El año pasado se publicó por primera vez
El Evangelio de Judas,
un importante texto gnóstico que llevaba muchos siglos perdido, y sólo
se conocía por la mención que de él hizo Ireneo de Lyon, uno de los
padres de la Iglesia. Es un texto interesantísimo para los historiadores
de las religiones. Y muy molesto, sin duda, para la Iglesia, tanto hoy
como en los tiempos del Imperio Romano. Claro que, qué se iba a esperar
del Evangelio de Judas (Iscariote)... nada bueno para el cristianismo.
En la primera escena del Evangelio de Judas, Jesús se ríe de los discípulos cuando los ve rezando y bendiciendo la mesa:
Los discípulos [le] dijeron: "Maestro, ¿por qué te ríes de [nuestra] oración de agradecimiento? Hacemos lo correcto".
Él respondió diciéndoles: "No me río de vosotros. no hacéis esto
por vuestra voluntad, sino porque ésta es la forma en que vuestro dios
[debe ser] alabado". Ellos dijeron: "Maestro, tú eres [...] el hijo de
nuestro dios". Jesús les respondió: "¿Cómo me conocéis? En verdad, [yo]
os digo que ningún descendiente de los que están entre vosotros me
conocerá".
En efecto, el dios en el que creen los
discípulos, el dios del Antiguo Testamento, es según los gnósticos un
impostor, un dios de segunda, imperfecto, que ha creado un mundo
imperfecto como él. El Dios de la Iglesia será su continuación, y los
"cristianos" a lo largo de la historia no conocerán al verdadero
Maestro. Jesús participa de una realidad superior, "otra estirpe grande y
santa", una realidad suprema más allá de esta realidad y de su dios. De
entre los discípulos, sólo Judas lo adivina:
Judas
le dijo: "Sé quién eres y de dónde vienes. Tú perteneces al reino
inmortal de Barbelo. Y yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien
te ha enviado".
En esta teología hay dioses y diosas,
principios femeninos y masculinos, alternativos a la teología tan viril
del Antiguo y Nuevo Testamento (antes de la llegada de la Virgen María
como nueva Diosa Madre). Judas será el único que comprende que Jesús no
viene a ofrecerles la teología que esperaban, sino otra más incómoda.
En otra escena, los discípulos ven un Templo con sus sacerdotes
haciendo sacrificios infames y pecaminosos mientras se alaban unos a
otros, todos invocando el nombre de Jesús. Piden a Jesucristo que les
explique esta visión, que les ha dejado preocupados:
Jesús
les dijo: "¿Por qué os atribuláis? En verdad os digo que todos los
sacerdotes que están frente al altar invocan mi nombre. (...) [Y ellos]
han plantado árboles sin fruto en mi nombre, de manera vergonzosa".
Jesús les dijo: "Aquellos a quienes habéis visto recibiendo las ofrendas
en el altar , ésos sois vosotros. Ése es el dios a quien servís, y
vosotros sois esos doce hombres que habéis visto. El ganado que habéis
visto que llevaban al sacrificio son todas las personas a las que
vosotros descarriasteis frente a aquel altar. [...] resistirá y se
servirá de mi nombre de esta manera, y generaciones de gentes piadosas
se mantendrán leales a él. Después habrá allí otro hombre que será de
[los fornicadores], y otro ha[brá] de los infanticidas, y de los que
yacen con otros hombres, y de los que se abstienen, y el resto de las
gentes entregadas a la corrupción, la ilegalidad y el error, y aquellos
que dicen: 'Somos como ángeles'; ellos son las estrellas que provocan la
extinción de todas las cosas. Porque durante generaciones los hombres
han dicho: 'Mira, Dios ha recibido vuestro sacrificio de las manos de un
sacerdote'; es decir, de un ministro del error. Pero es el Señor, el
Señor del Universo, quien gobierna; 'En el último día ellos serán
humillados'.".
Es alarmante para los discípulos saber que
esta visión de un Establishment religioso corrompido amalgama en uno
tanto el Templo de los fariseos como la nueva iglesia que está en sus
comienzos y que va a nacer de las predicaciones cristianas, o más bien
cristianistas. El Jesús del Evangelio de Judas no funda ninguna iglesia;
a la manera de un iluminado revolucionario, enfatiza en su lugar el
destino espiritual individual de cada alma, y su relación directa con la
divinidad: "Dejad de luchar contra mí", les dice: "Cada uno de vosotros
tiene su propia estrella". Recuerdan los editores el paralelismo aquí
con la doctrina platónica del
Timeo, que
parece haber influido mucho a los gnósticos (en combinación con
antiguos mitos de creación de Oriente Medio, en los que tienen un papel
preponderante los principios femeninos además de los masculinos). La
teología de este Evangelio, en suma, poco tiene que ver con la familiar
teología cristiana. Muchas almas no son inmortales, hay toda una
jerarquía de dioses y no es el mejor el que nos ha tocado; el Infierno
brilla por su ausencia, y la Salvación es algo más impersonal y
abstracto y menos ligado a una moral pública y una actitud ortodoxa.
