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domingo, 22 de diciembre de 2024

Qu'est-ce qui n'existe pas?

 Qu'est-ce qui n'existe pas ?


lundi 05 novembre 2018

 
Descriptif

Conférence de Markus Gabriel (Université de Bonn, Allemagne) dans le cadre des Lundis de la philosophie 2018-2019.

Je défendrai la thèse que l’ontologie des « champs de sens » est capable de répondre à l’énigme éléate de la non-existence. Je défends un relativisme ontologique selon lequel ne pas exister est exister autre part, c’est-à-dire dans un autre « champ de sens ». Certes, il ne s’agit pas d’une non-existence absolue, pourtant il n’y a pas non plus d’énigme éléate. Ma solution diffère dans le détail de solutions similaires proposées par Platon ou Bergson en ce qu’elle dénie l’existence d’un univers total d’entités prises en bloc.

domingo, 27 de agosto de 2023

Newton y dos manzanas

 


 

Montejo Bernardo, José Manuel. (U de Oviedo). "¿De verdad recibió Newton un manzanazo?" The Conversation 27 Jan. 2019.*

         https://theconversation.com/de-verdad-recibio-newton-un-manzanazo-110529

         2023

 

 

 

Comentario que pongo a este artículo...

El golpe de la manzana no tendrá autenticidad histórica, pero se ha impuesto a la imaginación por su verdad poética, como símbolo adecuado del momento "eureka" en el que una idea surge súbitamente en la mente y transforma el campo de la atención—haciéndote pasar de la abstracción distraída a la concreción de un campo gravitatorio en acción. Falta desarrollar la imagen, y hacer que Newton muerda la manzana, cerrando (o reabriendo) el círculo con la manzana de Eva, en un nuevo 'asalto a los cielos' reforzado esta vez con la argumentación matemática de los 'Principia'. Asalto a los cielos y también a la Tierra—porque Newton explica con una misma teoría el movimiento de la manzana y cayendo y el de la Tierra, falsamente inmóvil, que viene a ser una gran manzana que cae infinitamente hacia el Sol sin llegar nunca a él.  

 

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lunes, 11 de mayo de 2020

Confidence in Claims


Está a texto completo tanto en Academia como en Semantic Scholar este interesante libro de epistemología práctica (quiero decir contextualizada disciplinariamente), en el que además se me cita:



Baron, Richard. Confidence in Claims. 2015. Online at Academia.*
         2020
         Online at Semantic Scholar.*
         2020


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jueves, 30 de abril de 2020

George Herbert Mead - La Filosofía del Presente




La filosofía del presente, de George Herbert Mead. Traducción y notas de José Ángel García Landa. En red en Net Sight de José Angel García Landa. U de Zaragoza, 2006-9, new ed. 2020.*
         2009 DISCONTINUED 2019 – En red en el Internet Archive:
         2020
         2020





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sábado, 7 de marzo de 2020

Confiar en lo que se sostiene


Me cita Richard Baron en este libro de epistemología, sobre creencias, supuestos y certidumbre. Está el texto entero en red en su página de Academia.


Baron, Richard. Confidence in Claims. 2015. Online at Academia.*
         2020
 

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jueves, 26 de julio de 2018

Retropost (26 de julio de 2008): Constitución reflexiva de la percepción



Tras su análisis de la percepción en el capítulo 2 de la Fenomenología del Espíritu, describe Hegel, tomando un poco de distancia, lo que acaba de hacer en dicho análisis, y presenta esta descripción como modelo del funcionamiento reflexivo de la consciencia, con un lenguaje que (más que la versión del principio de indeterminación de Heisenberg, muy limitado a un contexto científico particular) muestra la implicación necesaria del sujeto y del propio instrumento analítico en la descripción que se da de los objetos.

En el análisis de la percepción había mostrado Hegel que lo que parecía conocimiento inmediato era de hecho un fenómeno complejo y relacional, donde uno tras otro los dos polos (el objeto percibido y el sujeto cognoscente) eran puestos en cuestión y mostrados como inesenciales—el objeto relativo a la manera en que es percibido con categorías universales, y a la experiencia que de él tiene el sujeto, y el sujeto como algo que transitorio cuya presencia no es necesaria y puede ser sustituida por la de cualquier otro sujeto frente a la permanencia del objeto.

Ante la insatisfacción teórica que produce esta descripción, la consciencia se ve llamada a dar una explicación todavía más compleja del proceso de percepción, y el primer paso consiste en reconocer el papel de la reflexividad tanto en el acto de percibir como en su análisis al que estamos procediendo. Es el párrafo 118 de la Fenomenología:

"La consciencia, por tanto, necesariamente recorre este ciclo otra vez, pero esta vez no de la misma manera en que lo hizo la primera vez. Porque ha experimentado en la percepción que el resultado y la verdad de la percepción es su disolución, o es la reflexión que parte de lo Verdadero para volverse a sí misma. Así queda claro ahora para la consciencia de qué modo se constituye esencialmente su percepción: a saber, que no es una pura y simple aprehensión, sino que en el proceso de su aprehensión a la vez se ve reflejada partiendo de lo Verdadero para volverse a sí misma. Este retorno de la consciencia sobre sí que está directamente mezclado con la aprehensión pura [del objeto]—porque este retorno sobre sí ha resultado ser esencial para la percepción—altera la verdad. La consciencia al punto reconoce este aspecto como suyo propio, y se hace responsable de él; haciendo esto, obtendrá el objeto verdadero en su pureza. Siendo esto así, tenemos ahora en el caso de la percepción lo mismo que ya sucedía en el caso de la certeza sensible, el aspecto de la consciencia remitida a sí misma; pero no en principio como sucecía en el caso de la certeza sensible, es decir, no como si la verdad de la percepción se hallase en la consciencia. Por el contrario, la consciencia reconoce que es esta misma falta de verdad de que se da en la percepción la que se debe a la propia acción de la consciencia. Pero precisamente debido a este reconocimiento  es capaz de superar esta falta de verdad; distingue su aprehensión de la verdad de la falta de verdad de su percepción, corrige esta falta de verdad y ya que emprende esta corrección ella misma, la verdad, en tanto que verdad de la percepción, naturalmente entra en el ámbito de la consciencia. El comportamiento de la consciencia que ahora hemos de considerar está por tanto constituido de tal manera que la consciencia ya no percibe meramente, sino que también es consciente de su reflexión hacia sí misma, y separa esto de la simple aprehensión propiamente dicha." (p. 72).
 
