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lunes, 10 de febrero de 2020

sábado, 16 de junio de 2018

Homo erectus y encefalización

Pongo un comentario en un post de Reflexiones de un primate sobre la encefalización en las poblaciones tardías de Homo erectus:

Es interesante el aumento del volumen craneano en Homo erectus, en lo que parece ser una evolución convergente con la del linaje de Homo sapiens. No carece por supuesto de lógica: ancestros comunes, hábitat y ecología comparables,  configuración corporal similar, con presiones morfolóticas semejantes debidas a la bipedestación, con sus consecuencias de altricidad y neotenia asociada, presión para un desarrollo cerebral tras el nacimiento, etc. Pero, ¿existen estudios que permitan pronunciarse sobre la naturaleza y estructura de este desarrollo cerebral? ¿Hubo un desarrollo relativo del lóbulo frontal, por ejemplo? ¿O son los datos y restos disponibles demasiado dudosos?





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domingo, 16 de noviembre de 2014

Ape To Man

   


Young, Nic, dir. Ape to Man. Prod. Anna Thompson. Exec. Prod. Bill Locke. Ed. Crispin Holland. Cinemat. Brian McDairmant. Music Ilan Eshkeri. Prod. dir. Shahana Meer. Consultant: Chris Stringer. Exec. Prod. Marc Etkind. Prod. Lion Television for the History Channel. 2005.  Video. ("Ape to Man" (2005)).  YouTube (THE History Channel) 27 July 2022.*

         https://youtu.be/xLXxLHUxL4s

         2024

 

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jueves, 2 de enero de 2014

Homo Erectus

 

 

Nuestro ancestro cercano, un animal. Homo stupidus, o quizá Pitecanthropus alalus.

Aquí un capítulo de la BBC, sobre el éxodo de Homo saliendo de Africa.



 



miércoles, 16 de mayo de 2012

What remains unclear (Colapso o Sostenimiento)

Este viene a ser el cierre del libro de David Christian This Fleeting World, breve historia de la humanidad y su desarrollo:

What remains unclear, then, is whether the modern revolution will lead to the emergence of a new global system capable of relative ecological, economic, and political stability, or whether the accelerating change of the modern era is the prelude to a sudden, sharp collapse that will drive many parts of the world back to the productivity levels of the early agrarian era, if not even further. Perhaps the fundamental paradox of the modern revolution is that on the one hand human control over the biosphere has increased spectacularly: yet, on the other hand we have not yet shown that we can use that control in ways that are equitable and sustainable. Are we really in control of our astonishing creativity as a species? We must wait to see whether the astonishing collective achievements of our species will prove ephemeral or enduring.

Lo cual nos remite, por amenaza ominosa, a la hipótesis de Olduvai, y al posible colapso de la civilización industrial por sobrepeso y crisis energética.

Cuando hablamos de  "el hombre", "el ser humano", solemos  entender por ello nosotros,  el homo sapiens. Pero el Homo sapiens es una especie en expansión acelerada, una especie creativa, que no se adapta a su ecosistema, sino que lo transforma aceleradamente, en una espiral de retroalimentación que también lo transforma a él... a la vez que aumentan sus números hasta ahora incesantemente, con una explotación cada vez más intensa del entorno.

Somos una especie reciente, y rara. Nuestra fase histórica, lo que solíamos llamar la historia, es aún más reciente, y la fase urbana/industrial, apenas un suspiro a nivel histórico. Yo mismo provengo, como muchos, de un pueblo, y he pasado a engordar una ciudad.

Una especie humana anterior, el Homo erectus, tenía una relación más armónica y sostenible con su entorno, mucho más... pero apenas lo consideraríamos humano si lo viésemos, más bien un Yahoo—Swift los describió bien. El Homo erectus desarrolló su cultura sostenible durante dos millones de años, veámoslo en una línea temporal comparada con el tiempo de nuestra propia cultura humana. Cada puntito son diez mil años:

Homo erectus:
....................................................................................................................................................................................

Homo Sapiens
(hasta ahora): 
................

Pero de esta existencia, la historia escrita no ocupa sino esto:  .
La mayor parte del resto es una historia de cazadores-recolectores, no muy distinta todavía en su ecología de la del Homo erectus. La era de la agricultura y las poblaciones viene a ser así de larga: ..

Esto se ha acelerado, señores. De momento somos la excepción, y yo podría la mano en el fuego por el Homo erectus como especie con una economía sostenible, antes que por nosotros.

