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miércoles, 15 de enero de 2025

Unamuno apocalíptico: la entropía terminal, el multiverso y la perspectiva dominante de la divinidad

Un pasaje sobre evolucionismo cósmico de El Sentimiento Trágico de la Vida de Miguel de Unamuno (X) —desolado tras su lectura de Spencer y de los hallazgos de Boltzmann.




 Cuenta B. Brunhes (La Dégradation de l'énergie, IV parte, cap. XVIII, E. 2) haberle contado monsieur Sarrau, que lo tenía del padre Gratry, que este se paseaba por los jardines del Luxemburgo departiendo con el gran matemático y católico Cauchy, respecto a la dicha que tendrían los elegidos en conocer, al fin, sin restricción ni velo, las verdades largo tiempo perseguidas trabajosamente en este mundo. Y aludiendo el padre Gratry a los estudios de Cauchy sobre la teoría mecánica de la reflexión de la luz, emitió la idea de que uno de los más grandes goces intelectuales del ilustre geómetra sería penetrar en el secreto de la luz, a lo que replicó Cauchy que no le parecía posible saber en esto más que ya sabía, ni concebía que la inteligencia más perfecta pudiese comprender el misterio de la reflexión mejor que él lo había expuesto, ya que había dado una teoría mecánica del fenómeno. "Su piedad—añade Brunhes—no llegaba hasta creer que fuese posible hacer otra cosa ni hacerla mejor." 

Hay en este relato dos partes que nos interesan. La primera es la expresión de qué sea la contemplación, el amor intelectual o la visión beatífica para hombres superiores, que hacen del conocimiento su pasión central, y otra, la fe en la explicación mecanicista del mundo.

A esta disposición mecanicista del intelecto va unida la ya célebre fórmula de "nada se crea, nada se pierde, todo se transforma", con que se ha querido interpretar el ambiguo principio de la conservación de la energía, olvidando que para nosotros, para los hombres, prácticamente, energía es la energía utilizable, y que ésta se pierde de continuo se disipa por la difusión del calor, se degrada, tendiendo a la nivelación y a lo homogéneo. Lo valedero para nosotros, más aún, lo real para nosotros, es lo diferencial, que es lo cualitativo; la cantidad pura, sin diferencias, es como si para nosotros no existiese, pues que no obra. Y el Universo material, el cuerpo del Universo, parece camina poco a poco, y sin que sirva la acción retardadora de los organismos vivos y más aún la acción conciente del hombre, a un estado de perfecta homogeneidad (v. Brunhes, obra citada). Que si el espíritu tiende a concentrarse, la energía material tiende a difundirse.

¿Y no tiene esto acaso una íntima relación con nuestro problema? ¿No habrá una relación entre esta conclusión de la filosofía científica respecto a un estado final de estabilidad y homogeneidad y el ensueño místico de la apocatastasis? ¿Esa muerte del cuerpo del Universo no será el triunfo final de su espíritu, de Dios?

Es evidente la relación íntima que media entre la exigencia religiosa de una vida eterna después de la muerte, y las conclusiones—siempre provisorias—a que la filosofía científica llega respecto al probable porvenir del Universo material o sensitivo. Y el hecho es que así como hay teólogos de Dios y de la inmortalidad del alma, hay también los que Brunhes (obra citada, cap. XXVI, párr. 2) llama teólogos del monismo, a los que estaría mejor llamar ateólogos, gentes que persisten en el espíritu de afirmación a priori; y que se hace insoportable—añade—cuando abrigan la pretensión de desdeñar la teología. Un ejemplar de estos señores es Haeckel, ¡que ha logrado disipar los enigmas de la Naturaleza! 

Estos ateólogos se han apoderado de la conservación de la energía, del "nada se crea y nada se pierde, todo se transforma", y se han servido de él para dispensarnos de Dios. "El mundo construido para durar—escribe Brunhes—, que no se gasta, o más bien repara por sí mismo las grietas que aparecen en él. ¡Qué hermoso tema de ampliaciones oratorias! Pero estas mismas ampliaciones, después de haber servido en el siglo XVII para probar la sabiduría del Creador, han servido en nuestros días de argumentos para los que pretenden pasarse sin Él." Es lo de siempre: la llamada filosofía científica, de origen y de inspiración teológica o religiosa en su fondo, yendo a dar una ateología o irreligión, que no es otra cosa que teología y religión. Recordemos aquello de Ritschl, ya citado en estos ensayos. 