 
 

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sábado, 21 de julio de 2018

Retropost (21 de julio de 2008): Percepción primigenia


Estos días estoy a vueltas con la Fenomenología del Espíritu de Hegel, que va a ser uno de mis libros de cabecera del verano, para darle vueltas a este post sobre la crítica dialéctica. 
Bien, pues uno de los primeros movimientos de Hegel consiste en desconstruir la "inmediatez" de lo particular, reduciéndolo a lo universal, al concepto y al lenguaje. Es un movimiento que prepara, por cierto, mucho de lo que luego pasará en Derrida por perverso y original—hallar mediación y complejidad y semiosis allá donde otros ven sólo lo simple, directo, inmediato y presente. Gramatología avant la lettre.
Uno de los argumentos de Hegel (también Heidegger avant Heidegger) es etimológico. La percepción no es inmediatez y contacto del sujeto con lo individual y particular sin más, sino que está ya "always already" mediada por el concepto, por lo Universal. Para ello señala que la palabra alemana para "percibir", Wahrnehmen, nos remite a una relación con la Verdad, con la esencia de algo—de lo percibido, una verdad que se encuentra más allá de la particularidad accidental:
"al señalar este pedazo de papel, la experiencia me enseña lo que es de hecho la verdad de la certidumbre sensorial: lo señalo como un "Aquí", que es un Aquí entre otros Aquíes, o es de por sí un "simple estar junto de muchos Aquís"; es decir, es un universal. Lo capto entonces como es en verdad, y en lugar de conocer una cosa de modo inmediato, capto lo que es su verdad, o la percibo (wahrnehmen)." (§ 110, p. 66). 
Bien, pues este énfasis en la verdad de lo percibido es propio de la lengua alemana, y subraya un aspecto importante de la percepción. Mi padre reflexiona mucho últimamente sobre esta cuestión heideggeriana, el lenguaje como sedimento y depósito de conocimientos e intuiciones—sobre la cantidad de significados que están ocultos en las palabras, no puestos allí por casualidad, sino por la experiencia colectiva de las generaciones. Y por los accidentes, claro, que hacen que una lengua subraye lo que no subraya otra. Pinker, en The Stuff of Thought, dedica un bonito análisis a destripar y desacreditar la teoría de Sapir-Whorf según la cual el lenguaje determina el pensamiento, pero sobreviven a su análisis muchas de las maneras fundamentales ("obvias" o "redundantes") en las que el lenguaje orienta el pensamiento. Estos saberes etimológicos (e incluso las falsas etimologías a su manera) son una de las maneras en las que se da esa orientación del pensamiento por el lenguaje—al menos cuando la etimología es desenterrada o construida, y nos lleva a relacionar dos conceptos o aspectos de la realidad cuya relación pasaba desapercibida o era captada subliminalmente.
Volviendo (sin haber salido de allí) a estas cuestiones de captar y percibir, observaremos que en el verbo alemán wahrnehmen no sólo está wahr, sino también nehmen, "captar" o "coger" como dice Hegel. Y esta mitad de la palabra sí que la tenemos en común, porque percibir también contiene captar, en su origen latino, "per-capio"—"agarrar por, coger a través de".

La percepción sensorial incluye vista, oído, olfato, gusto y tacto. De estos, dos requieren un contacto y proximidad, el tacto y el gusto. Los otros sentidos actúan "a distancia" del objeto, es un decir. Vemos que la palabra que los engloba a todos, percibir (o "sentir") no remite a la distancia, sino a la proximidad—es decir, reduce la distancia a la proximidad, reduce "ver" a "coger con la vista" o bien "agarrar con el oído". Esto nos lleva al terreno de la semántica cognitiva—ahora hay mucho interés en lingüística (a menudo ignorante de lo ya dicho por Vico) en ver cómo el vocabulario de los sentimientos, o el de la psicología, está construido metafóricamente sobre otro vocabulario más básico, y deriva la expresión compleja de la simple.

Por emergencia necesaria, diríamos, lo complejo tiene que venir antes de lo simple, y sería interesante ver en qué medida puede considerarse que el lenguaje guarda así una huella del propio crecimiento de la complejidad: así, en percibir, el contacto táctil o la apropiación alimenticia (agarrar, para qué) viene primero, y la distancia, la mediación, viene despúes, igual que en las formas simples de vida lo táctil tiene primacía evolutiva sobre lo visual. Como lo visual ("Ah, ya veo") tiene primacía sobre lo conceptual o intelectivo.

(Vaya, veo que en este punto estoy de acuerdo con George Herbert Mead. En el capítulo 2 de su Filosofía del presente que estoy traduciendo, nos dice sobre la percepción que "La experiencia a distancia es la promesa de la experiencia de contacto. El algo que podemos agarrar es la sustancia a la cual pertenecen las cualidades del sonido, el color, el sabor y el olor.")

Una lingüística conceptual bien enraizada (raíces con tierra antes que derivaciones especulativas) tendría así que enlazar de modo consiliente con una teoría no digo ya del origen del lenguaje, sino con una teoría de la evolución de la vida y de la percepción, y con una teoría cosmológica que nos dice qué cosas vienen primero, y cuáles captamos primero.






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domingo, 14 de enero de 2018

Retropost #1958 (14 de enero de 2008): Enfermedad profesional

Es conocido mi interés (puramente académico) por la vanidad. En lo que no había caído es en que se trata de una enfermedad profesional. En Fírgoa: Universidade Pública hay un interesante artículo sobre esto, y otras cuestiones: sobre la evolución de la Universidad, y sobre el cambio en la figura del profesor e investigador: José Carlos Bermejo Barrera, "La traición de los profesores y la pérdida de la dignidad académica". En línea con las diatribas de Julien Benda contra los "clérigos" que se metían a comisarios políticos—aquí se denuncia también el abandono de su "espacio propio", el conocimiento, especialmente en estos años de privatización de la Universidad.

Se trata únicamente de analizar cómo los profesores universitarios se han definido a sí mismos en relación con el cultivo del conocimiento, con el poder político y con la riqueza, y cómo, en un determinado momento histórico (a partir de comienzos del siglo XIX europeo) consiguieron crearse un espacio social propio en el que lograr su reconocimiento social a partir de su trabajo y su labor específicos.

Ese fue el espacio académico, del que se derivó en otros tiempos un prestigio social que se desprendía del reconocimiento, tanto por parte de las comunidades académicas como por parte del cuerpo social, de un conjunto de valores propios de las universidades, diferentes de los valores políticos, y por supuesto del valor básico de la economía: el valor de cambio.

Aunque, por matizar, creo que no existe una oposición tajante, sino más bien un continuo, entre los valores académicos y el valor de cambio. Porque el reconocimiento académico también es una forma de valor de cambio, al haber una cierta circulación, todo lo indirecta que se quiera entre el prestigio intelectual y profesional, y la influencia política o los beneficios monetarios que le acompañan.

Traza Bermejo una genealogía del "intelectual" (desde los escribas, los sacerdotes y los filósofos griegos) y de su autoimagen. A San Agustín se remonta el análisis de la libido académica, que lleva a distinguir entre "profesores monjes" (los clérigos de Benda, interesados por el saber mismo) y "profesores cortesanos", en los que su actividad va subordinada al poder político o económico. De Pierre Bourdieu importa Bermejo el concepto del prestigio como ideología (—y por aquí llegamos a la vanidad). Es interesante cómo se reorganiza el prestigio en la era del trabajo en equipo y la investigación a base proyectos organizados y cuantificados (cuantificados en su financiación y en sus índices de calidad, a veces indistinguibles):

En ese mundo de la producción científica masiva ya no existen figuras de grandes pensadores o científicos, sino grupos de científicos industrialmente organizados, y de aquí se deriva un problema.

Ya no existe la distinción intelectual entre grandes, medianos y pequeños científicos. Sin embargo los científicos tienen que ser jerarquizados. En primer lugar por razones económicas e institucionales, y en segundo lugar por motivos académicos y psicológicos.

Todo científico busca el reconocimiento, pero es imposible encontrarlo destacando en esa enorme masa de trabajadores anónimos de la ciencia. Por ello se han establecido criterios de distinción, o excelencia, de tipo cuantitativo, que han llevado a desarrollar un sistema absurdo de clasificación de trabajos (Bermejo Barrera, 2007, pp.2 1/40). En ese sistema, tal y como hemos analizado, desaparecen los criterios cualitativos y son sustituidos por otros meramente cuantitativos.

