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viernes, 22 de septiembre de 2023

Snowboarding Crow

 

viernes, 28 de abril de 2023

Humanización, herramientas y complejidad

Comentario que pongo a este artículo de The Conversation:

Serrallonga Atset, Jordi. "Las primeras herramientas de piedra no fueron humanas." The Conversation 27 April 2023.*

         https://theconversation.com/las-primeras-herramientas-de-piedra-no-fueron-humanas-201522

         2023

Habrá que dejarlo, entonces, en que fuimos (o más bien ‘fueron nuestros ancestros humanos’) los primeros en crear herramientas COMPLEJAS. (Nivel de complejidad a especificar, pero desde luego hay una diferencia en esto). Y quizá de ahí en parte el arrinconamiento o la extinción, si no exterminación, de todos los primos que no tenían herramientas complejas. En fin, que en el caso de los humanos y humanoides, “antes muerto que sencillo”. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Retropost (18 de marzo de 2009): Extrasomatizaciones


Extrasomatizaciones

Ignacio Martínez, de la Universidad de Alcalá de Henares, nos da una conferencia sobre paleoantropología y evolucionismo (Salón de Actos de Geológicas, Universidad de Zaragoza, 17-3-09), pasando de Darwin a su propia investigación en el equipo de paleoantropólogos que excava la Sierra de Atapuerca, y de allí a cuestiones más especulativas sobre las líneas maestras de la evolución humana. (En cursiva mis propios comentarios y especulaciones).

Comienza con una imagen de Alejandro Magno, amado por amigos y enemigos. Llevaba siempre consigo la Ilíada y la Ciropedia—éste es un tratado sobre cómo manejar a las personas, donde nos dice Jenofonte que "Es más fácil para el Hombre, de acuerdo con su naturaleza, gobernar a los demás seres que al hombre."


Darwin fue un gran iluminador de la naturaleza humana. La Historia queda partida en dos por un tajo por la obra de Darwin (luego volverá Martínez a la imagen del nudo gordiano como solución rompedora que abre una nueva perspectiva…). – La intervención más simple tiene el efecto más grande (S. J. Gould): Darwin simplemente cambió una cosa de sitio. Nos puso en la Naturaleza, junto con los demás seres vivos, incluyéndonos con ellos en una red ligada por antepasados comunes.


Preguntarnos quiénes somos, nos dijo Darwin, es lo mismo que preguntarnos de dónde venimos. Somos nuestra historia. Y nos dio una clave para entender este cambio: la selección natural, aspecto muy importante de la evolución. La historia nos tiene que dar la respuesta. (Uno podría apuntar aquí que quiénes somos es también "a dónde vamos"… pero también sobre eso tiene sugerencias Ignacio Martínez, como veremos más adelante, arguyendo que a donde vamos, vamos repitiendo lo que hacemos por venir de donde venimos).

homo habilis
La Némesis contra Darwin: teniendo el concepto de la evolución humana, no permitió el destino que se conociesen en su tiempo los fósiles humanos. Hay 2 métodos para el estudio de los antecesores: 1) el  método comparativo entre los seres vivos actuales, y 2) los fósiles, sin ellos no habría sino hipótesis incontrastables. Por ejemplo, la idea clásica de que los mamíferos suplantaron a los dinosaurios por su superioridad. Los fósiles demuestran que fue por una contingencia histórica.


Darwin usó el método comparativo, comparando a los humanos con los grandes simios; hizo hipótesis: algunas se pueden contrastar hoy, gracias al trabajo hecho por los paleontólogos desde su época. Todo esto lo hacemos para entendernos a nosotros mismos. 


Especuló Darwin sobre el origen de los homínidos… término que hoy incluye a los grandes simios, pero en tiempos sólo incluía a los antepasados humanos. Darwin siguió la hipótesis africana: los antepasados humanos, dijo, serían más cercanos a los chimpancés y gorilas que a los orangutanes. Y en efecto, de los 7 millones de años de historia de los homínidos, 5 millones de años son exclusivamente africanos. En esto acertó Darwin. Hay una sorpresa, sin embargo, pues nuestra estirpe se desgajó de la de los simios no en la sabana africana como se pensaba hasta hace poco (argumentando la conveniencia allí de la locomoción bípeda, etc.) – sino en la selva. Por la dentición, por la fauna que los acompaña… nuestros primeros antepasados propios habitaron los mismos ecosistemas que hoy habitan los chimpancés, la selva tropical.

Proyecta Martínez una diapositiva con un árbol evolutivo de las especies de homínidos; un árbol de los muchos posibles que se han establecido. En este, el homo antecessor está en la raíz del homo sapiens (o sea, la tesis favorecida "oficialmente" por el equipo de Atapuerca—ver mi comentario anterior) partiendo del  homo ergaster, y éste del homo habilis…. Y de los australopitecos, siendo el australopithecus anamensis el más antiguo de nuestro tronco directo.. .Pero hay muchas filogenias posibles, dada la cantidad de fósiles y de interpretaciones; y ni siquiera es ésta en concreto la que más gusta a I. Martínez, arguye.


Fijémonos en los homínidos antiguos (los "no humanos", los australopitecinos y parántropos)… parecían chimpancés bípedos. Se distinguen de un chimpancé puesto en pie porque los australopitecos no flexionan las rodillas al andar. (No hay hombres primitivos con rodillas flexionadas, como hacen en las películas antiguas para hacerlos simiescos—el bipedismo precede a la humanización). Las proporciones entre brazos y piernas del australopiteco son como las de los chimpancés, lo mismo el ritmo de desarrollo de las crías, el volumen del cerebro… Chimpancés bípedos, pues, pero hay un carácter importante en la boca: los caninos del chimpancé son mucho más grandes.


Darwin ya se fijó en esta falta de desarrollo de los caninos en los machos humanos —pues los caninos suelen ser un arma de cortejo y competición entre machos. Hipótesis de Darwin: hubo reducción de los caninos porque la locomoción bípeda permitió el desarrollo de armas manejadas con las manos. Esta hipótesis puede contrastarse hoy en día con los fósiles: de ser correcta, habría en los fósiles primero un cerebro grande, luego aparecería la locomoción bípeda, y luego la reducción de los colmillos. Pero no es esto lo que dice el registro fósil: la reducción de los caninos es inicial, parece ser que incluso los primeros homínidos ya redujeron los caninos. Luego siguió la locomoción bípeda… y mucho después el desarrollo cerebral y el manejo de herramientas.


¿Cómo combatían los machos? Según Martínez, cada vez combatían menos, desde el principio de nuestra estirpe. Propone la reducción de la conflictividad, o el aumento de la cooperación, como rasgo inicial de la especie humana: la cooperación, la capacidad de aunar voluntades y colaborar. (Esto podría venir a corroborar a quienes sostienen que en el matrimonio, que pone un  fin a la competición por las hembras, está el proceso inicial de humanización.  O, si se prefiere, que el matrimonio es la expresión cultural de esa tendencia biológica. En Vico puede encontrarse una tesis similar, que viene a formularse de modo simplificado como "la Familia es el origen del Estado". Otros dirían, quizá, que se encuentra la humanización en la sociabilidad extendida que supedita la funciones biológicas a la sociabilidad... por ejemplo la sexualidad reproductiva: quizá sea algo más que un chiste, que hay "homos" desde que hay "homos").