Ahora, la última palabra de la ciencia, más libre aún que de la filosofía científica, parece ser que el mundo material, sensible, camina por la degradación de la energía, por la predominancia de los fenómenos irreversibles, a una nivelación última, a una especie de homogéneo final. Y éste nos recuerda aquel hipotético homogéneo primitivo de que tanto usó y abusó Spencer, y aquella fantástica inestabilidad de lo homogéneo, inestabilidad de que necesitaba el agnosticismo ateológico de Spencer  para explicar el inexplicable paso de lo homogéneo a lo heterogéneo. Porque, ¿cómo puede surgir heterogeneidad alguna, sin acción externa, del perfecto y absoluto homogéneo? Mas había que descartar todo género de creación, y para ello el ingeniero desocupado metido a metafísico, como lo llamó Papini, inventó lo de la inestabilidad de lo homogéneo, que es más..., ¿cómo lo diré?, más místico y hasta más mitológico, si se quiere, que la acción creadora de Dios. 

Acertado anduvo aquel positivista italiano, Roberto Ardigo, que, objetando a Spencer, le decía que lo más natural era suponer que siempre fue como hoy, que siempre hubo mundos en formación, en nebulosa, mundos formados y mundos que se deshacían; que la heterogeneidad es eterna. Otro modo, como se ve, de no resolver.

¿Será ésta la solución? Mas en tal caso, el Universo sería infinito, y en realidad no cabe concebir un Universo entero y limitado como el que sirvió de base a Nietzsche para lo de la vuelta eterna. Si el Universo ha de ser eterno, si han de seguirse en él, para cada uno de sus mundos, períodos de homogeneización, de degradación de energía, y otros de heterogeneización, es menester que sea infinito, que haya lugar siempre y en cada mundo para una acción de fuera. Y de hecho, el cuerpo de Dios no puede ser sino eterno e infinito. 

Mas para nuestro mundo parece probada su gradual nivelación, o, si queremos, su muerte. ¿Y cuál ha de ser la suerte de nuestro espíritu en este proceso? ¿Menguará con la degradación de la energía de nuestro mundo y volverá a la inconciencia, y crecerá más bien a medida que la energía utilizable mengua y por los esfuerzos mismos para retardarlo y dominar a la Naturaleza, que es lo que constituye la vida del espíritu? ¿Serán la conciencia y su soporte externo dos poderes en contraposición tal que el uno crezca a expensas del otro?

El hecho es que lo mejor de nuestra labor científica, que lo mejor de nuestra industria, es decir, lo que en ella no conspira a destrucción—que es mucho—,  se endereza a retardar ese fatal proceso de degradación de la energía.Ya la vida mismo orgánica, sostén de la conciencia, es un esfuerzo por evitar en lo posible ese término fatídico, por irlo alargando. 

De nada sirve querernos engañar con himnos paganos a la Naturaleza, a aquella a que con más profundo sentido llamó Leopardi, este ateo cristiano, "madre en el parto, en el querer madrastra", en aquel su estupendo canto a la retama (La ginestra). Contra ella se ordenó en un principio la humana compañía; fue horror contra la impía Naturaleza lo que anudó primero a los hombres en cadena social. Es la sociedad humana, en efecto, madre de la conciencia refleja y del ansia de inmortalidad, la que inaugura el estado de gracia sobre el de Naturaleza, y es el hombre el que, humanizando, espiritualizando a la Naturaleza con su industria, la sobrenaturaliza.

El trágico poeta portugués Antero de Quental soñó en dos estupendos sonetos, a que tituló Redención, que hay un espíritu preso, no ya en los átomos o en los iones o en los cristales, sino—como a un poeta corresponde—en el mar, en los árboles, en la selva, en la montaña, en el viento, en las individualidades y formas todas materiales, y que un día, todas esas almas, en el limbo aún de la existencia, despertarán en la conciencia, y cerniéndose como puro pensamiento, verán a las formas, hijas de la ilusión, caer deshechas como un sueño vano. Es el ensueño grandioso de la concientización de todo. 

