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viernes, 13 de enero de 2017

Retropost #1308 (13 de enero de 2007) - Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico




Este interesante artículo de V. S. Ramachandran,  "The Neurology of Self-Awareness" (Edge 8 de enero de 2007), enlaza con algunas de las preocupaciones que me rondan por la cabeza últimamente.
Tiene muchos puntos en común con el artículo de Michael Arbib en Cajal and Consciousness, y también con la teoría de la autointeracción de pensadores como Mead o Blumer. También teoría de los marcos de Goffman, más en concreto con la teoría del sujeto y de la consciencia que parece insinuarse en sus últimas páginas. A ver si consigo hilar mínimamente uno con otro y con otro y con otro.

Hace poco mencioné las neuronas espejo. Son un sistema neurológico que abre un camino para relacionar, en términos biológicos y evolucionarios, reflexividad e interacción. Y que permiten concebir un punto de contacto entre neurología, lingüistica y esas reflexiones sobre fenomenología que tanto han enfatizado la relación entre yo y otro (la teoría de la mirada de Sartre, la teoría de la alteridad de los otros como sujetos y no objetos en Merleau-Ponty, o las reflexiones sobre soi-même comme un autre de Ricoeur). Casi nada, ¿verdad? Bien, pues tanto Ramachandran como Arbib dan un papel crucial a este sistema neurológico en la génesis de la autoconsciencia. Goffman no, claro; él no habla de neurología y cuando se murió aún no existían estas neuronas, por así decirlo.

El artículo de Arbib en Cajal and Consciousness (ed. Pedro C. Marijuán; New York Academy of Sciences, 2001) se titula "Co-evolution of Human Consciousness and Language". En este post resumo y comento algunos aspectos clave de este artículo. Eso me llevará más adelante a una exposición de la teoría del sujeto emergente en Goffman.

La consciencia humana se caracteriza por su complejidad, que sólo ha podido desarrollarse junto con el lenguaje. Complejidad que consiste en crear representaciones de la actividad intencionada, representaciones que van mediadas lingüísticamente. Estas representaciones (y el lenguaje) se han desarrollado evolutivamente a partir del sistema de neuronas espejo de los monos, y de la relación neurológica entre movimientos de la mano y de la boca.

(Por cierto, observa Arbib, un tanto en plan plain dealer, que "Cajal offers no particular guidance to the nature of consciousness", y que distingue la actividad consciente de los reflejos, pero no de otros procesos mentales. Yo creo que tampoco es tan así: pues Cajal también observa la diferencia entre el comportamiento espontáneo e irreflexivo, automatizado (no meros "reflejos") y el autoconsciente, mediado por otros sistemas neuronales. Y puede haber un choque en el paso de uno a otro, como en el ejemplo de la señorita que se mueve con gracia mientras no se siente observada pero tropieza o se trabuca en el momento más inoportuno, o sea, cuando ve que la miran).
Cajal sí que anticipó, dice Arbib, la teoría de que muchas funciones del organismo no están basadas en un único circuito o región cerebral, sino en la cooperación de muchas regiones cerebrales.  Ignoraba, claro, el detalle y muchos aspectos prácticos del funcionamiento de esta computación neural, por ejemplo que la inhibición de impulsos, y quizá la modulación neuronal, tienen un papel tan importante como la excitación. En otro post anterior he señalado cómo diversas teorías neurológicas contemporáneas analizan las modalidades de interacción entre regiones cerebrales, o de coordinación entre patrones de excitación, para explicar la creación de representaciones conscientes. Sin negar la importancia básica de estas interacciones multisistema, tanto Arbib como Ramachandran dan un papel preponderante al sistema de las neuronas espejo.

Volviendo a Arbib: opone "estados cerebrales" (inmensamente complejos) a "estado mental" (como resultado visible, pongamos, del anterior: los estados mentales son más simples; así, la lógica no es la esencia de la mente, sino una cristalización comunicativa, digamos, de los auténticos procesos cerebrales, en los cuales no entramos de manera consciente). Pero la mente es para Arbib (faltaría más) un aspecto de la actividad cerebral, un fenómeno semiótico: "some sort of précis of the broader neural activity and memory structures" (200). (—De ahí que los esquemas semióticos, y voy a Goffman y sus frames, vayan a ser tan importantes para desarrollar esta teoría de la consciencia).

La consciencia, el lenguaje, y los esquemas distribuidos.
 
El desarrollo de la consciencia no es sólo el desarrollo de la evolución morfológica del cerebro. Los fenotipos de comportamiento "no resultan de los 'genes cerebrales' sólo: más bien expresan tanto la organización inherente del cerebro como el aprendizaje que lo ha conformado a través de las experiencias del organismo individual, y éstas son determinadas en gran medida por el medio social en el que se desarrolla el organismo" (200). Así, la evolución de los homínidos no se puede separar del desarrollo de la cultura, que influye "incluso la evolución biológica (además de verse ella misma sujeta a cambio y selección)" (201). La consciencia es un fenómeno complejo y distribuido, y no se trata de un todo o nada: hay que estudiar tipos y grados de conciencia, y definir la propiamente humana y cómo ha emergido. "Sostengo que somos conscientes de una manera completamente humana porque tenemos lenguaje, es decir, que al igual que la consciencia va a cuestas sobre muchas funciones neurológicas, también debe ir a cuestas sobre el lenguaje, alcanzando así una sutileza y complejidad que de otro modo sería imposible" (201). Cita Arbib a Sarraute y sus tropismos preverbales, que se ven aplastados por la lógica propia del lenguaje: "para Sarraute el lenguaje es a la vez expresivo y destructivo, y esa tensión entre lo verbal y lo no-verbal es ciertamente la marca característica de nuestra consciencia, que la separa de cualesquiera otras formas de consciencia que puedan expermimentar otros seres" (202). (Esta interacción entre lo verbal y lo no verbal es enfatizada por algunos pragmatistas como Goffman. Para Goffman podríamos decir que el lenguaje va a caballo sobre lo no lingüístico, la interacción verbal explícita sobre la situación comunicativa que la antecede y sienta sus bases. Aun si esta no es totalmente no verbal, en tanto que deriva de un anterior complejo pragma-lingüístico. En mi artículo sobre La espiral hermenéutica intenté sacar algunas conclusiones de esta verbalización o emergencia del lenguaje que se da en la interpretación y la interacción comunicativa). Una teoría de los esquemas funcional, más que estructural, nos ayudaría a entender el funcionamiento del pensamiento como cooperación entre distintas áreas cerebrales que contribuyen a la generación de un esquema. (Pienso aquí en la teoría de la fusión metafórica y la proyección conceptual / redes de integración conceptual de Fauconnier y Turner). Principios: 1) la "cooperación computacional" o integración de esquemas; 2) la "modulación" de nuevos esquemas a partir de los existentes (esto recuerda mucho los análisis de Goffman, con sus transformaciones de marcos, reenmarcaciones, modulaciones); 3) la integración de representaciones parciales en un todo integrado: algo que no tiene por qué pasar en una región cerebral determinada. (Pero ver la teoría del espacio de trabajo global de Dehaene et al. aquí).
La neurología y la consciencia. Aquí Arbib expresa su escepticismo hacia las teorías de Penrose et al., Llinás, etc., y apoya un enfoque de lo consciente menos mensurable quizá en términos de estados cerebrales concretos y más bien en relación al lenguaje y la comunicación. Utiliza ejemplos como la visión ciega, etc. que también aparecen en otros artículos del volumen Cajal and Consciousness.
De la cooperación social a la consciencia

Retoma Arbib la teoría decimonónica de Hughlings Jackson sobre el desarrollo evolutivo del cerebro: "una vez se han desarrollado nuevas regiones o hay nuevos esquemas disponibles, proporcionan un ambiente enriquecido para partes más antiguas del cerebro" (205-6)—(algo que podríamos relacionar con la teoría de la emergencia. Los viejos fenómenos mentales quedan reenmarcados, y nuevos fenómenos pueden surgir de modo emergente por la interacción entre viejas y nuevas zonas). "En la terminología de la teoría de los esquemas, la evolución no sólo proporciona nuevos esquemas conectados a los antiguos, sino que proporciona conexiones recíprocas que modifican esos antiguos esquemas" (206). (Así, de este modo, la representación conceptual elaborada de un objeto puede actuar, por "retroproyección", sobre la imagen sensorial elaborada en los centros primarios de la percepción).

