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viernes, 7 de febrero de 2025

El mejor libro del mundo

 

 Sobre El Mejor Libro del Mundo:

El Mejor Libro del Mundo

Rozas, Ramón. "Hambre de vida: La observación del mundo a cargo de un escritor como Manuel Vilas se convierte en un apasionado canto a la vida." (Ramonismo). Diario de Pontevedra 28 Jan. 2025.* (Rev. of El mejor libro del mundo, by Manuel Vilas).

         https://www.diariodepontevedra.es/blog/ramon-rozas-ramonismo/hambre-de-vida/202501281233351373665.html

         2025


Comentario enviado a la reseña del Diario de Pontevedra:



Hay capítulos de este libro que hoy me he leído tres veces, dos de ellas en voz alta. Ya he comprado el libro dos veces, y pienso volverlo a comprar, porque, aparte de que todo en él es verdad, o la mayor parte —lo sé porque fui a la mili con Manuel Vilas— es un placer pedirle a la librera que te traiga el mejor libro del mundo, y ver que en efecto te trae éste.



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martes, 4 de febrero de 2025

El mejor libro del mundo

 

Un libro que ha escrito un compañero mío de la mili que es también mi escritor favorito. El Mejor Libro del Mundo ha escrito; me lo he empezado a leer y empieza así:

 

Algo va a pasar mañana.

 

Mañana cumplo sesenta años y no sé qué ha sido mi vida, corrió veloz como los conejos en el monte, sorteando obstáculos y zigzagueando entre las hierbas, las piedras y los árboles, sin que en modo alguno, bajo ninguna circunstancia, bajo ninguna mirada benévola y amable, pudiera apreciarse la construcción de un camino, porque los caminos exhiben y afirman un pasado y quienes serpenteamos llevamos en las manos una fantasía, la ilusión de que estuvimos vivos y amamos y fuimos amados, pero no hay camino detrás de nosotros.

 

Y en el abultado error en el que vivo parece que mi vida acaba de comenzar, parece que todo el rato estoy en el principio, en ese momento en que se crean los proyectos y nacen los deseos; y la plenitud y la felicidad sucederán mañana. Como si fuese un niño de seis años y no un hombre de sesenta años. 

 

Mañana los cumplo.

 

Estoy vivo, y he llegado a esa edad. La gente piensa que si te mueres con sesenta años o menos de sesenta años te pierdes cosas importantes de la vida, pero eso los muertos no lo saben…

 

 


 

 

 

 

 

Nosotros, Road Movie

 

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sábado, 11 de febrero de 2023

Nosotros, Road Movie



Castro, Antón. "Manuel Vilas, furia de amor y deseo. Una lectura de Nosotros." Heraldo de Aragón 10 Feb. 2023.*

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2023/02/10/manuel-vilas-furia-de-amor-deseo-lectura-novela-nosotros-1630088.html

2023

Castro, Antón. "Manuel Vilas: 'La locura de amor es desesperadamente antisocial siempre'." Heraldo de Aragón 15 Feb. 2023.*

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2023/02/15/manuel-vilas-la-locura-de-amor-es-despiadamente-antisocial-siempre-1631465.html

         2023

 

 Nosotros, que fuimos nosotros....

 

 

miércoles, 22 de abril de 2020

Alegría







Del libro de Manuel Vilas (que fue conmigo a la mili...), Alegría.  Así empieza esta especie de diario, y así se mantiene:


Todo aquello que amamos y perdimos, que amamos muchísimo, que amamos sin saber que un día nos sería hurtado, todo aquello que, tras su pérdida, no pudo destruirnos, y bien que insistió con fuerzas sobrenaturales y buscó nuestra ruina con crueldad y empeño, acaba, tarde o temprano, convertido en alegría.

El alma humana no tendría que haber descendido a la tierra.

Tendría que haberse quedado en las alturas, en los abismos celestiales, en las estrellas, en el espacio profundo. Tendría que haber permanecido alejada del tiempo; el alma humana hubiera estado mejor sin ser humana, porque el alma envejece bajo el sol, se derrite, se hunde y combustiona en millones de preguntas que se esparcen sobre el pasado, el presente y el futuro, que forman un solo tiempo, y ese es el tiempo personal de cada uno de nosotros, un tiempo en donde el amor es un deseo permanente, que no se cumple, que nos avisa de la hermosura de la vida y luego se marcha.