Hace 2,5 – 2 millones de años, hubo un cambio climático (—siempre está habiendo cambios climáticos…)—un cambio que podemos llamar un deterioro en cuanto al ecosistema de los homínidos, al hacerse el régimen de lluvias más escaso en Africa oriental; se expandieron las praderas, sabanas, cada vez más secas. Las plantas cambiaron, fueron más coriáceas, más difíciles de masticar. Vemos en los parántropos adaptaciones a una masticación cada vez más intensa. La mayoría de los homínidos perdieron la carrera contra el clima y se extinguieron, excepto el género Homo. Desde hace 2,5 millones de años hay homo; homo habilis desde hace 2 millones de años (cráneo del lago Turkana). La adaptación fundamental aquí fue el tamaño del cerebro (650 cc, casi un 50 por ciento más de cerebro que los australopitecos). Esto lo posibilitó algo inaudito en la historia de la vida: no una adaptación biológica, sino una idea…


No fue una mutación, sino un cambio de costumbres posibilitado por esa idea: alguien se volvió carnívoro. Los chimpancés son carnívoros ocasionales; los primeros humanos fueron carnívoros sistemáticos—esto fue el producto de una idea, que produjo un cambio de nicho ecológico. El consumo de carne mayor que el resto de los primates permitió reducir el tubo digestivo, que consume muchos recursos, y eso libera recursos para el desarrollo del sistema nervioso. La idea en cuestión que posibilitó esto fue el uso de materiales cortantes, la idea fue la fabricacion de lascas para despellejar y trocear a las presas, supliendo las insuficiencias de la dentadura y mandíbulas.


Encontramos al Homo erectus africano u homo ergaster, 200.000 años después (hace pues 1.800.000 años): tiene un mayor cerebro. El anterior homo habilis se parecía corporalmente a un australopiteco: brazos largos, etc. En el homo ergaster ha habido una revolución en las proporciones, las piernas son ya más largas que los brazos, aunque el cuerpo aún es grande proporcionalmente. El cerebro crece hacia los 800 cc., y se desarrolla una nueva manera de tallar la piedra (la tecnología achelense o modo 2, las bifaces). Tallas de piedra con simetría, ¿buscada, o no? ¿Hay una motivación estética? En todo caso es un modo de tallar más difícil y avanzado. Presenta dificultad, requiere aprendizaje. Supone una sucesión ordenada de los golpes adecuados. Lo que los taoístas llaman "hacer fácil lo difícil", una cosa compleja desglosarla, planificar pasos para un objetivo (parecido a la sintaxis del lenguaje). (Sobre esta cuestión vuelvo en el turno de preguntas, pues me interesa especialmente la cuestión de la ordenación de secuencias y procesos temporales, por lo que toca a la narratividad. Le pregunto a Ignacio Martínez si sería posible una convergencia de los procesos verbalizadores y de manipulación tecnológica, digamos dos comportamientos con un origen cerebral distinto, que convergen de alguna manera en este desarrollo de procesos secuenciados. Y se muestra de acuerdo Martínez en que esto podría ser el origen no sólo de la tecnología de las herramientas de piedra, sino también de la tecnología verbal que supone la sintaxis—hay lingüistas que así lo interpretan, dice. Vuelvo sobre esto en el turno de preguntas).


El homo ergaster es el primer homínido que sale de Africa (se halla en el yacimiento de Dmanisi, Georgia, entre 1,7-1,8 millones de años). Migración a través de Sinaí. Entre la primera salida de Africa y los neanderthales sólo había hasta hace poco unos fósiles en Asia (el hombre de Pekín, etc.).. Pero en esos 25 años han cambiado mucho las cosas, gracias a Dmanisi y a Atapuerca. Son yacimientos cruciales para entender qué ocurrió en Europa entre el homo erectus y los neanderthales.


Vemos en una imagen el surco que hiende la sierra de Atapuerca, el tren minero que a finales del XIX hizo salir a la luz muchas cuevas. Algunos lugares del yacimiento:


- La Sima del Elefante, no una sima geológicamente hablando, rellena de 16 metros de yacimiento. Apareció allí un fragmento de mandíbula humana todavía sin identificar que atestigua la presencia humana en esos estratos. La antigüedad ha sido establecida mediante la bioestratigrafía de la microfauna (un trabajo de la Universidad de Zaragoza), Tiene 1,200.000 años de antigüedad, probando una ocupación humana europea tan antigua como la asiática: Asia y Europa se poblaron en edades equivalentes; no existe el misterio de "por qué Asia sí y Europa no".


- La Gran Dolina. Allí aparecieron lo que en su momento fueron los fósiles más antiguos del continente europeo, restos de 800.000 años, homo antecessor, que creen (los del equipo de Atapuerca) que pertenece al linaje directo tanto de los humanos modernos como de los neanderthales. Hay pruebas de canibalismo, el más antiguo de que se tiene noticia (En España tenía que ser, "no hemos cambiado mucho"…).


- Otro yacimiento: la Cueva Mayor, que se ramifica desde su antigua entrada en la Gran Dolina, luego obstruida, hacia los siguientes lugares.


- La Sima de los Huesos, conectada con la cueva Mayor. Se llega allí por la Sala de los Cíclopes, tras pasar por una estrecha gatera se abre una sala grande. Lo que ha llegado a la Sima de los Huesos ha pasado por aquí. Ha sido excavada, y es significativo tanto lo que se ha encontrado como lo que no. Se encuentran restos de oso,  Ursus Deningeri, una especie extinta (el antepasado del famoso Oso de las Cavernas). Era una sala de hibernación; nos indica esto que la topografía no ha cambiado significativamente desde entonces. No se han encontrado aquí restos de herbívoros, ni de humanos, ni restos de piedra tallada.


En el fondo de la sala subterránea asciende la rampa hasta un paso estrecho, y por allí se desciende a la Sima de los Huesos, 16 metros de profundidad. Allí está el gran yacimiento donde se han encontrado más fósiles, tanto en el último fondo como en la rampa que lleva desde la sima de los huesos hasta ese fondo. Se encuentran fragmentos de esqueletos de los mismos individuos a lo largo de toda la rampa. Se pueden datar las estalagmitas con una técnica de series de uranio, y así se ve que los fósiles bajo ellas son aún más antiguos. 650.000 años de antigüedad o al menos más de 530.000 años.


El yacimiento del fondo de la sima es un sitio pequeño, especial, con poco oxígeno. Entre 1984-92, excavaciones; en el 92 se llegó al nivel más rico de la historia de la paleoantropología humana: más de 100 fósiles en apenas unos palmos. Se encuentran restos de al menos 28 personas, fragmentos de todo tipo de huesos, casi la mitad son adolescentes. También restos de Ursus Deningeri, de leones, panteras, zorros, linces… apenas hay microfauna. No hay herbívoros. Cráneos humanos no. 4 y 5: Agamenón y Miguelón, los mejor conservados.  Reconstrucción, a partir de fragmentos, de otros cráneos por Ana Gracia: más de 12 cráneos que pronto se darán a conocer —trabajo que ha durado 25 años.  Incluso estribos del oído han aparecido: todos los huesos del oído medio, que junto con la reconstrucción de las cavidades permite establecer cómo oían estas personas, claves para el sistema de comunicación.  Las adaptaciones en el oído que no tienen otros primates ya estaban presentes en estos humanos de hace 500.000 años, —que las tenían seguramente porque las usaban, y hablaban como hacemos nosotros. (Sobre esta cuestión hay mucho debate en el turno de preguntas. Allí especifica Martínez cómo es crucial una cierta estructura del oído medio para disponer de la "anchura de banda" necesaria para el lenguaje humano, no simplemente "oír" como oyen los chimpancés, sino captar riqueza de matices en esa precisa frecuencia de sonido… en cualquier caso sigue siendo, admite, una prueba relativa al hardware lingüístico, no al "software"de la codificación… aunque insiste en la importancia de tener esta prueba que ahora sí tenemos).


