acuático en el que vive, si se le compara con el ojo de los animales terrestres. Esta adaptación al medio dio mucho que pensar a Darwin, que estudió el libro de Paley, como miles de personas de su generación y de todo el siglo XIX. La adaptación al medio es ciertamente uno de los puntales de la teoría de la evolución, aunque Darwin daría del "mecanismo" una interpretación completamente contraria a la de Paley. Darwin comenzó como estudiante de teología y creyente en Dios y en el "diseño inteligente" de Paley, pero evolucionó hacia lo que Paley equipara a una posición absurda, el ateísmo. En el orden natural, en la estructura de los seres vivos, no se encuentra según el darwinismo ninguna prueba de diseño inteligente: hay reloj pero no hay relojero, ni ciego ni manco. El orden y el diseño, por complejos que puedan parecer, son productos espontáneos de la naturaleza; lo simple da lugar a lo complejo. Entre la piedra que Paley encuentra razonablemente carente de diseño, y el reloj, hay una serie de pasos de complejidad creciente, pero ninguno dependiente de intención, consciencia o diseño, y eso es lo que llamamos evolución: la creación del orden complejo a partir del orden simple—pues orden sí hay en una piedra.

Darwin propuso una explicación para esa formación espontánea de orden—la selección natural, explicación aunque insuficiente sí importante. Pero la trascendencia de la figura de Darwin es en cierto modo inmerecida. Con Darwin, es cierto, se convenció la comunidad científica, o los biólogos más bien, de que no procedía recurrir al diseño inteligente como explicación en biología. Pero Darwin por supuesto no inventó la idea de evolución. Su mismo abuelo la había propuesto en Inglaterra, y Diderot lo había hecho anteriormente en Francia. El hecho de proponer una teoría evolutiva no conllevaba sin embargo extraer todas las consecuencias de esa "falta de diseño y de diseñador". Quizá tampoco Darwin las extrajese; al menos sí fue extremadamente prudente a la hora de no causar ofensas deliberadas con sus opiniones en círculos religiosos—una cuestión ésta en la que los evolucionistas de hoy en día son más beligerantes y explícitos, o menos temerosos. El razonamiento central de la teoría de la evolución—a saber, que hace innecesaria la hipótesis de un diseño previo, pues el orden simple puede dar al orden complejo—tampoco fue obra de Darwin, sino de evolucionistas con peor prensa mediática, como Lamarck, cuyo razonamiento examinaremos en un momento.

Pero volviendo antes a Paley, observemos que su argumento contiene, de modo seguramente involuntario, un punto débil. Comienza con la tesis (quizá for the sake of the argument) de que una piedra no es prueba de diseño inteligente, pero que un reloj sí lo es. Ahora bien, como decimos, una piedra también exhibe orden. Con lo cual el argumento de Paley tiene este flanco débil: si demostramos que del orden simple se puede pasar al orden complejo por evolución gradual y espontánea, y Paley ha admitido que el orden simple no es prueba de diseño inteligente, entonces todo el argumento del diseño inteligente se derrumba. La postura fuerte, a la que en justicia parece señalar Paley, sería decir que también la piedra es prueba de diseño inteligente. Como decimos, la contraposición de la piedra y el reloj es más ilustrativa que de fondo, en Paley. En su interpretación fuerte o radical, lo que está diciendo (y de hecho dice) Paley es que no hay orden sin inteligencia. Es decir, toda regularidad en la Naturaleza es una prueba de inteligencia y diseño. Pero este argumento, ahora bien asentado en la roca, también flojea. Pues al perder la contraposición entre lo obviamente diseñado y lo obviamente no diseñado, se pierde por el camino también la obviedad del argumento. Donde todo está igualmente diseñado, no hay por qué maravillarse de las complejidades del diseño complejo: el diseño simple sería igualmente determinante. Y sin embargo, las regularidades simples de la naturaleza no son de por sí tan conclusivas como prometía ser el argumento comparativo y contrapositivo de Paley. Paley identifica orden con propósito, pero—¿basándose en qué? En las obras humanas reconocemos el propósito, la intención, pero la obviedad de esto se va diluyendo conforme pasamos a fenómenos más simples. Paley propone reconocer orden, diseño y propósito, obviamente, en el diseño de los seres vivos. El estudio de la biología se volvería así en una prueba de la grandeza e inteligencia de Dios. Pero para ello es necesario que el orden complejo no pueda provenir espontáneamente del orden simple. Si todo el mecanismo del universo funciona como un gigantesco reloj, el relojero se retira más allá de donde podemos verlo, y lo que los escolásticos llamaban causas secundarias pasan a explicar toda la realidad humanamente relevante. La Naturaleza funciona sola, y Dios se retrotrae más allá del Big Bang, donde realmente ya está fuera del horizonte de acontecimientos y no tiene relevancia alguna para la vida humana. Si el diseño es demasiado perfecto, el diseñador comienza a ser superfluo, pues no ha de intervenir en ningún momento, y desaparece a todos los efectos. Como decía Laplace, se convierte en una hipótesis innecesaria.