¿No es acaso que empezó el Universo, este nuestro universo—¿quién sabe si hay otros?—, con un cero de espíritu—y cero no es lo mismo que nada—y un infinito de materia, y marcha a acabar en un infinito de espíritu con un cero de materia? ¡Ensueños!  (...)

  

 

 Origen y evolución de Dios según Unamuno

 

 

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jueves, 5 de diciembre de 2024

FRAMMENTO APOCRIFO DI STRATONE DA LAMPSACO

 Giacomo Leopardi -

FRAMMENTO APOCRIFO

DI

STRATONE DA LAMPSACO

preambolo.

Questo frammento, che io per passatempo ho recato dal greco in volgare, è tratto da un codice a penna che trova vasi alcuni anni sono, e forse ancora si trova, nella libreria dei monaci del monte Athos. Lo intitolo Frammento apocrifo perché, come ognuno può vedere, le cose che si leggono nel capitolo della fine del mondo, non possono essere scritte se non poco tempo addietro; laddove Stratone da Lampsaco, filosofo peripatetico, detto il fisico, visse da trecento anni avanti l’èra cristiana. È ben vero che il capitolo della origine del mondo concorda a un di presso con quel poco che abbiamo delle opinioni di quel filosofo negli scrittori antichi. E però si potrebbe credere che il primo capitolo, anzi forse ancora il principio dell’altro, sieno veramente di Stratone; il resto vi sia stato aggiunto da qualche dotto greco non prima del secolo passato. Giudichino gli eruditi lettori.

della origine del mondo.

Le cose materiali, siccome elle periscono tutte ed hanno fine, cosí tutte ebbero incominciamento. Ma la materia stessa niuno incominciamento ebbe, cioè a dire che ella è per sua

propria forza ab eterno. Imperocché se dal vedere che le cose materiali crescono e diminuiscono e all’ultimo si dissolvono, conchiudesí che elle non sono per sé, né ab eterno, ma incominciate e prodotte; per lo contrario, quello che mai non cresce né scema e mai non perisce, si dovrá giudicare che mai non cominciasse e che non provenga da causa alcuna. E certamente in niun modo si potrebbe provare che delle due argomentazioni, se questa fosse falsa, quella fosse pur vera. Ma poiché noi siamo certi quella esser vera, il medesimo abbiamo a concedere anco dell’altra. Ora noi veggiamo che la materia non si accresce mai di una eziandio menoma quantitá, niuna anco menoma parte della materia si perde, in guisa che essa materia non è sottoposta a perire. Per tanto i diversi modi di essere della materia, i quali si veggono in quelle che noi chiamiamo creature materiali, sono caduchi e passeggeri; ma niun segno di caducitá né di mortalitá si scopre nella materia universalmente, e però niun segno che ella sia cominciata, né che ad essere le bisognasse o pure le bisogni alcuna causa o forza fuori di sé. Il mondo, cioè l’essere della materia in un cotal modo, è cosa incominciata e caduca. Ora diremo della origine del mondo.

La materia in universale, siccome in particolare le piante e le creature animate, ha in sé per natura una o piú forze sue proprie, che l’agitano e muovono in diversissime guise continuamente. Le quali forze noi possiamo congetturare ed anco denominare dai loro effetti, ma non conoscere in sé, né scoprir la natura loro. Né anche possiamo sapere se quegli effetti che da noi si riferiscono a una stessa forza, procedano veramente da una o da piú, e se per contrario quelle forze che noi significhiamo con diversi nomi, sieno veramente diverse forze, o pure una stessa. Siccome tutto dí nell’uomo con diversi vocaboli si dinota un sola passione o forza: per modo di esempio, l’ambizione, l’amor del piacere e simili, da ciascuna delle quali fonti derivano effetti talora semplicemente diversi, talora eziandio contrari a quei delle altre, sono in fatti una medesima passione, cioè l’amor di se stesso, il