Se supone que existe una unidad de medida de la ciencia, que es el paper, o artículo, independientemente de su contenido, que nunca se juzga. Los artículos se suman, matizando su número con índices externos de calidad que dependen de un rango convencional de publicaciones científicas, que asumen la distinción intelectual, ausente del trabajo científico anónimo. Sumando artículos, tipos de revistas y número de citas (consideradas también como de valor absoluto, ya que cada cita es una unidad) se puede numerar a un científico con un índice, en el que la cantidad sirve como sustituto de la calidad y la antigua distinción o jerarquía intelectual.

Es evidente que estos índices no tienen ningún valor, más que el de satisfacer la necesidad de reconocimiento de cada científico, muy necesaria en el caso del trabajo intelectual, como ya habíamos visto, y de proporcionarle así una satisfacción personal, que además le puede ser útil para progresar en el ámbito de su comunidad científica, o dentro de las instituciones académicas o la industria.

(—Aquí habría que matizar, claro: los índices cuantitativos de calidad se basan, al menos idealmente, en una cuantificación de valoraciones positivas, y naturalmente tienen un valor en la institución que sustenta la disciplina, que es a lo que van: porque estamos hablando de organizar una institución, reparto de puestos jerárquicos, de dinero... etc. Otra cosa es el valor o interés que pueda tener para una persona un artículo que es "de calidad" por haber sido valorado positivamente por otra persona).

La asunción de la tecnociencia como valor exclusivo del conocimiento supone, pues, la sentencia de muerte de las viejas universidades como promotoras básicas del conocimiento, y el inicio de este proceso de extinción parece alcanzar una velocidad imparable, a pesar de que muchos científicos académicos no quieran darse cuenta de ello.


Lo curioso del caso es que ese mismo proceso parece que quiere ser imitado por parte de aquellos universitarios que cultivan las Humanidades y las Ciencias Sociales, dos tipos de conocimiento diferentes a las tecnociencias, tal y como ha señalado Wolf Lepenies (Lepenies, 1994), y que no pueden ser medidos por los mismos patrones.

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... se pretende convertir el estudio de todas las humanidades en un recurso secundario para el desarrollo de la industria del entretenimiento y del ocio, y para el desarrollo del turismo. De ser esto así las humanidades, complementarias de las técnicas de publicidad y marketing necesarias para la venta de recursos turísticos y de objetos culturales de consumo masivo, habrían perdido todo su sentido.

Si aquellos que cultivan las humanidades pretenden seguir el camino de la tecnociencia acabarán por rematar el proceso agónico en el que las universidades inevitablemente están entrando, puesto que la investigación en estos campos estaría financiada no por un tipo de empresas que ante todo necesiten demostrar la eficacia de sus productos frente a otros de la competencia, sino por otras que simplemente tienen que crear productos para el entretenimiento - carentes de función práctica- , como todos los dedicados al ocio que sólo valen en cuanto que son rentables. La ley de Gresham, una ley básica de la economía, nos hará comprender fácilmente que en ese mercado del ocio la moneda mala desplazará necesariamente a la buena y se desarrollará un proceso de empobrecimiento y trivialización de la cultura, al que ya estamos asistiendo, y que parecen saludar con entusiasmo unos académicos que han decidido sustituir los valores del conocimiento por el único valor del dinero, sentando así las bases para la pérdida de la dignidad de sí mismos y de las instituciones en las que se mueven.

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La dignidad de los intelectuales ha sido enormemente frágil en la historia occidental, debido a su falta de independencia económica y a su vinculación y dependencia de los poderes religioso y político. Pero hubo algunos intelectuales y profesores, quizás no muchos, que hicieron que esa dignidad fuese posible. Los intelectuales y los profesores, como todos los demás seres humanos, están caracterizados por una serie de vicios y defectos que a veces derivan de la estructura sociopsicológica de su profesión. Y uno de esos defectos fue casi siempre la vanidad, a la que se confundió con la dignidad, y que pudo ir unida al elitismo y al espíritu de cuerpo.

Esa vanidad, fruto de la fragilidad psicológica de los intelectuales, fue muchas veces la fuente de errores garrafales, como los de Heidegger, Unamuno y Ortega, y puso de manifiesto, en estos casos y en tantos otros, que la grandeza intelectual no es incompatible con la torpeza social, e incluso con la lisa y llana estupidez personal y política.
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El juego del reconocimiento y la relación dialéctica entre el especialista en el conocimiento, al que llamaremos el  sabio, y su comunidad tiene una historia muy larga y compleja, en la que los factores económicos, sociales y políticos se entremezclan con la compleja interrelación que en las personas de estos especialistas en el conocimiento tiene lugar entre la vanidad y la dignidad, a veces muy difíciles de distinguir.

(—Y tan difíciles. La dignidad de uno es vanidad para el otro).
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Hoy en día, cuando muchos profesores querrían ser empresarios, o una caricatura de los mismos, políticos, o simples aduladores de los verdaderos políticos, o quizás compartir el poder y el terror que puede proporcionar el uso de la fuerza militar, deberíamos reivindicar la frágil dignidad de los intelectuales que alguna vez brilló momentáneamente en el transcurso de la historia.

Por ello, quizás fuese oportuno concluir con unos breves versos de Leonard Cohen:


“Like a bird on the wire,
like a drunk in a midnight choir,
I have tried in my way to be free”

(“Bird on the wire”).

Pero a ver quién es el guapo que lo consigue, cuando en la historia esto ha sido un ideal (ideológico) más que una realidad. Un ideal necesario, claro. Hay que intentarlo— siendo conscientes de la vanidad de esos intentos.

Interprétese en línea con mi diatriba crítica sobre la investigación en grupo (o tribu).



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sábado, 2 de diciembre de 2017

Understanding Ignorance


An interview with Daniel DeNicola, from New Books Network


Understanding Ignorance: The Surprising Impact of What We Don't Know, by Daniel DeNicola
The MIT Press 2017
December 1, 2017 - interview by Robert Talisse
DeNicola
understanding ignorance

Epistemology is the area of philosophy that examines the phenomena of and related to knowledge. Traditional core questions include: How is knowledge different from lucky guessing? Can knowledge be innate? Is skepticism a threat, and if so, how should it be countered? And: Is it possible to know something simply on the basis of another person’s say-so? In the background of all of these traditional questions is a broad concern thats not often explicitly addressed—the concern is with ignorance. We study the nature of knowledge so that we might better overcome ignorance. And yet ignorance is not often an explicit object of examination. In Understanding Ignorance: The Surprising Impact of What We Don’t Know (The MIT Press, 2017), Daniel DeNicola makes the case for placing ignorance at the center of epistemology. He argues that ignorance is not univocal; it comes in many forms, and the different forms need to be addressed in different ways.
Audio Player

(From New Books Network)

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martes, 14 de marzo de 2017

Literatura, conocimiento y vida



Luis Galván (U de Navarra). "Literatura, conocimiento y vida." Conferencia en el seminario "Al sueño de la vida hablan despiertos: Cuestiones avanzadas de literatura" (U de Castilla-La Mancha, Toledo, 2012). En red en Academia (2017).*
       

 —cita mi libro Acción, Relato, Discurso.






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domingo, 5 de marzo de 2017

Retropost #1489 (5 de marzo de 2007): Burdos engaños


Hoy informan en e-defensor que el Tribunal Supremo ha anulado una sentencia por la cual se condenaba por estafa a una médium-curandera que prometía curar el cáncer a un paciente.

