Por la Galaxia Gutenberg
Publicado en Semiótica. com. José Ángel García Landa
Según explica el propio autor de
La Galaxia Gutenberg, Marshall McLuhan, "
La galaxia Gutenberg trata de señalar el modo en que las
formas de
experiencia, de perspectiva mental y de expresión han sido alteradas
primero por el alfabeto fonético, y por la imprenta después" (McLuhan
30).
Es curioso que Woody Allen saque a McLuhan del bolsillo en
Annie Hall para taparle la boca a un crítico, diciéndole McLuhan al crítico
from the horse’s mouth
que no quería decir en sus obras nada de lo que el crítico
explicaba—una postura autorialista muy propia ciertamente de McLuhan,
pero un tanto extraña al fin en un seguidor del antiintencionalista
New Criticism y en un teorizador de los
cool media, esos que requieren la coparticipación del receptor. (Hace poco en la MIT Press, abreviando el título de su
Understanding Media titularon un libro de McLuhan
Understanding Me).
Sea
como sea, si el crítico no entendía nada, tiene su disculpa, pues el
estilo de McLuhan no es que sea un modelo de claridad ni de orden
expositivo, al menos en
La Galaxia Gutenberg.
Es lo que él llamaba el "estilo mosaico" de exposición—no inspirado por
Dios ni por Moisés, sino por el azar de las lecturas—un estilo bastante
impresionista y bloguístico, pero raro en un libro académico, pues va
torciendo la línea argumentativa o temática del libro de modo un tanto
ad hoc
según lo que esté leyendo McLuhan, según las ideas que le crucen en la
cabeza otros libros y cogitaciones. He de decir, por mi experiencia
personal, que no está mal como sistema generador de ideas, pero que no
lleva a explorarlas de modo muy sistemático. Y en el caso de McLuhan al
menos, la conexión que a veces se postula entre las ideas que se van
exponiendo y la tesis central del libro... es tenue, o traída por los
pelos, o digna de ser marcada como yo hago con un gran interrogante al
margen. De ahí cierta oscuridad y arbitrariedad, superpuesta con ideas
brillantes y fecundas.
La mayor fuente de arbitrariedad: el
simplismo dicotómico, paradójicamente superpuesto a una voluntad de
complejidad multidimensional. Tomemos por ejemplo la distinción entre
medios fríos y calientes: McLuhan coloca en extremos opuestos una
fotografía y un dibujo, sin perder mucho tiempo en lo relativo de la
oposición entre fotografía y dibujo, y en la variedad de estilos
transicionales de representación que darían al traste con una dicotomía
simple. Por no hablar de su definición de la televisión como un medio no
esencialmente
visual, o
audiovisual, sino "táctil"... ¡en contraposición al cine! McLuhan lleva
su idea en mente, y las complejidades de la semiótica, de los protocolos
múltiples de representación, de las intermedialidades... no le inmutan
lo más mínimo a la hora de dictaminar sobre un punto dado. Lo mismo con
las características "sensoriales" del alfabeto: la escritura ideográfica
es tribal, y sólo el alfabeto destribaliza. Con lo cual se simplifica
toda la cultura china y se la mete en el mismo saco de las tribus
iletradas, o casi (p. 97). Y cuando llega Gutenberg, para terminar el
trabajo de destribalización, parece hacer su trabajo de modo
instantáneo, si nos atenemos a McLuhan. En 1500,
presto,
ya estamos en la era Gutenberg, sin ningún tipo de inercia medieval al
parecer, igual que en 1900, al haber ya telégrafo, ya ha quedado
enterrada la era tipográfica. En sus peores momentos parece una
caricatura de McLuhan, ciertamente.
La idea básica de
La Galaxia Gutenberg
es que la tecnología de la palabra impresa (alfabética) cambia el
equilibrio entre los sentidos, e inaugura una nueva relación con el
mundo. Poco énfasis pone McLuhan en los efectos culturales,
administrativos,
comunicativos
en realidad, de la imprenta. Lo reduce—o más bien lo remite, no quiero
ser yo reduccionista—a efectos psicológicos y a hábitos de lectura. Lo
que viene a querer decir que reduce la complejidad social de la
economía, las disciplinas del conocimiento, los efectos organizativos de
la comunicación, a los términos de lo que cabe en su teoría, o en los
intereses más directos suyos. Y eso es simplificar, espectacularmente,
en aras del espectáculo de la teoría. Si McLuhan tenía aciertos
brillantes, no menos acertados eran los diagnósticos de sus críticos más
demoledores.
No demoledor, aunque sí crítico, está su
prologuista en la edición del Círculo de Lectores (1998), Javier
Echeverría. Presenta a McLuhan como "uno de los mayores defensores del
determinismo tecnológico, según el cual algunas técnicas son las causas principales de las
revoluciones culturales por las que ha pasado la humanidad"—el libro impreso en concreto en el caso de
La Galaxia Gutenberg.
Y "muy dudoso" le parece McLuhan cuando afirma que la nueva "era
electrónica" que sucede a la "era tipográfica" es una regresión a formas
orales y estructuras tribales. Parte de la inspiración para McLuhan
vino del libro de su amigo Harold Innis
Empire and Communications (1950). La idea básica es que
algunas técnicas cambian el sistema sensorial humano, y por ello cambian el mundo: en
concreto, "la proporción entre los sentidos cambia cundo cualquiera de
ellos o cualquier función corporal o mental se exterioriza en forma
tecnológica" (McLuhan, 17)—sucedió con la imprenta, y sucede luego con
la televisión y ahora el ordenador. Como dice Echeverría,
"El determinismo tecnológico de McLuhan está profuntamente mediatizado por una concepción básicamente sensorial del mundo.
Todas las tecnologías son extensiones de nuestro cuerpo: la palanca
es una extensión de nuestro brazo, el libro de nuestro ojo, la ropa de
nuestra piel, y los circuitos electrónicos son una extensión de nuestro
sistema nervioso central" (18).
Centrándonos más en la
revolución de la escritura, sostiene McLuhan que la palabra escrita
transforma fundamentalmente la consciencia, hace procesar la información
(
toda la información, no sólo
la escrita) de manera diferente, hace posible la aparición de la
geometría y del espacio euclídeo... todo por la separación que efectúa
entre vista y tacto, entre forma y contenido. Eso lleva a la ignorancia
de la forma, y a privilegiar el contenido (aquí conectaría McLuhan
mínimamente con la gramatología de Derrida). Para McLuhan, la forma es
mucho más importante, aunque la perdamos de vista:
el medio es el mensaje, afirmación que lleva a veces hasta extremos realmente peregrinos, y que transforma luego en
el medio es el masaje (the medium is the massage),
para enfatizar las cualidades táctiles. Diría uno que desechando el
mensaje y quedándose en el medio se pierde McLuhan parte del mensaje al
menos, o se queda a medias... Esta postura en su extremo (que no teme
abrazar McLuhan) nos llevaría no ya a decir que "lo importante en
televisión no es lo que se diga, sino cómo se diga" (Echevarría 10) sino
a sostener que da igual lo que programe la televisión con tal de que
esté encendida.
Sobre la revolución de la imprenta
evidentemente tiene McLuhan cosas importantes que decir. "La imprenta
transformó el hábito de lectura, que antes era oral y público, y no
privado y silente, como en la era de Gutenberg" (Echeverría 20), y esto
con efectos lingüísticos y culturales colaterales. "Anteriormente, las
normas ortográficas no eran fijas y la corrección gramatical no era
excesivamente importante. Desde que la imprenta suscita la unificación
de la ortografía y la gramática, la escritura ha de ser, ante todo,
correcta" (Echeverría 21). Esta asociación de la norma lingüística con
la imprenta ha sido desarrollada por
la lingüística integracional
(Harris, Wolf, Toolan, etc.) en direcciones que como McLuhan combinan
lo penetrante con lo irritante. Antes de la imprenta, copiar y difundir
era meritorio ("como ahora sucede en Internet" dice Echevarría
curiosamente... lo malo es la interferencia con la cultura de propiedad
intelectual de la imprenta). La era electrónica para McLuhan
deshomogeneiza y descentra la cultura, un análisis demasiado simplista
que lleva extraña identificación de la
aldea global con...
eso, una aldea, una atomización tribal primitiva, como si una frase
afortunada (?) justificase el perder de vista todas las demás
dimensiones de análisis de la globalización, excluida la supuesta
fragmentación cultural, pues la globalización parece más bien un
movimiento de signo contrario. Para Echevarría, aquí se equivoca
McLuhanpor completo anunciando este retorno a la oralidad primitiva:
"resulta sorprendente que McLuhan piense que la cultura electrónica es
incompatible con la centralización" (24).
Igualmente discutible y simplista es la manera en que aplica de modo diferencial esta prioridad del medio a los medios
fríos y a los
calientes—por lo ya dicho. (Puede leerse aquí a título de ejemplo alguna nota crítica de Noel Carroll sobre estas cuestiones:
"Carroll, McLuhan and the Electronic Future").
Y en cuando está realmente lanzado, McLuhan adopta una visión Teilhardiana de un futuro
theocyberpunk, en
el que "los medios electrónicos hacen posible una integración psíquica
común y crean la universalidad de la conciencia prevista por Dante"
(Echeverría 18)—pasando así más allá de una aldea global a una noosfera
mística.
En la entrevista que dio a Playboy
McLuhan ve el futuro de la Humanidad más allá de las estrellas... y aún
tiene la cara dura de hacerse pasar por pesimista y escéptico ante esta
evolución.
Para McLuhan, "son los medios de comunicación
(desde la Biblia a Internet, pasando por la recitación y el libro) los
que crean la realidad en la que actuamos los seres humanos, y por eso
son completamente fútiles los debates sobre la realidad virtual y la
realidad ’real’, entendiendo esta última como la realidad generada por
un medio obsoleto y en trance de declive" (Echevarría 23)
—Lo malo es que McLuhan es un tanto dado a los entierros prematuros...
Notas sobre La Galaxia Gutenberg:
Entre sus predecesores e influencias, cita McLuhan los estudios sobre oralidad de Albert B. Lord,
The Singer of Tales (29); también cita a Harold Innis (
The Bias of Communication; Empire and Communication), a William Ivins (
Art and Geometry) y a Walter J. Ong.
Ong fue estudiante / inspirador / colaborador de McLuhan; ya comenté en
otra ocasión su teoría de la interiorización de tecnologías aplicada al
contraste entre oralidad y escritura, muy en la línea de McLuhan, pero
con un tratamiento menos arbitrario (
"El lenguaje como tecnología interiorizada").
De Innis dice McLuhan que todo este libro sólo le añade una nota a pie
de página (98). También J. C. Carothers habla en un artículo de 1959 del
mundo "auditivo" del africano y el mundo visual que el europeo debe a
la escritura. Y algunas de estas ideas derivan the David Riesman (
The Lonely Crowd).
Vamos, que casi todas las ideas que se suelen atribuir a McLuhan son
atribuidas por él a otros... La combinación es propia, pero también es
cierto que los ingredientes no siempre combinan bien.
Karl
Rodbertus y Karl Bucher, en sus estudios de economía antigua, también
observaron la transformación social concomitante al uso de la
"tecnología" monetaria. Bucher propuso una especie de retrospección
imaginativa, colocándonos en el punto de vista de los antiguos y no
aplicándoles a posteriori nuestras categorías (—una noción sobre el
estudio de transformaciones que tiene que ver con las críticas al
hindsight bias, como las de Herbert Butterfield, Gary Saul Morson y Michael André Bernstein).
La
tecnología eléctrica invierte según McLuhan la tendencia de la era
tipográfica en la modernidad temprana: "es el nuestro el inverso
problema de vernos confrontados por una tecnología eléctrica que parece
dejar anticuado el individualismo y hacer obligada la interdependencia
corporativa (29)—una afirmación como menos
sweeping y precipitada.
La tecnología transforma a la sociedad, según McLuhan, porque en primer lugar transforma la experiencia humana:
"El hombre ese animal que construye instrumentos, sea el lenguaje, la
escritura o la radio, se ha dedicado desde hace mucho tiempo a ampliar
uno u otro de sus órganos sensoriales, pero lo ha hecho de tal modo que
todos los restantes sentidos o facultades han sufrido extorsión. Si bien
han pasado por tal experiencia, los hombres han omitido constantemente,
sin embargo, hacerla seguir de observaciones" (33).
La teoría de la transformación y reequilibración estructural de las
secuencias cerebrales y esquemas de actuación como consecuencia de la
tecnología se remite a J. Z. Young,
Doubt and Certainty in Science. También Edward T. Hall se refiere a las tecnologías y herramientas como
extensiones materiales del cuerpo; a todos los cita McLuhan con humildad: "lo que se hace en
La galaxia Gutenberg
es proseguir las meditaciones de J. Z. Young sobre este tema" (37).
Young da importancia al papel del cerebro a la hora de proporcionar
centros de interacción para las diversas percepciones y estímulos,
característica de la inteligencia humana. (Es ésta una noción muy
interesante que puede cotejarse provechosamente con las investigaciones
de Gerald Edelman, Wolf Singer, Stanislas Dehaene et al., y Petra
Stoerig reseñadas aquí:
"Más consciencia").
Quizá haya que buscar otro antecedente del sensorialismo de McLuhan en la noción de T. S. Eliot de una
dissociation of sensibility
que aquejó al hombre moderno gradualmente—aunque Eliot no la atribuye
de modo prioritario a la imprenta. La noción de la recuperación del
equilibrio
intelectual y emocional también responde a una cierta narrativa
primitivista reconocible en Eliot (para Eliot es la poesía la que nos
devuelve este equilibrio).
El desarrollo tecnológico nos hace perder a veces la perspectiva lingüística sobre los objetos. Así, dice Young,
"La
palabra átomo o electrón no se usa como el nombre de una pieza. Se usa
como parte de la descripción de las observaciones de los físicos. No
tiene significado sino cuando la emplean gentes que conocen los
experimentos en que se revela" (cit. en McLuhan 36-37).
Para McLuhan, la tecnología con frecuencia desequilibra o aísla las
funciones cerebrales en lugar de integrarlas: y de este desequilibrio
perceptual deriva las transformaciones culturales acarreadas por la
escritura y la imprenta: "Y es que la ’sociedad abierta’ fue
consecuencia del alfabeto fonético, como pronto veremos, y hoy está
amenazada de erradicación a manos de la tecnología eléctrica" (39).
También la capacidad de abstracción de la mente humana moderna es obra
del alfabeto fonético, "y no de cualquier otra forma de escritura o
tecnología" (39).
¿Una causa universal? Parece más bien una
determinación de simplificar por hipertrofia del objeto estudiado, de
reducir la complejidad de la realidad a un método o Causa Primera. Sin
siquiera concederle mucho papel a la interacción de efectos entre causas
secundarias... Aunque sí es cierto que reconoce McLuhan que "La
verdadera revolución se produce en esa más tardía y prolongada fase de
ajuste de toda la vida social y personal al nuevo modelo de percepción
establecido por una nueva tecnología" (60). Matizando su teoría de la
revolución súbita.