quale opera in diversi casi diversamente. Queste forze adunque, o si debba dire questa forza della materia, movendola, come abbiamo detto, ed agitandola di continuo, forma di essa materia innumerabili creature, cioè la modifica in variatissime guise. Le quali creature, comprendendole tutte insieme, e considerandole siccome distribuite in certi generi e certe specie, e congiunte tra sé con certi tali ordini e certe tali relazioni che provengono dalla loro natura, si chiamano mondo. Ma imperciocché la detta forza non resta mai di operare e di modificar la materia, però quelle creature che essa continuamente forma, essa altresí le distrugge, formando della materia loro nuove creature. Insino a tanto che distruggendosi le creature individue, i generi nondimeno e le specie delle medesime si mantengono, o tutte o le piu, e che gli ordini e le relazioni naturali delle cose non si cangiano o in tutto o nella piú parte, si dice durare ancora quel cotal mondo. Ma infiniti mondi, nello spazio infinito della eternitá, essendo durati piú o men tempo, finalmente sono venuti meno, perdutisi per li continui rivolgimenti della materia, cagionati dalla predetta forza, quei generi e quelle specie onde essi mondi si componevano, e mancate quelle relazioni e quegli ordini che li governavano. Né perciò la materia è venuta meno in qual si sia particella, ma solo sono mancati que’ suoi tali modi di essere, succedendo immantinente a ciascuno di loro un altro modo, cioè un altro mondo, di mano in mano.

della fine del mondo.

Questo mondo presente, del quale gli uomini sono parte, cioè a dire l’una della specie delle quali esso è composto, quanto tempo sia durato fin qui, non si può facilmente dire, come né anche si può conoscere quanto tempo esso sia per durare da questo innanzi. Gli ordini che lo reggono paiono immutabili, e tali sono creduti, perciocché essi non si mutano se non che a poco a poco e con lunghezza incomprensibile di tempo, per modo che le mutazioni loro non cadono appena

sotto il conoscimento, non che sotto i sensi dell’uomo. La quale lunghezza di tempo, quanta che ella si sia, è ciò non ostante menoma per rispetto alla durazione eterna della materia.

Vedesi in questo presente mondo un continuo perire degl’individui ed un continuo trasformarsi delle cose da una in altra; ma perciocché la distruzione è compensata continuamente dalla produzione, e i generi si conservano, stimasí che esso mondo non abbia né sia per avere in sé alcuna causa per la quale debba né possa perire, e che non dimostri alcun segno di caducitá. Nondimeno si può pur conoscere il contrario, e ciò da piú d’un indizio, ma tra gli altri da questo.

Sappiamo che la terra, a cagione del suo perpetuo rivolgersi intorno al proprio asse, fuggendo dal centro le parti d’intorno all’equatore, e però spingendosi verso il centro quelle dintorno ai poli, è cangiata di figura e continuamente cangiasi, divenendo intorno all’equatore ogni di piú ricolma, e per lo contrario intorno ai poli sempre piú deprimendosi. Or dunque da ciò debbe avvenire che in capo di certo tempo, la quantitá del quale, avvengaché sia misurabile in sé, non può essere conosciuta dagli uomini, la terra si appiani di qua e di lá dall’equatore per modo, che perduta al tutto la figura globosa, si riduca in forma di una tavola sottile ritonda. Questa ruota aggirandosi pur di continuo dattorno al suo centro, attenuata tuttavia piú e dilatata, a lungo andare, fuggendo dal centro tutte le sue parti, riuscirá traforata nel mezzo. Il qual fòro ampliandosi a cerchio di giorno in giorno, la terra ridotta per cotal modo a figura di uno anello, ultimamente andrá in pezzi; i quali usciti della presente orbita della terra, e perduto il movimento circolare, precipiteranno nel sole o forse in qualche pianeta.

