Duclos Bernal, Adela. (gs Ciencias de la Antigüedad, U de
Zaragoza). "Antes de las redes sociales
los romanos se comunicaban con inscripciones en bronce y piedra." The
Conversation 23 Nov. 2022.*
Y a mí que me pasma el silencio absoluto en el que son recibidos estos vídeos. Ya no me refiero a la prensa, los partidos políticos, la justicia, la policía. Me refiero a mi familia, conocidos y amigos. Por alguna razón el caso éste no les despierta el menor interés ni comentario. Ellos que celebran cualquier meme irrelevante. Otra sorpresa más nos revela el Expediente Royuela: la insondable frivolidad de la gente, y su absoluta dependencia de los medios de comunicación establecidos para formarse un criterio, o creer que se lo han formado.
La era Trump vista desde los años 70. Starmania es una memorable comedia musical de los años 70, aquí en la versión de 1989. Muestra entre otras cosas un mundo globalizado y despersonalizado por las franquicias, con la opinión pública manipulada por los medios, y con un gran constructor y financiero, Zéro Janvier, que desde la torre que lleva su propio nombre inicia una mediática carrera para volverse Presidente de Occidente—predicando que hay que cerrar las fronteras a la inmigración, y explotando el terror a los atentados terroristas de los Estrellas Negras. Estos son a la vez criminales, revolucionarios anarquistas, y rebeldes mimados disidentes del mismo sistema que los ha creado, del que son a la vez peleles, enemigos, parásitos, y víctimas.
Y en medio, entre una población de la decadente sociedad postindustrial, manipulada por los reality shows y la telebasura, vemos la soledad de los individuos, alienados, descontentos y frustrados por el teatro urbano en el que se ven atrapados—desde la camarera automática, pasando por la estrella pop alienada en su propia imagen multiplicada, hasta el mismo magnate mediático... que hubiera querido ser artista.
Many
theorists since Marshall McLuhan have emphasized the connections
between the medium and the message: the constitutive importance of the
medium is the message of this line of reasoning. A new medium absorbs
many of the functions of the old media, it enhances some of them, it
adds new functions, and, if anything is lost, no sweat: the old media
are still there, both in their original form and in their new avatars
through what has been called "remediation" or "intermediality" – the
ability of new media to reproduce and contain old media as one more
ability, the way new interfaces of computers are able to reproduce the
layout and design of obsolete systems. Some media, of course, are
better than others at doing certain things. Print can be reproduced on
TV, but there is a limited role for that experiment. The digital
medium, however, has provided the basis for multimediality: it is such
a flexible medium that it can be used, with the appropriate hardware
and interfaces, to contain, manipulate and combine in increasingly
elaborate and user-friendly ways all previous media: voice, text,
images and video, together with all the semiotic sub-systems which may
be codified and represented by these (such as cultural subsystems of
gestures, languages, fashions, etc.). Every day we learn of some
novelty in the treatment and manipulation of digital information:
blogs, tags, TIVo, the video iPod, the special-purpose interface
configurations known as widgets, web search on cell phones, etc.
Now media have never been static. The printing press of the late 17th
century was not the same as Gutenberg’s printing press, the techniques
for the manufacture of images were a revolution in themselves. But the
present-day explosive rate in the development of cybermedia since the
advent of the computer, and especially of the personal computer and the
cell phone clearly has no equivalent in ealier centuries as to its rate
of personal usability, and of invention and obsolescence. If novelties
create a peculiar double time in which the old and the new coexist, a
flood of novelties creates a peculiar no-time, or postmodern time, in
which all historical periods seem to be superposed chaotically one next
to the other in a jumble, or a jumble sale of cultural modes. The
increasing ability to travel and the recent influx of migrant
population in Spain also contributes to this sense of a time out of
joint, in which the old is partly displaced by the new, but still
remains in the new times, albeit somewhat disoriented as to its proper
place and function.
Hoy es el cumpleaños del pequeño Ivo - "Grrr! no soy pequeño!"
Felicidades, Pibito. Para tí, un poema sobre la infancia.