Se marcha.

Nos deja en un silencio poderoso, amargo y sutil.

Millones de preguntas que fueron seres humanos antes de convertirse en preguntas. Millones de cuerpos, millones de padres, madres, hijos e hijas.

Y nos quedamos solos y ateridos. 

El alma humana somos nosotros, todos nosotros, buscando amor, todos buscando ser amados cada día, cada día esperando la llegada de la alegría, qué habríamos de esperar si no.

Cuánto desearíamos todos nosotros que hubiera un orden y un sentido en la vida, pero solo hay tiempo y fugitivos adioses, y en esos adioses vive el inmenso amor que ahora estoy sintiendo.

Este es mi caos, este es mi desorden.

Aquí estoy yo, desamparado y a la vez sintiendo la fuerza de la alegría, pero también con la rabia indefinida de la vida dentro de mí.

Como todos los seres humanos.

Porque todos somos lo mismo.




(...)


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viernes, 27 de marzo de 2020

Alegría

Manuel Vilas - Alegría


Una gran novela poética que me gustaría poder regalarte—Alegría, de Manuel Vilas. 

Al menos te la recomiendo desde la distancia y el confinamiento obligatorio.


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sábado, 5 de enero de 2019

ORDESA de Manuel Vilas

Una acertada reseña de Nadal Suau en El Cultural:

Ordesa

Manuel Vilas

Alfaguara. Madrid, 2018. 387 páginas, 18,90 €, Ebook: 9,99 €
NADAL SUAU | 26/01/2018 |  Edición impresa

Manuel Vilas. Foto: Columna Villarroya
Investigando la biblioteca personal de un escritor heterodoxo, lateral y misterioso de la segunda mitad del siglo XX, fui a dar con un autógrafo de Manuel Vilas (Barbastro, 1962). Vilas había obsequiado a ese autor con un ejemplar de su poemario El cielo, y en la primera página constaban a mano su agradecimiento por una gestión que ya ni él recordará en qué consistió y estas palabras tan amables: “En El cielo de Vilas hay habitaciones reservadas para mi amigo C. S.”. La biblioteca personal de C. S., hoy que C. S. está muerto, ocupa una sala abierta al público en las dependencias municipales del pueblo de su infancia. Somos pocos quienes la visitamos. Si arranco estas líneas contando la anécdota del autógrafo de Vilas es por capricho, desde luego, pero se trata de un capricho oportuno. En primer lugar, porque Manuel Vilas es un autor tan heterodoxo, lateral y misterioso, que tiene sentido entender su tradición como igualmente extraña, lateral, inventada. En segundo lugar, porque la nueva novela de Vilas, Ordesa, está construida como una sucesión levantisca de momentos que ya nadie recuerda y sin embargo merecen una Reserva Premium en el particular cielo del narrador. Y en tercer lugar, porque ese autógrafo, al revelar una conexión tangible entre M. V. y C.S ., me llevó de la mano hasta una revelación bastante hermosa, y creo que exacta.

Mientras estuvo vivo, C. S. protagonizó algunos episodios de escritura automática ultratúmbica: su mano cobraba voluntad propia y se ponía a escribir con caligrafía ajena unos mensajes firmados por Jorge Luis Borges, por Papini, por Quevedo. Una tarde, le rogué a C. S. que me mostrara alguno de esos papeles; los había destruido casi todos, pero se avino a compartir el último, una comunicación que le había dirigido su novia de toda la vida. El documento era cuanto menos curioso: presentaba una letra asombrosamente distinta a la suya, y el bolígrafo no se separaba del folio ni un momento, dejando un rastro lineal en cada cambio de renglón. Todas las frases, que ya no recuerdo con exactitud, estaban marcadas por el signo de la paradoja. Por ejemplo, algo así: “Desde donde estoy no puedo veros, aunque os veo siempre”; o bien, “no cuidándote, cuido bien de ti”.

