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lunes, 15 de mayo de 2023

Los Bañales

 



Martínez, Sergio, and Santiago Navascués. "Historia de Aragón 3x26. Los Bañales, una ciudad romana en las Cinco Villas." With Javier Andreu Pintado. Audio. Ivoox (Historia de Aragón) 25 Feb. 2022.*

         https://go.ivoox.com/rf/82749639

         2023

 

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lunes, 22 de abril de 2019

Ciudades que desaparecieron



Este fin de semana he estado en una de ellas, Bílbilis, que no es Calatayud, sino un asentamiento romano de nueva planta en unos montes cerca de Calatayud. Con las ruinas de un teatro, en medio de los montes, y con una amplia vista desde las alturas. Desde lejos se ve, y para eso la hicieron al parecer.


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viernes, 14 de diciembre de 2018

Ani

sábado, 19 de noviembre de 2016

Retropost #1234 (19 de noviembre de 2006): Aventuras en Bañales


Aventuras en Bañales

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

20061119215848-atilia.jpgHoy nos ha dado la ventolera y nos hemos ido de excursión domiguera a las Cinco Villas, con la idea de visitar unos restos arqueológicos del año la polca que por ahí guardan (mal señalizados, por cierto, pues en la carretera no había ningún cartel que indicase que metiéndose por tal camino, llega usted a las ruinas de tal ciudad romana).

La primera cosa excepcional que hemos visto ha sido una bandada de cientos de cigüeñas—pero cientos— posadas en tierra, delante de nuestras narices. Había oído que la especie iba a más, pero desde luego nunca había visto tantas juntas. Ni las volveré a ver. Luego nos hemos parado en el castillo de Sádaba, que estaba cerrado... y hemos hecho un picnic en una especie de mazmorra muy bonita que tiene delante (—"bonita, y lóbrega" puntualiza Álvaro). Siguiendo camino, nos hemos pasado de las ruinas romanas (por la falta de cartel) y nos hemos ido hasta Uncastillo ("otro castillo" que dice Otas), a donde nos hemos prometido volver con más tiempo; es un pueblo precioso con otro castillo, claro, iglesias románicas preciosas, una cantidad impresionante de caserones antiguos, y una judería que ocupa medio pueblo... se ve que prosperó durante la Edad Media, y más, todo lo que quiso.

Y luego hemos llegado volviendo camino a Layana, cerca de Sádaba, donde está la estela funeraria de los Atilios, en medio de ninguna parte. No se sabe si impresiona más la voluntad de perdurar, o el hecho de que haya perdurado, o el hecho de que todavía se pueda leer la inscripción dedicada por Atilia "al mejor de los padres" hace dos mil años. Lo que impresiona debe ser el conjunto, la combinación: la casualidad de este monumento aislado en medio del campo, sosteniendo su dedicatoria durante milenios, cuando de tantas otras cosas de su época no queda ni rastro. Nuestra interpretación del monumento, y de la inscripción: que Atilia, probablemente heredera soltera (pues no aparece etiquetada como "vxor" de nadie), al quedarse huérfana de padre, hizo erigir el monumento uniéndola a ella todavía viva a la memoria de su padre, y de su abuelo, seguramente grandes terratenientes, como a modo de cédula de propiedad y garantía de pedigrí, mostrando de dónde venían sus derechos a la propiedad, más cuestionables siempre para las mujeres. Lo cual no quita para que echase de menos a Atilio padre, claro...  Pero vamos, que hizo el monumento porque era mujer, y necesitaba sentar sus reales.

Cruzando Layana se llega a las ruinas de la ermita de Bañales, construida seguramente con piedras de las ruinas romanas (ruinas de ruinas, y llena de cuervos que escapan al acercarnos). Y lo que queda de la ciudad romana, de nombre desconocido (Bañales la llaman ahora, antes Atilia, antes quién sabe). Quedan los restos de la columnata del Foro... y un pequeño trozo que excavaron los arqueólogos de la Universidad hace veinticinco años, aunque de cualquier otro trozo excavado saldrían los mismos cimientos de viviendas, de hecho se ven por todas partes.

- ¡Mira, papá, hemos encontrado restos romanos!
- Sí, mira, aquí en esta roca está la cara de un romano.
- ¡Jaja! Pues sí que le han puesto cara de romano, mira el perfil... pero esto lo hizo, seguro, un estudiante bromista del Dr. Beltrán. En esa roca de allá también hay otra, se nota que las han tallado hace poco.
- Vamos a subir arriba, que allí está la ciudad antigua, seguramente esa era ya prerromana, y luego los romanos hicieron el barrio nuevo aquí abajo, cuando la cosa estuvo ya más calmada.
- Ay. Oscar me ha pegado una patada en la cara mientras trepaba.
- ¿Cuándo se extinguieron los romanos?