El análisis de
El Rey Lear
es ejemplar de ciertas maneras de McLuhan a las que nos hemos referido:
medio traído por los pelos, medio alegorizado, no es en absoluto
convincente como síntoma de la "era Gutenberg"—definida como una era
alfabética. Otra cosa es que se vean síntomas de la degradación de la
Cadena del Ser, pero que esa degradación sea obra de la imprenta, mal
demostrado queda. "En el siglo XVI, la idea de una segmentación
homogénea de personas, relaciones y funciones solamente pudo aparecer
como la disolución de todos los vínculos del sentido y la razón" (47)—
es insuficiente la noción de "segmentación homogénea" para establecer
una conexión entre Lear y la imprenta, como no sea una mera conexión
mental en quien está aplicando esta teoría un tanto a troche y moche,
trazando líneas de gravitación donde no hay sino un punto de vista
subjetivo como base unificadora. Y es que la
Galaxia Gutenberg parece en estos casos más bien la
Constelación Gutenberg...
En
el comentario de la escena de Gloucester en Dover (49-50), las
invocaciones de McLuhan a un nuevo sentido de la tercera dimensión
perspectivística como una ilusión son también extrañamente delirantes...
sobre todo si se piensa que se refieren a una obra dramática de
Shakespeare no primordialmente
impresa, sino
audiovisual. Reducir los efectos
teatrales
de Shakespeare a una única causa, y esa causa que sea la imprenta, no
puede responder sino a una voluntad preconcebida de nivelación
monotemática.
Similarmente obtusas y atípicas son muchas de las
asociaciones de McLuhan, por ejemplo cuando define la invención de la
rueda como una abstracción sobre la base
¡de formas animales! Vegetales o minerales, será más bien (troncos, piedras, etc.). Porque animales con ruedas, pocos hay.
O veamos como caso sintomático de asociación obsesiva en McLuhan esta lectura de Yeats:
"W. B. Yeats escribió un epigrama que expresa en forma críptica los temas de El rey Lear y de Don Quijote:
A Locke le dio un desmayo.
El jardín se marchitó
Dios ha quitado la rueca
de su lado
El
desmayo de Locke fue el trance hipnótico inducido por la
intensificación del componente visual en la experiencia, hasta que llega
a ocupar todo el campo de la atención". (51)
Pues
será... o más bien será que no. Sospechamos que no puede atribuirse a
Yeats, en críptica expresión, la visión que el propio McLuhan pueda
tener de Locke, en quien hay muchos otros temas aparte de los visuales
que podrían causar ese "desmayo" tan arbitrariamente interpretado por
McLuhan. Muchas veces este
oscurantismo,
como se suele decir, más que oscuridad, actúa de modo tiránico en su
razonamiento, haciendo pensar al lector que si McLuhan lo ha visto, por
muy traído por los pelos que parezca, debe ser que ahí está, y que si yo
no lo veo debe ser que me falta
insight...
Pero como decimos, a veces parece que McLuhan va ensartando sus
lecturas un poco al azar y asociándolas mal que bien al tema que quiere
desarrollar. Lástima no poder sacar a Yeats de detrás de la cortina para
decir que "no, Sr. McLuhan, no es eso en absoluto lo que yo quería
decir"... pero es cuestión menor: más grave es la impresión que nos
queda de que ni lo quería decir, ni lo dice sin querer.
Y
siento que me esté saliendo tan negativa esta relectura de McLuhan,
porque lo cierto es que el libro me había resultado interesante y
sugerente a pesar de cierta tendencia al
sweeping statement fácilmente apreciable.
De Carothers deriva McLuhan la desacralización de la palabra por la
escritura: "en general, las palabras, al hacerse visibles, pasan a
formar parte de un mundo de relativa indiferencia para el que las ve, un
mundo en el que la fuerza mágica de la palabra ha sido extraída" (cit.
por McLuhan, 55), —y sin embargo esto dice muy poco sobre la asociación
de la escritura a lo sagrado en las primeras civilizaciones.
También es Carothers quien asocia la internalización de la escritura al
desarrollo de la interioridad y del individualismo en contraposición a
la normativa social transmitida por tradición o imposición pública: "En
una sociedad altamente civilizada (...) la adecuación de la conducta en
lo visible deja al individuo libre para desviarse interiormente. No así
en una sociedad oral, donde la verbalización interna es conducta social
efectiva" (McLuhan 56). Esto me hace pensar en el planteamiento de
Elizabeth I sobre la conformidad religiosa: exigía la reina conformidad
externa, pero negaba que tuviese voluntad de ir a examinar el interior
de las conciencias de sus súbditos...
La alfabetización produce una especie de esquizofrenia, nos dice
La Galaxia Gutenberg.
Las letras se interiorizan y esto rompe el equilibrio previo de
nuestros procesos mentales. No la simple escritura, no: más precisamente
la escritura alfabética, y además el efecto parece inmediato (una
dudosa violencia de efectos mentales que requieren las dicotomías y
periodizaciones de McLuhan):
"Si
se introduce una tecnología, sea desde dentro o desde fuera, en un
cultura, y dan nueva importancia o ascendencia a uno u otro de nuestros
sentidos, el equilibrio o proporción entre todos ellos queda alterado.
Ya no sentimos del mismo modo, ni continúan siendo los mismos nuestros
ojos, nuestros oídos, nuestros restantes sentidos. La interacción entre
nuestros sentidos es perpetua, salvo en condiciones de anestesia. Pero
cuando se eleva la tensión de cualquiera de nuestros sentidos a una alta
intensidade, éste puede actuar como anestésico de los otros" (61-62).
"Aquellos
que padecen la primera embestida de una nueva tecnología, sea el
alfabeto o la radio, responden muy intensamente porque las nuevas
proporciones de los sentidos, establecidas inmediatamente por la
dilatación tecnológica del ojo o del oído, ofrecen al hombre un
sorprendente mundo nuevo, que evoca una nueva y vigorosa conclusión, o
nuevo modelo de interacción entre todos los sentidos en su conjunto"
(59)
Los
filósofos griegos son los exponentes de esta nueva cultura de la
abstracción fomentada por la escritura alfabética. Y de ahí una
asociación entre el desarrollo de la escritura alfabética y el de la
filosofía. "Los presocráticos todavía tuvieron, en general, una cultura
analfabeta. Sócrates estuvo en la frontera entre aquel mundo oral y la
cultura visual del alfabeto" (60) (—y es tentador en efecto ver a
Platón, con sus diálogos, como un puente entre la oralidad y la
escritura, y a Aristóteles como el exponente de la extremada abstracción
de una cultura plenamente alfabética). Recuerda McLuhan ese pasaje de
Fedro donde
se llama a la escritura un "fármaco" para la memoria, que debilitaría
la memoria, pero comenta (algo sorprendentemente) que no se aprecia
conciencia reflexiva en Platón de la importancia real de esta
tecnología. Sí ve esa consciencia (no reflexiva, será) en el mito de
Cadmo, del que hace lecturas alegóricas (y dudosas) siguiendo a Innis.
Un caso más de identificación precipitada: el retorno a la oralidad
tribal hoy en día nos hace reconocer que "cuanto en mayor grado se
penetra en los más profundos estratos de la conciencia de los pueblos
analfabetos, se encuentran las ideas tanto más avanzadas y sofisticadas
del arte y de la ciencia del siglo XX" (64) - !!! Diría yo, más bien,
que cuanto más cuidadosamente se examinan, tanto más se matizan las
similitudes esquemáticas, o las coincidencias traídas ad hoc, para
apreciar las abismales diferencias... Pues la historia no tiene marcha
atrás ni avanza en espirales, hasta ahora, por mucho que diga McLuhan.
A veces los cambios detectados por McLuhan son instantáneos,
revolucionarios: otras veces reconoce la inercia de los procesos
culturales:
A menos que se produzca una catástrofe, el influjo del alfabeto y la
predisposición a lo visual se mantendrán durante largo tiempo contra la
electricidad y el conocimiento de "campo unificado" (68)
(Como inciso, hay que decir que la aparición de la Red como
hipertexto eléctrico
viene a crear un cortocircuito entre las dos polaridades de McLuhan, la
visualidad alfabética y la oralidad eléctrica... el hipertexto global
viene a ser la refutación de McLuhan tanto como su confirmación, lo cual
no dice mucho de la coherencia de sus categorías).
Leyenda
china que toma McLuhan de Heisenberg: "He oído decir a mi maestro que
cualquiera que emplee una máquina hará todo su trabajo como una
máquina"—(
vaya... pues aquí le estamos dando en la web):
el desarrollo de la civilización produce para McLuhan esta "inseguridad
en las luchas del alma". Aunque tampoco parece consolarle su pasmosa
afirmación de que los medios eléctricos "están volviendo a crear en
nosotros rápidamente los procesos mentales del hombre primitivo" (71).
Pero no es sorprendente que una época de espectaculares desarrollos
tecnológicos, productores de shocks y obsolescencias de hábitos,
encuentre en las explicaciones de McLuhan una justificación tentadora:
"Este libro tratará de explicar por qué la cultura de la imprenta
confiere al hombre un lenguaje de pensamiento que lo deja totalmente
desprevenido para enfrentarse con el lenguaje de su propia tecnología
electromagnética" (71). Aunque tampoco acabo de ver a un
oral tribal
diseñando tecnología para podcasts. Ni surfeando tranquilamente por
culturas distintas y simultáneas, que es lo que parece esperar en
nuestra época multicultural donde "compartimentar el potencial humano en
culturas únicas será pronto tan absurdo como ha llegado a serlo la
especialización en temas y disciplinas" (71-72). Y también me temo que
la especialización irá a más, por más que McLuhan se considere un
generalista visionario.
Para
McLuhan la propaganda soviética es tan obviamente insincera como la
publicidad norteamericana—una asociación chocante y divertida, pero no
se entiende que quiera reducir la primera a la oralidad pre-Gutenberg y
la segunda a la "aldea global" eléctrica: Los saltos de equilibrista a
través de los siglos y las férreas dicotomías que exige esa maniobra
suenan a manipulación por parte del teorizador.
En fin, que a pesar de algunos reflejos condicionados,
no se acaba de entender el alcance exacto de lo que quiere decir McLuhan
cuando proclama que
La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global (72). De él podríamos decir las gentes con tendencia literaria y crítica como de Teilhard...
Las
gentes con tendencia literaria y crítica encuentran la estridente
vehemencia de Teilhard de Chardin tan desconcertante como su poco
crítico entusiasmo por la membrana cósmica con que la dilatación
eléctrica de nuestros sentidos ha envuelto de pronto nuestro planeta.
Este mayor alcance externo de nuestros sentidos crea lo que Chardin
llama la noosfera o cerebro tecnológico del mundo. En lugar de
evolucionar hacia una enorme biblioteca de Alejandría, el mundo se ha
convertido en un ordenador, un cerebro electrónico, exactamente como en
un relato de ciencia-ficción para niños. Y a medida que nuestros
sentidos han salido de nosotros, el ’Gran Hermano’ ha entrando en
nuestro interior. Y así, a menos que tomemos conciencia de esta
dinámica, entraremos en seguida en una fase de terror pánico, que
corresponde exactamente a un undo de tambores tribales, en una fase de
total interdependencia y de coexistencia impuesta desde arriba. (73)
Cita sugerente, pero la realidad es siempre más compleja. Por ejemplo,
mirando desde la Web no hay oposición entre la nueva Biblioteca de
Alejandría y el ordenador.
McLuhan considera al lenguaje una
tecnología "constituida por la dilatación o expresión (esteriorización)
simultánea de todos nuestros sentidos" (78) y que es por tanto muy
sensible al impacto tecnológico sensorial—y muy en concreto al que le
afecta directamente, a través de la escritura y la imprenta.
Muy dudosas
(por así decirlo) son sus afirmaciones sobre la "tactilidad" del ojo en
las sociedades primitivas, identificando el procesamiento de imágenes
representadas con el de objetos. Del hecho de que no se entienda la
retórica de las películas no puede derivarse una conclusion sobre la
percepción visual en general.
...
las sociedades analfabetas no pueden entender películas o ver fotografías sin un gran entrenamiento previo (79);
Los espectadores africanos no pueden aceptar nuestro nivel de consumidores pasivos ante una película—Sea, pero aquí hay muchos procesos socio-interaccionales en juego, no meros asuntos de percepción.
"con las películas, el espectador es la cámara (...). Pero con la
televisión, el espectador es la pantalla. Y la televisión es
bidimensional y escultural en sus contornos táctiles. La televisión no
es un medio narrativo, no es tan visual como audiotáctil" (84)... Otra
afirmación portentosa y difícil de seguir. Tampoco se entiende cómo es
precisamente en la era de la fotografía y reproducción masiva de
imágenes, del cine y de la televisión, cuando entra en crisis "lo
visual" y se potencia "lo auditivo/oral"—¿quizá "visual" no es la
propiamente palabra que necesita McLuhan? Pero mira que insiste en
ella...
"si una nueva tecnología extiende uno o más de nuestros
sentidos fuera de nosotros en un mundo social, aparecen en esa cultura
particular nuevas proporciones entre todos nuestros sentidos" (86)—aquí
evidencia McLuhan una noción estructuralista de la percepción como un
sistema interrelacionado.
"Y en tanto que el hablar es una
exteriorización (expresión) de todos nuestros sentidos al mismo tiempo,
la escritura abstrae de la palabra hablada" (89): un planteamiento éste
que puede servir de punto de partida para la lingüística
integracionalista de Harris. Un paso subsiguiente en el divorcio de
escritura y verbalización es la lectura rápida o vertical (90).
Nuestra época eléctrica es connatural con las analfabetas (! - 93).
Pero no retornamos a África por el peso de la tradición escrita, y por
la potencia del alfabeto... ¡después de todo, no ha desaparecido la
escritura!:
"Ninguna cultura
analfabeta puede absorber a una alfabética, porque el alfabeto no puede
ser asimilado; solmante puede liquidar o reducir." (98).
Como análisis del contraste entre la cultura tribal y la moderna propone a Mircea Eliade,
The Sacred and the Profane,
aunque no comparta su nostalgia por lo tribal. Eliade describe el
nacimiento de la conciencia individual interpretando en ese sentido las
palabras que los dioses invisibles dicen a los hombres en Homero: "El
héroe ha devenido un hombre escindido al ir tomando posesión de un ego
individual" (McLuhan 101).
"El
punto de vista griego, tanto en arte como en cronología, tiene poco en
común con el nuestro, pero fue muy semejante al de la Edad Media" (107).