He pensado en todo esto a cuenta de Ordesa porque esos eran mensajes fantasmagóricos, muertos dirigiéndose a un vivo. Y por excéntrica que resulte esta práctica mediúmnica, es evidente que estamos hablando de literatura: he aquí un modo de convertir en estilo y tono la relación de un individuo con la memoria. Ordesa, de Manuel Vilas, también es una comunicación de fantasmas.

Entendámonos: Ordesa es un libro de memorias. Si me preguntan qué nos cuenta Vilas, lo explicaré así: que añora a sus padres, que se pregunta por su familia, que se ha divorciado y tiene dos hijos, que es escritor y un día morirá. Nada más. Bueno, sí, algo importante: que vive en España, un país terrible y digno de ser amado que cabe en un Seiscientos. En estas páginas, el autor se dedica a recordar todo aquello que estuvo vivo y ya no lo está: sus padres, los objetos que caracterizaron la vida de esos padres, la España de los sesenta y la de los setenta, su propio matrimonio, las borracheras e infidelidades que lo condenaron a acabar en divorcio… Pero a menudo, Ordesa parece la comunicación desatada, paralela, salvaje, arracimada y tierna del fantasma futuro de Vilas. Porque si el tiempo no es más que una ilusión persistente (esa cita-cliché de Einstein), y si los fantasmas son negaciones de la linealidad del tiempo, ¿por qué no podría hablarnos en estas páginas, lectores de 2018, el fantasma de Manuel Vilas que algún día se le aparecerá a sus hijos?

Las paradojas de Vilas, tan hermosas; sus hipérboles, que convierten toda materia pequeña y contingente en el campo de batalla de la eternidad y lo divino (sin que esa materia deje de ser una mota de polvo); su sonrisa y su tristeza. Todo eso se justifica porque el escritor escribe desde donde no nos ve pero nos ve siempre, desde donde no nos cuida y así cuida bien de nosotros.

Adviertan que el autor de estas líneas se está dejando llevar por el torrente sideral que es el universo de Vilas, y está escribiendo en un tono y un estilo que no solo no es académico, sino que a duras penas pasará por periodístico; créanme si les digo que ese dejarse llevar es deliberado y parte de mi juicio crítico. Es mi forma de decirles que Ordesa es irresistible y que su prosa está habitada por un espíritu, atrapado en esta cita: “Porque la vida social y la familiar y la vida laboral y la vida sentimental dan igual, son un invento que se descubre con la muerte. Por eso escribo así”. También estoy diciendo que las hojas cubiertas de palabras de muertos que rellenaba C. S. y las mil correspondencias y señales secretas que Vilas colecciona vorazmente en Ordesa caben en esta otra cita: “Nunca hubo ningún mensaje. Todo ocurría en mi cabeza. Solo en mi cabeza”. Así son las mejores historias de fantasmas.

Pocas veces he visto tan bien escrita en nuestra literatura reciente la enorme belleza y aridez que caracterizan las relaciones entre un hijo y sus padres. O al revés, las de un padre con sus hijos. Es todavía más infrecuente encontrar una prosa que logre hablar de política (de Política, no de cortesanía o contingencias) de un modo tan imaginativo, indirecto, artístico: las páginas que se recrean en la comida de recepción del Premio Cervantes por parte de Juan Goytisolo, con la presencia de Felipe VI y Letizia son, en este sentido, imprescindibles, y afianzan la insobornabilidad de España como tema en Vilas. Al fondo, una divisa explícita: “Conciencia de clase es lo que no debe faltarnos nunca”. Luego, está ese modo tan cotidiano y compartible en que los objetos son portadores de tristeza y finitud en este libro de Vilas: acongojan las corbatas, las facturas, los muebles, las camas sin hacer. Todo transmite el mensaje desolador e inevitable, pero paradójicamente (insistamos) consolador, del paso del tiempo.