Henry Vaughan,
CHILDHOOD
I cannot reach it; and my striving eye Dazzles at it, as at eternity. Were now that chronicle alive, Those white designs which children drive, And the thoughts of each harmless hour With their content too in my power, Quickly would I make my path even, And by mere playing go to heaven. Why should men love A wolf, more than a lamb or dove? Or choose hell-fire and brimstone streams Before bright stars and God’s own beams? Who kisseth thorns will hurt his face, But flowers do both refresh and grace, And sweetly living (fie on men!) Are, when dead, medicinal then. If seeing much should make staid eyes, And long experience should make wise; Since all that age doth teach is ill, Why should I not love childhood still? Why, if I see a rock or shelf, Shall I from thence cast down my self, Or, by complying with the world, From the same precipice be hurled? Those observations are but foul Which make me wise to lose my soul.
And yet the practice worldlings call Business and weighty action all, Checking the poor child for his play, But gravely cast themselves away. Dear, harmless age! the short, swift span, Where weeping virtue parts with man; Where love without lust dwells, and bends What way we please, without self-ends.
An age of mysteries! which he Must live twice, that would God’s face see; Which angels guard, and with it play: Angels! which foul men drive away. How do I study now, and scan Thee, more than ere I studied man, And only see through a long night Thy edges, and thy bordering light! Oh for thy centre and mid-day! For sure that is the narrow way.
(1655)
Ya lo leerás cuando crezcas, quizá.
A la vuelta del hotel Don Yo, en el VIPS, por seguir con el tema de la
egolatría, y por estar todo cerrado, recibe IvoIvo un yoyó ("Que no
quiero un tutú, que he dicho un yoyó"). Podíamos llamarlo también un
moi moi, también, por los besicos que le iba dando a la vuelta.
Criaturas, etc.
Uno que sí era pequeño es el hombre de Flores. A pesar del tsunami,
continúa la historia de los hallazgos, por ejemplo aquí.
Comprobado: es más rápido actualizar este blog por el sistema a pedales
de mi página web, o sea, escribiéndolo en mi ordenador y luego
llevándolo a un servidor con el programita Fetch, el del perrito, que
hacerlo directamente en la plataforma específica para blogging donde se
encuentra su alter id. Como también, júegate el tipo, es más rápido
mandar un comentario por iemeil pinchando en el enlace donde pone
garciala@unizar.es que poner un comentario por el sistema establecido,
"¿Quieres añadir un comentario?" de la plantilla de blogging. Lecciones
que se extraen de esto:
1) A veces creemos que nos faltan los medios técnicos, cuando en
realidad nos faltan los protocolos de comportamiento, o el sacarles
partido a esos medios.
2) Contra (1): los medios y los protocolos de su uso no son cosas
separables, sino que van unidos por otros protocolos y etiquetas de
uso...
3) Que el correo electrónico, a pesar de la basura que lo inunda,
pertenece al espacio privado de la persona, y se va desplazando cada
vez más hacia él. Antes pasabas por casa de los amigos cuando los
querías ver; luego se hizo necesario llamar por teléfono. Luego, un
mensaje sms o un correo electrónico resultaron ser menos intrusivos que
un violento telefonazo (la gente ya se protegía, de hecho, con un uso
astuto del contestador). Ahora los emails ya son una intrusión (quizá
te altere recibirlos, gentle wreader).
4) La gente prefiere reservarse un pequeño espacio de iniciativa
individual en sus contribuciones al blogging. Porque, veamos, el
administrador de una página de hecho es el rey del mambo en ella, puede
poner y quitar lo que le dé la gana. Pero... los comentarios de hecho
llegan a la página antes de que él se entere. Si bien puede recibir
noticia inmediatamente con un email automático que le avisa de que se
ha introducido un comentario, hay un desfase de bastantes minutos entre
la introducción del comentario y la recepción del email, y de horas
quizá, o días, hasta que el administrador toma la decisión ("de
oficio") de mantener el comentario, o la más rara, pero siempre
potencialmente presente, de suprimirlo.