En los griegos aún se aprecia que "la representación de las
’apariencias naturales’ es completamente anormal e imperceptible como
tal para los pueblos analfabetos" (103). "La escisión de los sentidos y
la ruptura y alejamiento de la dimensión visual no se produjo hasta que
tuvo lugar la experiencia de la producción en masa de tipos exactamente
uniformes y repetibles" (104). El influjo de la tecnología se ha hecho
perceptible hoy para la reflexión por la posibilidad de observar tantas
culturas diferentes y los efectos de muy distintas tecnologías (105).
Una aplicación narratológica de este sensorialismo tecnológico: "La
línea narrativa en una literatura determinada es inmediatamente
reveladora, al igual que la línea escultórica o pictórica. Dice
exactamente hasta dónde se ha desarrollado la disociación entre lo
visual y los otros sentidos" (108). John White halla también en su
análisis de la narrativa griega un monoperspectivismo, "todas las formas
se apoyan en un plano único. Todo el movimiento se produce en una sola
dirección" (cit. en McLuhan 106)—y en cambio a mí se me ocurre que la
larga narración en segundo plano, con anacronía incluida, que hace
Ulises en la
Odiseaparece desmentir o matizar esta afirmación. Como lo hace también la descripción del escudo de Aquiles en la
Ilíada.
Van Groningen, por cierto, observa que el Ulises de Homero no explora
hacia lo desconocido—no es como el de Tennyson—sino que intenta regresar
a su pasado... Esta cita me interesa por su relación con la
retrospección:
El griego
sabe, y no el oriental, cuán incierto es el futuro; un pasado tranquilo y
un próspero presente no son, de ningún modo, garantía de un futuro
feliz. Y así, sólo podemos valorar una vida humana (...) cuando se ha
hecho pasado, por completo, a la muerte del hombre, como en el caso de
Tello el ateniense. (Van Groningen, cit. por McLuhan 110; recordemos
también a este respecto el fin de Edipo Rey)
Lo que no acierto a ver su relación con la
visualidad de McLuhan. También arguye McLuhan que la noción de causa de Aristóteles es
visual. Pero no queda nada claro en qué sentido.
John Hollander (
The Untuning of the Sky)
observa cómo la lírica musical griega y la lírica latina escansionada
gráficamente responden a dos principios distintos—como de hecho lo hacen
el lenguaje hablado y el escrito (113). Albert Einstein, a su vez,
observa la transformación operada en la música en el Renacimiento por el
efecto de
imprimirla. (114).
Sigue McLuhan apoyando su noción de las transformaciones mentales de
las sociedades alfabetizadas con una lectura de Charles Seltman,
Approach to Greek Art.
También Seltman tiene una concepción evolucionaria de la percepción
artística, y de lo que es propio a cada época. Una cita interesante
sobre un peligro de
hindsight bias en la valoración del arte antiguo con nociones tales como "florecimiento" y "decadencia" de estilos:
Implícito
en tal fórmula está el dogma de que los artistas griegos primitivos
debieron de estar todo el tiempo tratando de alcanzar el naturalismo, de
lograr una imitación de la vida que estaba más allá de sus
posibilidades. Sin embargo, volviendo a la comparación literaria, no es
general la pretensión de que, en la representación dramática, Esquilo,
por ejemplo, estaba luchando por ser fiel a la vida como Menandro; o
Shakespeare tan fiel a la vida como Shaw. (Seltman, cit. en McLuhan
118).
"Una sociedad nómada no puede experimentar el espacio cerrado", etc.
Los modos de percepción y de conceptualización de la realidad son
productos de una historia y un desarrollo cultural y semiótico: hasta
ahí de acuerdo. Por eso se hace incomprensible, incongruente, y—sí—
ridículo, que McLuhan en la misma página equipare la percepción en la
sociedad contemporánea a la prehistórica en estos términos: "Es
necesario comprender la íntima interrelación entre el mundo artístico
del hombre del las cavernas y la interdependencia intensamente orgánica
del hombre de la era eléctrica" (119). También es absurdo aislar el
arte abstracto de la cuestión de la evolución intrínseca de los estilos,
y reducirlo a una causa única "una intensa interacción de los sentidos,
con dominio variable del oído y del tacto" (120—¡¡sobre todo cuando
estamos hablando de
pintura!! A veces lo de McLuhan parecen ganas de cabrear)
.
Durkheim (
La división del trabajo)
es otra fuente del sensorialismo evolucionista de McLuhan: "hasta el
momento en que la vida sedentaria permite cierta especialización de las
tareas del hombre, no se da la especialización en la vida de los
sentidos que lleva a la elevación de la intensidad visual." (McLuhan
121).
Podríamos decir que para McLuhan la percepción es un
fenómeno estructural, culturalmente variable y evolutivamente emergente
(es la interfaz entre la evolución biológica y la evolución de las
culturas)... ("No obstante, hay algunos antropólogos, incluso en
nuestros días, que suponen vagamente que los hombres que no conocen el
alfabeto tiene percepciones espaciales euclídeas"— 122-23)—y es curioso
que esta teoría emergentista y evolucionista se superponga con el
primitivismo moderno y el retorno a las oralidad de las cavernas que
ocasionalmente proclama... a la vez que critica el primitivismo del arte
moderno o de Mircea Eliade.
El nominalismo, la capacidad de abstracción, se remiten, siguiendo a William Ivins (
Prints and Visual Communication)
a la cultura alfabética—que para McLuhan viene a equivaler a la cultura
desacralizada de Eliade. Aristóteles abstrae esencias y cualidades de
los objetos, y esta labor analítica, esta capacidad de abstracción, es
testimonio de la presión de las formas escritas sobre el lenguaje y las
definiciones—haciendo visible y espacial la secuencialidad del lenguaje.
Esto funciona de modo espontáneo, y por así decirlo imperceptible,
hasta que la cultura electrónica, la nueva oralidad, nos permite un
distanciamiento crítico de los modos de percepción impuestos por la
escritura, y nos hacemos conscientes de su efecto sobre el pensamiento
(130): "una cultura puede ser encerrada en el sueño de cualquiera de los
sentidos. El durmiente despierta cuando es requerido por cualquier otro
sentido" (132). Me parece, de todos modos, que subestima McLuhan el
papel del propio lenguaje como secuenciador y abstractor,
previamente a la escritura,
y en general subestima también la interacción multisensorial que hay en
la comunicación en todas las épocas, por grande que sea la presión de
una modalidad comunicativa concreta como la escritura o la imagen móvil.
"Hasta ahora, una cultura ha sido un hado mecánico para las sociedades,
la interiorización automática de sus propias tecnologías" (135). Y el
desarrollo cultural produce para McLuhan un tipo especial de alienación:
"Es
preciso comprender que los pueblos analfabetos se identifican a sí
mismos con el mundo en que viven mucho más intensamente que lo hacen los
pueblos civilizados. Cuanto más ‘civilizada’ se hace una persona, tanto
más tiende a separarse del mundo en que vive" (136)
—lo cual me hace pensar que soy extremadamente civilizado.
Una modalidad de razonamiento propia de mentalidades “sacras” o
analfabetas está asociada a algo que en este blog tanto nos ha
obsesionado, el
hindsight bias o falacia narrativa, lo que en lógica aristotélica se llamaba
post hoc non ergo propter hoc. (A esto se dedica por cierto el capítulo de John Pier en nuestro libro
Theorizing Narrativity). Y así lo ve McLuhan:
"Lo
inconveniente en el analfabeto no es que no sea lógico, sino que aplica
la lógica con demasiada frecuencia, muchas veces sobre la base de
premisas insuficientes. Generalmente supone que los sucesos asociados
están relacionados causalmente. Pero ésta es una falacia que comete
continuamente la mayoría de las gentes civilizadas, ¡y aun se sabe que
ocurre entre científicos muy preparados!" (136)
No
parece pues que el alfabeto nos inmunice contra esta falacia consistente
en confundir secuencia y causalidad—con lo cual su relevancia para el
caso queda en entredicho. Y en efecto la secuencialidad de la escritura
viene a introducir su propia serie de falacias e ilusiones, al
identificarse icónicamente la secuencia visual de signos y la secuencia
narrada de acontecimientos—que adquieren por ello mismo una cierta aura
de incuestionabilidad.
"Las técnicas de la uniformidad y la repetibilidad fueron introducidas por los romanos y la Edad Media"
(137). Habría quiza, por tanto, que acudir a las técnicas de
estandarización del ejército romano o de los constructores de vías y
acueductos, como precedentes de la industrialización moderna… Sea como
sea, el modelo más acabado y paradigma de repetibilidad es para McLuhan
la prensa de Gutenberg, que inaugura una nueva ola de fabricación serial
en la modernidad.
Lo "táctil", en el sentido de McLuhan, es
"Lo táctil, o interacción entre todos los sentidos" (143)— otro término
que parece mal elegido, pues. Parece provenir de la teoría de la pintura
de Bernard Berenson, que asegura en 1896 que "El pintor sólo puede
cumplir su cometido dando valor táctil a las impresiones retinianas"
(144); ahí se remite, claro, a toda una tradición de ilusionismo
realista, perspectivismo, representación de texturas, etc. Pero McLuhan
debería utilizar un término más general, "multisensorial" o algo así,
para no confundir al lector.
Analiza McLuhan el desarrollo de
los procesos de lectura y su interiorización: la lectura en voz alta da
lugar en la Edad Moderna a la lectura silenciosa, antes excepcional
(aunque ya San Agustín observa extrañado que San Ambrosio leía sin
hablar). El manuscrito va aún ligado a la oralidad.
"La
cultura del manuscrito es conversacional, siquiera sea porque el
escritor y sus lectores están relacionados físicamente por la forma de
la ‘publicación como ejecución’" (147). Es decir, que la
producción de las copias va ligada a la lectura, en la cultura
manuscrita, y en la universidad medieval, son los propios lectores
quienes multiplican el texto. Con una nueva tecnología de producción, la
relación autor/lector cambia: “La imprenta ha ensanchado la ‘sala’ para
la interpretación del autor hasta el punto en que todos los aspectos
del estilo han sido alterados” (149). (Del mismo modo, los teorizadores
de la
escritura en red y
de la interacción hipertextual, del blogging, etc., observan la
transformación estilística que surge de esta nueva tecnología para la
interacción).
H.J. Chaytor, en
Script to Print
("un libro al que el presente debe gran parte de la razón de haber sido
escrito") observa la manera en que las culturas manuscrita e impresa
influyen en las costumbres literarias, y cita a Renan: “la esencia de la
crítica está en saber comprender los estados muy diferentes a aquel en
que vivimos” (cit. en McLuhan 151). Traduciendo y extrapolando,
podríamos decir:
la esencia de la
crítica histórica es escapar al hindsight bias, no proyectar nuestros
esquemas o tecnologías a una cultura o periodo en el que no existen, ser
conscientes del carácter emergentista de la cultura. Esta comprensión histórica en sentido amplio es algo a lo que ha contribuido grandemente este libro de McLuhan.
La antigua literatura, retórica más que propiamente “literaria”, ligada
al recitado y la oralidad, no había incorporado estilísticamente al
texto escrito lo que se podía hacer oralmente. Chaytor: “En una palabra,
la historia del progreso desde el manuscrito a la prensa es una
historia de la sustitución gradual de los medios auditivos de
comunicación y recepción de ideas por los medios visuales” (152). Un
hacerse con el nuevo medio, o ir explotando sus posibilidades
inherentes. También ve Chaytor consecuencias de la tecnología para la
lingüística: para un individuo dado, “su idea del lenguaje queda
irrevocablemente modificada por la experiencia de lo impreso” (Chaytor,
cit. en McLuhan 153). La lingüística integracional viene a ser un
desarrollo analítico de esta noción, como ya hemos apuntado.
Los niños, como los antiguos escribas y monjes, se inician en una
cultura alfabética manuscrita, todavía en interacción con la oralidad
(—así que ojo los proponentes de las
pizarras electrónicas para escuelas
…
¡¡que se saltan fases evolutivas!!). “Chaytor fue el primero en
explicar por qué la imprenta hubo de deteriorar tan notablemente nuestra
memoria, y por qué el manuscrito no” (159). Si Platón levantara la
cabeza… “Además, hasta la imprenta, el lector o consumidor estaba
literalmente implicado como productor” (164). En la producción de libros
de lecciones mediante el dictado ve Hajnal el origen de la docencia
universitaria basada en el manejo de diversas fuentes. Aunque el
escolasticismo supuso un fuerte retorno a los debates y la enseñanza
oral, situado entre dos auges de la
grammaticavisual/escrita,
en la primera Edad Media y tras el advenimiento del libro impreso. La
gramática y dialéctica escolástica fueron esencialmente orales. (Y hoy,
con la multimedia en red, vuelve una cierta oralidad y una cierta
producción de libros ad hoc a la experiencia del estudiante).
Un florecimiento tardío de la oralidad fue el eufuismo, los estilos
ciceronianos de enormes frases y abundantes figuras de dicción: la
penetración de la imprenta va ligada a la simplificación estilística
(173). Ramus, en el análisis de Ong, representa el nuevo espíritu
mercantilista y comercial del lenguaje.
Sigue en McLuhan un
análisis largo y no siempre convincente de la relación entre lenguaje y
visualidad en la Edad Media, que recurre a Panofsky, Smalley y otros. A
veces se corre el riesgo de contradecir la tesis principal (el influjo
arrasador y omnímodo de la imprenta) cuando se observa que los
experimentos perspectivísticos de los pintores y el desarrollo de la
visualidad espacial en pintura es
anterior
a la imprenta. ¿De dónde sale, pues? Para hallar la respuesta hay que
acudir, claro, a un análisis más multidimensional (o táctil, que diría
McLuhan).
También traída por los pelos a esta discusión de la imprenta está la cuestión de la hermenéutica bíblica. Citemos:
"El
estudio de la Biblia en la Edad Media logró modos de expresión en
conflicto que resultan familiares también para el historiador de la
economía y para el historiador social. El conflicto se produjo entre
aquellos que decían que el texto sagrado era un complejo unificado al
nivel literal, y aquellos que estimaban que los niveles de significación
habían de considerarse uno a uno, con un espíritu especialista. Este
conflicto entre una tendencia auditiva y una tendencia visual [¿¿??]
raramente alcanzó un elevado grado de intensidad hasta después que la
tecnología mecánica y tipográfica hubieran conferido gran preponderancia
a lo visual." (187).
Antes de ese momento,
tenemos la translucidez del lenguaje, como en arquitectura (donde el
gótico es, según Panofsky, una ‘autoexplicación’ de la propia
construcción). En el “dulce estilo nuevo” de Dante encuentra McLuhan la
misma autoexplicación de los procesos del pensamiento (un grado de
reflexividad, diríamos)–una preocupación por seguir el proceso mismo de
la intelección, típicamente escolástico: “Con Dante, como con Santo
Tomás, lo literal, la superficie, es una unidad profunda” (McLuhan 189,
siguiendo a Paolo Milano).
