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jueves, 27 de enero de 2022

Eaters of the Dead

Kevin J. Wetmore

Jan 26, 2022

Eaters of the Dead

Myths and Realities of Cannibal Monsters

Reaktion Books 2021

Spanning myth, history, and contemporary culture, a terrifying and illuminating excavation of the meaning of cannibalism. Every culture has monsters that eat us, and every culture repels in horror when we eat ourselves. From Grendel to medieval Scottish cannibal Sawney Bean, and from the Ghuls of ancient Persia to The Texas Chainsaw Massacre, tales of being consumed are both universal and universally terrifying. In this book, Kevin J. Wetmore Jr. explores the full range of monsters that eat the dead: ghouls, cannibals, wendigos, and other beings that feast on human flesh. Moving from myth through history to contemporary popular culture, Wetmore considers everything from ancient Greek myths of feeding humans to the gods, through sky burial in Tibet and Zoroastrianism, to actual cases of cannibalism in modern societies. By examining these seemingly inhuman acts, Eaters of the Dead: Myths and Realities of Cannibal Monsters (Reaktion Books, 2021) reveals that those who consume corpses can teach us a great deal about human nature—and our deepest human fears.

Jana Byars is the Academic Director of Netherlands: International Perspectives on Sexuality and Gender.


 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Dieta generalista (Compitiendo con los ogros)

 

Los paleantropólogos de Atapuerca van descubriendo más datos sobre la alimentación de los Homo heidelbergensis y Homo antecessor que habitaron la Península Ibérica antes del Homo sapiens y de los neandertales. Aquí reflexionamos sobre el componente de canibalismo en la dieta de estos y otros humanos primitivos... así como de algunos modernos. 

Texto completo:

Dieta generalista (Compitiendo con los ogros)

http://dx.doi.org/10.17613/x2a5-mw96

 
Author(s):
José Angel GARCÍA LANDA (see profile)
Date:
2011
Group(s):
Anthropology, Philosophy of Religion
Subject(s):
Prehistory, Sociology of food, Cannibalism
Item Type:
Article
Tag(s):
Humans, Hominids, Tribalism, Eating
Permanent URL:
http://dx.doi.org/10.17613/x2a5-mw96
____________________________________________________________________________ 
 
English abstract: Generalist Diet (Competing with the Ogres)
 
The Atapuerca palaeoanthropologists are gradually uncovering more data about the feeding habits of the Homo heidelbergensis and Homo antecessor species which preceded Homo sapiens and Neanderthals as the first humans to inhabit the Iberian Peninsula. We reflect here on the element of cannibalism in the diet of these and other primitive humans, as well as some modern ones.
 

 
 

También ver aquí:

 

García Landa, José Ángel. "Dieta generalista (compitiendo con los ogros)." In García Landa, Vanity Fea 11 August 2011.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2011/08/dieta-generalista-compitiendo-con-los.html

         2011

_____. "Dieta generalista (compitiendo con los ogros)." In García Landa, Vanity Fea 11 August 2011.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2011/08/dieta-generalista-compitiendo-con-los.html

         2011

_____. "Dieta generalista (Compitiendo con los ogros)." Ibercampus 1 sept. 2011.*

         http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=14539

         2013

_____. "Dieta generalista (Compitiendo con los ogros)." SSRN 24 Jan. 2022.*

         http://ssrn.com/abstract=3953421

         2021

_____. "Dieta generalista (compitiendo con los ogros)." Academia 12 Nov. 2021.*

         https://www.academia.edu/61614341/

         2021

_____. "Dieta generalista (compitiendo con los ogros)." ResearchGate 28 Nov. 2021.*

         https://www.researchgate.net/publication/356591694

         2021

_____. "Dieta generalista (compitiendo con los ogros). Humanities Commons 1 Dec. 2021.*

         http://dx.doi.org/10.17613/x2a5-mw96

         https://hcommons.org/deposits/item/hc:43263/

         2021

_____. "Dieta generalista: Compitiendo con los ogros." In García Landa, Vanity Fea 1 Dec. 2021.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2021/12/dieta-generalista-compitiendo-con-los.html

         2021

_____. "Dieta generalista: Compitiendo con los ogros." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*

https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/dietageneralista.pdf

         2024

_____. "Aníbal el Caníbal." In García Landa, Vanity Fea 21 Dec. 2012.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2012/12/anibal-el-canibal.html

         2012

_____. "Carne de china." In García Landa, Vanity Fea  25 Feb. 2013.* (Cloud Atlas).

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2013/02/carne-de-china.html

         2013

_____. "La dieta de Tascala." In García Landa, Vanity Fea 6 April 2014.* (Bernal Díaz del Castillo)

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2014/04/la-dieta-de-tascala.html

         2014

_____. "La dieta de Tascala." Ibercampus (Vanity Fea) 6 April 2014.*

http://www.ibercampus.info/la-dieta-de-tascala-27298.htm

2014

_____ "Canibalismo neandertal, y sapiens." In García Landa, Vanity Fea 13 Sept. 2016.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2016/09/canibalismo-neandertal-y-sapiens.html

         2016






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miércoles, 8 de mayo de 2019

El hombre, un hombre para el hombre


Homo homini homo. Somos del género caníbal, desde el origen de los tiempos.