5) Y ese espacio es el que asegura la interactividad de los blogs, es
el pequeño espacio de libertad de los escrilectores. Un comentario por
email es una comunicación privada entre un lector, y como me decía la
primera persona desconocida que me envió uno, da un poco de corte. Por
otra parte, nada asegura que ese comentario vaya a ser publicado. De
hecho, yo no los publicaba, al no especificar los remitentes que
querían añadirlos a la página (cosa que es facilísima de hacer, aunque
se volvería latosa si se volviesen demasiados). Vamos, que cada medio
ya dicta su propio nivel de intensidad: comentarios de pasada que ni el
remitente sugeriría colgar ni el administrador colgaría de por sí, por
extremada que fuese su vanidad, o su afán de exhaustividad, aparecen
así espontáneamente en las páginas y les dan un carácter que no
tendrían con ningún otro medio. Por lo mismo, se crea un espacio
interactivo que es respetado por el administrador (aunque cada cual
tiene su límite), y así cosas desagradables que se verían ignoradas o
censuradas si llegasen a través de una comunicación privada, también se
dejan en la página, y las tijeras de la censura, si bien siempre
planean sobre el blog, funcionan menos de lo que cabría esperar.
6) Pero las tijeras de la censura, quien crea que no las hay, ja.
Planean sobre nosotros, a modo de buitres, y ese planear es una primera
manera de actuar que tienen, a diversos niveles... Primero están las
autoridades judiciales. Segundo, la plataforma que no se compromete a
nada y no quiere contenidos inadecuados en su seno. Tercero, el
administrador, con su botoncito de "suprimir". Cuarto, el nickname,
señal de que todos tenemos algo que temer, o que ocultar. Quinto, el
censor interno, el de uno, y el de otro...
The net, like liberty, will be restrained By the same laws which first our nature ordained.
This paper undertakes an analysis of the narrativity of a form of
discourse which has appeared recently (blogs) within the framework of
an emergentist theory of narrativity and its discursive modes. The
narrative/discursive characteristics of blogs emerge from a preexistent
ground of more basic or less specific communicative practices; and
narrative discursivity itself is an emergent phenomenon with respect to
other cognitive and experiential phenomena. A number of formal and
communicative characteristics of blog writing and of the blogosphere
are discussed as emergent modes of experience within the pragmatic
context of computer-mediated communication. BLOGS AND THE NARRATIVITY OF EXPERIENCE
Online
now at Academia.edu (WARNING! - 88 pages)
(There's a shorter audio summary before the paper)
Spanish abstract: Propondremos aquí un análisis de la narratividad de una forma
discursiva recientemente aparecida, como son los blogs, en el marco de
una teoría emergentista de la narratividad y de sus modalidades
discursivas. Las características narrativo-discursivas de los blogs
emergen de una base previa de prácticas comunicativas más básicas o
menos específicas. Y la narratividad discursiva misma es un fenómeno
emergente con respecto a fenómenos cognoscitivos y experienciales que
le subyacen necesariamente y son la base sobre la cual definir su
carácter emergente. Es decir, ha de haber procesos para que exista la
posibilidad de que haya representaciones procesuales, y estas
representaciones han de existir en formas simples antes de dar lugar a
formas narrativas complejas, asociadas a contextos culturales y
comunicativos específicos—como por ejemplo el desarrollo de la
escritura interactiva en la Red.
Este artículo existe en varias versiones, largo y corto, impreso y en
red, en inglés y en español, autopublicado y reeditado. Aquí está una
lista (espero que completa) de sus Apariciones:
_____.
"Los blogs y la narratividad de la experiencia." Net Sight de José Angel García Landa 2007-2008.
_____. "Los
blogs y la narratividad de la experiencia." Short version. In Estudios sobre el texto: Nuevos enfoques y
propuestas.Ed. Azucena Penas and Rosario González. (Studien zur
romanischen Sprachwissenschaft und interkulturellen Kommunikation, 56 – series
ed. Gerd Wotjak). Frankfurt a/M:
Peter Lang, 2009. 303-22.*
_____. "Los
blogs y la narratividad de la experiencia." In Estudios sobre el texto, ed. Azucena Penas and Rosario González.