Al final de la Edad Media, se
reinterpreta la cultura clásica sobre los términos de los nuevos
conocimientos adquiridos, y surge el Renacimiento, la Modernidad como
una especie de recreación Hollywoodiense de la Antigüedad (una idea que
viene de Wyndham Lewis, en
The Lion and the Fox; las nuevas clases medias se aficionan a la Antigüedad y se recrean en ella como prueba de opulencia y cultura).
Llega el turno de Kantorowicz,
The King’s Two Bodies,
y McLuhan interpreta esta tesis de los "dos cuerpos" del rey, el humano
y el político, como prueba de una tendencia crecientemente visual
(201); así el desarrollo de la iconografía real, al igual que “el primer
efecto de la tipografía fue la misma transformación de la palabra
audible en palabra visual” (202). “Hoy la visualización es recesiva, y
ello nos hace conocer sus peculiares estrategias durante el
Renacimiento” (202). Vista desde otra tecnología, se hacen visibles las
distorsiones y efectos especiales favorecidos por la primera.
Reinsistiendo:
"La
invención de la tipografía confirmó y extendió la nueva tendencia
visual del conocimiento aplicado, proporcionando el primer ‘producto’
uniformemente repetible, la primera línea tipográfica y la primera
producción en masa" (203)
(Aunque aquí
habría que hablar de los telares y los talleres de las ciudades
medievales, y en general de los procesos tecnológicos estandarizados y
transmitidos por los oficios).
"La
tipografía tiene mucha semejanza con el cinematógrafo, del mismo modo
que la lectura de lo impreso puso al lector en el lugar del proyector de
películas. El lector mueve la serie de letras impresas que tiene
delante a una velocidad adecuada para la aprehensión de los movimientos
de la mente del autor. Esto es, con respecto al escritor, el lector de
lo que está impreso se halla en una relación completamente distinta que
el lector de un manuscrito. Gradualmente, la imprenta fue quitándole
sentido al acto de leer en voz alta y aceleró la lectura hasta un grado
en que el lector podía sentirse ‘en las manos’ del autor. [El stream of consciousness de la novela modernista parece la consecuencia lógica de este razonamiento]. Veremos
que del mismo modo que lo impreso fue lo primero que se produjo en
masa, fue también el primer ‘producto’ uniformemente repetible" (203).
"La
homogeneización de hombres y materiales llegará a ser el gran programa
de la era de Gutenberg, la fuente de riqueza y poder desconocida en
cualquier otro tiempo o tecnología" ( 207)
"El punto de vista fijo se hace posible con la imprenta y termina la imagen como un organismo plástico" (205).
La invención de la reproducción perspectivística de la imagen en la
cámara oscura (y antes en la pintura renacentista) prepara el camino
para la fotografía…
“Hoy nos
gusta pensar que la imagen-mosaico de la televisión y el espacio
pictórico de la fotografía tienen mucho en común. En realidad, no tienen
nada en común. Ni lo tuvieron el libro y el manuscrito. No obstante, el
productor y el consumidor de páginas impresas las concibieron como una
continuación directa del manuscrito” (210).
(Y lo
fueron, claro, porque los usos sociales y los géneros, si bien son
transformados por la tecnología, también dictan las necesidades que hay y
las maneras de usar la tecnología. Ver más
aquí,en
lo referente a los blogs… Hay, pues, más continuidades de las que
admite McLuhan con sus bandazos tecnológicos de un extremo a otro de los
sentidos).
La tipografía es instrumento del individualismo y
de la autoexpresión; consecuencias no evidentes, aunque sí está más
reconocido su influjo sobre el reconocimiento de la figura del autor, de
la propiedad privada (de su obra) y de la fama y memoria eterna (—
cf.
la huella de esta nueva obsesión en los sonetos de Shakespeare– esos
sí, quizá impresos por el autor, o concebidos para la imprenta, no como
su First Folio). Paradójicamente, la cultura del manuscrito,
orientada hacia el productor, no fomentaba el reconocimiento de autoría,
y sí lo hace la cultura de la imprenta, orientada hacia el consumidor.
(212).
E. P. Goldschmidt (
Medieval Texts and Their First Appearance in Print)
también denuncia la falacia retrospectiva de aplicar nuestros criterios
de valor y conducta a los autores de la época manuscrita, que
trabajaban con presupuestos y en condiciones muy distintas, y pide, como
Karl Bucher antes citado, "cierto esfuerzo de imaginación histórica"
(213). Les sucedía a los autores como a los actuales científicos, que no
tienen "público" sino una pequeña comunidad de contactos.
Frente a la era de la imprenta, "la homogeneidad es por completo
incompatible con la cultura electrónica" (217), y debemos trabajar por
preservar los valores en peligro de la era Gutenberg (218). Este es
McLuhan el humanista, no el profeta apocalíptico de lo táctil, aunque,
como Baudrillard, a veces parece tan fascinado como horrorizado por la
modernidad que describe.
"Hasta
más de dos siglos después de la imprenta, nadie descubrió cómo mantener
un tono o actitud particular a lo largo de una composición en prosa"
(218)—una afirmación pasmosa, ésta, que parece ignorar la existencia de
géneros literarios y discursivos previos a la imprenta. Como la
doctrina de los tres estilos retóricos, sin ir más allá. El lenguaje,
dice McLuhan, es el último arte en aceptar la lógica visual de la
tecnología de Gutenberg, y el primero en rebotar en la era eléctrica
(219). (Curioso, porque ¿no es la imprenta una tecnología aplicada al
lenguaje? Parece peregrino intentar hacernos ver ver que sus efectos se
manifiesten antes en las emociones, en la percepción visual, o en la
arquitectura
antes que en la literatura…).
La imprenta como medio “caliente” frente al “frío” e interactivo scriptorium:
“Y
así, con la imprenta experimentó Europa su primera fase de consumo,
porque la imprenta no es solamente un medio y un artículo de consumo,
sino que enseñó a los hombres cómo organizar todas las demás actividades
sobre una base sistemáica lineal. Mostró a los hombres cómo crear
mercados y ejércitos nacionales” (222)
—aunque lo
de los ejércitos estandarizados no ha habido que esperar precisamente a
Gutenberg, diría yo. Pensemos en los romanos…
El protestantismo
es asociable (quizá) a la innovación del texto tipográfico igual para
todos, además de a la difusión de las Biblias impresas; pero el
catolicismo conserva en su liturgia señales del rompimiento del
equilibrio de los sentidos. (224 - ¿?).
El Renacimiento y la actualidad son épocas de cambios y revoluciones tecnológicas:
"Hoy
vivimos en la frontera entre cinco siglos de mecanicismo y la nueva
electrónica, entre lo homogéneo y lo simultáneo. Es penoso, pero
fructífero. El Renacimiento del siglo XVI fue una edad sobre la frontera
entre dos mil años de cultura del alfabeto y el manuscrito, de una
parte, y la nueva mecanización de l a repetibilidad y la cuantificación,
de otra." (226).
Y hoy eso hace que nos resulten
desconcertantes la matemática y la física modernas. (Aunque me parece
chocante lo que dice de que a este respecto los países mal alfabetizados
tienen una gran ventaja).
Sobre la interdisciplinariedad en tiempos de cambio:
"La
fase madura de la cultura de la imprenta, que actúa segmentando y
homogeneizando situaciones, no favorecerá la interacción entre los
campos y las disciplinas que caracterizó la primera época de la
imprenta" (227).
¿Sucederá lo mismo con Internet?
Ujemplo de "nivelación" causada en la primera fase de la imprenta: la
noción del espacio textual de la interpretación bíblica como algo
unificado, libre y homogéneo (criticado por Tomás Moro). La Biblia
impresa sugiere una validez superior del texto, como si estuviese
independizado de la intervención humana: asociado a la nueva autoridad
dada a la escritura sobre la tradición por los protestantes.
"Pero
la apropiación de la repetibilidad homogénea, derivada de la página
impresa, cuando se extendió a todos los demás aspectos de la vida,
condujo gradualmente a todas esas formas de la producción y de la
organización social de las que deriva el mundo occidental muchas
satisfacciones y casi todos sus rasgos característicos." (230).
"Pedro Ramus y John Dewey fueron los dos esquiadores acuáticos de la
educación en períodos antitéticos: el de Gutenberg y el de Marconi, o
electrónico"(231) —así, John Dewey reacciona contra la pasiva cultura de
la imprenta, mientras que Ramus reorganizó visualmente la cultura
escolástica para las nuevas aulas orientadas a la imprenta. Para Ramus,
"es su versión del plan de estudios lo que hace coherente el mundo"
(233) y nada sino lo incluido en el plan es usable como acceso a la
realidad. (Ramus destacó, por otra parte, por su uso abundante de
recursos tipográficos como esquemas y gráficos; ver este volumen
colectivo que continúa de modo interesante las reflexiones de McLuhan:
The Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print, editado por Neil Rhodes y Jonathan Sawday).
Las preguntas que suscitó el nuevo instrumento, el libro impreso,
frente a la cultura manuscrita y oral de la educación medieval:
"¿Podría un instrumento privado y portable [portátil—con frecuencia la traducción de este libro deja que desear] como el nuevo libro ocupar el puesto del libro que uno hacía a mano y aprendía de memoria mientras lo hacía?" (231).
(Uno puede preguntarse ahora sobre en qué medida el blog, que uno hace a
mano, puede ocupar como instrumento pedagógico y recopilatorio de un
trayecto formativo, puede complementar el papel del libro, y estimular
un aprendizaje activo como el que le gustaría a Dewey. Observemos que
McLuhan tiene muy poco prevista la interacción de ’electricidad’ y texto
escrito en la que se basan la textualidad electrónica y la web: ésta es
de hecho la síntesis entre los polos antitéticos que McLuhan gusta de
oponer uno a otro).
(Sobre el libro en el XVI—o Googlepedia en el XXI:)
"’Sí,
por extraño y repugnante que pueda parecer, las nuevas máquinas de
enseñar capacitan a los estudiantes para aprender tanto como antes. Por
añadidura, parece ser que tienen más confianza con el nuevo método,
porque les facilita los medios de adquirir nuevas clases de
conocimientos’." (231-32).
Pero esta respuesta a la
nueva tecnología es criticada por McLuhan como insuficiente, por miope.
Pues los efectos van mucho más allá, y los contemporáneos son, al
parecer por necesidad, ciegos a ellos (—aquí habría que introducir una
reflexión sobre el papel de la retrospección en el diagnóstico de
McLuhan sobre las tecnologías). Para McLuhan, ni en el XVI captaron la
naturaleza y efectos de la palabra impresa, ni hoy se capta cuál es el
auténtico efecto de la televisión.
"Rabelais
ofrece una visión del futuro de la cultura de la imprenta como un
paraíso del consumidor de conocimiento aplicado" (234). "Existen, en
efecto, cuatro mitos masivos de la transformación de la sociedad causada
por Gutenberg. Además de Gargantúa, son Don Quijote, Dunciad y Finnegans Wake" (234).
(Yo añadiría la Biblioteca de Babel de Borges, y el libro en blanco de Mallarmé).
Elogio de la tipografía en la carta de Gargantúa a Pantagruel:
"Las
impresiones tan elegantes y correctas al uso, que han sido inventadas
en mi época por inspiración divina, como, al contrario, la artillería
por inspiración diabólica. Todo el mundo está lleno de gentes sabias, de
muy doctos preceptores, de muy amplias librerías, y creo que ni en
tiempos de Platón, ni de Cicerón, ni de Papiniano, había la comodidad
para el estudio que se ve ahora" (cit. en 235).
Rabelais, situado entre la escolástica medieval y el Renacimiento
nacionalista, como hombre de transición, proporciona una analogía para
nuestra actual situación (y aquí se explica en parte la imagen de la
"galaxia" utilizada por McLuhan en su título):
"Es
precisamente la incongruencia de estos dos mundos, cuando se mezclan y
entrelazan en el mismo lenguaje de Rabelais, lo que nos da el especial
sentido de su importancia para nosotros, que vivimos también de un modo
ambivalente en culturas distintas y separadas. Dos culturas o
tecnologías pueden pasar una al través de la otra, como las galaxias
astronómicas, sin colisión, pero no sin cambios en su configuración."
(237-238).
Esta "interfacialidad" entre
estructuras mediáticas es un fenómeno clave del Renacimiento y del siglo
XX. "La celebrada tactilidad terrena de Rabelais es una secuela masiva
de la declinante cultura del manuscrito" (238). El elogio del vino como
conocimiento en Rabelais es elogio del texto impreso, "producto de la
nueva prensa de lagar" (242).
"En
la última época del Renacimiento se produjo un divorcio entre el
número, el lenguaje de la ciencia, y las letras, el lenguaje de la
civilización. Pero la primera fase de este divorcio (…) fue el método
ramista para uso y conocimiento aplicado por medio de la literatura
impresa." (239-40).
La imprenta, que lleva a la
mecanización de otras actividades, "fue en sí misma un verdadero
conjunto o galaxia de tecnologías previamente perfeccionadas" (240) como
señala Usher en
A History of Mechanical Inventions. Más
allá, cosa que no sucedió con los chinos por su carencia de alfabeto
fonético (preludio indispensable), la tecnología de la imprenta en
Occidente "condujo a la separación analítica de las relaciones
interpersonales y de las funciones internas y externas en el mundo
occidental" (241).
"Toda tecnología inventada y exteriorizada por el hombre tiene el poder
de entumecer la conciencia humana durante el período de su primera
interiorización" (243). En el caso de la imprenta,
"Este
principio de traducir las cuestiones no visuales de movimiento y
energía a términos visuales es el principio mismo del conocimiento
aplicado, en cualquier tiempo o lugar. La tecnología de Gutenberg
extendió este principio a la escritura y el lenguaje y a la codificación
y transmisión de todo género de conocimientos" (243).
"Con
Gutenberg, Europa entra en la fase tecnológica del progreso, cuando el
cambio mismo se hace la norma arquetípica de la vida social" (246).
(Seguramente está subestimando McLuhan el papel de otros principios
convergentes de desarrollo del conocimiento aplicado y de la
segmentación de procedimientos y trabajos, como es el crecimiento de las
ciudades, del comercio y de la industria, que también conllevan una
especialización de funciones y división organizada del trabajo—mucho
antes de la actual
macdonaldización de la sociedad. Todos estos fenómenos interactúan, no van unidos a uno dominante como efectos de una causa).
Contribución de la imprenta al desarrollo de la individualidad, la
subjetividad y la interioridad: "Igualmente paradójico es el poder de la
imprenta para instalar al lector en un universo subjetivo de ilimitada
libertad y espontaneidad" (247).
