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sábado, 22 de mayo de 2021

Comunidad de una persona

 

Comunidad de una persona

 

Al parecer, soy la única persona de mi Facultad de Filosofía y Letras interesada en compartir asuntos, noticias u opiniones por redes sociales. (Y hay que suponer que el rarito seré yo).

https://www.facebook.com/filosofiayletraszaragoza/community/

 

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miércoles, 14 de marzo de 2018

Me resulta conmovedor el teatrillo


Me resulta conmovedor el teatrillo que es y que pone en escena, ante sí misma y ante los demás, cada persona.




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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Retropost #1926 (27 de diciembre de 2007): La implacable incertidumbre de lo cotidiano

La implacable incertidumbre de lo cotidiano

Publicado en Blogs. com. José Ángel García Landa

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Una frase ésta, "la implacable incertidumbre de lo cotidiano", que me recuerda a La insoportable levedad del ser—película que había comprado con intención de regalarla a alguna amiga con bombín. La frase viene de aquí:


"Tal como Ulrich Beck definió el riesgo, los bloggers se ocupan de los peligros y de las inseguridades inducidos por las interminables olas de la modernización. Lo que se bloguea es la incertidumbre implacable de lo cotidiano. Mientras que los empresarios colonizan el futuro, repletos de alucinaciones colectivas, los bloggers exponen el presente que ellos mismos captan."

Que a su vez viene del interesante artículo de Geert Lovink "Blogging: The Nihilist Impulse" / "Bitácoras: el impulso nihilista" (traducción corregida arriba y más que habría que corregirla). Si bien oscila Lovink entre el Escila de la generalización panorámica y el Caribdis del impresionismo nihilista que denuncia, sí reconozco allí algunas reflexiones relevantes para repasar las líneas de puntos de la blogosfera, que uniendo muchas vanidades nos dibujan aquí la figura del eterno Nihilismo Contemporáneo.

" 'Networking begins and ends with pure self-referentiality', añade Friedrich Kittler, y esta autopoiesis no es tan evidente en ninguna parte como en la blogosfera."

Especialmente aquí, donde los autoenlaces superan con mucho a los enlaces. Para que quien me quiera poner verde se documente, este artículo: soy un síntoma, nomás.

Aunque también soy, cómo no, una excepción a mucha de la sintomatología allí detectada. Estoy repasándome mi post sobre el blog como ensayo para colgarlo en el SSRN.

Y como planes festivos, esta tarde pensamos ir a ver Soy Leyenda. Leyendo estoy, por cierto, una novela de temática muy parecida: The Road, de Cormac McCarthy. Altamente recomendable para enfrascarse en el paisaje nihilista, o en el desierto de lo Real, ese que decían Morfeo y Zizek.



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viernes, 9 de junio de 2017

Retropost #1649 (9 de junio de 2007): Encontrarse casados por inercia




Aquí hay un bonito estudio sobre cómo llega la gente al matrimonio, o a sus variantes como estar "casados" en el sentido de "casa / dos", vivir juntos:

"The Inertia Hypothesis: Sliding vs. Deciding in the Development of Risk for Couples in Marriage"
, de Scott M. Stanley, Galena H. Kline y Howard J. Markman. (Llego a ellos vía Wonkapistas, que parte de un artículo de The Economist).

Presentan sus reflexiones en el marco de la teoría del compromiso (commitment): diferentes grados de compromiso por parte de una pareja pueden llevar a soluciones digamos... de compromiso: la cohabitación como una situación ambigua en la que uno de los dos se considera más "casado" que el otro—para un miembro de la pareja (típicamente la mujer) están al menos avanzando hacia un compromiso estable, mientras que para el otro (típicamente el "marido") la situación es sencillamente algo indefinido, un arreglo cómodo pero que no significa haber tomado ninguna decisión trascendente sobre la pareja.

De hecho en las parejas que comienzan conviviendo poco a poco es frecuente que las decisiones trascendentes no se encuentran en el futuro, sino en el pasado: retrospectivamente se da cuenta uno de que llegó a ellas, pero es algo que sucedió sin planificación activa, simplemente por la línea de menor coste o menor resistencia. El tomar la decisión de casarse en serio supone un coste, pero para estas parejas aún es mayor el coste (psicológico, económico...) que supondría una ruptura, y así la situación se mantiene. Es lo que los autores llaman "sliding versus deciding", llegar a una situación difícil de cambiar, sin una decisión previa de llegar a ella.

El resultado, según los autores, es que se encuentran así casadas (a veces en modalidades "light" de matrimonio) muchas personas con otras personas con quienes de otro modo jamás habrían tomado la decisión de casarse—una situación que sin embargo es más fácil de mantener que de romper. No quiere decir que no se rompa: las parejas así formadas tienen más altos índices de inestabilidad, de relaciones alternativas, etc. También es significativo el status económico y social: hay menos matrimonio y más divorcio en las clases de bajos ingresos, y más matrimonio y menos divorcio en las clases más acomodadas. A su vez, como señala el artículo de The Economist, la estabilidad en la pareja es un elemento de éxito social y prosperidad tanto para la misma pareja como para sus hijos. En un proceso de realimentación.