Nuestros Antecessores caníbales:







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martes, 13 de septiembre de 2016

Canibalismo neandertal, y sapiens

Un comentario que pongo en el artículo "Canibalismo entre los neandertales", de José María Bermúdez de Castro.


Sobre el canibalismo entre neandertales y sapiens... me parece que no hay por qué considerarlo un rasgo de primitivismo en los neandertales frente a los sapiens, pues no creo que haya habido diferencias. O sí, más bien bastantes, pero no en cuanto a que ambas especies han practicado abundantemente el canibalismo. Podría parecer que el canibalismo de los propios muertos por causas naturales fuese adaptativo, en el sentido de aprovechar más los recursos (así, ni muertos dejan de contribuir a la provisión de carne del grupo). Pero podría tener otras contrapartidas indeseables, como las infecciones, etc. A veces los cadáveres no están muy sanos. Por otra parte, si se le coge gusto gastronómico a la propia especie, hay menos distancia que recorrer para cazar y comerse a los del grupo vecino, si los pillamos distraídos. Esto ya tiene un valor adaptativo más discutible y dudoso—pues aquí ya se nos multiplican los depredadores en el vecindario. Y otro pasito más lleva a matar a los débiles o niños del propio grupo en caso de necesidad, para comérselos. No hay que ser un ogro para hacerlo; algunas tribus americanas tenían granjas de esclavas destinadas a producir niños para el consumo de los propios padres. Seguro que el propietario de muchas esclavas tenía gran consideración entre sus vecinos; los sapiens somos así. Por cierto que el canibalismo ha estado bastante más extendido entre las tribus primitivas de lo que parece suponer el artículo de Bermúdez de Castro; ha durado hasta hace pocas décadas en lugares de Nueva Guinea y el Pacífico, por no hablar de Rusia durante la gran hambruna comunista. Y no olvidemos a los aztecas, el gran imperio caníbal, un ejemplo monstruoso que nos recuerda que no sólo en culturas tribales y analfabetas puede darse el canibalismo gastronómico organizado. Es instructiva la lectura de las memorias muy vívidas y detalladas de Bernal Díaz del Castillo, la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, donde se echa de ver que el canibalismo azteca (y el de sus vecinos) no era un mero ritual comulgatorio, sino una costumbre culinaria bien enraizada. En el caso del Homo sapiens, va unido a la competencia entre grupos diferenciados culturalmente, o a la opresión de grupos esclavizados o tribus sojuzgadas. Quizá entre los neandertales, más dispersos, fuese más una costumbre familiar, aunque no dudo de que echarían mano de cualquier forastero errante tratándolo como caza mayor. Matar al forastero (y con frecuencia comérselo) ha sido la regla hasta el desarrollo de la hospitalidad en una fase bastante más pastoral y civilizada de la cultura humana. En algunos sitios no llegaron a desarrollar esa hospitalidad los Homo sapiens. Entre los neandertales, dudo mucho que se diese en ningún caso.
asaro


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sábado, 9 de abril de 2016

The functionality and dysfunctionality of human sacrifice




A commentary of mine to a post in Cliodynamica:

A notorious example of dysfunctionality and the way it is “selected out”. The Mexican massive human sacrifices seem to have involved not only the downtrodden but also many aliens, imported slaves, captive warriors, tribute hostages from neighbouring tribes… were used as an instrument of domination by the Aztecs, and maybe did provide a measure of symbolic social unity, as a mode of “living tragedy” among other ways. But their systematic nature provoked such a degree of resentment among their neighbours (who also practised human sacrifice and cannibalism by the way) that they were more than ready to join Cortés and the Spaniard invaders in order to overthrow the Mexican empire. The ritual was functional at a given stage of development and imperial expansion, but a new player in the game disrupted the play of forces.

One has to add that the functionality of human sacrifice in this culture was complemented with cannibalism—a meat-rich diet for the warriors and the élites which no doubt helped promote their predatory efficiency on neighbouring tribes, in the peculiar Mexican ecosystem, in which humans were the only existing form of cattle and beasts of burden—yet another factor which changed with the arrival of the Spaniards.




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miércoles, 14 de octubre de 2015

Aliados con los caníbales


Pongo un comentario en el post de Crónicas Bárbaras "Los españoles ante los caníbales"—donde se sigue dando vueltas a la justificación de la invasión española de México y a la barbarie de los indígenas, y a si estos eran caníbales o no:

Para ser más exactos, los españoles tuvieron que aguantar que sus aliados (también caníbales) siguieran practicando el canibalismo con las víctimas aztecas de las batallas, mientras se decidía la guerra con los aztecas, pues no estaban en condiciones de poner condiciones. Lo de los 15 gramos había que estar allí para pesarlo, sin duda. Las pirámides de calaveras y los testigos oculares dan otro testimonio.