En la subjetividad de Hamlet
vemos el conflicto entre el método oral de tratamiento de los problemas y
el nuevo método visual, aplicado, derivado de la imprenta (Aquí hace
falta un poco de determinación para ver la relevancia del ejemplo de
McLuhan).
"la
palabra impresa es un momento estático del movimiento mental. Leer algo
impreso es actuar al mismo tiempo como un proyector cinematográfico y
como público de una película mental. El lector alcanza un fuerte
sentimiento de participación en la totalidad de movimientos de una mente
en actividad pensante" (de McLuhan, "Printing and Social Change",
autocit. en 249).
"Así,
la imprenta comporta el poder individualizador del alfabeto fonético
mucho más allá de lo que la cultura del manuscrito pudo hacerlo jamás.
La imprenta es la tecnología del individualismo." (249).
"En
cuanto se refiere a la técnica de la duda, en Montaigne y Descartes, es
inseparable, tecnológicamente, como veremos, [del] criterio de
repetibilidad en la ciencia. el lector de material impreso está sujeto a
una fluctuación de blanco y negro, regular y uniforme. Esta fluctuación
alterna es igualmente el modo de proyección mismo de la duda subjetiva y
del tanteo periférico." (250).
—(Esto se ve aún más claramente, creo, en el soneto de Shakespeare
"Like as the waves"… en el que la forma líneas impresas van asociadas al paso del tiempo y el flujo de las olas y de la consciencia lectora).
Paradójicamente, "el impulso a tratar espacial y geométricamente las
palabras y la lógica, en tanto útil como un arte de la memoria, resultó
ser un
cul de sac en filosofía"
(251). Según Ong, "en el corazón de la empresa de Ramus está el afán de
reducir las palabras, más bien que otras representaciones, a simples
modelos geométricos." (Cit. en 252).
"La tipografía tendió a tranformar el lenguaje, de medio de percepción y exploración, en un artículo transportable" (253).
(Con consecuencias económicas y culturales muy notables—en las que
apenas entra McLuhan. Aunque sí señala, con Ong, lo siguiente).
"Los
libros impresos, primeros artículos en el mundo uniformes, repetibles y
producidos en masa, aportaron para el siglo XVI y los siglos siguientes
innumerables paradigmas de una cultura de artículos uniformes, de
intereses industriales" (256)
(—con este fenómeno ve relaciones exesivas en un texto de
King John
de Shakespeare, una diatriba sobre el "interés". También subestima el
papel de los objetos producidos en serie por los talleres artesanales, y
antes que ellos por la técnica agrícola, etc. Más evolución, creo, y
menos revolución).
Sobre los efectos sociales y económicos de la tipografía, también esto:
"La
tipografía no sólo es una tecnología, sino también un recurso natural o
materia prima, como el algodón, los bosques o el radio; y, como
cualquier producto, configura no solamente relaciones de sentido propio,
sino también modelos de interdependencia comunal" (256)
Pero lo esencial de la visión de McLuhan está en el efecto de la tipografía sobre el discurso:
"La
imprenta, por decirlo así, transformó el diálogo o discurso compartido
en información empaquetada, o artículo transportable" (256)
—y creó un cambio en la percepción humana, y el sistema de precios,
"porque el precio de un artículo, hasta que es uniforme y repetible,
está sujeto a regateo y ajuste" (257).
Lewis Mumford (en
Sticks and Stones) recuerda que según Victor Hugo, la imprenta destruyó la arquitectura (—pongamos aquí un interludio de
Notre Dame de Paris: "
la littérature tuera l’architecture / la Bible tuera l’Eglise / et l’homme tuera Dieu").
Aunque más bien, dice Mumford, la imprenta reorganizó la arquitectura,
haciendo transformar sus valores (el urbanismo del XVIII).
Otro precursor que ve relaciones entre las cosas: Harold Innis, "En su
madurez, hizo el descubrimiento de que los medios tecnológicos, como la
escritura, el papiro, la radio, el fotograbado y otros tales constituyen
en sí mismos riqueza" (257-58).
Cita interesante de Charles F. Curtis,
It’s Your Law (pp. 63-66) sobre interpretación legal:
"Las palabras de los documentos legales—no estoy hablando de otra
cosa—son simplemente delegaciones de autoridad a otras [¿otros?], para
aplicarlas a cosas y ocasiones particulares. El único significado de la
palabra significado, como yo la estoy usando, es una aplicación a lo
particular. Y cuanto más imprecisas son las palabras, mayor es la
delegación, simplemente porque pueden ser aplicadas o no a a más casos
particulares. Éste es el único aspecto importante de las palabras en la
delineación o interpretación legal.
Significan,
por tanto, no lo que su autor intentó que significaran, ni siquiera
tienen el significado que él intentó o esperó, razonablemente o no, que
los demás les dieran. Significan, en primera instancia, lo que la
persona a quien van dirigidas las hace significar. Su significado es
cualquier ocasión o cosa a las que ella pueda aplicarlas o aquello a que
en algunos casos pueda solamente proponer que sean aplicadas. El
significado de las palabras en los documentos legales ha de ser buscado
no en su autor o autores, las partes de un contrato, el testador, o la
legislación, sino en los actos y conducta con que la persona a quien van
dirigidas se proponga adecuarse a ellas. Éste es el comienzo de su
significado.
En segundo lugar, pero sólo en
segundo lugar, un documento legal está dirigido también a los
tribunales. Ésta es una nueva delegación, y una delegación de una
autoridad diferente, para decidir, no lo que la palabra significa, sino
si el inmediato destinatario tenía autoridad para hacerla significar lo
que hizo que significara, o lo que se propone hacerla significar. En
otras palabras, la cuestión ante los tribunales no es si dio a las
palabras la significación correcta, sino si las palabras autorizaban o
no que se les diera el significado que él les dio. (259).
(La última frase contradice el sentido de lo dicho en el párrafo al que
cierra. Y cómo no… pues si no, sería la hermenéutica de Humpty Dumpty:
que las palabras significan lo que decide que signifiquen quien manda. Y
si bien eso es así la mayor parte de las veces, también hay un
principio de resistencia en el lenguaje y en el significado histórico
que limita el ejercicio del poder… En cualquier caso, la relación de
este principio interpretativo con la imprenta, relación que parece
sugerir McLuhan, es inescrutable—una de las cuestiones que McLuhan trae a
su teoría tirándoles del pelo).
"La pasión por la medición
exacta comenzó a dominar en el Renacimiento" (260). Así el nuevo
calendario gregoriano, la aparición de las estadísticas… fenómenos
típicamente europeos, pues en la cultura del manuscrito Europa no había
sido acusadamente distinta de Oriente, que también era una cultura
manuscrita (y eso a pesar del alfabeto). (262). Hay una nueva pasión por
la autoobservación y anotación minuciosa—así el Político Presunto de
Ben Jonson en
Volpone, y Pepys un poco más tarde.
"La división causada por la imprenta entre la cabeza y el corazón es el
trauma que afecta a Europa desde Maquiavelo hasta el presente.
Lo que pareció fantástico en las primeras fases de la imprenta y del
aislamiento de lo visual fue la impresión de que creaba una cómica
hipocresía, o división entre cabeza y corazón" (265).
Cobbett (
A Year’s Residence in America) opone la cultura oral inglesa a los cultos y lectores americanos, más serenos y compuestos y reflexivos (!).
El libro impreso lleva a "la aplicación del conocimiento por traslación
y unifomidad" (268)—algo que encuentra resistencia en cuestiones
sexuales y raciales.
Alexis de Tocqueville (
L’Ancient Régime)
como teorizador del proceso de uniformización, de homogeneización de
hombres y costumbres, que va unido a la alfabetización —y al desarrollo
del consumismo. (269).
Teilhard de Chardin, otro teorizador más de la tecnología interiorizada:
"Como explica De Chardin en su Le Phénomène humain, una
nueva invención es la interiorización en el hombre de las estructuras
de una tecnología anterior; y, por tanto, es acumulativa de valores, por
decirlo así. (270).
Según Ong, "la obsesión por el
método en el Renacimiento encuentra su arquetipo en ’el proceso de la
composición con tipos tomados de la caja. En ambos casos la composición
continuada de discurso es una cuestión de reconstrucción de raciocinio
mediante la ordenación de unas partes preexistentes en un molde
espacial’." (McLuhan 271)—y "la imprenta estructuró las ideas de
conocimiento aplicado, por separación y división, tendiendo siempre
hacia una más neta visualización" (McLuhan 271).
Los sociólogos Thomas y Znanecki, en
The Polish Peasant,
también asocian alfabetización e individualismo, así como a la
regulación objetiva (capitalista) de los precios del trabajo y
relaciones sociales.
Y
"Dantzig
explica por qué el lenguaje de los números tuvo que ser desarrollado
para satisfacer las necesidades creadas por la nueva tecnología de las
letras" (274—en Tobias Dantzig,
Number: The Language of Science).
"Ahora, Dantzig está completamente equivocado al suponer que el espacio
euclídeo, lineal, plano, recto, uniforme, está enraizado en nuestras
mentes en absoluto. Tal espacio es el producto de la alfabetización, y
es desconocido para el hombre prealfabetizado o arcaico" (276). "Unidos,
los números y las letras constituyen una poderosa máquina de sístole y
diástole para transformar y volver a transformar los modos de
conocimiento humano (…)" (277). Pero ni griegos ni romanos desarrollaron
bien el cálculo: "hasta que se dio al número un carácter visual,
espacial, y se lo abstrajo de su matriz audiotáctil, no fue posible
separarlo de su dominio mágico" (279). "Desde el siglo XI al siglo XV,
los abaquistas disputaron con los algoristas. Esto es, las gentes de
letras disputaron con las gentes de números. En algunos lugares, los
números arábigos fueron prohibidos" (279) y según Dantzig los números o
cifras no alcanzaron una forma estable hasta la invención de la
imprenta—conservándola hasta hoy.
"El gran divorcio ocurrido en el siglo XVI entre el arte y la ciencia vino con el cálculo acelerado"
(280). "La religión y el arte quedan automáticamente excluidos de un
sistema de pensamiento cuantificado, uniforme y homogéneo" (281) y dejan
de ser base para el pensamiento científico.
"Todavía no hemos
empezado a preguntarnos bajo qué nuevo hechizo estamos viviendo (…). Los
ordenadores pueden ser programados ahora para toda posible variedad de
proporciones de los sentidos" (283) y deberíamos estudiar los efectos de
esta alteración tecnológica.
"Francis Bacon ofició en la extraña boda entre el Libro medieval de la naturaleza y el nuevo libro de tipos móviles" (287).
"La imprenta, según lo ve Curtius, separó las funciones de productor y
consumidor. Pero creó también los medios y el motivo del conocimiento
aplicado. Los medios crean la necesidad" (288).
El medio es pues el motivo, además del mensaje...
"¿Hasta qué punto la página impresa en grandes tiradas llegó a convertirse en sustituto de la confesión de boca a oído?"
(292). "La sola existencia de la imprenta creó la necesidad y la
posibilidad de nuevos modos de expresión" (297)—y aquí cita McLuhan a
Sidney,
"Look in thy heart and write". Quizá como ejemplo de creación causado por la ansiedad de tanto poema impreso acumulado...
"El Aretino, como Rabelais y Cervantes, proclamó que la tipografía tiene un significado gargantuesco, fantástico y sobrehumano"
(298)—y fue Aretino el modelo de ’pluma envenenada’ que se abrió camino
a su nueva manera con el gran público, creando nuevos tipos de
respuesta distintos a los del manuscrito.
La imprenta como exposición pública de la intimidad—
(¡cf. ahora los blogs!)—con Shakespeare "vendiendo barato lo más caro", por ejemplo:
"Y es este derramamiento en confesión de asuntos privados y opiniones
personales lo que pareció al Aretino y a sus contemporáneos que
justificaba la asociación de la imprenta con la pornografía y la
obscenidad" (301)
(—de nuevo como Internet hoy, vamos).
"La imprenta, como sistema de comunicación pública que dio un enorme
poder de amplificación a la voz individual, pronto halló una nueva forma
de expresión: el drama popular isabelino" (302-3). (Aquí disiento: esto
es reducir un medio oral, teatral y presencial a otro muy distinto.
Hubo convergencias, pero no puede reducirse el drama a un efecto de la
imprenta—otra vez topamos con el imperialismo monotemático de McLuhan…
como cuando dice que "la vía romana fue un subproducto del papiro y de
los correos rápidos", 304. Más acertadas son las frases siguientes:).
"La imprenta, al convertir las lenguas vulgares en medios de
comunicación o sistemas cerrados, creó las fuerzas uniformes y
centralizadoras del nacionalismo moderno"(305). — "La lengua
vulgar, al aparecer muy visualmente definida, proporciona un vislumbre
de la unidad social coextensiva con las fronteras lingüísticas" (332).
"Al principio, todo el mundo, excepto Shakesepare, creyó que la prensa
de imprimir era una máquina capaz de dar inmortalidad" (310). —??? Esto
extraña: ¡¡cf. el soneto 12: "Thou shouldst print more, not let that
copy die"!!, o "65, "That in black ink my love may still shine
bright"—el mismo McLuhan dice que "No es necesario hacer más que
mencionar muchos de los más populares sonetos de Shakespeare, que dan
cuerpo a las ideas aceptadas en su tiempo sobre el tema de la
inmortalidad lograda por medio de la publicación de textos impresos en
lengua vulgar" (314) y a la vez dice que no podía convencerse a
Shakespeare de que imprimiera sus comedias. Parece contradictorio, o
señala a contradicciones en el propio Shakespeare).
"La portabilidad del libro, como la de la pintura de caballete, contribuyó mucho al nuevo culto al individualismo" (316).
Interferencias entre los nuevos medios—como gente enviando libros
impresos al copista para que los copiase, tratándolos como manuscritos…
(¡cf. los libros impresos a partir de los blogs hoy!).
"La
uniformidad y repetibilidad de lo impreso crearon la ’aritmética
política’ del siglo XVII y el ’cálculo hedonístico’ del XVIII" (318)
Con respecto a esto, precisamente leía yo hace poco un bonito ejemplo literario, el del geómetra Pedro Velázquez en
Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Potocki, que sin embargo también reconoce los límites del cálculo:
–
Me parece –dijo Rebeca– que conocéis perfectamente los resortes del
corazón humano, y que la geometría es el camino más seguro para llegar a
la felicidad
–
Señora –contestó Velázquez–, en mi opinión esa búsqueda de la felicidad
puede compararse con la resolución de una ecuación de grado superior.
Conocéis el último término que, como bien sabéis, es el producto de
todas las raíces. Pero antes de agotar los divisores, llegáis a
muchísimas raíces imaginarias. Mientras, el día pasa y habéis tenido el
placer de calcular. Lo mismo sucede con la vida humana. También llegáis
en ella a cantidades imaginarias que habéis tomado por valores reales.