Potrebbesi per avventura in confermazione di questo discorso addurre un esempio; io voglio dire dell’anello di Saturno, della natura del quale non si accordano tra loro i fisici. E quantunque nuova e inaudita, forse non sarebbe per ciò inverisimile congettura il presumere che il detto anello fosse da principio uno dei pianeti minori destinati alla sequela di

Saturno; indi appianato e poscia traforato nel mezzo, per cagioni conformi a quelle che abbiamo dette della terra, ma piú presto assai, per essere di materia forse piú rara e piú molle, cadesse dalla sua orbita nel pianeta di Saturno, dal quale colla virtú attrattiva della sua massa e del suo centro, sia ritenuto, siccome lo veggiamo essere veramente, dintorno a esso centro. E si potrebbe credere che questo anello, continuando ancora a rivolgersi, come pur fa, intorno al suo mezzo, che è medesimamente quello del globo di Saturno, sempre piú si assottigli e dilati, e sempre si accresca quell’intervallo che è tra esso e il predetto globo, quantunque ciò accada troppo piú lentamente di quello che si richiederebbe a voler che tali mutazioni fossero potute notare e conoscere dagli uomini, massime cosí distanti. Queste cose, o seriamente o da scherzo, sieno dette circa all’anello di Saturno.

Ora quel cangiamento che noi sappiamo essere intervenuto e intervenire ogni giorno alla figura della terra, non è dubbio alcuno che per le medesime cause non intervenga somigliantemente a quella di ciascun pianeta, comeché negli altri pianeti esso non ci sia cosí manifesto agli occhi come egli ci è pure in quello di Giove. Né solo a quelli che a similitudine della terra si aggirano intorno al sole, ma il medesimo senza alcun fallo interviene ancora a quei pianeti che ogni ragion vuole che si credano essere intorno a ciascuna stella. Per tanto in quel modo che si è divisato della terra, tutti i pianeti in capo di certo tempo, ridotti per se medesimi in pezzi, hanno a precipitare gli uni nel sole, gli altri nelle stelle loro. Nelle quali fiamme manifesto è che non pure alquanti o molti individui, ma universalmente quei generi e quelle specie, che ora si contengono nella terra e nei pianeti, saranno distrutte insino, per dir cosí, dalla stirpe. E questo per avventura, o alcuna cosa a ciò somigliante, ebbero nell’animo quei filosofi, cosí greci come barbari, i quali affermarono dovere alla fine questo presente mondo perire di fuoco. Ma perciocché noi veggiamo che anche il sole si ruota dintorno al proprio asse, e quindi il medesimo si dèe credere delle stelle, segue che l’uno e le

altre in corso di tempo debbano non meno che i pianeti venire in dissoluzione, e le loro fiamme dispergersi nello spazio. In tal guisa adunque il moto circolare delle sfere mondane, il quale è principalissima parte dei presenti ordini naturali, e quasi principio e fonte della conservazione di questo universo, sará causa altresí della distruzione di esso universo, e dei detti ordini.

Venuti meno i pianeti, la terra, il sole e le stelle, ma non la materia loro, si formeranno di questa nuove creature, distinte in nuovi generi e nuove specie, nasceranno per le forze eterne della materia nuovi ordini delle cose ed un nuovo mondo. Ma le qualitá di questo e di quelli, siccome eziandio degl’innumerabili che giá furono e degli altri infiniti che poi saranno, non possiamo noi né pur solamente congetturare. 

 

Giacomo Leopardi. Operette morali. A cura di Alessandro Donati. Bari, Laterza, 1928.  Internet Archive

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domingo, 20 de octubre de 2024

APOCALIPSIS SIONISTA, LA GRAN REVELACIÓN, EL PLAN OCULTO AL DESCUBIERTO

   


Rosillo, Pedro. "APOCALIPSIS SIONISTA, LA GRAN REVELACIÓN, EL PLAN OCULTO AL DESCUBIERTO." Video. YouTube (El Arconte) 19 Oct. 2024.* (Sionism, Israel, Third World War, Prophecies, Occult science, Jerusalem, Self-fulfilling prophecies, Psalm 83, Nuclear war, Iran, Masons, Judaism).

https://www.youtube.com/live/ASJZxR9bgmU

         2024

 

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jueves, 11 de julio de 2024

Et moi, je vis toujours - La fin de l'histoire

Un des derniers chapitres du livre de Jean d'Ormesson Et moi, je vis toujours— qui donne voix à l'Histoire pour se raconter elle-même dans ses pages et par la bouche bouche de nombreux hommes et femmes qui on paru et disparu.


p. 270:

 

Est-il rien sur la Terre 

Qui soit plus surprenant

Que la grande misère

Du pauvre Juif errant?