Comparen ahora la curva del crecimiento de la población: una horizontal primero, una pendiente creciente durante la era agrícola, y un disparo vertical hacia arriba en la era industrial, que amenaza tender al infinito y juntarse con la asíntota—cosa imposible, claro. Antes de eso, pasa algo... matemáticamente. No lo digo yo.


Este crecimiento acelerado reciente viene causado por la organización creciente, la información, el comercio y el desarrollo técnico... pero también, y muy visiblemente en su fase industrial, por la explotación de combustibles fósiles, carbón primero, petróleo luego, cuando la cosa se dispara realmente. Y ahora, a principios del siglo XXI, hemos pasado el cénit de la explotación del petróleo. Pero no el cénit de la población, en absoluto. Las dos curvas que crecieron durante el siglo XX a la par, población y energía, las dos disparadas hacia arriba, ahora se separan: la población continúa hacia arriba como una flecha, el petróleo se estabiliza y nos crea una crisis, antes de comenzar su descenso ineluctable según predijo M. King Hubbert:




Descuiden, la población también bajará, y puede que nos dé un susto la manera elegida para ello. La era del petróleo dura doscientos años a todo tirar: cien años de curva ascendente, cien años de descendente... si se se cumpliesen estas previsiones digamos optimistas sobre el petróleo que se ha de descubrir todavía.

Hemos vivido ya la era del petróleo en su fase creciente, y ahora nos espera el descenso. Nos quedamos sin futuro previsible, o quizá demasiado previsible, al quedarnos sin petróleo, y con una población disparada en su crecimiento y con un desarrollo insostenible. De ahí viene la deuda insolvente, las expectativas inciertas, la crisis del capital; de ahí vendrán las guerras y los desastres masivos que se producirán ahora, con tanta seguridad como cae una lanza al suelo después de su curva ascendente. Me temo que el futuro que espera a nuestros hijos y nietos va a ser indeseable, si no espantoso, para la mayoría. Nuestra especie ha tenido un éxito fulgurante a costa de quemar todos los cartuchos de golpe, y fundirse la herencia de los descendientes.

Y los últimos hombres, en un futuro aún lejano, quizá sean como los primeros. No nos agradaría verlos.

 
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jueves, 10 de mayo de 2012

Homo Erectus - Battle for Planet Earth

Un documental-ficción de la BBC, sobre el hipotético encuentro, poco amistoso, entre el homo sapiens y el homo erectus hace 74.000 años:




 

Es un documental excelente, muy atento a las peculiaridades cognitivas del homo sapiens que lo diferenciaban de las anteriores especies humanas.  El contexto en que se sitúa es el cuello de botella de población humana creado tras la explosión del volcán Toba, y la difícil supervivencia en un ecosistema degradado. Recuerdan un tanto, las condiciones angustiosas, la competición inhumana y la precariedad de la supervivencia, a la novela y película The Road. Deben seguir los dos guiones unas estrictas estructuras antropológicas de la imaginación.

(Y aquí hay otro capítulo similar, sobre el encuentro con los neandertales).

 
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viernes, 15 de enero de 2010

Preantecesores

Sobre los hombres de Héraut: se han hallado en Francia restos de cultura humana de al parecer de hace más de 1,5 millones de años. Pongo este comentario en el blog SAPIENS:
Una humanidad tan antigua en Europa, más antigua que Atapuerca, abre perspectivas interesantes sobre el origen de las poblaciones posteriores. Quizá haya habido menos "out of Africa" y más evolución autóctona en Europa de la que parecía. Ya era el caso de los neanderthales; ahora puede atisbarse que debió haber otras variedades europeas más antiguas que el Homo Antecessor, especies humanas evolucionadas ya en Europa. Aunque sigue en pie, claro, la tesis de que el Homo Sapiens, mucho más reciente, procede de Africa, y que sustituyó a todos estos homínidos o humanoides primitivos. No queda claro a qué especie se atribuyen estos restos (supongo que estarán a mitad de camino entre Homo Ergaster y Homo Antecessor) pero me extrañaría que la cultura lítica diese señales de un desarrollo simbólico mayor que el típico del Homo Ergaster/Erectus. Los humanos auténticos, los de poder hablar con ellos, estaban aún en el futuro, me temo, y mucho más al sur.