Pero, mientras, habéis vivido y además habéis obrado; por lo tanto, la
acción es la ley universal de la naturaleza. Creéis que esta roca reposa
porque la tierra sobre la que descansa le opone una reacción superior a
su presión; pero si pusiéseis el pie bajo la roca percibiríais su
acción. (Potocki 363)
De ahí las analogías
entre la mente humana y la máquina, y las tecnologías de considerar a
las personas o a las capacidades de la mente y el trabajo como partes
combinables y reemplazables. Tecnologías de la estandarización del
sujeto. La individualidad se concibe desde el Renacimiento, según Leo
Lowenthal, "como un caso de desviación cuya existencia consiste, en muy
grande parte, en sus esfuerzos por afirmar su personalidad contra las
exigencias restrictivas y niveladoras de la sociedad" (cit. en McLuhan
320). De ahí el gusto por presentar la sociedad desde el punto de vista
de un extraño, no de un participante (Lowenthal)—así Don Quijote (
o, por supuesto, las Cartas persas, Chinas o Marruecas).
"La
lógica tipográfica hizo del extraño, del hombre enajenado o apartado de
la sociedad, el tipo de hombre integral; es decir, intuitivo e
irracional" (323)—"el arte tiende a convertirse en una
compensación de la vida demasiado cerebral" (323). La alienación del
hombre a sí mismo en sus sistemas se contrasta con la mayor autenticidad
e integración a sí mismas de las mujeres (
o de los negros, en las películas americanas, siempre hablando desde la autenticidad).
"Por todas partes se alardea de analizar segmentariamente todas las
funciones y operaciones del individuo y de la sociedad, ¡y en todas
partes amargos lamentos de que este desmenuzamiento afecte también a la
vida interior!" (325)
(Aunque veo simplista decir
que los hombres se hacen "homogéneos" con la especialización de las
funciones. También se especializan y diferencian con la división del
trabajo y la complejidad cultural. Y la cultura del cazador-recolector o
la del siervo feudal producían su propio tipo de homogeneidad, por muy
orales que fueran).
Y cuestionable me parece decir que "La
orientación interior hacia fines remotos es inseparable de la cultura de
la imprenta..." (327) —¡eso será cierto si el más allá, por ejemplo, no
es un fin remoto! —pensando en el Islam, o el cristianismo
tradicional—Por tanto tampoco hay un contraste tan acentuado de
funciones mentales de la cultura de la imprenta (solipsista, solitaria)
con la "precisión inmediata" y "simultaneidad" que exige la nueva
cultura eléctrica—
in my opinion.
"El sistema escolar, custodio de la cultura de la imprenta, no tiene
lugar para el individuo rudo. En realidad, es la tolva homogeneizadora
en la que arrojamos a nuestros integrales párvulos para elaborarlos"
(328). —OK, aunque yo veo que la cultura eléctrica, la del ordenador al
menos, no tiene menores efectos de elaboración y disciplina de los
sentidos y funciones.
"Hasta
aquí, el presente libro podría considerarse como glosa de un solo texto
de Harold Innis: ’Los efectos del descubrimiento de la imprenta se
hicieron evidentes en las salvajes guerras religiosas de los siglos XVI y
XVII. La aplicación del poder a las industrias de la comunicación
aceleró la consolidación de las lenguas vulgares, el nacimiento del
nacionalismo, la revolución y los recientes estallidos de salvajismo en
el siglo XX’." (329).
Innis vio "el poder
estructurador de los medios de comunicación para imponer
subconscientemente sus principios" (329). Y este poder de ver relaciones
le lleva a establecerlas y expresarlas de una manera que McLuhan parece
necesitar justificar, precisamente porque él también se la apropia.
Aquí se autoexplica el sentido de qué es exactamente "la galaxia"
Gutenberg. Imagen que ya hemos visto usar metafóricamente antes,
pero—¿es una galaxia de textos? ¿de prensas de imprimir? No: es una
galaxia de conceptos asociados entre sí de modo entre certero, intuitivo
e impresionista. Casi podríamos decir una constelación, por la
importancia del golpe de vista... si no porque los elementos de la
galaxia Gutenberg sí están relacionados por fuerzas objetivas y no
ligadas a esa única perspectiva que crea (virtualmente) una
constelación. Este fragmento justifica el estilo "galáctico" y de
apariencia arbitraria y portentosa de Innis y McLuhan (cambio la
traducción, pues el traductor de la edición de Círculo de Lectores aquí
no se luce y malinterpreta el sentido de ’substitute’, como tantos
españoles):
"No hay nada
forzado ni arbitrario en la forma de expresión de Innis. Si hubiese de
traducirse a prosa perspectiva, necesitaría no sólo un inmenso espacio,
sino que se perdería la intuición en los modos de interacción entre las
formas de organización. Su sentimiento de la urgente necesidad de
intuición hizo que Innis sacrificara su punto de vista y su prestigio.
Un punto de vista puede ser un lujo peligroso si sustituye a la
penetración y la comprensión. A medida que Innis fue viendo claro,
abandonó todo punto de vista simple para exponer sus conocimientos.
Cuando relaciona el desarrollo de la prensa de vapor con ’la
consolidación de las lenguas vulgares’ y el nacimiento de los
nacionalismos y la revolución, no está exponiendo el punto de vista de
nadie, y menos el suyo propio. Compone una configuración en mosaico, o
galaxia, para penetrar en la cuestión. El primer efecto de la imprenta
al alterar la proporción entre los sentidos humanos fue sustituir la
intuición o penetración en la dinámica causal por el punto de vista
estático. Volveremos a considerar esta cuestión más adelante. Pero Innis
no hace ningún esfuerzo para ’descifrar’ las relaciones entre los
componentes de la galaxia. En sus últimas obras no ofrece productos
empaquetados para el consumo, sino un equipo o instrumental para que
cada cual haga por sí mismo: como los poetas simbolistas o los pintores
abstractos." (330)
Casi un autorretrato en persona
ajena. Esta exposición "galáctica" o caleidoscópica diría yo, es en
parte la opción estilística del propio McLuhan, que también busca un
precedente en el estilo asociativo del
Finnegans Wake
de Joyce. En todo caso, lo que yo estoy haciendo al "usar" el texto de
McLuhan para mis propias asociaciones (a lo cual se presta el estilo
bloguístico, por lo eléctrico debe ser—a mí me facilita el saltar sin
más protocolo académico de una idea a la siguiente—no es sino lo que
McLuhan está sugiriendo que se haga con su libro.
La expresión
"La galaxia Gutenberg" parece significar, pues, "una colección de ideas
sugerentes, intuitivas, o parcialmente expuestas en torno a la cultura
de la imprenta y sus efectos indirectos o semipercibidos".
Si
el nacionalismo moderno surgió de la imprenta, en la era eléctrica "el
globo se ha contraído, especialmente, al tamaño de una aldea grande"
(333).
"El nacionalismo exige derechos iguales, tanto entre los individuos como entre las naciones" (335).
Cromwell y Napoleón fueron los artífices militares del nacionalismo
moderno, o como dice McLuhan, de "la organización tipográfica del
ejército" (339). Y los efectos son más perceptibles en el norte que en
el sur de Europa:
"En una
palabra, el mundo inglés comprende que la imprenta significa
conocimiento aplicado, mientras que el mundo latino siempre ha mantenido
la imprenta a raya, prefiriendo usarla para avalorar el drama de las
discusiones orales o del virtuosismo militar. En ningún lugar puede
verse mejor esta enérgica repudiación del mensaje de la imprenta que en The Structure of the Spanish History de Américo Castro." (342).
"Los españoles han estado inmunizados contra la tipografía por su lucha secular contra los moros" (342).—Hala ya. Contra los herejes será, que son los que imprimían ideas peligrosas.
Según la lectura que hace Castro de
Don Quijote
y de Ignacio de Loyola, "la preocupación por observar los efectos de la
lectura sobre los espacios vitales del lector es característicamente
española" (Castro, cit. por McLuhan 344).
"La imprenta purificó el latín... haciéndolo desaparecer" (346) (....) "La tipografía extendió su carácter a la regulación y fijación de las lenguas" (348)
—Aquí McLuhan anticipa el "determinismo tecnológico" de la lingüística
integracional, que ve en la escritura una tecnología constitutiva y
transformadora del lenguaje. Así, dice de manera un tanto maximalista
que antes de la imprenta, no eran posibles los diccionarios, ni siquiera
del latín:
el
escritor medieval se consideraba libre para definir sus propios
términos progresivamente, a medida que iba cambiando su pensamiento en
el contexto. La idea de una palabra con un significado definido,
establecido por un léxico, no pudo ocurrírseles, sencillamente. Del
mismo modo, antes de la escritura, las palabras no tienen ningún "signo"
externo, referencia o significación. La palabra roble es roble, se dice el analfabeto. ¿Qué otra cosa podría evocarle la idea de roble? (349)
—es ésta una noción sugerente, que habría que matizar por ejemplo con
la existencia del multilingüismo, que es una manera de "escribir" en el
aire; de la escritura manuscrita también; y por último, de la misma
forma lingüística oral considerada à la Derrida como inscripción o
escritura primigenia—el
always already
de la desconstrucción nos haría moderar los pronunciamientos sobre
novedades o revoluciones tecnológicas. Más efectos según McLuhan:
"La
imprenta alteró no solamente la ortografía y la gramática, sino también
la acentuación y la flexión de las lenguas, e hizo posibles las faltas
gramaticales" (351)
La flexión es natural en la cultura oral o auditiva, porque es un modo
de simultaneidad. La cultura alfabética tiende con gran fuerza a reducir
la flexión en favor de la gramática posicional visual. Edward P. Morris
ha hecho una lúcida exposición de este principio en On Principles and Methods in Latin Syntax (353).
Según
Morris, "la relación sólo puede asociarse con una partícula cuando es
sentida con un alto grado de claridad. La relación entre conceptos ha de
convertirse en un concepto. En esta medida, la evolución hacia la
expresión de relaciones por medio de partículas es una evolución hacia
la precisión" (cit. por McLuhan 353).
Aunque este
efecto no puede reducirse a la escritura o tipografía como única causa,
ni mucho menos. Un ejemplo que no considera McLuhan: la desaparición de
flexión se dio en las lenguas romances, no escritas, mientras que el
latín, lengua escrita, conservó mal que bien las flexiones.
El
rechazo del principio del decoro, de los juegos de palabras y estilos
floridos, el desarrollo del lenguaje científico, será el programa de
Sprat y la Royal Society en el siglo XVII: se trata de "homogeneizar
cualquier clase de situación, a fin de poner toda la cultura en relación
con el potencial de la tecnología de la imprenta" (355).—Hay
consecuencias estilísticas indirectas. Separación y segmentación,
principios del conocimiento aplicado, contra la teoría clásica del
decoro estilístico de estilos distintos para temas distintos.
La
imprenta creó la uniformidad nacional y el centralismo gubernamental,
pero creó también el individualismo y la oposición al gobierno en cuanto
tal. (357)
(—Y quizá tambien, pues, el ateísmo:
"la Bible tuera l’église, et l’homme tuera Dieu", como dice la canción de Plamondon en
Notre Dame de Paris).
Sobre la "lengua y el imperio", como diría Nebrija, cita McLuhan a Karl Deutsch,
Nationalism and Social Communication:
"Una
nacionalidad es un pueblo que se esfuerza por adquirir un medio
efectivo de control de la conducta de sus miembros (…) las
nacionalidades se hacen naciones cuando adquieren el poder de respaldar
sus aspiraciones. Finalmente, si sus miembros nacionalistas triunfan y
ponen a su servicio una organización estatal, antigua o moderna,
entonces al fin se ha hecho la nación soberana y surge una
nación-estado" (cit. en McLuhan 357).
—y pregunto, ¿hay algo de esto que no haya sucedido ya
en Cataluña?
Usando el instrumento de la lengua como "medio efectivo de control". El
nacionalismo va unido para McLuhan al control de los medios de
comunicación de masas, empezando por la imprenta en el Renacimiento:
"Porque
si la imprenta convirtió las lenguas vulgares en medios de comunicación
de masas, también fueron éstas medios de gobierno centralizado de la
sociedad" (357-8).
Hoy, por supuesto, son las ondas
el objeto preferente de control y atención para los nacionalistas. El
mensaje de la imprenta como primer medio de comunicación de masas "es
smplemente que el soberano tiene derecho a imponer a la sociedad normas
uniformes de conducta" (358). En Tocqueville,
La democracia en América, se alternan los puntos de vista de la uniformidad impuesta desde arriba, por el gobierno, y la creada por el mercado.
Esta polémica comentada por McLuhan por el control de las
comunicaciones recuerda también, por supuesto, los recientes debates
sobre si la Red puede o debe ser controlada por los poderes públicos (o,
más específicamente, por los Estados Unidos):
"Los
no conformistas, inclinados del lado del lector o consumidor,
interpretaro que el significado de la imprenta era privado o individual.
Los conformistas se inclinaron del lado del autor-editor, dueño de la
nueva fuerza. Puede ser o no ser significativo que la mayor parte de la
literatura inglesa, desde la imprenta, haya sido creada por esta minoría
de orientación gubernamental." (359).
Con la
imprenta y el espacio comunicativo centralizado aparece también la idea
de la corrección lingüística y gramatical, y las campañas de
uniformización del lenguaje.
"Nadie
ha cometido jamás un error gramatical en una sociedad analfabeta"
(361)—otro principio que sin duda suscribirían los integracionalistas.
La trampa de la corrección gramatical es "el abismo entre los modos
visual y oral" (362).
A la vez, se vuelve señal de
refinamiento "la reducción de la cualidad táctil" del lenguaje (364),
por ejemplo de la aliteración sajona, tarde recuperada en poesía. Más
aún,
"El hombre tipográfico tiene un nuevo sentido del tiempo: cinemático, secuencial y pictórico" (364).
Los momentos de Shakespeare, o las instantáneas de su experiencia mental de Montaigne en los
Ensayos
("no pinto el ser, pinto el pasar"), como precedente de la
secuenciación fragmentaria de la experiencia que anticipa el cine. La
existencia deja de ser estática para ser flujo de la consciencia, como
dice Poulet comentando la captura de instantes en Montaigne:
"Pero renunciar a pintar el ser para pintar el pasar no es sólo una
empresa de denudación sin precedentes, es una tarea de extremada
dificultad. Pintar el pasar no es simplemente captar el yo en un objeto
que se desvanece y que al hacerse borroso permite al yo aparecer más
distintamente; no es pintar un autorretrato, que sería tanto más fiel
por la desaparición de todas las trazas de las ocasiones que habían
llevado a su creación. Es captar el yo en el instante en que las
ocasiones le quitan su forma antigua y le imponen una nueva" (Poulet,
cit. en McLuhan 366)
"Y
así el yo se disuelve, no sólo de instante en instante, sino incluso en
medio del instante-paso, en un juego prismático, como el del agua
rociada" (McLuhan 367).