Todo esto tiene una interesante dimensión narratológica que está a medio explorar. Hace poco hablaba de cómo nuestras vidas son estructuras narrativas. Pues bien, la decisión de  formar pareja, casarse, tener hijos, etc., es una de las que más estructuración narrativa dan a nuestras vidas. La dialéctica prospección / retrospección tiene muchas posibilidades de aplicarse a una semiótica del matrimonio: ¿vivimos en una pareja prospectiva, o retrospectiva? Parece obvio que las parejas con planes claros de futuro, y una narratividad más prospectiva, tienen en principio más posibilidades de seguir juntas que las que simplemente "llegaron a ser" por circunstancias a, b y c. Lo que no quita para que luego estén las circunstancias sobrevenidas que dan al traste con los planes de mice and men and women. O con su falta de planes—pues la vida en sí es la principal de las circunstancias sobrevenidas.




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lunes, 20 de marzo de 2017

Joseangelizándome


seeyou

Hoy me decía una compañera del departamento que uno de los catedráticos me ponía como contraejemplo, avisando del riesgo de 'joseangelizarse'. No tengo muy claro qué significa 'joseangelizarse' —más o menos algo en la línea de dedicarme a escribir blogs, o de ir demasiado uno a su bola, sin participar de los planes que elaboran los catedráticos para su propio bien y el de los demás. Supongo. O quizá significa pasar de la política departamental, y comisiones, y cosas así, quizá. Y es posible, sí, que me haya pasado en eso de ir por el departamento a horas propias o extrañas, sin tratarme mucho ni con propios ni con extraños. A veces también echo de menos los tiempos en que (como decía a los espectadores Homer Simpson atrapado en la jaula de monos del zoo) yo antes también era como ustedes.

Sea como sea, me alegro de haber llegado al nivel de dar lugar a que se acuñe vocabulario a cuenta mía. Aunque sea como contraejemplo—ya se sabe que lo que es ejemplar para un ejemplar, es contraejemplo para otro.

Y en cualquier caso, a mi edad ya deriva uno hacia la petrificación, a coger formas fijas, y a parecerse cada vez más uno a sí mismo (en realidad no paramos de hacer otra cosa, hasta  llegar a extremos de desconocernos). Vamos que si me joseangelicé en tiempos, el desjoseangelizador que me desjoseangelice, buen desjoseangelizador será....




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viernes, 10 de febrero de 2017

Retropost #1364 (10 de febrero de 2007): Retrovisor interiorizado




Moto EN
A veces echo en falta, andando por la calle, no llevar retrovisores. No es que los eche de menos deliberadamente, vamos, que no es que me tiente instalarme unos en los hombros; lo que pasa es que espontáneamente a veces echo una mirada al retrovisor... y me encuentro con que no tengo retrovisor, porque no voy en mi moto (o coche), sino a pie. En la moto no ando escaso de ellos, parece la vespa de Quadrophenia, con cuatro retrovisores; y el coche tiene los tres de rigor, que creo que miro tanto como lo que tengo delante (no es que eso sea muy aconsejable, no...). Por la acera, me tengo que conformar con echar un ojo a los escaparates que pillan al bies. El caso es que, leñe, sí que vendrían bien unos pequeñitos, en la esquina de las gafas... Esto de los retrovisores es un caso curioso, y muy de andar por casa, que muestra cómo interiorizamos esquemas perceptuales no "naturales". Los saltos de secuencias en el cine son otro ejemplo. Los interiorizamos sobre todo si son convenientes, y nos permiten relacionar rápidamente dos imágenes con poco esfuerzo. Lo de volver la cabeza es un rollo, estamos deficientemente diseñados para eso, y la mitad de las veces no nos enteramos de lo que pasa a nuestras espaldas. Qué limitado se encuentra uno de repente sin sus retrovisores, abocado a la vista al frente; es como llevar anteojeras. Y qué práctica, la polvera de la femme fatale, para estos casos, o el bruñido mechero del investigador privado.



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domingo, 24 de julio de 2016

Retropost #1079 (24 de julio de 2006): La música de otros



La música de otros

Publicado en Música. com. José Ángel García Landa


 
¿Por qué será que siempre nos parece tan inexpresiva, tan sosa, la música que nos recomiendan? ¿Por qué a nadie le gusta la música que le regalamos? Porque no es la música de nuestra vida, ni la música de su vida. (A menos que realmente sea compartida, claro: música que une a un grupo de amigos, etc.). A poca gente le gusta la música, realmente. Lo que nos gusta es la banda sonora de nuestra vida. El destino, y nosotros, somos los compositores o disc-jockeys, y pocas veces admitimos sugerencias de nadie. Casi nos desagrada que alguien intente que apreciemos su música.

(Algo parecido pasa con las fotos de otros. También aquí somos egocéntricos. He puesto fotos nuevas en la web).