(Y a saber qué hallarán de nosotros, dentro de 1,5 millones de años).

martes, 27 de octubre de 2009

Adam's Tongue 11: De una bellota crece un arbolito

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)



Tras desarrollarse en la sociedad protohumana un puñado de señales que permitiese el reclutamiento de grupos, ¿por qué no se desarrolló rápidamente el lenguaje? Sería ventajoso adaptativamente, y no habría razón para que no se desarrollase si ya existían conceptos previos a los que etiquetar lingüísticamente: pronto se desarrollaría un protolenguaje decente. Pero la prueba de que esos conceptos no existían, y de que la cosa no funciona así, fue el lento desarrollo del lenguaje según sugiere el registro fósil y arqueológico de los dos últimos millones de años.

Lo sorprendente es que mientras que el aumento de capacidad craneana en las especies Homo durante los últimos dos millones de años fue continuo, el desarrollo cultural sufrió un largo estancamiento durante el Paleolítico. No hubo un desarrollo sincrónico y acompasado de desarrollo cerebral y complejidad cultural, al contrario de lo que los paleoantroólogos sugieren a veces por su manera de narrar esta historia. Por ejemplo, no hay evidencia de herramientas de más de una pieza en la cultura del Homo erectus. Y desarrollos como el uso del fuego, la construcción de refugios y la invención de lanzas pertenecen al fin del periodo:


"todo en la civilización humana—el pastoreo, la agricultura, las ciudades, la industrialización, y la exploración del sistema solar—está apretujado en apenas una fracción de 1/200 del período—un 0,005.
Si el lenguaje es de hecho lo que conduce el pensamiento humano, y si el lenguaje empezó hace dos millones de años, ¿cómo puede ser esto?" (Adam's Tongue 213)

No hay causa evolutiva convincente para el origen mismo del lenguaje que no sea el reclutamiento a distancia para aprovechamiento de carroña. Pero lo malo es que esto parece contradecirse con la tesis de una coevolución armoniosa del desarrollo cultural y del cerebral. La hipótesis de una larga prehistoria de cazadores-recolectores con una cultura material simple pero una cultura lingüística "moderna" como las de las tribus de cazadores-recolectores actuales no parece convincente a Bickerton: supondría que la especie, aunque era capaz de desarrollar un potencial complejo de alterar su comportamiento, no lo hizo—algo inaudito. "Así que la idea de una especie lingüística pero con tecnología casi nula es tan problemática como al idea de una especie que haya desarrollado el lenguaje a partir de cero en una fecha muy reciente" (215) (—entendiendo por "muy reciente" los últimos 100.000 años).

El reclutamiento de carroñeros no era un "arbolito" del lenguaje, ni siquiera un brote. Era sólo una bellota: algo con potencial de desarrollo, con buena suerte y alimento. Suponía romper los límites de los sistemas de comunicación animal habituales, por primera vez no con un cerebro de hormiga o de abeja, sino con el de un mamífero altamente encefalizado. Pero en ese primer paso no existía ni de lejos la noción de los usos, aplicaciones y desarrollos que podría llegar a tener el lenguaje; no sabían los homínidos lo que habían hecho.

Las señales de reclutamiento tenían una referencia funcional, similar a la de los gritos de alarma de los monos vervet, pero tenían además desplazamiento con respecto a la situación de referencia (pues se referían a un lejano cadáver por explotar); eran señales creadas y aprendidas culturalmente, no instintivas, y contenían protonombres y quizá también protoverbos (por ej. señales imperativas). Pero esto es previo a incluso a un protolenguaje. Las limitaciones que aún tenían eran que:
- Las señales seguían unidas a una situación concreta y específica (si bien desplazada),
- Iban unidas a una situación presente (un presente extendido, por así decirlo: aquí sugiere Bickerton que la capacidad narrativa no estaba desarrollada, pues no estaban desarrolladas las señales que la hiciesen posible).
- Y también iban unidas las señales a la aptitud de supervivencia competitiva.

El desarrollo de un protolenguaje requería ir más allá, rompiendo esta conexión con la aptitud, el presente y las situaciones específicas. (Es decir, y aquí le pongo palabras en la boca a Bickerton, requiere el desarrollo de un mundo lingüístico virtual, un mundo de las ideas y de otros tiempos y espacios, un mundo alternativo como el que se da en las narraciones. Obsérvese que las abejas puede que tengan lenguaje de señales con desplazamiento, y los delfines puede que tengan una rica gama de señales sociales, pero nadie ha sostenido nunca que abejas, ni delfines, ni hormigas, ni chimpancés ni monos diana se cuenten historias — por muchos sentidos y hasta referencias que intercambien. Como teorizador de la narración, un poquito habré de barrer para casa aprovechando esta teoría tan a propósito de Bickerton, y defender a la narración como un rasgo muy específico de lo humano. Por supuesto que no niego que haya otros, como por ejemplo el desarrollo de herramientas complejas, y de la sintaxis, o una teoría de la mente y de la alteridad, o la capacidad de planificar la acción. De hecho tanto la narración como la sintaxis son herramientas complejas, y requieren una capacidad mental especial de manejo y recombinación de bloques de signos tomados como unidades. Algo que también está implícito en el desarrollo de una teoría mental compleja. Estas capacidades de combinación compleja de signos pueden estar más relacionadas entre sí de lo que parecería a simple vista).

