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miércoles, 13 de abril de 2011

La red de favores mutuos

 

De la conclusión al libro de José Penalva Buitrago, Corrupción en la Universidad: El ocaso de la pedagogía, el triunfo de la endogamia:


El poder de esta España es reticular, y su símbolo, la tela de araña. Se organiza a modo de una tupida trama de relaciones, pero con nombres y apellidos. Esos nombres y esas tramas eran objeto de investigación por parte de los medios de comunicación—cuando eran medios de comunicación—, y por ello han estado en el corazón de las sociedades abiertas.

Y hoy España sigue enferma de poderes, de señoritos—Saca-Buche, lo llaman en mi tierra; cacique fue apodado en la España de ultramar—. La entera geografía española sigue plagada de las telas de esas arañas, en una maraña que defne la entera faz de esta tierra. Encuentre usted un partido político, un departamento universitario, una comunidad de vecinos o una vulgar cofradía, y allí verá la entraña de la España real: el señorito y su grey de fieles vasallos. Sea el nacionalismo extremista o el provincianismo de boina y botijo; sea el alcalde y su camarilla o el cura y sus sermones; sea el tertuliano suplantador de realidad y su servilismo ideológico; sean catedráticos y sus cortijos universitarios. Los procesos sociales en España giran sobre el mismo centro: señores que reclaman sumisión, y los no menos culpables fieles vasallos.

Esa es la entraña de nuestro presente: el mezquino caciquismo y su vergonzoso proceso de borreguización de la masa circundante. Desde la noble y señorial piedra de abolengo hasta el más humilde chinarro del camino; ausculte, y allí está la España real: la araña cainita que teje su red de mezquinos y serviles vasallos. En virtud de los hilos que han ido tejiendo las arañas caciquiles, y que han consentido servilmente las marionetas adláteres, se ha formado sobre la sociedad española una tupida y densa tela de araña, de modo que aquí todo depende de un amiguete que conoce a otro amiguete, de mezquinos y vergonzosos favores que esperan su servil réplica. He ahí el sanctasanctórum de la España real. Eso sí, todos esos lazos serviles están revestidos, recubiertos y barnizados de la mejor apariencia: eso que se llama "Estado de Derecho". En realidad, un estado de derecho al favor, al yo te aúpo a ti para que luego me aúpes a mí, enchufa hoy a mi amigo y mañana enchufo a tu hijo.

Dicho en román paladino, la estructura interna de esta roída sociedad está compuesta por un amasijo de individualidades: "Yo no quiero saber nada"... "Yo no quiero complicarme la vida".,..  Cada una de esas individuales cobardías es una pequeña renuncia a ser uno mismo. Cada cobardía es un pequeño filamento de esa maraña social, una final cuerda, una sutil cadena, un párvulo favor, una puerta que se cierra, una frívola traición, una trivial ilegalidad... pero un filamento que encaja en la estructura de la tela de araña.


Este epílogo está firmado por el autor, mientras que el cuerpo del libro está narrado por un ficcionalizado "José Montag" que cuenta en primera persona sus experiencias de obstrucción y acoso administrativo-laboral en un departamento de Pedagogía. No se presenta como una novela de campus, sino como un libro-denuncia que sin embargo evita poner nombres y apellidos a los feudos cuyas maniobras describe. El protagonista es "de carácter difícil" según sus contrarios, y esa es también la impresión que saca el lector, seguro que no muy bien calculada por el autor. Sí se ve bien, desde luego, cómo el acoso laboral crea un aislamiento mental y una "realidad alternativa" para el acosado, una realidad en la que está uno solo para sostener una versión de las cosas que contrasta con el proceder habitual de los demás. Ese proceder es el que todo el entorno académico encuentra normal, y pasa desapercibido por el funcionamiento habitual de la institución, que es alérgica a las protestas por escrito y a las invocaciones de la ley, si esa ley molesta a alguien con influencia. La ceguera selectiva es absolutamente crucial: es el principio de funcionamiento del sistema. Las apelaciones a la normativa por parte de individuos aislados son ignoradas, silenciadas u ostracizadas por los compañeros, y luego por la administración de la universidad. Todos los conflictos se vehiculan mediante la queja de pasillo por lo bajini, la sumisión a los influyentes, el intercambio de favores y el arrimarse a un grupito o a un buen árbol. E ir participando de sus estrategias, y aplicando sus cegueras selectivas también. Y así va adquiriendo la institución sus maneras características.

(PS: Al autor José Penalva ya le han abierto expediente disciplinario en su Universidad de Murcia. So it goes).

 
 
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domingo, 3 de abril de 2011

Normas omertáticas


Un párrafo selecto de Corrupción en la Universidad, de José Penalva, cuando el alter-ego protagonista de esta historia ficticia pero real decide pedir plaza en el departamento contra la voluntad e instrucciones de su catedrático Don Jacobo:

"A partir de ese momento, la hostilidad, que en un principio se manifestaba de forma latente, afloró en todo su esplendor y grosería. Yo había osado pretender quedarme en el departamento. Y lo que es peor, sin bajarme los pantalones ni un poquico. Para las normas omertáticas del departamento eso era una provocación en toda regla. Por tanto, desde ese instante, los saludos ya no irían acompañados de sonrisa y glosa.
   'Pero, en fin', pensé, 'en peores antros hemos luchado'. Así que me decía a mí mismo recordando a mi abuelo, 'arrecoge, Pepe, el petate y arrempuja'. Es lo mejor que se puede hacer en estos casos. De todos modos, para mí lo importante no era el trabajo en la facultad de pedagogía, sino bregar en el terreno de las ideas: el nuevo territorio comanche. (...)

"A esas alturas de la película yo ya conocía el género y estaba al tanto de las leyes no escritas (que son las que mueven el cotarro, al margen de las leyes oficiales). En el departamento no se movía nadie sin el consentimiento de los catedráticos. Los logros que había conseguido hasta esa fecha (que me consta que eran superiores a los de la mayoría) no eran méritos suficientes para quedarme como profesor. No era el tipo de botín que perseguían esos catedráticos (...).

"Don Jacobo aprendió como nadie a manejar los hilos del andamio. Despierto como la malicia, percibió rápidamente que la legislación permite que la constitución del tribunal que juzga la selección del profesorado universitario sea un mero trámite para dar el puesto de trabajo al candidato preseleccionado, señalado 'a dedo', por el catedrático de más peso en el departamento, de tal manera que el catedrático que controla el departamento tiene poder sobre quién entra y quién no. E, instintivamente, extrajo su conclusión pedagógica: el catedrático que tiene en su redil más fieles serviles controla la puerta de acceso a la cueva."


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A José Penalva le abren un expediente en la Universidad de Murcia y le suspenden de empleo y sueldo.  En junio, le hace César Vidal una entrevista donde habla sobre la corrupción en la Universidad.


 
 
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