Por todas partes se ven montículos que son casas derruídas, a veces el trazado de las calles, hasta las habitaciones, bases de columnas, goznes de piedra para las puertas, aljibes, mesas de piedra o (quizá) un altar, esquinas... muchas piedras de las mejor talladas se han ido sin duda a Sádaba, pero quedan los restos de centenares de viviendas. Ni un habitante desde hace muchos siglos, por razones desconocidas. De sus huesos tampoco queda ni rastro; de sus palabras sólo la inscripción de Atilia hija. Las Ruinas, o meditaciones sobre las revoluciones de los imperios. Paseamos hasta las ruinas del acueducto, va lloviznando, no se ve a nadie en todo el horizonte,  y es amplio.

- Las ascuas de un crepúsculo morado.
- Mira cuantas huellas de jabalí.
- Pues ahora ya se hace de noche, mira que si viene uno y se lleva a Otitas colgado del colmillo.
- ¿Pasarías la noche en esa ermita en ruinas, Álvaro? ¿Con los cuervos?
- Ni loco. Igual me hablaban—me dirían "Nunca más." Bueno, eso lo diría yo si me quedase.
- Tú nos haces andar demasiado, mamá. Hemos andado más que en la plaza. Yo estaría muy bien como una ostrita jugando al Tzar con mi ordenador. Como una auténtica ostrita.
- Pues por eso os hacemos andar, hala.

Volvemos sin incidentes a Zaragoza, ya de noche cerrada a las siete. Pibo nos anuncia que va a comer como un tiranosaurio.

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lunes, 22 de agosto de 2016

Retropost #1113 (22 de agosto de 2006): Románico y rompientes



Románico y rompientes

Publicado en Curiosidades. com. José Ángel García Landa

Normalmente vamos a las playas de Viveiro, donde no se ve mucha gente, la mayoría señoras y ancianos (se pregunta uno dónde está la juventud y niñez de este país--en este mar, no). Pero también exploramos las playas de pueblos vecinos y las calas que calamos. A una de esas, la playa de Portonovo (que de puerto nada, pues estaba totalmente aislada de la civilización) hemos bajado por una pista de tierra que ha puesto a prueba el coche a la subida, lo hemos tratado como si fuese un cuatro por cuatro dieciséis, y para subir nos hemos apeado los cuatro pasajeros mientras la brava conductora subía en primera a toda leche con las ruedas patinando y el coche lanzando grava y haciendo eses por la rampa arriba. No había chalets ni chiringuitos en varios kilómetros a la vista. Había algunas personas en la playa, bañistas y pescadores; alguno no sé si lograría sacar el coche de allí... Pero ninguna persona le prestaba atención a lo que hemos visto--y que no se veía a primera vista, la verdad. Es de esas cosas que sólo te fijas cuando te las dicen, y por casualidad nos hemos dado cuenta. En las guías desde luego no viene anunciada. Es una especie de capilla primitiva que hay en las rocas ya casi a la altura donde rompen las olas. La playa es pequeña, limitada por dos promontorios rocosos y otra roca saliente en medio dividiéndola en dos, y ella misma dividida por una hendidura. Pues en el promontorio de la derecha, que se adentra en el mar y donde se pone la gente a pescar, hay una cueva que sí se ve perfectamente, una cueva pequeñita, justo para que quepa una persona dentro, pero bien definida: es una cueva, no un hueco en la roca. Está a unos tres metros por encima de donde rompían las olas; con marea alta, seguro que en ocasiones llega el mar hasta ella. Justo al lado de la cueva, a la derecha, hay tres figuras esculpidas en la roca; bajorrelieves, y tan bajos que están prácticamente al nivel del mar. Apenas se distinguen las figuras, como digo, en parte porque las rocas tienen formas muy variadas, y en parte porque están casi borradas; están más o menos tan definidas de rasgos como la Venus de Willendorf, aunque tienen el tamaño de personas (les faltan las piernas). Se encuentran en una especie de hornacinas talladas en la roca, que es allí más blanda y fácil de esculpir por una veta diferente que recorre el promontorio. El aspecto general recuerda el de las tallas románicas tardías, con proporciones casi góticas pero como digo totalmente difusas y borradas. La primera figura parece un hombre, la segunda una mujer (quizá tenga un niño en brazos, no se llega a apreciar) y la tercera un niño; ésta tiene además una aureola muy clara tallada alrededor de la cabeza. Las tres miran al frente. Entre la primera y la segunda, las hornacinas están separadas por un asomo de columna tallada en la roca también, y en la columna hay como una calavera, aunque los agujeros de boca y ojos se mezclan con otros agujeros que salpican la roca. ¿Será obra inacabada de un jipi aficionado al románico, hace cuarenta años? ¿Será un viejo santuario de cuando había aquí un puerto realmente, si jamás lo hubo (que no creo)? ¿Habrá habido alguna aparición milagrosa en la cueva? ¿Será un sitio sagrado desde tiempo inmemorial, reconvertido al cristianismo? Quizá lleven allí siglo tras siglo, cada vez más borrosas y olvidadas, muerta hace cientos de años la última vieja que puso allí un cirio. Puedes imaginar lo que quieras, mirándoles la cara erosionada a las figuras y oyendo romper las olas en esta costa sin gente.