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jueves, 21 de julio de 2016

Retropost #1072 (21 de julio de 2006): Silla on Friday

Silla on Friday

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

Me acabo de mercar/marcar una silla para el ordenador. Pero el ordenador soy yo; lo siento. Mira, Álvaro, lee lo que pone en la pantalla. "Ahí va, dice que has comprado una silla nueva para el ordenador... ¡es cierto, estás sentado en ella!" — A veces hay que ver las noticias en la pantalla para enterarnos de lo que tenemos delante de las narices.



 
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lunes, 11 de julio de 2016

Retropost #1049 (11 de julio de 2006): Anchos especiales


Anchos especiales

Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa

Iba con Ivo por la calle, cuando me dice que tiene los zapatos rotos, y en efecto, lo miro y veo que lleva en cada uno la suela suelta con sendas sonrisas de perro. Así que vamos a una zapatería. Dos dependientas apoyadas en el mostrador, un poco lentas, pero como no hay nadie más en la tienda, me atienden enseguida.

- Buenas... quería unos zapatos para el niño, de esos del escaparate. Un 34, si tiene.
- A ver... estos son un 34.
- ¿Qué tal, Ivo? ¿Te van?
- Ay, me aprietan.
- Pues de largos le van bien.
- Ya, sí, es que tiene el pie un poco ancho. ¿No tendrá un treinta y cinco?
- No.
- ¿Y de otros que sean parecidos? ¿Como esos de al lado?
- (Suspiro...). Voy a ver...
Va al almacén y vuelve con cinco cajas.
- Aquí le traigo treinta y cuatros y treinta y cincos.
- A ver el treinta y cinco. ¿Qué tal, Ivo?
- Ay, me aprieta. Por aquí.
- No le puede apretar. Es un treinta y cinco.
- Vaya, igual otro, a ver.
- Ay, me pincha.
- ¿Que te pincha? A ver... - digo - Ostras, pues sí, es que tiene clavos saliendo de la suela (– dos hermosos clavos de un centímetro cada uno, directos a la planta el pie).
- ¿Clavos? Ah, sí... sí que tiene.
(Silencio)
- Ejem... pues a ver este otro treinta y cinco..., ¿este te va, Ivo?
- Ay, me aprieta.
- Eso es imposible. El niño se equivoca. Es un zapato muy largo.
- Me aprieta a lo ancho.
- Ya, la anchura... ¿no tendrá un treinta y seis?
- Eso no afecta a la anchura. Aunque le traiga un treinta y seis, o lo que le traiga, le va a seguir apretando, siempre. Porque los números marcan la longitud del zapato, no la anchura.
- Ah.... ya veo. Vaya. Bueno, pues tendremos que ir a una zapatería de anchos especiales... Disculpen la molestia.
- Buenas tardes.

Etiquetas: Diario, Nenes

jueves, 11 de febrero de 2016

Retropost #633 (29 de noviembre de 2005): Awful Daring



Me llega un libro de regalo, una edición bilingüe de The Waste Land de T. S. Eliot: La tierra baldía, traducción de José Luis Palomares, editado por Viorica Patea (colección Letras Universales, 381; Madrid: Cátedra, 2005). De allí se pueden extraer estos datos:

Datta: what have we given?
My friend, blood shaking my heart
The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries
Or in memories draped by the beneficent spider
Or under seals broken by the lean solicitor
In our empty rooms

Vivir es arriesgar. Me llegan anónimos amenazantes, pero... ¿qué se le va a hacer? Cada cual procura darle a su vida la forma que estima más oportuna. Hay quienes nacieron para receptores de anónimos maliciosos, otros (y ésta es mayor desgracia) para ser sus autores.


También hay quienes pasan por el mundo a modo de obituarios vivientes, tan prudentes ellos... y cobardes, también; no hace falta que venga la muerte a archivarlos, ya están suscritos a ella.

Algo de esto sabía Eliot, por cierto. Cuidó mucho su obituario.




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viernes, 8 de enero de 2016

Retropost #517 (22 de septiembre de 2005): Un hombre pasa con un pan al hombro




Normalmente voy en coche al campus, cuestión de acarrear niños al cole perdiendo el culo a última hora (si no, mi mala fe me dice que iría andando. O en moto, jeje). El caso es que ya que tengo el coche aparcado en el campus, a veces me viene bien comprar el pan de paso, o unas cebollas, pongamos. Eso me lleva a pasearme a veces por el campus llevando las infamantes bolsas de la compra. Digo infamantes porque, en veinticinco años que llevo yendo a este campus, nunca, pero nunca, he visto a ningún otro profesor con una bolsa de la compra ni con una barra de pan. Bueno, pues ése es el misterio: ¿tanto atentan las bolsas de la compra contra el aura académica? Debe ser que sí... ¿Tendrán todos mandadera, o comprarán el pan por Internet? Igual alguno lleva la barra de pan partida en dos en el maletín, no me extrañaría, de todo tiene que haber. Lo que me extraña, me extraña, es tanta unanimidad, precisamente. Huy, me olvidaba, si estoy yo con mi pan. De todo tiene que haber.