Que son sort malheureux 

Paraît triste et fâcheux!

 

Juste ciel! Que ma ronde

Est pénible pour moi! 

Je fais le tour du monde

Pour la cinquiéme fois,

Chacun meurt à son tour

Et moi, je vis toujours

 

 

QUAND IL N'Y AURA PLUS PERSONNE POUR SE SOUVENIR DE RIEN

 

"Et moi, je vis toujours." Toujours?... Y a-t-il une fin de l'histoire? Chacun d'entre vous naît, vit et meurt : comme les trois personnnes de la Trinité pour les chrétiens — les savants disent : les trois hypostases —, les trois occurrences n'en font qu'une. Naître, pour vous, c'est déjà mourir; mourir, c'est avoir vécu. Moi, je ne meurs pas. Je continue. Je suis hier, aujourd'hui, demain. J'ai été vos grands-parents et les arrière-grands-parents de vos arrière-grands-parents. Je serai vos petits-enfants et les arri`pere-petits enfants de vos arrière-petits-enfants. Jusqu'où et jusqu'à quand dans un sens et dans l'autre? Dans l'avenir, vous ne le savez pas. Dans le passé, vous commencez vaguement à vous en faire une idée.

Longtemps, le passé a été aussi obscur que l'avenir. La question de mes débuts ne se posait même pas. Peut-être étais-je éternelle comme l'univers lui-même? Il y avait bien des poètes ou des savants pour m'assigner des origines:  des déesses ou des dieux m'auraient donné le jour ; je jaillissais de l'eau ou du limon : des tortues ou des fleurs de lotus me soutenaient au-dessus du vide ; des potiers célestes me faisaient sortir de l'argile ou du marbre. Un petit peuple de romanciers et de poètes de génie avait inventé une histoire dans un jardin où, tirée par un dieu cruel d'un néant éternel, une jeune femme aventureuse cueillait sur un arbre sacré un fruit défendu qui nous faisait entrer, vous et moi, à la fois dans le règne du mal et dans la vie de l'esprit: c'étaient les Juifs de Yahvé, d'Abraham et de Moïse. Autour de la Méditerranée, le conte prenait à travers les siècles une importance toujours croissante et donnait naissance à plusieurs religions distinctes, plus ou moins proches les unes des autres.

Le débat sur mes origines n'a été tranché ni par les poètes, ni par les philosophes, ni par les religions. Il a été tranché par la science.

Vers la fin du XIXe siècle, la science, sous ses espèces mathématiques et physiques, était déjà très puissante. Elle régnait en maîtresse sur le monde intellectuel. De grands esprits, tels que le chimiste français Marcellin Berthelot ou le physicien britannique lord Kelvin, allaient jusqu'à soutenir que vous saviez désormais à peu près tout ce qu'il était possible de savoir sur l'organisation de l'univers. Il ne restait qu'à développer l'ensemble des données accumulées par le positivisme et le déterminisme.

Quelques années à peine plus tard, au temps des deux grandes guerres mondiales, un groupe de mathématiciens, de physiciens et d'astronomes, venus d'horizons très différents, les Friedmann, les Hubble, les Gamow, plusieurs autres et, naturellement, après un peu d'hésitation, Albert Einstein, proposent de l'univers une image radicalement nouvelle. Le plus intéressant es que leurs travaux, avant de se rejoindre et de coïncider, suivent deux chemins différents: d'un côté, la recherche fondamentale et les mathématiques; de l'autre, l'astronomie et l'observation des objets célestes. La science n'a jamais été avare de telles rencontres. Dès le milieu du XIXe siècle, l'astronome français Le Verrier, spécialiste de la mécanique céleste, avait déjà prévu par le calcul l'existence et la position de la planète Neptune que l'astronome allemand Johann Galle allait découvrir dans le ciel. 

Que vous apprend la science vers le début du XXe siècle? Une vérité inouïe qui fait un bruit de tonnerre: l'univers a une histoire.

Une historie très différente sans doute des récits de l'Ancient Testament, mais, stupeur, plus proche du mythe de la Genèse que des conceptions d'Aristote. L'univers et moi, nous avons un début. Et, ayant un début, il n'est plus impossible, il est peut-être même probable, que nous ayons aussi une fin.