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Uno de los rasgos muy notables sobre las capacidades humanas es que venimos a incorporar herramientas en nuestro esquema corporal. Cuando usamos un destornillador nuestro cuerpo termina al final del destornillador, no al final de la mano; cuando conducimos un coche, nuestro cuerpo termina en el parachoques de atrás, no en nuestras nalgas" (206). Y así el cuerpo también se extiende, mediante la comunicación, por el cuerpo social.

(Aceptando este principio de la incorporación de herramientas al esquema corporal, pregúntate, Lector (escritor), por una parte...

1) qué herramienta estás utilizando ahora mismo, y qué dice eso sobre tu cuerpo. Hay toda una reflexión sobre la ciborguización del sujeto, especialmente a través de la interacción mediada por tecnología digital; ver por ejemplo mi reseña sobre Literatura y Cibercultura o sobre los diarios-blog, Serfaty: The Mirror and the Veil.

2) ¿Cuál es la herramienta más incorporada al cuerpo y a la mente... si herramienta es aún? El lenguaje como tecnología interiorizada.

Las tecnologías del lenguaje, al decir de Ong, modifican la consciencia. Más lo hizo el mismo lenguaje con su origen: es el plantemiento de base de Arbib).

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La comunicación primitiva está supeditada a la coordinación primitiva de los miembros de un grupo social. Como en la visión ciega, los procesos que coordinan a los miembros del grupo no tienen por qué suponer consciencia" (206). (De hecho, aun en grupos humanos, más avanzados y con comunicación más elaborada... la consciencia de los procesos comunicativos que los unen, no digamos ya la consciencia reflexiva avanzada sobre ellos, puede ser bastante primaria). El desarrollo de consciencia supone una capacidad elaborada de usar y anticipar el uso de señales. No sólo reconocimiento de señales, sino una señal de la propia señal, una señal reflexivamente simbolizada: "the individual's becoming able to pantomime 'this is the action that I am about to take'" (206). (Me interesa especialmente el uso de pantomime de Arbib aquí: parece indicar que hay una cierta teatralidad inherente al hecho de la comunicación consciente; es inseparable de una cierta duplicación y ficcionalización (digamos) del signo). Arbib y Hesse se refieren a esto llamándolo un "resumen", o signo podríamos decir, "a 'précis'—a gesturable representation—of intended future movements (as distinct from current movements)", una simbolización del comportamiento que se genera en lo que llaman el plexo comunicativo. "El elemento jacksoniano [Hughlings Jackson] de su análisis es que la evolución del plexo comunicativo proporciona un medio ambiente para la evolución continuada de sistemas más antiguos" (207). (En efecto, siguiendo la teoría de la retroalimentación cortical - tálamo-cortical, los sistemas sensoriales primarios han de evolucionar si no sólo han de procesar el input de los sentidos, sino proyectarlo a un sistema de monitorización o interacción más evolucionado, y, aún más, recibir el feedback de este sistema y volver a reenviar quizá varias veces las señales modificadas). "Sugieren [Arbib y Hesse] que una vez dispone el cerebro de semejante plexo comunicativo, comienza entonces un nuevo proceso de evolución, en el cual el signo [précis] viene a servir no sólo como una base para la comunicación entre los miembros del grupo, sino también como un medio de planificación y coordinación en el interior del propio cerebro" (207). (Esta es la interiorización de la tecnología a la que me refería. Recuerda mucho, por otra parte, a la teoría de Goffman sobre la constitución del sujeto mediante sistemas de marcos, a la que me referiré más adelante). Los esquemas interiorizados pasan a coordinarse por vía del signo que se ha interiorizado. Esto sucede ya a niveles subhumanos, pero sienta las bases para el desarrollo del lenguaje humano. Según esto, la consciencia sería un resumen o signo de la actividad esquemática, evolucionando de tal modo que que puede elaborar ciertos procesos mentales al nivel del lenguaje y la lógica, y que estaría relacionado en parte, pero no completamente, con la comunicación. (Para los interaccionalistas simbólicos como Mead o Blumer, las señales dirigidas por un organismo a sí mismo son cruciales en el desarrollo de la consciencia humana. Viene a ser esto una internalización de la comunicación, o más bien un desarrollo interdependiente e interactivo de la comunicación, la consciencia y el lenguaje. Veo muchos puntos en común con Arbib aquí).

Un sistema especular para la manipulación en el mono y el humano

Hay en el hombre y el mono un sistema cerebral especializado en coordinar la información visual con los movimientos de la mano que permiten la manipulación de objetos. En especial, se han observado unas neuronas de la región cerebral ventral premotriz F5 tienen una función especial. Son las llamadas neuronas espejo: "neuronas que se activan no sólo cuando el mono agarraba o manipulaba objetos, sino también cuando el mono observaba al experimentador hacer un gesto similar al que, cuando es realizado activamente por el mono, requería la actividad de la neurona" (208). Coordinan pues la observación y la ejecución de estos gestos. Es más, existe en los primates este mecanismo fundamental, automatizado o interiorizado, para el reconocimiento de estas acciones. La observación produce una actividad cerebral similar a la propia ejecución de la acción. (Esta reciprocidad es la que parece necesaria para la internalización subsiguiente de los procesos comunicativos a la autocomunicación del propio sujeto. Por otra parte, me sorprendería que no hubiese en otros cordados superiores sistemas de neuronas espejo similares en lo referente en concreto a la identificación visual. Es obvio que el ojo se activa de manera especial al percibir otro ojo: un ojo busca otro—light seeking light—, y más aún los ojos de los primates. Es éste otro sistema de interacción comunicativa muy útil en la supervivencia. En sus análisis sobre el saberse percibido de El Ser y la Nada Sartre extrae algunas conclusiones más elaboradas sobre cómo hemos desarrollado los humanos esta experiencia de intercomunicación visual). Arbib quiere buscar en este sistema interactivo-comunicativo de neuronas espejo "la base para la evolución del lenguaje humano" (210).

El enfoque sobre la evolución del lenguaje basado en el sistema especular

Siete fases en la evolución del lenguaje humano: 1) Manipulación, 2) Sistema especular para la manipulación, 3) Sistema imitativo "simple", 4) Sistema imitativo "complejo", 5) Comunicación manual, 6) Habla, 7) Lenguaje.

Con respecto a las diferencias entre los dos últimos, "speech" y "language", aclara Arbib que "habla es la producción y percepción abierta de secuencias de gestos vocálicos, sin implicar que estas secuencias constituyan un lenguaje" (210). (Es una postura ésta que recuerda bastante a las posturas desconstructivistas e integracionalistas sobre el lenguaje. La productividad viene en primer lugar, la codificación es posterior, en especial a la codificación elaborada a través de las formas escritas, los estándares socialmente favorecidos, etc. El habla es así el elemento productivo y agramatical del lenguaje, todavía siempre produciendo secuencias no previamente codificadas y ofendiendo a la gramática).

(Esta teoría de Arbib ofrece puntos de anclaje muy sugerentes a las teorías integracionalistas sobre el origen y funcionamiento del lenguaje, al privilegiar el complejo sígnico multimedial, global, por encima de los sistemas gramaticalizados o codificados. Sobre este complejo integracional de lenguaje y gesto también se puede seguir este enlace que lleva a una discusión sobre evolución: Lenguaje y gesto). Continúa Arbib:

Un humano anatómicamente igual a nosotros pero sin lenguaje, hace 200.000 años, quizá tendría una percepción sensorial inmediata más agudizada, pero a su consciencia le faltarían "los revestimientos sutiles que posee la mente moderna precisamente gracias a las propiedades recursivas a que da acceso el lenguaje" (211). La consciencia, pues, se ha desarrollado drásticamente después de que el cuerpo y cerebro humano humano alcanzasen su forma actual. (Se ha desarrollado como el lenguaje se ha desarrollado. Y los desarrollos de formas lingüísticas complejas—de formas comunicativas complejas, en realidad—suponen desarrollos de la consciencia humana, desarrollos evolutivos, sólo que ahí hablamos ya de evolución cultural, y no de evolución biológica. Una entronca con la otra y es su continuación).

El lenguaje se desarrolló sobre una anatomía previamente evolucionada que permitía ese desarrollo. Para Arbib, las vocalizaciones de los primates no son los precursores directos del lenguaje. De hecho se sitúa su sustrato cerebral en un área que no es la equivalente al área de Broca en los humanos. Esos gritos carecen para Arbib de las propiedades combinatorias necesarias para el desarrollo lingüístico, mientras que el sistema de las neuronas espejo sí parece abrir esa vía necesaria. "Está claro que las neuronas espejo pueden ser fundamentales para la imitación, de modo que la utilidad del sistema especular en el antepasado común del hombre y el mono puede haber consistido en maneras simples de imitación" para la conducta aprendida, la autorregulación motriz, y la coordinación del grupo (212). Hipótesis: "La extensión del sistema especular de las acciones simples a acciones complejas fue una innovación clave en la evolución cerebral relevante para la emergencia de una disposición al lenguaje" (212).