Se reconstruye la identidad de los individuos de la sima. Personas de los dos sexos, viejos, niños… hay más fósiles humanos en la Sima de los Huesos que en todos los demás yacimientos paleontológicos de humanos antiguos de todo el resto del mundo.

El cerebro del Homo antecessor es mucho mayor que el del homo ergaster. Ha pasado un millón doscientos mil años. El cuerpo es parecido al del homo ergaster, pero el cerebro ha aumentado de unos 850 a 1200 cc. ¿Para qué, nos podemos preguntar?


El tejido nervioso es costosísimo de construir y mantener. Para las madres gestantes, para criar niños, para alimentarlo en el adulto … La ventaja debe ser enorme, pues si no no se entiende biológicamente. Dos posibles respuestas, aunque quizá tengan las dos algo de cierto:


1) Resolución de problemas: fabricación de herramientas, y de aparatos. No es la mejor respuesta. Se han encontrado en la sima de los huesos un bifaz extraordinario ("Excalibur")—creen los paleoantropólogos del equipo que es un objeto votivo, dejado deliberadamente con los cuerpos. Pero es el mismo tipo de bifaz que se hacía en Africa casi un millón de años antes. No hace falta un cerebro tan grande para entender los ciclos naturales.


2) El gran problema a resolver son los demás. El cerebro grande sirve para entender a los demás. Los procesos sencillos son los que se pueden resolver y describir, pero el comportamiento humano, las expectativas cambiantes, las normas a aplicar en un caso dado…  hacen necesaria la inteligencia. Es la hipótesis de la inteligencia social.


Se cree que los cuerpos de la Sima de los Huesos fueron acumulados allí por otros seres humanos —que daban así sepultura a sus muertos. ¿Era una visión religiosa? ¿Podemos presuponer de allí una creencia en el más allá? Pero es que la explicación más sencilla de por qué se entierra a los muertos no es la de la existencia en el más allá: es que no se soporta dejarlos a la intemperie.  Transferimos a los muertos, sabiendo que están muertos, los sentimientos que teníamos hacia ellos cuando vivos. Esto marca un nivel de relaciones sociales tan fuerte que empieza a incluir a los muertos. Y esto es un paso decisivo en la formacion de la humanidad.


Hoy en día nos relacionamos casi más con los muertos que con los vivos—de ellos son las ideas con las que vivimos y hemos aprendido, los ideales, las Patrias, ellos han escrito los libros que leeemos, compuesto la música que escuchamos….


Comparemos neanderthales y cromañones. Los neanderthales tenían más cerebro y eran más fuertes. Pero se extinguieron y los cromañones—nosotros—no .Una hipótesis es que fueron abatidos por una superioridad tecnológica (¿invención de propulsores, de armas nuevas, etc.?)  Pero más potente parece otra tecnología que aparece como decoración en los propulsores—el arte, señal de la vida de las ideas. Es la tecnología más sofisticada de la evolución humana.


Pensamos en el arte primitivo a veces como algo ornamental o estético… Y esto es importante, nos encanta el diseño y la estética, no podemos vivir sin la belleza. Pero el arte son más cosas. El arte tiene un componente religioso también en Altamira, se dice, o didáctico—mostrar la anatomía de los animales para la caza… pero Martínez piensa que el arte vale para todo eso y más: es la gran revolución, el gran hallazgo: la capacidad de extrasomatizar el pensamientode proyectar nuestras ideas al exterior del cuerpo, comunicarlas haciéndolas visibles mediante una pared—aquí seguimos decenas de miles de años después, viendo los bisontes en la oscuridad. Es la sociedad de la información, de la comunicación, lo que están creando los primeros humanos. Entre esas ideas están las ideas que nos reúnen y nos representan como grupo. Quizá se estuviesen pintando a sí mismos al pintar bisontes en Altamira. Eso permite desarrollar relaciones de grupo más allá de la consanguineidad: la identificación simbólica, el alineamiento de voluntades: comparado con eso, un propulsor es una tecnología sencilla y pobre.


Además el arte nos conecta a través de las generaciones, con los padres muertos, con los hijos que vendrán…. ¿es esto paleontología? Quizá no sea cierto, además. Pero catorce mil años después nos seguimos reconociendo en los toros de Altamira—o en el de Osborne.

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La sesión de preguntas es animadísima; yo intervengo con frecuencia (más de la que desearía el público, supongo) pero también otras personas repiten turno de pregunta. Entra aquí Martínez en algunas aclaraciones sobre cuestiones que han llamado la atención al público.


Por ejemplo, el tema del origen humano en la sabana, o en la selva, como se sostiene ahora. El bipedismo como falso problema en esto, dice Martínez, pues el bipedismo es ventajoso tanto en la selva como en la sabana; no sería esto una cuestión determinante. ¿Es una locomoción lamentable, o una extraordinaria forma de locomoción? Depende, comparativamente: los chimpancés y gorilas son cuadrúpedos lamentables. Ahorra energía al desplazarse por el suelo de la selva un bípedo.


Riqueza especial de Atapuerca: ¿debida  a qué? Es un paso de animales entre la cuenca del Ebro y la de Duero. También entre la España atlántica y la mediterránea. Lugares de intersección, especiales, diversidad… Microecológicamente, hay dos ríos que proporcionan humedad, y nace un tercero que da lugar a humedales. Diversidad de ambientes. La diversidad de carnívoros indica una gran riqueza ecológica a lo largo de los tiempos. Las cuevas también son una circunstancia afortunada, y que se hayan quedado aisladas sin que el agua vuelva a circular por ellas y arrastre los sedimentos.


El tamaño del cerebro y el desarrollo de la inteligencia. También es una cuestión compleja y que tiene más de un aspecto. Pensemos en los delfines: tienen un gran cerebro. Y en efecto desarrollan complejas redes sociales y sistemas de comunicación, pero no tecnología—ni al parecer lenguaje complejo como el humano. (En esta cuestión intervengo para hacer la observacion de que dos cosas de las que carecen los delfines son a) un rostro expresivo—son bastante inexpresivos en sus gestos, a pesar de la sonrisa; b) Capacidad de manipulación con las extremidades. Y estas dos cuestiones, en interacción con la capacidad de procesamiento de información y de relaciones sociales posibilitadas por el cerebro, podrían haber dado a un desarrollo para el que ninguna de por sí bastaría—el lenguaje. El propio Martínez está muy de acuerdo con esto, y señala que algo debió dar lugar a un fenómeno emergente, algo que resulta de una conjunción de fenómenos de nivel inferior y que da lugar a una "explosión" imprevisible. Enfatizando un pelín demasiado para mí el aspecto súbito del desarrollo del lenguaje: yo prefiero, dentro de las explosiones emergentes, verlas a cámara lenta de miles o millones de años, como un proceso evolutivo).


Los humanos desarrollamos la interpretación de procesos como intenciones, y resulta de ahí la proyección de la personalidad humana a la naturaleza: una especie de "computador psicológico", al decir de Martínez.  (Una idea similar comenté en este post sobre "la fe como exaptación"). Los humanos atribuimos intenciones por adelantado, evitamos lo obvio… pensamos en términos psicológicos. Sobre la inteligencia social de los hombres más primitivos no hay sino pruebas indirectas… Podemos interpretar indicios de que la red social aumentó: la Sima de los Huesos interpretada como un enterramiento… aunque no hay pruebas concluyentes.