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lunes, 23 de enero de 2012

Años después en Bañales

Me voy a una conferencia del ámbito cultural del Corte Inglés, atiborrada de gente. Va sobre Los Bañales, la ciudad romana en ruinas situada entre Sádaba y Uncastillo.

    Los Bañales: Presente y futuro de una ciudad romana en las cinco villas

    Dr. Javier Andreu

    La Fundación Uncastillo ha trabajado, desde 2008, por el proyecto de “Los bañales” para situar a su ciudad romana en la vanguardia de la Arqueología en Aragón y convirtiendo al yacimiento en uno de los más valorados en los circuitos investigadores internacionales y de los más visitados. El Director Científico, Javier Andreu, explicará los trabajos arqueológicos que se han realizado y que han puesto al descubierto un espectacular foro: la plaza pública de la ciudad acercando a nuestros días la vida cotidiana de una ciudad romana de Aragón. Este trabajo también ha servido para la concesión de becas para estudiantes universitarios españoles y europeos, gracias a la ayuda de empresas privadas, que ha favorecido un despliegue cultural en la zona.


Tiene el proyecto una web en construcción y una página de Facebook.  Aquí hay un artículo con fotos.  El dibujo de este monumento de los Atilios, cerca de los Bañales, lo hizo Menéndez Pidal:



No se sabe qué acabó con esta ciudad, aunque ya decaía hacia el año 200 d.c. He leído en algún sitio que hubo unas pestes terribles por entonces, con mortandades masivas, en el Valle del Ebro—y podría ser una razón, aunque al parecer no hay pruebas.

Tampoco se sabe qué ciudad era, exactamente. Es posible que sea una de las que menciona Plinio el Viejo cuando describe los territorios que rodean Zaragoza y que estaban sometidos a su jurisdicción—con esa curiosa separación que había en el Imperio según estatutos legales y culturas o pueblos diversos. Poco melting pot había por entonces, y cada tribu estaba con los suyos:



Cesaraugusta, colonia exenta de tributo, es bañada por el Ebro. En su emplazamiento hubo antes una población que se llamaba Salduvia, del territorio de Edetania. Acuden a ella cincuenta y cinco pueblos: entre los de ciudadanos romanos están los bilbilitanos, los celsenses, antes colonia, los calagurritanos que se apellidan násicos; los ilerdenses, que son de la nación de los surdaonos junto a los que core el río Sícoris; los oscenses—del territorio de Suesetania—, los turiasonenses. Entre los de derecho latino los cascantenses primitivos, los ergavicenses, los gracurritanos, los leonicenses, y los osicerdenses. Entre los federados, los tarracenses. Entre los tributarios los arcobrigenses, los andelonenses, los aracelitanos, los bursaonenses, los calagurritanos que se apellidan fibularenses, los complutenses, los carenses, los cincienses, los cortonenses, los damanitanos, los ispalenses, los ilursenses, los iluberitanos, los jacetanos, los libienses, los pompelonenses y los segienses. (Historia Natural, libro III)

Quizá de todos estos los mejores candidatos (visto que muchos otros están identificados) sean los tarracenses—¿los de Tarraca, posiblemente, que es mencionada por Ptolomeo y el cosmógrafo de Rávena? —O quizá no se los nombra en esta lista, a los habitantes de Los Bañales.

En el turno de preguntas a los conferenciantes, pregunto si no hay intereses encontrados entre arqueología y turismo, a la hora de fomentar visitas no guiadas. Me responden que en absoluto, que los yacimientos más abandonados y menos visitados son los que no se respetan y los que se prestan al gamberrismo y al expolio. 

En los últimos años como se ve hay todo un proyecto en marcha en este yacimiento. Muy distinto de cuando visitamos el monumento de los Atilios y las ruinas de la ciudad hace más de cinco años, cuando los chavales eran pequeños; entonces estaba todo desierto. Ahora ya ha habido varios años seguidos de excavaciones. Y han aparecido cosas nuevas; el pasado no para de dar novedades. Así que quién sabe cómo será el pasado, en el futuro.


 
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