Es cierto, por otra parte, que no había por qué conquistarlos ni atacarles. Se les podría haber propuesto, también, una alianza de civilizaciones. Pero no eran las costumbres de la época. Y es más que probable que también hubieran muerto a millones por las epidemias (véase Jared Diamond, 'Guns, Germs, and Steel').

Sin duda, la civilización azteca era muy meritoria en muchos aspectos—tenían maravillosa artesanía, organización avanzada, gran arquitectura y urbanismo, tecnología ingeniosa, literatura y bellas artes plásticas. Moctezuma puede que desayunase bebés, como plato favorito, pero era un hombre muy educado y todo un caballero, de eso quedan testimonios unánimes. Y hasta en Apocalypto, que no es precisamente pro-azteca, pueden apreciarse algunas de estas virtudes locales. Ahora bien, todos estos adelantos culturales también los tenían los nazis y no suele uno deshacerse en elogios ante ellos, diciendo, "vale, se dice que mataron a millones de judíos y que eran crueles, pero no se olviden Vds. de las películas de Leni Riefenstahl, y de esos preciosos Messerschmitt..." —etc. Más bien se dice, "Leni Riefenstahl filmaba bien, y los Messerschmitt estaban bien diseñados, pero...".

A los aztecas, el sentimentalismo progre europeo y la patriotería americana—y el odio a España y a la Hispanidad—han llevado a aplicarles esta otra perspectiva, la de pobres víctimas de la historia. No, si es para pensar que la historia no la escriben sólo los vencedores, ni tan siquiera los vencedores y sus críticos—parece que se ha colado directamente algún azteca mal desayunado, entre los revisionistas.




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domingo, 6 de abril de 2014

La Dieta de Tascala

Mucho se ha debatido el alcance del canibalismo en Mesoamérica. Sí, se acepta que en el Caribe había caníbales, una cosa tribal. Pero también parece que se confirma continuamente que los aztecas practicaban el canibalismo. Aunque este arqueólogo dice que era una cosa ceremonial para ricos, aristócratas y sacerdotes (quizá los otros no se podían permitir comer carne con frecuencia) y no parte de la dieta habitual. Y no sólo eran caníbales los aztecas, sino también los pueblos enemigos que tenían arrinconados en Puebla, como los tlaxcaltecas. Supongo que en México no gusta en exceso oír estas cosas, y muchos las asocian con fábulas inventadas por los malvados españoles (los auténticos ogros) para justificar la conquista. Ahora que abunda tanto allí la identificación fantasiosa con las culturas precolombinas, estas noticias de un imperio caníbal caen siempre de nuevas o se ven rodeadas de dudas. Gusta más a muchos pensar que la dieta de los mexicanos era básicamente vegetariana (y en gran parte lo era, no digamos que no). No es sólo que sea más agradable identificarse con ancestros cultos, dignos y portadores de una civilización avanzada y sostenible, sino que positivamente repugna (o me repugna a mí) la idea de una cultura organizada, compleja, comercial, cortesana y urbana, que a la vez cría gente como cerdos para comérselos. Más nazis que los nazis, vamos—eran estas culturas una ofensa ya no a los vegetarianos sino a lo que consideramos mínimamente humano, una civilización de ogros o de orcos, por decirlo en una palabra, y es triste que algún discurso anticolonialista actual, tendente al buenismo y al nativismo fashion, les dé cierta buena prensa. La realidad (y la humanidad) es más desagradable, claro, cuando se examina de cerca, y no hay tanta diferencia como parece entre el orco y el humano; incluso el nazi es demasiado humano. También la oposición antagónica de "los mexicanos nativos" contra "los españoles" como dos grupos enfrentados es simplista e ignora las profundas diferencias entre los indios mismos (entre el que come y el que es comido, por ejemplo).

Sin duda cada cultura encuentra maneras distintas de controlar la población y acomodarla a los recursos: los anticonceptivos y el aborto hoy, pero también con frecuencia el infanticidio, la guerra, el celibato masivo... Recordemos la fórmula típica en Occidente: un hijo a reproducir la propiedad y la familia, otro a la guerra (a que lo maten o quizá a que produzca proletarios, o más carne de cañón) y otro al monasterio, a cortar el flujo genético. Malthus hablaba de las epidemias como un medio involuntario pero espontáneo de control de la población, y de eso llevaron mucho los españoles a América. También las matanzas organizadas han sido, en tristes episodios de la historia humana, una solución de "equilibrio ecológico" entre la población y los recursos. A veces, por la vía de transformar la población en recursos consumibles.