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lunes, 4 de enero de 2016

Retropost #500 (16 de septiembre de 2005): Katrina




Oído en Radio Intereconomía: parece ser que la reconstrucción de los desastres del Katrina va a ser muy golosa para la economía americana (inversores, constructores, etc.) y para el crecimiento del PIB. Y dice el comentarista: "Que no me entienda nadie mal, pero casi se podría pensar que el Katrina ha sido organizado por la Administración Bush".... No, si te entendemos muy bien. Muy, muy bien.

Como sátira fina sobre el Katrinagate, puede verse este juego de rol con tarjetas de los principales protagonistas en Broken Toys: http://www.brokentoys.org/?p=6849
(vía Making Light)




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lunes, 14 de enero de 2013

The Unforgivable

En  The Satanic Verses, de Salman Rushdie, Saladin Chamcha se reúne tras la catástrofe con su futura ex, Pamela:

'I suppose,' she addressed her glass, sitting at the old pine table in the spacious kitchen, 'that what I did was unforgivable, huh?'

Chamcha le contesta, "I don't think I can say what I'm capable of forgiving"... Pero acuerdan el divorcio. Y luego, cuando se va Chamcha (To be born again, first you have to die) le viene a la cabeza una historia sobre lo imperdonable:

Alone, he all at once remembered that he and Pamela had once disagreed, as they disagreed on everything, on a short-story they'd both read, whose theme was precisely the nature of the unforgivable. Title and author eluded him, but the story came back vividly. A man and a woman had been intimate friends (never lovers) for all their adult lives. On his twenty-first birthday (they were both poor at the time) she had given him, as a joke, the most horrible, cheap glass vase she could find, its colours a garish parody of Venetian gaiety. Twenty years later, when they were both successful and greying, she visited his home and quarrelled with him over his treatement of a mutual friend. In the course of the quarrel her eye fell upon the old vase, which he still kept in pride of place on his sitting-room mantlepiece, and, without pausing in her tirade, she swept it to the floor, smashing it beyhond hope of repair. He never spoke to her again; when she died, half a century later, he refused to visit her deathbed or attend her funeral, even though messengers were sent to tell him that these were her dearest wishes. 'Tell her,' he said to the emissaries, 'that she never knew how much I valued what she broke.' The emissaries argued, pleaded, raged. If she had not known how much meaning he had invested in the trifle, how could she in all fairness be blamed? And had she not made countless attempts, over the years, to apologize and atone? And she was dying, for heaven's sake; could not this ancient, childish rift be healed at the last? They had lost a lifetime's friendship; could they not even say goodbye? 'No,' said the unforgiving man.— 'Really because of the vase? Or are you concealing some other, darker matter?' —'It was the vase,' he answered, 'the vase, and nothing but.' Pamela thought the man petty and cruel, but Chamcha had even then appreciated this curious privacy, the inexplicable inwardness of the issue. 'Nobody can judge an internal injury,' he had said, 'by the size of the superficial wound, of the hole.'


 
 
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jueves, 27 de septiembre de 2012

Libre de plagio


Así se anuncia uno de esos sitios web en los que los estudiantes pueden comprar essays escritos por unos sufridos y honrados negros:

"Professionals will write your essay within a few days and you can have your free time. You can buy online essay or paper and get it plagiarism free."

—¡una práctica académicamente impecable, vamos, y sin copiar! Quien no tiene buena conciencia es porque no quiere.


Y a ver quién va a negar que el producto entregado tiene mayor calidad académica, si está plagiarism-free.
 
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lunes, 10 de septiembre de 2012

Law of Unintended Consequences

Dice Ian Tattersall en Masters of the Planet que si hay una ley inflexible que rige el comportamiento humano, aparte de la muerte, es la Ley de las Consecuencias No Previstas. A los humanos se nos da razonablemente bien prever los resultados inmediatos de nuestros actos, pero los resultados de los resultados están fuera de todo control. Quizá algo parecido decía el Player King de Hamlet, cuando decía que "nuestras palabras son nuestras, pero sus resultados no nos pertenecen"—or words to that effect.

Esta Ley de las Consecuencias Inesperadas viene a veces con otros nombres; hay varios principios y corolarios de la Ley de Murphy, en la genial compilación legislativa de Arthur Bloch, que vienen a especificar sus variantes posibles. Nuestras acciones van encaminadas a intervenir sobre el mundo para manipularlo a nuestro favor, pero he aqui que el mundo modificado, o manipulado, ya no es el mundo que había antes, con lo cual en lugar de haberse alcanzado un equilibrio, persiste el desequilibrio. Por lo mismo sucede, por ejemplo, que no tiene mucho sentido alcanzar los objetos de deseo: el que los alcanza ya no es el mismo que los deseó, ni el objeto es el mismo, ni—peor aún—la relación con el objeto alcanzado es la deseada. Esto pasa con todo, en mayor o menor medida. Por seguir con una analogía erótica, quien se casa con la chica de sus sueños se casa también con su familia y cuñados: law of unintended consequences.  La acción se retroalimenta en círculo hermenéutico, o dialéctico, con sus consecuencias, y pronto es necesaria una nueva acción para remediar las consecuencias no previstas (pero que iban enredadas de modo no previsto a las previstas...). Nueva acción, remedio para lo descompuesto, y nueva descomposición. Hay que repararla, y así caemos en una serie de errores no sé si inevitables, pero frecuentemente inevitados.