La generatividad comunicativa necesaria para el lenguaje estaba presente así en el comportamiento motor. El requisito de paridad necesario para el lenguaje humano (la reciprocidad del signo para hablante y oyente) se desarrolló a partir del sistema neurológico especular: "El lenguaje evolucionó a partir de un mecanismo que originariamente no estaba relacionado con la comunicación: el sistema especular para la manipulación con su capacidad de generar y reconocer una serie de acciones" (213). (El origen del lenguaje sería así un caso más de lo que Stephen J. Gould llama exaptación, o de lo que Niezsche analizaba – en la Genealogía de la Moral – como génesis no teleológica, o desconexión entre origen histórico y función actual de un órgano). Es característica de los homínidos la capacidad de explotar imitativa y comunicativamente secuencias de comportamiento nuevas, utilizables para la construcción de una respuesta inmediata y para el enriquecimiento de la vida del grupo a más largo plazo (fase 4 de las antes nombradas). De ahí pasamos a la fase 5: un sistema comunicativo con base manual, con signos pantomímicos que imitan, en ausencia de un objeto, a los signos gestuales pragmáticamente orientados a la acción de ese objeto cuando está presente. ("Comer, comer": el australopiteco llevándose la mano a la boca cuando no hay nada que comer. Así, el signo se constituye necesariamente in absentia del referente, y la teatralidad o simulacro de la realidad es inherente al origen del lenguaje. Nuestros antepasados usaban el lenguaje de los sordomudos, con la ventaja adicional de que oían y vocalizaban. Lenguaje y gesto son inseparables en un origen, sólo la evolución de formas cada vez más codificadas y menos gestuales los va deslindando. Y sin embargo la gestualidad permanece inscrita, como decía R. P. Blackmur en Language and Gesture, en la misma capacidad poética del lenguaje. De esta gestualidad del estilo, que siempre entra a ser procesada interpretativamente, hablaba yo en mi artículo sobre "la espiral hermenéutica").

Fase 6: el habla. Primero evolucionó un sistema de comunicación basado en las áreas ligadas por las neuronas espejo: la mano/brazo y los gestos orales y faciales. (Y la vista, supongo yo, donde debe existir otro sistema de neuronas espejo aún más básico, y que desarrolló una coordinación con el buco-manual). Seguidamente, "el sistema simbólico manual-orofacial 'reclutó' a la vocalización" dando lugar a un sistema abierto (no codificado) de gestualidad y sonido. En Homo Sapiens desciende la laringe (y ya en especies anteriores), lo que lleva a pensar que "se necesitaba un núcleo de proto-habla para proporcionar presiones hacia la evolución laríngea. Sin embargo (...) es muy posible que los humanos tempranos y sus precursores  H. erectus hayan tenido una comunicación vocal compleja sin tener lenguajes comparables a los lenguajes actuales" (214).

Es lógico que también el sistema de vocalización de los primates ha contribuido a la evolución del lenguaje. En concreto a través de la regulación de la respiración / vocalización. También aspectos primitivos de la vocalización, como los lloros de los bebés o las exclamaciones, tienen un asentamiento externo al área de Broca. (Así, hay pacientes mudos por lesión en el área de Broca que pueden jurar y maldecir cuando se les provoca). Arbib hipotetiza que el desarrollo del lenguaje llevó a establecer una coordinación entre el área cortical de la vocalización primate y el área de Broca.

La transición al Homo Sapiens: El desarrollo comunicativo tuvo que proporcionar una fuerte ventaja evolutiva, para favorecer como lo hizo la evolución hacia el homo sapiens a pesar de una laringe que impide tragar y respirar a la vez (pero posibilita el habla). El ser humano estaba ya listo para el lenguaje. Pero Arbib se opone explícitamente a las nociones de Chomsky sobre una implantación neuronal del lenguaje en el genoma humano. (Ya he dicho que sus ideas conectaban más bien con el integracionalismo y desconstructivismo... todo lo contrario de la lingüística generativa chomskiana). También se opone al proto-lenguaje de Bickerton (basado en secuencias de dos palabras, nombre-verbo), y sostiene más bien que los protohumanos "poseían la capacidad de nombrar acontecimientos con secuencias nuevas de gestos (manuales y/o vocales) pero que esta capacidad no implica la capacidad de nombrar separadamente los objetos y acciones que comprendían esos acontecimientos" (216). Esto fue un desarrollo más tardío (que Arbib sitúa entre hace 50.000 y 100.000 años). Lo que no quita para que "la consideración de la base espacial de las 'preposiciones' puede ayudar a mostrar cómo la coordinación visuomotriz subyace a algunos aspectos del lenguaje" (216). (Por aquí también se puede enlazar con los esquemas de representación espacial analizados por la lingüística cognitiva). Pero parece evidente que el desarrollo de estructuras gramaticales elaboradas haya sido "post-biológico", una creación del Homo sapiens. (Y continúa esa elaboración... No sólo en el desarrollo lingüístico, sino en el metalingüístico, a nivel de teoría y análisis del lenguaje).
En un esquema representa Arbib su teoría multimodal sobre el origen del lenguaje: Dos sistemas originalmente aislados (el sistema de llamadas de los primates por un lado, frente a otro constituido por tres subsistemas ligados: la gestualidad oral-facial, la gestualidad manual, y el sistema del habla). El segundo sistema complejo (y básico) se liga por una parte a los músculos faciales, y por otra a la gestualidad de mano y brazo. Por otra parte, interactúa con el primero produciendo los sonidos de la laringe y las cuerdas vocales. Pero el hecho de que el sistema laríngeo sea en cierto modo secundario explica por qué en ausencia de sonido u oído el lenguaje se desarrolla rápidamente por otra vía, el lenguaje manual y gestual de los sordomudos. Los ciegos, claro, han de limitarse al lenguaje vocal. (Y luego está Helen Keller...).

Con respecto a la consciencia,
Arbib sostiene que es una propiedad distribuida en la interacción de muchas áreas del cerebro; es sólo parcialmente verbalizable, pero la consciencia humana es muy diferente por el desarrollo que ha supuesto el lenguaje, que ha reestructurado el cerebro mediante un proceso de "evolución Jacksoniana" de modo que la consciencia parece a veces un observador y a veces un controlador. " Para Arbib, los procesos de "reentrada" o las coordinaciones neuronales estudiados por otros neurólogos en Cajal and Consciousness no son característicos de la consciencia humana, sino de procesos más básicos. La consciencia humana es una consciencia lingüística, y no puede separarse su estudio del estudio del lenguaje y su desarrollo.

Bien, hasta aquí he reseñado el importante artículo de Michael Arbib "Co-Evolution of Consciousness and Language" en Cajal and Consciousness. Relacionaré esta teoría con lo que en cierto modo es su continuación (avant la lettre): la teoría de Erving Goffman sobre la constitución del sujeto mediante la internalización de la interacción comunicativa.  Pero este artículo se me alarga, así que habrá de ser en otro futuro.











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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Retropost #1208 (2 de noviembre de 2006): Especulaciones neuronales


Si tuviera dinero me compraría este libro de cuya existencia me entero con retraso: Mirror Neurons and the Evolution of Brain and Language (Amsterdam: Benjamins, 2002), editado por Maxim I. Stamenov (de la Academia Búlgara de Ciencias) y Vittorio Gallese (de la Universidad de Parma). Es el volumen 42 de la serie "Advances in Consciousness Research". Me parece que en él se tratan cuestiones interesantes de la interfaz entre neurología y semiótica, que en concreto podrían darme pistas sobre una nueva manera de entender el problema de la reflexividad (en semiótica, arte, literatura) y de la importancia central que tiene esta cuestión para una teoría evolutiva y emergentista de la mente y de la percepción. A falta del libro, traduzco aquí la información que sobre el mismo proporciona la editorial:

Fueron la emergencia del lenguaje, la inteligencia social, y el desarrollo y uso de herramientas lo que supuso la diferencia para el homo sapiens al diferenciarse de todas las otras especies biológicas del mundo. Tanto el uso del lenguaje como el desarrollo de habilidades sociales e instrumentales presuponen e implican una consciencia de intención y la consideración de que uno se enfrenta a otro individuo con una actitud analógica a la de uno mismo. La metáfora del "espejo" que esto sugiere resulta apropiada.
    Investigaciones recientes han mostrado que la capacidad humana de "reflejar" las acciones de otros se origina en el cerebro a un nivel mucho más profundo que el de la consciencia fenoménica. SinapsisRecientemente se descubrió una nueva clase de neuronas en el área premotriz del cerebro del mono, que se llamaron "neuronas espejo". Es llamativo que están sintonizadas para excitarse tanto cuando se llevan a cabo como cuando se observan algunas clases específicas de comportamientos y acciones: acciones manuales de precisión, y acciones efectuadas con la boca. Se activan independientemente del agente, y ya sea el propio sujeto o un tercero quien realiza la acción observada. La activación de esta clase de neuronas es automática (inconsciente) y liga la realización y la observación de algunos comportamientos y acciones del sujeto o de otra persona a quien éste se encuentre observando. La peculiar "intersubjetividad" del funcionamiento de esta clase de neuronas espejo y su sorprendente complementariedad con el funcionamiento de la interacción comunicativa estratégica y presencial (cara a cara) puede arrojar nueva luz sobre la arquitectura funcional de los procesos mentales conscientes frente a los inconscientes, y sobre la relación entre las acciones de comportamiento y comunicativas de monos, primates y humanos. Este volumen discute la naturaleza del Sistema de Neuronas Espejo (MNS) tal como lo presenta el equipo de investigación del profesor Giacomo Rizzolatti (Universidad de Parma), el primero en descubrir las neuronas espejo y sus implicaciones para nuestra comprensión de la evolución del cerebro, la mente y de la interacción comunicativa en los primates no humanos y en el hombre.

Participantes:  Samuel W. Anderson, Marina Koulomzin, Beatrice Beebe & Joseph Jaffe, Bernhard H. Bichakjian, Aude Billard & Michael Arbib, Steven M. Boker & Jennifer L. Rotondo, Stein Braten; Leonardo Fogassi & Vittorio Gallese, Oliver Gruber, Charles N. Li, Loraine McCune, Francis Mcglone, Matthew Howard, Krish Singh & Neil Roberts, India Morrison, Giacomo Rizzolatti, Laila Craighero & Luciano Fadiga; Gerhard Roth Roth, Jennifer L. Rotundo & Steven M. Boker, Ava J. Senkfor, Maxim I. Stamenov, Michael Studdert-Kennedy, Marilyn May Vihman, Kay vogeley & Albert Newen, Edda Weigand, Andreas Wohlschläger & Harold Bekkering, Steve Womble & Stefan Wermter, Sugita Yuuya y Tani Jun. (Tapa dura, viii, 376 p., índice temático, ISBN 90 272241665; 99 euros; rústica, 9027251622; 66 euros).

Me consuelo comprándome a precio reducido Cajal and Consciousness: Scientific Approaches to Consciousness on the Centennial of Ramón y Cajal’s Textura (Annals of the New York Academy of Sciences, 2001), editado por Pedro C. Marijuán, actas de un congreso que se celebró en 1999.  (Y sugiero los dos para la biblioteca universitaria, que no figuran en su catálogo...). El otro día me compré la famosa Textura del sistema nervioso de "Cajal" como le dicen allí; de hecho le llevaba dando vueltas al asunto desde que hicieron el congreso centenario en 1999, porque me intriga por dónde andarán ahora las investigaciones sobre la interfaz de la neurología y el complejo psicología cognitiva-semiótica-teoría de la percepción. A ver si consigo leerme estos libros y sacar algo en limpio.

Cajal estudiaba más bien la "textura", o sea, la histología y morfología del sistema nervioso, aunque por supuesto tenía interesantes especulaciones sobre las funciones de esa textura a un nivel que no podía estudiar experimentalmente. En las últimas décadas, me parece, están los estudios de la consciencia conectando con la neurología a un nivel que antes hubiera parecido improcedente. Me leí hace poco libros como Consciousness Lost and Found de Lawrence Weiskrantz (1997) y The Mind’s Past de Michael Gazzaniga (1998) que señalan importantes progresos en esta dirección. La consciencia, problema antes completamente intratable para la ciencia experimental, comienza a estudiarse como el resultado de una compleja red de representaciones elaboradas por sistemas neurológicos relativamente autónomos. Estas "neuronas espejo" podrían ser uno más de estos sistemas (uno altamente revelador). Hay sistemas como los que describe Weiskrantz que son tan específicos que controlan el reconocimiento de caras (no de otros objetos), dando lugar a la prosopagnosia cuando funcionan mal. Otros sistemas de representación visual periférica pueden permitir que existan fenómenos como el de visión ciega (blindsight), cuando el sistema visual central está dañado y no permite la representación a la consciencia de una imagen de los objetos... y sin embargo el sujeto sí puede (sa)"ver" que tiene delante un determinado objeto, aunque no vea ninguna imagen. (Supongo que son fenómenos como estos los que han hecho a veces que la gente sospeche popularmente de algunos ciegos como fingidores o taimados o menos ciegos de lo que parecen). A su vez, Gazzaniga presenta el funcionamiento semiótico global del cerebro concibiéndolo como un "intérprete" que elabora una representación de la realidad, un tanto a lo Matrix o a lo "genio maligno" de Descartes, una representación que (efectuando una grandiosa eliminación del signo, un borramiento de la mediación semiótica que dejaría turulato a Derrida) confundimos, sin más, con "la realidad". O, por así decirlo, la realidad es constituida por el "intérprete" cerebral, no hay nada "fuera" que se parezca a ella en sus propios términos. Son éstos razonamientos que nos llevan a ideas filosóficas ya añejas en teoría del conocimiento: a Hume, o al Berkeley de la New Theory of Vision.

Bien, pues estas "neuronas espejo" parecen ofrecernos el correlato neurológico de otras cuestiones filosóficas que han hecho correr mucha tinta. Por ejemplo, no sé si el uso de "emergencia" en este resumen apresurado del libro para hablar de la "emergencia" del lenguaje se tratará en términos de la teoría de la emergencia de George Herbert Mead, pero podría, y debería hacerse. También esa relación de cara a cara con el otro, la alteridad fundamental del ser humano frente a la inercia de los objetos, la percepción del otro como un objeto con una entidad particular, reflexiva, son cuestiones que han sido tratadas detenidamente por la fenomenología del siglo XX. Recordemos el observador de Sartre en El Ser y la Nada cuando siente que se vuelve objeto de la mirada. Recordemos a Merleau-Ponty y su tratamiento de la fenomenología de la alteridad como un problema específico. Por primera vez parece que estas cuestiones van a poder tratarse de una manera que tienda puentes o abra un terreno común entre la neurología experimental y las teorías filosóficas del conocimiento que van más allá de la psicología behaviorista. Nada menos que una base neurológica para la filosofía de la interpersonalidad.

En cuestiones de espejos y reflexividad, a mí me interesaría de modo especial saber si se ha hecho algo en una dirección también muy interesante y parcialmente relacionada con ésta. Si ha llegado a identificarse un funcionamiento neuronal que se corresponda con el reconocimiento de un objeto como tal objeto. Hay una dimensión reflexiva y conceptual en la percepción, especialmente elaborada en la percepción humana, y muy particularmente en la percepción mediada por el lenguaje. Una vez ordenado el mundo "exterior" a base de marcos de referencia y conceptos, el acto de percepción no se limita, creo, a recibir estímulos externos y procesarlos como tales, sino que este procesamiento conlleva un elemento de proyección, digamos que el sujeto no sólo percibe lo que hay, sino que proyecta al órgano sensorial (o al sistema neurológico correspondiente, no sé) lo que ha de percibir, un poco como esas teorías de la visión renacentistas que figuraban rayos saliendo del ojo hacia los objetos (no sé si escojo una buena imagen). Un caso especial de esta proyección reflexiva se ve en la aplicación de esquemas cognoscitivos, perceptuales, estructurales, o narrativos, para captar y organizar la estructura de un objeto de conocimiento. Es especialmente vistoso el caso en que una representación (representación en segundo grado, digo, no representación elaborada por el "intérprete" cerebral) se reprocesa como tal signo, si en origen se había confundido con el objeto original: así un objeto reinterpretado como un reflejo, una figura humana reinterpretada como un maniquí, una mise en abyme, un falso suelo narrativo o ruptura de marco, etc. Estas formas curiosas, paradojas, relaciones especulares y problemas semióticos de la percepción nos hacen especialmente conscientes de que vivimos en un sistema de representaciones—they bring the unreal world too strangely near.

La existencia de neuronas espejo y su relación con la comunicación interpersonal nos hace intuir, además, que estamos especialmente atentos no sólo a los mundos virtuales que construimos mediante la manipulación semiótica, sino también al lugar de los otros en estos mundos... y a los mundos que ellos construyen dentro de nuestro mundo. Hay materia aquí para abundantes reflexiones y especulaciones que por hoy interrumpiré. Me voy a llevar la moto a la ITV.