Lo que encontraron Cortés y sus tropas en México fue una auténtica cultura organizada de la matanza: el canibalismo como opresión de clases, como depredación social sistemática, y como auténtica industria cárnica —nada de antiguos rituales ceremoniales y excepcionales sacrificios comulgatorios en homenaje a los antepasados; había un continuo entre el esclavo, la bestia de carga y el ganado de matadero. Pero gusta tan poco saberlo que no se difunden siquiera pasajes como éste de la Historia de Bernal Díaz del Castillo. Es un capítulo memorable escrito por un testigo presencial. Aquí ven los españoles, por primera vez, desde el volcán, las tierras de los aztecas y la ciudad de Tenochtitlán. De ésta les han hablados sus aliados los "tascaltecas", en un parlamento en que han pactado una alianza con los españoles para que les protejan de sus enemigos aztecas. Fue un parlamento o negociación menos famoso que la Dieta de Worms, pero no menos importante:


También dijeron aquellos mismos caciques que sabían de sus antecesores que les había dicho un su ídolo, en quien ellos tenían mucha devoción, que vernían hombres de las partes de donde sale el sol y de lejas tierras los sojuzgar y señorear; que si somos nosotros, que holgarán dello, que pues tan esforzados y buenos somos. Y cuando trataron las paces, se les acordó desto que les habían dicho sus ídolos y que por aquella causa nos dan sus hijas para tener parientes que les defiendan de los mexicanos. Y desque acabaron su razonamiento, todos quedamos espantados y decíamos si por ventura decían verdad. Y luego nuestro capitán Cortés les replicó y dijo que ciertamente veníamos de hacia donde sale el sol y que por esta causa nos envió el rey, nuestro señor, a tenelles por hermanos, porque tiene noticia dellos, y que plega a Dios que nos dé gracia para que por nuestras manos e intercesión se salven. Y dijimos todos amén.
  
Hartos estarán ya los caballeros que esto leyeren de oír razonamientos y pláticas de nosotros a los tascaltecas y ellos a nosotros; querría acabar ya, y por fuerza me he de detener en otras cosas que con ellos pasamos. Y es que el volcán que está cabe Guaxocingo echaba en aquella sazón que estábamos en Tascala mucho fuego, más que otras veces solía echar, de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros, como no habíamos visto tal, nos admiramos dello. Y un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomole cobdicia de ir a ver qué cosa era y demandó licencia a nuestro general para subir en él, la cual licencia le dio, y aun de hecho se lo mandó, y llevó consigo dos de nuestros soldados y ciertos indios principales de Guaxocingo. Y los principales que consigo llevaba poníanle temor con decille que desque estuviese a medio camino de Popocatepeque [Popocatépetl], que ansí llaman aquel volcán, no podría sufrir el temblor de la tierra ni llamas y piedras ni ceniza que dél sale, e que ellos no se atreverían a subir más de addonde tienen unos cúes [adoratorios] de ídolos que llaman los teules [dioses, espíritus] de Popocatepeque. Y todavía el Diego de Ordás, con sus dos compañeros, fue su camino hasta llegar arriba, y los indios que iban en su compañía se le quedaron en lo bajo, que no se atrevieron a subir. Y paresce ser, según dijo después el Ordás y los dos soldados, que, al subir, que comenzó el volcán de echar grandes llamaradas de fuego y piedras medio quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda aquella sierra y montaña adonde está el volván, y que estuvieron quedos sin dar más paso adelante hasta de ahí a una hora, que sintieron que había pasado aquella llaamrada y no echaba tanta ceniza ni humo, y que subieron hasta la boca, que era muy redonda y ancha, y que habría en el anchor un cuarto de legua, y que desde allí se parescía la gran cibdad de México y toda la laguna y todos los pueblos que están en ella poblados. Y está este volcán de México obra de doce o trece leguas. Y después de bien visto, muy gozoso el Ordás e admirado de haber visto a México y sus cibdades, volvió a Tascala con sus compañeros. Y los indios de Guaxocingo y los de Tascala se lo tuvieron a mucho atrevimiento. Y cuando lo contaban al capitán Cortés y a todos nosotros, como en aquella sazón no lo habíamos visto ni oído como agora, que sabemos lo que es y han subido encima de la boca muchos españoles y aun frailes franciscos, nos admiramos entonces dello. Y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas a Su Majestad, e ansí las tiene agora un su sobrino Ordás, que vive en la Puebla. Después acá, desque estamos en esta tierra no le habemos visto echar tanto fuego ni con tanto ruido como al principio. Y aun estuvo ciertos años que no echaba fuego, hasta el año de mil e quinientos y treinta y nueve, que echó muy grandes llamas y piedra y ceniza.

Dejemos de contar del volcán, que agora que sabemos qué cosa es y habemos visto otros volcanes, como son los de Nicaragua y los de Guatimala, se podían haber callado los de Guxalcingo sin poner en relación. Y diré cómo hallamos en este pueblo de Tascala casas de madera hechas de redes y llenas de indios e indias que tenían dentro encarcelados y a cebo hasta que estuviesen gordos para comer y sacrificar. Las cuales cárceles les quebramos y deshicimos, para que se fuesen los presos que en ellas estaban, y los tristes indios no osaban ir a cabo ninguno, sino estarse allí con nosotros, y ansí escaparon las vidas. Y dende en adelante, en todos los pueblos que entrábamos lo primero que mandaba nuestro capitán era quebralles las tales cárceles y echar fuera los prisioneros, y comúnmente en todas estas tierras los tenían. Y como Cortés y todos nosotros vimos aquella gran crueldad, mostró tener mucho enojo de los caciques de Tascala y se lo riñó bien enojado, y prometieron que, dede allí adelante, que no matarían ni comerían de aquella manera más indios. Digo yo ¿qué aprovechaba todos aquellos prometimientos, que, en volviendo la cabeza, hacían las mismas crueldades? Y dejémoslo ansí. Y digamos cómo ordenamos de ir a México.