Se suele hablar de la arbitrariedad, y no tanto del desplazamiento, como la característica primordial de los signos lingüísticos. O de la capacidad de combinación (sintaxis, etc.). De la complejidad. Pero Bickerton insiste en el carácter esencial y primordial del desplazamiento, un rasgo definitorio crucial que separa a las mentes prehumanas de las humanas. Para explotar su potencial, se requeriría el desarrollo de los conceptos: "símbolos mentales de referencia ya no ligados a casos particulares de las cosas a que se refieren" (217)—(el "mundo de las ideas", podríamos decir en terminología platonizante). "Sólo con tales símbolos abstractos puede uno vagar mentalmente, libremente, por el espacio y por el tiempo, como hacemos hoy tanto con lenguaje como en pensamiento" (217) (Es esto mismo lo que en otro artículo llamábamos "el lenguaje como realidad virtual").

De la señal a la palabra: Las señales protolingüísticas de reclutamiento de aliados carroñeros no eran palabras. Eran todavía signos icónicos e indiciales. Pero la distanciación exigía representar de algún modo el animal a que se referían, y eso permitía extender su uso a otros contextos ajenos al reclutamiento, otras circunstancias relacionadas con esos animales. Quizá con la ausencia misma del animal, por el fracaso de la expedición, o con la enseñanza del término a los pequeños—la mímica es esencial para esta evolución, y quizá el ritual repetido. Así se va separando esa "palabra" de la situación que la hizo surgir; y a la vez se forma en el cerebro una representación estable del sonido de esa palabra. No son procesos que resulten de "genes" evolucionando por sí mismos: es una evolución guiada por la propia actividad deliberada de la especie, para explotar mejor su nicho ecológico de carroñeros de primer orden.



La construcción de nichos impulsa el lenguaje. Un cambio en el comportamiento alimenticio de la especie conllevó un uso diferente del territorio (en el Homo erectus): se pasa de la explotación local intensiva de un pequeño terreno a la explotación colaborativa de un amplio territorio (posibilitada, se entiende, por cambios en el lenguaje y cambios concomitantes en la organización social. También habría que añadir a esto los cambios anatómicos del homo erectus, adaptado a la marcha de largas distancias). Y este nuevo uso del territorio conduce, a su vez, a una relación diferente con la fauna y a una intensificación de la actividad semiótica:


"Para una especie que se hubiese vuelto dependiente de la explotación carroñera de grandes cadáveres, sería cada vez más importante leer adecuadamente todas las señales que dejaba la megafauna, para determinar la identidad de la especie y la edad relativa, el número de individuos en el grupo, cosas que indicasen que un animal pudiese estar herido o enfermo. (Estas huellas naturales proporcionan, por cierto, otras tantas ocasiones hipotéticas para el uso desplazado de los protonombres o protoverbos de reclutamiento). Surgirían, inevitablemente, disputas sobre cómo habría que interpretar las señales. ¿Cómo de antiguas eran? ¿Cuántos animales las habrían dejado? ¿Deberíamos seguir al grupo A, pequeño pero con un animal en él que podría estar enfermo, o al grupo B, mucho más grande pero con todos los miembros aparentemente sanos?" (221)

De este modo las señales originalmente icónicas se van convirtiendo en símbolos a medida que se usan en contextos cada vez más diversos—incluida la enseñanza de las señales a la nueva generación. De este modo la explotación proactiva del nicho ecológico específico lleva al desarrollo de las capacidades comunicativas que mejoren esa explotación—algo que conlleva la desvinculación gradual de las señales, independizándolas de un contexto presente y de una situación concreta.

Completando la triple desvinculación— O sea, desvincular las señales de las situaciones, del momento presente, e incluso de la aptitud competitiva inmediata. Esta última es la más difícil de lograr—hasta desarrollar la capacidad de impartir información por la información misma, no inmediatamente relevante (y se abre así la puerta, a la vez que a la humanidad moderna, a la invención, a la ficción, o a la divagación poética). Según Jean-Louis Dessalles la competitividad típica de los primates se desvió en primer lugar a la competitividad social por proporcionar información relevante—anotándose puntos por ello (y en eso seguimos, podríamos decir, sólo que con unos criterios de relevancia contextual cada vez más complicados y especializados).El desarrollo de la negación también sería un paso significativo—pues es algo ajeno a la comunicación animal y supone una "irrealidad" y desvinculación del significado de la situación inmediata. 