El razonamiento de Paley es pues ambiguo: a la vez reposa en la tesis de que todo orden es divino e intencional, y en la tesis de que hay algunos tipos de orden que son intencionales y otros no. Plantea también unos curiosos interrogantes lógicos y narratológicos, en lo referente a la identificación de "propósitos"—en un razonamiento que partiendo de efectos producidos, presupone intenciones de producirlos. Vemos, y por tanto el ojo es "para" ver. El razonamiento evolucionista llevado a sus últimas consecuencias no acepta este tipo de finalismos, y los declara engañosos. El ojo no es "para" ver, sino que "ha resultado" que ve. Además el ojo hace otras cosas, es multifuncional—en los humanos sirve también, por ejemplo, para comunicarse, aunque no se haya formado "para" comunicarse. Es lo que Stephen Jay Gould denomina la exaptación, un principio evolutivo muy importante que hay que sumar a la adaptación al medio y a la selección natural. La exaptación es especialmente ofensiva, como principio evolutivo, para los razonamientos basados en el diseño inteligente, pues enfatiza los aspectos caóticos, imprevisibles, contingentes, de la evolución.

Resulta, pues, que la postura fuerte de Paley le llevaría a decir que no puede haber regularidad en la Naturaleza sin diseño inteligente; y lo absurdo de esta postura se aprecia cuando se ve que es igualmente sostenible, o no menos evidente, la contraria: que no puede haber irregularidad en la Naturaleza sin diseño inteligente. En los fenómenos irregulares, imprevisibles, en la ruptura de la secuencia de causa y efecto, es en donde otros han querido ver la prueba de fenómenos inteligentes como el libre albedrío. Donde todo es orden establecido, donde todo es causa y efecto, no hay demostración posible de inteligencia. Así pues, el razonamiento de Paley se encuentra abocado a admitir dos premisas indeseables para la ciencia:

- No puede haber orden en la Naturaleza (de no ser por intervención divina)

- El orden complejo no puede derivar del orden simple (de no ser por intervención divina)


Ambas premisas hacen a Dios necesario en toda ciencia, pero lo hacen necesario en igual medida desde el primer momento y en cada uno de los pasos—con lo cual podemos decir que Dios es tan superfluo como necesario en esta argumentación. La ciencia más bien se olvida de los paréntesis, y prefiere trabajar con estas dos premisas contrarias a las de Paley:

- Hay orden en la naturaleza

- El orden complejo deriva del orden simple








2. Lamarck

Es en la estructura de los seres vivos en donde Paley quería encontrar la prueba irrefutable del Diseño Inteligente, y por tanto de la existencia de Dios—es decir, la prueba de un mundo cuya inteligibilidad es reflejo de la intencionalidad con la que ha sido diseñado. Podríamos decir que para Paley, y para el pensamiento creacionista y teísta, el orden que descubre la mente humana en su interpretación de los fenómenos naturales se proyecta como en un espejo, y pasa a convertirse en la génesis de dichos fenómenos. Si el ojo ve, damos un paso más y creemos que lo hemos comprendido mejor si creemos que el ojo ha sido hecho, intencionalmente, para ver.