(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, capítulo LXXVIII)

Montaigne justificó el canibalismo de las culturas indígenas americanas comparándolo con otras crueldades cometidas por los europeos, y negándose así a ver esas culturas como más bárbaras o inhumanas que la suya propia. Barbarie por barbarie, es cierto, es difícil echar el cálculo. Pero eso no debería servir como justificación o excusa para exculpar, ignorar o minimizar el horror del canibalismo. Puede observarse que el derecho a no ser comido no figura siquiera en la declaración de derechos humanos. Por algo será.





La Dieta de Tascala en Ibercampus.


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lunes, 25 de febrero de 2013

Carne de china

Algunas reflexiones al paso después de ver Cloud Atlas. Supongo que será candidata a los Oscars del año que viene, con sus colección de estudios de efectos especiales, y que se llevará unos cuantos; también parece bien pensada para arrasar en cuestiones de actores secundarios y de maquillaje. Una de las cosas más llamativas de la película es cómo reaparecen varios actores en distintos papeles en las diversas historias, y llevado por tu entusiasmo de reconocer a algunos de ellos, no caes en la cuenta de que no has reconocido a la mayoría, a no ser subliminalmente. Aunque creo que esto la hace más bien candidata a ser re-vista y repasada; sale uno de ella con la sensación de haber visto varias películas, lo cual es a la vez bueno y malo. (Aquí una reseña preliminar). 

Lo que une a los argumentos son lazos temáticos, unidos a la benevolencia y a la empatía con los otros. Pero claro, aunque aquí se hallen enfatizados, y un tanto subrayados además por la recurrencia de actores en el papel de buenos o de malos generalmente, es ése un tema difícilmente original. Resulta que rige el ochenta por ciento de los argumentos del mundo, y me quedo corto; con lo cual no sería difícil añadir otras cuatro o doce historias más a la película, y alternarlas como aquí se hace, con la misma justificación estética. O quitarle tres de las que hay. A lo que voy, que a la película la unifica sólo el hecho de que es una película y no varias, y que la novela era así. Las transiciones entre líneas argumentales se cuidan también con el truco de la falsa continuidad: un elemento dee una historia que enlaza con uno de la otra, como se hacía también por ejemplo en Crash, mucho más unificada ésa desde luego, a dónde va a parar, la menciono sólo por clarificar lo diferentes que pueden ser dos películas supuestamente construidas con un principio general, el de la multilinearidad argumental. 

En este sentido Cloud Atlas está más en la línea deslavazada o voluntariosamente simbólica de Babel. Las conexiones no simbólicas (uno de los amantes gays lee el libro de otro personaje en una línea argumental, el otro es un personaje secundario asesinado muchos años después en otra línea, etc.)  están sólo para conectar, y casi daría igual que no estuviesen. En cuanto al mensaje, es aquí mucho más pernicioso, estéticamente hablando digo, por lo mal realizado que está al quererlo literalizar en el discurso de la clon coreana, o en las alusiones a las reencarnaciones y a Castaneda en la línea argumental ambientada en los setenta. De acuerdo, son los setenta, y crea ambiente Castaneda, pero yo es que oigo Castaneda y echo mano a la Luger más rápido que el músico gay ese. Contribuye, eso sí, a un tono de misticismo barato que no desentona con el primum movens de la película. En el ser humano todo resuena, todo acto significa, todo tiene trascendencia, o casi todo si nos ponemos a hilar, o tiene más o menos trascendencia y todo crea el destino del futuro y de los demás.... OK, pero eso se llama la cultura o la interacción social, o incluso la coexistencia en el planeta, y cuando se intenta hacer un pequeño modelo a escala de esas conexiones, por resaltarlas y explicarlas, lo que se hace es falsificar la auténtica naturaleza de la conexión, que no llega por mentalismo ni por karmas acumulados en los individuos. O sea, que en lo que se refiere al mensaje ético, queda más bien emburrullado, como no podía ser menos, una vez le añadimos los karmas acumulados.

Pero cada una de las historias está bien contada, y tiene su propio interés; una película completa casi más que un corto, por la compresión casi de anuncio que tienen las escenas. Esto se puede hacer en parte por el uso de referencias subliminales casi explícitas a otras películas o historias: Alguien voló sobre el nido del cuco en el caso de los vejetes que escapan del asilo-cárcel, La Isla en el caso de la clona coreana fugada, The Secret Sharer y Rites of Passage, amén de otras historias conradianas en la historia de navegaciones del XIX, etc. etc. Ya casi las hemos visto todas, estas pelis, pero aquí se refilman y recombinan agradablemente, y se alternan manejando bien el suspense, que es en parte para lo que están estas alternancias.