Online at Google Books
_____. "Blogs
and the Narrativity of Experience / Los blogs y la narratividad de la
experiencia (Spanish)." Online PDF (short version from Estudios sobre el texto) at SSRN 18 June 2011.*
Es una reseña retrospectiva y crítica del libro de Marshall McLuhan La Galaxia Gutenberg (1962), un texto clásico de los estudios mediáticos, que
versa sobre el impacto cognitivo y comunicativo de los medios de
comunicación, la imprenta como el primer medio de comunicación de masas,
y la revolución de las comunicaciones electrónicas en el siglo XX.
Presto ahora especial atención a la relevancia de las ideas de McLuhan para la
comunicación en red, páginas web, blogs, etc., así como a las
limitaciones de sus planteamientos desde la perspectiva actual.
—oOo—
ABSTRACT This is a
critical retrospective review of Marshall McLuhan's book The Gutenberg Galaxy (1962), a classic of media studies. McLuhan deals with the
cognitive and communicative impact of media, with the printing press as
the first medium of mass communication, and with the revolution of
electronic communications in the twentieth century. I summarize or quote
McLuhan's main tenets, and in my review I am especially attentive to
the relevance of his ideas for computer-mediated communication,
websites, blogs, etc., as well as to some limitations of his ideas which
have come more clearly into view in hindsight. [less]
Intimacy describes our relations with those people, places, creatures,
and things to which we feel the deepest, most powerful or most abiding
connections. The multiple ways in which we experience intimacy today
draw attention to the complex patterning of closeness and distance that
has always unconsciously structured our cultural, social and political
practices. There have long been forms of distant intimacy—staying ‘in
touch’ via the drama of epistolary exchanges or through sound waves
emanating from a telephone—but recent technological developments,
increased travel, the expansion of migration and immigration, and
instantaneous virtual communication are fundamentally reshaping our
understanding and experience of the proximity of bodies, sentiments, and
ideas. Social networking and the democratization of modes of
communication and media have had a profound significance for the
experience of community, collectivity, and affinities; at every level,
from the family to the nation, our sense of belonging is being redefined
in ways that affect our daily experience but remain difficult to
comprehend.
One can see evidence of the new distribution of intimacy everywhere: in
the immediacy of a rock concert, one witnesses people en masse recording
the spectacle for friends not present; on public transit around the
world, passengers make connections to different elsewheres via
newspapers, music, text messages, and mobile phone calls; and in
political protests (as evidenced by the Arab Spring and recent dissent
in Turkey), which have been reshaped by the use of technologies that
are, for a new generation, part and parcel of everyday life. Intimacies
of friendship, collectivity, love and belonging are being substantially
redefined through the devices in our hands and a global infrastructure
that supports instantaneous sharing.
Banff Research in Culture (BRiC) 2014 will investigate the cultural,
social, and political repercussions of “distributed intimacies”—the
processes and outcomes of new forms of mediation that have reshaped how
we relate to one another, imagine ourselves as parts of groups, and
constitute communities. Given the fractal character of our
subjectivity—the ways in which we are necessarily the outcome of
networks of intersubjective relations, experiences, and concepts—how are
our intimacies constituted by the ways we live? What are the modes and
machines by which intimacies are distributed, and what determines their
intensities? How does the global distribution of goods, ideas and
affects across oceans and continents shape forms of intimacy, belonging
and community? What forms of intimacy feel inescapable? What impedes
intimacy from flourishing? Are local scenes and forms of collectivity
(e.g., non-traditional families, polyamory, activist movements,
alternative forms of political practice) enabled by new forms of
distributed intimacies? In what ways do contemporary cultural and art
practices participate in the distribution of intimacy? To what extent
are our intimacies segmented, remote-controlled, and apportioned, and
can we redefine these distributions without lapsing into a nostalgic
primitivism? Finally, what does distributed intimacy imply for social
change as well as for the politics of shaping one’s own self in relation
to others?
We look forward to receiving compelling and original project proposals
from thinkers and creators working on a wide range of projects.
