Excelente película de acción. Un taxista, Max (Jamie Foxx) es
secuestrado por un asesino a sueldo (Tom Cruise, "Vincent") para que lo
lleve por Los Angeles a hacer una ronda rápida de "encargos". El pobre
primero no pide sino escapar de esta pesadilla, pero apenas lo ha
conseguido (provocándose un accidente de circulación) descubre que tiene
que salir corriendo tras el asesino, a pararlo él mismo, pues va a
matar al último de sus encargos, una clienta que le había gustado al
taxista justo antes de coger en su taxi al asesino. Era la primera de la
lista, pero al llegar tarde al trabajo, el asesino no la encuentra en
la oficina y la pasa al final, cruzándose con ella justo antes de subir
al taxi que ella ha dejado... y de ahí las casualidades.
Excelente filmación, ritmo y trepidante argumento; la tensión entre los
personajes, la música magistralmente integrada, la pesadilla de la
peregrinación por Los Angeles viéndose en situaciones inesperadas y
absurdas, asegura la atención y la inmersión del espectador (¡había
escrito "del protagonista"!), identificado con el pobre cabbie, que pasa
de repente de la superficie normal de la vida cotidiana en que vive a
una pesadilla de muerte súbita y arbitraria, reflexiones sobre el
sentido de la vida, y situaciones en las que apenas se reconoce haciendo
lo que hace.
Tom Cruise, con su aire tanático habitual,
encarna muy bien al asesino. Es un psicópata nihilista al que sólo
mantiene en marcha su pura voluntad de hacer su voluntad, y el reto de
mantenerse en la cumbre de su profesión sin fallar ni una. Es a la vez
una encarnación de la lógica profesional del trabajo bien hecho sin
consideraciones externas a las puramente empresariales. Un ejecutivo
agresivo, vamos, pero literal; la fase terminal de la lógica
capitalista, frente a la pobre humanidad normal, con sueños
irrealizables, y madre regañona, que encarna Foxx. Muy buena la escena
de la visita a esta madre en el hospital. Porque Cruise va a lo suyo,
pero también improvisa, es un tanático vital; hace jazz del
comportamiento (siempre procurando no poner en riesgo su misión), le
gusta curiosear, medir a la gente, jugar con ellos—y luego quitarles
súbitamente la vida. Es una especie de Sir Death, como diría Javier
Marías, o Sir Mortality—porque le hace reflexionar al taxista sobre cómo
estaba dejando trascurrir su vida, su única vida, con esperanzas vanas y
acciones empantanadas, engañándose a sí mismo. Y más que hacerle
pensar, le obliga a actuar, a convertirse en el héroe que salva a la
chica (y se la queda, presuponemos, aunque estas abogadas de traje
sastre son tremendas, y nunca se sabe). Foxx mata al matador,
disparándole contra toda previsión de éste, aunque las pasan canutas
hasta que a Cruise se le acaba la cuerda.
La película
defiende en boca de Foxx la decencia de la gente normal contra el
nihilismo ateo de Cruise—aquí un nietzscheano partidario del acto
gratuito. Pero también en su misma construcción hace depender el sentido
de la vida de tomar conciencia de la propia mortalidad, e
indirectamente de la irrupción del riesgo en nuestros hábitos—el riesgo
inesperado, que nos obliga a sacar lo mejor de nosotros mismos
where the action is, y que irrumpe en nuestra vida con la fuerza de un cadáver defenestrado sobre un taxi.
Aunque si nos atenemos a las estadísticas de esta película,
normalmente el cadáver seremos nosotros, y las consecuencias las sacará
un tercero.
Collateral.
Dir. Michael Mann. Written by Stuart Beattie. Cast: Jamie Foxx, Tom
Cruise, Jada Pinkett Smith, Mark Ruffalo, Peter Berg, Bruce McGill.
Music by James Newton Howard. Ed. Jim Miller and Paul Rubell. Prod. des.
David Wasco. Photog. Dion Beebe, Paul Cameron. Exec prod. Frank
Darabont, Chuck Russell, Rob Fried, Peter Giuliano. Prod. Michael Mann
and Julie Richardson – Parkes – McDonald Prod – Darabont/Fried/Russell
Prod. USA: Dreamworks / Paramount, 2004.*
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