Carne de china. Examinemos esta historia con sus fuerzas y sus debilidades. La historia de los clones nos remite por una parte a Matrix de los Wachowski, cuando los Wachowski no era masculino genérico. Tiene la clona coreana su propio Neo en papel de Morfeo, que la rescata de su MacDonalds de pesadilla y la introduce a la realidad detrás de MacDonalds, otra vez un sistema diabólico que se alimenta de carne humana alienada. Tenemos otra sociedad de rebeldes en lucha, en un mundo que parece una reedición de elementos extraídos de William Gibson (Neuromante, Idoru) y de Blade Runner. El mensaje viene a ser otro de libertad, y hay una Elegida. 

No queda claro por qué era la Elegida, una clon como las otras. (Y si no es como las otras, aquí hay una petitio principii....). Aún menos razones tiene para convertirse en la Gran Madre Elegida de la otra historia futurista. Pero es todo el montaje de su liberación lo innecesario. A lo que voy es que la solemne emisión del mensaje radiado, la revelación pública del testimonio de la clon es un elemento de interferencia, extraído de otro tipo de argumento o argumentario, pero que no tiene ni lógica ni justificación en el mundo que se nos retrata en la película. Además, la clon es a la vez ignorante y denunciante, cosa que no acaba de clarificar la situación. Y se termina de estropear la cuestión cuando la clon china recita monótonamente un mensaje que no sabemos si es un dictado que ha memorizado, o si es la conclusión improbable de sus propias reflexiones, ayudadas por un videotutorial budista.  En fin, que aquí unos clichés se apoyan sobre otros, con un resultado más doloroso que convincente; de los de pasar el rato mientras llega el la otra línea argumental.

Y con ello no quiero decir que esta historia no tenga su punto de interés, en la manera de presentarla. Es significativa la elección de una mujer oriental, "china" digamos, para presentar esta historia de la victimización eterna de los débiles y oprimidos. Estos días denuncian por allí las hamburguesas con carne de caballo; no hemos llegado todavía a la carne de coreana, y no creo que se ande por allí a medida que progrese la Macdonaldización de la Sociedad; más bien lo que se hará en el futuro es generar carne sintética o genéticamente modificada para que crezca sin bicho; comeremos enormes... tumores, por así decirlo, me parece que es lo que nos espera.

Pero esta historia oriental se refiere tanto al pasado como al futuro, en su elección de la imagen de las chinas sacrificadas. Leyendo estos días el libro de Darwin sobre selección sexual, se me han aclarado algo las ideas sobre las actitudes hacia la mujer en las sociedades orientales. Es sabido que una niña es ahí malas noticias; sólo quieren tener niños, y de hecho lo van consiguiendo con los escáneres prenatales, análisis y abortos. En China hay unos 120 niños por 100 niñas, una desproporción sexual tremenda, y que se ha descrito como una "generocidio". El desprecio tradicional hacia las mujeres se está convirtiendo en una reducción deliberada y planificada (espontáneamente planificada, digo) de sus números, resultado de millones de decisiones individuales que llevan a que el único hijo sea varón, o que dos de tres sean varones.  Es la historia de El primer siglo despues de Béatrice, pero que se va haciendo realidad.

Las sociedades tradicionales desarrollan sus propios métodos de control de la población. De esto habló algo Malthus. Y Gustavo Bueno, en su conferencia sobre la guerra, señala en términos malthusianos que en última instancia la población crece más que los recursos; y que un recurso frente a esto es la guerra, y otro es el canibalismo. El canibalismo se llevaba bastante en la Prehistoria, más quizá de lo que pensamos hoy. En la Antigüedad, fueron las guerras, razzias, masacres y esclavizamiento; para hacerse una idea hay que leer a Polibio, que describe la situación antes del surgimiento de los grandes imperios. En Roma, la esclavitud masiva, claro. En el Cristianismo medieval, aun con su dosis generosa de guerras y de esclavitud, la innovación antibeibi fue la religión: los millones y millones de personas destinados a una vida sin relaciones sexuales (o sin peligrosas relaciones heterosexuales) en conventos y monasterios, todo acompañado claro con el desarrollo concomitante de una ideología de la castidad y de lo pecaminoso del sexo. 

En Oriente no había tanto monasterio, pero sí había una institución no muy reconocida ni estudiada todavía: la del infanticidio femenino.  Nacían menos niñas que niños, o nacían menos niñas vivas que niños, o se morían pronto.... la cosa va por temporadas y costumbres. Junto a esta costumbre, se desarrolla una ideología de menosprecio a la mujer, y de subordinación de éstas a los hombres, un machismo atroz que nada tiene que envidiar al de los árabes, pero nada nada.  Hoy en día, el aborto es su gran expresión, y la gran solución al problema malthusiano de China; en concreto, el aborto de niñas.  ¿Me pregunto si los Wachowski, con su gran matadero cárnico de chinas en Cloud Atlas, son conscientes de que estaban presentando una alegoría del aborto industrializado?  Yo diría que menos que a medias. Ahora que habrá que ver cómo se acumula en el karma de la raza, y de la humanidad entera, esto del aborto selectivo de mujeres.