Multiphrenia: The condition, largely attributed to technologies
that increase social contact, of being simultaneously drawn in multiple
and conflicting directions. (Kenneth J. Gergen, The Saturated Self)
"Social saturation" is Gergen's term for ordinary people living
with constant change, bombarded by electronic messages, open to a vast
range of personal relationships. Under this sensory assault, the self as
a known entity breaks down and the post-modern woman or man, cast
adrift in a world of limitless possibilities, advances from the
"pastiche personality" to the energy vortex of the "relational self"
("the relationship replaces the individual as the center of human
action"). This dizzying scenario is anchored by a discussion of
"self-reflective" movies and TV shows (Woody Allen, David Letterman ) ,
coalescing artistic genres, anthropological comparisons,
deconstructivism, with examples drawn from popular culture. Swarthmore
psychology professor Gergen touches raw nerves, scrutinizing unmoored
selves naked to experience in this highly stimulating, mind-expanding
original work which dusts away the cliches surrounding that tiresome
phrase, "the post-modern condition."
A review by H. A. Jones in Amazon:
The Saturated Self by Kenneth J. Gergen, Basic Books (Perseus); 1991; 2nd edn. 2000; 320 ff.
`The
thesis of this book is that the process of social saturation is
producing a profound change in our ways of understanding the self.' It
is written by a psychologist who is Senior Research Professor at
Swarthmore College, Pennsylvania.
Gergen's idea is that we are
now being subjected to excessive social stimulation, both at work and in
our `relaxation' hours by the demands of our work itself and work
colleagues, who are continually making greater demands upon us for their
satisfaction and professional advance; by our partners and children,
who also want to lead full and active lives; and even in the time we set
aside for relaxation because commercial enterprise has endeavoured, in
its quest for profits, to tempt us with ever more exciting opportunities
for enjoyment.
Our self-image is continually under review as new
opportunities for work, play and belief present themselves. We are
becoming overwhelmed even by the technologies provided for our benefit -
telephones, computers, television, CDs, DVDs . . . Even some relatively
recent inventions, such as video and tape recorders, are already
obsolete. Instead of real relationships with actual people we have
vicarious relationships with characters on our TV screens, or virtual
relationships on-line with 'friends' on social networking sites.
We
now have 24-hour radio and television channels and 24-hour shopping.
Sunday used to be a day of rest in Christian countries but now is little
different from any other day of the week. When the whole of society
around you is immersed in such activity, it becomes more difficult to
remove yourself from it. Marriages, close-knit families and lifelong
friendships have now become replaceable by transient relationships. In
the absence of meaningful human interaction, we are now increasingly
attracted to relationships with these material things.
The result
has been that many of us are experiencing social exhaustion. Gergen
believes that this is a prime factor in the development of the New Age
movement, where people are increasingly attracted to eastern mystical
philosophies of quietude and reflection. Nostalgia for simpler past
times is a feature of this same mind-set, because the dreamy ethos of
Romanticism in the 19th century has been replaced by hard-edged
scientific and technological realism in the 20th. For the romanticist
conception of the self `is a perspective that lays central stress on
unseen, even sacred forces that dwell deep within the person, forces
that give life and relationships their meaning.' Depressingly, Gergen
feels that this process of social saturation is far from complete.
This
is a challenging and thought-provoking book. The author says his aim is
`to offer insight into current academic debates to those outside the
tower.' However, the breadth and depth of this monograph make it best
suited to graduate students in a wide range of disciplines - philosophy,
psychology, sociology. There are even perceptive comments on Romantic
to postmodern art, music and literature. For the non-academic, this
level of scholarship may prove intimidating. For those who stay the
course, there are copious Notes and an Index at the end of the book.
From The Saturated Self:
"As one casts out to sea in the contemporary world, moorings are slowly left behind" and "it becomes increasingly difficult to recall precisely to what core essence one must remain true" (1991: 150).
Cincuenta años se cumplían este año de La Galaxia Gutenberg de Marshall
McLuhan. Hay que leeerlo aunque sea con cincuenta años de retraso. Y si
no por lo menos mi "surfer's guide" al libro, que según veo aparece en
el Cognition & Culture eJournal. De la SSRN.