La tesis favorecida por el equipo de Atapuerca es que la tecnología lítica modo 2 haya aparecido en dos lugares, en Africa y en Europa. Y que hay continuidad evolutiva entre el homo antecessor y el heidelbergensis en Atapuerca, no una segunda migración africana. Es una teoría objetable desde otros puntos de vista, pero es conveniente sostenerla desde la paleoantropología, no sólo por "política de la casa," sino para que los otros puntos de vista afinen sus pruebas y consigan, si se da el caso, falsar esa hipótesis.


También está la clásica pregunta un tanto "creacionista", que si realmente descendemos "del mono"... y la contesta muy bien Martínez, diciendo que no es que "descendamos", sino que somos una especie más de primates; explica cómo los otros también "descienden del mono", que han evolucionado en algunos sentidos diferenciándose más de las formas primitivas, más de lo que lo ha hecho el hombre... porque la evolución entendida a la manera de Darwin no es un "progreso" hacia el hombre, sino una creación de formas diferentes. Nosotros hemos evolucionado hacia nuestra actual forma y cultura, y otros animales han evolucionado hacia sus actuales formas y culturas (con redes sociales, comunicación, etc.—que las tienen, incluida la transmisión cultural, aunque sea más primaria que la nuestra).


El lenguaje… ¿desarrollado hace 800.000 años? Es un problema, admite Martínez, y es una hipótesis debatible. ¿Cómo se explicaría entonces la explosión cultural exclusiva del homo sapiens, le preguntan? Cuesta creer que, aun comunicándose, hablasen entonces como nosotros. (Yo sugiero la cuestión del protolenguaje, comunicación mejorada con respecto a los simios pero barrida luego, absorbida, por la aparición del lenguaje—como posibilidad de que se estuviese haciendo algo significativo con ese oído similar al nuestro, y que sin embargo ese algo que se hacía no haya dejado rastro. O podríamos decir que los rastros del protolenguaje están por todas partes en el lenguaje mismo.)


De acuerdo, dice Martínez. Los datos fisiológicos (los que podemos reconstruir relativos a la capacidad de audición y vocalización) llegarían hasta la sima de los Huesos, posterior, no al homo ergaster. Los antecessor tenían el hardware necesario…. En la garganta y el oído. No sabemos si tenían el software. Otros biólogos dicen que toda esta estructura vocal y auditiva podría ser una preadaptación…. Algo que a Martínez no le agrada, él prefiere suponer que hablaban (Ya en otro post comenté una curiosa resistencia por su parte a admitir que el instrumento puede surgir antes de su uso). La preadaptación, dice, es "una estupidez como concepto"… pues ¿cómo es que no ha dejado huella ese otro uso que se le daba entonces? Pone un ejemplo muy gráfico: Estudiamos a los pterodáctilos, y damos por hecho que volaban.¿Por qué? ¿Por qué no habrían de ser las alas una "preadaptación"? (Bien, él mismo reconoce que es una analogía extrema… pensada para hacernos concluir que si los pterodáctilos "volaban", igualmente concluiremos que los antecessor "hablaban"—porque tenían el instrumental. Es la explicación más simple… pero ya he hablado de cómo esa otra función prelingüística pudo ser absorbida por el lenguaje y por eso no dejar huella. Martínez, como muchos evolucionistas, es insuficientemente evolucionista en la cuestión del lenguaje; le planteo la objeción de que si suponemos que "hablaban" no hacemos sino retrotraer el problema de cuándo apareció, y cómo, el lenguaje—y renunciando quizá a un concepto que sirve de puente como es  la preadaptación de los órganos… en realidad, le digo, prefiero el término "exaptación" de Gould, porque realmente lo de preadaptación se presta a malentendidos. Lo importante no es si hablaban o no, sino cómo, y qué decían… Porque la capacidad de aislar conceptos, de dar forma a palabras, requiere toda una evolución, un desarrollo de procesos similar al de la fabricación de bifaces. Sí se muestra de acuerdo Martínez en que el lenguaje es una tecnología que se desarrolla, quizá como producto de esa conjunción explosiva de procesos cognitivos diferentes que llegan a un determinado nivel y producen una apertura de algo nuevo).


La cultura material de los aborígenes australianos es pobre, pero su lenguaje es rico, dice. La cultura material permanece estable pero la vida interior, creatividad, etc., se ha desarrollado No siempre van a la par… (Aquí matizaría yo que podemos encontrarnos con la falacia de "todas las lenguas igualmente ricas"—como si la evolución cultural no fuese evolución, y como si las lenguas fuesen sólo cuestión de gramáticas. Una vez desarrollada la gramática hay que desarrollar la literatura… y allí los aborígenes estaban en la edad de piedra de la literatura—y de la Gramática entendida como ciencia reflexiva, pues después de la gramática viene la Gramática).


Dos componentes hay en la creatividad: uno biológico, disponer de la capacidad cerebral necesaria, pero otro componente es social: la creatividad se hace posible en una sociedad que acepte a los inventores, a los heterodoxos. Los sistemas educativos están concebidos para que la gente no cree, no invente. Inercia social vs. creatividad. (Aquí entramos en un interesante debate tanto sobre el origen de la gran capacidad cerebral como sobre sus consecuencias… a cuenta de la neotenia. Sugiero que tiene que haber un instrumento biológico disponible para "hacer crecer" el cerebro, y que la neotenia, o infantilización de rasgos en los adultos, parece ofrecerlo—Gould y otros le han dado un papel hipotético. Una vez producido el cambio de dieta, arguyo, una tendencia a la neotenia continuada—por razones todavía por investigar—podría haberse convertido en una vía evolutiva viable, cuando antes era inviable en un herbívoro. La nueva dieta carnívora haría sostenibles a los individuos neoténicos, o a las poblaciones en las que se transmitiese esa mutación—sobre todo si la capacidad cerebral mayor se traducía eventualmente en una mayor tecnología instrumental o social. Martínez aún va más allá, y especula que quizá una tendencia neoténica a la experimentación y a la novedad esté en la base de la creatividad humana—a pesar de las fuerzas de la tradición o de las maneras adultas de hacer las cosas, siempre tenemos algo de cachorros explorando el mundo por vez primera).

Muy de acuerdo parece Ignacio Martínez en esta tesis de la neotenia continuada, aunque luego nos recuerda que los humanos con grandes cabezotas que imaginamos como nuestros sucesores no parecen ser lo que se avecina: en realidad lo que hemos hecho con nuestra capacidad cerebral ahora es externalizarla, como hemos venido haciendo, gracias a esta misma capacidad cerebral, con tantas otras capacidades biológicas. Ahora tenemos un gran cerebro, pero es colectivo y externo—Internet—no cabe en la cabeza de los individuos.


Le preguntan desde el público por el diseño genético, sobre si abre una nueva fase de la evolución humana. Martínez dice que en este caso, como en otros, lo que estamos haciendo es en cierto modo lo que siempre hemos hecho: desarrollar instrumentos y tecnologías que suponen la resolución extrasomática de nuestros problemas—los proyectamos fuera del cuerpo, creamos herramientas que son extensiones corporales. (Aquí está un tanto McLuhan, Ignacio Martínez). Vamos generando tecnologías que, por partes, prestan atención a diversas capacidades corporales. Creamos extensiones extrasomáticas de nuestro sistema locomotor: sistemas de transporte, las cabalgaduras, los vehículos, las ruedas… 

Extensiones extrasomáticas de los sentidos, con aparatos de observación, de reproducción de sensaciones visuales o auditivas, aparatos y procedimientos que aumentan la agudeza sensorial. Creamos extensiones extrasomáticas de nuestro sistema digestivo: procesamiento de la alimentación, etc. Desarrollamos extrasomáticamente, también, el sistema inmunitario (farmacia, medicina…) y hemos desarrollado, con los ordenadores, el cerebro extrasomático. Internet es el cerebro colectivo de la Humanidad, cerebro gigantesco, extrasomático y distribuido. Y con la manipulación genética ahora queremos resolver extrasomáticamente los problemas de la muerte y la reproducción…. No se sabe aún cómo. Los paleontólogos, como los economistas, son buenos analizando lo que ha sucedido, pero no lo que va a suceder.