También sé que no es un crimen igual de grave matar a una camarera china que a una feta, no hace falta que me lo digan, aunque son ambas cosas que no gusta pensarlas. Los mataderos de animales, o los establos y gallineros industriales, son ya de por sí bastante desagradables de contemplar de frente. Pero hay además una industria de sacrificios humanos para apuntalar el sistema o mantener un aporte calórico viable, o una organización social si no totalmente deseable sí deseada. La Humanidad también vive de carne humana, es una de sus verdades más desagradables, y la miramos indirectamente, o decimos que es otra cosa lo que decimos. Y sea como sea, lo que vemos en la pantalla también depende en última instancia de quién mire.


 
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viernes, 21 de diciembre de 2012

Aníbal el Caníbal

Sigue sorprendiéndonos Polibio con sus rincones curiosos o terroríficos. Esto cuenta sobre la preparación de la expedición de Aníbal contra Roma, desde España (IX, 24):

Cuando proyectaba marchar de España a Italia con un ejército, Aníbal preveía la gran dificultad de avituallarlo y de disponer siempre de víveres, ya que, por su duración, la marcha era casi inacabable y, encima, había que contar con el número y la ferocidad de los bárbaros que vivían a lo largo de ella. En el consejo esta dificultad se debatió ampliamente y uno de sus miembros, llamado también Aníbal, por sobrenombre "el gladiador", hizo evidente que había sólo un único medio para poder llegar a Italia. Aníbal le pidió que lo expusiera y él contestó que era preciso enseñar al ejército a comer carne humana, y habituarle a ello. Aníbal fue incapaz de oponerse razonadamente a la audacia y a la eficacia de esta idea, pero nunca la tomó en serio y no intentó convencer a sus amigos. No falta quien afirma que los actos de salvajismo cometidos por Aníbal en Italia se deben imputar al otro Aníbal, pero en gran medida se debieron también a las circunstancias.

Las circunstancias, y los consejos de nuestros amigos, nos vuelven caníbales....  ¡pero aún tenían el cuajo estos cartagineses de hablar de la "ferocidad de los bárbaros"!



 
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jueves, 11 de agosto de 2011

Dieta generalista (Compitiendo con los ogros)

Leemos en Público una de las últimas entregas de la saga de Atapuerca, con más datos sobre la alimentación de los Homo heidelbergensis y Homo antecessor que nos precedieron en España, bastante antes de los iberos y los celtas. Ahora el equipo de Carbonell, Arsuaga, et al. encuentra en los heidelberguenses una dieta de cazadores de bisontes, cosa esperable quizá. Más llamativos son los detalles que acompañan a la dieta del antecessor.  

De estos ya se sabía que eran caníbales, por las raspaduras dejadas en los huesos por instrumentos de piedra: ahora nos dicen que tenían una "dieta generalista" y que acompañaban sus festines de carne humana con frutos del bosque—en concreto con frutas de almez. Aparte de que casi suene gourmet, se me ocurre que el canibalismo sistemático pudo tener importantes consecuencias evolutivas, y de organización social. Por decirlo de otra manera, si somos hijos de la guerra, también puede sospecharse que si tan alto hemos llegado es porque vamos a hombros de caníbales. Dos hechos que no son quizá sino sólo dos aspectos del mismo. 

No descendemos directamente del antecessor europeo, que fue sustituído por el Homo sapiens de origen africano —posiblemente exterminado mediante la guerra, es de suponer, suponiendo que se pueda llamar guerra a esa condición hobbesiana originaria en la que el homo homini lupus. El hombre era un lobo para el hombre en dos sentidos: como presa y como cooperador. Se organizaban en pequeños grupos lobunos, y debían temer más que nada a los otros pequeños grupos de humanos, para quienes eran presa—esto a diferencia de los lobos, que no se suelen meter con otros lobos: lo del canibalismo es cuestión de simios carroñeros y degenerados. 

Este tipo de sociedad caníbal crea un tipo de presión selectiva muy especial, todo un entorno ecológico que moldea la inteligencia y el tipo de relaciones sociales favorecidas. Para empezar, fomenta una solidaridad grupal férrea: es el grupo el que define la realidad del individuo, y el mundo en el que se mueve. Y todas las conductas rituales, simbólicas, etc. que ayuden a cohesionar al grupo, a darle unidad y a demarcarlo de los demás, resultarán altamente favorecidas y seleccionadas. Por supuesto también se favorece todo tipo de desarrollo de la teoría de la mente y de la inteligencia maquiavélica que permita anticiparse a las acciones de los otros grupos y usarlas en beneficio propio. El pensamiento estratégico, los planes, la proyección de futuro, resultan ser ventajas sometidas a intensa presión selectiva: los mejores estrategas, y los más organizados en sus defensas, serán quienes sobrevivan. 