(Hace poco tiempo, sin embargo, se describía una especie de protosintaxis combinatoria de gritos de alarma en una especie concreta de monos—gritos incompatibles que combinados vienen a anularse y a significar una interrupción de la actividad en curso. ver aquí una noticia de 2006 en el Times. Sería otro dato a tener en cuenta para el origen del "como si" y de la negación).

Enfatiza Bickerton que, en base a los datos de que disponemos, esta fase de protolenguaje primitivo, a mitad de camino de la comunicación animal, debió durar cientos de miles de años. Es la ilusión de la perspectiva la que nos hace suponer la posibilidad de un desarrollo rápido. Pero el lenguaje era algo tan nuevo, tan sin precedentes, que no hay manera de presuponer sus usos ni la dirección de su evolución, antes de que esta se diese lenta y penosamente, partiendo de un principio poco más elaborado que el lenguaje de las hormigas. 

(Queda por explicar, entonces, qué es lo que 'hizo clic' en la cabeza de los Homo sapiens hace menos de cien mil años, para dar lugar al desarrollo por asi decirlo súbito de una cultura simbólica. Ese clic se vuelve tan difícil de comprender como el origen primigenio de un protolenguaje, que es en lo que se centra Bickerton).

Los pidgins al rescate—esta vez de verdad.
La solución al estancamiento, y al desarrollo posterior, es el surgimiento de la sintaxis—que hizo posible la organización del pensamiento innovador. Bickerton ha sido un teorizador de los pidgins enormemente influyente. Y sostiene ahora que hay una cierta similaridad entre el pidgin y el protolenguaje. (Ver también a este respecto mi artículo sobre "Integrationalism, Hinsight bias and the Pidgin Primordial Soup"). Hoy están desapareciendo los auténticos pidgin, dice Bickerton: "El inglés está matando a los pidgins aún quizá más deprisa de lo que está matando a los idiomas establecidos. ¿Para qué intentar emprender un nuevo lenguaje si ya hay uno ya prefabricado que se extiende por todo el planeta como la mala hierba?" (224)


Con el pidgin, sin apenas sintaxis, se pueden pensar y expresar ideas complejas, si bien de forma vaga. Claro que los hablantes de pidgin se basan para eso en otro idioma que dominan. Pero ¿podría un pseudo-pidgin protolingüístico haber persistido durante todo el paleolítico sin desarrollo aparente? La hipótesis de Bickerton es que esto indica que en efecto el protolenguaje paleolítico no llegaba ni siquiera al nivel de complejidad de un pidgin, hasta el surgimiento de nuestra propia especie... o que, por alguna razón aún desconocida, la capacidad de conectar palabras a nivel elemental para mensajes simples no conllevó, durante mucho tiempo, la capacidad de combinar conceptos en secuencias de pensamiento coherentes. Una cuestión indecisa.

Cosas que se pueden hacer con palabras: Como Terrence Deacon, Bickerton cree ahora que es el simbolismo, y no la sintaxis, la que marca el límite entre humanos y no humanos. (La cuestión, me temo, es que no hay, o mejor dicho, no había, un límite definido—¡es lo que se llama evolución!). El simbolismo es previo a, y requisito necesario, para la sintaxis. Habría ahora que estudiar, dice Bickerton, la relación entre vocabulario básico y las actividades y necesidades de una sociedad protohumana. Un aspecto descuidado—nadie se ha preocupado de especificar cuáles podrían haber sido las primeras palabras del vocabulario básico ni su relación con las presiones selectivas concretas de esa sociedad (Esto es mucho decir, me parece. El terreno está mucho más ocupado de lo que sugiere Bickerton. Desde luego todos los estudios de vocabulario comparado del indoeuropeo, por ejemplo, van en direcciones no muy diferentes a ésta. O véase sin más este artículo mío sobre protolenguaje infantil: "Pop & pap: Mamá y mamar / Papá y papilla"). Y aboga el autor por estudios experimentales de uso de vocabularios básicos.

Conexión nuevamente:
Aquí arguye Bickerton que la conectividad entre palabras es posible cuando hay palabras, pero imposible entre señales de ACS, pues éstas no tienen sentido combinadas, y además son completas en sí mismas. 