El Supremo, en una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado José Antonio Martín Pallín, considera que no se da el engaño bastante para condenarla por un delito de estafa, porque «el ciudadano medio de nuestra sociedad tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características, que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales».
   «Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a médiums, magos, poseedores de poderes ocultos, echadoras de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadoras de un engaño socialmente admisible que origine o sean la base para una respuesta penal. En estos casos, se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa», explica la resolución.
   Asimismo, el Supremo entiende indiscutible que los denunciantes «estuviesen angustiados ante la grave enfermedad que padecía su padre y que buscasen desesperadamente cualquier tratamiento que pudiera curar su enfermedad», pero «en el mundo intercomunicado en el que vivimos, cualquier persona media está en condiciones de conocer cuáles son los efectos de los padecimientos que genéricamente se recogen bajo la denominación genérica de cáncer. 
 
 
Me pregunto cuántas cosas deben presuponerse en "el mundo interconectado en que vivimos".... ¿Por ejemplo, que las misas por los difuntos son un burdo engaño? Seguramente no. ¿O que gran parte del dinero que damos a muchas ONGs no llega nunca al destino que pensamos? ¿Se sabrá eso? ¿Será presuponible que es un engaño obvio?—me pregunto. O... a ver... ¿que las loterías y quinielas están basadas en una ilusión estadística producida por las grandes cifras? ¿Es eso tan obvio que lo sabe todo el mundo, o precisamente no tan obvio y por eso sigue todo moviendo dinero? Me parece que esta sentencia ignora que no se estafa al público en general, sino a una persona en concreto que tiene un conocimiento determinado: no por "estar en condiciones de conocer" se conoce, igual que no por "estar en condiciones de defenderse" se defiende uno de un atracador con pistola de plástico.

No se aclara en la sentencia si, dado que el conocimiento de estas cosas es tan obvio, el estafador por supuesto sabe que es un estafador. Lo cual también parece que habría de ser penalmente relevante.



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miércoles, 8 de febrero de 2017

Retropost #1358 (7 de febrero de 2007): Crítica de la causalidad


Mirando por la red, llego a la página de la Fundación Gustavo Bueno, que contiene gran cantidad de materiales interesantes. Algunos muy polémicos últimamente, como los relativos al último libro de Gustavo Bueno, Zapatero y el Pensamiento Alicia, en el que le zurra a la ideología y política del Presidente del Gobierno de modo inmisericorde, le pisotea hasta las muelas. Dice Bueno que ha escrito el libro por sentido de deber cívico, porque le avergüenza que su país esté presidido por un presidente que hace gala de un simplismo como el de Zapatero. Y le acorrala los argumentos simplistas con razonamientos lógicos que aspiran a no dejarle escapatoria. Si lo consigue del todo o no... quizá sea tema para otro ensayo comparable. Pero desde luego promete una lectura interesante.

Entre los materiales aledaños al libro me ha interesado un vídeo de Gustavo Bueno sobre la causalidad y el determinismo: "Respuesta a una pregunta formulada por Javier Pérez Jara: ¿Cómo es posible evitar desde el determinismo ontológico propio del materialismo filosófico el fatalismo ordo essendi?" 

Este es el texto íntegro de la pregunta:

¿Cómo es posible desde el determinismo ontológico propio del materialismo filosófico escapar del fatalismo ordo essendi? ¿Es el principio de symploké, propio del Pluralismo del Orden, el que podría fundamentar estas «bifurcaciones» que permitirían varios «futuribles» ordo essendi, y no un único futuro como es propio del fatalismo ontológico (pues la imposibilidad del determinismo ordo cognoscendi propio de la «futurología» estaría dada por los sistemas de caos deterministas, además del principio de symploké)?

Esta pregunta no está formulada con la intención de preguntar por qué es imposible conocer el futuro (y que por tanto los profetas o el Dios omnisciente son puros mitos metafísicos); se da por supuesta esta imposibilidad por la constatación del principio de Symploké y de los sistemas de Caos determinista. Lo que quiere señalar es por qué, desde el determinismo ontológico, no se cae en un fatalismo, aunque éste no podamos conocerlo (o sea, que los futuribles serían «ilusiones» producidas por nuestra incapacidad de predecir el futuro). Las «bifurcaciones» reales que al parecer tendría que haber para escapar del fatalismo ontológico son muy «fáciles» de explicar desde el indeterminismo ontológico que apele a la causa sui o a las emergencias metafísicas (explicaciones tan fáciles que de hecho son incomprensibles cuando vemos que tanto la emergencia metafísica como la causa sui designan procesos imposibles), pero desde el determinismo ontológico estas «bifurcaciones» que al parecer serían necesarias para escapar del fatalismo, me recuerdan al libre arbitrio de indiferencia, que es sencillamente ininteligible.

Gustavo Bueno afirma en sustancia que la concepción tradicional de la causalidad, de la Escolástica a Kant, era binaria, tipo y=f(x), siendo x la causa e y el efecto. Con esta concepción, nos vemos obligados a tener en cuenta una multiplicidad de universos, y dar cuenta de una primera causa sin causa (como hacía Kant, con el libre albedrío), si se ha de negar el fatalismo. El fatalismo implicaría que todo está en todo, y daríamos en un monismo donde todo en el Universo está encadenado inflexiblemente. En última instancia, esta concepción se remite a la causa única, Dios, y queda especialmente clara en las doctrinas ocasionalistas (en Malebranche o Geulincx).

El materialismo filosófico, explica Bueno, tiene en cuenta no un binarismo, sino que introduce una tercera variable h, de hylé, la materia (la causa material aristotélica). El efecto no aparece así en relación única con la causa, sino con la fracturación de un esquema de identidad. (Aquí subraya Bueno la importancia filosófica del principio de inercia de la mecánica moderna, que viene a negar la necesidad de una acción causal continua para explicar el cambio. Hay que explicar no ya el movimiento, sino los cambios de trayectoria o aceleración). La y es función de h y de x. Introduciendo h hemos disociado x ("la causa") que no determina a la integridad de h, sino a aquellas partes de h que producen el efecto. Y las relaciones causales se dan a dos niveles: de lo que llama texto (el fenómeno causal observable, medible) y lo que llama ultratexto (el nivel cuántico, pongamos, un nivel no manipulable). El sujeto operatorio, la teleología, etc., son fenómenos que tienen sentido a nivel de texto, pero no operan a nivel de ultratexto (podríamos decir quizá que el sujeto es un fenómeno emergente a nivel de "texto"). Al no poderse tener en cuenta los fenómenos ultratextuales en el cálculo, podemos conservar la noción de determinismo sin caer en un fatalismo. El fatalismo presupone una continuidad causal que no se da de hecho en esta concepción al haberse introducido la variable h y la disociación entre fenómenos "textuales" y "ultratextuales".

Bien, parece que esta teoría de la causalidad sí sería útil para coordinarla con el estudio de fenómenos emergentes (no una emergencia metafísica, sino interaccional-simbólica) y con la discusión sobre la reducción. En ese sentido me ha parecido interesante. Sin embargo, echo en falta una dimensión reflexiva o semiótico-comunicativa de esta cuestión. Es decir, que creo que no puede obviarse en la discusión de causalidad la crítica nietzscheana a la causalidad, que tiene una interesante dimensión retroactiva. Y perceptual-semiótica, también—dos aspectos que van bastante unidos.