(¡Qué bien! Me organizan una jornada interdisciplinar sobre neurociencias en la puerta de casa: http://bifi.unizar.es/neurociencia.php).

(PS: Pues fantástico; logro asistir a unas poquitas ponencias de la jornada de Neurociencias, incluida una sobre la risa del propio Marijuán. Se han oído cosas muy interesantes: análisis de la respuesta la sensibilidad de heridas y cicatrices a luz de colores (sorprendente), estudios del reconocimiento de sonidos de niños disléxicos, la risa analizada como un complejo comunicativo/fisiológico, con elementos de interacción social y también de reorientación de tensiones de elaboración interpretativa en el sistema nervioso.... Vamos, que ha sido una experiencia bastante interesante en cuanto a las relaciones de la medicina semiótica con la neurología y con otras disciplinas. A mí me iba la cabeza todo el rato a lo mío: esquemas repetitivos interiorizados como patrones de respuesta, ya se llamen conceptos, marcos, palabras, signos escritos o identificados...  signos que a mi entender son reproyectados a los sistemas sensoriales para permitir la experiencia consciente de los mismos. Para hacer la piedra pétrea, tenemos que interpretarla como tal piedra.

Bueno, pues hasta he hecho una sugerencia. Una ponencia iba sobre el tratamiento de la fibromialgia... en realidad no la llamaban así, pero para mí que la fibromialgia tiene que estar muy relacionada con los sistemas centralizados de procesamiento del dolor que se describían. El dolor no es una experiencia simple, sino interpretada, contextualizada... y muchas veces imaginada. Así, puede haber dolores reflejos en partes del cuerpo simétricas a la herida, por un elemento de reproyección de la sensación. En la ponencia se hablaba de cómo en estados depresivos, etc., se puede activar este complejo de asociaciones y crear dolor donde no debería haberlo en puridad desde un punto de vista fisiológico en sentido estricto. Hasta puede haber tratamiento de alivio mediante procesos repetitivos de atención y de manipulación que "desvíen" o desconecten estos circuitos neuronales mal acostumbrados.... (mi terminología no es muy buena). Bueno, pues yo he hecho la sugerencia de diseñar videojuegos que obliguen al paciente a realizar estos movimientos repetidos y que estimulen estas percepciones que puedan educar la atención hacia otro lado. Podrían diseñarse con esquemas narrativos o visuales que capten la atención y estimulen las respuestas deseadas. Y, en un sistema de realidad virtual, podría incluso convertirse en un tratamiento incorporando movimientos corporales, una especie de gimnasia que no dependiera de la acción de un fisioterapeuta ni tampoco exclusivamente del paciente. En fin, una sugerencia.

Y todavía con estas cosas en la cabeza, entro en una discusión sobre narración y universales  que se está desarrollando en la lista de distribución Narrative-L.  Robert Scholes comentaba sobre el innatismo lingüístico así: "We don’t know what is there before it takes the shape of an actual language.  We have some quality that enables us to acquire grammar and vocabulary.  Calling it "deep structure" makes it sound as if we know that it is a "structure," but we don’t really know even that.  It is an ability, a disposition.  We humans are all born to communicate, born to sign.  What conclusions do you want to draw from that?"

Pongo esta respuesta:

If the human ability to make and interpret signs is "an ability, a disposition" one might think that these cognitive processes can be traced back to specific neural networks, and patterns of action in neuron firing, for instance. Perhaps the aural recognition of a word as a word, and not as a mere sequence of sounds, consists in the triggering of some specific feedback processes in the brain. Same thing for visual input (written words), and, mutatis mutandis, for the recognition (or perhaps projection) of larger patterns or linguistic macrostructures (frames, scripts, etc.). Nature and culture have been discussed as perhaps not very useful terms; I think they are useful so long as we think of them as relational, relative to a context of discussion. Perhaps the humanities have tended to see everything as cultural, and the hard sciences (including neurology) as natural, But there must be, certainly, an area of interaction where the interesting things are to be found: when culture becomes naturalized, so to speak, or where nature is culturally expanded and modified. If the neural systems and patterns which make up our "natural" hardware are not that stable but are instead some kind of modifiable software (in early age for some purposes, and in old age as well in some cases) we might find there a fruitful line of research for the investigation of linguistic and narrative universals, and for an increased dialogue between the "natural" sciences and the "social" humanities.

—Y días más tarde, esta otra, sobre la cuestión de la película dentro de la cabeza que nos proyecta el cerebro, según Antonio Damasio, The Feeling of What Happens (1999, 2000):

This Platonic cavern discussion about Damasio’s "film in the head" reminds me of Michael Gazzaniga’s concept of the mind’s "interpreter" (in The Mind’s Past), a brain function which constructs (in a way reminiscent of The Matrix) an ongoing sense of reality, our world in fact, inside our heads, not just with "bottom-up" input from the senses but also with a good deal of "top-down" functions which might be described in terms of schemata, frames, scripts, and so on. There is much ground to explore there in terms of building bridges with narrative theory. I suppose much future discussion about "nature" and "culture" in narrative structures or in the analysis of universals, ideology, etc. will be carried out in neurological terms… not by me, though!

PS (enero 2010): Una vídeo-conferencia de VS Ramachandran sobre las neuronas espejo.




—oOo—

miércoles, 17 de junio de 2015

Intersubjetividad corporeizada (Embodied Intersubjectivity)




Comentamos algunas consecuencias del descubrimiento del sistema de las las neuronas espejo (siguiendo a Vittorio Gallese) para una teoría de la intersubjetividad en la experiencia estética y en la literatura. Enfatizamos los paralelismos fenomenológicos del concepto, así como sus conexiones con la tradición estética de la empatía, y más en concreto con la psicología materialista de I. A. Richards en sus Principios de Crítica Literaria, en especial en lo referido al concepto de 'actitudes' o experiencias coporales incipientes subyacentes a la interacción semiótica.

English abstract: 

Embodied Intersubjectivity

A commentary on some consequences of the discovery of the mirror neuron system (after Vittorio Gallese) for the theory of intersubjectivity in aesthetics and literary experience. The phenomenological parallels of the concept are emphasized, as well as the connections to the aesthetic tradition of empathy and especially to the materialist psychology of I. A. Richards in his Principles of Literary Criticism, especially as regards the notion of 'attitudes' or incipient bodily experiences underlying semiotic interaction.


Note: Downloadable document is in Spanish.
Number of Pages in PDF File: 31
Keywords: Intersubjectivity, Mirror neurons, Empathy, Literary experience, Phenomenology, Neurology, Aesthetics, I.A. Richards, Psychology


 

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Date posted: June 07, 2015
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-->
_____. "Intersubjetividad corporeizada."  Academia 12 Jan. 2017.*
 
_____. "Intersubjetividad corporeizada." ResearchGate 13 Jan. 2017.*
 




jueves, 12 de enero de 2012

Embodied intersubjectivity

Una interesante conferencia de Vittorio Gallese sobre las neuronas espejo.  "From mirror neurons to embodied simulation: A new perspective on intersubjectivity." O sea, "De las neuronas espejo a la simulación corporeizada: una nueva perspectiva sobre la intersubjetividad." La idea clave es que nuestras experiencias intersubjetivas son originariamente corpóreas, que la intersubjetividad no es un constructo psicológico elaborado, sino una respuesta neuronal primaria, una reacción corporal del sistema de las neuronas espejo. 





https://youtu.be/PlV7F3MHuEk

Resumen:
Our seemingly effortless capacity to perceive the bodies inhabiting
our social world as goal-oriented individuals like us depends on
activity within a shared “we-centric” space. I have proposed that
this shared manifold space can be characterized at the functional
level as embodied simulation a basic functional mechanism by which
our brain/body system models its interactions with the world. The
mirroring mechanism for action and other mirroring mechanisms in
our brain represent sub-personal instantiations of embodied
simulation. Embodied simulation provides a new empirically based
notion of intersubjectivity viewed first and foremost as
intercorporeity. Embodied simulation challenges the notion that
Folk-psychology is the sole account of interpersonal understanding.
Underlying our capacity for “mind reading” is intercorporeity as
the main source of knowledge we directly gather about others.
Parallel to the detached third-person sensory perception of social
stimuli internal non-linguistic “representations” of the
body-states associated with actions emotions and sensations are
evoked in the observer as if he or she were performing a similar
action or experiencing a similar emotion or sensation. By means of
an isomorphic format we can map others’ actions onto our own motor
representations as well as others’ emotions and sensations onto our
own viscero-motor and somatosensory representations. Social
cognition is not only explicitly reasoning about the contents of
someone else’s mind. Our brains and those of other primates appear
to have developed embodied simulation as a basic functional
mechanism that gives us a direct insight of other minds thus
enabling our capacity to empathize with others. This proposal opens
new perspectives on our understanding of psychopathological states...