No hay que olvidar que una vez nos embarcamos en esta espiral de guerra universal, en la carrera armamentística del Paleolítico, la evolución pasa a ser lamarckiana más que darwiniana—a medida que los rivales más temibles no son ya los osos y leones, cuyas costumbres y movimientos son conocidos y predecibles en gran medida, sino otros humanos como nosotros, cuyo comportamiento es variable y emergente, y requiere adaptación continua.  El canibalismo cumplía así una doble función, o triple: eliminaba a los grupos sociales menos aptos en esta lucha por la vida, reforzaba la cohesión grupal—pues cada festín antropófago era un recordatorio de lo que había en juego—e intensificaba las dinámicas de competitividad social, al depender una parte del "aporte calórico" directamente de la eliminación de los grupos enemigos, o de los miembros del propio grupo con menos apoyos sociales. 

Es fácil ver cómo un fenómeno social y cognitivo tal como el lenguaje resulta enormemente competitivo en un entorno semejante, y cómo se crea una fuerte presión selectiva para mejorar las palabras de la tribu, que decía Mallarmé. El lenguaje que permita comprender, manipular y planificar el entorno—pero ante todo, el lenguaje que permita cohesionar al grupo como tal, y separarlo de los otros de manera identificable. El lenguaje es lo que separa a los propios de los bárbaros, y los bárbaros son como los animales: a la vez presas y depredadores peligrosos. Esta es una de las bases de la atomización lingüística de la prehistoria, de la humanidad dividida por sus miles de lenguajes, que es la que hemos heredado. Cada uno de éstos que se pierde es una gran pérdida... pero hay que ver la otra cara de la cuestión: el aislamiento y rivalidad en los que se basaba esta fructífera diversidad.

Naturalmente, en un entorno de pequeñísimos grupos nómadas, también hay variabilidad e intercambio social: y aparte del pequeño grupo de aliados incondicionales está un poco más allá el segundo círculo: el círculo de grupos menos hostiles, parientes lejanos quizá, que hablan un lenguaje parecido, potencialmente aliados si aprieta un enemigo más poderoso, o si hay que organizar una gran caza anual. Podemos imaginar la dinámica de interioridad/exterioridad, de identificación y alteridad, a la que da lugar un entorno ecológico semejante: es en realidad el que hemos heredado, un tanto evolucionado y complicado, pero reconocible en sus contornos básicos.

El Homo sapiens debió de surgir en un pequeño grupo sometido a este tipo de presión guerrera y caníbal. Es debatido aún el papel de las mutaciones en el origen de la raza humana: pero es fácil ver que si en algún momento hubo una mutación cognitivamente ventajosa hasta un nivel determinante en uno de estos grupos—una aparición emergente súbita de una complejidad lingüística o de asociación simbólica, por ejemplo, éste es el entorno ideal para que semejante mutación se conserve y extienda en el seno de un pequeño grupo. Y más allá aún, una vez que este pequeño grupo prolifera y se divide, y resulta que se hace el líder de la sabana, y se identifica a sí mismo como "el hombre que sabe" frente a los que no saben—los otros, que son a la vez una presa y una amenaza a exterminar, y un espejo abyecto en el que mirarse.  Si se impuso el Homo sapiens a los demás, fue por una combinación de esta inteligencia social, lingüística, y cognitiva, superior—que le llevaba a una superioridad en el establecimiento de redes sociales y en el uso del entorno. Pero son ventajas que surgen en un entorno muy concreto, el de la guerra caníbal universal, y son de hecho sus productos. 

El canibalismo no acabó con el Homo antecessor: los neandertales también eran caníbales, y el Homo sapiens lo ha practicado seguramente desde su origen. Pero de maneras cada vez más aisladas: con el Homo sapiens el canibalismo tendió a volverse poco a poco más simbólico y ritual, como es propio de una especie de socialización más compleja, y con una marcada tendencia a cubrir todos sus actos con una gruesa capa de ritual y símbolo. Tal como yo lo imagino, sería más ritual el canibalismo cuanto más próximo fuese el devorado: si era un miembro de la familia, como entre los antiguos escitas, o si era un enemigo, un humano de pleno derecho (y no una fiera humanoide). Me imagino que especies humanas más primitivas, si hubo contacto con ellas, tendrían un status intermedio, pero más cercano a la pieza de caza, quizá. 

Y de ahí provienen las historias de ogros del bosque. Las especies cuyo canibalismo era más puramente alimenticio y menos simbólico fueron exterminadas, seguramente sin muchas contemplaciones, y denigrando sus prácticas aberrantes, usándolas como signo de oposición entre ellos y nosotros. El canibalismo, en su proceso de socialización, se convirtió para algunas tribus en la marca de la alteridad, del otro abyecto, el semihumano al que hay que exterminar, mientras algunos grupos lo seguían practicando ritualmente: una práctica a la vez sagrada y abyecta. (La comunión cristiana es una fase tardía y totalmente simbolizada de este canibalismo ritual). A muchos de los viejos ogros, probablemente nos los comimos a las finas hierbas, y luego contamos historias sobre ellos alrededor de la hoguera.

 
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