Según Nietzsche, al establecer una relación causal, pasamos por alto que es la percepción del efecto la que nos lleva a remontarnos en el tiempo a buscar su causa. La descubrimos, o asignamos, y es entonces cuando queda establecida la secuencia familiar causa-efecto en su orden cronológico familiar: pero queda establecida una vez ha tenido lugar esa retrospección. Es decir, Nietzsche introduce un doble plano de relación: el ontológico, en el que la causa determina al efecto, y el epistemológico, en el que dado un efecto necesitamos asignar una causa (por cuestiones de índole práctico: éticas, pragmáticas, legales...). Y es fácil ver, dado este planteamiento, que el plano ontológico no es ni con mucho el prioritario, antes bien, es él mismo el resultado de una interpretación epistemológica. La disociación entre uno y otro es, o bien puramente regulativa, para explicar una teoría de la causalidad en dos planos (como hacemos aquí) o bien es el resultado de una disparidad de interpretaciones a la hora de establecer una relación causal dada. Si digo, "el imperialismo de EE.UU. fue la causa del 11-S", quedan contrapuestos un fenómeno (complejo) y una interpretación (entre comillas) simplista, en contraposición a otras igualmente simplistas como "el fanatismo de bin Laden fue la causa del 11-S"—que pueden aducirse como explicaciones causales de un determinado fenómeno.  El fenómeno, por un lado: las representaciones y narraciones del fenómeno, por otro. Pero es obvio que el fenómeno no existe como objeto (cultural, histórico, de debate, comunicativo, científico, etc.) al margen de sus representaciones. Casi deviene, de hecho, un epifenómeno entre la multiplicidad de interpretaciones enfrentadas. Tanto como el hecho causado en sí (que forma parte del pasado), adquieren promienencia, y orientan la acción, y la atribución de causalidad, otro tipo de fenómenos: planes, proyectos (de invasiones, por ejemplo). Y así, la atribución de causa entre dos fenómenos pasados viene modulada y orientada por fines aledaños, o proyectos actuales y futuros.

Hume creía que la atribución de causalidad es gratuita. La causalidad no se percibe como tal: se atribuye por hábito a secuencias repetidas de fenómenos. Las narraciones, que organizan secuencias causales interpretadas y valoradas, son un instrumento cognitivo de primer orden para comprender la causalidad. Para comprender la causalidad, el analizar las estructuras narrativas ayuda.

Las secuencias causales se asignan, podríamos decir, por distorsión retrospectiva, o hindsight bias. Volviendo al análisis de Bueno, podemos decir que la  relación indeterminada entre x y h queda determinada (a efectos discursivos) por la asignación de causalidad. Determinada, claro, mientras no se conteste o rechace la determinación, mientras no se conteste la atribución de causalidad o mientras no se someta a crítica la estructura narrativa impuesta sobre los hechos. El fatalismo, visto desde la teoría de la narración, es el triunfo absoluto del principio causal ignorante de su construcción semiótica, el triunfo del hindsight bias. Se ignora la flecha del tiempo y pasa a considerarse el orden de los acontecimientos como enteramente reversible; se equipara determinación hipotética y efectiva mediante una maniobra retórica y perspectivística: "ha sucedido y, porque antes ha sucedido x. De hecho ya sabíamos cuando sucedió x que iba a seguir y como su efecto".  La mitad de las veces decimosque lo sabíamos, y lo decimos... luego, a toro pasado. Nos llevamos sorpresas, claro: alguien se suicida, pongamos. Pero luego, enseguida, ya se veía venir. Y se debió a... tal. Las causas de las cosas se ven más claramente cuando han tenido lugar los efectos. Pero antes de los efectos, está el conflicto de las interpretaciones. Y durante, y después, también.

Es decir, que lo que echo en falta, creo, en el análisis de Bueno es que se mantiene a un nivel puramente ontológico, mientras que la discusión de la causalidad es incomprensible sin tener presente cómo esa ontología deriva de una epistemología y una semiótica (a la vez que las fundamenta): la causa existe en un proceso hermenéutico de reinterpretación que pasa del efecto a la causa y viceversa. Una teoría materialista de la causalidad ha de incluir esta dimensión reflexiva, que dé cuenta del surgimiento de la causalidad como un esquema interpretativo y un fenómeno interaccional. La atribución de causas tiene una dimensión cognoscitiva, interpretativa, que no se puede soslayar en la discusión de este asunto, pues quedaría la propia teoría flotando en el aire sin sustentación material. La ontología materialista necesita esta dimensión reflexiva, precisamente para no hacer del mundo material un apriori idealista, y darle una sustentación (todo lo firme que puede ser) como un fenómeno de la experiencia, y como tal relacionado dialécticamente con los procesos de  interacción comunicativa. O, dicho de otra manera, para explicar la causalidad, y su percepción, como fenómeno emergente.

También la explicación narratológica evita la identificación de determinismo y fatalismo, por una parte porque ve en el último una especie de exacerbación del propio principio narratológico: contemplar el libro del destino como si estuviese ya escrito, cuando es un work in progress. Y, en última instancia, porque considera a ambos, determinismo y fatalismo, como dos historias, dos representaciones de la realidad que está siempre ya, narrativizada. Aunque el destino de toda narración sea volver a ser narrada de otra manera.



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domingo, 1 de enero de 2017

Retropost #1293 (1 de enero de 2007): Más consciencia



Me está resultando muy interesante la lectura de Cajal and Consciousness (2001). Aparte del artículo de Gell-Mann, hay cosas fascinantes sobre evolución y neurología. Así la teoría de Lynn Margulis, "The Conscious Cell", según la cual el origen de los seres vivos complejos es siempre simbiótico: no por derivación de una especie anterior, sino por la mezcla de diversas especies sin parentesco identificable, que se convierten simbióticamente en organelos de las primeras células complejas.

¿De dónde surgirían los organismos muticelulares? Siguiendo la lógica de esta teoría, surge una posibilidad curiosa: por simbiosis. Otra posibilidad, claro, sería por mutación, y otra por fijación neoténica de un organismo unicelular en proceso de división. Pero quizá haya que considerar seriamente la teoría de la simbiosis (muy a tono con nuestros tiempos de mestizaje cultural, hibridación y multiculturalismo, por cierto).
[GRR... viene Lynn Margulis a dar una conferencia a Zaragoza el 15 de enero... pero es en otro campus y tengo clase hasta esa hora. Veremos...]

Hay cosas cuestionables en Cajal and Consciousness, siendo como está esta disciplina en una fase todavía especulativa y tentativa, a pesar de los avances en el siglo XX tras los descubrimientos de Cajal. Así, no se conoce todavía la manera en que se constituyen redes neuronales que integran sistemas particulares de procesamiento; no se conoce la importancia relativa que puedan tener otras fuerzas y procesos, además de la conexión química en las sinapsis, para la creación de efectos de integración global, o para el procesamiento a nivel microscópico de la información. Es muchísimo lo que no se sabe, y cuantas más estructuras se descubren, tantos más interrogantes se abren. Así por ejemplo es muy sugestiva la interpretación a la Penrose y Hameroff de los microtúbulos neuronales, y los cálculos sobre el número de microtúbulos y la capacidad de procesamiento… aunque el papel dado a la "gravedad cuántica" en los mismos parece más que dudoso, no sólo a mí sino a varios de los interlocutores del congreso sobre Cajal. Los planteamientos de Penrose y Hameroff sobre la naturaleza de la realidad unida a la estructura básica del cerebro son por otra parte de un simplismo pasmoso: poco reprocesamiento, poca elaboración semiótica y poco vaivén interpretativo hay aquí: pasan de los estados cuánticos indeterminados a la asignación de una imagen consciente prefijada de golpe y porrazo. A veces en un lenguaje que mezcla el materialismo más simplista con el idealismo peor digerido. Su artículo lo he llenado de exclamaciones e interrogaciones, y sin embargo tiene aspectos interesantes en medio de otros un tanto delirantes. (Otros contribuidores, como Gell-Mann y Arbib, son también más que escépticos con esta teoría).