Por supuesto el argumento del reloj de Paley nos conduce a una regresión infinita, pues si bien queda explicado el artefacto no queda explicado el artífice, pero tal es la naturleza de las explicaciones teocéntricas: remiten toda la complejidad a un principio, y toda explicación de causas secundarias se vuelve en cierto modo irrelevante, pues el universo entero ya se encuentra implícito en la primera causa, en Dios. Pocos teístas se conforman con un Dios que no entienda ni planifique el universo, y que se limite a crear átomos y las leyes de su funcionamiento, dejando todo funcionar luego por sí solo, sin previsión ni planificación, sin sin que sus intenciones lleguen hasta la creación de los humanos y fines todavía más trascendentes, y planes de oscura complejidad. Si se admite la complejidad infinita ya al principio, sin necesidad de explicarla—¿para qué cortarse? Lo extraño es que se considere luego necesario dar cuenta del funcionamiento de los fenómenos naturales, más allá de la explicación de que "Dios así lo quiso y así lo hizo".

La ciencia, por supuesto, funciona con otros presupuestos, sean cuales sean las creencias de los científicos más allá de su área de competencias local. Lo que hace la ciencia es hilar unos fenómenos con otros, identificar las regularidades en el funcionamiento de los fenómenos naturales y derivar los fenómenos de orden complejo a partir de los fenómenos de orden simple, sin hacer entrar en ello atribuciones de intencionalidad ni presuponer una finalidad en el orden de las cosas—ni siquiera en el diseño de los seres vivos, que tan obviamente intencional era para Paley.

Es en la Philosophie Zoologique de Jean-Baptiste Lamarck (1809) donde podemos encontrar la formulación modélica de estos principios de biología contrarios al diseño inteligente. Darwin les dará una mayor aceptación e introducirá un principio explicativo, la selección natural, superior al de la teoría de Lamarck. Pero es en Lamarck donde podemos encontrar de modo explícito el fundamento del evolucionismo: que lo simple deriva de lo complejo de modo espontáneo—sin que sea preciso recurrir a una inteligencia superior para explicar el diseño de los seres vivos.

No olvidemos por otra parte que Darwin "era Lamarckista", por así decirlo. Lamarck ha sido ridiculizado por su creencia en la herencia de los caracteres adquiridos—pero Darwin aceptaba ese principio igualmente, y no se le ha tenido tan en cuenta. Consideremos también (como ya expuse en mi post "Vuelve Lamarck") que la teoría lamarckista de la transmisión de los caracteres adquiridos se vuelve súbitamente cierta, y evidente, si la aplicamos no a los individuos (como proponía Lamarck) sino a "individuos" de nivel superior, como son las poblaciones: queda la teoría, a la vez, mucho mejor integrada con el darwinismo, con la selección natural de rasgos que han proporcionado una ventaja comparativa al grupo que logra transmitirlos (comparativa, como mínimo, frente al grupo que no logra transmitir esos rasgos porque se extingue). También se vuelve más comprensible así la teoría de Lamarck y se integra mejor con el mecanismo genético de la herencia—si entendemos que puede aplicarse no tanto en términos de cuerpos individuales, sino en términos de poblaciones y especies que "ganan" o "pierden" rasgos en su interacción con el medio ambiente.

Pero vamos de momento a un párrafo clave en la Philosophie Zoologique de Lamarck, donde quedan expuestos los principios sobre el orden y la complejidad a que aludíamos:


"Las condiciones necesarias para la existencia de la vida están todas presentes en las organizaciones inferiores, y aquí están además reducidas a su expresión más simple. Es importante, por tanto, saber cómo esta organización, a través de algún tipo de cambio, consiguió dar lugar a otras menos simples, y de hecho a la complejidad gradualmente creciente que se observa a lo largo de toda la escala animal."

Observamos aquí dos diferencias fundamentales con el razonamiento de Paley:
- Primero, se ignora la cuestión de la intencionalidad. Sencillamente se observan fenómenos y procesos, sin presuponer en ellos una intencionalidad.
- Segundo, se acepta, o más bien se presupone, que los fenómenos complejos surgirán espontáneamente a partir de los fenómenos simples, dadas las mismas condiciones iniciales y sin intervención especial de ninguna agencia externa al sistema. La labor de la ciencia es explicitar y comprender cómo se da ese surgimiento de la complejidad.