El cerebro evolucionó como máquina para predecir el futuro. Y construye muchos futuros posibles, todos tarados con un vicio secreto: normalmente son a gusto del consumidor de futuros. Somos los animales más fantasiosos, sin duda, para eso inventamos la narración, que los demás seres no poseen sino de manera muy primitiva—la propia autonarración de su experiencia conforme transcurre, e imperfectas representaciones del pasado y del futuro. Nosotros afinamos más, aunque no siempre acertamos más. Nuestras narraciones y nuestros futuros y nuestros pasados vienen en soporte multimedia: pensamientos, conversaciones y relatos orales, mitos del origen, escritos históricos, estelas grabadas, profecías, novelas, pinturas, cómics, películas y blogs. Vivimos en gran medida de comentar no sólo lo que hay, sino lo que hubo y habrá, y también, afinando más, las consecuencias inesperadas: lo que esperábamos que iba a haber y resultó ser de otra manera. Este desfase irónico entre la visión limitada que teníamos o tenían otros cuando aún no había consecuencias, y la visión plena (por el momento) que tenemos nosotros, Topsight, ahora que conocemos tanto las intenciones como las consecuencias—este desfase irónico es la mitad de la sustancia de nuestra vida.








martes, 31 de julio de 2012

Somos de lo más

Quizá sea una costumbre especialmente occidental, pero creo que es más general que eso. Todos somos dados a presentarnos a los demás con una imagen favorable (ejemplo: este blog, sin ir más lejos). O en lo que suponemos será una imagen favorable: al menos lo intentamos. Subir puntos ante los demás, obtener kudos que dicen los americanos. O, siguiendo la lógica de lo que hemos dicho, al menos obtener puntos imaginarios ante nosotros mismos, habida cuenta de la valoración imaginaria que recibimos.

Decía Goffman que el rostro de uno (interaccionalmente definido, o sea, la face que presentamos ante los demás en un encuentro y cuidamos con el face-work) es sagrado. No sólo en la estimación propia, sino como regla general de fondo del trato social. Así, no sólo no ofendo yo a mi propio rostro, ni al de los demás, sino que espero que los demás van a colaborar conmigo más o menos manteniendo la línea en la cual me presento, y la imagen que quiero dar de mí mismo. Eso al menos si no me como demasiado terreno del vecino. Es parte del ritual social por tanto el protegerse mutuamente la cara, entrando en la ficción de que todos somos guays y extremadamente respetables, y ayudando a mantener el propio rostro y el del vecino a base de cortesía, protocolo y rituales de asentimiento. 

Este es el panorama de fondo, pero claro también hay face-threatening acts, como estudiaron Brown y Levinson en Politeness, después de Goffman—actos comunicativos que al dar respuesta al sujeto hablante amenazan el rostro público presentado por él. A veces estos son directos y explícitos (por ejemplo el comportamiento de muchos trolls en los blogs, atacando anónimamente al bloguero y procurando desacreditar su línea o autoimagen). Otros son indirectos—los que parece que conceden la mayor pero en realidad socavan la idea que pretende dar el sujeto de sí mismo, o de un tema, o de los otros. Estos comentarios pueden ser más o menos corteses o más o menos malignos—en principio siempre es más cortés jugar al juego ritual del respeto mutuo, aunque sólo sea como retórica preliminar.

Unas veces damos una idea favorable de nuestra personalidad en general, de nuestros accomplishments, o rasgos de carácter o belleza física. Otras veces de lo magnífica que es nuestra vida privada, nuestra familia, nuestro círculo de amistades, nuestro enfoque original sobre la vida, lo envidiable de nuestro éxito en tanto que sujetos sociales. La falsa modestia puede ser una estrategia útil a seguir en estos casos, mientras no sea demasiado evidentemente falsa, lo cual sería contraproducente. Pero quizá sea especialmente divertido el contraste que se da a veces en el paso súbito del tono desenfadado o relajado que conviene al hablar de uno mismo, para ponerse súbitamente en tono profesional y presentarse uno mismo como lo más de lo más en cuestiones profesionales—un profesional de eficacia estratosférica, si nos preguntan a nosotros. El trabajo es tan sagrado, o más, que la imagen privada de cada cual— o, por lo menos, el yo privado y el yo profesional sirven de refugios alternantes para las insuficiencias detectables en el otro. De acuerdo, soy feo y mi vida privada carece de interés, pero como profesional no me tose nadie. O bien viceversa: mi trabajo es mediocre y gris, mejor oculto mi faceta laboral en la que soy un mero esclavo de la noria, pero mi yo auténtico está fuera del trabajo, donde soy una persona de infinitas posibilidades, una mente libre e impredecible.