Lo que más sugerente me ha resultado es la base neurológica que se proporciona a los procesos semiótico-hermenéuticos de reprocesamiento, feedback, realimentación, retroproyección… que desde hace un tiempo me parecen cruciales a la hora de describir los fenómenos más característicos de la consciencia.

La consciencia no consiste en una simple imagen "en la cabeza" de lo que hay "fuera". No es un simple proceso mimético en el sentido unidireccional del término; eso no explicaría nada. Las teorías cognitivistas han introducido procesos como el de la dinámica "top-down"/"bottom-up", y la hermenéutica de Ast y Schleiermacher introduce el procesamiento del sentido mediante el círculo hermenéutico (algo que de hecho anticipa esa dinámica cognitivista). El estructuralismo, la fenomenología, o la teoría de los marcos de Goffman, los diversos constructivismos, también han subrayado la labor estructuradora de la mente; la realidad no es únicamente "recibida"; también es "construida" por la mente.

Esto nos lleva a postular que los procesos conscientes son bidireccionales, retroalimentativos. Esto no es sino la consecuencia de la propia dinámica vital de regulación entre un organismo y el medio ambiente, llevada a un nivel mayor de complejidad, una retroalimentación intensificada y multiplicada. Y esto es tanto mayor cuanto mayor es el nivel de consciencia. Así, un estímulo táctil requiere un bajo nivel de consciencia, si bien mayor que el de los simples tropismos (por ejemplo gravitatorios, o de orientación hacia la luz) que se dan en las plantas. (¡También hay plantas más y menos "conscientes" en este sentido!). La percepción visual requiere una retroalimentación mucho más intensa, tanto más cuanto más definida es la imagen del objeto. Una imagen no es un simple estímulo recibido: se constituye mediante un proceso "hermenéutico" de interacción con las imágenes memorísticas de experiencias visuales similares.

No tan disparatadas, pues, aquellas imágenes de las teorías sensoriales clásicas, en las cuales es el ojo el que proyecta la imagen hacia el objeto, en lugar de recibirla (como nos llevó a creer, lógicamente por otra parte, la ciencia clásica, al explicar la formación de la imagen por reflexión de la luz en los objetos). Como en las teorías evolucionistas desacreditadas que comenta Gould, hay también una semilla de verdad en las teorías más peregrinas de la consciencia, como la teoría platónica de las Ideas.

Más consciencia es más retroalimentación, más reflexividad, más vueltas al círculo hermenéutico de la percepción y la reflexión, más intensidad en el vaivén de los sentidos a la imagen mental, más interacción de las imágenes sensoriales con más huellas ideacionales y memorísticas, aparte de más atención y más unidad de concentración de la mente en un objeto o proceso concreto. La mente proyecta y reproyecta la imagen del objeto. De ahí la intensificación para la consciencia que suponen los signos. Por su misma indirección requieren una dificultad de procesamiento, dificultad que es un reto para la consciencia. Se intensifica la actividad mental al procesar un signo (una palabra escrita, una imagen). La atención requiere volver a proyectar esa palabra, captarla por partes (letras) primero, como un todo luego, proyectar el todo a la imagen recibida, reprocesarlo. Más si descubrimos una interferencia cognitiva, una errata (para empezar no la vemos porque hemos proyectado toda la palabra; no vemos el círculo incompleto porque hemos proyectado mentalmente la imagen de un círculo entero). La semiosis intensifica la consciencia. Las imágenes atraen la vista, y la mente, como no la atraen los originales. Nos enamoramos "de los chicos, de las chicas, de los maniquís" sobre todo en tanto que son objetos semiotizados.

La consciencia reflexiva, la teoría semiótica, la filosofía, es una relación metasemiótica compleja con todos estos procesos. También intensifica, por supuesto, la consciencia, este juego de espejos. En eso estamos.

Gerald Edelman, en "The Remembered Present" (de Bright Air, Brilliant Fire, reimpreso en Cajal and Consciousness), expone una teoría de la consciencia basada en la estructura y dinámica cerebral, en especial en la noción de retroalimentación: señalización recursiva entre diversas regiones del sistema tálamo-cortical. Es de los artículos que más me han permitido dar una forma neurológicamente sensata a mis especulaciones sobre la especularidad, sobre la reproyección conceptual como estructura básica de la consciencia. (Me refería a ellas en la sección "More Speculations" de este artículo sobre Nabokov, "The Poetics of Subliminal Awareness". El párrafo clave, aquí: "Reflejos").

Para Edelman, "cada acto de percepción es en cierta medida un acto de creación, y cada acto de memoria es en cierta medida un acto de imaginación"—una tesis que casa bien con presupuestos estructuralistas, constructivistas, gestaltistas e interaccionistas simbólicos. (Si bien no estoy de acuerdo con él cuando habla de "la naturaleza unitaria" de la consciencia, p. 112, pues ésta se puede descomponer fácilmente en sus ingredientes constituyentes. También dice que es "cambiante pero continua" —cuando es obviamente intermitente, como muestra el sueño. Son expresiones éstas más bien desafortunadas).

Edelman distingue la consciencia primaria de la consciencia de orden superior. Es ésta última la característicamente humana, y se caracteriza por su mayor intensidad reflexiva: "Incorpora un modelo de lo personal, y del pasado y del futuro además del presente. Exhibe consciencia (awareness) directa: la consciencia (awareness) no inferencial o inmediata de episodios mentales, sin que se vean involucrados órganos o receptores sensoriales. Es lo que tenemos como humanos además de la consciencia primaria. Somos conscientes de ser conscientes" (113). (Yo creo, por el contrario, que esta consciencia superior sí conlleva un determinado modo de funcionamiento de receptores sensoriales, o del procesamiento de la información, a nivel cerebral, entre estos receptores iniciales y otras áreas cerebrales. Así, el "cerebro" le dice al "ojo", o más bien al sistema cerebral que procesa la información visual, lo que ha de ver, y viceversa).

Una teoría de la consciencia, dice, ha de incorporar una teoría de la conceptualización, memoria y lenguaje, y explicar asimismo el desarrollo evolutivo de estos fenómenos. Y ser experimental... ahí es más difícil. Debe ajustarse a las leyes de la física (sin espíritus ni intangibles). Debe mostrar cómo proporciona una mayor adecuación evolutiva (en lugar de ser un epifenómeno de la evolución). Y debe dar cuenta de los qualia, las cualidades (la rojez del rojo, etc.). Y esto último es lo difícil, y a la vez necesario, porque no existe un observador científico libre de la perspectiva impuesta por las cualidades. De hecho, "es nuestra capacidad de informar y correlacionar a la vez que experimentamos las cualidades individualmente lo que abre la posibilidad de una investigación científica de la consciencia" (115).