Esta experiencia de la
representación del yo anticipa el impresionismo, y el cine. (Las
tecnologías de representación del yo, y por tanto la misma experiencia
del yo, se ven alteradas por la imprenta). La tecnología de la
repetición y reiteración mecánicas llevan a imágenes como la de
Shakespeare (soneto LX, "Like as the waves."). Y de este tipo de
representación de la consciencia surge el moderno inconsciente:
"el
inconsciente es una creación directa de la tecnología de la imprenta,
el montón de escoria, cada vez más alto, de la consciencia rechazada"
(370).
¿Podemos emanciparnos críticamente de esta
influencia subconsciente de la tecnología? Hay primero que tomar cuenta
de esta influencia:
"Porque
es absurdo e innoble ser conformado por tales medios. El conocimiento no
extiende, sino que restringe las áreas del determinismo" (373)
Un equilibrio crítico que requiere el equilibrio de los sentidos, no
la desproporción a favor de uno que promueve cada nueva tecnología.
"Heidegger hace esquí acuático sobre la ola electrónica tan triunfalmente como Descartes cabalgó la ola mecánica"
(373)—He aquí la famosa imagen de surfing en la ola mediática,
introducida por McLuhan. Nada que ver con surfear por la red, sino más
bien dar una expresión ideológica adecuada al impacto mediático de la
época. Y si Heidegger hizo surf, bien a pesar suyo sería: le faltan
pectorales playeros. Arguye McLuhan que el éxito de la lingüística de
Heidegger se debe a nuestra inmersión en el medio electrónico; por la
misma razón descartamos intuitivamente el mecanicismo de Descartes. Y ni
tanto, ni tan calvo, dice McLuhan:
"La
tesis de este libro no es que haya algo bueno o malo en la imprenta,
sino que la inconsciencia de los efectos de cualquier fuerza es un
desastre, especialmente de una fuerza que hemos creado nosotros mismos"
(374).
Aunque por lo dicho antes, el desastre es
inevitable: no parecería que a fuerza de apretarnos las meninges vayamos
a hacer factible una visión crítica que sólo puede aparecer (decía
McLuhan) como efecto de la distancia histórica y del surgimiento
preponderante de un nuevo medio que desplace al actualmente
predominante. Parecería ser así, pero de hecho no conviene olvidar (como
tiende a hacer McLuhan) que un medio no desplaza al anterior, sino que
coexiste con él, y entra con él en complejas relaciones de
intermedialidad. Somos, siempre, más multimedia y menos desequilibrados
en un sentido de lo que nos dice McLuhan.
Gutenberg, nos dice, ha ido extinguiendo la voz humana, y la cualidad audiotáctil de la experiencia:
"Es
un lugar común mencionar que el hombre se hizo centro vía Gutenberg,
sólo para ser reducido en seguida por Copérnico al estado de una nota
marginal. Suspendido durante siglos de un extremo de la cadena del ser,
la linealidad del hombre fue interrumpida por la de Darwin, que iluminó
el segmento que faltaba en la secuencia. En todo caso, Darwin rompió la
conciencia antropocéntrica, como Copérnico había hecho con el espacio.
Sin embargo, hasta Freud, el hombre se aferró a un resto de intuición
que tiñó la conciencia de espontaneidad. Pero Freud puso fin a esto con
su imagen del espíritu como una ondulación en el océano del
inconsciente" (377-78).
Frente al mecanismo del
universo newtoniano, al sistema del mundo completamente cerrado, la
nueva física restaura la incertidumbre y antideterminismo. No todas las
cadenas de causación se pueden remontar mecánicamente a una única causa
original. Citando a Sir Edmund Whittaker,
Space and Spirit:
Por
el contrario, la corriente moderna del pensamiento físico (como resulta
evidente de lo que se ha dicho sobre el principio de causalidad) está a
favor de la tesis de que, en el dominio de la física, hay una sucesión
continua de intrusiones de nuevas creaciones. El universo está muy lejos
de ser una mera consecuencia matemática de la disposición de sus
partículas en el momento de la Creación, sino que es un lugar mucho más
interesante y lleno de imprevisto de lo que imagina cualquier
determinista. (Cit. por McLuhan, 379).
Aquí procede poner un enlace a
mi reseña de la Historia del Tiempo de Stephen Hawking.
(Nota: según McLuhan, esta reflexión sobre la multiplicidad y
entrecruzamiento de las causas explica además "el título y el
procedimiento de este libro" (379)—afirmación enigmática).
Pero citemos más a Whittaker sobre la indeterminación del principio de causalidad, contra el pensamiento mecanicista:
"En
el argumento [mecanicista] generalmente esgrimido, el lenguaje empleado
es adecuado al caso cuando cada efecto no tiene más que una causa, y
cada causa un solo efecto, de modo que todas las cadenas de la causación
son simplemente secuencias lineales. Pero si tomamos ahora en
consideración el hecho de que un efecto puede ser producido por la
acción conjunta de varias causas distintas, y también el hecho de que
una causa puede originar más de un efecto, las cadenas de causación
pueden ramificarse y unirse unas a otras; pero como sigue vigente la
regla de que la causa siempre precede al efecto en el tiempo, es
evidente que la prueba no queda esencialmente afectada. Por añadidura,
el argumento no exige que todas las cadenas de causación, cuando se
siguen hacia atrás, hayan de terminar en el mismo punto final: en otras
palabas, no lelva necesariamente a la conclusión de que el universo
adquirió todos sus materiales en una sola remesa de la Creación, y que
no ha recibido nada más desde entonces. Esto no apoya la tesis, tan
común entre los newtonianos deístas del siglo XVIII, de que el sistema
del mundo es un sistema completamente cerrado, y ha evolucionado según
leyes puramente mecánicas, de modo que todos los acontecimientos de la
historia estaban implícitos en su especificación desde el instante
primero." (378-379 – y aquí sigue seguido la cita de arriba).
Más sobre determinismo y causalidad (y análisis invertido de la
causalidad) en este post a cuenta de la teoría de Gustavo Bueno:
"Crítica de la causalidad".
Por cierto, este razonamiento de Whittaker refutador de una única línea
de causalidad tiene un paralelo interesante en la evolución de las
teorías de la evolución humana: desde las teorías lineales y
teleológicas, o árboles bien organizados, hasta los complicados
matorrales de ramas entrecruzadas a que tienden las teorías modernas
como la de Stephen Jay Gould.
Para McLuhan, "hemos pasado de
la ’causa’ a la ’configuración’ en todos los campos de estudio y
análisis" (379)—un tipo de razonamiento a relacionar con el Zeitgeist
estructuralista.
Efectos perceptuales de la
alfabetización/imprenta: Junto con el "espacio cerrado" de la
cosmología, el espacio euclídeo, producto del alfabeto, nace la idea de
que los cuerpos físicos tienen que estar "contenidos" en algo—en ese
espacio. Y paralelamente, aparece la idea de que los textos tienen un
"contenido":
"El
efecto del alfabeto fonético al transformar el mundo audiotáctil en un
mundo visual fue, tanto en física como en literatura, crear la falacia
del contenido" (380).
(Y sirva esto como ejemplo de
peligroso razonamiento à la McLuhan o línea trazada para hacer
constelación de dos estrellas distantes… porque desde luego, ya que
hablamos de la teoría de las múltiples causas, no pueden atribuirse a
UNA causa única y comùn estos dos fenómenos tan dispares).
"La
galaxia Gutenberg quedó disuelta teóricamente en 1905, con el
descubrimiento del espacio curvo, pero en la práctica había quedado
invadida por el telégrafo dos generaciones atrás" (380).
(También aquí es contradictorio el razonamiento de McLuhan al suponer
efectos tan drásticos y devastadores primero al alfabeto, y luego a un
invento utilizado sólo para una pequeña parte de la comunicación social,
o a una teoría desconocida para todos menos un puñado de mortales. Ni
tanto, ni tan drástico, como hemos apuntado antes. Esto es la teoría
maximalista de los bandazos culturales, o las revoluciones invisibles).
"Con
el fin de las especializaciones lineales y de los puntos de vista
fijos, el conocimiento compartimentado se hizo tan inaceptable como poco
pertinente había sido siempre. (…) Y lo que nos hemos esforzado en
explicar en este libro es cómo se ha hecho posible la ilusión de la
segregación del conocimiento por el aislamiento del sentido visual por
medio del alfabeto y la tipografía. Quizá nunca lo repitamos bastante.
Esta ilusión puede haber sido una cosa buena o una cosa mala. Pero sólo
un desastre puede surgir de la ignorancia de las causalidades y efectos
inherentes en nuestras propias tecnologías." (381)
Una ignorancia necesaria, decíamos antes, por otra parte…
En su entrevista de Playboy,
McLuhan confiesa ser un producto, partidario y nostálgico de la cultura
de la imprenta. Teoriza los nuevos medios, pero no va con él ser tan
cool, nos dice. Y que no se droga.
El shock de las nuevas tecnologías:
"A
fines del siglo XVII se profujo una gran alarma y revulsión ante la
creciente cantidad de libros impresos. Las primeras esperanzas acerca de
una gran reforma del hombre por medio del libro habían quedado
chasquedas, y en 1680 escribía Leibniz: (….) "al final, el desorden se hará casi insuperable" (382).
"’The
Dunciad’, de Pope, acusa al libro impreso como agente de una renovación
primitivista y romántica. La cantidad puramente visual evoca la mágica
resonancia de la horda tribal. La taquilla aparece como un retorno a la
cámara de resonancia del sortilegio de los bardos." (383).
Wow. Por cierto, nunca he visto traducido el título de la obra de Pope:
"Dunce" ahora es un vurro, pero en tiempos de Pope tenía una fuerte
connotación de pedante pretencioso (viene de "Duns" Scoto, escolástico
razonador, y ha derivado hacia abajo). "Burro pedante y pretencioso",
significa pues; quizá "La Pedantíada" es en suma la mejor traducción del
título. Según McLuhan,
"Un sentimiento similar anima The Tale of a Tub y The Battle of the Books [del deán] Swift. Pero es a The Dunciad
donde hemos de volvernos en busca de la epopeya de la palabra impresa y
sus beneficios a la humanidad. Porque allí se encuentra un estudio
explícito de la zambullida del espíritu humano en el cineo de un
inconsciente generado por el libro. La posteridad no ha podido ver, de
conformidad con la profecía que aparece al final del libro IV, por qué
la literatura precisamente ha de ser acusada de embrutecer al género
humano, y de introducir mesméricamente al mundo civilizado en el
primitivismo, en el África interior, y, sobre todo, en el inconsciente.
La simple clave de esta operación es la que hemos tenido en mano a lo
largo de todo este libro; la creciente separación de la facultad visual y
el resto de los sentidos en su interacción condujo al rechzo por la
conciencia de gran parte de nuestra experiencia, y a la consecuente
hipertrofia del inconsciente. Pope llama a este dominio que crece sin
cesar el mundo ’del Caos y de la Noche antigua’. Es el mundo tribal, no
alfabetizado, cantado por Mircea Eliade en The Sacred and the Profane". (384).
La última frase, evidentemente, es insensata y contradictoria incluso
en términos de la propia teoría de McLuhan. En cuanto al desarrollo del
inconsciente por efecto de la alfabetización… ¿quizá la sátira de Swift
sobre la
Mechanical Operation of the Spirit sería un lugar interesante donde mirar?
"No se ha reconocido a Pope el mérito que le corresponde como serio analista de la malaise intelectual de Europa. (…). Pope vio el nuevo inconsciente colectivo como el embalse acumulado de la autoexpresión individual" (388).
(Sobre la estupidez y vanidad potenciadas por los liblogs, y sobre la
analogía entre la marea de texto impreso y el tsunami blogosférico
ya hemos hablado, o hablaremos).
"Pope
dijo al mundo inglés lo que Cervantes había dicho al mundo español, y
Rabelais al francés, en relación con la imprenta. Es un delirio. Es una
droga transformadora y metamorfoseadora, capaz de imponer sus postulados
en todos los niveles de la consciencia. Mas para nosotros, en la década
de 1960 a 1970, la imprenta tiene mucho de ese extraño carácter
retrógrado del cine y del ferrocarril. Al reconocer tardíamente sus
poderes ocultos, podemos aprender a intensificar las virtudes positivas
de la imprenta y, sobre todo, comprender mejor las formas, mucho más
potentes y recientes, de la radio y la televisión." (390).
Recuerdo que cuando era un lector compulsivo, en los años setenta, mi
padre me hacía salir a ver la calle, cuando me pillaba leyendo: "ya
estás aquí otra vez con la droga". Ahora soy adicto al blog, claro—droga
por droga. Y me ufano de que no lo soy a la televisión o a los
videojuegos, como lo es toda Zaragoza. Los parques están vacíos las
tardes soleadas. Ya lo cantaba bien Francis Cabrel:
"Verrouillez les portes des conversations / Et allumez les postes de télévision"...
"Pope, como Harold Innis en The Bias of Communication,
supone que la acción toda de la imprenta sobre nuestras vidas no sólo
es inconsciente, sino que por esta misma razón agranda sin medida el
dominio del inconsciente." (390).
Tal como lo veo
yo, la alfabetización y la interiorización de las tecnologías de la
comunicación es posible que agranden el inconsciente, pero expanden y
complican en su conjunto toda la actividad mental. Más inconsciente,
pero también más consciente, y estructurado de maneras más complejas.
Como ejemplo, la manera en que fragmentos de intertextualidad o patrones
de imágenes estructuran nuestras percepciones y la producción de
nuestro discurso, muchas veces de modo totalmente inconsciente. Por otra
parte, se posibilitan tipos de experiencia consciente más compleja,
como la distinción entre múltiples planos de realidad y representación.
Los esquemas o
frames de
Goffman,
básicos en nuestra estructuración de la realidad, tienen un material de
construcción de primera clase en la multiplicidad de medios de
comunicación y en la imbricación de unos con otros que llamamos
intermedialidad.
Una experiencia intermedial compleja es por supuesto inaccesible o
incomprensible para una mentalidad no educada en este tipo de
operaciones semióticas. Por tanto: quitaría yo un toque de alarmismo a
este "crecimiento del inconsciente" de McLuhan.
"Todo el cuarto libro de The Dunciad tiene que ver con el tema de La Galaxia Gutenberg; la traducción o reducción de modos diversos a un único modo de cosas homogeneizadas." (391).