Sólo Judas escucha realmente a Jesús, porque ha tenido una visión en la
que los doce discípulos lo lapidaban y acosaban. También le pide una
explicación:
Jesús
respondió y le dijo: "Te convertirás en el decimotercero, y serás
maldecido por las otras estirpes, y llegarás a prevalecer sobre ellas.
En los últimos días maldecirán tu ascenso a la [estirpe] santa".
Acto seguido, pasa a exponerle "secretos que nadie ha visto", y le
narra la historia de la Creación y del origen de los dioses inferiores
que han dado lugar a este mundo. También narra el fin de este mundo y
sus creencias, y la muerte de todas las almas menos las que, según las
creencias gnósticas, están destinadas a ser admitidas a la "gran
estirpe" (un cielo más exclusivo, menos democrático por tanto que el de
los evangelios canónicos). Judas, como Jesús, es uno de ellos, pues es
el único discípulo digno de recibir esta revelación. También es el
elegido para entregar a Jesús a la muerte, una muerte que no es sino el
cumplimiento de su misión en este mundo. También Judas acepta así
cumplir su misión, aunque ésta acarrea necesariamente la infamia, en
lugar del aplauso, a los ojos de quienes comprenden imperfectamente. Así
le dice Jesús en la penúltima escena:
Mira,
ya se te ha dicho todo. Levanta tus ojos y mira la nube y la luz que
hay en ella y las estrellas que la rodean. La estrella que marca el
camino es tu estrella.
El
Evangelio de Judas termina en un tono un tanto
offbeat
con la escena de la "traición". Los sacerdotes buscan cómo arrestar a
Jesús sin despertar la ira del pueblo. Judas les dirá cómo hacerlo.
Se acercaron a Judas y le dijeron: "¿Qué haces aquí? Tú eres un discípulo de Jesús".
Judas les respondió como ellos querían. Y él recibió algún dinero y les entregó a su maestro.
EL EVANGELIO DE JUDAS
Así termina el texto, con el título, según era costumbre en los códices antiguos (—obsérvese que es el evangelio sobre Judas, no el evangelio escrito por Judas:
el narrador o autor permanece anónimo). Este es el Códice Tchacos,
encontrado en el desierto egipcio en 1970, vendido de marchante en
marchante desde entonces, y reconstruido y editado cuidadosamente en el
siglo XXI. Se ha datado hacia el año 220-240, y contiene textos de
círculos gnósticos similares a los encontrados en 1945 en Nag Hammadi.
Se han encontrado otros evangelios gnósticos, entre los declarados
apócrifos y heréticos ya en los tiempos de los Padres de la Iglesia: el
Evangelio de Tomás, la Revelación de Santiago, el Evangelio de María
Magdalena, etc.
Está claro que el Evangelio de Judas se
escribió en el seno de un grupo religioso "alternativo", que contestaba
la incipiente oficialización y jerarquización de la Iglesia, su paso de
reciente perseguida a futura perseguidora. Tiene algunos elementos en
común con los textos escritos en tiempos de reformas y guerras de
religión, como los de las sectas de no conformistas frente a la Iglesia
de Inglaterra, o los textos de los místicos frente a los funcionarios e
inquisidores de la Iglesia Católica. En el acto final de Judas vemos
cómo se sitúa la verdadera espiritualidad más allá de todo gesto o
acción que vayan a ser capaces de comprender los comisarios políticos
eclesiásticos. Fariseos u obispos, todos son lo mismo para el Evangelio
de Judas. Como dijo Milton con su soneto "contra los nuevos forzadores
de conciencias", "New Presbyter is but Old Priest
writ large". El Sacerdote, con su ortodoxia, sus formulismos, su
monopolio de lo sobrenatural, y su apego a la Autoridad, es una
constante de la historia; también, en consecuencia, lo es el
anticlericalismo. Menos extendida está la espiritualidad anticlerical:
los gnósticos, como Milton, eran profundamente religiosos y (quizá por
eso mismo) profundamente anticlericales.
Fariseos, obispos,
sacerdotes y presbíteros, a la vez que desautoricen y prohíban el
evangelio de Judas, escucharán sin duda el relato de la Visión del
Templo como los Apóstoles: con una irritación mezclada de inquietud.
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