La dinámica del modelo de la consciencia propuesto por Edelman "depende de un tipo especial de circuito reentrante" (116) —(quizá la "reproyección" a la que yo aludía antes).

Consciencia primaria: Hay que distinguir las aportaciones a la consciencia de los diversos sistemas neurológicos. El primero, y más básico, el sistema del bulbo raquídeo, la médula espinal, etc.—sistemas que evolucionaron tempranamente para regular las funciones corporales; son sistemas de organización interna. El segundo, el sistema tálamo-cortical, recibe señales de los sentidos y envía señales de movimientos voluntarios a los miembros. "Unlike the limbic-brain stem system, it does not contain loops so much as highly connected, layered local structures with massively reentrant connections" (117). Estos dos sistemas desarrollaron conexiones evolutivas. Y el sistema cortical, último en evolucionar, sirvió para desarrollar "comportamiento aprendido, adaptativo para medios cada vez más complejos" (117).

Aquí entramos en cuestiones de organización del comportamiento, percepciones y experiencias aprendidas. Usa Edelman el concepto de "scene" como manera de organizar la información en algunos seres con superior elaboración consciente: "las categorizaciones de partes del mundo causalmente inconexas pueden correlacionarse y ligarse en una escena. Por escena entiendo un conjunto espaciotemporalmente ordenado de categorizaciones de acontecimientos familiares y no familiares, algunos con y algunos sin conexiones físicas o causales a otros de la misma escena" (118). (Me parece evidente que aquí puede verse el origen neurológico, y psicológico, y adaptativo, de la narración como instrumento de la consciencia. Una narración es una elaborada categorización de esas a las que se refiere Edelman, estructurada de modo complejo gracias al lenguaje; es más, es un instrumento cognitivo, software digamos, desarrollado para clasificar, traducir, interpretar organizar y reelaborar estas "escenas" aprendidas). "De este modo, la perceptibilidad de un acontecimiento se determina no sólo por su posición y energía en el mundo físico, sino también por el valor relativo que se le ha dado en la historia pasada del animal individual como resultado del aprendizaje" (Y, yendo más allá del animal individual, gracias al lenguaje, llegamos, por emergencia, a la organización "suprafísica" de acontecimientos que llamamos cultura, tradición, conocimiento, ciencia...).

(Esta teoría enlaza de maravilla con cuestiones estudiadas por la ciencia cognitiva, por la hermenéutica narrativa, y por la teoría de los marcos de Goffman. Volveré a hablar de esta interfaz).

"Fue el desarrollo evolutivo de la capacidad de crear una escena lo que llevó a la emergencia de la consciencia primaria. Obviamente, para que esa emergencia sobreviviese, tuvo que resultar en una mayor adaptación". Para la supervivencia, se entiende. Creo que es una de las claves de la evolución humana: cómo los humanos se hicieron a sí mismo mediante la cultura, la emergencia de esquemas cognitivos superiores, y el cultivo selectivo de la consciencia. (Algo que echaba yo en falta en las teorías de la evolución de Arsuaga).

Tras el desarrollo de una memoria conceptual, otro desarrollo suplementario permite la emergencia de la consciencia superior: "Es un circuito especial de realimentación que emergió durante la evolución como un nuevo componente de la neuroanatomía. Este circuito permite una señalización de realimentación continua entre la memoria de valores y categorial, y los esquemas globales en curso que se refieren a la categorización perceptual en tiempo real" (118). (Si hubiese una localización cerebral física para el célebre círculo hermenéutico, por aquí podría buscarse. Después de todo no es sino la intensificación y retroalimentación continuada de los procesos cognitivos básicos. Como señala Edelman, es este circuito de realimentación el que permite una representación del futuro que se anticipe a los datos de la percepción: es decir, la célebre proyección de esquemas "top-down", en psicología constructivista, o en lingüística cognitiva, o la preparación para la acción mediante esquemas (frames, scripts, stories) à la Goffman—la capacidad de ligar los acontecimientos percpetuales en una escena continuada, una especie de "narración en presente" de ahí el título del artículo, que se cuenta el cerebro a sí mismo para regular acción y percepción):

"Con la aparición de los nuevos circuitos reentrantes (...) puede darse una categorización conceptual de las percepciones concurrentes antes de que estas señales perceptuales ccontribuyan de manera perdurable a ese recuerdo. Esta interacción entre un tipo especial de memoria y de caracterización perceptual da lugar a la consciencia primaria. Con unos circuitos reentrantes adecuados en el cerebro, este proceso de 'levantarse a uno mismo por las solapas' tiene lugar simultáneamente y en paralelo en todas las modalidades sensoriales, permitiendo así la construcción de una escena compleja. La coherencia de esta escena es coordinada por la memoria conceptual de categorías axiológicas, aunque los acontecimientos individuales de categorización perceptual que contribuyan a ella sean independientes causalmente" (118).
"Resumiendo: El cerebro lleva a cabo un proceso de 'autocategorización" conceptual. Las autocategorizaciones se construyen cotejando las categorías perceptuales pasadas con las señales procedentes de los sistemas axiológicos, un proceso llevado a cabo por sistemas corticales capaces de realizar funciones conceptuales. Este sistema de categorías axiológicas interactúa luego, por vía de conexiones de realimentación, con áreas cerebrales que llevan a cabo categorizaciones perceptuales en curso de acontecimientos externos y señales. La experiencia perceptual (fenoménica) surge de la correlación de las categorizaciones perceptuales en curso que lleva a cabo una memoria conceptual. La consciencia primaria es una especie de 'presente recordado'." (119).

Parte del funcionamiento de estos circuitos puede desentrañarse siguiendo la línea expuesta por Wolf Singer en el siguiente capítulo de Cajal and Consciousness,"Consciousness and the Binding Problem." También propone Singer que la consciencia emerge de procesos reflexivos, retroalimentativos del cerebro, de señales dirigidas y redirigidas a sí mismo (bueno, de unas neuronas y sistemas a otros, y vuelta). Por "binding" se entiende la coordinación de procesos cerebrales que ayuda a constituir el fenómeno de apariencia unificada de la consciencia. Según Singer, esta ligazón y la consciencia se producen mediante "una iteración de estos procesos de ligazón dinámica que conduce seguidamente a la formación de asambleas (neuronales) de orden superior que corresponden a los contenidos de la experiencia consciente" (123). Así pues, la consciencia puede reducirse a neurobiología, pero la consciencia reflexiva propiamente humana requiere además otro tipo de explicaciones, por ser un fenómeno emergente que resulta no ya de un organismo, sino de la interacción entre distintos cerebros—es decir, es un constructo cultural. (123). La experiencia anterior a la creación de estos esquemas de procesamiento consciente es de hecho previa a la existencia del sujeto como tal, y tiene por ello una cierta cualidad "transcendental" (aunque por supuesto sin misticismos).