Termina la conferencia con una alusión a la memética, el desarrollo y transmisión de la cultura (que ha sido su tema principal…) como algo que trasciende a los individuos. Es algo a lo que con frecuencia vuelve Martínez, nos dice, en sus conversaciones con Juan Luis Arsuaga. Que quizá los individuos no seamos inmortales ni lleguemos a serlo, pero sí hemos creado, como a un nivel superior de emergencia, a estas entidades colectivas e inmortales, las culturas, las tradiciones, las patrias, las colectividades, religiones e ideologías—que a veces parecen jugar con nosotros como los dioses de la Ilíada jugaban con los hombres. 




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Aquí hay un audio de una conferencia de Ignacio Martínez de tema parecido, sobre el origen de la capacidad simbólica humana, en la Fundación Juan March (2008).

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Me comenta la Dra. Penas que le ha encantado esta interpretación del papel del arte en la humanización y en el desarrollo de la comunicación social. Ahora bien, matiza, hay que entender el arte también como una tecnología de autocomunicación—como desarrollo de la consciencia y de la interioridad. Y a ello podríamos añadir que el desarrollo de la interacción social va dialécticamente ligado al desarrollo de la propia interioridad: a la vez que externalizamos nuestra vida interior y nuestras funciones corporales a una red social, también internalizamos esa red social para constituirnos mentalmente: la subjetividad humana compleja no es sino una representación internalizada del diálogo social—ya hablamos aquí de la interacción internalizada en el desarrollo del lenguaje y de la mente humana, y también del teatro de la interioridad que constituye la base del sujeto individual.











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sábado, 29 de septiembre de 2018

Retropost (29 de septiembre de 2008: Herramientas




Ahora que es el cuarenta aniversario de 2001: Una odisea del espacio vamos a superponer tecnologías: me he acordado de este artefacto que me encontré antes del verano mientras me daba un paseo con los chavales por cerca de la desembocadura del Gállego. Bueno, en realidad creo que lo encontró Pibo, y nos llamó la atención inmediatamente.


Para mí que es un hacha de piedra pulimentada, posiblemente de muchos miles de años de antigüedad, y no un producto de la casualidad. No se me ocurre una tecnología más reciente que necesitase artefactos de piedra de esta forma y acabado, aunque claro, igual estoy equivocado.

Si la agarras, es ergonómica—aunque se nota que está hecha para una mano más pequeña que la mía. Pigmeos ibéricos, quizá...













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martes, 12 de junio de 2018

Retropost (12 de junio de 2008): Language, Toolmaking, Reflexivity


20080612231500-homohabilisjpg.jpg


A post in Babel's Dawn discusses the possible association between the development of language and toolmaking ability. A close connection if you think (as Edmund Blair Bolles does), that there is no separate "black box" in the brain for language —no hard-wired "language sense" as argued by Chomsky—and you believe instead that language rests on and interacts with other multi-purpose mental abilities and neural systems. Bolles reads a paper by Dietrich Stout et al. (abstract here) as evidence for his contention that shared attention to a "third" neutral or objective topic (the tool, here), which is necessary for language and for toolmaking, is a central and early development in human evolution. My commentary:

There's another issue associated with tools and toolmaking (especially when tools are involved in toolmaking). There is a rearrangement of attention and of the sense of body limits, so that the body of the tool wielder includes the tool so to speak. This would seem to be if not exclusive to human beings then at least greatly developed in them, and one would think it involves a reflexive sense of one's bodily alterations, and the enhancement of corresponding neural paths (possibly a circuit which enables a complex feedback of information between intentions, process schemata and sense data). Even if the neural paths for tools and those for language are not the same, and don't let's forget that signs are (to some extent) tools, one may suppose that the neurological flexibility required to develop those neural paths might have an indirect effect on the development of the feedback and reprojection paths needed for language processing and advanced conceptualization.

The Stout paper itself seems to argue a rather close relationship between the neural paths required for language and for toolmaking, based on experimental measurements of neural activation: "This includes an increased activation of ventral premotor and inferior parietal elements of the parietofrontal praxis circuits in both the hemispheres and of the right hemisphere homologue of Broca's area. The observed patterns of activation and of overlap with language circuits suggest that toolmaking and language share a basis in more general human capacities for complex, goal-directed action. The results are consistent with coevolutionary hypotheses linking the emergence of language, toolmaking, population-level functional lateralization and association cortex expansion in human evolution."

And they are consistent, too, I should point out, with our previous neurological speculations on the reflexive processes involved in conceptualization and language—what I termed the re-projection of expected shapes, of conceptualized data patterns and of schemata—ideas that the mind derives from the world, processes, and re-projects in order to shape reality to plans and expectations—making it fit more closely to a communicable or repeatable structure. Or, to put it otherwise, the conceptual re-projection of patterns, schemata and ideas is necessary in order to semiotize reality, to turn objects into signs of themselves—or of what they might become. One makes tools with that.



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sábado, 6 de mayo de 2017

Retropost #1596 (6 de mayo de 2007): Dream Machines


Este era el título de un libro de Ted Nelson sobre las posibilidades creativas de los ordenadores; sus ideas fueron uno de los gérmenes de la WWideW. Amplias posibilidades, todavía sin explotar plenamente, claro. Nuestras tecnologías nos desbordan; nos amplían la mente, pero cuesta trabajo sacarles partido: la ampliación mental no se hace por el rápido proceso de añadir una pastilla de memoria adicional.

Ayer veía en el Muy Interesante una fotoshop cualquiera ("oye, hazme una imagen molona para este artículo para mañana, algo sobre el tiempo y las mareas")—era la imagen de una esfera de reloj gigantesca medio sumergida en la línea de marea de una playa, viéndose en parte a través del agua. Vale. ¿Cuánto ha costado pensar una imagen así? La podía haber pintado un pintor renacentista—por poder, digo. Tenía pinturas, mareas, y relojes en el campanario. Pero una imagen así (genial hubiera sido en el siglo XVII, vulgar es ahora) tenía que esperar al Photoshop, y antes de eso a Dalí, para hacerse posible. La tecnología estaba, pero la cabeza andaba muy por detrás. Ahora se hace fácilmente gracias a una tecnología que desborda ampliamente los lími
vermeerphototes necesarios para esa imagen—a cañonazos matamos las moscas fácilmente.