También aquí quitaría yo alarmismo, y la sugerencia de alienación. Es
tan posible estar alienado en la horda primigenia como estarlo de
trabajador en las pirámides o en la cadena de montaje. Pero la
complejidad de la experiencia posible no es la misma en cada
circunstancia y sociedad. Con el desarrollo de los medios no hay
reducción u homogeneización sino complejificación, multimedialidad,
intermedialidad. Cierto es que la imprenta puede tener mucho poder
absorbiendo y comunicando experiencias, o la televisión; y que el
formato digital sí es en cierto modo "la traducción o reducción de modos
diversos a un único modo de cosas homogeneizadas"—pero ahí están los
decodificadores y ordenadores para volver a transformar en señales
distintas y multimedia lo que se había homogeneizado digitalmente. Ni
los gestos, ni la conversación, ni la retórica desaparecen con la
imprenta, ni la imprenta desaparece con la cultura de la imagen. Pero
McLuhan, como tantas veces, tiende al Mcsimalismo.
"Apoyado
por la tecnología creada por Gutenberg, el poder de los lerdos para dar
forma y anublar el espíritu humano es ilimitado. Los esfuerzos de Pope
por aclarar este punto básico han sido vanos. Su gran preocupación por
la pauta de acción de su horda de nulidades armadas ha sido mal
interpretada como rencor personal. [¡Bué-nó! – malinterpretada… ¡Es que hay que leerse La Pedantíada!]. [El] Pope [de McLuhan] sólo estaba preocupado por la pauta formalística y el poder penetrante y configurador de la nueva tecnología." (394).
En la medida en que la obra de Pope es satírica y deliberadamente
grotesca y distorsionadora, habrá que moderar las pretensiones del
diagnóstico que quiere extraer McLuhan. Y vaya medida… Pope también
utilizaba la imprenta, creativamente, para enriquecerse. Es otra
perspectiva.
"Reestructuración de la galaxia o la condición del hombre-masa en una sociedad individualista" (395).
McLuhan aplica a la ampliación tecnológica de los procesos mentales la intuición de Blake en
Jerusalem:
"Si los órganos de percepción cambian, parecen variar los objetos perdidos.
Si los órganos de percepción se cierran, también parecen cerrarse sus objetos." (Jerusalem, cap. 34).
"Blake
deja bien aclarado que cuando varía la proporción entre los sentidos,
el hombre varía. La proporción entre los sentidos cambia cuando
cualquera de ellos o cualquier función corporal o mental se exterioriza
en forma tecnológica (…). La imaginación es aquella proporción entre las
percepciones y las facultades que se da cuando no están encamadas o
exteriorizadas en tecnologías materiales. Cuando así se exteriorizan,
cada sentido o facultad se convierte en un sistema cerrado. antes de
darse tal exteriorización, hay una completa interacción de experiencias.
Esta interacción o sinestesia es una especie de tactilidad, tal como
Blake la buscó en la línea de contorno de la forma escultórica y del
grabado.
Cuando la perversa ingenuidad [no, traductor: el perverso ingenio]
del hombre ha exteriorizado alguna parte de su ser en una tecnología
material, se altera totalmente la proporción entre sus sentidos.
Entonces se ve compelido a contemplar ese fragmento de sí mismo
’encerrado, como en acero’. Y al percibir esta cosa nueva, el hombre se
ve compelido a convertirse en ella. Tal fue el origen del análisis
lineal, fragmentado, con su cruel poder de homogeneización:
El Espectro Razonador
se alza entre el Hombre Vegetativo y su Imaginación Inmortal
" (395).
Una observación ciertamente sugerente—y sugestiva incluso—pero que
debería matizarse y más que matizarse con lo que ya hemos dicho contra
los sistemas cerrados.
La multimedialidad de la experiencia, la pervivencia no sólo residual
sino floreciente de las viejas modalidades de percepción y de los medios
"superados", así como el desarrollo de complejas experiencias
intermediales, todo esto mantiene a esos "sistemas sensoriales" abiertos
y dinámicos,
no cerrados, y en
interacción permanente, contra lo que diga McLuhan. ¿De dónde, si no,
surge la crítica al Espectro Razonador? La Imaginación Inmortal se halla
no sólo en la experiencia primigenia, sino también en la complejidad
asociativa de las experiencias elaboradas, intertextuales e
intermediales.
"Las leyes
newtonianas de la mecánica, latentes en la tipografía de Gutenberg,
fueron traducidas por Adam Smith para regir las de la producción y el
consumo. De acuerdo con lo que Pope había predicho acerca de la
enajenación automática o ’robo-centrismo’, Smith declaró que las leyes
mecánicas de la economía eran de aplicación, igualmente, a las cosas del
espíritu: ’En las sociedades opulentas y comerciales, pensar o razonar
viene a ser, como cualquier otra actividad, un negocio privado, llevado
por unos cuantos, que suministran al público todo el pensamiento y la
razón que poseen las vastas multitudes que trabajan’." (401).
O más bien que no posseen. Esto suena un tanto siniestro en palabras de
McLuhan (la creciente alienación de la sociedad capitalista, etc.).
Pero relativicemos. Ya he hablado antes de la imaginación espontánea y
pensamiento libre de los campesinos egipcios o de los mujiks. A nivel de
las necesidades cotidianas de interacción y percepción todos somos lo
creativos o imaginativos que nos dé nuestra medida personal—aquí y en la
horda primigenia. Pero una sociedad avanzada también desarrolla
pensamiento avanzado—como el de Adam Smith. Y no es una alienación el
que esto lo hagan unos pocos, "juntando fuerzas"—también las Pirámides
las pensaban unos pocos. Las vastas multitudes que trabajan nunca han
destacado, ni destacarán, en filosofía. El obrero industrial ni
siquiera se apropia del pensamiento de Adam Smith, porque sus
preocupaciones son otras. Pero hace falta una sociedad capitalista
avanzada para desarrollar el pensamiento de Adam Smith (o el de
Marx)—que es
una ganancia, no una pérdida de espontaneidad ni un robo de cerebros a las multitudes.
"parece
ser que Smith siente que el nuevo papel del intelectual es servir de
espita de la consciencia colectiva de las ’vastas multitudes que
trabajan’" (401).
—el nuevo vate de la sociedad capitalista, para McLuhan:
"La visión será tribal y colectiva, la expresión, privada y comercializable" (401).
Bueno: sigamos matizando. Algunos intelectuales expresan (por división
de papeles y roles) la experiencia de las masas. Otros no: Adam Smith no
expresa la experiencia de las masas, sino que la teoriza. Es distinto.
El papel del intelectual no es únicamente visionario, sino también
tecnológico. Ingeniero de las tecnologías del conocimiento, como
McLuhan. Aunque McLuhan también es visionario, qué duda cabe…
"Como
sintió Joyce, nuestra liberación de este dilema puede venir de la
nueva tecnología electrónica, con su profundo carácter orgánico. Porque
lo eléctrico pone de lleno la dimensión mítica o colectiva de la
experiencia humana en el mundo despierto al día y consciente." (402).
Lo dicho: ni tanto, ni tan calvo. Ni tan liberadora la televisión, ni
tan esclavizadora la imprenta. Otros han invertido los términos, con la
misma arbitrariedad que McLuhan. No conviene perder de vista que nunca
hay una cárcel tecnológica de los sentidos (mito McLuhaniano) y que por
tanto la liberación de esa cárcel es otro mito.
Karl Polanyi,
The Great Transformation, detecta paralelismos entre el pensamiento newtoniano y económico en el XVIII y XIX. Hasta entonces,
"Donde
los mercados estaban más desarrollados, como en el sistema mercantil,
prosperaron bajo el control de una administración centralizada que
fomentó la autarquía, tanto de los hogares campesinos como de la vida
nacional. La regulación y los mercados crecieron juntos, en efecto. El
mercado autorregulador era desconocido; en realidad, el nacimiento de la
idea de autorregulación fue una inversión completa del curso de
desarrollo. (Polanyi, en McLuhan 403).
El principio
newtoniano de la autorregulación se detecta en las ideas de Pope con su
"todo lo que es es perfecto" y de Swift en la "
operación mecánica del espíritu";
y "el principio de no-interferencia en el orden natural llega a ser la
conclusión paradójica del conocimiento aplicado" (403): la idea de que
"todo mal parcial es un bien universal" como base de la autorregulación,
y automatización de la consciencia. Es el auge de la teoría del libre
mercado:
"De
ahí que no sólo haya de haber mercados para todos los elementos d la
industria, sino que no debe apoyarse ninguna medida o política que
puediera interferir en el funcionamiento de esos mercados. Ni los
precios, ni los stocks, dni la demanda deben ser fijados o regulados;
sólo son correctas aquellas medidas o políticas que ayuden a asegurar la
autorregulación del mercado al crear condiciones que hagan de él la
única fuerza organizadora de la esfera económica" (Polanyi, en McLuhan
403).
Y, dice Polanyi, al tratar la mano de
obra y la tierra como mercancías, se subordina la sustancia misma de la
sociedad a las leyes de mercado.
McLuhan ve en todo esto la consecuencia de "un sistema visual cerrado":
"Los
mismos postulados presidieron la formación del espacio, el tiempo y la
mecánica newtonianos. Así, la literatura, la industria, y la economía
quedaron fácilmente acomodadas dentro de la esfera newtoniana." (404).
"Cuando
una sociedad está circunscrita dentro de una proporción de los sentidos
fija y particular, es completamente incapaz de encarar otro estado de
cosas." (McLuhan 405).
"La fórmula de la
hipnosis es ’un sentido cada vez’. Y las tecnologías nuevas tienen el
poder de hipnotizar porque aíslan los sentidos. Luego, como dice la
fórmula de Blake, ’se convirtieron en lo que observaban’. Toda
tecnología nueva disminuye así la interacción de los sentidos y la
consciencia, precisamente en la nueva zona de novedad donde se produce
una especie de identificación entre el observador y el objeto. Esta
conformación sonambulística del observador a la nueva estructura hace a
aquéllos más profundamente inmersos en una revolución tanto menos
conscientes de su dinámica" (406).
Las
especulaciones de McLuhan sobre la "prosa equitona", la uniformización
del estilo en prosa, "equivalente auditivo del punto de vista, fijado
mecánicamente, en el campo de la visión" (407) son poco convincentes,
pues normas de uniformidad genérica y convenciones han existido desde
los clásicos. Teoriza también la mayor importancia dada al efecto sobre
el público, que según Goldsmith es en el XVIII el único mecenas de los
poetas. Addison, Kames, Hume, etc., analizan la experiencia del lector, y
esto va junto con el descubrimiento de nuevas dimensiones de la función
del arte.
"Retrospectivamente,
tal vez nos veamos obligados a reconocer que ha sido la era de los
mercados de masas la que ha creado los medios para un orden mundial,
tanto en belleza como en artículos de consumo" (411).
"fue
el método de Gutenberg, de segmentación homogénea, [para] el que siglos
de alfabetización fonética prepararon el terreno psicológico, el que ha
trazado los rasgos del mundo moderno. La numerosa galaxia de
acontecimientos y prductos de tal método de mecanización de los oficios
manuales es meramente accidental al método en sí." (412).
Pero esto ha cambiado, y hoy estamos libres de esa perspectiva:
"Hoy,
nuestra ciencia y nuestro método no tienden hacia el punto de vista,
sino a descubrir cómo no tener punto de vista; no es el nuestro el
método del espacio cerrado y la perspectiva, sino el de campo abierto y
[suspensión del juicio]. Tal es hoy el único método viable, bajo las
condiciones eléctricas del movimiento de información simultánea y total
interdependencia de los humanos." (412).
"Hoy," nos dice, está superada la hipnosis "newtoniana" o "visual"… aunque
hoy,
años más tarde no queda claro en qué medida la reducción mucho más
drástica de toda la información a formato digital no vaya a tener un
efecto librecambista mucho más drástico y directo. Por supuesto, la Red
se utiliza a favor y en contra de la globalización del capitalismo, a
favor y en contra de la ideología capitalista, pero la estructura en sí,
su misma existencia y las dinámicas que favorece, trabajan
implacablemente a favor de la globalización económica. E hipnotizar… la
pantalla hipnotiza bastante.
"No
podríamos mencionar un ejemplo más extremado de esta ilusión que
nuestra imagen actual de la televisión como una variación corriente,
sobre el modelo mecánico, cinematográfico, de tratar la experiencia por
repetición. De aquí a pocos decenios será fácil descubrir la revolución
en la percepción y en la motivación humanas que se producirá como
consecuencia de la contemplación de la nueva red en mosaico que es la
imagen televisiva. Hoy es fútil en absoluto discutirla." (407).
(Pero ver
más arriba…).
El gran descubrimiento, en el siglo XIX del método de invención, expuesto con detalle por primera vez en la obra de Poe:
"consiste,
bien simplemente, en la técnica de comenzar al final de cualquier
operación de que se trate, y operar hacia atrás desde ese punto de
partida. Es el método inherente en la técnica gutenberguiana de
segmentación homogénea, pero hasta el siglo XIX no fue extendido el
método desde la producción al consumo." (312).
Lleva a la masificación de la experiencia del consumidor, en literatura también:
"No
sólo es la novela policíaca el gran ejemplo popular de operar hacia
atrás, de efecto a causa, sino que es también la forma literaria en que
el lector se ver profundamente implicado como coautor." (413)
(—reflexiones interesantes para cotejar con la teoría de la
narración en retrocesión
que comentábamos hace unas semanas). "El consumidor de arte popular fue
invitado por las nuevas formas artísticas a participar en el proceso
artístico" (414).
Pero no sólo esto en literatura popular: la
teoría del correlato objetivo de T. S. Eliot también presupone una
formulización semejante de la experiencia lectora. Y parecido en la
narración de la experiencia:
"El
alfabetismo había hecho del individuo instruido un sistema cerrado, y
estableció un vacío, entre la apariencia y la realidad, que terminó con
descubrimientos tales como la corriente de consciencia." (415).
Impersonalidad, suspensión del juicio también, como característica del
arte y la ciencia del siglo XIX, como desarrollo de la cadena de
montaje del XIX.
Pero estas consecuencias de la tecnología mecánica serán reinterpretadas en la era eléctrica:
"La
nueva galaxia eléctrica de acontecimientos ha entrado ya profundamente
en la galaxia Gutenberg. Incluso sin colisión, tal coexistencia de
tecnologías y consciencias causa trauma y tensión en toda persona viva.
Nuestras actitudes más corrientes y convencionales parecen súbitamente
deformadas como gárgolas o figuras grotescas." (415).
Por eso estamos aquí haciendo blogs, en lugar de escribir artículos académicos, seguramente.
Y si también aparecen a veces distorsionadas como una gárgola las
intuiciones de McLuhan sobre la interpenetración de medios y mensajes,
eso se debe en parte a la retrospección que hoy efectuamos sobre una
prospección de McLuhan en los años sesenta—sobre un tipo de crítica y
teoría prospectivo e innovador, que a la vez tiene la humildad de
presentarse como una nota a pie de página o comentario sobre lo ya
dicho. Todos lo somos, supongo—pero unos menos que otros.
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