Viendo una película me gusta fijarme en lo que a falta de
mejor nombre llamo el momento
fílmico de la película. El término y concepto lo derivo de lo
que J. Hillis Miller llama el
momento lingüístico en las obras literarias—definido a grandes
rasgos como un fragmento, escena, episodio o párrafo en el que la obra
exhibe su lenguaje y sus convenciones estéticas de modo llamativo.
Podría tratarse de una maniobra metaficcional que problematiza un texto
realista, o de un artificio estilístico que por lo llamativo resalte
sobre el texto, constituyendo un momento de creatividad especialmente
interesante. Con
frecuencia el momento lingüístico es un momento reflexivo: la escritura
se vuelve por así decirlo sobre sí misma, para autoanalizarse, para
mostrar sus reglas a veces por la vía de la excepción, baring the device, o
para plantear una paradoja que nos haga reflexionar sobre las
convenciones
literarias, o de representación, que se han seguido en el texto. El
momento lingüístico es, con frecuencia, un momento metalingüístico, en el que la
densidad retórica del lenguaje o la complejidad del juego de la
representación atrae la atención, a veces para deslumbrar al lector con
un virtuosismo estilístico en el que el acróbata del lenguaje aterriza
de pie, y a veces para abrir un espacio insondable o irreal de
paradojas, un laberinto de espejos o un agujero negro de la
representación. También leyendo novelas o poemas, o viendo obras
teatrales, estoy atento al momento lingüístico o a lo que podríamos
llamar de modo más general el momento
semiótico en el que el sentido del texto además suele revelarse
de manera especialmente interesante.
El momento fílmico, entendido
como una variante del momento
semiótico en el arte cinematográfico, tiene que ver con aquellas
dimensiones de la representación que son más puramente fílmicas. Puede
haber un momento lingüístico
en un guión cinematográfico, en los diálogos de los personajes
pongamos, pero estoy pensando en un juego de representación más
específicamente cinematográfico, que tenga que ver con la imagen
especialmente, y si no con la interacción multimedia de sonido, música,
palabra, argumento, puesta en escena, actuación y juego de cámara que
es característica de la complejidad mediática del cine.
Por ejemplo, un
momento fílmico me viene a la cabeza, en el Hamlet
de Kenneth Branagh, cuando
el rey y Polonio están escondidos espiando a Hamlet en una sala de
espejos, y éste habla su monólogo ante el espejo, y rasca el cristal
con la punta de su daga. Es un tratamiento de la escena muy acertado,
pues a la reflexividad propia de la reflexión monológica, se suma la
autocontemplación en el espejo, reforzándola con una metáfora visual; y
el espejo transparente actúa como un símbolo de la "cuarta pared"
virtual que separa a Hamlet de sus espías, el Rey y Polonio, cuyo papel
es ya reflexivo-teatral pues está construido usando y complicando la
situación del público teatral convencionalmente invisible para el
actor.
Por otra parte, la pantalla de cristal es especialmente adecuada
como metáfora de la pantalla cinematográfica—y aún más de la
televisiva. Su transparencia unidireccional es precaria—ellos ven a
Hamlet, y apenas pueden creer que Hamlet no los esté viendo, y en
efecto está muy al tanto de ellos, tanto que el espectador en la sala
no se siente más a salvo del agudo ingenio del príncipe. Hamlet habla
su monólogo de espaldas a la cámara, y es su reflejo quien lo
pronuncia—la proximidad creciente de éste, a medida que Hamlet anda al
espejo (hasta rozarlo con la punta del estilete en el momento clave)
también sugiere una intensidad reflexiva mayor, un autoexamen más
profundo, en especial cuando perdemos de vista al personaje "real" y es
el reflejo sólo quien ocupa la pantalla, amenazando con mirarnos
directamente a los ojos—si bien no llega a hacerlo en esta escena.