Après des débats passionnés, l'évidence s'est peu à peu imposée. Que j'aie un début, appelé par dérision le big bang, est aujourd'hui hors de doute. L'Histoire est une histoire qui commence comme toutes les histoires : "il était une fois..." Il était une fois une explosion primordiale d'où est sorti tout ce que je vous ai raconté: Platon, Alexandre, Mahomet, Giorgione et Titien, Bonaparte, Chateaubriand, Proudt, Einstein, le mal, le bien, les empires, les religions, votre propre existence et le livre que vous lisez. Vous ne savez pas ce qui'il y avait "avant'" le big bang qui donne naissance à l'espace, au temps et à l'histoire. Peut-être y a-t-il autre chose dont il est impossible de rien dire. Moi, en tout cas, qui me confonds avec le temps et l'espace, j'entre en scène avec cette explosion originelle et unique qui marque avec éclat mon arrivée sur la scène.

L'histoire proprement dite, celle des guerres et des conquérants, celle du savoir et de la beauté, commence avec les hommes et avec leur pensée. Avant, pendant les milllions d'années où la vie se développe en attendant l'écriture et la domination du feu, c'est la préhistoire. Elle fait aussi partie de mon royaume. Plus tôt encore, durant les milliards d'années de l'univers avant la pensée et la vie, se déroule quelque chose que je n'ai pas pu connaître mais que j'ai réussi à reconstruire grâce au génie des hommes: l'histoire du monde avant l'histoire.

Il n'est pas sûr, mais il n'est pas impossible, qu'il y ait en dehors de moi une infinité d'histoires d'une infinité d'univers. Mais, moi, grâce à la science, je connais mon origine. Pour vous comme pour moi, c'est un debut absolu, fermé par un mur qui s'appelle le mur de Planck et au-delà duquel il vous est interdit et impossible de rien dire de certain. À l'autre bout de ma longue—ou brève, comme vous voudrez—existence se présente le même mélange de certitude et d'obscurité: nous savons que tout, absolument tout, est appelé à disparaître, mais nous ne savons pas comment.

Chacun de vous est déjà mort, sur le point de mourir ou destiné à mourir. L'espèce des hommes dans leur ensemble cessera elle-même, un beau jour, de s'agiter sur le devant de la scène. Toutes les espèces vivantes ont été successivement effacées de la surface de la Terre où rien n'est eternel. La fameuse extinction, il y a soixante-cinq millions d'années, de ces maîtres de notre planète qu'ont longtemps été les dinosaures n'est que la plus récente d'une longue série de catastrophes meurtrières. Les êtres humains disparaîtront comme les dinosaures. J'ai longtemps connu un monde sans les hommes. avant de retourner moi-même au néant d'où j'ai été tirée, Dieu sait pourquoi et comment, il y a treize ou quatorze milliards d'années, j'assisterai, muette, à un spectacle indicible qui n'a de nom dans aucune langue: un monde sans les hommes.

La fin viendra peu à peu. Ou plutôt: les fins viendront peu à peu. D'abord la fin des individus. Puis la fin de cette Terre et de votre système solaire. Puis, dans un avenir bien plus lointain, mais inéluctable lui aussi, la fin de l'univers et de tout ce fatras qui n'était pas éternel. Le mécanisme est très bien monté. Tous, vous finirez par vous changer en... je n'ose même pas dire en souvenirs, car il n'y aura  plus personne pour se souvenir de rien. 

Bien après votre mort à chacun d'entre vous, et à tous, bien après l'extinction de votre espèce dans je ne sais quels désastres et la fin de votre Soleil prévue par les savants dans quelque cinq milliards d'années, l'univers lui-même finira par finir. Quand? Vous ne savez pas. Mais la fin est inévitable. Comment? Vous ne savez pas non plus. Peut-être dans la fournaise sans nom d'un big crunch comparable à votre fameux big bang et qui pourrait, personne n'en sait rien, constituer à son tour le big bang d'un nouvel univers? Ou, plus vraisamblablement, dans les déserts glacials d'un dernier éparpillement. Mais, en tout cas, tout finira. 