Cuesta interiorizar las tecnologías. En realidad no se acaban de inventar hasta que no se interiorizan. La mitad del trabajo la hacen los diseñadores de programas, de chips o de interfaces. La otra mitad la han de hacer los usuarios: esa no la puede hacer una sola persona, ni un equipo genial—nada puede hacer una sola persona, ni un sólo equipo genial, sin los protocolos y la economía ambiental— pero esto de la apropiación de las tecnologías, y sacarles partido, es un trabajo de comunicación e interacción social. Para nada sirve un móvil si lo empleamos (como hago yo) como un teléfono fijo, es decir, si no lo empleamos. Para nada sirve un móvil con cámara de fotos si no lo empleamos para ver qué tal nos queda el peinado por atrás, o para preguntar si prefieres que te compre este bonsai o este otro. No se me ocurren ejemplos, yo es que no lo empleo y no me peino, pero seguro que tiene alguna utilidad que nos desborda, algo que tenemos delante de las narices y somos incapaces de imaginar. Tecnologías vendrán, y nos llevarán a otros lugares—de la mente:

       Yet it creates, transcending these,
       Far other worlds, and other seas...
... y así la realidad se hace cada vez más humana, o sea, más compleja, wor(l)ds within wor(l)ds—mas intertextual e intermedial, gracias a las tecnologías de manipulación de la realidad. Que como todo el mundo debería saber, es un artefacto semiótico.
Una cualidad de los humanos, gracias a la cual manejamos herramientas, es la manera en que las incorporamos a nuestro esquema corporal. (O viceversa: nuestras herramientas han transformado nuestro esquema corporal y la manera en que tiene nuestra mente de procesarlo y concebirlo). Nuestro martillo, o pistola, o bolígrafo, o teclado, es como la prolongación de la mano. Las tecnologías tranforman el cuerpo no siempre por el procedimiento espectacular de implantarnos un brazo mecánico, sino porque ya son, de por sí, una extensión de nuestro cuerpo, y de nuestra mente. Empezando por el lenguaje, o la escritura, y siguiendo por las tecnologías de manipulación de la representación y la percepción. O del tiempo. Las tecnologías son un sitio más donde la frontera entre cuerpo y mente se vuelve difusa, o donde podemos decir que la mente está en las actividades del cuerpo enviándose señales a sí mismo y a los demás.

Los pequeñajos, observo, incorporan a su lenguaje y pensamiento los esquemas perceptuales enmarcados por la tecnología. El pequeño Ivo le dice al pequeño Oscar, jugando a perseguirse, "Kschiouuu.... cambio de canal, desaparezco"—o "¿vale que yo abría una ventanita en el aire y me escapaba por allí?" Hasta en los sueños los incorporamos. Esta noche soñaba yo con un texto incorporado de estos—manipularlo era como escribirse en el cuerpo, las letras eran como postillas o cicatrices, y se podía seleccionar y arrancar un trozo de texto como quien arranca una tirita. Debe ser que me estoy metiendo demasiado blog en el cuerpo, o en la mente, o en los dos. Pero en fin—hasta en sueños nos vamos apropiando de las nuevas tecnologías. Ni dormidos descansamos, ni para la máquina.




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jueves, 4 de noviembre de 2010

La materia (y la forma) del pensamiento

Es muy recomendable para quien esté interesado en la lingüística cognitiva el libro The Stuff of Thought, de Steven Pinker. Pues de eso trata precisamente—de cómo las modalidades de la experiencia humana en el mundo dan lugar al lenguaje, y al modo en que éste se articula; y viceversa, cómo el lenguaje contiene ya en sí un instrumental de representación de la experiencia, una aproximación a ella y a los modos de encararla y manipularla en nuestra interacción cotidiana a través de las palabras.

Una de las ideas recurrentes de mi padre, que le obsesionaban estos últimos años, era la de la riqueza del lenguaje. Cómo en el lenguaje están contenidas, en forma de etimologías por ejemplo, las experiencias acumuladas de muchas personas. Cómo una palabra que nombra algo, o una construcción gramatical que permite expresar algo, es un trabajo acumulado desarrollado por muchas personas, y nos introduce a una especie de gramática de la experiencia, y no meramente a la arbitrariedad de los términos. Le decía yo que iban bien orientadas sus reflexiones, y que estaba en una línea muy heideggeriana (esa noción de las palabras como una herramienta labrada por la experiencia, y diseñada para la función requerida, como el martillo para la mano). Pero igual le podía haber dicho que era pinkeriano, pues este libro presenta la exposición más completa y clara de esta perspectiva, en clara y nítida prosa anglosajona y sin las nieblas de la Geworfenheit.

Me ha venido a la cabeza un ensayo de Scott Russell Sanders, "La herencia de las herramientas", en el que habla de cómo cuando era niño veía a su padre utilizar su caja de herramientas y éste le enseñaba su manejo. Y cómo ahora cada vez que ve una herramienta bien hecha para su función, se acuerda de cómo su padre le enseñaba, cuando quería hacer alguna reparación, qué herramienta se adaptaría mejor a ese fin. Y que ahora ha heredado él esas viejas herramientas, que muchas de ellas venían ya de su abuelo.

"La mayoría de las que tengo me las dio mi padre, que también me enseñó cómo utilizarlas. Las herramientas de mi taller son una doble herencia: cada martillo y nivel y serrucho está envuelto en una nube de entendimiento.
     Todas estas herramientas da gusto verlas y sujetarlas. Los vendedores nunca les pondrían carteles de NUEVO NUEVO NUEVO! en las tiendas. Sus diseños son viejos porque funcionan, porque sirven bien a su función. Como las canciones populares y los refranes y los coloquialismos recios, estas herramientas se han reducido a lo esencial. Miro mi martillo de carpintero, destilado por cien generaciones de carpinteros, y me parece que no desmerece al lado de otros clásicos—las ánforas griegas, el canto gregoriano, Don Quijote, los anzuelos de lengüeta, las velas, las cucharas. La ciencia de cómo martillar se remonta a los primeros humanos agachados al lado del fuego, tallando lascas. Los antropólogos tienen un nombre muy bonito para estas rocas sin trabajar que sirvieron como los primeros martillos. 'Piedras del alba', se llaman. Su único requisito para su función, aparte de la dureza, es que se adaptan a la mano. Nuestros antepasados las usaron para moler el grano, golpear cinceles, aplastar huesos. Desde las piedras del alba a este martillo de carpintero hay un gran salto en el tiempo, pero no hay gran distancia en diseño o en imaginación." (The Best American Essays, ed. Robert Atwan).

Como las herramientas viejas, bien trabajadas, así van pasando las palabras de generación en generación, con un diseño probado, asentado y erosionado por el tiempo, y que sin embargo no deja de cambiar y de adaptarse continuamente a su función. Y la mayoría de las que tenemos las heredamos de nuestros padres, y ellos de los suyos.

La conexión entre lenguaje y herramientas va, por cierto, más allá de una mera analogía. Con anterioridad ya hemos comentado sobre la conexión evolutiva entre el desarrollo lingüístico y la capacidad de diseño y manejo de herramientas. Y aquí hay más noticias recientes al respecto.