Son estos dos presupuestos los que sirven de base a la investigación científica—los que colocan a la obra de Lamarck en el origen de la biología evolutiva moderna, antes de Darwin, mientras que Paley se encuentra en otro tipo de razonamiento, un razonamiento teológico, como indica su título, y no zoológico, como reza el de Lamarck.

Pasa Lamarck luego a exponer los dos principios (básicamente erróneos, aun con un grano de verdad) que a su juicio explican la evolución. Uno es el uso y desuso de los órganos, que produce modificaciones que se transmiten a los descendientes. El otro principio es "el papel de los fluidos" en la modificación de los tejidos y órganos. Establece Lamarck una secuencia, no totalmente carente de sentido, que va así: los seres vivos se distribuyen en ambientes distintos. Ambientes distintos crean necesidades distintas. Necesidades distintas dan lugar a comportamientos distintos, y por tanto a distintos hábitos y acciones repetidas. Esta repetición de hábitos y acciones modifica los órganos, y estas modificaciones se transmiten a la descendencia en los distintos ambientes, siendo ésta la causa de la diversificación de los seres vivos complejos a partir de los simples.

Con estos principios se ganó Lamarck un lugar un tanto ridículo en la historia de la biología. Como digo, es injusta esta interpretación de su papel, pues aparte de los elementos de verdad que haya en los mecanismos evolutivos que describe, lo esencial de la contribución de Lamarck son los dos principios antes enunciados sobre la complejidad y el orden en los seres vivos, no la explicación concreta que da sobre el mecanismo de su funcionamiento.



3. Vico

Por otra parte, siempre andamos a hombros de gigantes. No surgió de Lamarck la idea de evolución—como decimos ya antes había aparecido en Erasmus Darwin, en Diderot, y de modo más difuminado en multitud de pensadores. La influencia del evolucionismo cultural sobre el biológico no es de despreciar (aunque ahora se tienda más a percibir la influencia inversa, y a hacer interpretaciones sociobiológicas de los fenómenos culturales). La filosofía idealista alemana es plenamente evolucionista en este sentido—pensemos en la Fenomenología del Espíritu de Hegel, su forma más acabada—aunque ciertamente no llegase nunca ningún filósofo, para vergüenza de la filosofía, a deducir que el hombre desciende del mono. En Hegel, los fenómenos complejos derivan de los simples; el principio de emergencia está bien asentado, hasta extremos de un refinamiento ciertamente excesivo (cuesta creer que una cabeza humana haya podido concebir la Fenomenología del Espíritu, pero también hay fenómenos de alta complejidad en otras áreas, razonamientos matemáticos y programas informáticos prohibitivos para los cerebros ordinarios). Pero no es Hegel el primer evolucionista cultural, sino que es en cierto modo el más acabado.

Podría decirse que el pensamiento evolucionista siempre ha estado con nosotros, ya remontándonos a que "los griegos ya lo hicieron todo"—aunque ciertamente aquí incurrimos en la falacia del hindsight bias, la distorsión retrospectiva: una vez descubierto el evolucionismo, y comprendida la evolución de los fenómenos, podemos sobreestimar el grado de comprensión que se tenía de ese evolucionismo y de esa evolución en épocas anteriores. Sí han comprendido los pensadores que las cosas cambian, que hay procesos históricos, que hay desarrollos, progresos. En el hecho mismo de la tradición y de la transimisión cultural, en su carácter acumulativo y hermenéutico, por tanto, hay como decimos una cierta consciencia evolucionista, por implícita que sea.

Los griegos sabían que su civilización había surgido a partir de un estadio anterior más primitivo. Que los seres humanos no tenían una cultura estable, sino que esta se había desarrollado. Ahí están los primeros gérmenes que digo, del pensamiento evolutivo—allí o en los mitos de origen y creación que hay en todas las culturas; pensemos en el Génesis, sin ir más lejos, en la historia que contrasta el Paraíso con el exilio al mundo y el crecimiento de las naciones. La gran historia de la civilización, que no otra es la historia que quiere relatar Vico en la Ciencia Nueva (Principi d'una Scienza Nuova, 1725-1744), volviendo a reinterpretar el legado de la historia y del mito.

