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sábado, 10 de agosto de 2019
sábado, 23 de diciembre de 2017
Retropost #1919 (23 de diciembre de 2007): Quema de brujas en Logroño
Quema de brujas en Logroño
Publicado en Recuerdos. com. José Ángel García Landa
Son ciudades de larga memoria, donde las familias se observan mutuamente entre visillos, y la información va pasando de generación en generación. Hablábamos del gran auto de fe de 1610 en el curso del cual se redactó un sumario de doce mil folios y se interrogó a miles de personas. Algunas acabaron en la hoguera.
"Yo sé dónde las quemaban. Es que tengo un recuerdo."
Recuerda cuando era pequeña, y que era el día de su primera comunión, lo recuerda porque en los años sesenta se llevaba a las niñas más que arregladas—le había puesto su madre una diadema con flores, y el velo, y para que todo se tuviese bien, unas horquillas que apretaban lo suyo, todo tenso—que le hacía tener la diadema bien clavada en la cabeza bien presente, y buenas ganas de que acabase todo para quitársela de una vez.
E iban en expedición familiar disgregada, a Santa María de Palacio, la iglesia que está a la entrada de la ciudad, al lado del puente viejo del Ebro. No sabe por qué se adelantó con la novia de su tío, y ésta la llevó de propio por la calle Ruavieja un poco más lejos de la iglesia, justo fuera de la ciudad, donde ahora empieza el parque del Ebro y está el puente de hierro.
—Mira, ¿ves ahí abajo? Allí mismo quemaron a unos parientes nuestros.
Publicado en Recuerdos. com. José Ángel García Landa
Son ciudades de larga memoria, donde las familias se observan mutuamente entre visillos, y la información va pasando de generación en generación. Hablábamos del gran auto de fe de 1610 en el curso del cual se redactó un sumario de doce mil folios y se interrogó a miles de personas. Algunas acabaron en la hoguera.
"Yo sé dónde las quemaban. Es que tengo un recuerdo."
Recuerda cuando era pequeña, y que era el día de su primera comunión, lo recuerda porque en los años sesenta se llevaba a las niñas más que arregladas—le había puesto su madre una diadema con flores, y el velo, y para que todo se tuviese bien, unas horquillas que apretaban lo suyo, todo tenso—que le hacía tener la diadema bien clavada en la cabeza bien presente, y buenas ganas de que acabase todo para quitársela de una vez.
E iban en expedición familiar disgregada, a Santa María de Palacio, la iglesia que está a la entrada de la ciudad, al lado del puente viejo del Ebro. No sabe por qué se adelantó con la novia de su tío, y ésta la llevó de propio por la calle Ruavieja un poco más lejos de la iglesia, justo fuera de la ciudad, donde ahora empieza el parque del Ebro y está el puente de hierro.
—Mira, ¿ves ahí abajo? Allí mismo quemaron a unos parientes nuestros.
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domingo, 28 de septiembre de 2014
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