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lunes, 9 de enero de 2023

Agenda 2023

sábado, 14 de agosto de 2021

Mark of the Beast - La vacuna y el microchip

 

 

The Mark of the Beast  (Book of Revelation - Apocalypse of St John):

16 And the second beast required all people small and great, rich and poor, free and slave, to receive a mark on their right hand or on their forehead, so that no one could buy or sell unless he had the mark—the name of the beast or the number of its name.

18 Here is a call for wisdom: Let the one who has insight calculate the number of the beast, for it is the number of a man, and that number is 666.

 

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miércoles, 17 de marzo de 2021

Cita Apocalíptica

 

Me citan en este artículo sobre el Apocalipsis, y sus cuatro jinetes (que bien podrían ser Iglesias, Sánchez, Otegi y Puigdemont):

Rosell, Sergio (sergio.rosell@centroseut.org ) Seminario Evangélico Unido de Teología, El Escorial, Spain, and U of Pretoria). "John's Apocalypse: Dynamic Word-Images for a New World." HTS Teologiese Studies / Theological Studies 67.1 (2011): art. 832.

         https://hts.org.za/index.php/HTS/article/view/832

         DOI: 10.4102/hts.v67i1.832

         Online at Semantic Scholar.*

         https://pdfs.semanticscholar.org/0760/0ffa771ea4619badd84cc5be8505f8c9c234.pdf

         2021

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jueves, 7 de enero de 2021

An Apocalypse of Total Communication

 

This paper deals with fantasies of universal connexion and total communication which culminate in a hellish or utopian apotheosis. These are exemplified with Olaf Stapledon's novel Star Maker (1937) and the film The Matrix (1999), written and directed by the Wachowski brothers. The paper focuses on some reflexive aspects of these fictions and on their relationship with their cultural background.

  An Apocalypse of Total Communication:

Utopian and Dystopian Perspectives in Star Maker and The Matrix

https://papers.ssrn.com/abstract=2104123 

 


 


To be found here:

_____. "An Apocalypse of Total Communication: Utopian and Dystopian Perspectives in Star Maker and The Matrix." Paper read at the conference "Memory, Desire and Imagination" (Universidad de Zaragoza, 2002). Online at Net Sight de José Angel García Landa, 2008. 2020.*

         http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/publicaciones/totalcommunication.html

         2010 DISCONTINUED 2020 Online at the Internet Archive:

https://web.archive.org/web/20181101084615/http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/publicaciones/totalcommunication.html

         2020

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/totalcommunication.html

         2020

_____. "An Apocalypse of Total Communication: Utopian and Dystopian Perspectives in Star Maker (1937) and The Matrix (1999)." In Memory, Imagination and Desire in Contemporary Anglo-American Literature and Film. Ed. Constanza del Río-Álvaro and Luis Miguel García-Mainar. (Anglistische Forschungen, 337). Heidelberg: Winter, 2004. 253-68.*

_____. "An Apocalypse of Total Communication." iPaper at Academia.edu 23 Sept. 2010.*

         https://www.academia.edu/336347/

         2015

_____. "An Apocalypse of Total Communication: Utopian and Dystopian Perspectives in Star Maker (1937) and The Matrix (1999)." Social  Science Research Network 12 July 2012.*

         http://ssrn.com/abstract=2104123

         2012

         English and Commonwealth Literature eJournal 12 July 2012.*

         http://www.ssrn.com/link/English-Commonwealth-Lit.html

2012

Film, Media and TV Studies eJournal 22 Jan. 2020.*

https://www.ssrn.com/link/Film-Media-TV-Studies.html

2020

_____. "An Apocalypse of Total Communication: Utopian and Dystopian Perspectives in Star Maker (1937) and The Matrix (1999)." ResearchGate 21 Dec. 2013.*

         https://www.researchgate.net/publication/256023906

         2013


 

—oOo—

 

An AI podcast on the paper as read by a machine, there's total communication for you:

_____. "An Apocalypse of Total Communication." AI podcast on José Angel García Landa's paper "An Apocalypse of Total Communication: Utopian and Dystopian Perspectives in Star Maker and The Matrix." Academia.edu 24 Feb. 2026.*

         https://www.academia.edu/336347/

2026

 

 

 

 

 

 

 

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