Como digo es fácil ver en esas primeras narraciones míticas más de lo que veían en ellas quienes las generaron. Vico llamaba a este error de perspectiva la presunción de los estudiosos—aunque bien pudiera haberlo llamado la modestia de los estudiosos, atribuyendo a otros lo que era producto de los esfuerzos de ellos mismos—y veía su ejemplo más claro en esos intérpretes homéricos que creen ver en Homero, ya formadas o al menos prefiguradas, todas las ciencias y artes que se desarrollarían después—ciencias y artes que sólo la visión tardía de los intérpretes les permite suponer, retroactivamente, que "están ya" en Homero.

De hecho es Vico uno de los principales hitos en el desarrollo de un pensamiento evolucionista cultural: es Vico quien muestra que las formas culturales complejas, o las formas de pensamiento complejo, se desarrollan sobre la base de las simples: que la complejidad presupone la simplicidad. En su ejemplo central, expuesto en la Ciencia Nueva, que la familia es el origen y forma simple del Estado. Las instituciones se elaboran sobre la base de otras instituciones existentes: nada se puede construir sobre la nada, sino sobre algo que le precede. Tal es la consciencia evolucionaria de Vico.

Por supuesto Vico aceptaba ortodoxamente la historia de la creación intencionada del hombre, la intervención divina, etc. No dice que el hombre desciende del mono, pues no es biólogo. No está pensando en el cuerpo del hombre, sino en sus manifestaciones culturales. Y allí el hombre sí que desciende del mono, en Vico, o al menos del cíclope—de un ser que si bien era corporalmente humano, no estaba humanizado. Es la versión de la horda primigenia, o del antropoide, que aparece en la Ciencia Nueva—la humanización, la civilización, es el proceso que narra Vico a partir de ahí. Una raza de bestias con cuerpo de hombre no son hombres, sino bestias. En este sentido es Vico plenamente evolucionista, en la medida en que se pueda serlo en el siglo XVIII. Hay orden en la naturaleza—y el orden complejo de los asuntos humanos deriva de un orden más simple anterior, mediante procesos que se pueden estudiar, y describir, y que no requieren ninguna intervención divina para hacerlos comprensibles.



El Génesis

Señalaba Lamarck que "desde hace mucho tiempo se tiene la creencia de que existe una especie de escala o cadena graduada entre los cuerpos vivos"; y aludía a la obra de Bonnet. De hecho podemos reconocer este protoevolucionismo, que no es evolucionismo, en la concepción clásica de la Gran Cadena del Ser, que lleva también desde la simplicidad a la complejidad, desde los cuerpos inanimados (minerales más o menos "nobles") a los seres vivos, y que clasifica éstos en seres puramente vegetativos (pero no todos igual de "bajos"), y animales: los animales tienen "lo que tienen las plantas, y más", tienen no sólo vida sino capacidad de movimiento.

Hay muchas otras cuestiones mezcladas en la Gran Cadena del Ser, cuestiones teológicas, aparte de los elementos protoevolucionistas que se pueden detectar en ella. Pero centrándonos (con una dosis de distorsión retrospectiva o de presunción) en lo que tiene de evolucionista, sí reconocemos una escala de complejidad, aparte de una escala de "excelencia moral" y metafísica, o más bien no aparte sino involucrada plenamente con ella.

Lo que la Gran Cadena del Ser no incluye es un desarrollo temporal: no narra una historia, sino que es una cadena sincrónica, simultánea; la representación de una jerarquía estable, no la descripción de un proceso. Y sin embargo sí hay un protoevolucionismo, como decimos, en ciertos sentidos y aplicaciones de estos conceptos, incluso un asomo de desarrollo temporal... por ejemplo en el relato del Génesis, que coloca el origen del hombre después del origen del mundo, y después de la creación de las plantas y animales…. si bien podemos decir que también "descoloca" al hombre este relato—al colocarlo en el origen de todo, en la persona de un dios creado a su imagen y semejanza.

Son muchos pasos, no uno sólo, los de la cadena de pensamiento que lleva desde el Génesis al evolucionismo. Son necesarios el desarrollo de los mitos, y luego la lectura crítica de los mitos; la escritura de historias, la consciencia histórica crítica, y la reflexión sobre los procesos históricos al modo de Polibio, o de Vico. El evolucionismo no fue creado súbitamente al séptimo día—sino que tuvo que evolucionar, junto con la humanidad y con sus formas culturales.






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