En
otra
escena, Hamlet presiona el rostro de Ofelia contra el cristal,
reprochándole su doble juego— y filmada desde el otro lado, aparece su
imagen prensada por así decirlo contra la pantalla del televisor, o
contra los límítes de su mundo de ficción—como si los personajes
buscasen un conocimiento que la obra no puede contener, o una salida
fuera de ese mundo (esa cárcel de Dinamarca) que sólo encontrarán con
la muerte. Son dos momentos cinematográficos en Hamlet, en los que una dirección
inspirada trabaja sobre un texto que ya tiene de por sí un fuerte poder
metateatral, para potenciarlo con un juego de perspectivas muy propio
del cine.
Sin salirnos del Shakespeare cinematográfico, hay otro ejemplo de
momento intensamente fílmico en el Richard
III de Richard Loncraine (el de Ian McKellen). Ricardo recita
una vez más su monólogo—vemos que las escenas de reflexión se prestan a
esta reflexividad, decididamente— en un urinario, y se queja de su
propia imagen contemplándose en el espejo del lavabo, un tratamiento
sugerido por así decirlo por la alusión de texto a los espejos:
But I
that am not shaped for sportive tricks Nor made to court an amorous looking
glass, I that am rudely stamped and want
love's majesty To strut before a wanton amblign
nymph, I that am curtailed of this fair
proportion, Cheated of feature by dissembling
nature, Deformed, unfinished, sent before my
time Into this breathing world scarce made
up (I.i)
—Todo esto lo recita Ricardo mientras la cámara lo filma de espaldas de
tal modo que vemos su nuca desde 3/4 inclinada hacia el espejo, y su
rostro mirándose a sí mismo, visible para nosotros en el reflejo. En
este momento, el reflejo del espejo capta nuestra mirada—la de la
cámara. Es la primera de varias veces en esta película, pero en este
punto esto supone una llamativa ruptura de la regla clásica que declara
invisible la cámara y "prohíbe" a los personajes mirar a la pantalla,
para contener más la ficción en sí misma. Ahora el reflejo de Ricardo
mira directamente a la cámara, y la intensidad del momento se hace
mucho más vívida cuando de repente Ricardo se vuelve, da la espalda al
espejo y mira directamente esta vez sí a la cámara, ahora él mismo y no
su reflejo, una intensidad potenciada por una cierta transgresión de
nivel semiótico—es como si Ricardo se saliera del espejo, y por
extensión de la misma pantalla, para situarse en nuestro mismo plano de
realidad. Es sabido en qué medida este personaje se hace de modo
indeseable e invasivo con la complicidad del público y nos sitúa en una
incómoda proximidad a sus actos y sus percepciones—aquí el momento
fílmico no hace sino expresar con potencia inusitada esta estructura
básica de un personaje ya conocido.
No hace falta filmar Shakespeare para crear momentos fílmicos. En una
película de suspense de Demi Moore, Half Light, escrita y dirigida
por Craig Rosenberg, hay un momento fílmico muy vívido, comparable al
que acabamos de describir. Ocurre en un momento en el que el personaje
duda de su sentido de la realidad, y no consigue comprender el status
real o imaginario de los terrores o apariciones que la acosan. Para
expresar la intensidad de su desorientación, la cámara gira alrededor
de la protagonista en un momento en el que ésta se está mirando en un
espejo. Y la cámara traspasa de modo imposible el plano del espejo, y
nos muestra "desde el otro lado" lo que antes veíamos en el reflejo, y
ahora vemos desde dentro del espejo, el rostro traspuesto de la actriz,
cuyo sentimiento de irrealidad ha sido transferido al espectador
mediante esta transición imposible entre dos planos. Es de notar que la
cámara no vuelve a salir del espejo para volver al mundo "no reflejado"
en el que venía teniendo lugar la acción, quizá una manera de sugerir
que en el cine todo es reflejo e imagen, y quizá en la realidad
también.