La segunda parte del vídeo es tan interesante como la primera.


La experiencia del otro es para nosotros como la propia en gran medida, sólo que hay determinados sistemas neuronales suplementarios que se activan para permitir distinguir la experiencia propia de la ajena–cuando estamos meramente contemplándola, no experimentándola nosotros. Pero, claro, la percepción y comprensión de la experiencia ajena sigue activando muchos elementos cerebrales en común con la experiencia propia—eso es lo que nos permite compartirla, y entenderla. Eso sucede incluso en el caso de representaciones indirectas, como a través de la lectura (esta conexión entre narración y experiencia corporal la comenta Norman Holland en "Stories and the Mirror Inside You"). También hablamos de esto en "Neurological Analysis of Narrative Experience".

En cuanto a la comprensión de enfermedades mentales, señala Gallese que en la experiencia normal el sistema neurológico de la insula posterior se desactiva para disociar la propia experiencia de la ajena, y en el caso de pacientes esquizofrénicos hay deficiencias en esta desactivación, o falta de desactivación que resulta en psicosis. Así la imagen corporal propia y la experiencia ajena están entremezcladas, borrosas, y sin fronteras claras.

De las neuronas espejo escribí y especulé hace unos años en "Especulaciones neuronales". Es interesante que Gallese se refiera a la obra sobre intersubjetividad de Merleau-Ponty y de Martin Buber, a la hora de buscar conexiones e implicaciones de su teoría, para las humanidades (para la constitución del universo social humano).

Otro aspecto interesante de la conferencia es la teoría de la experiencia corporal que proyectamos a modo de instrumento para la interpretación del mundo. Incluso en el caso en que lo experiencia que percibimos se refiere a seres no conscientes: esto es muy sugestivo para la lingüística cognitiva de la línea de Mark Johnson, George Lakoff o Mark Turner: el mundo lo interpretamos en gran medida a modo de proyecciones de nuestra propia experiencia corporal, y por tanto es de esperar que el lenguaje refleje esa construcción de imágenes desplazadas de nuestro cuerpo al mundo.

Lástima que no le dé tiempo a Gallese a tratar la última cuestión a la que se refiere, cuando enfatiza la importancia del nivel preverbal e interpersonal también en el análisis de la narración, o más generalmente en la relación entre el lenguaje y el sujeto. "Descubrimos que la misma región cerebral que se activa cuando actúo o cuando veo a otro actuar, resulta ser la región cerebral que se activa cuando leo o escucho una narración que describe esas mismas acciones. Así que esto puede ser relevante para el lenguaje también." Una cuestión que especifica en el turno de preguntas es que (aunque los resultados son preliminares y provisionales) la contemplación de una acción excita las mismas áreas motoras en el cuerpo, una excitación que es inhibida por la excitación de otro grupo de neuronas, mientras que la lectura de una narración o descripción de esa acción excita no las áreas motoras sino únicamente las correspondientes áreas inhibidoras de la acción.

Termina Gallese señalando la relevancia de ciertos aspectos del pensamiento de Freud para esta nueva noción de la experiencia preverbal, pues en sus propios términos Freud enfatizaba, cito, que "una palabra adquiere su sentido ligándose a una presentación de un objeto [...] y la presentación del objeto de por sí es un complejo de asociaciones que ligan una gran variedad de presentaciones táctiles, visuales, cinestéticas". Esto viene de un ensayo de Freud sobre la afasia, con nociones muy similares a las concepciones modernas según observa Gallese; fue influido por el trabajo sobre la afasia de J. Hughlings Jackson ("On Affections of Speech from Disease of the Brain." Brain 1 (1878): 304-330; 2 (1879): 203-22, 323-56).

Querría yo completar esta perspectiva, señalando otro paralelismo histórico, o precedente de esta teoría de las raíces corpóreas de la intersubjetividad; no tan antiguo como el de Freud, pero igualmente llamativo. En cierto modo quizá estemos volviendo en el siglo XXI a retomar ciertas concepciones decimonónicas, o de hace cien años, aufgehoben como era de esperar, una vez superadas ciertas reacciones extremas a ellas en la segunda mitad del siglo XX—por ejemplo, poniendo más énfasis en el carácter corporal de la experiencia, en lugar de en el constructivismo puramente mental o cultural de la misma. Constructivismo, sí, pero a un nivel no únicamente conceptual sino también neuronal. Voy a reproducir en esta línea un texto muy pasado de moda y seguramente olvidado por la mayoría de los literary theorists, el capítulo 15 de los Principles of Literary Criticism de I. A. Richards, explicando su noción de "Attitudes"—en el sentido de movimientos incipientes o imágenes cerebrales de movimientos. Esta noción de la experiencia mental como experiencia corporal incipiente o inhibida había sido desarrollada por Theodor Lipps, Wilhelm Dilthey y otros—y estas nociones ellas vemos el correlato decimonónico de las respuestas neuronales inhibidas que estudia Gallese.

Cito de I. A. Richards, Principles of Literary Criticism (1924; reimp. Londres: Routledge and Kegan Paul, 1967). Pero antes una presentación de la teoría estética de Richards, la que en tiempos explicaba yo cuando enseñaba teoría literaria allá hacia 1990:

I. A. RICHARDS (1893-1979)


Ivor Armstrong Richards was born in Cheshire, England, but he followed a path opposed to T. S. Eliot's, and became a Harvard University professor in 1944.  Richards is perhaps best known as the author of The Meaning of Meaning  (1923), together with C. K. Ogden;


this book strongly influenced the semantic movement in linguistics. It shows Richards's use of psychology in dealing with language. Richards became a leader in the attempt to make criticism scientific in Principles of Literary Criticism  (1924), Science and Poetry (1925), Practical Criticism  (1929), and The Philosophy of Rhetoric  (1936).  In 1932 he began working with Basic English, a form of English with an 850-word vocabulary.  He wrote a Basic English version of Plato's Republic. (1)

According to John Crowe Ransom, "Discussion of the new criticism must start with Mr. Richards.  The new criticism very nearly began with him". (2).   The influence on the New Critics exerted by I. A. Richards must be qualified, since an important part of his thought is in contradiction with the most commonly accepted principles of the New Criticism.  The ideal of Richards is to establish scientific bases for criticism, and ultimately to reduce to scientific explanations, to psychological phenomena, the mysteries of art and emotion.  His scientific ideal and his psychological approach are rejected by the New Critics, but many of his ideas and methods of analysis will deeply influence them. 

    Richards's aesthetics, expounded in Principles of Literary Criticism, is heavily dependent on his peculiar conception of the human mind.  The aim of this work is to give literary criticism a psychological foundation.  Criticism is a secondary discipline, and its principles must be grounded on more basic theories of communication  and valuation.   Richards's aim is to provide a scientific grounding for both value and communication, and therefore for criticism.  He warns against purely emotional, subjective responses which are obstructive to scientific criticism.   The task of criticism is the definition  and the valuation  of the aesthetic experiences.  A critical statement has two parts: the technical part of the statement describes the aesthetic object; the critical part describes the value  of the experience it provides.  The best criticism, according to Richards, is attentive to the effect of the work on the receiver, but it also seeks to relate the reactions of the receiver to the objective properties of the work.  (....)