Para eso a veces es conveniente no aventurar demasiado el yo profesional por andurriales no profesionales, o el yo privado fuera de su ámbito, y en general no mostrar mucho ni de uno ni de otro, pues podría perderse el aura. Incluso en cuestiones de la red, es prudente mantener una atractiva nube difuminada de vaguedad sobre cuál es exactamente nuestro status profesional, o qué hacemos con precisión en nuestro trabajo, o en nuestro tiempo libre (a menos que sea espectacular, viajar, etc.). Es una manera de no darle argumentos al adversario, y así ponernos en situación de ser los que más información tengamos sobre nosotros mismos y nuestra valía, en un encuentro determinado. El oyente se verá casi obligado a seguir nuestra línea de autopresentación, a falta de datos propios que aportar en contra. Si decimos que somos de lo más, y ése es el único dato que consta, ¿quién nos va a contradecir? Por desgracia, el control de la autoimagen no siempre está tan fácil. Nos puede quedar el consuelo de que hablen de nosotros aunque sea mal, eso también da puntos.


 
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sábado, 5 de mayo de 2012

Más sobre simulación, detección y autoengaño


Leyendo ¿Qué nos hace humanos? de Gazzaniga, llegamos a la refinada capacidad humana para la mentira y la simulación. Los humanos somos extraordinariamente sensibles a la mirada y los gestos de otros humanos, hasta un nivel del cual ni siquiera es fácil darnos cuenta. La atracción sexual y la seducción comienza por miradas y encuentros visuales que a veces pasan desapercibios en sus fases iniciales incluso para los presuntos implicados. El tráfico por las aceras sigue las pistas que vamos lanzando con los ojos, para evitar colisiones, y la gente con gafas negras suele causar problemas de circulación. Las gafas negras de por sí son todo un fenómeno a estudiar. La experiencia de mirar a los ojos de otra persona es cualitativamente distinta de cualquier otra experiencia, y en el momento en que interpretamos dos formas orientadas hacia nosotros como dos ojos (o o) algo hace clic en nuestro cerebro.  Lo mismo los gestos: tenemos sistemas cerebrales específicos para captar, clasificar y procesar caras, tan importante es eso para la vida social humana, y somos hipersensibles a los menores cambios, expansiones y arrugas en esas superficies de tensión variable, que nos dan mensajes esenciales sobre la actitud de la persona con la que estamos interactuando.

De la contemplación del cuerpo del otro y sus gestos obtenemos información crucial sobre sus actitudes, necesaria para la interacción. Ahora bien, resulta que la expresión de las emociones durante la interacción puede manipularse hasta cierto punto, y se inaugura en la expresión personal una de esas dinámicas retroalimentadas de simulación y detección descritas por Goffman en Strategic Interaction. Lo curioso es que estudiosos de la expresión como Paul Ekman han llegado a demostrar cómo pueden sistematizarse las "microexpresiones que resultan de intentar disimular emociones. La mayoría de las personas no las ven, pero es posible aprender a detectarlas" (Gazzaniga 116). Dado que tenemos hipersensibilidad hacia los rostros, y que estas microexpresiones son significativas, ¿no deberíamos haber desarrollado algún sistema de detección que hiciese difícil mentir? ¿Algún seguro en la comunicación para saber cuál es la verdadera actitud de las personas con las que interactuamos, y no la que nos quieren transmitir por el canal oficial? 

 Bien, parte del problema supongo que está en la misma noción de carrera armamentística en la que nos hallamos envueltos. El refinamiento de los instrumentos de simulación por una parte, y de detección de la simulación por otra, tienen una relación dialéctica. De ese modo, siempre nos hallaremos en la situación en la que nos hallamos: que se puede simular una actitud hasta cierto punto o con determinado público o mediante determinadas tácticas, pero que esa misma simulación puede ser captada por parte del público con los detectores adecuados, o por otro público distinto del público al que nos dirigimos. Hay siempre una cierta combinación de éxito con desfase en las maniobras maquiavélicas de simulación interaccional.

Ekman (sigo a Gazzaniga) sugiere también que "en el entorno en el que evolucionamos, mentir no era tan común porque había menos oportunidades. La gente vivía en campo abierto y en grupos.
La falta de privacidad haría que las posibilidades de detección fuesen altas, y el descubrimiento se efectuaría mediante la observación directa de la conducta de un individuo, en vez de tener que basarse en el juicio sobre su manera de comportarse" (Gazzaniga 116-17). Y por supuesto los mentirosos son free riders de la semiótica, parásitos de la comunicación que se ven sometidos a todas las maniobras sociobiológicas que intentan acabar con quienes agostan los bienes comunes en beneficio propio. Aquí también hay una dinámica de tira y afloja entre el ventajismo y los castigadores sociales, y (a fin de cuentas) el resultado neto es que es provechoso explotar a los demás, o mentirles, si el mentiroso no es descubierto, con lo cual siempre hay un margen en aquellas situaciones en las que el riesgo de descubrimiento es limitado, y en ese terreno proliferan las maniobras maquiavélicas de simulación y detección del engaño y del abuso de confianza. Ekman señala que en la sociedad grande y compleja de repente se puede escapar al castigo social de maneras antes no disponibles, se puede desaparecer, comenzar una nueva reputación, etc., y tenemos así, según una explicación sociobiológica clásica, unos instintos de primates de sabana, o de cazadores-recolectores, sin adaptar plenamente a la nueva situación:

"la evolución no nos ha preparado para detectar las mentiras por la manera de comportarse del mentiroso. Pero entonces, si no tenemos una facultad innata para detectar a los tramposos, ¿por qué no hemos aprendido a hacerlo? Tal vez porque nuestros padres nos enseeñan a no identificar sus mentiras, como las historias para ocultar la actividad sexual y quién sabe qué más. También puede ser que prefiramos no pillar a los mentirosos, porque sospechar de alguien en vez de confiar en él dificulta el establecimiento y mantenimiento de las relaciones. O quizá deseamos ser engañados porque tenemos interés en no saber la verdad. La verdad tal vez te haga libre, pero también podría hacerte libre con cuatro hijos y sin ningún ingreso. A menudo la razón es la cortesía: lo que el hablante nos dice es todo lo que desea que sepamos, y no queremos robar la información que no se nos ofrece" (Gazzaniga 117).

En gran medida, preferimos atenernos a la interacción social tal como nos es oficialmente propuesta, por muchos mensajes subliminales e informaciones indirectas que podríamos captar si de verdad lo intentásemos, o lo necesitásemos. La vida social funciona mejor engrasada por mentiras, ficciones colectivas, white lies y sobreentendidos. Incluso hay rituales de autoengaño educativos a este respecto, como el descubrimiento de la identidad de los Reyes Magos. Por otra parte, la comunicación social humana descansa no sobre la expresión directa de las actitudes, sino sobre las comunicación ambigua, negociable o indirecta; de esto hablaba Pinker en The Stuff of Thought. Podría decirse que la verdad reposa sobre una base de mentira, o quizá mejor, que la mentira y la verdad se encuentran tan imbricadas en el trato social de los humanos, que no es extraño que tengamos a la vez capacidades de detección muy sutiles, y que normalmente no las utilicemos, y prefiramos atenernos a la versión oficial de los acontecimientos, por comodidad o por no entrar en contradicciones con nosotros mismos, o por algún interés más directo. Gavin de Becker en The Gift of Fear "aconseja a la gente que confía en el fenómeno que él define como 'saber sin saber por qué'" (Gazzaniga 117)—la toma de decisiones con el cuerpo en lugar de con la mente social, podríamos decir. Pero cuando en tantas ocasiones nos resistimos tanto a creer a nuestras vibraciones, también debe ser por una razón. La verdad puede ser un conocimiento valioso, pero también incómodo, y muchas veces preferimos no saber las cosas que sabemos, o rodar sin más con el tráfico. Luego, claro, si los acontecimientos evolucionan de maneras molestas, siempre podemos decir que en realidad ya lo sabíamos, y mentimos sólo a medias.

Cuestión importante en el éxito de la mentira es que pase desapercibida incluso a nosotros mismos. Si sabemos que estamos deliberadamente manipulando o engañando o disimulando, es probable que nuestro lenguaje corporal nos delate. Tienen más éxito en sus trampas los tramposos que las hacen con el convencimiento de que actúan adecuadamente. En los experimentos de comportamiento egoísta/altruista que reporta Gazzaniga, en los que unos sujetos tenían que distribuir tareas (unas agradables y otras desagradables para hacer, por ejemplo lanzando una moneda al azar) entre sí mismos y otros, "los que tenían un mayor sentido de responsabilidad moral no mostraron signos de una mayor integridad moral: ¡en realidad, mostraban signos de una mayor hipocresía! Tenían más probabilidades de aparentar ser éticos (lanzar la moneda) pero no de serlo realmente (permitir que fuese el lanzamiento de la moneda el que determinase la asignación de tareas)." (119). O sea, que trucaban el proceso, pero envolviéndolo en un discurso de responsabilidad ética. En este y otros casos, "Para salir airoso del embuste es de utilidad no saber conscientemente que estás contando un cuento chino, porque entonces tendrás menos ansiedad y por tanto habrá menos posibilidades de que te pillen" (118).

En suma, que parece que la cooperación en la sociedad humana está ajustada de modo que todos salen ganando del hecho de la cooperación social, incluso los que son explotados por los demás, de modo que les resulta rentable autoengañarse. Pero siempre hay quien sabe hacer jugar las cosas a su favor, y no sólo se beneficia de la existencia de la sociedad cooperativa, sino que además explota las ganancias marginales obtenidas mediante el engaño. Esta dinámica es la que ha seleccionado la evolución humana, y la que nos ha hecho como somos, con grandes capacidades para el engaño, para el autoengaño, y para la ceguera interesada ante ambos.