En Saraband, la última
película que dirigió Bergman, hay un momento fílmico que también usa
otra representación como apoyo—muchas veces estos momentos son un juego
de representaciones en distintos medios, estableciendo relaciones
paradójicas entre ellas. Al comienzo de la película, Marianne,
divorciada de Johan hace muchos años, repasa mentalmente su vida. Los
dos son ya ancianos (ya eran viejo matrimonio divorciado en Escenas de un matrimonio); sus
hijos no han tenido suerte, ni los que tienen en común ni Michael, el
hijo, sesentón ya, de Johan. Marianne contempla el pasado sentada ante
una mesa con cientos de fotografías, que siempre son de gente más
joven, las fotografías—una muestra la casa donde vive Johan, al cual va
a visitar de modo inopinado. Se queda unos días con él, y el espectador
descubre la frialdad inhumana y desinterés de Johan por sus hijos—y aún
más, el desprecio y odio visceral que siente hacia Michael, el único
que vive cerca de él. La razón para odiarlo parece ser que de niño era
un niño gordito que lo miraba con devoción "como un perro"—ahora
Michael es un hombre amargado y destructivo, y un abusador
despreciable. A Marianne, demasiado comprensiva y fría a su manera,
nada la altera mucho—ni este odio ambiental, ni el descubrimiento de
que Michael tiene una relación incestuosa con su hija Karin. La
historia termina con Karin abandonando a su padre, con el intento de
suicidio de éste, y con Marianne al fin de su visita, abrazando desnuda
en la cama a Johan que sufre un ataque de angustia (es lo menos que
merece —el ataque de angustia digo). Aún habrá una escena en la que
Marianne visita a una hija, demente, en un sanatorio, y siente por vez
primera en su vida algo de cariño y proximidad hacia ella.
Pero vamos
al momento fílmico que al que me refería. Se encuentra justo después de
la escena en la que Marianne se acuesta con Johan, uno de los momentos
inolvidables de su visita. La pareja está filmada desde arriba,
arropados en la cama, Johan a la izquierda, Marianne a la derecha, y la
cámara es de suponer que en el techo, pero inexistente naturalmente,
pues la película sigue un código fílmico realista, casi de teatro
filmado para televisión en su parquedad estilística. La imagen de
repente se vuelve una fotografía, queda congelada en el tiempo —así
funciona la memoria selectiva, y por eso la fotografía le dice algo a
la memoria— se vuelve en blanco y negro la imagen, y pasa a ser una de
las fotos que Marianne tiene en la mesa, pues antes de cerrarse la
película volvemos a la mesa con los cientos de fotos con Marianne
rememorando delante.
Esa foto que ahora tiene Marianne en la mano, y
que deja con las demás, es una fotografía imposible, según el código
hasta ahora seguido por la película, pero también viene a decirnos que
quizá las otras fotos tampoco existan sino como alegorías de la
memoria, del pasado que queda almacenado con la edad y con los
recuerdos.
Las últimas películas de Bergman son películas sobre la
vejez, también, y sobre la rememoración que va unida a ella. Algunos
artistas hacen un uso hábil de esta asociación natural entre fotografía
y vejez (la muerte contenida en la fotografía, que decía Barthes)—se me
ocurre el caso de Vladimir Nabokov en "Signs and Symbols" (—ver "Out
of Character: Narratología del sujeto y su trayectoria vital"),
donde la anciana protagonista también mira fotos y rememora. La
reflexividad de esta maniobra metaficcional, la aparición de una foto
imposible entre la colección, viene ya anunciada, claro está, por el
monólogo de Marianne al principio de la película, cuando se dirige a la
cámara a modo de parlamento teatral, o como si fuese un caso de Bergman
imitando a Woody Allen y no al revés.
Cada película puede tener varios
momentos de intenso carácter fílmico, claro, pero a veces unos trabajan
para hacer posibles otros. Aquí el monólogo de Marianne viendo la
colección de fotos prepara la génesis de la fotografía inexistente,
cuya propia imposibilidad (o su posibililidad exclusivamente fílmica)
revierte sobre la escena de rememoración ante las fotos, convirtiéndola
en una rememoración ante una vida vivida fílmicamente—en parte, claro,
la vida del propio Bergman. Pero también toda vida recordada desde la
vejez, pues si la vida es nuestra película personal, los fragmentos de
la misma son desde luego fotografías vistas en retrospección.
Muy interesante. En este texto de Polibio que comento puede captarse una alusión que expresa la opinión de un historiador crítico sobre estos “noticiarios” primigenios del Imperio Romano: http://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/logicadela.html