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sábado, 26 de noviembre de 2016

Retropost #1235 (26 de noviembre de 2006): Casino Royale


Casino Royale

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

No es un remake de Casino Royale la película, sino una adaptación de Casino Royale la novela. Y se ve muy bien, a pesar de lo larga, con ciertos fallos de ritmo al final, cuando parece que ha acabado el argumento, sólo para volver a complicarse cuando la chica Bond resulta ser (cómo no) traicionera. Y mientras, los ingredientes de costumbre, lujosos hoteles y mansiones de magnates del crimen, tecnología punta o futurista (ya ni se sabe), violencia a mansalva, persecuciones espectaculares, intrigas detrás de intrigas. 

Destaca una secuencia inicial de persecución estilo parkour por una ciudad africana, y destacan por lo bajo las secuencias de partidas de póker excesivamente largas... pero claro, estamos en Casino Royale. Los caballeros con esmoquin juegan partidas interminables y se tratan con cortesía exquisita y glacial en el salón público del hotel, pero cuando se levantan de la mesa a hacer un descanso, y se meten en la trastienda—pues toma brutalidad, espadazos, karate a las costillas, despeñamientos por las escaleras, tiros a quemarropa—hasta que vuelve a empezar la partida y todos se vuelven a sentar en un ambiente de aparente normalidad, tras haberse cambiado a toda prisa la camisa empapada de sangre; con los moretones y cortes en la cara no sé qué hacen. 

Esta es la manera propia que tienen las películas de Bond de acercarse críticamente a la realidad: la cortesía y lujo del Occidente internacional de terminal de aeropuerto y gran hotel, parecen decirnos, no son sino el barniz superficial que cubre la realidad de las cosas, los contactos inconfesables entre los poderosos y el crimen organizado, las guerras industriales y la manipulación de las inversiones (capitalismo viril); el caballero bien trajeado no es sino una fiera inhumana que lucha a muerte y sin piedad en las bambalinas de la realidad oficial, en un argumento que el espectador no acierta a entender bien (¿Estará M a sueldo de alguien? ¿Quién pondría la mano en el fuego?). La confusión argumental y las trampas detrás de trampas vienen a decirnos que estamos indefensos en el mundo, que no nos enteramos, que los resortes del poder están siempre más allá, que lo que percibimos como el orden mundial, o el orden público, o el orden de la comunicación, no es sino una apariencia cuya auténtica cara gentes más expertas y puestas y duras que nosotros (el propio Bond) tampoco alcanzan a desentrañar plenamente. Un mundo en el que los poderosos y admirados, las gentes de mundo, los ricos y sus bellas, son invariablemente canallas de la peor especie. Vestidos de Dior y tratando con soltura al servicio; eso sí.

Algunas cosas no me han gustado. Este Bond es un poco pipiolo (el personaje digo, no el actor, que está genial). Acaba de obtener su licencia para matar y la usa con demasiada ligereza para el gusto de Mm. M. Ésta echa de menos la guerra fría, y claro, no puede presuponerse que Bond conoce aquellos años, estamos empezando de nuevo sin ninguna referencia al pasado del personaje como agente secreto. (Algo que se requiere periódicamente, claro, en el caso de personajes clásicos como superhéroes etc.: la historia avanza y los va descolgando y dejando en un eterno presente imposible). Este Bond, como digo, parece que tenga un pasado, de acomplejado social, según la chica: la dureza de ambos resulta ser una máscara y al final se la quitan en parte, él más que ella, para revelar un corazon tierno y amador y deseoso de cambiar... pues no, hombre, que esto no me gusta; James Bond ni tiene que tener pasado, ni sentimientos; tiene que ser frío, superficial, imperturbable, imposible, una pura máscara sin nada debajo. ¿Bond enamorado, y con la hombría dañada? Anda ya. 

Me quedo con esa visión de un mundo de apariencias, charadas, traiciones, falsedades y máscaras detrás de máscaras. Pero sin autenticidad debajo, por favor, que la autenticidad aquí queda falsa, y lo falsea todo. Los sentimientos son para fingirlos... las chicas.

Casino Royale. Dir. Martin Campbell. Written by Paul Haggis, Neal Purvis and Robert Wade. Based on the novel by Ian Fleming. Cast: Daniel Craig, Eva Green, Mads Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Caterina Murino, Simon Abkarian, Isaac De Bankolé, Jesper Christensen, Ivana Milicevic, Tobias Menzies, Claudio Santamaria. Metro Goldwyn Mayer / Columbia / Eon / Danjaq / Babelsberg / Stillking / United Artists, 2006.






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lunes, 28 de marzo de 2016

Retropost #789 (27 de febrero de 2006): Etnicidades



Este fin de semana han caído visto dos películas sobre etnicidades, Crash y La Pantera Rosa. Bueno, vale, una más que otra.