The Aesthetic Experience:

Richards denies that there is any peculiar, distinctive aesthetic experience different in substance from any other experience.  He feels that aesthetic experiences have been distorted and magnified by the critics who defend "art for art's sake" and aestheticism (such as Roger Fry).  The isolability of aesthetic experiences does not entail the uniqueness of the values they provide.  For Richards, aesthetic experiences share many common elements with "ordinary" experiences.  There is no distinctive "aesthetic emotion" from a psychological point of view.   Our reactions to art are just an elaboration of our ordinary reactions to real life experiences.  Art has no special value that is not present in life as well.  All value is psychological value, and criticism is ultimately a branch of psychology: it is the description of the psychological experiences provided by the works of art.  For Wellek, Richards's position amounts to a "total abolition of the difference between art and life" (3)

    The psychology outlined by Richards is materialist: he defines the mind as a part of the activity of the nervous system.  The mind is a system of impulses which is self-regulated to a certain extent: it is the inner state of the system which determines which external stimuli will be of consequence.  Theat is, the importance of an event or experience cannot be determined in itself, but only in relation to the mental system which perceives it.  The conduct of life is an attempt to organize impulses so that the most important impulses may find satisfaction.  Value is determined as the satisfaction and balance of impulses.  In itself, the satisfaction of impulses is good, but a balance must be preserved.  Anything that manages to satisfy an impulse without thwarting a more important one is good.  The importance of an impulse is therefore defined relationally, as "the extent of the disturbance of other impulses in the individual's activities which the thwarting of the impulse involves" (Principles  39).  Richards wants to provide a "neutral" definition of value, one which does not rely on any doctrine or preconception, a definition which escapes the extremes of both authoritarian moralism and hedonism.  The aim of mental activity is to achieve a growing order, and the best organization of impulses is the one which is the least wasteful of human possibilities, the one which is more comprehensive and therefore enables to attain the more important values.  Richards is critical of the more conventional values which organize public life.  These public moral codes are cruder, less complex than the individual ones.  They have the useful function of securing uniformity, but for Richards "none of the afflictions of humanity are worse than its obsolete moral principles" (Principles  43).  No single standard of organization of impulses can be imposed, but it is desirable that nobody be deprived of all generally accessible values.  Richards's aesthetics, and even the notion of balance of impulses, stem out of a line of psychological aesthetics mostly developed in Germany (Theodor Lipps, Wilhelm Dilthey) but which also has some representatives in the English-speaking world.  Vernon Lee (The Beautiful, 1913) develops Lipps's concept of "empathy" as feeling oneself into the aesthetic object.  Richards will argue however that not all art provides empathy; he prefers the more general term "synaesthesis", defined as "a harmony and equilibrium of our impulses" induced by the work of art.  This concept is not wholly new: Ethel D. Puffer's Psychology of Beauty (1905) speaks of "equilibrium of impulses", and Wilbur M. Urban of "balance of impulses" (Valuation,  1909) as the result of the aesthetic experience.  
   
    The definition of poetry given by Richards is intimately linked to this conception of the human mind.  The aim of poetry is to order and satisfy human impulses, and the value of the poem depends on the number and diversity of the impulses harmonized.  A successful work of art is a device which brings the whole of our personality into play and orders our emotions, canalizing them in one direction.  In doing this, poetry goes beyond the mere production of pleasure.  Pleasure is not the end of poetry, but a by-product.  Pleasure is not a complete experience, which stands alone or is an aim in itself.  It is always a question of pleasure in doing something, pleasure as the result of successful activity of some kind. Unpleasure likewise results from frustrated or chaotic activity.  They arise in the course of activities directed to other ends.  If pleasure becomes an end in itself, disillusionment and exhaustion soon follow.  Poems, therefore, are not to be read for pleasure, since that is not their objective.  The value of literature lies in its mental after-effects, and the influence it has in building a whole and harmonious personality. 

    Richards, like Arnold, defines poetry as a criticism of life, and he adds to this definition his own concern with communication.  Art is a privileged form of communication, because it is a transmission of peculiarly valuable experiences;  a storehouse of recorded values.  Works of art "spring from and perpetuate hours in the lives of exceptional people, when their control and command of experience is at its highest" (Principles 22).   If only we approach them in the right way, we shall find that "They record the most important judgements we possess as to the values of experience" (Principles  23).  Poetry is a record and a perpetuation of valuable experiences.  The artist is specialized in the elementary, concrete responses which are the living source of morality.  Moralists tend to condemn artists because moralists are concerned with the abstract side of moral life, the morality consecrated by the community, while the artist works on the border of the concrete, striving to enlarge our ordered response to life.  Art makes complex private experiences available to the community, and is therefore a way to diffuse moral influence in the sense of moral evolution.  High civilization, that is, civilization which allows to lead free, varied and unwasteful lives, depends largely on art for its vitality.  Art has a civilizing, an educating influence which is subtle but pervasive.  Art and criticism are therefore not a luxury, but a necessary vanguard.  The arts are not an alternative to reality or an expenditure of superfluous energies: what they offer is the very essence of reality.  Richards defines art as the delicate organization and the communication or real life values.

    According to Richards, the artistic experience is given shape by the need for communication.  The artist may argue that he is not concerned with communication, but the very conditions of his art are defined by the necessity of communicating experiences.  Successful communication in art does not depend on the purpose of the artist: it is often achieved instinctively, even if the artist neither cares nor devotes a second thought to the problem.  Richards interprets Eliot's aim of "impersonality" as the need to give shape to a comprehensible message.  It is at bottom a question of communicative efficacy, taking into account the peculiar conditions of artistic communication, which prevents direct contact between the artist and the public.  The only contact occurs through the artistic object, which must therefore be an effective instrument of communication.  It is useless to speculate on the mental states of the artist, which are not available to us (although Richards will not always be consistent on this particular point).  Richards prefers to concentrate on the psychological effect of the poem on the reader, and he outlines a theory of reception which is less interesting than it might have been because it largely ignores the properly linguistic and literary responses to a work, to concentrate on purely physical perceptions or the subjective associations of the reader. (4)

    Richards is anxious to find the physical and physiological roots of meaning effects.  The bridge between the physical and the mental is provided by the concept of "attitude".  All kinds of bodily and mental experiences and reactions leave their trace in memory images or "attitudes", and the experience of the work of art involves a reworking of these images.  Reacting to a work of art, then, involves residual or imaginal movements of the body and the emotions.  Mental activity consists in a constant adjustment to our environment by means of these semiotic traces.  Richards applies this principle to the analysis of poetry, painting, sculpture and music.  In spite of their imaginal character, artistic experiences should not be conceived as incomplete or vicarious experiences: "they might better be described as ordinary experiences completed" (Principles  184)

    Communication is not a "transference" of experience from the author to the reader, but a recreation of the original experience:


Communication . . .  takes place when one mind so acts upon its environment that another mind is influenced, and in that other mind an experience occurs which is like the experience of the first mind, and is caused in part by that experience. (Principles  137).

The degree of communication is variable, and it depends not only on the nature of the work but also on the similarities shared by the participants, ond on the saliency of the features of the experience which is being communicated.  The poet must be a good communicator, that is, he must be able to use past similarities in experience as his materials and he must be able to control the way the materials interact with each other in the structure of the work. (...)

(One must note, in passing, that Richards's materialist psychology has nothing in common with the psychology of the unconscious developed by Freud).

His conception of poetic form derives immediately from his psychology.  He conceives of the analysis of the strata of a poem in a dynamic way, as phases in the mental analysis of the poem, or psychological maneuvers.  Six kinds of psychological events occur when we read a poem:


I.  The visual sensations of the printed words.
II.  Images very closely associated with these sensations.
III.  Images relatively free
IV.  References, or "thinkings of" various things.
V.  Emotions.
VI.  Affective-volitional attitudes.

Richards thus traces the path the poem follows from the page to its influence on the coenesthesia of the reader: "it is the attitudes evoked which are the all-important part of any experience" (Principles  101). 

(Notes)
(1) Joseph E. Baker, "Richards, Ivor Armstrong". 
(2) John Crowe Ransom, The New Criticism (1941)  
(3) René Wellek, A History of Modern Criticism: 1750-1950. Vol. 5: EnglishCriticism, 1900-1950. London: Jonathan Cape, 186. 222.
(4) See "The Analysis of a Poem," ch. 16 of
Principles of Literary Criticism.

_________

Bien, esto contextualiza un poco la psicología de Richards (la fuente principal es la History of Modern Criticism: 1750-1950 de René Wellek). Ahora, reproduzco el capítulo 15 de Principles of Literary Criticism, "Attitudes", en el que se puede ver la similaridad entre la teoría materialista de la respuesta literaria que propone Richards, y los nuevos desarrollos apuntados por Gallese, basados en la intersubjetividad corporeizada a través de las neuronas espejo. Creo que (sin extendernos en la diferencia de los planteamientos, bases científicas y metodologías) las similaridades entre estas teorías psicológicas de la percepción corporeizada hablan por sí mismas, aunque alguna observación apuntaremos entre paréntesis y en cursiva.