(En este punto hay una cierta petición de principio en el razonamiento de Bickerton, pues en cuanto las señales se combinan... ya ni son completas en sí, ni tienen su sentido aislado. Así que habría que matizar esto con los recientes hallazgos sobre la combinatoria de gritos de alarma "virtualizados" en al menos una especie de monos, a lo que antes me refería).Con la evolución del protolenguaje incipiente al "pidgin primigenio", se produciría gradualmente el crecimiento y la organización del vocabulario y de la fonología, dos procesos interconectados:


"En otras palabras, cualquier aumento del vocabulario habría supuesto una fuerte presión selectiva para un aumento en la complejidad fonética. Y esto, en la fase avanzada del protolenguaje, habría dado comienzo a uno de los procesos que con el tiempo serían distintivos del auténtico lenguaje: la doble articulación de sonidos y palabras" (231)

El protolenguaje sería inicialmente tanto manual como gestual y hablado, pero las "palabras" serían sonidos no combinados ordenadamente, y desorganizados. Esto tendría que dar lugar con el tiempo a una estructura organizada basada en una fonología estandarizada.


"Pero el punto que realmente quiero enfatizar es que el lenguaje, como la construcción de nichos, es un proceso autocatalítico. Una vez ha comenzado, se impulsa a sí mismo: crea y satisface sus propias demandas" (231)

—(En esta noción de la autonomía lingüística hay parte de la herencia chomskiana en esta fase tardía del pensamiento de Bickerton. También me recuerda mucho a una noción que mi padre gusta de repetir sobre el desarrollo y evolución del lenguaje: que el lenguaje se selecciona a sí mismo, que se organiza como un proceso autónomo sobre la base de múltiples contextos de uso repetidos en muchos hablantes. Por ejemplo, en la selección de vocabulario, cuál permanece y cual no—pero también a muchos otros niveles).  

Las capacidades genéticamente codificadas de la especie tienen una flexibilidad, según el comportamiento: interactúan con las experiencias y comportamiento de los individuos para generar comportamiento nuevo y más específicamente orientado: "Así funciona la evolución" (231). Y así surgiría la primera sintaxis incipiente, basada en el principio de "el sujeto primero": la combinación de una información conocida con una modificación de la misma—algo que se predica sobre ella. Pero para mayor complejidad hace falta pasar a otra fase ya no protolingüística...

miércoles, 1 de abril de 2009

Doce últimos hombres





El año Darwin pega fuerte. Y el gripazo. Ayer se conjuntaron de tal modo que no pude asistir a la conferencia que tenía previsto en la Universidad, sobre la extinción masiva del Cretácico o finales. Así que en su lugar me escuché esta conferencia virtual de Carl Zimmer, "Darwin and beyond: How Evolution Is evolving" en Blip.tv, que no me ha traicionado como YouTube (ahora parece ser que es mi ordenador, el traidor, el único que no me deja ver YouTube). De hecho hay toda una colección de conferencias sobre evolución de Carl Zimmer en Blip, enlazadas a esa. Menos mal que tenemos a Zimmer para consolarnos malamente de la desaparición de Stephen Jay Gould. Hoy he empezado uno de sus últimos libros, I Have Landed, y me he emocionado con su dedicatoria, y he llorado porque ya no escribirá más libros... Adiós y hola desde aquí, Stephen.

Este libro me lo encargué en cuanto salió, pero lo aparqué mientras le hincaba el colmillo a The Structure of Evolutionary Theory, increíble arquitectura de palabras y conceptos en la que Gould integra en un razonamiento ordenado e increíblemente complejo, que hasta Hegel debería envidiar, todo lo que parecían curiosidades dispersas en sus anteriores libros. Como riff final para su obra, desde luego se debió quedar ancho, él que le gustaba asociar cosas aparentemente disparatadas de maneras sorprendentes, y ver que se tenía junto el castillo cada vez más alto de fichas de dominó, y subía y subía.





Otro libro que me acabo de encargar en cuanto lo he visto es The Last Human: A Guide to Twenty-Two Species of Extinct Humans, de G. J. Sawyer y Viktor Deak—una espectacular obra de divulgación sobre casi todos los humanos y homínidos conocidos. Hay que reconocer que varios de los "humanos" a que se refieren son primos muy lejanos: de los que ves y piensas "gorila", o "chimpancé" antes que "semihumano inquietante". Los ardipitecos y australopitecos y parántropos que ocupan la mitad del libro no son, probablemente, ni siquiera antepasados nuestros... más bien sus primos, quizá, aunque bien pudiera ser que alguno sí sea un tatarabuelo remoto. Y nada de esto es muy muy seguro.