En Crash, el director saca a relucir las cosas que piensan y normalmente no dicen los americanos sobre las características étnicas y políticas de grupo de las distintas comunidades estadounidenses; bueno, lo que dicen entre ellos pero (in mi experiencia al menos) cuidan muy mucho normalmente de decir en presencia de nadie de otra etnia. La diferencia es que en esta película no se cortan, con lo cual vemos una realidad filmada de modo realista pero con comportamientos un poco surreales a veces. Algunos de ellos encasillados en sus actitudes e incapaces de cambiar; varios de los personajes cuyas vidas se entrecruzan aprenden sin embargo una lección, normalmente tras enfrentarse a una situación límite. Y uno de los personajes, el policía joven que creía no ser racista (o por lo menos creía ser menos racista que la mala bestia de su colega), descubre para horror suyo que era tan capaz como el que más de cometer un homicidio por sus prejuicios racistas. Recoge a un autoestopista negro y acaba dándole un tiro de puro miedo tras una discusión. (No sé si hay una historia gay mezclada aquí: ¿podría ser?). Así se cumple la profecía del colega borde, cuando le dice que no era mejor que él. Y se demuestra la tesis de la película: que el racismo y la suspicacia son inherentes a esta sociedad multiétnica, que van más allá de las buenas intenciones o malas de los personajes y de su "política" explícita -- aunque la grosería gratuita de muchos haga suponer lo contrario a primera vista. Por contra, se nos hace ver cómo el poli malo salva a la misma negra (bueno, negra por decir algo) a la que había humillado a conciencia. Eso tampoco lo convierte en poli bueno, claro, aunque la cámara lenta parezca querer sugerir algo en esa línea ("cerdo racista pero buen (a) gente en realidad"). Hay que consolarse con que un negro criminal no llegue (al recordar sus raíces) a vender a un grupo de asiáticos como esclavos cuando se le presenta la oportunidad. Por cierto, que el único blanco que lo trata como a un igual (en el crimen) es el mafioso que le intenta convencer para que se los venda: allí no hay lugar para sensiblerías, parece decirle. Pero ni aun queriendo lo puede tratar como un igual, porque el negro lleva su historia a cuestas, quiera que no, y se niega a vender esclavos. (Je, será que no es de la línea pro-africanista, porque andá que los antepasados africanos no vendían esclavos ni nada). Eso sí, los llama "jodidos chinos", la política verbal aquí desde luego no la cuida nadie mucho. Menos mal que en la América real no andamos a este nivel de indiscreción y hay un poquito más de hipocresía, que si no...

Y luego La Pantera Rosa, con sus fgansesés con acsentós... La solución final del caso viene para Clouseau cuando recuerda lo que el espectador había interpretado como una escena cómica, y lo era. Había salido Clouseau entrevistando a una abuela china que le habla en chino, y él finge entender; esto se retoma en flashback, y nos sale subtitulado lo que la china decía, y vemos que Clouseau en efecto entendía chino, como había proclamado. Esto si que es humorístico, claro, aún más que fingir, saber chino: que un occidental, en efecto, sepa chino. Humor surrealista. Pues acabamos de pasar en el mundo los seis mil quinientos millones de habitantes, y uno de cada cinco es chino. Pronto uno de cada cinco aquí.

Aún me acuerdo de esos tiempos, no tan lejanos, en los que se decía que los españoles no somos racistas. Me parece que a nadie se le ocurre ya repetir esas cosas; en lugar de eso estamos aprendiendo la hipócrita y prudente discreción sobre etnicidades que tan ensayada tienen los americanos.



(PS: Vaya, observo que triunfa Crash en los oscars: debe ser el optimista mensaje de reconciliación que transmite tras un duro planteamiento inicial. Si ya lo decía Jameson --Fredric, no J.J.: la función ideológica de la narración es dar soluciones imaginarias a problemas reales...).




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lunes, 14 de marzo de 2011

En el Valle de Elah


Es ésta una película antibelicista, o quizá más bien antimilitarista, combinada con investigación de un crimen. En general, la estructura del thriller detectivesco se adapta bien a combinarla con un trasfondo "de mensaje", pongamos por ejemplo en Silver City de John Sayles, película contra la corrupción e intereses societarios ocultos tras la política—o en esta película, El Valle de Elah, en la que también se investiga una muerte. En este caso es el asesinato de un soldado, Mike Deerfield, recién vuelto de Irak a su base en USA. La investigación la llevan un poquito y de mala gana los militares, un poco más una voluntariosa agente de policía con problemas en el trabajo (Charlize Theron), y sobre todo la lleva adelante el padre del soldado, Hank (Tommy Lee Jones), investigador militar retirado, que se encabezona en seguir pistas que a los demás no les parecían tales.