 
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Viaje al franquismo rancio


En menudo túnel del tiempo me he metido hoy sin comerlo ni beberlo. Resulta que en algún momento perdí el pasaporte, y ahora que parece que igual quiebra Europa digo, mejor me lo hago, por si hay que salir volao a alguna parte. Y bien, pido cita previa, tó muy moderno, tó muy bonito, informatizado y demás. Voy a la Comisaría de Policía con mi foto y el DNI y mis dos dedos índices en la mano.

Pero vaya. Que a la funcionaria no le gustaba mi foto. Me dice, "Esta foto está estropeada" —bueno, tenía una pequeña muesquilla debajo, fuera totalmente del trozo que sacan ellos en el pasaporte. Y total la iban a digitalizar... le digo, vaya, ¿no sirve? Y me dice, "Es que quizá tenga problemas, luego en algún aeropuerto".... y yo, "bueno, no creo, pero bah, eso me da igual, lo que me interesa es tener el pasaporte, si me lo puede hacer con ésta". Y dice, mirando el DNI, "Es que esta foto no es nueva: Es la misma foto del DNI." Que no es que fuese viejo el DNI, vamos, era de nuevo modelo—y además la foto no era la misma, era más reciente. Le digo "¿Pero entonces, es que no me parezco a la foto?" (igualito que soy estaba en la foto)—"No es cuestión de que se parezca o no. Es que la foto es vieja. Yo se lo aconsejo por su propio bien". Y le digo, "Mire, de verdad que me da igual. Si usted me lo quiere hacer con esta foto, yo prefiero hacérmelo antes que irme a hacer otra". "Es que no se lo puedo hacer. Porque la foto tiene más de cuatro meses". "Bueno, pues podría haber empezado por allí". Como me decía que era un consejo particular suyo, y me daba a elegir.... Así que me voy, me hago fotos y vuelvo. Y mientras espero, allí en la comisaría...

... —Caballero, la gorra.

Me vuelvo, era un guardia.

—¿Sí? ¿dígame?
—Que se quite la gorra.
—¿La gorra? ¿Que me la quite? ¿Por qué?
—Porque está usted en un centro oficial. No puede usted ir con gorra.
—¿Pero por qué? ¿Le molesta a usted?
—No, a mí no, pero es que aquí no puede llevar gorra.

—¿No? ¿Y eso dónde lo dice? ¿Está prohibido?
—Hombre, prohibido prohibido no sé, pero no va usted a ir con gorra aquí.
—Si hace el favor, indíqueme una norma oficial por la que no pueda yo ir con gorra.
—
A ver, no puede usted ir con gorra, por ética, caballero. Por ética.
—Será la ética de Vd., o sus gustos particulares, pero no son los míos.
—¡Pero bueno, aquí ya cada cual va a ir como quiera!

El guardia, que no era ningún vejestorio, no llegaría a los treinta, se retira horrorizado. Pero no pasa un minuto que acude el conserje. Que este sí entró en la época de Franco.

—Caballero, quítese la gorra.
—Mire, no tengo por qué quitarme la gorra.
—¡Que está usted en unas dependencias oficiales!
—Que yo sepa no está prohibido llevar gorras en dependencias oficiales. (Me podía haber quitado la gorra pero ya se me iban hinchando las narices, claro).
—Por ser persona, se la tenía que quitar usted. Por ser como la gente.
—Mire, eso serán cuestiones de gustos u opiniones de usted, que no tiene por qué decírselas al público. Es como si yo le digo que no me gusta cómo viste usted. También me podría decir que no tengo que venir con vaqueros, ¿no? O que tengo que usar corbata. Como si le dice a este otro señor que no puede entrar aquí en mangas de camisa que va, o con deportivas.
—Así que no se va a quitar usted la gorra. Ya se ve, ya se le ve de lejos. ¡Que es usted el espíritu de la contradicción!

Para entonces ya había escena, y me estaba esperando que viniesen dos fornidos a confiscarme la gorra, o a arrestarme por resistencia a la autoridad, pero bueno. Por fin se imprime el pasaporte, y me lo dan, y me voy sin que me detengan en la frontera, aunque estaban allí expresando su escándalo mayúsculo.

De no creérselo, vamos.


Y porque estaba yo cabreao y en otra cosa. Y griposo. Que si no les podría haber informado de que siendo doctor por la Universidad de Zaragoza, tengo el privilegio reservado a los Grandes de España (por una de esas curiosidades de la historia), consistente en no tener que descubrirse ante nadie, ni bajo techado, ni siquiera ante el rey. Especialmente no ante el rey, ahora que lo pienso.







viernes, 2 de marzo de 2012

Traicionarse a uno mismo



"Muchas veces descubre uno que para ser fiel al que eres, tienes que traicionar al que eras. O viceversa."

(de una facebook-conversation) 

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