Traduzcamos el blurb del libro de Pinker:

En este festín de libro [realmente es hábil e ingenioso y divertido, para libro de lingüística más no se puede pedir ciertamente] Steven Pinker explica el funcionamiento de la mente de una manera totalmente nueva—examinando la manera en que usamos las palabras. Cada vez que soltamos un juramento, revelamos algo sobre las emociones humanas. Cuando usamos un sobreentendido para comunicar un soborno, una amenaza, o un avance sexual (en lugar de simplemente soltarlo a lo bruto), revelamos algo sobre las relaciones humanas. Nuestro uso de las preposiciones y de los tiempos verbales se basa en conceptos muy particularmente humanos del espacio y del tiempo, y nuestros nombres y verbos se basan en modelos mentales relativos a la materia y a la causalidad. Incluso los nombres de los bebés, y la manera en que cambian de década en década, tienen cosas importantes que decir sobre nuestra relación con los niños y con la sociedad. Examinando de cerca nuestra habla cotidiana—nuestras conversaciones, nuestros chistes, nuestras disputas legales—Pinker pinta un retrato vívido de los pensamientos y emociones que pueblan nuestras vidas mentales.
    Sostiene que los pensamientos humanos—desde las posiciones políticas y las creencias religiosas hasta los trucos publicitarios y las tiras de cómics—están construidos alrededor de ciertas ideas nucleares como el espacio, la fuerza, la dominación, el parentesco, y la contaminación. Echa un vistazo alrededor y te darás cuenta de que las metáforas que usamos cada día se remiten a estos conceptos primigenios. Pinker pregunta cómo desarrollamos estas categorías cuando somos niños, cómo las aplicamos al mundo que nos rodea, y qué pasa cuando las aplicamos de modo inadecuado.
    Pinker trata de cuestiones científicas, como por ejemplo la manera en que el lenguaje afecta al pensamiento, y cuáles de nuestros conceptos son innatos—y también cuestiones procedentes de los titulares y de la vida cotidiana. ¿Por qué le preocupan tanto al gobierno las palabras malsonantes? ¿Cómo sobornan los lobbies a los políticos? ¿Cómo le sacan tanto partido las comedias románticas a las ambigüedades que hay a la hora de salir juntos? ¿Por qué tantos dramas sobre juicios giran crucialmente en torno a la cuestión de quién causó realmente la muerte de una persona? ¿Por qué los dos últimos presidentes norteamericanos [Clinton y Bush Jr.] se metieron en problemas a causa de las sutilezas semánticas de sus palabras? ¿Y por qué se llama spam al correo electrónico en masa?
      The Stuff of Thought marida las temáticas de los bestsellers anteriores de Pinker: el lenguaje (The Language Instinct, Words and Rules) y la naturaleza humana (How the Mind Works, The Blank Slate). Presenta material completamente nuevo, escrito en el estilo que hizo famosos a esos libros: usando explicaciones lúcidas de ideas profundas, presentadas de con ingenio irreverente, estilo elegante y un habilísimo uso de ejemplos procedentes de la cultura popular y la vida cotidiana.

1. Words and Worlds. Comienza el libro with a bang, con el ataque a las Torres Gemelas: y la cuestión es, ¿fue un atentado terrorista, o dos? Cuestión de semántica. Pero el mundo está hecho de semántica, y grandes sumas de dinero en seguros, etc., dependían de la manera en que se conceptualizase el fenómeno. El lenguaje es la herramienta que utilizamos para conceptualizar el mundo. Pero, a la vez, el lenguaje, incluso en sus elaboraciones más abstractas, hunde sus raíces en la experiencia humana corporal, física, concreta: "Un rasgo de la mente que encontraremos repetidamente en estas páginas es que incluso nuestros conceptos más abstractos se entienden en términos de situaciones concretas" (3). Y otro énfasis al que nos lleva el libro lo encontramos en su definición de semántica (que es the stuff of this book)—la semántica no sólo va sobre "cosas" o "significados" sino también sobre crear comunidad, establecer compromisos y arbitrar entendimiento mutuo entre las personas:

"La semántica versa sobre la relación de las palabras con la realidad—la manera en que los hablantes se comprometen a una manera compartida de entender la verdad, y sobre la manera en que sus pensamientos se anclan a las cosas y a las situaciones del mundo. Trata sobre la relación de las palabras con una comunidad—cómo una nueva palabra, que surge con el acto de creación de un solo hablante, llega a evocar la misma idea en el resto de una población, de modo que la gente se puedan entender cuando la emplean. Trata sobre la relación de las palabras con las emociones: cómo las palabras no sólo señalan a las cosas sino que están saturadas de sentimientos, que pueden dotar a las palabras con sentidos de magia, de tabú o de pecado. Y trata sobre las palabras y las relaciones sociales: cómo la gente usa el lenguaje no sólo para transferir ideas de una cabeza a otra sino también para negociar el tipo de relación que desean tener con su interlocutor" (3, traduzco yo).

El hecho mismo de que el lenguaje sea un instrumento del pensamiento quiere decir que no coincide con él de una manera determinista simple. El pensamiento es flexible, y permite concebir una situación de maneras distintas, describirla de modos diferentes...  Así, la mente puede concebir a la materia como un conjunto de objetos discretos ("salchichas") o como un agregado indeterminado ("carne"); en el tiempo, puede también recortarlo en actividades discontinuas e individuales ("cruzar la calle") o indefinidamente continuas ("pasear"). El lenguaje está saturado de metáforas subyacentes que permiten conceptualizar situaciones de modo creativo, articularlas, manipularlas mentalmente—metáforas como "los acontecimientos son (como) objetos" o "el tiempo es (como) el espacio". Y naturalmente pone Pinker mucho énfasis en la metáfora como el elemento de flexibilidad o no coincidencia entre lenguaje y pensamiento, el que permite al pensamiento, y al lenguaje con él, ser creativo y producir constantemente nuevas representaciones de la realidad.  Es una perspectiva cognitiva sobre la que ya hemos hablado aquí alguna vez, a cuenta de la teoría de la fusión conceptual desarrollada por Fauconnier y Turner —ver por ejemplo The Blending Website o este artículo de Turner que recomendábamos hace poco, "The Scope of Human Thought".

Otro ejemplo polémico y político usa Pinker para comentar sobre las relaciones entre palabras y realidad: la justificación de George Bush para la iniciar la guerra en Irak, alegando que el gobierno británico había sabido (learned) que Saddam había buscado conseguir (sought) uranio de Africa. Cosa que resultó ser falsa—pero la semántica de la oración presuponía que para Bush se trataba de hechos probados. "La gente son 'realistas' en el sentido de los filósofos. Están comprometidos tácitamente, en su uso cotidiano del lenguaje, con la veracidad o falsedad de ciertas proposiciones, independientemente de que la persona de quien se esté hablando crea que son verdaderas o falsas" (8). De modo que no hay una diferenciación fácil entre el lenguaje y el mundo al que se refiere, pues el lenguaje está imbricado en el mundo, y de hecho contribuye a hacer el mundo humano al que se refiere:

"Las palabras están atadas a la realidad cuando sus significados dependen, como en los verbos de hechos, de los compromisos que toma un hablante en lo referente a la verdad. Pero hay otra manera en que las palabras están aún más directamente ligadas a la realidad. No van únicamente sobre hechos del mundo almacenados en la cabeza de una persona, sino que están imbricadas en la trama causal misma del mundo" (9).

Así pues no concibe Pinker el lenguaje como una red autocontenida de símbolos (lejos de algunas nociones de pseudo-estructuralismo mal entendido). Las palabras no nos remiten sin fin unas a otrascomo en esta definición de diccionario:

endless loop, n. See loop, endless.
loop, endless, n. See endless loop.