La portada del libro recoge con mucho acierto el color amarillo que recorre estos ciento cincuenta y siete capítulos breves: es importante. Para empezar, porque hay una tradición literaria española muy determinada en torno a lo amarillo como final, tiempo, melancolía. Y sobre todo, porque es la primera de muchas pruebas que nos confirman que, bajo su torrencialidad arrebatadora, Ordesa presenta la vocación de decir algunas cosas muy concretas, lúcidas e irrebatibles. O quizás este libro sea solo una invitación a bailar hasta el final del amor. Popular y al mismo tiempo arriesgadísimo como Lope (quien tal vez se le apareciera a C. S., quién sabe), Manuel Vilas ha escrito algo inolvidable.

@Nadal_Suau




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En su Facebook anunciaba Manuel Vilas la 13ª edición de Ordesa, y le pongo este comentario:

Es un libro memorable, Manuel (los colegas de la mili no mienten). Es de lo mejor que he leído jamás, de cualquier autor, en cualquier lengua. Chapeau, o, en mi caso, gorra. 

O, bueno, ya que parece que estás por América, como dicen por allí: Respect!



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Alcanzando el estatuto de los muertos


"He comprado, después de muchas indecisiones, una silla de despacho en el Hipercor, y [mi hijo] me la ha montado. Ya soy incapaz de montar nada. Nunca entiendo las instrucciones. Me cabreo, me descompongo y acabo tirándolo todo por la ventana. He intentado tener una conversación con [mi hijjo]. Le he hablado del futuro, de que tendrá que tomar decisiones. Él tiene un futuro, y yo no.

"He recordado cuando yo lo tuve, cuando yo tuve un futuro.

"Es la sensación más preciosa de la vida, cuando nada ha comenzado aún. Cuando el telón aún no se ha levantado, ese momento.

"Yo sé que hay personas a las que ya no veré jamás, personas que fueron importantes en mi vida, y a quienes ya no volveré a ver no porque hayan muerto sino porque la vida tiene leyes sociales, culturales, no sé, en realidad son leyes políticas, son leyes atávicas, leyes que ayudaron a montar esto que llamamos civilización.

"Así funcionamos los seres humanos: hay personas a quienes, aun estando vivas, no volveremos a tratar nunca más y alcanzan así el mismo estatuto que los muertos.

"Todavía hay un grado mayor de dolor: saber que ya estás pensando en un vivo como si estuviera muerto. Me pasó con mi tía Reme: no iba a visitarla nunca. No podía ir a verla; me sentía culpable. Si iba a verla, me sentiría culpable; si no iba a verla, también, pero era más cómodo no ir a verla..."


(Manuel Vilas, Ordesa).


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lunes, 31 de diciembre de 2018

La muerte de un lenguaje secreto

"A veces confundo mi divorcio con la viudedad. Pienso que la viudedad sería peor. Al divorciarte, tu pasado se convierte en algo difícil de reconstruir o de recordar o de precisar o de poseer; para reconstruir luego ese pasado hay que ir a los documentos: fotos, cartas, testimonios, papeles. Es como el final de un periodo histórico. Para guardar memoria, solo cabe llamar a los historiadores. Y los historiadores son perezosos, están durmiendo, no les apetece trabajar. Quieren tomar el sol.

"Tal vez la culpa sea una forma de permanencia. Tal vez los grandes culpables acaben divisando desde sus culpas una forma de perduración.

"Alguna vez pensé en que ójala Dios o el azar hiciera posible que mi muerte sucediera antes que la de mi exmujer. En las separaciones, el tiempo que se ha convivido es definitivo. Una separación con dos años de convivencia, por ejemplo, puede ser inofensiva. Una separación con treinta años de convivencia es toda una época histórica. Es como el Renacimiento, o la Ilustración, o el Romanticismo. El escritor Alejandro Gándara me dijo hace poco que era necesario el transcurso de cinco años para la cauterización de un divorcio. Creo que tenía razón: cinco años.

"Me dolía especialmente el desmoronamiento de la ternura. Vienen a mi cabeza frases que ella decía, llenas de bondad. Entonces supe que la muerte de una relación es en realidad la muerte de un lenguaje secreto. Una relación que muere da lugar a una lengua muerta. Lo dijo el escritor Jordi Carrión en un estado de Facebook: 'Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que solo pertenece a ellos dos. Ese idioma privado, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobreentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan. Muere del todo cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevos lenguajes, superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones, las lenguas muertas'." 

Manuel Vilas, Ordesa (§26)

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