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domingo, 14 de mayo de 2017

Consecuencias imprevistas, Roles, División del trabajo, e Incertidumbre moral




Unos párrafos del apartado "Incertidumbre moral", del cap. 1 del libro de Zygmunt Bauman Ética posmoderna:


Una de las dimensiones prácticas de la crisis deriva de la magnitud del poder que tenemos. Lo que hagamos nosotros u otros puede tener consecuencias de largo alcance y duración, que posiblemente no veamos directamente ni podamos predecir con claridad. Entre los hechos y su desenlace hay una gran distancia—tanto temporal como espacial—que es imposible imaginar con nuestra capacidad de percepción común; por ello, difícilmente podemos medir la calidad de nuestras acciones conforme a un inventario de sus efectos. Lo que nosotros u otros hagamos tendrá "efectos secundarios", "consecuencias inadvertidas", que podrían sofocar cualquier buena intención y provocar desastres y sufrimiento que nadie desearía ni adivinaría; más aún, podría afectar a personas a las que nunca conoceremos, por lejos que viajemos o mucho que vivamos. Podríamos perjudicarlas (o ellas perjudicarnos) inadvertidamente, por ignorancia más que por intención, sin que nadie en particular desee un mal, actúe de mala fe o pueda ser acusado de conducirse en contra de la moral. Es imposible que abarquemos la escala de consecuencias que podrían derivarse de nuestras acciones con la imaginación moral que tenemos. También resultan impotentes las pocas pero probadas y confiables reglas éticas que hemos heredado del pasado y nos enseñaron a obedecer. Después de todo, nos dicen cómo acercarnos a las perosnas y cómo decidir qué acciones son buenas (y por ende, deberíamos hacer) y cuáles son malas (y deberíamos evitar), dependiendo de sus efectos visibles y predecibles en ellas. Pero ni siquiera si cumpliésemos las reglas con el mayor escrúpulo y todos los que nos rodean las observaran podríamos estar seguros de evitar consecuencias desastrosas. Sencillamente, nuestras herramientas técnicas—el código de conducta moral, el conjunto de reglas que seguimos—no fueron hechas a la medida de nuestro poder actual.
 

La rigurosa división del trabajo, la experiencia y las funciones requeridas en nuestra época (y de las cuales se siente tan orgullosa) desembocan en otra dimensión práctica: básicamente cualquier cosa que hagamos involucra a muchas personas, cada una de las cuales desempeña una pequeña parte de la tarea general. De hecho, la cantidad de personas involucradas es tan enorme que nadie podría adjudicarse, con razón y convicción (ni podría asignársele a nadie) la "autoría" (o la responsabilidad) del resultado final: un pecado sin pecadores, un delito sin delincuentes, una culpa sin culpables. La responsabilidad del resultado flota, por así decirlo, sin encontrar su refugio natural. O, más bien, la culpa está tan extendida que ni el más sincero escrutinio de la propia conciencia ni el arrepentimiento de cualesquiera de los "actores parciales" lograría cambiar mucho el estado final de las cosas. Debido a esta impotencia, muchos acabamos por creer en la "vanidad de los esfuerzos humanos" y por considerarla una razón válida para no realizar un escrutinio propio ni estar dispuestos a saldar cuentas.


—oOo—

martes, 4 de junio de 2013

Blindness to the Future, Kindly Given

Fábula de "El cerdo, el carnero y la cabra" de Samaniego:



Poco antes de morir el corderillo
Lame alegre la mano y el cuchillo
Que han de ser de su muerte el instrumento,
Y es feliz hasta el último momento.
Así, cuando es el mal inevitable,
Es quien menos prevé más envidiable.
Bien oportunamente mi memoria
Me presenta al Lechón de cierta historia.
Al mercado llevaba un carretero
Un Marrano, una Cabra y un Carnero.
Con perdón, el Cochino
Clamaba sin cesar en el camino:
«¡Ésta sí que es miseria!
Perdido soy, me llevan a la feria.»
Así gritaba; mas ¡con qué gruñidos!
No dio en su esclavitud tales gemidos
Hécuba la infelice.
El carretero al gruñidor le dice:
«¿No miras al Carnero y a la Cabra,
Que vienen sin hablar una palabra?»
«¡Ay, señor, le responde, ya lo veo!
Son tontos y no piensan.Yo preveo 
Nuestra muerte cercana.
A los dos por la leche y por la lana
Quizá no matarán tan prontamente;
Pero a mí, que soy bueno solamente
Para pasto del hombre... no lo dudo:
Mañana comerán de mi menudo.
Adiós, pocilga; adiós, gamella mía.»
Sutilmente su muerte preveía.
Mas ¿qué lograba el pensador Marrano?
Nada, sino sentirla de antemano.
El dolor ni los ayes es seguro
Que no remediarán el mal futuro.

(Samaniego, Fábulas)

Aparte del tema común con el Essay on Man de Pope, participa la fábula de ciertos motivos compartidos con la canción yiddish "Dana dana". Allí la golondrina tiene previsión, pero también alas para escapar a su destino.




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