—pues están conectadas a personas y cosas reales, no sólo a "información" sobre personas y cosas. Y esto hace que el lenguaje se use de maneras particulares, no sólo como información semántica transmisible, sino también en relación a sus usuarios, anticipándonos a lo que esperan, o a lo que saben o creemos que saben, con presuposiciones, sobreentendidos... que llevan a una compleja recursividad en la descripción de lo que pasa cuando usamos el lenguaje:

"Si un hablante y un oyente desentrañasen las proposiciones tácitas que subyacen a su conversación, la profundidad de sus estados mentales recursivamente insertos uno en otro sería mareante: el conductor ofrece un soborno [al agente para que no lo multe, en Fargo]; el agente sabe que el conductor le está ofreciendo un soborno; el conductor sabe que el agente lo sabe; el agente sabe que el conductor sabe que el agente lo sabe, y así sucesivamente. Así pues, ¿por qué no lo sueltan sin más? ¿Por qué hablante y oyente participan voluntariamente en una fina comedia de modales? (23)

A esto se dedica el capítulo 8—a la indirección en el lenguaje, requerida por la manera en que la gente debe salvar su rostro, preservar la respetabilidad de su identidad social, à la Goffman, planteando su postura a la vez que mantienen una vía abierta a la ambigüedad para no comprometerse en exceso si la cosa sale mal. Diplomáticos todos, manteniendo los protocolos que permiten que las relaciones humanas se mantengan. El lenguaje aparece así como un instrumento para expresar pensamientos y sentimientos, pero no debe confundirse con los pensamientos y sentimientos en sí. Pinker diferencia así las estructuras del lenguaje del uso social que se hace de ellas, y también diferencia el mundo representado por el lenguaje del mundo en sí. En particular, llama la atención sobre cómo nuestras maneras de hablar sobre el mundo se atienen a un imaginario cultural, compartido por otra parte ampliamente en diversas culturas, pero que es diferente del conocimiento científico sobre el mundo. Mediante las metáforas establecemos analogías entre aspectos de la experiencia y así nos orientamos en ella, pero a veces el camino que seguimos es erróneo:

"Nuestras palabras y construcciones revelasn conceptos de la realidad física y de la vida social humana que son similares en todas las culturas pero diferentes de los productos de la ciencia y de las disciplinas del saber. Están enraizadas en nuestro desarrollo como individuos, pero también en la histoira de nuestra comunidad lingüística, y en la evolución de nuestra especie. Nuestra capacidad de combinarlas en grupos mayores y de extenderlas a nuevos dominios por medio de saltos metafóricos contribuye mucho a explicar qué es lo que nos hace inteligentes. Pero también pueden las palabras chocar de frente con la naturaleza de las cosas, y cuando esto sucede el resultado puede ser paradójico, necio, e incluso trágico" (24)—hay mucho en juego en el uso e interpretación de las palabras.

El libro se sitúa pues en la línea de la polémica de Pinker contra el constructivismo—mostrando cómo las palabras no sólo hacen mundo, sino que son mundo y surgen de la naturaleza humana, una naturaleza humana que se halla enraizada en el cuerpo, en el tiempo, en las necesidades de la vida social y de la interacción, en suma en lo que somos. La evolución ha hecho al ser humano lo que es, y el ser humano y el lenguaje se han hecho uno a imagen y semejanza del otro: es el lenguaje no sólo parte de la realidad humana heredada, sino también un instrumento esencial en el uso y transformación de esa realidad humana, a la vez confinada a una naturaleza (que es lo que es) y emergente a partir de ella.


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2. Down the Rabbit Hole. Un importante aspecto cognitivo de la mente humana es su capacidad de representar o interpretar una situación concreta de maneras diferentes. Cada representación, observa Pinker, se construye alrededore de unas pocas ideas como "acontecimiento", "causa", "cambio", "intención"... Y luego, "Estas ideas pueden extenderse metafóricamente a otros ámbitos, como cuando contabilizamos acontecimientos como si fuesen objetos, o cuando usamos el espacio como una metáfora del tiempo" (26).  Cada idea tiene peculiaridades humanas que la pueden hacer útil para algunas cosas pero que también puede producir falacias o confusiones al extenderla a otros ámbitos.

Se centra Pinker en el aprendizaje infantil de los verbos. Un verbo es el núcleo alrededor del cual se organiza la sintaxis de las oraciones -- no sólo la expresión de una acción o un estado: "Es una armazón con receptáculos para atornillar a ellos las otras partes—el sujeto, el objeto directo, y diversos objetos indirectos y oraciones subordinadas" (31). El verbo encapsula información que organiza el núcleo de la frase y determina en gran medida su significado: eligiendo determinado verbo u otro, ya repartimos roles de agentividad o pasividad entre los individuos implicados. Aprender verbos significa aprender también las construcciones típicas en que aparecen.  Observando cómo aprenden los verbos los niños, vemos que regularizan irregularidades, generalizan, etc. El problema es la manera en que parecen aprender las excepciones aun cuando no se les corrige cada error. Pinker ve esto muy significativo, y le llevó a superar su chomskianismo, cuando comprendió que las reglas que seguimos para aprender y construir el lenguaje son reglas cognitivas y no sintácticas: es decir, las reglas de transformación no transforman la disposición de las frases en una construcción, sino algo mucho más abstracto—los esquemas cognitivos, o sea, el marco de representación de los acontecimientos que subyace al significado de las frases. Pinker examina unos ejemplos de construcciones locativas. "Cargar heno en el carro" vs. "Cargar el carro con heno". No son sinónimos, la segunda sugiere que llenamos el carro—hay un cambio de marco de representación, y entra en acción el efecto holístico, o de compleción. Que entra en muchas otras construcciones, y no es una propiedad del objeto directo, sino del concepto que se expresa como objeto directo. En sustancia: que la mente puede representar hasta el acontecimiento más simple desde perspectivas cognitivas diferentes. Una transformación de la naturaleza de algo puede concebirse, por ejemplo, como si fuese un desplazamiento espacial. Esto llevará a la cuestión del conflicto de las representaciones que hacen diversas personas del mismo acontecimiento.

Luego examina la semántica de verbos relativos al manejo de sustancias. En inglés se dividen en distintas subclases, según el tipo de movimiento o de contacto entre las sustancias—y estas clases tienen propiedades sintácticas distintas. Por ejemplo, verbos relativos a llenar un recipiente hasta los límites, o verbos de envolver un objeto alrededor de otro...  "Lo que nos dicen estas microclases es que ciertos aspectos de la geometría y de la física son lo suficientemente perceptibles para las mentes de los hablantes de inglés y determinan así cómo éstos interpretan y representan los acontecimientos" (55). Por ejemplo, los verbos de "embutir" suponen una fuerza aplicada a ambos cuerpos, y se pueden construir tanto con un objeto como otro en el sitio del objeto directo. Pero en los de "echar líquido", la gravedad interviene: el agente no actúa directamente sobre el recipiente, y no podemos decir pour the jug with milk. Así pues, examinando las representaciones que subyacen a estos verbos con sentido espacial vemos que "hay una capa más de conceptos que utiliza la mente para organizar la experiencia en el mundo: conceptos sobre sustancia, espacio, tiempo, y fuerza. Estos conceptos estimulan a la mente a unir acontecimientos que no tienen nada en común en su aspecto, olor, o tacto, y al parecer son muy importantes para la mente" (56). Otro ejemplo es la aspectualidad interna de los acontecimientos. Unos hechos o acciones se conciben como instantáneos, otros como durativos. Y otro más se encuentra en los verba dicendi o verbos de comunicación o de lenguaje—los verbos centrados en el mensaje permiten la doble construcción de objeto: ask a question to John o ask John a question, pero el inglés se resiste a aplicarla a verbos que especifican la manera de hablar (babble, blurt, murmur... ). Es como si la mente aplicase aquí al lenguaje la perspectiva de distintos tipos de ruido, en lugar de la perspectiva de enviar un objeto a alguien que es la metáfora subyacente a los otros verbos de comunicación.  Esto se llaman "metáforas gramaticales". Otro ejemplos serían "estar bien es poseer algo" o "ayudar a alguien es entregarle algo", que dan lugar a numerosas construcciones emparentadas a estas bases metafóricas. 


 
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