Así por ejemplo el Paranthropus boisei hasta hace poco era el Australopithecus boisei; y antes fue el Zinjanthropus. Parece claro que pertenece a una línea derivada que no está entre nuestros antepasados, aunque sí tengamos un antepasado común, como lo tenemos con los chimpancés y gorilas. No llega tan lejos por cierto este libro, pues aunque es generoso con lo que considera "humano" no llega hasta los antepasados comunes con los simios—Oreopithecus o sus familiares próximos. Comienza en Sahelanthropus, que ciertamente no tenía que vivir en lo que hoy llamamos el Sahel, pues bien distinto sería en sus tiempos (aunque el libro subestime los cambios en la climatología africana). Y Sahelanthropus desde luego es un auténtico chimpancé a la vista—aunque en realidad no sepan si colocarlo mucho antes. La cuestión es que tenía al parecer caninos pequeños... un dato que lo aproxima a los humanos. Pero su fotografía es la de un chimpancé. Digo fotografía porque las ilustraciones son clave en el libro, admirables falsificaciones digitales que ayudan a imaginar lo que pudieron ser estos humanoides. La foto del boisei que nos muestran es la del cuñado de un gorila, no la de un humano, ni siquiera uno muy muy paleto. Estos aún no habían llegado ni siquiera a la fase de la caverna y el garrote.

Tampoco había alcanzado mucha inteligencia—ni mucha belleza, como su nombre indica—el Orrorin. Poco sabemos de él. Que era implume, sí. Bípedo, puede.

Y también son simiescos los diversos australopitecos: chimpancés que andan de pie—y que parecen por tanto extrañamente presuntuosos o con resabios de elegancia, como queriendo lucir tipo.



Aunque, allí está el arte del ilustrador, basta ponerles ojos humanos, con mucho blanco, a los photoshops de los australopitecos, para que adquieran inteligencia, y si no inteligencia para hacer sudokus, sí al menos un alma humana, una personalidad capaz de sentimientos y de amistad hacia nosotros.



De las ilustraciones que aquí figuran, el Homo rudolphensis del lago Turkana (antes lago Rudolph) es el primero al que en este libro se le concede blanco de los ojos, o quizá sólo amarillo, pero con un poquito basta.



Es importante, el blanco de los ojos. Sirve para ver a dónde está mirando la otra persona, de modo que contiene todo un programa de reflexividad y de "teoría de la otra mente" consigo. Instintivamente reconocemos, en alguien que mira de reojo, a un congénere. Las miradas de reojo son por tanto especialmente chocantes en los rostros no humanos, como el de este orangután—



o el de este otro australopiteco:






Estas ilustraciones no vienen de The Last Human: como digo, allí es el Rudolfensis el primero que mira meditativamente. ¿Serían capaces de reconocer los sentimientos e intenciones del otro, de trazar planes maquiavélicos, de proyectar el futuro? La mayoría no sabe, no contesta—su mirada es inexpresiva. La mirada de Boisei, aunque mire un poquito de reojo, es opaca, indicativa de encefalograma plano detrás, o de vocación de mascador de plátanos y tallos tiernos, todo lo más. A Lucy y a su hija se les concede cierto encanto en The Last Human, un poquito a lo Helena Bonham Carter en El Planeta de los Simios. Pero por muy monas que sean, son monas y nada más. No tienen aquí vida interior.




Mirad en cambio, qué sabiduría resignada, y qué melancolía profunda de cantante de blues, en este Homo Erectus reojado:




Por contra, a este aborigen más moderno no le han sacado el blanco de los ojos en la foto, y como resultado está el hombre demasiado poco comunicativo, cejijunto:



Hay que recordar que el blanco de los ojos fosiliza mal.

Lo de la vida interior, por cierto, supongo que depende de un rico universo social y simbólico; depende primero de tenerlo fuera, y luego de interiorizarlo. O de desarrollarlo en una dialéctica dentro-afuera, entiéndaseme. Aquí hay una teoría sobre la interiorización de nuestro trato con los demás, o sobre cómo nos amueblamos por dentro con los símbolos del mundo externo: "Goffman: El teatro de la interioridad". Esto me recuerda que había una teoría semejante sobre la creación de una interioridad en Nietzsche, en La Genealogía de la Moral. Allí iba más ligada la creación de esa moral y de esa interioridad a la violencia, la dominación y las relaciones de poder. En todo habrá un ápice de verdad, al menos.