Chapter Fifteen

ATTITUDES

My Sences want their outward motion
    Which now within
    Reason doth win
Redoubled by her secret notion. -  JOHN HOSKINS

The interventions of memory are not confined to sensation and emotion. They are of equal importance in our active behaviour. The acquisition of any muscular accomplishment, dancing or billiards, for example, shows this clearly. (Aquí se refiere Richards a un tipo de "memoria neuronal" o corpórea cuyos antecedentes en psicología comentamos más en este artículo: Training the Train of Ideas) What we have already done in the past controls what we shall do in the future. If the perception of an object and the recognition that it is a tree, for example, involve a poise inthe sensory system concerned, a certain completeness or 'colosure', to use the term employed by Köhler, so an act, as opposed to a random movement, involves a similar poise in a motor system. But sensory and motor systems are not independent; they work together; every perception probably includes a response in the form of incipient action. We constantly overlook the extent to which all the while we are making preliminary adjustments, getting ready to act in one way or another. Reading Captain Slocum's account of the centipede which bit him on the head when alone in the middle  of the Atlantic, the writer has been caused to leap right out of his chair by a leaf which fell upon his face from a tree. Only occasionally does some such accident show how extensive are the motor adjustments made in what appear to be the most unmuscular occupations.

This incipient activity stands to overt action much as an image stands to a sensation. But such 'imaginal' activity is, by its very nature, extraordinarily had to detect or to experiment upon. Psychology has only dealt with fringes of the mind hitherto and the most accessible fringe is on the side of sensation. We have therefore to build up our conjectures as to the rest of mental happenings by analogy with the perhaps not entirely representative speciments which sensation supplies. This limitation has led the majority of psychologies to see in imaginal movement no more than images of the sensations from muscle, joint, and tendon, which would arise if the movement were actually made.

It is certain that before any action takes place a preliminary organization must occur which ensures that the parts do not get in one another's way. It appears to the writer that these preliminaries in his case make up part of consciousness, but the re is a heavy weight of authority against him. The point is no doubt exceptionally hard to determine.

In any case, whether the consciousness of activity is due to sensations and images of movements alone, or whether the outgoing part of the impulse and its preparatory organization help to make up consciousness, there is no doubt about the importance of incipient and imaginal movement in experience.  The work done by Lipps, Groos and others on einfühlung, or empathy, however we may prefer to restate their results, shows that when we perceive spatial or musical form we commonly accompany our perception with closely connected motor activity. We cannot have this activity out of our account of what happens in the experiences of the arts, although we may think that those who have built upon this fact what they had put forward as a complete aesthetic—Vernon Lee, for example—have been far from clear as to what questions they were answering.

The extent to which any activity is conscious seems to depend very largely upon how complex and how novel it is. The primitive and in a sense natural outcome of stimulus is action; the more simple the situation with which the mind is engaged, the closer is the connection between the stimulus and some overt response in action, and in general the less rich and full is the conisciousness attendant. A man walking over uneven ground, for example, makes without reflection  or emotion a continuous adjustment of his steps to his footing; but let the ground become precipitous and, unless he is used to such places, both reflection and emotion will appear. The increased complexity of the situation and the greater delicacy and appropriateness of the movements required for convenience and safety, call forth far more complicated goings on in the mind. Besides his perception of the nature of the ground, the thought may occur that a false move would be perilous and difficult to retrieve. This, when accompanied by emotion, is called a 'realization' of his situation. The adjustment to one or another of varied impulses—to go forward carefully, to lie down and grasp something with the hands, to go back, and so forth—and their co-ordination into useful behaviour alters the whole character of his experience.

Most behaviour is a reconciliation between the various acts which would satisfy the different impulses which combine to produce it; and the richness and interest of the feel of it in consciousness depends upon the variety of the impulses engaged. Any familiar activity, when set in different conditions so that the impulses which make it up have to adjust themselves to fresh streams of impulses due to the new conditions, is likely to take on increased richness and fullness in consciousness.

(Como se ve I. A. Richards expone toda una teoría de la consciencia, de la experiencia consciente y de la atención, frente a la experiencia subliminal o preconsciente. La consciencia no es un fenómeno primario, sino complejo, emergente, a partir de una experiencia que es un complejo semiótico de autocomunicaciones y representaciones. Es una noción que está en plena línea con el empirismo británico, y con el pragmatismo norteamericano, y a este respecto se puede comparar con la noción de la consciencia emergente expuesta contemporáneamente a Richards por George Herbert Mead, en su Filosofía del Presente).

This general fact is of great importance for the arts, particularly for poetry, painting and sculpture, the representative or mimetic arts. For in these a totally new setting for what may be familiar elements is essentially involved. Instead of seeing a tree we see something in a picture which may have similar effects upon us but is not a tree. The tree impulses which are aroused have to adjust themselves to their new setting of other impulses due to our awareness that it is a picture which we are looking at. Thus an opportunity arises for those impulses to define themselves in a way in which they ordinarily do not.

This, of course, is only the most obvious and simple instance of the way in which, thanks to the unusual circumstances in which things depicted, or in literature described, come before us, the experiences that result are modified. To take another obvious example: the description of the theatrical presentation of a murder has a different effect upon us from that which sould be produced by most actual murders if they took place before us. These considerations, of vast importance in the discussion of artistic form, will occupy us later (pp. 111, 187). Here it is sufficient to point out that these differences between ordinary experiences and those due to works of art are only special cases of the general difference between experiences made up of a less and of a greater number of impulses which have to be brought into co-ordination with one another. The bearing of this point upon the problem of the aesthetic mode with its detachment, impersonality, etc., discusssed in the second chapter, will be apparent. (Compare Chapter Thirty-two, p. 196).

The result of the co-ordination of a great number of impulses of different kinds is very often that no overt action takes place. There is a danger here of supposing that no action whatever results or that there is something incomplete or imperfect about such a state of affairs. Both imaginal action and incipient action which does not go so far as actual muscular movement are more important than overt action in the well-developed human being. Indeed the difference between the intelligent or refined, and the stupid or crass person is a difference in the extent to which overt action can be replaced by incipient or imaginal action. (Esta noción de Richards, el principio de que la acción mental es acción corporal convertida en acción incipiente y en signo, sí puede conectarse con la psicología freudiana— en su teoría del desplazamiento de la libido a objetos simbólicos, del fetichismo, o más generalmente del argumento desarrollado sobre la represión en Das Unbehagen in der Kultur). An intelligent man can 'see how a thing works'  when a less intelligent man has to 'find out by trying'. Similarly with such responses as are aroused by a work of art. The difference between 'understanding' it and failing to do so is, in most cases, a difference between being able to make the required responses in an imaginal or incipient degree, adjusting them to one another at that stage, and being unable to produce them or adjust them except overtly and at their fullest development. Though the kinds of activity involved are different, the analogy with the case of the mathematician is not misleading. The fact that he will not make half so many mark on paper as a schoolboy does not show that he is any less active. His activity takes place at an earlier stage in which his responses are merely incipiet or imaginal. In a similar manner the absence of any overt movements or external signs of emotion in an experienced reader of poetry, or concert-goer, compared to the evident disturbances which are sometimes to be seen in the novice, is no indication of any lack of internal activity. The response required in many cases by works of art is of a kind that can only be obtained in an incipient or imaginal stage. Practical considerations often prevent their being worked out in overt form, and this is, as a rule, not in the least to be regretted. For these responses are commonly of the nature of solutions to problems, not of intellectual research, but of emotional accomodation and adjustment, and can usually be best achieved while the different impulses which have to be reconciled are still in an incipient or imaginal stage, and before the matter has become further complicated by the irrelevant accidents which attend overt responses.

These imaginal and incipient activities or tendencies to action, I shall call attitudes. When we realize how many and how different may be the tendencies awakened by a situation, and what scope there is for conflict, suppression and inter-play—all contributing something to our experience–it will not appear surprising that the classification and analysis of attitudes is not very far advanced. A thousand tendencies to actions, which do not overtly take place, may well occur in complicated adjustments. For these what evidence there is must be indirect. In fact, the only attitudes which are capable of clear and explicit analysis are those in which some simple mode of observable behaviour gives the clue to what has been taking place, and even here only a part of the reaction is open to this kind of examination.

Among the experiences which are by the nature of the case hidden from observation are found almost all those with which criticism is concerned. The outward aspects and behaviour of a man reading The Prioresses' Tale [sic] and The Miller's Tale may well be indistinguishable. But this should not lead us to overlook how great a part in the whole experience is taken by attitudes. Many experiences which, if examined by introspection for their actual content of sensation and imagery, differ very little, are totally diverse in the kind and degree of implicit activity present. This aspect of experiences as filled with incipient promptings, lightly stimulated tendencies to acts of one kind or another, faint preliminary preparations for doing this or that, has been constantly overlooked in criticism. Yet it is in terms of attitudes, the resolution, inter-inanimation, and balancing of impulses—Aristotle's definition of Tragedy (1) is an instance—that all the most valuable effects of poetry must be described.

(1) 'Tragedy is an imitation of an action . . . effecting through Pity and Terror the correction and refinement (kátharsis) of such passions'.

Poetics, VI. Cf. p. 247, infra.





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