Es una película un poquito "con sorpresa" pero a la manera clásica: la de esos thrillers provenientes de la antigüedad, como Edipo Rey. Al igual que allí el rey detective descubre que él mismo era el criminal que andaba buscando, aquí el viejo soldado descubre que es él quien ha enviado a su hijo a la muerte. Bueno, en cierto modo ya lo sabía (y por si acaso quisiera olvidarlo, se lo recuerda su mujer), pero a lo largo de la película se van viendo las implicaciones profundas de los valores y la personalidad del padre, que había hecho seguir a sus dos hijos sus pasos en el ejército (el anterior también había muerto años antes).

Lo que va descubriendo el padre no es sólo su propia implicación, sino también cosas desagradables sobre su hijo que hubiera preferido no saber, pero a las cuales quiere enfrentarse por conocer la verdad (una actitud prefigurada cuando le aconsejan que no vea los restos destrozados y carbonizados de su hijo, pero los mira, y también permite que los vea su esposa, y maldito el bien que les hará....).  El argumento nos hace suponer que hay algún trapo sucio de las autoridades, pero al final el trapo sucio acaba siendo el ejército como tal. El asesinado Mike, hijo ejemplar, llevaba en el ejército una vida brutal y estúpida, de puterío, drogas y borrachera, y se había convertido en un auténtico sádico (lo llamaban "Doc" porque en Irak se divertía hurgando en las heridas de los prisioneros haciendo ver que los curaba). Esto como quien no quiere la cosa, en un ambiente de chavalotes gamberros al borde del nazismo. Y es, para la película, el ambiente habitual y normal de la soldadesca en tiempo de guerra.  El padre lo va redescubriendo fragmentariamente en los vídeos que van reconstruyendo del teléfono móvil de Tommy. En sus tiempos, al parecer, el ejército no era así, y eso que éste debió de pasar por Vietnam. En todo caso, su investigación le lleva claramente más allá de donde pretendía llegar—pero el personaje no reacciona por ello, es impávido—a lo más que llega es a comprender lo que hay, y a colgar la bandera americana al revés en señal de desesperación.  Pero el mensaje va dirigido al espectador más bien que al protagonista.

Lo del Valle de Elah es un tanto indirecto, pero da (cómo no) la clave de la película. Se refiere a David derrotando a Goliath en el valle de Elah, lección de valor y sangre fría, etc.— Es una fábula que le contaba Hank a su hijo, para su formación militar, y que aquí le cuenta una noche al hijo de la detective, un niño que anda a la búsqueda de role model o figura paterna. El niño pronto pide una honda—y la detective comenta "por lo menos no es una escopeta de pistones", ya resignada al mundo violento y americano en el que le va a tocar crecer. El propio Hank no parece que capte del todo las limitaciones de su fábula del Valle de Elah (pues a Estados Unidos mal le sienta el papel de pequeño David frente al Goliath iraquí). O al menos no le queda a Hank margen de acción para remediar el pasado, ni el futuro. 


No es una película esperanzada, y en ese sentido está vacía de militarismo patriotero: como sucede en Full Metal Jacket, de Kubrick, en el ejército no aprendes aquí a hacerte hombre y a descubrir la humanidad con tus compañeros, a través del sufrimiento—la lección de tantas películas bélicas... No: en Full Metal Jacket o en El Valle de Elah aprendes tan sólo a embrutecerte, toda una educación mal encarada. Lo peorcito del barrio va al ejército—al final vemos en ésta alistarse al tarado cazurro que les sacaba los ojos a las gallinas en la granja, y seguro que se adapta a las mil maravillas al grupo homosocial de reclutas. 

Uno de los colegas de Mike (los que lo asesinaron en una pelea tonta) recomienda como solución al problema de Irak sencillamente volatilizar el país. Y bueno, Bush casi lo hace. Esta es una película contra esta clase de América, y revela detrás de la gente de orden y disciplina del ejército, y del patriotismo de escaparate y bandera (encarnados en lo que ha sido Hank) el embrutecimiento moral de las vidas de los soldados, y las consecuencias de esta estructura de la sensibilidad a la hora de ir a hacer de policía del mundo.

In the Valley of Elah.
Dir. Paul Haggis. Screenplay by Paul Haggis, based on a story by Mark Boal. Cast: Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Jason Patrik, Susan Sarandon, James Franco, Josh Brolin, Wes Chatham, Jake McLaughlin, Jonathan Tucker, Wayne Duvall, Victor Wolf, Brent Briscoe. USA: Warner Independent Pictures / NALA Films / Summit, 2007.





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