A lo que iba–en este libro, no hay gran cosa de la interioridad, no llegamos hasta ahí, pero sí sobre la aparición de la capacidad simbólica. Un fenómeno que prefieren no describir como evolutivo (en el sentido de "lento", por selección natural, etc.) sino como emergente, una súbita explosión de capacidades que sin embargo quedan así, a bote pronto, muy mal explicadas. Una vez más, tendremos que integrar la evolución del simbolismo en el seno de la evolución, supongo.

Es inevitable que dentro de cien años se reirán (si les queda risa) de las magníficas ilustraciones de este libro, que les parecerán como nos parecen ahora las de neandertales jorobados, con nariz de borrachín y con garrota (que igual sí eran así...). Pero entre tanto, es una historia plausible que nos cuentan los antropólogos e ilustradores. Insisto sin embargo que de los ventidós "humanos" sólo hay aquí doce con luz en los ojos, y —será casualidad—son todos los homos. Creo que sólo a éstos se les concederían hoy derechos humanos, en lugar de derechos de los Grandes Simios. O igual habría que inventar unos derechos menos erectos... Por suerte o por desgracia, la extinción y el genocidio nos han librado del dilema.

Así pues, veo en The Last Human algunos humanoides, primates y parántropos, pero sólo doce especies humanas: Homo rudolfensis, Homo habilis, Homo ergaster, Homo georgicus, Homo erectus, Homo pekinensis, Homo floresiensis, Homo antecessor, Homo rhodesiensis, Homo heidelbergensis, Homo neanderthalensis, Homo sapiens.

Curioso elemento, éste, el Homo sapiens. A veces vive tan en cueros como un australopiteco, y sus conocimientos de cibernética no van mucho más allá. Pero tiene sin embargo un universo simbólico que le hace acicalarse, y ponerse piercings, y contarse historias de cómo los Dioses crearon al primer hombre—del barro salió, dicen.


Siempre me han gustado las historias de últimos hombres—desde el Planeta de los Simios—y luego First and Last Men de Olaf Stapledon, Earth Abides de George R. Stewart, y también, antes de todas éstas venía, The Last Man, de Mary Shelley. He pensado muchas veces en cuál debió ser el fin de los neanderthales, y de los Hombres de Flores, las últimas especies humanas con las que hemos coexistido. Quizá unos eran ogros para nosotros, y los otros enanitos... ¿Fueron exterminados? ¿Esclavizados? ¿Arrinconados? ¿Ignorados en la medida de lo posible?

En todo caso, la idea de la evolución como un ascenso gradual de los simios a los humanos queda transformada con esta sobreabundancia de eslabones perdidos que han surgido en el último siglo. Ahora se plantea la relación de coexistencia o rivalidad no sólo entre tribus o naciones de la edad de piedra, sino también entre distintas especies de humanos y humanoides que coexistían, expandiéndose algunos de ellos fuera de África. Como sigue dándose todavía, esa extraña coexistencia, aunque algo más desdibujado queda el tema, entre nosotros y los grandes simios. No me olvidaré del imponente gorila del zoo de Madrid, sentado como el Pensador de Rodin, mirando al público que lo miraba, con una tristeza, una impotencia, y un resentimiento infinitos—a menos que me los esté imaginando yo.

El Último Hombre... el último hombre ha existido ya muchas veces: once veces, al menos. También el último parántropo. Y una vez extintas todas las especies queda, esta vez sí, por vez primera... el último hombre, hipócrita lector, monstruo refinado al que conoces. Al que le sujetas la mirada en el espejo.

En este libro The Last Man sale el último hombre plantando una bandera en Marte, wishful thinking de momento. Y quizá, quizá la pinche... un lasting last man. Pero eso no le librará de la extinción, a la que todo va abocado. 

Esta mañana andaba por el campus, veía muchos homo sapiens como yo, afanándose aquí y allá, haciendo sus planes y acuerdos, hablando por sus teléfonos móviles, organizando la distribución del trabajo, andando entre esas curiosas conchas móviles, multicolores, que de repente han ido apareciendo por todas partes. Y me ha parecido una cosa tan rara, tan atípica, una demencia súbita (fascinante, eso sí), una burbuja de actividad frenética después de dos millones de años de caminar por la sabana.... La realidad cotidiana que tan sólida nos parece es una apariencia, es nuestra Caverna, la Caverna de la que creíamos haber salido para estudiar filosofía.



... no durará, no. Nada dura, por largas que sean las historias de la Historia, ese noticiario de anteayer. El Último Hombre, todos lo somos.








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