¿Se puede medir este proceso de señalización interna que da lugar a la experiencia consciente? Debería poderse, según Singer, y la clave sería no medir la actividad de unas neuronas rectoras en concreto, sino más bien la interacción coordinada de un gran número de neuronas siguiendo patrones específicos. Avanza Singer la hipótesis de que "una firma de las asambleas provisionalmente organizadas es la sincronización de las respuestas de las neuronas que participan en ellas" (127), algo que parece tener mucho sentido. (Por ejemplo, pensando en mi noción de la "reproyeccción" de conceptos, se requeriría para la constitución consciente de un concepto la estabilización de una interacción coordinada entre las áreas cerebrales coordinadas del lenguaje, por ejemplo, y la percepción motriz correspondiente—algo así como las "actitudes" de I. A. Richards— en un círculo interactivo de reproyección coordinada... ). La sincronización permite generar una marca en las respuestas para su tratamiento posterior: las respuestas no agrupadas pueden inhibirse, puede aumnentarse la amplitud de las respuestas seleccionadas, y puede aumentarse la precisión de la sincronización. Una vez la sincronización es precisa, puede usarse la relación temporal entre las descargas neuronales como una señal adicional para transmitir información. Y una vez constituida la asamblea sincronizada de neuronas, puede utilizarse la des-sincronización como modo de inhibir respuestas sin necesidad de interrumpir la actividad de la neurona (135). La sincronización neuronal no aparece únicamente en la generación de un efecto consciente determinado, sino también como una manera de relacionar la actividad de centros sensoriales distintos (la mano y la vista, por ejemplo) constituyendo así los procesos de atención y de acción intencional. (141).

Para una teoría semiótica, es interesante saber que "los estímulos presentados sincrónicamente se ligan perceptualmente y se interpretan como elementos de la misma figura con más probabilidad que los elementos de textura presentados asincrónicamente" (141) de modo que la sincronicidad se usa para la agrupación perceptual (que permite identificar, pongamos, una forma definida, o un signo acústico) en interacción con una "base de datos" de esquemas mentales. Aunque no entra en esto Singer, es interesante leer que "con respecto a su fuerza y a su precisión temporal, la sincronía inducida externamente y la generada internamente son virtualmente indistinguibles" (141-42). (Es decir, la sincronía es inducida tanto por la "proyección" del input sensorial a los centros de procesamiento superior como por la reproyección de esquemas memorístícos y semióticos, o patrones de procesamiento, hacia esos centros cerebrales que reciben el input sensorial; la "coherencia" del mundo que percibimos es en parte una coherencia "real" o externa y en parte una coherencia "proyectada", generada por la actividad cerebral; es de hecho el encuentro e interacción de ambas).

Estas asambleas neuronales que trabajan coordinadamente son también estudiadas en el siguiente capítulo, "A Neuronal Model of a Global Workspace in Effortful Cognitive Tasks", de Stanislas Dehaene, Michel Kerszberg y Jean-Pierre Changeux. Aunque aquí se enfatiza el papel centralizador para la atención y la consciencia de un sistema especial (disperso) de neuronas especialmente interconectadas y con axones de largo alcance: el espacio de trabajo global, que media entre sistemas cerebrales más específicos. Estos computan las valoraciones, la atención (enfoque), la memoria (el pasado), la percepción (el presente) y el output se dirige a los sitemas motores (el futuro). La selección de impulsos para su procesamiento en el área de trabajo global se hace mediante "proyecciones modulatorias descendientes de las neuronas del espacio de trabajo a las neuronas procesadoras más periféricas" (mediante los procesos de sincronización antes descritos, a través de una serie de fórmulas de selección de impulsos propuestas en este artículo, que apareció originalmente en Proceedings of the National Academy of Sciences 95, 1998).

También se ocupa de la generación de la experiencia consciente mediante las sincronización de frecuencias neuronales el artículo de Rodolfo Llinás y Urs Ribary, "Consciousness and the Brain: The Thalamocortical Dialogue in Health and Disease". Aunque me parece exagerada la definición del cerebro como un "sistema cerrado" sólo porque la mayor parte de la actividad se dé en la forma de proyecciones de la corteza cerebral al tálamo, y sólo una parte menor proceda de los sentidos. Esa pequeña parte es la que mantiene abierto el sistema, por supuesto, si no estaríamos en un escenario solipsista. Proporcionan los autores unas medidas de oscilaciones eléctricas relacionables con la actividad consciente, y (según era previsible) mediante patrones de activación recursiva. (Ahora bien, Arbib y otros dudan que estas oscilaciones estén midiendo realmente la consciencia, y las atribuyen a funciones cerebrales más básicas).

Petra Stoerig describe el sistema de retroalimentación recursiva necesario para la experiencia consciente, en lo referido a la experiencia visual, en "The Neuroanatomy of Phenomenal Vision: A Psychological Perspective". La visión funciona no simplemente por procesamiento en una área cerebral centralizada, sino por la interacción del área que recibe las señales sensoriales (el córtex estriado) y áreas corticales extra-estriadas, en realidad una red compleja de estructuras funcionales interconectadas a niveles corticales y subcorticales. La pérdida o alteración de alguno de estos sistemas puede dar lugar a procesamientos deficientes de la información visual, y a fenómenos tan curiosos como la "visión ciega", en los que el cerebro procesa y coordina parte de la información visual pero sin llegar a producir una experiencia visual consciente. (La vieja idea de que muchos ciegos en realidad "se lo hacen", o ven más de lo que dicen que ven, puede proceder de este fenómeno). Una cita importante (para el tema que vengo llamando la "reproyección" de información por parte del cerebro a la experiencia sensorial y perceptiva):

"Si la consciencia visual dependiese en efecto de la recepción por parte de V1 (el área visual primaria de la corteza cerebral) de una retroalimentación procedente del procesamiento visual en áreas extraestriadas, V1 jugaría un papel más interesante que el de un repetidor visual. La hipótesis de la 'retroalimentación' es ciertamente consistente con la observación de que los componentes tardíos de respuesta de las neuronas de V1 relejan no tanto las propiedades visuales de un estímulo visual cuanto las perceptuales, ya que estos componentes tardíos son más susceptibles de verse afectados por los resultados de la retroalimentación procedente de las áreas extra-estriadas." (183)

Estudia Stoerig las implicaciones de esta teoría tanto en el estudio de la visión "verídica" (percepción externa) como de fenómenos visuales no verídicos: fosfenos, imágenes negativas, procesamiento de imágenes, alucinaciones.

(En suma, la conciencia no es una calle de un solo sentido, sino una compleja circulación entre el mundo, los sentidos, y sobre todo diversos sistemas cerebrales trabajando de manera coordinada y retroalimentada. Los procesos de retroalimentación entre las áreas cerebrales más evolucionadas y las áreas de procesamiento inicial de los impulsos sensoriales son especialmente significativos: parecen indicar que la información no sólo se recibe, sino que se re-recibe, se retransmite otra vez si no a los sentidos sí a sus correspondientes áreas cerebrales, para ser amplificada e interpretada de acuerdo a esquemas semióticos y memorísticos. El mundo de la experiencia no es por tanto un fenómeno externo recibido por el cerebro, sino un fenómeno cerebral estructurado en gran medida mediante la autoproyección de esquemas del propio cerebro. Aquí parece encontrarse un punto de acercamiento común para fenómenos como las "conexiones reeentrantes" de la neurología por una parte, la "retroalimentación" que según Norbert Wiener caracteriza a todo proceso cibernético por otra parte, y, por otra, el círculo hermenéutico que describe el proceso de la comprensión para la filosofía de la interpretación. La consciencia es el fenómeno emergente que resulta de este procesamiento e interacción informativa (emocional, actitudinal, cognitiva). Si hay un "controlador" en el cerebro que, al decir de Gazzaniga en The Mind's Past nos va pasando una película que es el mundo en el que vivimos, organizándonos la realidad, ese controlador no es un sujeto. El sujeto es antes bien el fenómeno emergente que resulta de la actividad cerebral).




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